Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Una conferencia de Manuel Sacristán sobre el estalinismo

Manuel Sacristán Luzón

Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo”

Presentación, trascripción y notas de Salvador López Arnal.

Aunque se publicó por vez primera en 1990 en la revista barcelonesa mientras tanto, esta conferencia de Sacristán sobre el estalismo data de 1978. Diez años antes, pocos días después de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, en carta de 25 de agosto de 1968 dirigida a su amigo Xavier Folch, Sacristán comentada: “Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar./ La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves” [El subrayado es mío].

La lectora o el lector que lea treinta años después esta intervención de Sacristán -más teniendo en cuenta lo mucho que ha llovido y granizado desde entonces- no debería olvidar una serie de consideraciones para poder valorar mejor las informaciones, argumentos y posiciones defendidos por Sacristán en su intervención :

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Manuel Sacristán y las Comisiones Obreras de la Enseñanza

Manuel Sacristán Luzón

La Escuela de Adultos de Barcelona de la Comisión Obrera Nacional de Catalunya (CONC) lleva el nombre de “Manuel Sacristán”. La elección, la buena elección del sindicato, señala una de las facetas menos conocidas del filósofo: su participación a mediados de los setenta en la escuela de alfabetización de Can Serra, en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), experiencia animada por Jaume Botey, que contó también con la participación de Francisco Fernández Buey, Neus Porta y Rafael Grasa.

Pero la designación también recuerda la especial relación de Sacristán con el sindicato. Como muchos otros intelectuales, el autor de Panfletos y Materiales firmó cartas de apoyo a las luchas obreras de los años sesenta y a las entonces nacientes comisiones obreras. Pero su papel no fue ése tan solo sino que Sacristán divulgó y extendió esas luchas entre el movimiento universitario y sirvió de puente, de puente transitado, entre ambos movimientos.

Además, cuando ya no era miembro del comité ejecutivo del PSUC, Sacristán, junto con Giulia Adinolfi y otros compañeros –entre otros: Miguel Candel, Fernández Buey, Joaquín Miras, Pere de la Fuente, Mª Dolores Albiac- participó activamente en la formación de la federación de enseñanza de las Comisiones Obreras, no sin fuerte discusión: importantes sectores del sindicato y del partido apostaban entonces por la formación de una organización profesional vinculada al sindicato pero que no fuera parte organizativa de él. Pensaron acaso que algunos profesionales (profesores universitarios, médicos o ingenieros en otros ámbitos) no iban a estar cómodos en un sindicato de clase y de trabajadores, siendo además campo abonado para otras organizaciones menos “politizadas”, más neutrales sindicalmente, menos de clase.

La actividad de Sacristán durante este período fue de vértigo: encuentros, numerosos encuentros, polémicas, asambleas, textos, intervenciones, conferencias,…Dolors Folch ha comentado la opinión de muchos de sus compañeros: parecía que Sacristán se había reencontrado con su pandilla juvenil.

Se recuerda aún en Barcelona el día de la presentación de la federación de enseñanza de las CC.OO. en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona. Allí se habló de una federación que tenía voluntad de agrupar a todos los trabajadores de la enseñanza, incluyendo administrativos, conserjes, mujeres u hombres de la limpieza, personal técnico, etc.; se acuñaba el término de enseñantes o de trabajadores de la enseñanza; se hablaba del tronco único; se decía que el sindicato pondría énfasis en todas las reivindicaciones justas del sector pero que desde luego era mayor su preocupación por las condiciones laborales de las personas que se encargaban de la limpieza de aulas y centros que no la de conseguir que los catedráticos numerarios tuvieran mayores trienios o tres horas menos de clase semanales. Ni que decir tiene que la federación se vinculaba a todos los movimientos ciudadanos que luchaban en aquellos momentos por una enseñanza pública de calidad que no discriminara a nadie por su origen social, género, orientación sexual o por su posición económica.

Sin duda, eran otros tiempos, y no es fácil ver que fueran peores en este punto.

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Imágenes marxistas IV. Antología de textos de Manuel Sacristán (1925-1985).

Manuel Sacristán Luzón

El autor de este artículo [“Corrientes principales del pensamiento filosófico”], por su parte, ha negado que pueda hablarse de filosofía marxista en el sentido sistemático tradicional de filosofía, sosteniendo que el marxismo debe entenderse como otro tipo de hacer intelectual, a saber, como la conciencia crítica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano.

Manuel Sacristán (1968)

Las opiniones de Marx han cambiado en el curso de su vida, pero no la intencionalidad, el programa. Eso es lo esencial del marxismo en la medida en que éste viene de Marx. Sobre eso Marx ha sido siempre marxista. No sobre lo demás.

Manuel Sacristán

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Anotaciones de Manuel Sacristán a La crítica y el desarrollo del conocimiento (y II)

Manuel Sacristán Luzón

Las actas del Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965 fueron editadas, tal como se indicó en la anterior entrega, por Imre Lakatos y Alan Musgrave en Cambridge University Press en 1970. Fue la segunda edición de 1972 la que sirvió de base a Francisco Hernán para su versión castellana, publicada en 1975 en “Teoría y realidad” de Grijalbo.

Esta es la segunda parte de las anotaciones no fechadas de Sacristán sobre las actas de este congreso, notas que pueden consultarse en una de las carpetas de resúmenes de ensayos de filosofía de la ciencia depositadas en Reserva de la Universidad de Barcelona.

He incorporado en la “Nota final” unos materiales anexos: sus anotaciones a uno de los capítulos de las Exploraciones metacientíficas de Ulises Moulines, y sus notas a La estructura de la teorías científicas deFrederick Suppe y a Racionalidad y acción humana de Jesús Mosterín, así como una breve aproximación al creciente interés del Sacristán tardío por temas de política de la ciencia -interés que no le hizo aparcar temas más estrictamente epistemológicos-, así como algunas de sus definiciones de nociones básicas de filosofía de la ciencia extraídas de sus clases de Metodología de las ciencias sociales.

*

VI. Margaret Masterman, “La naturaleza de los paradigmas” (pp. 159-201).

1. “Considerado desde el punto de vista sociológico (como opuesto al filosófico) un paradigma es un conjunto de hábitos científicos” (p. 169).

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Anotaciones de Manuel Sacristán a La crítica y el desarrollo del conocimiento (I)

Manuel Sacristán Luzón

Las actas del Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965 fueron editadas por Imre Lakatos y Alan Musgrave en 1970 en Cambridge University Press. La segunda edición de 1972 sirvió de base a Francisco Hernán para su versión castellana publicada en 1975, en “Teoría y realidad” (Grijalbo), con un largo, documentado e influyente prólogo de Javier Muguerza: “La teoría de las revoluciones científicas”.

“Teoría y realidad”, con subtítulo “Estudios críticos de filosofía y ciencias sociales, se presentaba como una colección que se proponía “reunir en versión castellana trabajos, ensayos y documentos polémicos, de diferentes ámbitos políticos y culturales, que de manera paradigmática reflejan la autoconsciencia actual de las ciencias sociales y sus diferentes momentos conflictivos. Desde un enfoque crítico: porque su planteamiento central se sitúa en ruptura perfectamente definida con toda concepción del conocimiento teórico no gobernada por el principio de la práctica. Práctica -consumación del conocimiento- que se identifica con una conducta mental hecha de esfuerzo de conocer y voluntad de transformar.”

Los ecos sacristanianos resuenan en esta declaración. Se publicaron en esta colección de la editorial Grijalbo ensayos tan imprescindibles como El comunismo de Bujarin, de A. G. Löwy; La disputa del positivismo en la sociología alemana, de Adorno y otros; Sociedad antagónica y democracia política, de W. Abendroth; Georg Lukács: el hombre, su obra, sus ideas, editado por G.H.R. Parkinson,… El primer y tercer volumen fueron traducidos por Sacristán; el dedicado a Lukács contó con su entrañable amigo J. C. García Borrón como traductor. Se anunciaron, si bien no llegaron a publicarse: Historia y dialéctica en la economía, de Otto Morf; Corrientes actuales de la filosofía de la ciencia, de Gerard Radmitzky (corresponsal y amigo detallista de Sacristán), Marxismo y revisionismo, de Bo Gustafson y Marx en la sociología del conocimiento, de Hans Lenk.

En una carta de 20 de mayo de 1972, dirigida al Sr. Grijalbo con referencia “Maquetas para la colección ‘Teoría y realidad”, Sacristán señalaba refiriéndose a uno de los anteriores volúmenes:

“No me convence ninguna de las cuatro. Si hay que elegir por fuerza entre ellas, prefiero la de formato grande y color ocre, sin trazo horizontal. Pero en ella habría que corregir, aparte de la falta de ortografía que será un simple descuido, la información que comunica. Pues el libro, no es, como parece decir la portada, un libro de Lukács, sino sobre Lukács. Por lo tanto creo que en alto debería situarse el nombre del editor (en sentido inglés) de la obra, o el nombre del autor del primer artículo y la mención “y otros”, y luego:

GEORG LUKÁCS

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Imágenes marxistas II. Antología de textos de Manuel Sacristán

Manuel Sacristán Luzón

Una cosa es estudiar y explicar el pensamiento de Marx; otra hacer marxismo hoy. Muchas cosas que enseñaban Althusser y Colletti hace cinco años (tal vez todas) se estudian más provechosamente como pensamiento (de tradición) marxista de uno y otro de esos autores que como pensamiento de Marx. Por lo demás, esta confusión entre el tratamiento filológico de un clásico y la continuación productiva de su legado es frecuente en las tradiciones en cabeza de las cuales hay un clásico que lo es no sólo en el sentido de paradigma de pensamiento teórico -en particular, científico- sino también en el de inspirador moral, práctico o poético.

Manuel Sacristán (1978)

La afirmación de que el marxismo no ha predicho nada desde 1917 no me convence: 1917 no fue predicho como predice una teoría científica. La teoría científica predice acontecimientos puntuales y repetibles. 1917 ocurrió una sola vez. Por otra parte, si 1917 fue predicho, entonces también la revolución china y la cubana, puesto que la imprecisión era la misma. El marxismo no es una ciencia, no es una teoría científica. No predice nada en el mismo sentido.

Manuel Sacristán

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Antologia de textos de Manuel Sacristán sobre la Escuela de Frankfurt

Manuel Sacristán Luzón

Nota SLA:

                Sobre la adscripción marxista de la Escuela de Frankfurt, este paso del coloquio de la conferencia “Sobre Lukács” de 1985 (ahora en M. Sacristán, Seis conferencias, op. cit). Comentaba aquí Sacristán: “Yo no sé por qué se sigue siendo tan generoso en meter la escuela de Frankfurt ahí, no hay porqué. Son otros, la escuela de Frankfurt son otros, son unos sociólogos dialécticos idealistas; Marcuse es otra caso claro, hay que separarlo del resto. Pero Adorno, Horkheimer, Habermas, ninguno de ellos, ni siquiera ellos, dicen que han sido marxistas”.

            Igualmente, de una de las carpetas de resúmenes depositada en Reserva de la UB, estas sucintas anotaciones a Antworten auf Herbert Marcuse [Respuestas a H. Marcuse]. Sacristán cita por la edición alemana de Suhrkamp Verlag de 1968.

            A. Jurgen Habermas Presentación.

1. p. 10. También Habermas usa laxamente “Theorie”. Por ejemplo: “(…) la teoría del hombre unidimensional” (p. 10).

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Imágenes Marxistas III. Antologia de Textos de Manuel Sacristan

Manuel Sacristán Luzón

             Ingrao no sólo sigue estando en su sitio, sino que, además, construye con mucho sentido de la realidad.

            De una carpeta de resúmenes de Reserva de la UB, anotaciones de Sacristán en torno a la obra de P. Kagi, La génesis del materialismo histórico. Karl Marx y la dinámica de la sociedad. Sacristán cita por la edición alemana: Genesis des historischen Materialismus. Karl Marx und die Dynamik der Gesellschaft, Europa Verlag, 1965.

            1. Sobre su método (p. 43) [Desde “Utilizo por de pronto proposiciones del prólogo a la Aportación a la crítica de la economía política..” hasta “… en la medida en que éste difiere de aquel otro texto”].

            2. “Afirmaremos: Marx encontró en Hegel una estimación de la ciencia empírica, pero al mismo tiempo un concepto de ciencia que abarca desde la ciencia empírica hasta la doctrina de las ideas, de modo que tenía que resultar difícil distinguir entre las ciencias. Posiblemente nos aclare esto más adelante el que Marx, al abandonar el modo especulativo de pensar, pudiera de todos modos recoger ideas hegelianas que sin ninguna duda pertenecen a la parte especulativa de la ciencia hegeliana” (p. 54).

            Aunque este honrado socialdemócrata piadoso yerra al referir esas afirmaciones a la dialéctica realmente practicada por Marx, la observación es de cierto interés para el pleito de Althusser.

            3. Expone el ateísmo de Marx no por Strauss ni por Feuerbach ya que, según observa, las correspondientes publicaciones de estos (Das Leben Jesu [La vida de Jesús], Das Wesen des Christentums [La esencia del cristianismo]) son anteriores al entusiasmo hegeliano de Marx joven; sino por influencia de Bruno Bauer (p. 78).

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Entrevista a José Gutiérrez sobre Manuel Sacristán

Salvador López Arnal

Entrevista a José Gutiérrez-Alvárez sobre Manuel Sacristán.

Salvador López Arnal

José Gutiérrez-Álvarez fue militante de la Liga Comunista Revolucionaria y ha publicado numerosos libros y artículos sobre la historia del movimiento obrero y sobre crítica de cine en revistas como Viento Sur o L’Avenç. Entre sus últimas publicaciones destacan: Memorias de un bolchevique andaluz (El Viejo Topo, Barcelona, 2005) y Elogio de la militancia. La historia de Joan Rodríguez, comunista del PSUC (El Viejo Topo, Barcelona, 2004). Actualmente es uno de los principales animadores de la Fundación Andreu Nin, y colabora en la edición electrónica de sinpermiso y en la revista El Viejo Topo.

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Imágenes Marxistas I. Antologia de textos de Manuel Sacristán

En “Entrevista con Naturaleza” (Ibídem,  pp. 179-190), Sacristán exponía este equilibrado punto de vista sobre las relaciones entre tecnología y ecologismo: “No hay antagonismo entre tecnología (en el sentido de técnicas de base científico-teórica) y ecologismo, sino entre tecnologías destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologías favorables a largo plazo a ésta. Creo que así hay que plantear las cosas, no con una mala mística de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quizá gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmósfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxígeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en sí, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como está es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnología es un cambio de modo de producción y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolución; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnológico revolucionario consciente e intencionadamente”

Veinte años antes, en una conferencia de 1963 -“Studium generale para todos los días de la semana”, Intervenciones políticas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 47-48-, Sacristán ya había apuntado: “El filósofo alemán Georg Klaus, basándose en un célebre texto de una carta de Marx, ha trazado un interesante cuadro especulativo al respecto: imagínese que en una sociedad de este tipo irracional se renueva totalmente la técnica del proceso de producción mediante la automatización, etc. Quedan entonces liberadas enormes energías humanas que no tienen ya aplicación al trabajo mecánico y que, por tanto, sólo pueden desarrollarse económicamente y racionalmente accediendo al trabajo creador, a la administración de la sociedad. Pero esa dirección comunitaria está en contradicción con la estructura del dominio de clase que es propio de la sociedad en  que vivimos y que se toma en el ejemplo. Entonces, si no se produce una victoriosa reacción de los casualmente liberados del trabajo mecánico, la sociedad irracional tiene aún una salida irracional para preservar el poder de la case dominante: puede recurrir al gigantesco despilfarro de mantener a los antiguos trabajadores mecánicos en una situación de proletariado parasitario, alimentándoles, divirtiéndolos y lavándoles el cerebro gratuitamente a cambio de tenerles alejados de la dirección de la sociedad. Georg Klaus recuerda que en Roma se ha dado algo parecido… La técnica, pues, no puede cumplir por sí sola la otra racionalización, la seria, la socialización de la división del trabajo, que es el primer paso para su superación. Lo esencial para cumplir esa tarea es, naturalmente, suprimir la base de la irracionalidad, las instancias meramente mecánicas, inconscientes, no-humanas, que mueven hoy, la división del trabajo entre nosotros.”

C. La adhesión de buena parte de los trabajadores de los países industriales a los valores del crecimiento económico depredatorio y a la estructura jerárquica y despótica que, con formas diversas, organiza a menudo ese crecimiento, ha hecho caer a Rudolf Bahro (autor de otro de los principales intentos marxistas de elaborar la crisis) en lo que probablemente es la debilidad principal de su estudio La alternativa: proponer a los intelectuales como sujeto revolucionario, mientras concibe a la clase obrera (en los países del Este) como un pasivo peso cuya gravedad estabiliza a la burocracia que dirige allí con retraso la réplica del mundo material capitalista, retocada con algunos buenos rasgos colectivistas o comunitarios. Esa tesis de Bahro es inverosímil porque los intelectuales, igual los letrados que los técnicos, son un grupo social beneficiario del sistema en la medida en que éste se basa en la división fundamental entre trabajo manual y trabajo intelectual. La eficaz publicidad de los intelectuales que se creen críticos, difundida con diligencia por los medios de masas del sistema criticado, desde la televisión hasta los órganos de prensa más distinguidos, no puede esconder el hecho de que esa capa social es, en la producción y en el consumo, un apéndice de las clases dominantes igual en el Este que en el Oeste. Sus privilegios específicos, el lenguaje y la ciencia, facilitan que del grupo de los intelectuales se separen frecuentemente individuos que se sitúan del otro lado, con las clases explotadas y oprimidas. Pero eso no es ninguna novedad que confirme la tesis de Bahro.

3. A. “La situación política y ecológica en España y la manera de acercarse críticamente a esta situación desde una posición de izquierdas”, Pacifismo, ecología y política alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp. 18-19.  3.B. “Una conversación con Wolfgang Harich y Manuel Sacristán”, Salvador López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona, 1996, pp. 135-136.  3. C.  “Comunicación Jornadas de Ecología y Política”, Pacifismo, ecología y política alternativa, op.cit. pp. 13-14.  

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