Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Brasil: El derecho a la fiesta y a la lucha

Emir Sader

Brasil: El derecho a la fiesta y a la lucha Emir Sader ALAI AMLATINA, 30/10/2006, Rio de Janeiro.- Hace exactamente cuatro años atrás celebrábamos –muchos de nosotros en la Avenida Paulista y otros tantos en el resto de Brasil y en el exterior-, por fin la victoria de Lula, la victoria del PT, la victoria de la izquierda. Nos encontrábamos con tanta gente que exteriorizaba, en las lágrimas, en los gritos, tantas cosas reprimidas, que venían de lo más profundo: el recuerdo de los compañeros que no pudieron celebrar con nosotros el fin de las frustraciones acumuladas y que un gobierno, que había despedazado el país, terminaba por fin derrotado aquel día. Celebrábamos, pero con un trago amargo en la garganta. Sabíamos que era nuestro gobierno, pero alguna cosa se nos escapaba. Ganábamos, despedíamos al gobierno Fernando Henrique Cardoso (FHC) con su derrota – lo más importante en aquel momento -, pero se cernían sombras sobre la victoria, que indicaban que ella se nos escapaba. De la “Carta a los brasileños” a “Lulita, paz y amor”, de Duda Mendonça a Palocci, y – confirmando tristemente las sombras, Henrique Meirelles-, algo nos indicaba que nuestra victoria no era necesariamente nuestra victoria, la victoria de la izquierda, la victoria del anti-neoliberalismo, la victoria del “otro mundo posible” por el cual habíamos luchado tanto tiempo. Habíamos luchado contra las privatizaciones, habíamos luchado contra las (contra) reformas neoliberales, de menos Estado, menos políticas sociales, menos reglamentación, menos derechos laborales, menos empleos formales, menos soberanía, menos esfera pública, menos educación pública, menos cultura pública. Habíamos luchado contra la cesación de los derechos de los trabajadores, de los jubilados, de los trabajadores sin tierra, de las universidades públicas, de la salud pública. Habíamos resistido y en aquel día sentíamos que, a pesar de todo lo que se había dilapidado del país, habíamos derrotado al proyecto neoliberal de FHC, habíamos triunfado. El día de la posesión y del discurso de Lula en Brasilia parecía el punto de llegada de más de una década de luchas de resistencia, en las que Brasil se había vuelto depositario de las esperanzas de la izquierda de todo el mundo. El Brasil de Lula, del PT, del MST, de la CUT, de Porto Alegre, del presupuesto participativo, del Foro Social Mundial. Nuestras desconfianzas se confirmaron con más rapidez de lo que suponíamos. Henrique Meirelles, la continuación de las tasas de interés y el superávit primario, constituían las puntas de un iceberg más profundo: la continuación del modelo económico heredado de FHC. Al principio, se la llamó la “herencia maldita”. Pero no fue abierta como paquete, para mostrar al Brasil deshecho y rehecho como Bolsa de Valores en las manos de los tucanes-pefelistas, el Brasil de la privatización de la educación y de la cultura, el del mayor escándalo de la historia del país con la privatización de las estatales – saneadas con el dinero público del Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES), para luego ser vendidas a precios ridículos de nuevo con recursos públicos del BNDES. En nombre de la superación de esa “herencia” nos fue impuesta una (contra) reforma de las pensiones, que desató un fatal desencuentro entre los movimientos sociales y el gobierno, porque señalaba el camino de “reconquistar la confianza del mercado” a expensas de los derechos sociales de los trabajadores. Nuestro gobierno hacía lo que se llegó a decir que haríamos, “lo que FHC no había tenido coraje de hacer”, sin decir que era porque no tuvo fuerza, por la resistencia que le opusimos. No tardó mucho para que el modelo –denominado al comienzo la “herencia maldita” – fuese perennizado, con el mantenimiento de las tasas de interés reales más altas del mundo, con un superávit primario más alto que el definido por el FMI, con la dictadura de las “compensaciones” de recursos a cargo del equipo económico, que pasó a tener el poder de definir cuantos recursos se destinarían (o no) para las políticas sociales, cuál sería el aumento posible del salario mínimo y todo lo que debería ser la referencia central del gobierno, para poder cumplir la “prioridad de lo social”, aspecto por el cual había sido elegido. De esta manera se perpetuó el modelo, luego se afirmó que esto era el mejor, se agradeció al antecesor de Lula por la herencia – a partir de allí rebautizada de bendita – que había dejado y se afirmó que “si yo tuviese diez años, diez años mantendría este superávit primario”. Acompañaba a esta política, un discurso desmovilizador, de auto-complacencia, que no señalaba cuáles eran los adversarios, los que habían generado el país más injusto del mundo, que llevó a Lula a la Presidencia para redimirlo y no para mantenerlo. Nunca sentimos tanta amargura. Porque una cosa era ver al país despedazado por los que nos habían derrotado, otra era ver un equipo en el Banco Central, completamente ajeno a toda la tradición de los economistas del PT, atribuirse el derecho de predominar sobre lo dio notoriedad al PT: sus políticas sociales. Otra cosa era ver a los grandes empresarios imponer sus intereses ligados a los agro-negocios-exportadores, de diseminación de los transgénicos, sobre los de los sin tierra, la reforma agraria, la economía familiar, la autosuficiencia alimentaria en nuestro gobierno. Otra cosa era ver a las radios comunitarias reprimidas en lugar de ser apoyadas, la prensa alternativa sobrevivir a duras penas, mientras el gobierno continuaba alimentando a los grandes monopolios anti-democráticos de los mass media privados. Otra cosa era ver a los softwares alternativos subestimados o excluidos en favor de los grandes lobbies de las corporaciones privadas. Todo eso, por nuestro gobierno. Fue duro, fue muy duro. Quizás hubiese sido más fácil – si todo fuese pensado desde el punto de vista de la biografía individual de cada uno – haber roto, haberse ido, haber dicho todo lo que lo gobierno merecía oír, en todos los tonos y sonidos. Pero habría significado decir que habíamos sido irremediablemente derrotados, que todo lo que habíamos hecho en las décadas anteriores había desembocado en una inmensa derrota. Habría significado abandonar las trincheras de lucha que habíamos construido con tanto esfuerzo y sacrificio. Ganas no faltaban. En ciertos momentos habría sido mucho más fácil dejar que corran sueltas las palabras, adherir a la teoría de la “traición”, refugiarnos en las denuncias y abandonar la posibilidad de construir una alternativa concreta. Como si no fuese suficiente todo eso, vinieron los “escándalos”: Waldomiro Diniz, Roberto Jéferson, el "mensualazo", las “sanguijuelas”: cada uno como un nuevo puñal en nuestro corazón. La imagen ética del PT, construida como la niña de nuestros ojos, era revertida. Nos volvíamos el partido de los “mayores escándalos de la historia del país”. La palabra “petista” pasaba a ser revestida de una imagen de desconfianza y de “corrupción”. Nada peor podía acontecer a un partido que había nacido, crecido, fortalecido y se había vuelto victorioso con las banderas de la “justicia social y de la ética en la política”. No éramos fieles ni a la una ni a la otra. Sin embargo no nos fuimos. Nos quedamos. Seguimos intentando encontrar los hilos para retomar el camino del que nos habíamos desviado. Sabíamos que los grandes enfrentamientos todavía estaban por darse. Sabíamos que nuestra política externa era la correcta y se había vuelto esencial para el continente, ahora lleno de gobiernos progresistas, como nunca en la historia de América Latina. Sabíamos que nos podíamos enorgullecer de Petrobrás – que casi se había tornado en Petrobrax en las manos criminales de los tucanes -, de la autosuficiencia en materia petrolera, de que una de las mayores empresas del mundo había alejado a Brasil de la crisis del petróleo a través de una tecnología de investigación y extracción de petróleo en aguas profundas, con tecnología nacional y pública. Sabíamos que la privatización en la educación, que había hecho proliferar facultades y universidades privadas como verdaderos centro comerciales que vendían educación como Big Mac, había terminado. Que se fortalecían las universidades públicas, que pasábamos a tener, por primera vez, políticas públicas de cultura, abiertas a la creatividad y a la diversidad popular. Que Lula no era FHC, que el PT no era el PSDB. Que los movimientos sociales no eran ya criminalizados y reprimidos. Que la relación con Venezuela, Bolivia, Cuba, Argentina y Uruguay era de hermandad y no de prejuicios de quien mira hacia el Norte y hacia fuera. Que el ALCA había sido quebrado y derrotado por nuestra política externa. Que Brasil había sido el principal responsable de la reaparición del Sur del mundo en el escenario internacional con el Grupo de los 20 y las alianzas con Sudáfrica e India. Que las políticas sociales del gobierno, pese a no ser las que históricamente habían caracterizado al PT, cambiaban, por primera vez las manecillas de la desigualdad – la mayor del mundo, el mayor desafío de la historia brasileña – en el sentido positivo. Que no solo por solidaridad con la amplia mayoría de los brasileños – pobres, miserables, excluidos, discriminados, humillados y ofendidos secularmente -, teníamos que valorizar esas políticas sociales. Nos quedamos también porque sabíamos que irse sería volver a caer en la vieja e infértil tentación del refugio en el doctrinarismo, camino justamente que el PT se había propuesto superar. Ello sería reanudar el viejo circulo de Sísifo, interminable proceso de avances, victoria, “traición” y reanudación de la resistencia. Como una tragedia griega que había condenado a la izquierda a tener razón, pero siempre a ser derrotada A tener vergüenza y desconfianza de la izquierda que triunfa. De los desafíos que la construcción de una hegemonía alternativa pone frente a nosotros. Valió la pena habernos quedado, haber continuado en la lucha, haber creído que este es el mejor espacio de lucha, de acumulación de fuerzas, de construcción de alternativas para Brasil. No porque hayamos triunfado en las elecciones. Claro que también por ello. Porque derrotamos al gran monopolio privado de los mass media, demostrando que es posible e indispensable construir formas democráticas de expresión de la opinión pública, quitándola de las manos oligopólicas de las cuatro familias que se creían dueñas de lo que se piensa en Brasil. Claro que porque derrotamos el bloque tucano-pefelista – y de carambola mandamos a la jubilación política a Tasso Jereissatti, a la ACM, Jorge Bornhausen, a FHC -, derrotamos la derecha. Pero sobre todo porque recuperamos la posibilidad de construir ese “otro Brasil”, camino que parecía clausurado por tanto superávit fiscal, tasas de interés exorbitantes y tantas denuncias. Nos recuperamos, en especial en la segunda vuelta, porque llamamos la derecha, derecha. Hablamos un poco de las desgracias que ellos causaron a Brasil: por fin abrimos el dossier de la “herencia maldita”. Criminalizamos las privatizaciones, posibilitando que apareciese a la superficie la condena mayoritaria de los brasileños a un proceso embellecido y sacralizado por los mass media y por los emisarios del gran capital privado dentro de ella. Porque apelamos a la movilización popular, porque hicimos una campaña de izquierda en la segunda vuelta. Porque comparamos el gobierno de ellos con el nuestro que, incluso con todas sus flojeras, se mostró incuestionablemente superior al de ellos. Fue eso lo que triunfó. Triunfamos por lo que cambiamos, no por lo que mantuvimos. Ganamos porque nos mostramos diferentes y no iguales a ellos. Celebramos ahora de nuevo, en la Avenida Paulista y en muchos otros sitios y sobre todo en esos millones de casas de beneficiados de la Bolsa Familia, de la electrificación rural, de los microcréditos, del aumento del salario mínimo, que sobre todo los dignifica, al sentirse tomados en cuenta y representados. Es en esas casas donde nunca se dudó que este gobierno es mejor que todos los otros. Que nos habían dado la lección de la tenacidad y de la resistencia contra las campañas terroristas de los mass media. Celebramos con el mismo trago amargo en la garganta, pero con esperanza y con más confianza. Celebramos el derecho de tener otra oportunidad. Celebramos la fuerza que conseguimos construir y reconstruir. Celebramos el derecho de salir de la política económica conservadora que impidió el crecimiento económico y que podría bloquear la extensión del crecimiento social en caso que perdure la dictadura de las “compensaciones” de recursos. Celebramos el derecho de desterrar esa maldita expresión – “compensación” – del vocabulario político del gobierno. Celebramos el derecho a reabrir espacios de lucha y de esperanza que nuestros errores habían amenazado con cerrarlos. Celebramos porque conseguimos salvarnos de una derrota que habría condenado a la izquierda – y con ella, al país – a muchos años de nuevos retrocesos. Celebramos porque bloqueamos la posibilidad de regresiones en América Latina y seguimos sumándonos a los procesos de integración. Celebramos porque en este momento firmamos un acuerdo con Bolivia, demostrando que el camino del diálogo y del entendimiento con los países amigos es el camino correcto. No fue fácil mantener la dignidad y esperanza, incluso durante la campaña. Pero resistimos, con dignidad, hasta que triunfamos. Y reconquistamos el derecho a la esperanza. Sobre todo en la segunda vuelta, con una campaña de izquierda, de reivindicar el Brasil que queremos, señalando los enemigos de un Brasil justo y solidario: las fuerzas políticas, mediáticas, económicas, las elites tradicionales. Ganamos el derecho a luchar, a luchar por un gobierno que por fin promueva la prioridad de lo social, que sea un gobierno posneoliberal, trabaje por la construcción de una democracia con alma social. Celebremos, porque merecemos la victoria, a pesar de nuestros errores. Pero para estar a la altura de nuestra victoria, tenemos que hacer de ella una victoria de la izquierda. Una victoria que esté a la altura del emocionante apoyo que el gobierno recibió, a lo largo de toda la campaña, de los más pobres, de los más marginados, de los que constituyen la amplia mayoría de los brasileños, de los que trabajan más y ganan menos. De los que supieron, como nadie, resistir al torrente de propaganda que los mass media difundieron sobre todos. Hacer del nuevo gobierno, ante todo el gobierno de ellos. De todos los brasileños, pero sobre todo de los que siempre habían sido marginados, excluidos, reprimidos, que siempre vivieron y murieron sobreviviendo, en el anonimato, en el silencio, en el abandono. Celebremos, pero juremos nunca más dejar que nuestro gobierno se desvíe del camino del desarrollo económico y social, de las políticas de universalización de los derechos, de democratización de los mass media, de socialización de la política y del poder. Nunca más aceptemos que nuestro gobierno se confunda con el gobierno de los otros, haga y diga lo que los otros dijeron, legándonos la “herencia maldita”. Celebremos y reanudemos la lucha, en condiciones mejores, por ese “otro Brasil posible” que está al alcance de nosotros, del gobierno, del PT, de la izquierda, de los movimientos sociales, de la intelectualidad crítica, de la militancia política y cultural. De esa lucha depende el segundo gobierno Lula, que conquistamos con mucho sufrimiento y tenacidad. Supimos decir “No a la derecha”, sepamos decir “FHC nunca más”, sepamos construir la “prioridad de lo social”, sepamos derrotar a la derecha en todos los planos, sepamos construir un Brasil justo, solidario, democrático y humanista. Para volver a celebrar de aquí a cuatro años, sin tragos amargos, sin desconfianza, con el corazón y la mente orgullosos del país que supimos construir. (Traducción ALAI)

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Remesas, Inmigración y acumulación de capital

Raúl Zibechi

Remesas, inmigración y acumulación de capital Raúl Zibechi ALAI AMLATINA, 17/11/2006, Montevideo.- La banca española intenta captar las remesas de los inmigrantes latinoamericanos, luego de haber amasado enormes ganancias en nuestro continente. Los emigrantes, generadores de la mitad del crecimiento económico de España, se enfrentan a una situación en la que los recursos que generan se pueden convertir en un brillante negocio financiero. La cuestión de las remesas ocupó un espacio importante en la reciente cumbre iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Montevideo, cuyo tema central fue la inmigración. La declaración final señala que los estados deben abstenerse de legislar sobe las remesas ya que se trata de flujos financieros privados. Y, aunque parezca obvio, consideran que no se trata de la ayuda oficial al desarrollo. Pero detrás de las declaraciones oficiales, se libra una sorda batalla por la captación de un negocio lucrativo: en 2005, 169 mil millones de dólares por concepto de remesas llegaron a los países del tercer mundo. Quizá por eso, la declaración de Montevideo señala que “debemos facilitar el envío de remesas, reduciendo su costo y garantizando el acceso a los servicios bancarios”. La propia declaración muestra dónde está situado el debate. Aunque las remesas crecen a un ritmo del 10% anual, en España lo hacen un 30% cada año y una buena parte de ellas tiene como destino América Latina. El 90% de esas transacciones son operadas por remesadoras que cobran costos demasiado elevados para los inmigrantes. Pero desde Europa las cosas se ven de otra manera. Un reportaje del diario El País (14 de noviembre de 2006) luce un significativo título: ”Las remesas sostienen América Latina”. Apoyándose en datos del BID y la Cepal, asegura que el dinero que envían los inmigrantes latinoamericanos a sus países de origen ha crecido, en los últimos 25 años, de mil millones de dólares a más de 50 mil millones anuales. Para cinco países centroamericanos las remesas representan entre el 10 y el 15% del producto interior bruto (PIB), para Bolivia y Ecuador oscilan entre el 5 y el 6%, y superan el 3% en el caso de Colombia. Según el BID, hay 25 millones de emigrantes latinoamericanos en Estados Undios y la Unión Europea, de los cuales la mitad envían remesas. Greg Watson, analista del banco regional citado por El País, sostiene que las remesas son una oportunidad para el desarrollo del país receptor, pero para que eso sea posible “los bancos tienen que ofrecer instrumentos financieros para que ese capital de las remesas se incorpore al sector productivo”, y no como está sucediendo ahora que las familias lo utilizan para “cubrir necesidades básicas”. Un editorial de Joaquín Estefanía en el mismo diario (“La batalla por la captación de remesas”, 13 de noviembre de 2006), hace un llamado a lo que denomina “profesionalización de las remesas”, con la excusa de abaratar los costos. Lo que está sucediendo es una verdadera batalla para que el sector financiero consiga captar parte del dinero de las remesas. Este año, el 40% de los beneficios del BBVA (Banco Bilbao Vizcaya) hasta septiembre proceden de sus filiales latinoamericanas. Sólo en México, el grupo gana más dinero que en España. El 33% de los beneficios del Banco Santander al cierre del tercer trimestre provienen de la misma región, en tanto Telefónica obtiene en América Latina una quinta parte de sus beneficios y un tercio de las ganancias de Repsol vienen de Argentina, Brasil y Bolivia. Si la banca española consigue hacerse con una parte sustancial de las remesas, habrá hecho un negocio redondo. Un informe de Enrique Alberola publicado en octubre por el Boletín Económico del Banco de España, va directamente al grano. La banca española está en buenas condiciones para captar las remesas de los inmigrantes gracias a su “importante presencia en algunos de los países de origen de la inmigración a España, principalmente en América Latina”. Alberola es consciente que buena parte de los inmigrantes latinoamericanos en España eluden enviar sus remesas a través del sistema bancario, y lo hacen a través de empresas remesadoras, por las experiencias de crisis financieras que provocaron la pérdida de sus ahorros. Le faltó mencionar que la banca española fue una de las grandes beneficiadas con la crisis argentina de 2001, en la cual cientos de miles de ahorristas se vieron perjudicados para abultar los beneficios de esos grandes bancos. A la hora de argumentar a favor de la bancarización de las remesas, Alberola es igualmente transparente: “Si las remesas fueran intermediadas en el país de destino por la banca, su efecto catalizador de la profundización financiera sería mucho más efectivo, contribuyendo así de un modo indirecto al desarrollo económico”. En suma, se trata de hacer crecer el negocio bancario que, en el mejor de los casos, puede contribuir a “desarrollar” a las grandes empresas multinacionales que, como Repsol y Telefónica, ya obtienen jugosas ganancias en América Latina. Para cerrar el círculo, hay que atender los datos proporcionados por Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica del Presidene del Gobierno español: “Más del 50% del crecimiento económico de los últimos cinco años” se debe a los inmigrantes (El Periódico de Cataluña, 16 de noviembre de 2006). La diferencia entre lo que los inmigrantes reciben por sanidad y educación y otros beneficios sociales, y lo que aportan en concepto de cotizaciones, es de cinco mil millones de euros: el 0,5% del PIB o la mitad del superávit de la administración pública en 2005. La acumulación del capital español, que está situando a ese país entre los más ricos del mundo (la renta per cápita superará a la italiana el año próximo y a la alemana antes de ocho años), sería impensable sin los negocios que realiza en América Latina y sin la explotación de los inmigrantes. Si ahora echan mano de las remesas, habrán dado un paso de gigante en la carrera mundial por apropiarse de una porción destacada del capital mundial.

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Un Guión conocido en las reacciones a la manifestaciones por Palestina

Un guión conocido en las reacciones ante la manifestación por Palestina, celebrada en Roma el 19 de noviembre de 2006.

Cinco preguntas para una carta abierta a la “política”, a la información y a los inservibles.

Leyendo los diarios de hoy domingo 19 de noviembre, me parece leer los diarios de hace nueve meses, exactamente del 19 de febrero. Una manifestación de solidaridad con el pueblo palestino que ha sido un éxito, con contenidos claros que han ilustrado los inaceptables acuerdos militares ( en gran parte secretos para el Parlamento) entre Italia y Israel y la vergüenza del embargo aplicado a las víctimas ( los palestinos) en lugar de a los ocupantes que bombardean cada día ( Israel), hubiera sido silenciada o reducida a crónicas en pequeños recortes de periódico. Y en lugar de esto, las primeras páginas y las crónicas dedican amplia atención a esta manifestación pero sólo para dar una imagen

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O odio de classe da burguesia brasileira

Emir Sader

O MUNDO PELO AVESSO

O ódio de classe da burguesia brasileira

"A gente vai se ver livre desta raça (sic), por, pelo menos, 30 anos", disse o senador Jorge Bornhausen (PFL). Ele merece processo por discriminação, embora no seu meio – de fascistas e banqueiros – é usual referir-se ao povo dessa maneira – são "negros", "pobres", "sujos", "brutos".

Emir Sader

“A gente vai se ver livre desta raça (sic), por, pelo menos, 30 anos” (Jorge Bornhausen, senador racista e banqueiro do PFL)

O senador Jorge Bornhausen é das pessoas mais repulsivas da burguesia brasileira. Banqueiro, direitista, adepto das ditaduras militares, do governo Collor, do governo FHC, do governo Bush, revela agora todo o seu racismo e seu ódio ao povo brasileiro com essa frase, que saiu do fundo da sua alma – recheada de lucros bancários e ressentimentos.

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La batalla de Oaxaca

Ana Esther Ceceña

LAI, América Latina en Movimiento 2006-11-03 Mexico

Mientras los oaxaqueños se disponían, siguiendo las tradiciones renovadas año con año, a pasar el día en los cementerios compartiendo comidas, flores, penas y alegrías con sus muertos, el “operativo Juárez 2006” se echaba a andar en torno a la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Igual como en Irak se aprovecha el Ramadan para lanzar operativos militares que intentan aprovechar la desprevención de la resistencia, en Oaxaca el día de muertos con sus ritos y la desmovilización general por un largo feriado (del 1 al 5 de noviembre) fue el momento elegido para apoderarse de lo que los mandos militares, después de haberse aposentado en el zócalo (la plaza central), han considerado el bastión central de actividades de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). El tratamiento del conflicto, que con muchas dificultades había logrado mantenerse los meses anteriores dentro de los marcos políticos, registró desde el 28 de octubre un vertiginoso desplazamiento hacia el ámbito militar, anunciado después de una oscura jornada en la que grupos de fuerzas irregulares, presuntamente vinculados al gobernador Ulises Ruiz, se movilizaron para construir un escenario de violencia desordenada e incontrolada, capaz de justificar la presencia de la Policía Federal Preventiva (PFP), cuerpo policiaco-militar creado para fines de seguridad interna con un estatuto, por cierto, inconstitucional. La inteligencia militar, bajo el mando directo de los altos mandos del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) que conforman el Estado Mayor (o Comando Conjunto), se hace cargo de Oaxaca a partir de esos incidentes (que causaron la muerte del periodista estadounidense Bradley Will, entre otros), convirtiendo una disputa política en asunto de seguridad nacional, para el cual se diseñan operativos de guerra. El operativo puesto en práctica es definido por el Ministro de Gobernación como “de ocupación” y en él trabajan conjuntamente la PFP y la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), homóloga del FBI norteamericano, mientras la Armada y el Ejército se colocan en posición de poder intervenir (con tropas preparadas en la región militar y en las costas) y se mantienen vigilantes. Tomar el zócalo fue el primer propósito de una estrategia pensada aparentemente en forma de estrella que una vez que toma el centro se despliega en líneas de irradiación hacia las periferias y hacia fuera de la capital, donde evidentemente están las raíces y asientos más profundos de un movimiento emanado de los pueblos de Oaxaca. Paradójicamente el operativo no se dirigió a la desmovilización de los grupos irregulares responsables de la confusión y muertes del día 29 sino que se orienta directamente a los lugares donde la APPO mantenía presencia pública. El primer objetivo consiste entonces en desmantelar las posiciones en el zócalo y en deshabilitar los medios de comunicación con que los pueblos oaxaqueños se comunicaban entre ellos y con el mundo. Pero así como en Irak falló la operación quirúrgica planeada por el Pentágono, aquí la toma del zócalo sólo desplazó espacialmente a lo que nunca ha sido un grupo de dirigentes sino todo un pueblo movilizado. El primer error de previsión en este operativo es que, al ser concebido en términos militares, identifica al enemigo como un ente fijo y delimitado cuando su carácter es difuso, extendido, entramado e impersonal porque tiene personalidad colectiva y no individual. Los asientos de la APPO se desplazaron creando una especie de franja alrededor del zócalo que en algún momento hizo pensar en una imagen de cercadores cercados, pero que en realidad se disgregó en toda la ciudad recreando su territorialidad de acuerdo con las nuevas circunstancias. En un sistema de redes como el que genera una organización comunitaria de larga maduración la distribución de roles es una derivación de las relaciones cotidianas y las dirigencias cuentan con una validación que no emana de las circunstancias sino de su historia en la comunidad. Los medios de comunicación también son diversos y transitan por los circuitos familiares o vecinales. No obstante las radios comunitarias, que han probado su importancia estratégica en circunstancias de luchas desatadas como la guerra del gas en tierras bolivianas, han sido fundamentales para la organización logística en los momentos decisivos. Por eso el siguiente objetivo del operativo militar era el campus universitario, espacio privilegiado del debate de ideas y lugar donde, después de las ofensivas contra los otros medios de comunicación en poder de la APPO, seguía funcionando radio universidad como radio APPO. Blanco apetitoso porque en un mismo golpe permitía atacar a la universidad pública, al pensamiento libre, al régimen de autonomía del que gozan las universidades públicas, cancelar uno de los espacios de refugio de los miembros de la APPO y, como premio a la labor desempeñada, destruir radio APPO. Pero un gobierno que deja de escuchar al pueblo y lo menosprecia es incapaz de entenderlo y controlarlo cuando éste se ha decidido a pelear. En un nuevo intento fallido la PFP, con apoyo de la AFI y la policía local, se volcó sobre la universidad justamente el día de muertos. En una larga, angustiante y combativa jornada, en la que las autoridades universitarias encabezadas por su Rector salieron en defensa de la sensatez, la democracia y la autonomía universitaria, la UABJO logró repeler el ataque que terminó en la retirada de las fuerzas de seguridad del estado. Rociados sin descanso con gases lacrimógenos y gases pimienta, amagados con tanquetas y balas perdidas, los oaxaqueños dentro y fuera de la universidad dieron una pelea que no había sido prevista por los altos estrategas del Estado Mayor. El trabajo de coordinación realizado por Radio APPO (radio universidad) mantuvo permanentemente informado al mundo del avance de los acontecimientos y permitió no solamente orientar a los combatientes del pueblo sino articular el apoyo nacional e internacional que colocó a Oaxaca al nivel de alerta mundial. Vecinos sin nombre aportaban vinagre para disminuir los efectos de los gases, arrojaban gasolina o excrementos a las tanquetas, proporcionaban linternas o alimentos, informaban de los movimientos de la PFP y el resto de los participantes en el operativo, colocaban las barricadas levantadas por los trascabos… Fue el pueblo de Oaxaca, anónimo y humilde pero investido todo como APPO, quien derrotó a las fuerzas represivas de élite y defendió su universidad y su dignidad. Y mientras todos corrían con las tradicionales bombas molotov o unos cohetones de fabricación artesanal radio APPO, instalada en el corazón de la UABJO, no paraba de transmitir. Difícil momento para la transición de poderes en México: la lucha del pueblo oaxaqueño va trasminando hacia el resto del país porque en ningún lugar faltan causas; la experiencia comunitaria se reproduce, con estilos propios, en cada región; el presidente saliente ha dejado de gobernar; el presidente que llega carece de legitimidad por ser producto de un fraude no desmentido. Por otro lado, las reformas estructurales faltantes, entre las que destaca la desregulación que permita la integración energética de América del Norte, sólo pasarán en el Congreso con el acuerdo de una mayoría que el Partido Acción Nacional (PAN) no tiene y no logra construir. Las presiones de Estados Unidos y los organismos internacionales sobre un presidente emanado del proceso electoral más cuestionado desde que se expulsó del país a Porfirio Díaz en 1910 provocan aparentemente un nerviosismo en las altas esferas de la política en el país que se expresa en chantajes, oscuras componendas y torpezas. La militarización de la frontera norte cierra muchas válvulas de escape y el 1° de diciembre, fecha del traspaso de poderes, se acerca como espada de Damocles mientras el presidente Fox prefiere abandonar el país a su suerte y se va de gira. Y ante tal desgobierno Ulises Ruiz, gobernador ampliamente repudiado, lanza su mayor ofensiva contra la APPO y el pueblo de Oaxaca para quedarse en el poder. Difícil pero urgente momento para parir otra historia. Esa que las comunidades de Chiapas nombraron y hoy protagonizan los pueblos de Oaxaca contaminándolo todo de dignidad y esperanza. http://alainet.org/active/14303

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Hugo Chávez, la revolución bolivariana y el decrecimiento

Yannick-Hélène de la Fuente, Claude Llena

NB: Este artículo fue escrito para un público francés , para dar algunos elementos de comprensión de la situación venezolana y abrir el debate entre ambos países acerca del modelo diseñado por el descrecimiento pero este tendría que ser otro artículo . Las referencias sobre el tema son Nicolas Georgescu, René Dumont, Mauss, Cornelius Castoriadis, François Partant, Serge Latouche, Albert Jacquart , entre otros .

Resumen: Las representaciones occidentales de la revolución bolivariana son generalmente distorsionadadas por un etnocentrismo cultivado por los medios de comunicación. Si el discurso de H.Chávez no utiliza nunca el concepto de descrecimiento, la sensibilidad a las cuestiones medioambientales y sociales lo sitúa claramente dentro de este paradigma. La confrontación de las prácticas que autonomizan el pueblo venezolano y la reflexión teórica llevada por el movimiento post desarrollista deberían permitir concretar sinergías constructivas para una alternativa al capitalismo.

Palabras clave: Venezuela, H.Chávez, revolución bolivariana, descrecimiento, democracia participativa "Nuestra casa arde y no lo queremos ver. Mutilada, sobreexplotada, la naturaleza, no logra reconstituirse y nos negamos a admitirlo "[1]

Jacques Chirac, Johannesburgo el 2 de septiembre del 2002

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12 de octubre, el «descubrimiento» de América y la historia oficial… Caras y caretas

Brecha

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower

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Hay que frenar a la derecha y derrotar a Alckmin

Joao Pedro Stedile

Brasil: Hay que frenar a la derecha y derrotar a Alckmin Joao Pedro Stedile ALAI AMLATINA, 10/10/2006, Sao Paulo.- Los movimientos sociales debemos movilizarnos, levantarnos y salir a las calles para derrotar la candidatura de Alckmin. De 1990 a 2002, las clases dominantes implementaron un programa neoliberal desastroso para la economía y para el pueblo. Entregaron al capital financiero e internacional nuestras mejores empresas, estatales y privadas. Dilapidaron los servicios públicos. La deuda pública interna creció vergonzosamente, y el gobierno pasó a dedicar el 30% de toda la renta federal para pagar intereses. El pueblo, las empresas y el gobierno comenzaron a pagar las más altas tasas de interés del mundo. Resultado: la economía no crecía, y se produjo mayor concentración de la riqueza. Al pueblo le quedó la pobreza, más desigualdad y el mayor desempleo de toda la historia. Sintiendo en carne propia esos problemas, en las elecciones de 2002, el pueblo votó contra el neoliberalismo y eligió al presidente Lula. En los últimos cuatro años, hubo un gobierno de coalición, como acostumbra decir el ministro Tarso Genro, y las fuerzas del capital continuaron ejerciendo su influencia para mantener la política neoliberal. Por otro lado, fuerzas de izquierda consiguieron avances en la polí­tica externa, en la defensa de las estatales y en algunas áreas sociales, como la educación pública y el salario mí­nimo. Los movimientos sociales hemos sido crí­ticos de la polí­tica económica. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) ha manifestado y luchado contra la lentitud de la reforma agraria, la prioridad dada al agro-negocio (el cual, sea dicho de paso, votó contra el gobierno) y el incumplimiento del plan nacional de reforma agraria. Comprendemos que el contexto político de ese perí­odo fue adverso para las fuerzas populares, por la ausencia de movilización de masas y por el marasmo de la mayoría de los sindicatos y movimientos. Algunos se acomodaron o sus direcciones fueron cooptadas ideológicamente. Otros fueron arrasados por la ofensiva neoliberal que acabó con diversos sectores de la clase trabajadora. Hay un reflujo del movimiento de masas, que influyó decisivamente en la actual correlación de fuerzas. Vinieron las elecciones de 2006. Defendí­amos la necesidad de aprovechar la campaña para debatir un nuevo proyecto popular para el paí­s. Desgraciadamente, predominaron visiones oportunistas y de marketing y la repetición de métodos espurios, con un uso abusivo del dinero, compra de cupos electorales etc. Todo financiado por la contribución de empresas interesadas en favores gubernamentales. El resultado fue una campaña sin entusiasmo, sin militancia y sin interés del pueblo. Cuando todo parecía ya cocinado, y los resultados previsibles, ocurre que, en la última semana, por graves errores de la campaña Lula, la derecha encuentra motivos para unificarse alrededor de Alckmin (como con Collor, en 1989). Pasó a la ofensiva y, usando intencionalmente sus medios de comunicación, llevó la elección hacia una segunda vuelta. Lo mismo ocurrió en diversos Estados, con la llegada al segundo turno de los candidatos derechistas. No obstante, como todo en la vida, hay contradicciones. La unidad de la derecha en torno a Alckmin provocará el debate de ideas y proyectos. La campaña deberá dejar claros los intereses de clase que hay detrás de cada candidatura. La candidatura Alckmin, que representa los intereses del capital financiero, de las transnacionales, del gobierno Bush, de la burguesía brasileña y de los hacendados del agronegocio, está ansiosa por retomar las riendas del gobierno. Defienden todos los días en los periódicos la necesidad de seguir privatizando -Petrobras, Correos, carreteras y bancos estaduales-. Quieren reformas laboral, tributaria y del Seguro Social para ampliar sus ganancias. Proponen la garantí­a del pago de intereses dentro de la Constitución, por el insólito plan déficit cero. Plantean de nuevo el ALCA como una necesidad, y de esta manera subordinarán todavía más nuestra economía y el país a los intereses del imperio. Y, si los pobres osan luchar, llamarán a los "capitaes-do-mato" (cazadores de esclavos fugitivos ) y responderán con policí­a y cárcel. Por ello, los movimientos sociales y todos sus militantes debemos movilizarnos, levantarnos y salir a las calles para derrotar la candidatura de Alckmin y sus intereses de clase. No podemos vacilar. Vamos a transformar la campaña en un debate de proyectos y de ideas. Una victoria de Alckmin será una derrota gravísima para el pueblo brasileño. Y, en el próximo mandato del gobierno Lula, vamos a seguir movilizados para derrotar la polí­tica neoliberal y debatir en la sociedad un nuevo proyecto para el paí­s. Brasil necesita encontrar su rumbo. Necesita de un proyecto que ponga como prioridad del Estado y de la polí­tica la solución de los principales problemas del pueblo, como el desempleo, la educación, la reforma agraria, la vivienda y la distribución de la renta, para todos y todas. No hay cambios sociales sin la participación del pueblo, sin la movilización popular. (Traducción ALAI). – Joao Pedro Stedile, 52, economista, es miembro de la coordinación nacional del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) y de la Ví­a Campesina Brasil. Fuente: FOLHA DE SAO PAULO, 10 de octubre de 2006.

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