Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Ascenso y caída de una abyección

Salvador López Arnal

Ferran Gallego, De Múnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945. Barcelona, Plaza & Janés 2001, 521 páginas.

Para algunos filósofos, en absoluto indocumentados, su pensamiento fue un conjunto de filosofemas asignificativos. Otros, quizás más comedidos, han apuntado que ya en sus iniciales reflexiones hay inconsistencias nada despreciables. Para la inmensa mayoría, se trata de un pensador de altura inigualable. Heidegger ha sido un maestro de Alemania, de Europa y del mundo, un nuevo Platón, que pudo sostener, en una lengua creativa y deslumbrante, que tan sólo el alemán y el griego clásico permitían una correcta aproximación a la esencia del Ser.

Sea como sea, el maestro-rector de la Universidad de Friburg, a finales de 1933, en el turbulento período inmediatamente posterior a la ascensión al poder del nazismo, se manifestaba, con sesgo inconfundible, en los términos siguientes:

“¡Hombres y mujeres alemanes! El pueblo ha sido llamado a las urnas por el Führer, pero el Führer no le pide nada al pueblo, sino que más bien le ofrece al pueblo la posibilidad inmediata de manifestar una decisión completamente libre: si todo el pueblo desea una existencia propia, o si no la quiere. Estas elecciones no tendrán parangón con ningún otro proceso electoral. (…) Esta última decisión nos lleva al límite último de la existencia (dasein) de nuestro pueblo, y ¿cuál es este límite? El límite está en la exigencia radical de toda existencia que mantiene y salva su propio honor, y por la cual el pueblo conserva su dignidad y la firmeza de su carácter. No fue la ambición, ni el afán de gloria, ni la ciega obstinación, ni las forzadas aspiraciones, sino únicamente la clara voluntad de asumir la total responsabilidad para soportar y sobrellevar el destino de nuestro pueblo, lo que motivó al Führer para la salida de la Liga de Naciones (…) El día 12 de noviembre el pueblo alemán se ratifica como totalidad sobre su destino, destino que se halla ligado al Führer. El pueblo no puede votar sobre su destino con un sí alegando las llamadas “razones de política exterior”, ni puede votar sí sin incluir en ese sí al Führer y al movimiento totalmente vinculado a él. No hay una política exterior y “además” una política interior. Hay sólo una voluntad para el ser pleno del Estado. El Führer ha despertado esa voluntad en el pueblo y lo ha fundido en un único propósito. ¡Nadie puede permanecer alejado el día en que estamos llamados a demostrar esta voluntad!”

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Fascismos

Rafael Argullol, Eduardo Subirats

Rafael Argullol: El fascismo de la posesión inmediata

A excepción de unos cuantos fanáticos que apenas saben a qué se refieren cuando la defienden, fascismo es una palabra insultante usada por unos y otros como arma arrojadiza. En general, incluso por parte de la derecha, es el término más utilizado para descalificar al adversario por sus supuestas tendencias totalitarias. También con frecuencia fascismo es sinónimo de barbarie.

Sin embargo, el uso contemporáneo de esta palabra arrastra perfiles confusos pues todavía hoy muchos la emplean acusadoramente para describir hechos inmediatos pero, en el momento de imaginar el escenario, se remiten a una parafernalia ideológica del siglo pasado. Se teme a unos bárbaros y, a falta de otro modelo de referencia, se cree que esos bárbaros volverán con sus esvásticas, sus brazos en alto y sus camisas negras, azules o pardas. Algunos, sin duda, tendrían la cíclica tentación de una mascarada de este tipo. Pero, fuera de una nostalgia más bien patética, su porvenir es escaso pues no queda nada de la atmósfera ideológica ni de la cultura que incubó al anterior monstruo. Por tanto, no es el fascismo histórico el que acecha.

No obstante, si el fascismo es una forma de calificar la barbarie actual entonces no podemos albergar demasiadas dudas de que el peligro existe. ¿De dónde proviene? Sólo muy oblicuamente de las grandes doctrinas que prometían al hombre un mundo feliz a través de la superioridad de una raza, una clase social o un estado. Nuestra barbarie contemporánea es reacia a las grandes doctrinas porque un vértigo depredador ni siquiera admite la enunciación de palabras y, mucho menos, de ideas. El nuestro es el fascismo de la posesión inmediata. Su doctrina es tácita, silenciosa, abrumadora: queremos esto y aquello, y lo queremos inmediatamente pues es el botín de guerra que la vida nos ha otorgado.

Y quizá sea, en efecto, esta inmediatez en la rapiña lo que conecte al nuevo fascismo con el antiguo. Los viejos fascismos estaban convencidos de que sus ideas justificaban la rapacidad y la conquista mientras los nuevos fascistas también lo encuentran todo justificado si el premio es el disfrute sin dilaciones del objeto o sujeto que se ha prometido.

Algunos incautos (incautos con cátedra a menudo) han respaldado durante años la bondad de esta actitud como una modalidad moderna del hedonismo. Naturalmente han olvidado un matiz que lo cambia todo. Si la búsqueda de la posesión es la consecuencia de la aventura y el descubrimiento, el buscador -el auténtico hedonista- se ve inmerso en un juego de derechos y deberes, de transgresiones y límites que le dibujan el territorio vital. Avanza, retrocede, arriesga, gana, pierde: así se crea la geografía íntima del ser humano. Por el contrario, si la posesión se concibe como un derecho de conquista, ilimitado y sin contrapartidas, el depredador jamás se mira en el espejo de sus contradicciones y deberes.

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La Rabia de Chaplin

Darío Fo

A 30 años de su muerte… "era sobre todo un hombre con un sentido profundamente arraigado del amor y del odio".LA RABIA DE CHAPLINAltercom* Darío Fo*

14 de febrero de 2007

Sale en estos días «Charlie Chaplin, Opiniones de un Vagabundo» [1]. Vaya por delante que Charles Chaplin ha sido con certeza uno de los hombres del espectáculo, y en particular del cine, más importantes del siglo XX.

Lo que más me fastidia es el interminable rimero de crónicas de tipo patético, lírico o literario que se han escrito sobre él desde el mismo momento de su muerte.

Pescando en ese montón de comentarios, les propongo algunos: "El fondo judío de su arte y de su tristeza indudable, la naturaleza de su humor de doble y triple sentido, es poco accesible al público" (Montale). "Tenía en la sonrisa el llanto del mundo, y en las lágrimas de las cosas hacía bailar la alegría de la vida" (Giovanni Grazzini, en el Corriere della Sera). Y etiquetas hasta el hartazgo: "anarquista-lírico", "individualista-colectivo", "patético", "fantástico", "rebelde", "melancólico", "payaso de la esperanza", "grotesco", "existencialista".

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El escándalo de Marianne

Florence Gauthier

El Escándalo de Marianne

Florence Gauthier

Intervención de Florence Gauthier en el Instituto Anna Arendt de Buenos Aires el 18 de septiembre de 2006.

A los que no son del Instituto, bienvenidas y bienvenidos al Instituto Hannah Arendt. A los que son del Instituto, gracias por concurrir. Y muchísimas gracias a Florence por acompañarnos hoy, y tener con nosotros esta reunión especial. Florence está de camino hacia el congreso en Bariloche de Filosofía. La iniciativa fue de Anthony Doménech, a quien ustedes ya conocen porque estuvo dándonos una conferencia sobre republicanismo. Ya que Florence iba a pasar por Bs. As., coordinamos con el CIF, -aquí está María Julia Bertomeu, la presidenta del Centro de Investigaciones Filosóficas-, la posibilidad de una reunión.

Florence es especialista en Revolución Francesa. Varias veces hemos discutido el papel de las mujeres en la Revolución Francesa, la exclusión –muchas veces- de las mujeres del Contrato Social, o de la política. Ella tiene una visión muy personal con respecto a la revolución y además, nos ofrece una conferencia sobre un personaje, que es Marianne, que tenemos muchas expectativa porque ya nos ha contado algo con respecto a esto.

Marianne es la figura de la revolución Francesa. Ustedes la recuerdan, no la voy a imitar porque tengo que estar vestida en el Instituto (risas), pero tiene una historia muy particular que ella nos va a relatar. Y Tony se ha ofrecido muy generosamente a hacernos de traductor, porque Florence va a hablar en francés. Bienvenida.

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Entrevista a Carlos Marx

R. Landor

Entrevista a Carlos Marx por R. Landor

New York World, 18 de julio de 1871.

Londres, 3 de julio .- Me encargaron averiguar algo acerca de la Internacional Association, y he tratado de hacerlo. La empresa resulta particularmente difícil en este momento. Indiscutiblemente, Londres es el cuartel general de la asociación, pero los ingleses están asustados, y en todas partes huelen algo internacional, igual como el Rey Jaime creía sentir por doquier olor a pólvora después del famoso complot (1) . Como era de suponerse, la conciencia de la Sociedad se ha incrementado a causa de las suspicacias del público, y si es que los que la dirigen tienen algún secreto que guardar bien un secreto. He visitado a dos de sus más importantes miembros, he hablado con uno de ellos libremente, y aquí les doy a ustedes lo esencial de mi conversación. He corroborado que es una sociedad de auténticos trabajadores, pero que estos trabajadores están dirigidos por teóricos sociales y políticos de otra clase. Uno de los hombres que entrevisté, miembro prominente del consejo, estaba sentado en su banca de trabajo durante nuestra entrevista, y de vez en vez interrumpía nuestra conversación para recibir una queja, presentada en tono nada cortés, de uno de los muchos clientes de la vecindad que lo empleaban. Escuché a este mismo hombre pronunciar elocuentes discursos en público inspirados en cada frase con la energía del odio a las clases que se autodenominan sus amos. Entendí los discursos después de este vistazo echado a la vida doméstica del orador. Seguramente él sentía que tenia cerebro de sobra para organizar un gobierno obrero, y sin embargo se veía obligado a dedicar su vida a las tareas más repulsivas de una profesión mecánica. Era orgulloso y sensible y sin embargo a cada paso tenia que responder con una inclinación a un gruñido y con una sonrisa a una orden que en la escala de las nuevas maneras se hallaba al mismo nivel que el llamado de un cazador a su perro. Este hombre me ayudó a vislumbrar uno de los aspectos de la naturaleza de la Internacional, el resultado del trabajo contra el capital, del obrero que produce contra el intermediario que disfruta. Aquí estaba la mano que golpeará duro cuando llegue el momento, y por lo que toca a la cabeza que proyecta, creo que también la vi, en mi entrevista con el Dr. Karl Marx. El Dr. Karl Marx es un doctor en filosofía (2) alemán, con una amplitud alemana de conocimientos derivada tanto de la observación del mundo viviente como de los libros. Debo pensar que nunca ha sido un obrero en el sentido ordinario del término. Su casa y su aspecto son los de un miembro acomodado de la clase media (3). La sala a la que fui introducido la noche de mi entrevista habría resultado muy confortable para un próspero agente de bolsa que ya hubiera hecho carrera y estuviese empezando a hacer fortuna. Representaba el confort personificado, el apartamento de un hombre de gusto y de posibilidades, pero sin nada en él peculiarmente característico de su propietario. Un hermoso álbum de vista del Rin sobre la mesa, sin embargo, daba un indicio de su nacionalidad. Atisbé cautamente en el florero sobre una mesita buscando una bomba. Olfateé tratando de descubrir petróleo, pero el aroma era el aroma de las rosas. Me arrellané cautelosamente en mi asiento, y aguardé melancólicamente lo peor. El ha entrado y me ha saludado cordialmente, y estamos sentados frente a frente. Sí, estoy tete-a-tete con la revolución encarnada, con el verdadero fundador y espíritu guía de la sociedad Internacional, con el autor del aviso en el que se le advirtió al capital que si se oponía al trabajo debía esperar ver su casa quemada hasta el tejado, en una palabra, con el apologista de la Comuna de París. ¿Recuerdan ustedes el busto de Sócrates, el hombre que prefiere morir antes de profesarles fe a los dioses de la época, el hombre con aquella fina línea de perfil para la frente que acaba ruinmente al final en un rasgo respingado y curvado como un gancho dividido en dos que forma la nariz? Visualicen mentalmente este busto, coloreen la barba de negro, salpicándola aquí y allá con algunos mechones grises; coloquen esta cabeza sobre su cuerpo corpulento de mediana altura, y el doctor está ante ustedes. Pongan un velo sobre la parte superior del rostro y podrían estar en compañía de un miembro de la junta parroquial. Descubran el rasgo esencial, la inmensa frente, y al momento sabrán que tienen que vérselas con la más formidable de todas las fuerzas compuestas: un soñador que piensa, un pensador que sueña. Otro caballero acompañaba al Dr. Marx, un alemán también, creo, aunque por su gran familiaridad con nuestro idioma no puedo estar completamente seguro (4) . ¿Era un testigo del lado del doctor? Eso creo. El Consejo (5), al tener noticia de la entrevista, pudiera pedir al doctor un informe sobre la misma, porque la revolución es ante todo desconfiada de sus agentes. Aquí, pues, estaba su evidencia como corroboración. Yo fui derecho a mi asunto. El mundo, dije, parecía estar a oscuras acerca de la Internacional, odiándola mucho, pero incapaz de decir claramente qué es lo que odia. Algunos, que afirman haber atisbado en la penumbra algo más que sus vecinos, declaran haber descubierto una especie de busto de Jano con una limpia y honrada sonrisa de trabajador en una de sus caras y en la otra una mueca criminal de conspirador. ¿Quería él aclarar el misterio que encubre la teoría? El profesor rió, un poco halagado según sospeché, ante el pensamiento de que estuviésemos asustados de él. "No hay ningún misterio que aclarar, querido señor" , comenzó, en una forma muy pulida del dialecto de Hans Breitmann, "excepto tal vez el misterio de la estupidez humana en aquellos que perpetuamente ignoran el hecho de que nuestra asociación es pública y que los más completos informes de sus actividades se publican para todos los que quieren molestarse en leerlos. Usted puede comprar nuestros reglamentos por un penique, y un chelín invertido en folletos le enseñará acerca de nosotros casi tanto como nosotros mismos sabemos.

Landor: Casi… Sí, quizá sí; ¿pero no será acaso lo poco que no llegue a conocer lo que constituya el misterio más importante? Para ser muy franco con usted, y para poner el asunto tal como lo ve un observador ajeno a él, este general clamor de desprecio contra ustedes debe significar algo más que la ignorante mala voluntad de la multitud. Y todavía es pertinente preguntar, incluso después de lo que usted me ha dicho, ¿qué es la Sociedad Internacional?

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Nicolai Bujarin

A modo de introducción

        Aunque sea poco conocido,  el debate entre la oposición de derecha y la de izquierda en el movimiento comunista internacional, rotundamente encarnadas por Nikolai Bujarin y león Trotsky, respectivamente, que tuvo su mayor vigencia en la segunda mitad de los años veinte con un antes y un después, tuvo y tiene su traducción española. Lo tuvo en el POUM, caracterizado como “trotsko-bujarinista” por el infortunado periodista soviético Mijhail Koltzov (1), y lo ha vuelto a tener, bajo otras perspectivas entre sectores de la intelectualidad marxista crítica ligada proveniente de la tradición comunista, y el sector más ligado con el trotskismo, más específicamente con lo que fue la LCR, por no hablar de otras posibles resonancias.

       En  caso del POUM que recogió todas las disidencias del PCE, el “bujarinismo” está estrechamente ligado a Maurín y la Agrupación Comunista madrileña liderada por Juan Portela y Julián Gorkin (2), en tanto que el trotskista lo está con Nin y Juan Andrade, todos ellos cofundadotes del PCE. Tanto Trotsky como Nin acusaron una y otra vez a Maurín de “bujarinista”, aunque lo cierto es que éste fue expulsado del Komintern por negarse a condenar a Trotsky, y  conoció una potente radicalización a raíz del ascenso del nazismo al poder. La acusación se fundamentaba tanto en la actitud de Maurín ante el Komintern como por  el criterio que guiaba la formación del “Bloque Obrero y Campesino” (BOC), como una organización más amplia que un parido comunista.

       Sin embargo, este criterio fue aplicado por Maurín en un sentido más clásico, y el BOC no tuvo nada que ver con  el “Kuomintangnismo” ni nada por el estilo, sirvió para integrar justamente a los “bujarinistas” madrileños, y también a los comunistas independentistas como Jordi Arquer y Josep Rovira, que habían organizado pequeñas formaciones de este signo en Cataluña. En el POUM, Portela representó siempre al sector más afín con el PCE y el Frente Popular (y opuesto al trotskismo,  en el sentido de que había que estar “por encima” del dilema Stalin-Trotsky, un criterio en el que abundó especialmente  Gorkin en sus diatribas contra Trotsky en relación a la línea a seguir durante la guerra y la revolución). La presunción  (expresada entre otros por el avieso Antonio Elorza en Queridos camaradas), según la cual, de haber permanecido Maurín al frente del POUM durante la guerra habría actuado en la misma línea que Portela tiene dos argumentos en contra, primero, Maurín fue el principal teórico de la Alianza Obrera y del POUM, segundo, que su discípulo  “Pep” Rebull se mostró muy crítico con actuaciones de Nin, como lo fue colaborar con la Generalitat y defendió una opción que los componentes de la Cuarta Internacional dentro del POUM, vieron como próxima a la suya (3).

       Pienso que el reconocimiento que obtuvo Bujarin en los años setenta tiene mucho que ver con las tentativas de un “comunismo democrático” en partidos comunistas como el italiano. No hay que olvidar que Togliatti, aunque se plegó a Stalin para  salvar la vida había mostrado sus simpatías con Bujarin, y que otros líderes comunistas como Angelo Tasca y el propio Gramsci, se encontraban en esa misma línea (4). Como es sabido, el líder de la revolución húngara de 1956, Imre Nagy, había sido afín a Bujarin, y la huellas de éste –en su fase del socialismo a paso de tortuga, manteniendo la alianza obrero-campesina de la NEP-, se pueden encontrar bajo diversas formas en cierto titoismo (que en Cataluña representó Joan Comorera), en Alexander Duceck, y otros disidentes. Durante la “perestroika”, sectores muy significativos de los partidos comunistas europeos, y muy significativamente del PSUC, llevaron a cabo una extensa campaña que comprendía no solamente la exigencia de su “rehabilitación” (concepto equívoco donde los haya), sino también su revalorización. Seguramente la expresión más acabada de esta campaña fue la biografía de Bujarin escrita por el reconocido historiador y sovietólogo norteamericano Stephan F. Cohen, sobre la cual se incluye en este “dossier” un trabajo crítico escrito por Tamara Deutscher, la compañera de Isaac Deutscher, y colaboradora de E. H. Carr.

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Manifest en contra del «Projecte de Llei de la Memòria» del Govern espanyol

Manifest en contra del "Projecte de Llei de la Memòria"

del Govern espanyol

Les entitats sotasignants, totes elles vinculades directament a la recuperació de la memòria històrica i democràtica, amb seu social en diferents localitats de l’Estat espanyol, un cop analitzat el contingut de l’anomenat "PROJECTE DE LLEI PER LA QUAL ES RECONEIXEN I AMPLIEN DRETS I S’ESTABLEIXEN MESURES EN FAVOR DELS QUI VAN PATIR PERSECUCIÓ O VIOLÈNCIA DURANT LA GUERRA CIVIL I LA DICTADURA", que el govern espanyol ha fet arribar recentment al Congrés dels Diputats, manifestem:

– Que reclamem un projecte de llei en què es declari de manera expressa la il·legalitat de la dictadura de Franco originada per un cop d’estat contra un govern legítim, democràticament constituït.

– Que, en conseqüència, han de deixar-se sense validesa legal les decisions repressives derivades de l’entramat jurídic del franquisme. Reclamem l’anul·lació dels judicis sumaríssims.

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El miedo suma…. 77

Sergio Cararo

El miedo suma…. 77

Sergio Cararo*

Pensiones, precariedad, decisiones de política militar, Tren de Alta Velocidad, privatizaciones, distanciamiento entre representación política y realidad social. La contradicción entre las expectativas y la realidad crece impetuosamente. El gobierno Prodi y los poderes fuertes aceleran el paso pero temen las repercusiones. La normalización del cuadro político pasa a través de la criminalización de las luchas o de los sujetos disonantes. Por eso, se rescata de los armarios la demonización de los movimientos de los años 70, evocando continuamente unos espectros que tendrían todas las posibilidades para materializarse.

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Fascismo y antifascismo en la cultura comunista. La resistencia antifascista y la internacionalización del movimiento comunista

Alejandro Andreassi Cieri

Universitat Autònoma de Barcelona1

Domenico Losurdo señala en su libro Il revisionismo storico, que la Resistencia contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial también fue blanco de la oleada ensayística e historiográfica revisionista que, principalmente desde los años ochenta del siglo pasado, se dedicó a demonizar el arco revolucionario que iniciado en 1789 se extendió hasta las luchas revolucionarias y anticoloniales de la segunda mitad del siglo XX.2 Las consecuencias nefastas del régimen de Stalin en la URSS, con los gulags y los crímenes cometidos en nombre de la revolución, fueron presentadas por ese pensamiento conservador como “pruebas” de la “perversidad originaria” inscrita en el propio proyecto e ideario emancipador moderno desde su arranque con la Revolución francesa, y por lo tanto todos los acontecimientos que estuvieran vinculados fáctica o ideológicamente con él debían ser igualmente condenados, o al menos reducidos en su jerarquía moral.3 Esa devaluación de la lucha antifascista responde a clichés confeccionados durante la Guerra Fría, confeccionados por los intereses ideológicos de uno de los bloques más que por el rigor académico, ya que no se detienen en la complejidad de las relaciones políticas nacionales e internacionales del período de entreguerras, donde la instauración de las dictaduras fascistas con su exaltación de la violencia, su militarismo y racismo exacerbaron los enfrentamientos en el seno de las sociedades europeas o crearon nuevas tensiones. Es por ello que la intención de este texto es la de explorar las relaciones que mantuvo el movimiento comunista con el problema del fascismo y concretamente con la resistencia antifascista, para ofrecer otra visión de esa etapa de la historia europea.

1. Definiciones del fascismo

Puede considerarse que el combate antifascista de los comunistas conoce dos etapas diferenciadas por la definición que hacen del fascismo. La primera, desde 1922 hasta 1935; se caracterizaría porque no establecen mayores diferencias entre fascismo y capitalismo, siendo el primero y la democracia parlamentaria dos formas de dictadura capitalista y por lo tanto la lucha antifascista sería un momento más del enfrentamiento histórico entre capital y trabajo que se resolvería con el derrocamiento revolucionario del capitalismo. La segunda etapa se iniciaría con la celebración del VIIº Congreso de la IC, en 1935 y finalizaría en 1945.4 En esta, en cambio, se establecerían ciertas diferencias entre ambos sistemas, por lo que no todos los sectores favorecidos por el capitalismo lo serían por el fascismo, lo que permitiría una amplia alianza de estos con la clase obrera para poder enfrentar a los sectores capitalistas monopólicos, ultranacionalistas y militaristas, por ende más agresivos, representados por el fascismo.

Zinoviev, en el IV Congreso de la COMINTERN (diciembre de 1922), definiría al fascismo como la forma en que se manifestaba la ofensiva política que la burguesía emprendía en el ámbito de la economía contra la clase obrera, como una guardia blanca que, al mismo tiempo intentaba ganar el apoyo de las clases medias urbanas y rurales así como de algunos sectores obreros decepcionados por los fracasos de la democracia liberal.5 Con él coincidiría, Clara Zetkin, en el pleno del Comité Ejecutivo de la IC (23/6/1923), agregando que el fascismo era un fenómeno típico del capitalismo en crisis, que expresaba el recurso a la violencia de las clases dominantes frente al fracaso del Estado burgués tradicional para defender sus intereses y del movimiento obrero revolucionario. Siguiendo ese hilo argumental, Karl Radek proponía considerarlo como “contra-revolución preventiva”.6 Eran declaraciones que se ajustaban a la promoción por la Comintern (IC) del Frente Único Proletario como respuesta al descenso de la oleada revolucionaria inmediata a la revolución de Octubre y al ascenso del fascismo, junto al fortalecimiento de regímenes autoritarios en varios países europeos.

Estas tesis sobre el fascismo serían influidas por el clima de hostilidad de los gobiernos europeos hacia la URSS, ya que además del enfrentamiento ideológico, o alimentado por él, los líderes conservadores de Gran Bretaña y Francia rechazaban cualquier acuerdo con la URSS si no reconocía la deuda contraída por el régimen zarista y no ofrecía reparaciones a los propietarios afectados por las nacionalizaciones decretadas por el gobierno revolucionario. Las presiones de las derechas británicas y francesas, a las que se sumaron las de la Standard Oil, cuyos intereses eran respaldados por el gobierno norteamericano, devolvieron a los soviéticos la impresión de que no cesaba la amenaza de una alianza ofensiva, similar a la experimentada durante la guerra civil de 1918.1920. Al rechazo diplomático a la URSS se agregaban las declaraciones favorables al fascismo de personalidades próximas o pertenecientes a esos mismos ámbitos políticos y culturales, que reforzaban la concepción del fascismo como una gran ofensiva, que en defensa del capital, pretendía acabar con el primer estado socialista y con todo el movimiento revolucionario internacional.7 Winston Churchill se referirá a Mussolini en los siguientes términos en su discurso ante la Liga Antisocialista británica, el 18 de febrero de 1933: “El genio romano personificado por Mussolini, el más grande legislador vivo, ha demostrado a muchas naciones cómo se puede resistir al avance del socialismo y ha señalado el camino que puede seguir una nación cuando es dirigida valerosamente. Con el régimen fascista, Mussolini ha establecido un centro de orientación por el que no deben dudar en dejarse guiar los países que están comprometidos en la lucha cuerpo a cuerpo con el socialismo”.8 También los medios políticos liberales norteamericanos saludarán al dictador italiano con estos términos: “Este es el momento del pragmatismo, no del dogmatismo- del realismo, pero de un realismo que puede también ser rico en ideas espirituales, y yo quiero dejar registrado en el inicio de este libro sin pretensiones mi fe en Benito Mussolini, el gran premier italiano, y en el fascismo, el fruto de su maravilloso cerebro, como la expresión más elevada de la filosofía pragmática de gobierno, cuya fórmula invariable es la pregunta «¿Esto funciona?»-”.9 Ludwig von Mises, pope del liberalismo, “… veía en el squadrismo mussoliniano un «un remedio momentáneo dada la situación de emergencia» y adecuado al objetivo de salvar la «civilización europea»: «El mérito de tal modo adquirido por el fascismo vivirá eterno en la historia»”.10

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ROSA LUXEMBURGO: UNA HEROÍNA DE LA REVOLUCIÓN

      Nota introductoria. “A lo largo del  pasado año hemos asistido a toda clase de eventos relacionados con el centenario de Hannah Arendt. Se han publicado trabajos biográficos, se han publicado “dossiers” en los diarios, y se han organizado numerosos debates. Sin embargo,  tal como mandan los cánones establecidos en la coyuntura cultural dominante, solamente en algún caso se ha hecho referencia a sus posicionamientos “consejistas” (una corriente surgida en el seno de los primeros partidos comunistas –sobre todo en el holandés y en el alemán- que situaba a los consejos obreros como alternativos a los sindicatos y al parlamentarismo, y entre cuyos representantes se pueden citar el joven Lukács, Karl Korsch, Otto Rühle, Hermann Gorter, etc),  y apenas si se ha citado la amistad de Marthe, su madre, con Rosa Luxemburgo, a la que Hannah admiró profundamente. Una muestra de esta vinculación la encontramos en este trabajo –con el que podemos polemizar en algún que otro punto como en el del marxismo de Rosa-, que hemos recuperado de El desafío de Rosa Luxemburgo, editado en Proceso, Buenos Aires, 1972, junto con trabajos de Bertand D. Wolfe, Gilbert Badia, León Trotsky, Lenin (el libro está precedido por una cita suya: “Rosa Luxemburgo fue y seguirá siendo un águila”), J.P. Netl, John Knieff, Daniel Bensaïd, Alian Nair, Michael Lowy y Paul M. Sweezy…El texto de Hannah fue traducido de la reviste Preuves, París, noviembre, 1967. PGA”. 

      

        La biografía monumental, al estilo inglés bien docu­mentada, cargada de notas y generosamente sembrada de citas- es uno de los géneros más admirables de la historiografía, y fue un rasgo de genialidad por parte de J. P. Nettl elegir la de Rosa Luxemburgo, cuya vida podría. parecer la menos indicada para este tipo de empresa (1). En efecto, se trata de un género clásico apto para relatar la vida de grandes hombres de estado o de personajes importantes, y Rosa Luxemburgo no tiene nada en común con ellos. Aun en su propio medio, el del movimiento socialista europeo, ella ha sido más bien un personaje marginal que conoció contados mo­mentos de esplendor o de gloria, y su influencia tanto por sus acciones como por sus escritos, apenas puede compararse con la de sus contemporáneos, Plekhanov, Trotsky y Lenin, Bebel y Kautsky, Jaurés y Millerand.

       Muy joven aún, Rosa Luxemburgo abandonó su Po­lonia natal, para entregarse a una intensa actividad en el partido socialdemócrata alemán; continuó desem­peñando un papel decisivo en la historia tan descuidada y mal conocida del socialismo polaco, y durante casi veinte años fue el personaje más discutido e incom­prendido de la izquierda alemana. Cabe preguntarse cómo Nettl ha logrado llevar a cabo su propósito tra­tándose de una mujer que, si bien actuó con tanto em­peño en el ámbito de la política europea de su tiempo. nunca fue reconocida oficialmente. En realidad, el éxito o el fracaso de una biografía al estilo inglés no sólo depende de la gloria del personaje elegido, o del inte­rés que pudo revestir su existencia; en este género literario la historia no se toma como el inevitable fondo de determinada vida humana, sino que se trata de lo­grar que la luz incolora de una época histórica se re­fracte a través del prisma representado por una fuerte personalidad, de manera que el espectro resultante ofrezca una coherencia perfecta, lograda mediante la unión de una existencia y un mundo. Dicho de otra manera, el éxito parece ser una condición previa para el buen resultado de una obra de este tipo. y es preci­samente el éxito -aun en su propio universo, el de la revolución- lo que le ha sido negado a Rosa Luxem­burgo durante su vida, en la hora de su muerte, y aun después. ¿Será que el fracaso en que terminaron todos sus esfuerzos, por lo menos en lo que respecta al lugar que se le reconoce oficialmente, está, de un modo u otro, ligado al siniestro fracaso de la revolución en este siglo? ¿No veríamos la historia con una luz diferente si la observáramos a través del prisma de su vida y sus obras?

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