Entrevista a Adrià Casinos sobre Genética y estalinismo (y III)

Salvador López Arnal

«En la mayoría de los países del bloque socialista, el lysenkismo fue rápidamente arrinconado y los genetistas clásicos fueron rehabilitados.»

Adrià Casinos es profesor emérito de la Universidad de Barcelona. Genética y estalinismo (Vilassar de Dalt: Montesinos, 2021) es el resultado de una colaboración de decenios con Jean-Pierre Gasc (París, 1937). Fruto también de dicha colaboración son los diversos artículos publicados en revistas especializadas sobre la morfología funcional de los vertebrados.

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Nos habíamos quedado en este punto. Dedicáis el capítulo IV al «Lysenkismo fuera de la Unión Soviética». ¿Dónde arraigó más? ¿En qué países tuvo mayor oposición? ¿Algún científico crítico que queráis destacar?

Una de las cosas más sorprendente para nosotros, creo, ha sido la escasa influencia que tuvo en el lysenkismo en otros países del bloque socialista. En la mayoría de ellos fue rápidamente arrinconado y los genetistas clásicos fueron rehabilitados. Entre esos países, y en ese sentido, destaca la RDA, donde desde buen comienzo hubo voces críticas. Pero en cada uno de ellos hubo panoramas diferentes. Por ejemplo, en China la influencia no fue importante a causa de la ruptura de relaciones con la URSS. En Checoslovaquia tuvo características xenófobas ligadas a la expulsión de la minoría de lengua alemana. La genética clásica era una ciencia «germana». En algunos casos el lysenkismo fue aceptado de buena fe por científicos de la vieja escuela biológica, formados en la tradición lamarckiana (herencia de caracteres adquiridos), que luego se desengañaron. Es el caso de Rumanía, muy influenciada por la cultura francesa, probablemente la aceptación del lysenkismo se benefició del sustrato lamarckista.

En Occidente los PCs fueron por supuesto obligados a hacer de portavoces de la de la «buena nueva». Hubo de todo, desde el seguidismo del británico (que le costó perder su influencia en los núcleos intelectuales, en los que había penetrado con fuerza, en contraste con los obreros) o del francés, hasta la posición del italiano, que procuró pasar rápidamente página, gracias a que las voces críticas tuvieron audiencia en la dirección. En términos generales podríamos decir que los más de los europeos quemaron en el asunto una parte importante, mayor o menor, del prestigio acumulado en la resistencia contra el nazi-fascismo.

¿No resulta extraño que un científico de la altura de John D. Bernal brindara tanto apoyo al lysenkismo?

En primer lugar hay que recordar que Bernal no era genetista, de forma que era más susceptible al engaño que otros que sí lo eran. Por ejemplo, John B. Haldane. Debe reconocerse que la propaganda y publicidad que se dio a los supuestos avances científicos conseguidos por Lysenko, fueron de gran envergadura. Había que tener sólidos conocimientos de genética para sospechar que algo chirriaba, que había cosas materialmente imposibles. Lysenko fue muy hábil. Rehuía cualquier confrontación, incluso una simple conversación. Por supuesto no hablaba ninguna lengua que no fuera ruso. Quizá ucraniano. Evitaba salir de la URSS. Tan solo le conozco un viaje, el que realizó por algunos países del bloque socialista, como Checoslovaquia, en 1960. Y tampoco en ese caso, por si acaso, estuvo muy comunicativo.

Así y todo, no se debe exculpar totalmente a Bernal de su responsabilidad. Aunque fue moderando paulatinamente su entusiasmo, nunca se desdijo totalmente. Él, como otros científicos comunistas, marxistas o, simplemente, progresistas, se encontró cogido en la pinza formada entra la ideología y su deber de buscar la verdad. Hubo otros que denunciaron o se desmarcaron de la superchería más tarde o más temprano. Bernal no abandonó nunca del todo su seguidismo y estoy convencido de que lo hacía a pesar de que era consciente del gran embuste que defendía.

¿También en España hubo lysenkistas?

Sin duda. Pero debido a la situación de clandestinidad, no sabemos hasta qué punto el PCE desarrolló una propaganda lysenkista. Por supuesto que tenía tareas más acuciantes. Es un tema interesantísimo, el de España, que se debería abordar. Quizá el de Portugal también, dadas las semejanzas de situación de clandestinidad. En ambos casos, no sé hasta qué punto se dispone de la documentación pertinente. Espero con ansia que alguien lo haga.

En mis tiempos de estudiante estaba bastante extendida la creencia que Faustino Cordón respondía a una supuesta tendencia lysenkista española, patrocinada por el PCE. Dada la generación a la que pertenecía y el aislamiento en el que trabajó, es muy probable que, al menos en un principio, Cordón tuviera ideas lamarckianas, pero eso no es lo mismo que lysenkismo. Él era militante comunista y es cierto que recuerdo que el PCE lo presentaba como un ejemplo de científico progresista. Me pregunto hasta qué punto algunos sectores del partido no quisieron hacer de él «su» lysenkista.

La percepción que se tiene fuera de España, en Francia, concretamente, de Cordón, es muy diferente. Por ejemplo, Patrick Tort, filósofo marxista y también neodarwinista, valora positivamente la obra de Cordón. Su discípulo más directo, Chomín Cunchillos, falleció tempranamente en 2015.

Queda pues como tema abierto, colateral respecto al que aquí tratamos, un análisis riguroso de Cordón y su escuela. A ver si alguien se decide.

En el marco de las reacciones del comunismo británico ante el asunto Lysenko, señaláis, es necesario recuperar la figura y obra de Christopher Caudwell, fallecido en el frente del Jarama a los 30 años de edad. ¿Quién fue este poeta y novelista internacionalista? ¿Hizo contribuciones al ámbito de la ciencia?

La verdad es que sé muy poco de él y no he tenido ocasión de conocer su obra. He sabido que fue poeta, pero también autor de novelas policíacas. Veo que tiene dos de ellas traducidas al castellano y editadas en España, Muerte de un aviador y Crimen en Kensington. Buenas críticas, hasta donde yo sé. No soy demasiado aficionado a la novela policíaca, pero pretendo leer al menos alguna de ellas. Practicó también la crítica literaria y en ciencia tiene una obra titulada The Crysis in Physics. Nació en Londres, en Putney; curiosamente una zona que conozco, ya que allí residían unos viejos amigos míos. De familia católica, su padre trabajaba en el Daily Express. Perdió el empleo y se trasladó a Bradford para integrarse en el diario Yorkshire Observer. Christopher lo acompañó. Bradford era el gran centro lanero; a veces se ha llamado a Sabadell «el Manchester catalán». Lo correcto sería llamarlo «el Bradford catalán». Esa parte de Yorkshire (West Yorkshire) fue un gran núcleo obrero hasta la década de 1970. Es poco conocido que, al acabar la Exposición Universal para la que Picasso pintó el Guernica, el cuadro hizo un largo periplo a fin de recaudar fondos para la causa republicana. Fue a Inglaterra y se expuso en Leeds, cercano a Bradford. Leeds destacaba por sus grandes centros de confección. También por casualidad conozco bien esa zona de Inglaterra desde mi etapa de estudiante de doctorado en la Universidad de Leeds.

Así que no sé gran cosa de Caudwell, aparte de lo que he encontrado de él en la red, pero sí de dónde vivió. Otro tema abierto. No he visto ningún estudio específico sobre el tema.

¿Por qué penetró con tanta fuerza el lysenkismo en un país tan culto y con tantas aportaciones científicas como Francia?

Sin duda por la tradición lamarckiana. Digamos que se daban las bases. Sin embargo, un muy importante paleontólogo francés, Jean-Pierre Lehman, a quien tuve el honor de tratar, y gracias al cual conseguí mi beca en el Muséum parisiense, dejó escrito que en Francia la izquierda era darwinista y la derecha lamarckiana. Él era una persona progresista. Quizá la división no fuera tan clara. En realidad los que se adhirieron al lysenkismo en Francia fueron o científicos muy de última fila, o simplemente ideólogos. La difusión de Lysenko estuvo ligada al gran peso que tenía el PCF en la época, que actuó de una manera sumamente dogmática, en contraste con el PCI, por ejemplo. El caso más relevante, y dramático, si se quiere, en Francia es el de Marcel Prenant, profesor de zoología en la Sorbona que, como otros, se vio comprometido entre su militancia y convicción marxista y su defensa del neodarwinismo.

En Bélgica hubo situaciones semejantes que analizamos en nuestro libro.

En el ámbito del marxismo actual, ¿alguna corriente sigue considerando positiva la obra y la praxis de Lysenko?

Aparte de algún estalinista rezagado, en absoluto. Hay alguien aquí en España, cuyo nombre no recuerdo (sinceramente; nada que ver con el primer párrafo del Quijote) que ha escrito algunas ridiculeces reivindicando a Lysenko. Con su pan se lo coma. Supongo que también debe haber casos similares en otros países.

Salvo en Rusia, situaciones totalmente marginales y anecdóticas.

Cerráis vuestro libro con estas palabras: «Para el recuerdo, una revolución traicionada, no solo por un sangriento dictador, sino por una pléyade de delincuentes que, en el campo científico, escondieron su incompetencia e ignorancia amparándose en la autocracia. Y, con seguridad, los aquí evocados son solo una parte muy pequeña de los que consiguieron engañar y trabajar contra los intereses objetivos del tipo de sociedad de la que se reclamaban». Las necesidades materiales, la situación económica de la URSS tras la guerra civil y el bloqueo y agresión internacional, las grandes dificultades por las que se pasó, ¿pueden explicar, aunque sea parcialmente, el éxito de esos estafadores que aseguraron mejoras y éxitos futuros?

Sin duda. Fenómenos de esa importancia son consecuencia de muchos factores. Pero lo más determinantes fueron la autocracia y la elevación del marxismo a ideología de estado, a base de una lectura totalmente risible, ridícula, de los textos clásicos de aquel. Todas las bases del llamado «Diamat» podrían calificarse de ingenuas, desde el punto de su pobreza intelectual, si no fuera por todo el daño que causaron sus creadores y quienes lo aplicaron.

Charlatanes y mangantes los hay en todos los países y tiempos históricos. Si se establece un dogma, saben aprovecharse. Figurémonos, por ejemplo, que la negación de la teoría evolutiva, muy extendida allí, se impusiera oficialmente en EEUU persiguiendo a los evolucionistas. Y esto no es solo una hipótesis. Me consta que, en ciudades pequeñas, los profesores de biología que hablan de evolución en las escuelas secundarias llegan a ser objeto de denuncia pública. En algunos estados se ha exigido que el creacionismo sea mostrado en las escuelas en pie de igualdad con el evolucionismo. Pues bien, si se diera esa circunstancia, los resultados serían catastróficos, incluso a nivel práctico, porque aspirantes a censores como Lysenko debe haberlos a centenares. Como en cualquier parte.

Y la ofensiva contra el evolucionismo no es una hipótesis. Aunque no de forma comparable, en Europa también la ha habido siempre y sigue habiéndola.

Por ejemplo…

Por ejemplo, en Polonia ha habido algún intento de censurar el evolucionismo por parte de la Iglesia Católica. Ahora bien, cabe reconocer que las más militantes, son las iglesias independientes de raíz calvinista, en manos muchas veces de charlatanes sin formación. Incluso en España sé de algún caso, que he mostrado en un libro anterior (Intermezzos). Ciertos sectores islamistas, al parecer ligados a las monarquías del Golfo o la saudí, han patrocinado generosamente la propaganda creacionista.

Últimamente hay algo que también me preocupa, en este caso por parte de sectores «progresistas». Se trata de presentar el darwinismo como una ideología de simple contenido competitivo, neoliberal, digamos spenceriana, deformando totalmente el concepto de selección natural.

Curiosamente el lysenkismo hacía una lectura confluyente, al no admitir que en el seno de una especie pudiera haber competencia por los recursos. Dogmáticamente, más allá de toda evidencia. Solo aceptaba la competencia entre especies distintas. Era una manera de decir que el darwinismo era reaccionario, porque eso implicaba que en la especie humana había competencia. Entonces ¿qué pasa con la lucha de clases?

Reflejar un hecho probado, la competencia por los recursos, a nivel universal, no convierte el darwinismo en un propagandista del neoliberalismo.

¿Por qué?

Entre otras cosas porque se es consciente de que ese esquema no es trasladable mecánicamente a la especie humana por la existencia del hecho cultural. Nunca Darwin dijo tal cosa. El antes citado Patrick Tort ha reflexionado y escrito bastante sobre el tema. De hecho los que asumen esas posiciones no han entendido en absoluto el concepto de selección natural. Como Darwin ya lo deja muy claro en la sexta y definitiva edición del Origen (capítulo IV) la selección natural no crea variabilidad; simplemente actúa como filtro sobre la producida.

Basta tener eso claro para darse cuenta que esas críticas supuestamente «progresistas» al darwinismo son una estupidez.

¿Ha sucedido algo parecido en algún otro proceso revolucionario?

La Revolución Francesa supuso un auge increíble de la ciencia, entre otras cosas por la necesidad de ser autosuficientes frente al bloqueo de los regímenes absolutistas. Aunque luego hubo una cierta decadencia, no se dio nada parecido al estalinismo-lysenkismo.

¿Queréis añadir algo más?

Creo que lo esencial ya ha sido tratado.

 

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Segunda parte: https://espai-marx.net/?p=11157

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