Georg Lukacs y el estalinismo
Artículo publicado en la revista “Les Temps Modernes” bajo el título de “Georg Lukacs y el estalinismo” y firmado por Nicolas Tertulian.
Pocos son hoy en día los que evocando la lucha de los intelectuales contra los regímenes totalitarios del Este, hagan referencia a alguna otra forma de oposición que no sea la de los disidentes. El mérito de estos hombres de gran coraje, que de Andrei Sajarov a Vaclav Havel y de Leszek Kolakowski a Alexandre Solshenitsin, han adquirido una legítima audiencia, no debe sin embargo, hacer olvidar por un reflejo anticomunista, comprensible pero no obstante simplificador, el hecho de que la contestación comenzó en el interior mismo del sistema, y que intelectuales marxistas como Bertold Brecht, Ernst Bloch o Georg Lukacs han denunciado con vigor las prácticas stalinianas y el “socialismo de cuartel”. El contenido y la finalidad de sus críticas eran evidentemente diferentes de las de los disidentes: deseaban la reforma radical de esas sociedades, su reconstrucción sobre bases auténticamente socialistas y no la restauración del capitalismo.
En 1958, Ernst Bloch le confiaba amargamente a su amigo Joachim Schumacher, que él mismo y sus discípulos habían sido objeto de una represión brutal en la RDA. En su carta, remitida por prudencia desde Austria, le explicaba a su interlocutor que su crítica contra la “Satrapen-Misswirtschaft” (desastrosa economía de sátrapa) había sido tolerada durante un cierto tiempo y bien que mal aceptada, pero desde la aparición del movimiento contestatario húngaro, -el círculo Petöfi comienza a reunirse en 1956-, la situación cambió completamente. Vejaciones y prohibiciones se sucedieron. Prohibición de enseñar, prohibición de publicar el tercer volumen del libro “Principio Esperanza”. Bloch describía la situación con una fórmula lapidaria: <Man brauchte einen deutschen Lukács…> (sin traducción en el artículo).
Se tenía necesidad de un Lukács alemán en la RDA de Walter Ulbricht, quien temía la posibilidad de que el espíritu del círculo Petöfi, del cual Lukács había sido uno de los animadores, pudiese propagarse. Y en la buena tradición staliniana, había promovido un sonado proceso, destinado a prevenir cualquier veleidad que pusiera en cuestión los métodos del poder establecido. Los principales inculpados de este proceso habían sido Wolfgang Harich y Walter Janka.
Gracias a las obras publicadas esos últimos años por Walter Janka, viejo comunista, viejo combatiente de la guerra civil española y, en el momento de su arresto en 1956, director de la gran editorial de Berlín, Aufbau-Verlag, podemos hacernos una idea más clara de las repercusiones que el papel jugado por Lukacs en el levantamiento húngaro, tuvieron sobre el establishment alemán oriental.
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