Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Qué hacer con las cenizas de Octubre

Joan Tafalla

(*)

Octubre y su impulso revolucionario aparecen hoy ante los ojos de la mayoría como las cenizas de algo irremediablemente superado. Esta realidad habla por sí sola, pero está lejos de decirlo todo1. Suponiendo que mi opinión tenga algún valor empezaré con una afirmación: no me parece prudente lanzar el niño, con el agua sucia. La mayoría de las personas que van a leer este artículo, como el autor, son “muchachos del siglo pasado”2. Hemos visto lanzar repetidas veces el niño con el agua sucia. El resultado, solo ha servido para repetidas operaciones liquidadoras de toda una cultura política. Lancemos, pues el agua sucia, y dejemos vivir al niño.

¿Podemos estar orgullosos?.

La aportación del comunismo a la historia del siglo veinte es una aportación muy positiva, de la que los comunistas podemos y debemos sentirnos orgullosos. Debemos estar orgullosos de habernos opuesto, a la carnicería de la primera guerra mundial. Casi en solitario en 1914, con las más amplias masas en 1917-1918. Debemos estar orgullosos de haber contribuido a la conquista de la paz, del pan y de la tierra por parte de los campesinos rusos, en 1917. Debemos estar orgullosos de las virtudes republicanas (sencillez, austeridad, honestidad y capacidad dirigente) de personas tan diversas como Lenin, Bujarin, Gramsci, Artur London, Henry Alleg, Ho- Chi-Minh, Antonio Díaz Lourenço, Josep Serradell, Manuel López, Che …3 Debemos estar orgullosos del heroísmo de las Brigadas Internacionales y de la aportación decisiva de los comunistas a la Resistencia antifascista. Debemos estar orgullosos de nuestra propuesta de Frente Popular. Debemos estar orgullosos de Stalingrado, de Kurks y de Berlín. Debemos estar orgullosos de nuestra aportación a la lucha contra el imperialismo y el colonialismo. Debemos estar orgullosos a la consecución del estado del bienestar en Europa occidental. Debemos estar orgullosos de los avances en la liberación de la mujer en Polonia o en Afganistán, por muchos peros que puedan ponerse a esta afirmación. En España, debemos estar orgullosos de nuestro Quinto regimiento y de nuestra aportación a la defensa de la república. Debemos estar orgullosos de nuestra aportación casi solitaria durante largos años, a la lucha anti-franquista. Así se podría seguir …

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Educar para el socialismo

Santiago Alba Rico

“Esta estafa”, dice la página 225, “habría resultado mucho más difícil si la izquierda no se hubiera empeñado tan alegremente en regalar al enemigo el concepto de Estado de Derecho. Lo que tenía que haber hecho, al contrario, era demostrar que semejante proyecto es imposible bajo condiciones capitalistas de producción. Poner en evidencia a todos los que, diciendo defender el Estado de Derecho, no defienden en realidad más que unos privilegios históricos, del mismo modo que podrían defenderlos genéticos”.

Sobre "Educación para la ciudadanía (democracia, capitalismo y Estado de derecho)"

Reseña de ‘Educación para la ciudadanía (democracia, capitalismo y Estado de derecho)’, de Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero (con ilustraciones de Miguel Brieva). Editorial Akal, Madrid 2007.

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La revolución bolchevique y el tiempo que vendrá

Higinio Polo

Mundo Obrero Cuando se cumplen noventa años desde que el reflector del crucero Aurora iluminó el Palacio de Invierno de los zares, y Lenin y Trotski dirigieron la primera revolución obrera triunfante de la modernidad, puede examinarse con perspectiva la enorme influencia histórica que ha tenido la revolución de octubre. Con esa revolución rusa nacieron los partidos comunistas, el movimiento político más vigoroso y revolucionario del siglo XX, y de ella surgió también la Internacional Comunista. La revolución bolchevique lanzó una mirada prodigiosa sobre el capitalismo realmente existente, aquel sistema burgués que había puesto a la población de cinco continentes de rodillas ante la siniestra empresa de dominación imperialista del siglo XIX de la que muchos territorios aún no se han recuperado, que había arrojado al mundo a la gran matanza de la I Guerra Mundial, que había organizado la explotación obrera y el expolio planetario y que, después, sumergió al mundo en el horror de la Segunda Guerra Mundial, aunque en ese momento el capitalismo lucharía en dos trincheras opuestas. Desde 1917, esa fértil mirada de la revolución bolchevique fue esparcida en América, con Recabarren y Luis Carlos Prestes, con Neruda y Vallejo, con Paul Robeson, Fidel Castro y el Che Guevara; en Europa, con Dolores Ibárruri y Ernst Thaelmann, el dirigente comunista alemán fusilado por orden de Hitler en el campo de concentración de Buchenwald; con Clara Zetkin y Arthur London, y en África y Asia, con Mao Tsé Tung y Ho Chi Minh, por citar arbitrariamente algunos nombres inolvidables. El sueño revolucionario fue de la mano de la defensa de la libertad, en tiempos difíciles y convulsos, y no es exagerado decir que la libertad del mundo, amenazada por la bestia nazi, fue salvada gracias al sacrificio de los millones de soviéticos que lucharon sin descanso, junto a los movimientos partisanos, hasta la trascendental victoria de mayo de 1945. Desde la Rusia revolucionaria el influjo bolchevique se esparció por el mundo y llegó a China, y al Vietnam, a Cuba, al continente africano. Después, a finales del siglo XX, la desaparición de la URSS y de los países socialistas europeos hizo que desde la derecha, y también desde parte de la izquierda, se oficiase el funeral por el comunismo, reelaborando la historia de décadas pasadas, llegando los laboratorios ideológicos del capitalismo a lanzar, para consumo popular, la gran mentira de la equiparación del fascismo con el comunismo, empeño que no han abandonado. Es comprensible que un golpe tan demoledor como el hundimiento de los países socialistas europeos, con sus luces y sombras, hiciera decir a algunos que el comunismo había muerto, pero aunque en algunos países el oportunismo político o, simplemente, la decepción, el cansancio y la derrota, hayan liquidado organizaciones y dispersado a centenares de miles de comunistas, el sordo rumor de la revolución bolchevique sigue sonando en nuestros días; a veces, apenas en un susurro; en otras, en poderosos movimientos que anuncian nuevas revoluciones. Porque el impulso por el socialismo que se inauguró con la revolución bolchevique no ha agotado su trayectoria: en nuestros días, además de los países que han resistido el vendaval contrarrevolucionario, otros como Venezuela o Bolivia, y movimientos que despuntan en Asia o en África, siguen esa estela bolchevique. Las revoluciones triunfan y fracasan, aciertan y se equivocan; a veces, incluso devoran a sus hijos, y, en otras, son traicionadas; en algunas, es cierto, en ocasiones protagonizan crímenes. También la Comuna de París, muy temprano, levantó la bandera roja de los trabajadores: fue la primera ocasión en el mundo en que se convirtió en oficial, y esa revolución, pese a su radical justicia, también cometió errores y crímenes, pero, a inicios del siglo XXI, el ejemplo de la Comuna que MacMahon y Thiers ahogaron en sangre, sigue viviendo en la memoria de los franceses. Algo parecido pasa con la revolución de octubre, de mucha mayor trascendencia histórica para el mundo. Sin embargo, pese al constante adoctrinamiento que surge de los centros de pensamiento pagados por el capital y que postula la muerte definitiva del comunismo, su influencia sigue estando presente en nuestros días. Montañas de mentiras elaboradas por ejércitos de profesionales de la difamación, de propagandistas de libros negros, siguen insistiendo en que el comunismo ha muerto, enterrando cada día el cadáver de sus militantes, fortalecidos en los últimos años por la evidencia de la desaparición de la URSS. Para esos mercenarios del capitalismo realmente existente, los comunistas siempre matan, nunca mueren, aunque la evidencia histórica nos muestre que el comunismo ha sido y sigue siendo el movimiento político más perseguido por el poder capitalista de toda la historia contemporánea. La última infamia ha sido el intento de ensuciar la memoria del Che Guevara, con ocasión del cuadragésimo aniversario de su asesinato a manos de militares al servicio de Washington. No hace falta recordar aquí los errores y tragedias del movimiento comunista: los grandes medios de comunicación siguen haciéndolo cada día. Lo relevante en nuestro tiempo es que esa ideología sigue luchando en los cinco continentes, gobernando en rincones de América Latina, en la pujante y a veces contradictoria China que sigue manteniendo el socialismo como horizonte, en el hermoso y heroico Vietnam, en populosos Estados de la India, sigue luchando en las selvas asiáticas y en las montañas del Himalaya, en los parlamentos europeos y en las huelgas obreras que no han renunciado a gestar un mundo nuevo. El imprescindible Eric Hobsbawm ha escrito que había tres cosas que ostentaban los comunistas y los diferenciaban de otros movimientos revolucionarios: el marxismo, es decir, la seguridad de transitar por caminos científicos en el combate al capitalismo y a la injusticia; el internacionalismo, la solidaridad entre los pueblos del mundo, y, finalmente, su preparación y decisión para la lucha, su entrega, su militancia, como quedó patente en todos los movimientos partisanos que lucharon contra el nazismo. Pero la historia no ahorra dificultades: Hobsbawm recuerda que el propio partido bolchevique nació bajo la persecución, que la revolución de octubre estalló en el fango y la sangre de la I Guerra Mundial, y que la Unión Soviética surgió trabajosamente en medio de la hambruna y del cerco capitalista que supuso la agresión militar de más de veinte potencias capitalistas. No ha sido muy distinta la trayectoria de otros partidos comunistas y de otras experiencias de cambio social: en España, sabemos bien que la esperanzada República de abril, y la del Frente Popular, fue ahogada en sangre por los espadones fascistas del ejército. El siglo XX ha estado marcado por la revolución bolchevique, y, pese a los insistentes anuncios que los laboratorios ideológicos del capitalismo siguen realizando sobre la desaparición del proyecto socialista, de las organizaciones comunistas, de la razón obrerista que pugnaba por construir un mundo nuevo, todo indica que, pese a las dificultades, ese proyecto continúa, porque las causas que lo hicieron nacer no han desaparecido. Si, todavía hoy, sigue siendo relevante la trilogía de la modernidad que levantó la revolución francesa, con mayor razón sigue siendo imprescindible la mirada que la revolución bolchevique lanzó sobre un sistema capitalista que ha condenado a buena parte de la población del mundo a la miseria y la explotación. Porque el capitalismo no es sólo el relativo bienestar de la población de los países capitalistas desarrollados, bienestar arrancando por las luchas obreras y populares y por el reflejo del miedo burgués ante la revolución bolchevique. El capitalismo son siglos de opresión: son las matanzas coloniales, las guerras impuestas, la explotación de los trabajadores y la casi esclavitud de millones de personas en las colonias. El capitalismo es también Auschwitz, e Hiroshima y Nagasaki, las matanzas de millones de coreanos en la guerra de 1950, el horror de los cinco millones de vietnamitas asesinados por las tropas norteamericanas en una infame guerra de agresión. Hoy, el capitalismo tiene el rostro del poder norteamericano, el único país de la historia universal que ha sido capaz de utilizar la trilogía de las armas de destrucción masiva -químicas, bacteriólogicas y nucleares- contra población civil en distintos lugares del mundo. El rostro del capitalismo es el de ese poder estadounidense que se ha convertido en el único país de la historia que ha bombardeado a poblaciones civiles inocentes en cuatro continentes del planeta: es decir, en todos, a excepción de la lejana Australia y de la deshabitada Antártida. Y hoy el capitalismo es la atroz ocupación de Iraq, y de Afganistán, las guerras preventivas, el hambre, la degradación de la vida, la destrucción de extensas zonas del planeta. Contra todo eso siguen luchando los herederos de la revolución bolchevique, soportando el fardo de sus propios errores. Ningún otro movimiento político ha sufrido una persecución tan dura y sanguinaria, ni soportado golpes tan demoledores como la desaparición de la URSS. De hecho, si comparamos su realidad actual con otros movimientos, no puede decirse que la fortaleza o debilidad actual de los comunistas salga malparada: los partidos conservadores, liberales y democristianos, creados siempre a la sombra del poder, no serían nada en el mundo sin el dinero del capitalismo que los crea y los alimenta, y, en la izquierda histórica, la socialdemocracia languidece pese a ocupar espacios de poder, mientras que los más recientes movimientos, como los verdes, han llegado ya al límite de sus posibilidades y están siendo engullidos por el sistema capitalista. Hoy, los comunistas, aunque han conquistado espacios de libertad en bastantes países, siguen siendo perseguidos en muchos otros, y continúan soportando la clandestinidad y la persecución, incluso en Europa, donde en Letonia están prohibidos, en Polonia la revancha derechista organiza una masiva caza de brujas de los protagonistas de la etapa socialista, y en la Alemania del Este soportan la persecución y la marginación en los organismos del Estado. La revolución bolchevique sólo tiene noventa años: es joven, y esa afirmación no es una paradoja, porque el comunismo sigue siendo la juventud del mundo, como escribiera Rafael Alberti. No son pequeños los retos que esperan: los hijos de la revolución de octubre deben seguir aprendiendo de sus errores, empuñando con firmeza la bandera de la libertad, de la democracia, del socialismo, de la justicia, de la dignidad. El reflector del crucero Aurora que horadó la oscuridad en la Petrogrado revolucionaria, y vio después el asedio de los nazis que se cobró las vidas de un millón de leningradenses en los días de la guerra de Hitler, seguirá iluminando los días que vendrán.

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Entrevista a David Harvey. Los nuevos rostros del imperialismo

Herramienta

David Harvey es uno de los más conocidos intelectuales de la izquierda norteamericana, y un geógrafo y urbanista de prestigio mundial. Autor de varios trabajos ya clásicos sobre urbanismo y la dinámica espacial del capitalismo, tiene además contribuciones importantes a la teoría económica, y ha escrito una obra de referencia en el campo de la crítica cultural: La condición de la postmodernidad, considerada por el London Independent como uno de los cincuenta libros de no-ficción más importantes publicados desde 1945. A principios de este año, estuvo en Zürich participando en la conferencia El otro Davos, organizada por Attac Suiza como contrapunto altermundialista al encuentro del Foro Económico Mundial. Allí tuvo lugar esta entrevista.

David Harvey nació en 1935 en el Reino Unido. Se doctoró en la Universidad de Cambridge en geografía histórica, y en 1969 se mudó a Baltimore, en Estados Unidos, como profesor de geografía en la John Hopkins University. En ese mismo año aparece su primer libro, La explicación en geografía, y a partir de ese momento su interés comienza a centrarse en los aspectos sociales y políticos de la disciplina. En 1973 publica La ciudad y la justicia social , y durante los años 1970 estudia a Marx en profundidad. Este esfuerzo culmina en 1982 con la publicación de una obra mayor de teoría económica, Los límites del capital . En 1985 publica dos libros de ensayos sobre urbanismo, La conciencia y la experiencia urbana y La urbanización del capital, y en 1989 aparece La condición de la postmodernidad (publicado en español por Amorrortu), probablemente su obra más conocida, donde investiga la emergencia de la cultura y del arte postmodernos como un efecto de las transformaciones del capitalismo y de la aparición del postfordismo. De 1987 a 1993 ocupa la cátedra Halford Mackinder de geografía en la universidad de Oxford, y en 1993 vuelve a Johns Hopkins, donde permanece hasta el año 2000. En la actualidad es profesor en el Graduate Center in Anthropology de la City University of New York. Además de las obras ya mencionadas, Harvey es autor de Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia (1996) y, más recientemente, de Espacios de esperanza (2000) y El nuevo imperialismo (2003), ambos publicados en español por Akal.

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La dignidad latinoamericana golpeó duro en la Cumbre a los colonialistas españoles

Altanería prepotente del Rey español al pretender hacer callar al Comandante Hugo Chávez **************************************************** "Se acabó la época de los Virreyes", habrán pensado los jefes de Estado de Venezuela, de Bolivia, de Nicaragua,de Cuba y Ecuador, cuando en el marco de la XVII Cumbre Iberoamericana, tuvieron que sentir las palabras recriminatorias del Borbón español Juan Carlos, recriminando al jefe revolucionario Hugo Chávez que tuvo la "osadía" de llamar fascista al ex mandatario José María Aznar. Las verdades le dolieron a la delegación española y sobre todo, cuando Chávez puntualizó cada una de las maniobras que hizo el gobierno de Aznar al apoyar el golpe de Estado de abril de 2002 en Venezuela. El fascista Aznar tuvo dos defensores de lujo, al salir el "socialista" Zapatero primero y luego el Monarca español, a exigirle al jefe bolivariano que se calle la boca y no agreda a su compatriota y hermano de ideas, en lo que a fascismo se refiere. Zapatero, refutando a Chávez pidió respeto para Aznar porque "había sido elegido con el voto de los españoles". Pero si faltaba algo para que los oídos del nuevo colonialismo español se irritaran aún más, llegó el nicaragüense Daniel Ortega, quien hablando en nombre de su pueblo (y de todos los pueblos que luchan contra el colonialismo y el imperialismo) contó la nefasta historia de la empresa española Unión Fenosa en su accionar en Nicaragua. Los trató de mafiosos, de imperialistas y de provocadores que creen, dijo Ortega, que el pueblo de Nicaragua son sus subditos. Valía la pena ver la cara de Moratinos, Zapatero y el propio Borbón cuando Ortega les cantaba estas verdades. Y por supuesto, el Borbón optó por retirarse en medio de urgentes consultas de la delegación española. Zapatero y Moratinos se quedaron pero gruñendo por lo bajo. Ortega no se calló, y en la parte final de su arenga (que hizo recordar aquellos tiempos gloriosos en que desde la comandancia del FSLN le hablaba a las masas rojinegras de su país), salió en abierta defensa de Hugo Chávez. Finalmente, llegó la dignidad de Cuba, en la voz del vicepresidente Carlos Lage, quien rompió una lanza a favor de Chávez y en forma muy clara le contestó a un cada vez más incómodo Zapatero de que "no basta que un pueblo lo elija para que un mandatario sea alguien respetable". Y agregó: "a Bush lo eligieron y es el asesino del pueblo iraqui y yo no le tengo ningún respeto". Quien quiera oir que oiga: los pueblos de Latinoamérica ya no pueden ser avasallados ni por yanquis ni borbones. Con esa altanería que los caracteriza, estos defensores de las trasnacionales que han hambreado a nuestra gente (qué otra cosa es Repsol, Telefónica, Union Fenosa, Endesa y otras similares) intentaron hacer callar pero no lo lograron a los jefes revolucionarios que hoy les plantan cara en nombre de sus pueblos. Por eso tuvieron que optar (como en el caso del Borbón) por retirarse. En buena hora, NO LOS QUEREMOS Y DEBEN SABERLO. Se acabó la época de los virreinatos (aunque algunos arrodillados todavia quedan) y es la hora de los pueblos. De allí la dignidad de Chávez, de Evo, de Ortega, de Correa, de Lage, advirtiéndoles a los poderosos y a los colonizadores que Latinoamérica no quiere saber más nada de sus propuestas neoliberales e imperialistas. +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ CLAUSURA DE LA XVII CUMBRE IBEROAMERICANA El Rey se enfrenta a gritos a Chávez en defensa de Aznar: ‘¿Por qué no te callas?’ ? El mandatario venezolano había llamado en varias ocasiones ‘fascista’ al ex presidente ? Don Juan Carlos ha abandonado la clausura de la cumbre durante unos instantes SANTIAGO DE CHILE.- El Rey Don Juan Carlos espetó, en clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana, al presidente venezolano, Hugo Chávez, "¿por qué no te callas?" cuando el mandatario venezolano intentó interrumpir al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que intervenía para exigir a Chávez "respeto" para el ex jefe del Gobierno español, José María Aznar, a quien ayer el mandatario venezolano llamó en repetidas ocasiones "fascista". Tras la bronca con Chávez, y mientras el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, criticaba a empresas españolas, el Rey ha abandonado el plenario de la cumbre. Ortega, en presencia del monarca y el presidente Zapatero, lanzó duras críticas a la eléctrica española Unión Fenosa, a la que, aseguró, en la actualidad no le hubieran dejado entrar en el país. El 90% de la opinión de Nicaragua "está en contra de Unión Fenosa", afirmó. Posteriormente, el Rey Juan Carlos regresó a la ceremonia, pero no estuvo presente durante la interpretación del himno chileno, que cerraba los debates. El monarca estalló finalmente en el fin de una cumbre que no ha sido un camino de rosas. Chávez, en la jornada previa a la clausura, llamó varias veces "fascista" al ex presidente del Gobierno, José María Aznar, y lo reiteró durante la última jornada, al tiempo que sostuvo que, en una conversación privada, le respondió "esos se jodieron" (sic) al aludir a los países más pobres del mundo. A tres bandas Ante esa intervención, pidió la palabra el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, para recordar al líder venezolano que estaba en una mesa con gobiernos democráticos que representan a sus ciudadanos en una comunidad iberoamericana que tiene como principio esencial el respeto. "Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y exijo ese respeto", pudo decir Zapatero mientras Chávez intentaba interrumpirle defendiendo su derecho a opinar libremente. Esa actitud de Chávez provocó la repentina intervención del Rey, sentado entre Zapatero y su ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, y cerca de Chávez para dirigirse a él y, enojado y señalándole con el dedo, recriminarle: "¿Por qué no te callas?" La presidenta de Chile y anfitriona de la cumbre, Michelle Bachelet, tuvo que mediar para intentar evitar que la sesión se convirtiera en un cruce de acusaciones, y cedió de nuevo la palabra a Zapatero, quien insistió en la necesidad de no caer en la descalificación pese a que se discrepe radicalmente de las ideas o comportamientos de otra persona. FUENTE: DIARIO EL MUNDO (MADRID) +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Controversia verbal entre Venezuela y Nicaragua con España en Cumbre Iberoamericana Los presidentes Chávez y ortega arremetieron contra el gobierno español *********************************************************************** Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y de Nicaragua, Daniel Ortega, tuvieron fuertes planteamientos contra el gobierno de España, delante de su homologo español, José Luis Zapatero y el rey Juan Carlos. Mientras hablaba Ortega en contra de la empresa española, Unión Ferosa, el Rey de España se paró y se retiró de la sesión plenaria de la Cumbre Iberoamericana. Por su parte, el presidente Chávez manifestó en su intervención que, "presidenta, presidentes, su majestad, altos dignatarios no podemos desconocer o minimizar los factores actuantes y estratégicos en el juego político, es una recomendación. En Venezuela bueno igual, yo recuerdo aquellos años 1999, yo fui invitado a la Casa Blanca, al FMI, yo fui a darle al martillo de Wall Street, yo estuve en todo eso, porque me hicieron una campaña de captación como quien enamora una muchacha, regalos, obsequios, todo eso". "Yo ayer me referí a un ex presidente español, espero que el gobierno español, dirigido por mi amigo el presidente Zapatero no se vaya a molestar, yo estoy respondiendo a un ataque de este señor, que anda por el mundo diciendo que soy un peligro para América Latina, y que un día en Caracas, me visitó, ustedes saben que es José Maria Aznar, yo ayer lo dije y lo repito, ese señor es un fascista". Relató que el expresidente Aznar le invito a "un club" siempre y cuando dejara las relaciones con Cuba. "Para mi Fidel es un padre, el padre de los revolucionarios, un ejemplo de dignidad, lucha, resistencia a un imperio, el más grande de la historia". +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ LA DIGNIDAD LATINOAMERICANA ENFRENTA AL COLONIALISMO Ortega arremete contra la empresa española Unión Fenosa ******************************************************** El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, lanzó hoy duras críticas, en presencia del rey Juan Carlos y del jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a la empresa eléctrica española Unión Fenosa, a la que dijo que en la actualidad no le hubieran dejado entrar en el país. El 90 por ciento de la opinión de Nicaragua "está en contra de Unión Fenosa", afirmó. "Esa empresa española llega a Nicaragua a ayudar, decía, a que la energía llegue a todo el país, se va a controlar el precio y todo lo demás. Llegó con los Gobiernos peleles, nosotros no le hubiéramos dejado entrar a Unión Fenosa, no le hubiéramos entregado la distribución". "Le entregaron la generación del 47 por ciento de la energía", pero "los inversionistas no compraron las empresas generadoras que estaban en mal estado, compraron mediante actos de corrupción las empresas generadoras que estaban en buen estado donde podían sacarle utilidades y ganar lo que estaban dando por la empresa en un año", señaló Ortega durante una intervención en la turbulenta sesión de clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana. ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ EL REY SE TUVO QUE IR PARA NO OIR COMO LE CANTABAN VERDADES ********************************** El rey de España Juan Carlos I abandonó hoy el plenario de la Cumbre Iberoamericana molesto y en protesta por los ataques al ex presidente del Gobierno José María Aznar, a su país y a las supuestas acciones de su servicio exterior, dijeron a EFE fuentes oficiales. Juan Carlos I regresó posteriormente a la ceremonia de clausura. Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Nicaragua, Daniel Ortega, protagonizaron los ataques. El monarca español dejó el plenario mientras Ortega criticaba el comportamiento de la empresa española Unión Fenosa. El rey no estuvo presente durante la interpretación del himno chileno, que cerraba los debates. Antes, Hugo Chávez había atacado a Aznar, acusándole de haber apoyado el golpe de abril de 2002 y de calificarle de nuevo de "fascista". El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, reprochó a Chávez sus ataques a Aznar, a lo que respondió el presidente venezolano apelando a su derecho a opinar, momento en el que Juan Carlos I le espetó: "¿Por qué no te callas?".

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El Estado y el socialismo

Escrito: 1919Primera Edición: Aparecido en L´Ordine Nuovo, 28 de junio a 5 de julio de 1919 Digitalización: AritzEsta Edición: Marxists Internet Archive, año 2001

Publicamos este artículo de For Ever aunque se trate de una colección de despropósitos y de divertida fraseología. Para For Ever, el Estado de Weimar es un Estado marxista; nosotros, los del "Ordine Nuovo" somos adoradores del Estado, queremos al Estado ab aeterno (For Ever quería decir in aeternum, evidentemente); el Estado socialista es lo mismo que el socialismo de Estado; han existido un Estado cristiano y un Estado plebeyo de Cayo Gracco; el Soviet de Saratov podría subsistir sin coordinar su producción y su actividad de defensa revolucionaria con el sistema general de los Soviets rusos, etc. Afirmaciones y necedades semejantes se presentan como una defensa de la anarquía. Y sin embargo publicamos el artículo de For Ever. For Ever no es sólo un hombre: es un tipo social. Desde este punto de vista no debe ser puesto de lado; merece ser conocido, estudiado, discutido y superado. Lealmente, amistosamente (la amistad no debe ser separada de la verdad y de toda la aspereza que la verdad comporta). For Ever es un pseudorevolucionario; quien basa su acción en mera fraseología ampulosa, en el frenesí de la palabrería, en el entusiasmo romántico, es simplemente un demagogo y no un revolucionario. Para la revolución son necesarios hombres de mente sobria, hombres que no dejen sin pan la panaderías, que hagan marchar los trenes, que surtan las fábricas con materias primas y consigan cambiar los productos industriales por productos agrícolas, que aseguren la integridad y la libertad personal contra las agresiones de los malhechores, que hagan funcionar el complejo de servicios sociales y no reduzcan al pueblo a la desesperación y a la demencial matanza interna. El entusiasmo verbal y la fraseología desenfrenada hacen reír (o llorar) cuando uno solo de esos problemas tiene que ser resuelto aunque sólo sea en una aldea de cien habitantes

Pero For Ever, pese a ser un tipo característico no representa a todos los libertarios. En la redacción del Ordine Nuovo contamos con un comunista libertario, Carlo Petri. Con Petri la discusión se sitúa en un plano superior; con comunistas libertarios como Petri el trabajo en común es necesario e indispensable; son una fuerza de la revolución. Leyendo el artículo de Petri publicado en el número pasado y el de <>que publicamos en este número[2] -para fijar los términos dialécticos de la idea libertaria: el ser y el no ser- hemos llegado a estas observaciones. Por supuesto, los camaradas Empédocles y Caesar[3], a los que Petri se refiere directamente, son libres de responder por su cuenta.

I

El comunismo se realiza en la Internacional proletaria. El comunismo será tal sólo cuando y en tanto sea internacional. En este sentido, el movimiento socialista y proletario está contra el Estado, porque está contra los Estados nacionales capitalistas, porque está contra las economías nacionales que tiene su fuente de vida y toman su forma de los Estados nacionales.

Pero si de la Internacional Comunista se verán suprimidos los Estados nacionales, no sucederá lo mismo con el Estado, entendido como "forma" concreta de la sociedad humana. La sociedad como tal es pura abstracción. En la historia, en la realidad viva y corpórea de la civilización humana en desarrollo, la sociedad es siempre un sistema y un equilibrio de Estados, un sistema y un equilibrio de instituciones concretas, en las cuales la sociedad adquiere conciencia de su existencia y de su desarrollo y únicamente a través de las cuales existe y se desarrolla.

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Gramsci e a sociedade civil

Carlos Nelson Coutinho

2000

(Reseña del libro de Giovanni Semeraro. Gramsci e a sociedade civil. Petrópolis, Vozes, 1999.)

Curioso destino teve o conceito de ‘sociedade civil’ no Brasil. Seu uso entre nós, tanto na Universidade quanto no jornalismo político, data da segunda metade dos anos 70, quando se acentuam os processos de corrosão da ditadura militar, causados em grande parte pela irrupção de novos movimentos sociais, entre os quais se destaca o novo sindicalismo do ABC. Não é casual que tenha sido nesse mesmo momento que Antonio Gramsci se transformou num dos mais importantes interlocutores do pensamento social brasileiro. Compreende-se assim que o termo ‘sociedade civil’, que então entrava em moda, terminasse por ser identificado – em muitos casos equivocadamente – com o conceito análogo de Gramsci, conceito que ocupa uma posição central na filosofia política do pensador marxista italiano.

No contexto da luta contra a ditadura, ‘sociedade civil’ tornou-se sinônimo de tudo aquilo que se contrapunha ao Estado ditatorial, o que era facilitado pelo fato de ‘civil’ significar também, no Brasil, o contrário de ‘militar’. Disso resultou uma primeira leitura problemática do conceito: o par conceitual sociedade civil / Estado, que forma em Gramsci uma unidade na diversidade, assumiu os traços de uma dicotomia radical, marcada ademais por uma ênfase maniqueísta. Nessa nova leitura, ao contrário do que é dito por Gramsci, tudo o que provinha da ‘sociedade civil’ era visto de modo positivo, enquanto tudo o que dizia respeito ao Estado aparecia marcado com sinal fortemente negativo.

Esse deslizamento conceitual, muitas vezes apresentado como a verdadeira teoria gramsciana, não provocou, no momento da transição, maiores estragos, embora tenha contribuído para obscurecer o caráter contraditório das forças sociais que formavam a sociedade civil brasileira, as quais, apesar dessa contraditoriedade, convergiam objetivamente na comum oposição à ditadura; esse obscurecimento, decerto, facilitou a hegemonia das forças liberais no processo de transição, que Florestan Fernandes não hesitou em chamar de ‘transação conservadora’. Mas as coisas se complicaram decisivamente quando, a partir de final dos anos 80, a ideologia neoliberal em ascensão apropriou-se daquela dicotomia maniqueísta para demonizar de vez tudo o que provém do Estado (mesmo que se trate agora de um Estado de direito) e para fazer a apologia acrítica de uma ‘sociedade civil’ despolitizada, ou seja, convertida num mítico ‘terceiro setor’ falsamente situado para além do Estado e do mercado.

Embora o belo livro que o leitor tem em mãos não assuma essa problemática como tema central, ela constitui certamente o pano de fundo e o motivo inspirador da instigante pesquisa que nele desenvolve. O objetivo central deste livro consiste precisamente no resgate do verdadeiro conceito gramsciano de ‘sociedade civil’, revelado aqui em toda a sua densidade política. Com efeito, na visão de Gramsci, ‘sociedade civil’ é uma arena privilegiada da luta de classe, uma esfera do ser social onde se dá uma intensa luta pela hegemonia; e, precisamente por isso, ela não é o ‘outro’ do Estado, mas – juntamente com a ‘sociedade política’ ou o ‘Estado-coerção’ – um dos seus inelimináveis momentos constitutivos. Para Gramsci, como Semeraro nos mostra muito bem, nem tudo o que faz parte da sociedade civil é ‘bom’ (ela pode, por exemplo, ser hegemonizada pela direita) e nem tudo o que provém do Estado é ‘mau’ (ele pode expressar demandas universalistas que se originam nas lutas das classes subalternas). Somente uma concreta análise histórica da correlação de forças presente em cada momento pode definir, do ângulo das classes subalternas, a função e as potencialidades positivas ou negativas tanto da sociedade civil como do Estado.

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Desdemocratización

Boaventura de Sousa Santos

Traducido para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala por Àlex Tarradellas

Los regímenes democráticos son regímenes en movimiento. Verdaderamente no hay democracia; hay procesos de desdemocraticatización. Lo que caracteriza a unos y otros son las transformaciones que ocurren en los vínculos políticos que unen al Estado y los ciudadanos comunes y los vínculos sociales que unen a los ciudadanos entre sí. Estos procesos nunca se confinan exclusivamente al Estado; también ocurren en la sociedad. Identificar los procesos dominantes en un momento dado es fundamental para tomar el pulso a la calidad de la vida política y social. Los factores que los condicionan varían según el país pero también hay evoluciones convergentes a nivel internacional de las cuales es posible deducir el espíritu de la época. Las tres últimas décadas se han caracterizado por un conflicto muy intenso entre procesos de democratización y redemocratización, por un lado, y de desdemocratización, por el otro. Al mismo tiempo que se han democratizado los sistemas políticos –Sur de Europa, años setenta, Europa Central y del Este, África y América Latina, años ochenta y noventa- se han desdemocratizado las sociedades con el aumento de las desigualdades sociales, de la violencia y de la inseguridad pública.

Todo indica que este conflicto ha sido decidido a favor de los procesos de desdemocratización que hoy, con la posible excepción de algunos países de América Latina, dominan nuestro tiempo. He aquí los signos más evidentes. Cuando las desigualdades sociales se vuelven más profundas, las políticas públicas, en vez de reducirlas, las ratifican. Ejemplos: eficacia fiscal centrada en las clases medias; precarización del empleo con los cambios en el derecho laboral que se anuncian; la degradación del servicio nacional de salud. La protección de los ciudadanos y de los no ciudadanos contra actos arbitrarios del Estado o de otros centros de poder económico está disminuyendo. Ejemplos: el cierre de centros de salud sin evaluación de costes sociales; el desempleo resultante de las delocalizaciones de las empresas; la suspensión de la regularización de los inmigrantes. La falta de transparencia de las decisiones y ausencia de control de los ciudadanos sobre las políticas públicas. Ejemplos: la corrupción endémica (el caso Somague [1] es la punta del iceberg); el tráfico de influencias que domina las privatizaciones y las inversiones públicas (la localización del nuevo aeropuerto de Lisboa es un ejemplo). El aumento de la violencia y de la inseguridad pública. Ejemplos: la incomprensible descoordinación entre las fuerzas de seguridad; la pasmosa falta de modernización de los medios de investigación criminal ante un crimen cada vez más modernizado; ausencia de criterios para organizar el Estado según una lógica territorial (servicios básicos) y una lógica operacional (servicios especializados).

La desdemocratización que ocurre en el Estado es paralela a la que ocurre en la sociedad. Se degradan las redes de confianza y solidaridad: se medicaliza la soledad y la angustia; se reduce al mínimo la aspiración familiar (la decisión de no tener hijos); se eleva al máximo el estrés familiar cuando hay niños y éstos son las primeras víctimas. Si la sociedad políticamente organizada no accionara procesos de redemocratización, puede estar en causa la supervivencia de la democracia. Lo que viene no será una dictadura. Será una dictablanda o una democradura.

[1] Para saber más sobre el caso Somague:

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¿Quién teme a la renta básica de ciudadanía?

Antoni Domènech, Daniel Raventós

Quien se tome la molestia de leer el diario de sesiones de las Cortes, fácilmente advertirá un vivo contraste, de forma y de fondo, en los argumentos cruzados. Joan Tardà (ERC) y Carme García (IU-ICV) expusieron con solidez y sobriedad algunas de las razones que en los últimos 20 años se han ido debatiendo en distintos medios académicos y en muchos foros sociales. Del otro lado, y como si no hubiera tenido lugar esa amplia discusión internacional (con la participación, entre muchos otros, de algunos premios Nobel de Economía y de reconocidos filósofos), piruetas verbales escurriles y pseudocríticas que no se avilanta a esgrimir ya nadie que conserve intacto el sentido del autorrespeto intelectual. Principalmente, ésta: "¡La gente no trabajaría!".

¡Como si no hubiera ya en la sociedad actual gentes que viven opíparamente de renta, sin que a los esforzados paladines del sudor en la frente les entre el menor arrebato justiciero! ¡Y como si en la distribución funcional de los ingresos en el Reino de España la parte de la masa salarial no hubiera retrocedido, año tras año, en el producto social global, mientras la parte de las rentas y los beneficios empresariales no dejaba de crecer! Además, trabajo asalariado no es coextensivo con "trabajo". Existen otros dos tipos de trabajo: el doméstico y el voluntario. Se calla por sabido que esos trabajos no remunerados son importantísimos en la creación de riqueza y bienestar social, queden o no registrados en el PIB.

Yendo al trabajo remunerado, hay muchas razones para suponer que una RB no provocaría una secessio plebis, una retirada masiva del mercado laboral. Por lo pronto, lo que los más buscan en el trabajo es, junto a ciertos ingresos, reconocimiento social; sentirse útiles, incluso cierta autorrealización. Y aun si la gente no persiguiera sino remuneración, el deseo de obtener mayores ingresos deriva de muchos factores de índole social y cultural; que no se extinga ese deseo ni con salarios altos, permite suponer su persistencia bajo una RB que, aun garantizando una existencia digna, quedaría muy lejos del lujo. Además, el mercado laboral "de calidad" es hoy cada vez más raquítico, y excluye a buena parte de la población. Que algunas personas abandonaran sus empleos basura para dedicar unos años a formarse, a colaborar con organizaciones dedicadas a la solidaridad o a emprender algún proyecto personal, no debería verse como algo a priori preocupante. Al contrario: liberaría a mucha gente de la presión de encontrar una ocupación a cualquier precio, lo que obligaría a los empresarios a ofrecer condiciones más atractivas para algunos empleos.

La realización de horas extraordinarias por parte de muchos trabajadores y el desempeño de actividades remuneradas por parte de personas jubiladas anticipadamente son dos contundentes realidades que destruyen la presunción de que la RB traería consigo la drástica contracción de la oferta de trabajo asalariado. Son legión los trabajadores que, habiendo aceptado las jubilaciones anticipadas ofrecidas por muchas grandes empresas para reducir plantilla, realizan, pese a contar a veces con buenos ingresos, trabajos remunerados. Si, pues, muchos trabajadores hacen horas extraordinarias y buena parte de los (pre)jubilados siguen desempeñando tareas remuneradas, nada invita a pensar que con una RB ocurriría lo contrario.

Varios estudios empíricos y de simulación arrojan alguna luz sobre el asunto. Algunos modelos de simulación (presentados en distintos congresos de la Basic Income Earth Network) predicen sólo una pequeña retirada del mercado de trabajo por parte de algunos trabajadores con empleos mal pagados y desagradables. (Material interesante al respecto, en www.redrentabasica.org). Otros muestran que el estímulo para aceptar un empleo por parte de quienes hoy cobran prestaciones sociales sería mucho mayor con una RB. Los temores catastrofistas ante una sociedad de vagos y ociosos no encuentran apoyo en lo que hoy se sabe y se puede razonablemente conjeturar.

Otra objeción apuntaba a los "terribles costos" de la RB. Si, como el terrateniente que ante el debate sobre la reforma agraria de la II República, dijo castizamente: "Estoy de acuerdo con esta reforma, porque entre lo que tengo y lo que me van a dar…", se pensara que en la RB todo suma, resultaría hasta inteligible la protesta farisaica ante los "terribles costos" de su implantación. Un banquero recibiría la RB igual que un mendigo, en efecto. Mas el banquero, en todo modelo de financiación serio, pagaría mucho más de lo que recibiría como RB. En un estudio econométrico que también se mencionó en el debate parlamentario (La Renda Bàsica de Ciutadania. Una proposta viable per a Catalunya, Fundació Jaume Bofill, 2005) se muestra que es perfectamente posible financiar una RB de 5.414 euros anuales para los adultos y de 2.707 para los menores mediante una reforma a fondo del IRPF.

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