Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Antologia de textos de Manuel Sacristán sobre la Escuela de Frankfurt

Manuel Sacristán Luzón

Nota SLA:

                Sobre la adscripción marxista de la Escuela de Frankfurt, este paso del coloquio de la conferencia “Sobre Lukács” de 1985 (ahora en M. Sacristán, Seis conferencias, op. cit). Comentaba aquí Sacristán: “Yo no sé por qué se sigue siendo tan generoso en meter la escuela de Frankfurt ahí, no hay porqué. Son otros, la escuela de Frankfurt son otros, son unos sociólogos dialécticos idealistas; Marcuse es otra caso claro, hay que separarlo del resto. Pero Adorno, Horkheimer, Habermas, ninguno de ellos, ni siquiera ellos, dicen que han sido marxistas”.

            Igualmente, de una de las carpetas de resúmenes depositada en Reserva de la UB, estas sucintas anotaciones a Antworten auf Herbert Marcuse [Respuestas a H. Marcuse]. Sacristán cita por la edición alemana de Suhrkamp Verlag de 1968.

            A. Jurgen Habermas Presentación.

1. p. 10. También Habermas usa laxamente “Theorie”. Por ejemplo: “(…) la teoría del hombre unidimensional” (p. 10).

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Cambios “inesperados” en la coyuntura mundial, tres aspectos decisivos. Y el regreso de la revolución en América Latina

Jorge Beinstein

Cambios “inesperados” en la coyuntura mundial, tres aspectos decisivos. Y el regreso de la revolución en América Latina

Jorge Beinstein (*)

(*) Economista e intelectual revolucionario, doctor de Estado en Ciencias Económicas (Universidad de Franche Comté – Besançon, Francia), fue titular de cátedras de economía internacional y prospectiva tanto en Europa como en América Latina. Actualmente es profesor titular de las cátedras libres ‘Globalización y Crisis’ en las universidades de Buenos Aires y Córdoba (Argentina) y de La Habana (Cuba). Ha escrito diversos libros y artículos como:

– LARGA CRISIS DE LA ECONOMIA GLOBAL

– La autofagia del capitalismo

-La declinación de la economía global

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Los primeros pasos de la megacrisis

Jorge Beinstein

La euforia neoliberal de los años 1990 y los delirios militaristas que le siguieron son hoy desdibujados recuerdos, sus impactos mediáticos se han agotado. Así como en ese remoto pasado abundaban los expertos que profetizaban el milenio burgués ahora muchos de ellos anuncian la próxima llegada de una megacrisis mundial mucho más potente que la de los años 1970. En una nota publicada en agosto del 2005 Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley, alertaba sobre la inminencia de la “primera crisis energética de la era de la globalización” y los numerosos puntos débiles de la economía norteamericana ante dicho fenómeno (1). Sin embargo un mes mas tarde y en el mismo newsletter Roach colocaba en el primer nivel de peligrosidad al déficit del balance de cuenta corriente de Estados Unidos (2). Por su parte “The Economist” apuntaba también en agosto hacia otro detonador: la burbuja inmobiliaria mundial con centro en Estados Unidos, cuyo desinfle sería inevitable a no muy largo plazo (3), aunque durante ese año la revista también puso el acento en el déficit de cuenta corriente, la deuda publica, el déficit fiscal y otros males de la superpotencia.

Una rápida recorrida por las principales fuentes de información económica internacional nos llevaría a engrosar la lista de amenazas: la fragilidad del dólar, el circulo vicioso comercial-financiero establecido entre Estados Unidos y China (el primero acumulando deudas y déficits y el segundo dólares y bonos del Tesoro norteamericano) o la desaceleración de la Unión Europea (donde el motor alemán aparece con crecientes dificultades económicas, sociales y políticas). Y mirando más allá de la economía asoman las consecuencias del fracaso de la ocupación de Irak que podría desatar una reacción en cadena; por ejemplo enlazando la caída del dólar con la reconversión de grandes reservas dolarizadas hacia otras monedas, el encarecimiento recesivo del crédito en Estados Unidos y la contracción de su consumo interno impactando sobre la demanda global.

Varios meses antes de concluir el 2005 el FMI repronosticaba a la baja las tasas de crecimiento de varios países centrales (Alemania, Italia, Inglaterra, Japón, etc.), los burócratas del Fondo diversifican las culpas: Katrina, los déficits norteamericanos, la suba del precio del petróleo… (4), dejando entrever que el 2006 no sería mejor.

La incertidumbre aumenta cuando son recordados los errores de previsión que antecedieron a la última megacrisis desatada a partir del shock petrolero de 1973-1974. Los pocos economistas de renombre convencidos de que se avecinaba una crisis mundial de gran envergadura apostaban en su mayoría a las turbulencias monetarias agravadas desde 1971 cuando el presidente Nixon decidió no entregar más oro a cambio de dólares, sepultando así el sistema monetario construido luego de la Segunda Guerra Mundial.

De todos modos esas previsiones eran marginales, la mayoría aplastante de economistas, políticos y comunicadores endiosaban los mecanismos keynesianos capaces según ellos de controlar cualquier perturbación seria. Cuando la crisis estalló casi todos anticiparon el comienzo de una era de mayor regulación estatal del mercado en Occidente acompañada por el fortalecimiento internacional del bloque soviético, pero ocurrió lo contrario; el keynesianismo clásico entró en declinación, emergió triunfante el neoliberalismo y las desregulaciones de todo tipo, la URSS desapareció… en síntesis, se produjo una enorme bifurcación que no entraba en la visión conservadora de los expertos. Una sorpresa similar sucedió en la época de la primera guerra mundial una de cuyas principales víctimas fue el capitalismo liberal considerado entonces eterno por los formadores de opinión de Occidente. Ahora que estamos ingresando en una era de alta inestabilidad predominan nuevamente los errores de percepción; el grueso de los medios de comunicación (administradores del “sentido común”) dan por sentado que las transformaciones estructurales del capitalismo de las tres últimas décadas son irreversibles mientras que una minoría crecientemente influyente apunta hacia un cierto retorno del pasado keynesiano; es casi seguro que ambos se equivocan.

Expansión del parasitismo

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Crisis mundial, escenarios: Una ciénaga a la medida del Imperio

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

Se acumulan las malas noticias para el Imperio. La economía norteamericana no despega, aumentan los desequilibrios fiscal y comercial. En cuanto a la guerra la situación es aún peor, Irak se ha convertido en un infierno para las tropas de ocupación.

Durante el 2003 dos oleadas sucesivas de manipulación mediática global terminaron por estrellarse contra la realidad. La primera llegó a su punto más alto en mayo de ese año cuando Bush anunciaba la victoria completa en Irak y el fin de las grandes operaciones militares. Los medios de comunicación pronosticaban que esa triunfo armado sería pronto seguido por otros (Siria, Irán…) lo que otorgaría a Estados Unidos un poder político mundial aplastante. Que le permitiría obtener significativas ventajas en el plano económico, reactivando su aparato productivo e imponiendo condiciones irresistibles a la periferia y las otras potencias centrales. Cuando está ilusión se esfumó pocos meses después al ritmo del avance de la resistencia iraquí, fue rápidamente remplazada por otra. Aunque la guerra no anda demasiado bien, decía la desinformación masiva, la economía ha empezado a recuperarse y ello ayudará a Estados Unidos para obtener por medios comerciales lo que tarda en conseguir por la vía militar, reforzando de paso a esta última. Pero durante los primeros meses de 2004 la segunda mentira tuvo la misma suerte que la primera.

La guerra en auxilio de la economía

La ilusión militarista se apoyaba en un mito, el de la hegemonía militar absoluta de Estados Unidos, y en una enseñanza económica obsoleta, la del keynesianismo blindado.

En el primer caso se trataba de un reduccionismo tecnológico ignorante de otras componentes esenciales de dicha hegemonía, como el estado psicológico de la población colonizada, la existencia o no de grupos sociales colaboracionistas importantes, de rivalidades internas (étnicas, religiosas, regionales) que podrían ser eventualmente exacerbadas por el ocupante para así dominar sobre una sociedad dividida (como ocurrió en el caso yugoslavo). También cuenta la capacidad imperial para remodelar de manera colonial a la economía conquistada y para desactivar o aislar los focos de resistencia. Tener armamento superior no alcanza, más aún cuando las tropas ocupantes carecen del espíritu de combate necesario para enfrentar a una resistencia extendida y heroica, muy enraizada en la población. Tampoco esa demostración de poderío militar fue capaz de arrastrar al resto de Occidente, el quiebre de la OTAN señalaba que el Imperio estaba perdiendo el liderazgo indiscutible del centro del mundo.

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El contramodelo cubano. Un muerto que goza de buena salud

Jorge Beinstein

La economía cubana, por la que luego de la implosión soviética nadie daba un céntimo, ha salido de su gravísima crisis y crece desde hace un lustro a ritmo sostenido. Los problemas están lejos de haber sido resueltos, pero el gobierno y la sociedad `‑ esa pequeña isla han atraído inversiones y diversificado su producción, incluso energética, manteniendo un Estado fuerte, severas regulaciones y lo esencial de sus conquistas sociales. Todo ello a pesar de la intensificación del bloqueo de Estados Unidos, que habla apostado a un rápido hundimiento de la revolución.

A comienzos de los ’90, luego del derrumbe soviético dos acontecimientos solían ser presentados como inminentes: la descomposición china y la debacle de Cuba. Los medios internacionales confrontaban las penurias chinas con la emergencia de tigres y dragones asiáticos, paraísos del nuevo capitalismo. La comparación regional mostraba al país comunista abrumado por la burocracia mientras las inversiones fluían alegremente hacia Filipinas, Corea del Sur o Indonesia. Pero ya a mediados de la década, la expansión económica china ‑con más aportes externos de capitales que el conjunto de naciones emergentes asiáticas‑ no podía ser ignorada. En 1997 llegó la crisis que arrasó con los países modelos de la región, pero China siguió creciendo a tasas anuales espectaculares.

El caso cubano es aún más llamativo, ya que si en el anterior podía ser esgrimido el argumento de la inmensidad del país, de su aparato dirigente, de las masas humanas encuadradas por el Partido Comunista Chino, con Cuba nada de eso es válido. Se trata de un Estado pequeño (unos 11 millones de habitantes), pobre en recursos naturales, con fuerte dependencia de los suministros externos de petróleo, alimentos y una amplia gama de insumos productivos indispensables. ¿Que ocurrió? ¿Por qué no sufrió el mismo destino que el conjunto de naciones del bloque soviético, al que estaba estrechamente integrado? Hacia fines de los ’80, cerca del 85% del comercio exterior de la isla era realizado con ese grupo de países, pero a comienzos de los ’90 la vinculación se quebró y desaparecieron de la noche a la mañana cuantiosas inversiones productivas, el suministro de combustibles, de materias primas y el apoyo militar que le servía de seguro frente ala hostilidad de Estados Unidos. También la gran referencia ideológica y política que mostraba a los cubanos que su aislamiento regional y la tozudez del enemigo estadounidense eran gradualmente superados por sus aliados socialistas, cuya influencia se iba extendiendo por el planeta. La URSS desapareció, hundida en el fracaso. Estados Unidos creyó entonces, luego de tres décadas de confrontación ininterrumpida, que era el momento del golpe de gracia y agravó el bloqueo, ahogando aún más a esa pequeña economía.

En 1989 las exportaciones de Cuba llegaban a 5.400 millones de dólares y las importaciones a 13.500 millones, pero en 1994 las primeras habían descendido a 1.300 millones y las segundas a 3.600 millones.[1] El déficit comercial ‑un mal crónico‑ seguía, pero ahora alimentando a un sistema productivo notablemente reducido. Durante el periodo 1989‑93 el PBI y la productividad del trabajo cayeron a un ritmo anual real promedio del 12% [2] y el impacto sobre la población fue devastador: el consumo per capita de carne cayó de 39 Kg. en 1989 a 21 en 1994; el de pescados de 18 a 8 Kg.; el de productos lácteos de 144 a 53 Kg.; el de hortalizas de 59 a 27 Kg..[3] La penuria energética, provocada por la desaparición de los suministros soviéticos de petróleo, aparecía como el hecho más espectacular de un panorama de desastre. La economía estaba al borde del derrumbe, la revolución parecía haber entrado en su hora final, la mayor utopía latinoamericana del siglo XX agonizaba.

En América Latina, mientras tanto, la combinación de liberalismo económico y democracia formal aparecía como una marea irresistible. Algunas voces críticas alertaban acerca de las crecientes desigualdades que acarreaban esos modelos acompañados por regímenes políticos corruptos y elitistas donde la participación de las clases bajas era inexistente, pero eran sepultadas por el triunfalismo reinante.

México era presentado corto el ejemplo a seguir, con sus privatizaciones y apertura a la entrada indiscriminada de capitales bajo el liderazgo de Carlos Salinas de Gortari. En Argentina, el peronismo habla regresado al poder, pero sepultando su vieja historia nacionalista adoptaba el liberalismo extremo, eliminaba las barreras proteccionistas, vendía las empresas estatales, restringía la seguridad social y la legislación obrera. En Perú, Alberto Fujimori abría las puertas al capitalismo salvaje y liquidaba el peligro guerrillero.

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Colapso y catástrofe en Irak

Robert Fisk

Queríamos darle a esta gente los frutos de nuestra civilización, pero no nuestra civilización en sí. COLAPSO Y CATASTROFE EN IRAK Altercom* Robert Fisk*

10 de diciembre de 2006

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice James Baker en el informe que el miércoles entregó al presidente de EEUU, George W. Bush, respecto a la marcha de la ocupacion de Irak y de Oriente Medio. El documento viene a constatar el fracaso de Estados Unidos en una region que ha llenado de odio y muerte.

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice el reporte Baker. Las legiones no lograron imponer su mandato en Mesopotamia. Craso perdió los estandartes de sus legiones en los desiertos de Siria e Irak, y lo mismo le ha ocurrido a George W. Bush. No hay ningún Marco Antonio que recupere el honor del imperio.

La política «no está funcionando». «Colapso» y «catástrofe», palabras que se escucharon en el senado romano en muchas ocasiones, estaban incrustadas en el texto del reporte Baker. ¿Y tú, James?

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Venezuela, el socialismo del siglo XXI y nosotros, europeos

Francisco Fernández Buey

Venezuela, el socialismo del siglo XXI y nosotros, europeos

Francisco Fernández Buey

Rebelión

Hace unos años, cuando ya había desaparecido la Unión Soviética, vi un documental que me hizo repensar las largas discusiones que durante largos años habíamos tenido en Europa sobre la naturaleza del socialismo a propósito de lo que creíamos saber que estaba pasando Rusia, China, Cuba, Vietnam, etc. En el documental, un periodista, no recuerdo ahora si inglés o alemán, preguntaba a un viejo campesino de un país euro-asiático por qué en su pueblo se habían hecho comunistas al final de la primera guerra mundial.

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Disparates

Juan Gelman

*Disparates* Juan Gelman /“Dios me dijo que golpeara a Al Qaida y lo hice, y me indicó entonces que golpeara a Saddam y lo hice, ahora estoy decidido a resolver el problema del Medio Oriente”. “Si se le enseña a un niño o una niña a leer, él o ella podrá aprobar un examen de lectura”/ /“No me gustan los brócolis y no me gustaban cuando era niño y mi madre me obligaba a comerlos. Soy el presidente de Estados Unidos y no voy a comer brócoli nunca más” / América latina es fértil en mandatarios que hablan curiosamente. *Del Cono Sur bajo las dictaduras de los ’70 y ’80* se recuerdan todavía frases de militares en el poder que cosquillean en la mente: /“El país vivía una situación desastrosa y le imprimimos un giro de 360”,/ dijo uno. Y otro:/ “Estábamos frente al abismo y dimos un paso adelante”./ O la muy notable de *Pinochet*: /“Antes de hablar, voy a decir algunas palabras”/. Los civiles no escapan a esta norma, que el ex presidente argentino *Carlos Menem* cumplió con brillantez: “/Mi libro de cabecera son las obras completas de Sócrates”/, afirmó. Un maligno comentó que así era porque Menem nunca leía. Pero no sólo los latinoamericanos gozamos de ese privilegio. También el pueblo estadounidense. *Dan Quayle*, que fuera vicepresidente con Bush padre (1989-1993), producía verdaderos florilegios: /“No es la contaminación lo que daña a nuestro medio ambiente. Lo hacen las impurezas del aire y del agua”./ O: /“Para la NASA, el espacio sigue siendo una prioridad muy importante”/. También: /“Es hora de que la raza humana entre en el sistema solar”./ Y: /“Recientemente, estuve de gira por América latina y lo único que lamento es que en la escuela no estudié más a fondo el latín para poder conversar con esa gente”/. Su confusión sobre las lenguas se extendió a la geografía: /“Tenemos un compromiso firme con la OTAN, somos parte de la OTAN. Tenemos un compromiso firme con Europa. Somos parte de Europa”/. En cambio, no erraba en materia de educación: /“Para hablar con franqueza, los maestros son la única profesión que enseña a nuestros hijos”./ En fin. *Bush padre*, su jefe, tampoco carecía de estos dones: /“No voy a analizar lo que no voy a mencionar. Aunque no lo analice, no lo voy a mencionar”./ Impresionan sus ideas sobre la índole del ser humano: /“No es una exageración decir que los indecisos pueden tomar un camino o tomar otro camino”/. Ni hablar del alcance de su saber jurídico: /“No puedo pensar en alguna nueva ley existente en vigor que no haya existido antes”./ Como persona cabal, no ha escapado a los vaivenes de la contradicción: /“Tengo opiniones propias, opiniones muy firmes, pero no siempre estoy de acuerdo con ellas”./ Su cortesía es notoria: el día que le ofreció asiento a una dama supo decirle que /“la caballerosidad sólo está razonablemente muerta”/. *Y no cabe duda alguna de que Bush Senior es un padre excelente: Bush Junior lo supera con creces en el buen decir.* /“La justicia debe ser justa”,/ reveló *W.* en la conferencia económica que tuvo lugar en la Casa Blanca el 21 de noviembre del 2004. No se le puede reprochar que oculte su pensamiento en materia de derechos civiles: /“Déjenme expresarlo de manera contundente. En un mundo cambiante, queremos que más gente tenga control sobre la propia vida de ustedes”/ (Annandale, Virginia, 9-8-04). O en lo que hace a la democracia: /“Si ésta (EE.UU.) fuera una dictadura, todo sería endiabladamente más fácil, siempre que yo fuera el dictador”/ (Washington, 19-12-00). Posee absoluta claridad en temas de educación: /“Si se le enseña a un niño o una niña a leer, él o ella podrá aprobar un examen de lectura”/ (Washington, 21-2-01). Nada escapa a su conocimiento de la naturaleza: /“El gas natural es hemisférico. Me gusta llamarlo hemisférico porque es un producto que podemos encontrar en nuestros barrios”/ (Washington, 20-12-00). Es indudable la sutileza de esta observación: /“Sé que los seres humanos y los peces pueden coexistir pacíficamente”/ (Saginaw, Michigan, 29-9-00). Sí, señor. Otro mérito de *W. Bush* es que no vacila en explicar sus relaciones con el Ser Supremo: /“Creo que Dios quiere que yo sea presidente”, “Fui elegido por la gracia de Dios”, “Creo que Dios habla a través de mí. Si no fuera así, no podría hacer mi trabajo”, “Dios me dijo que golpeara a Al Qaida y lo hice, y me indicó entonces que golpeara a Saddam y lo hice, ahora estoy decidido a resolver el problema del Medio Oriente”,/ son confesiones que repite. Irak y/ “la guerra antiterrorista”/ han redoblado su agudeza:/ “El Congreso ha procedido bien al prolongar la vigencia de la ley terrorista, la Ley Patriótica”/ (Washington, 7-9-06), /“Una de las partes más difíciles de mi trabajo es conectar a Irak con la guerra antiterrorista”/ (CBS, 6-9-06), /“No me gustó que Hamas se negara a declarar su deseo de destruir a Israel”/ (Washington, 4-5-05). La que sigue es por cierto enigmática:/ “La verdad de la historia, escuchen cuidadosamente, es que Saddam seguiría en el poder si fuera el presidente de EE.UU., y el mundo sería mucho mejor”/ (Saint Louis, Missouri, 8-10-04). *W. Bush* puede abordar las cuestiones más variadas, su información es rica en todos los campos. La medicina: /“Demasiados médicos que son buenos están abandonando la profesión. Demasiados obstetras y ginecólogos ya no son capaces de practicar su amor con las mujeres de todo el país”/ (Poplar Bluff, Missouri, 6-9-06). La literatura: /“Laura/ (Bush) /me dijo que tenía que leer a Camus. También leí tres Shakespeare. Tengo una lista de lectura ec-a-léc-tica”/ (NBC, 29-8-06). El comercio internacional: /“Es evidente que nuestra nación depende del petróleo extranjero. Nuestras importaciones de petróleo provienen cada vez más del extranjero”/ (Beaverton, Oregon, 25-9-00). La economía: /“Se trata de no dudar de un presupuesto. Hay un montón de números ahí”/ (Reuters, 5-5-00). El conocimiento de sí mismo: /“Pienso que si uno sabe lo que cree, le resulta mucho más fácil contestar preguntas. No puedo contestar su pregunta”/ (Reynoldsburg, Ohio, 4-10-00). El más allá: /“Uno nunca sabrá cómo contarán su historia hasta mucho después de haber muerto”/ (Washington, 5-5-06). Etc. Eso sí, *W. Bush* tiene clara la latitud de su mandato: /“Soy el que comanda, no necesito explicar, no necesito explicar por qué digo cosas. Es lo interesante de ser presidente”/ (Washington, 4-11-03). /“No me gustan los brócolis y no me gustaban cuando era niño y mi madre me obligaba a comerlos. Soy el presidente de Estados Unidos y no voy a comer brócoli nunca más”/ (Washington, 15-6-01). Así sea. En los tiempos de Bush padre se publicaba en Nueva York un boletín de pocas páginas con los dichos de Quayle de la semana. Hoy en día la importante editorial Simon & Schuster edita cada año un volumen con los /“bushismos”/ seleccionados del presidente y abundan los sitios de Internet que los recogen.

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