La flor de la transformación: alternativas para la justicia, la sostenibilidad y la igualdad

Ashish Kothari

Con las crecientes noticias sobre guerras y conflictos, catástrofes ecológicas y climáticas, fuertes desigualdades, crisis sanitarias relacionadas tanto con la pobreza como con la riqueza, el autoritarismo de los gobiernos y el creciente dominio de las megacorporaciones en todos los aspectos de nuestras vidas, es comprensible que exista una profunda ansiedad sobre el presente y el futuro de la humanidad. Desde el lado positivo, hay dos tipos de respuestas que dan esperanza: la resistencia masiva a las estructuras que crean y empujan estas crisis locales y globales, y las alternativas radicales fundamentadas que demuestran alternativas más justas y sostenibles a estas estructuras.

A partir de las enseñanzas extraídas de varias iniciativas de este tipo en la India y otras partes del mundo, se percibe qué transformaciones holísticas están empezando a producirse y qué más es necesario hacer. Este marco sobre alternativas radicales propone que las alternativas se construyan sobre los siguientes elementos o ámbitos clave, interconectados y superpuestos en una «Flor de la Transformación» (véase la figura siguiente):

  • integridad y resiliencia ecológicas, incluyendo la conservación de la naturaleza y la diversidad natural, el mantenimiento de las funciones ecológicas, el respeto de los límites ecológicos (de lo local a lo global) y la ética ecológica en todas las acciones humanas;
  • el bienestar social y la justicia, que incluya vidas con sentido (física, social, cultural y espiritualmente), la equidad entre comunidades e individuos, la armonía comunitaria y étnica; y la eliminación de jerarquías y divisiones basadas en la fe, el género, la casta, la clase, la etnia, la capacidad y otros atributos similares;
  • la democracia directa y delegada, en la que la toma de decisiones comience en espacios que permitan a cada persona participar de manera significativa, y construyendo a partir de esto niveles más amplios de gobernanza por parte de instituciones con responsabilidad descendente; y todo esto respetando las necesidades y los derechos de los actualmente marginados;
  • la democracia económica, en la que las comunidades locales y los individuos tengan el control de los medios de producción, distribución, intercambio y del mercado, basándose en el principio de la localización para las necesidades básicas y el comercio construido a partir de ello; para ello sería fundamental la sustitución de la propiedad privada por los bienes comunes;
  • la diversidad cultural y la democracia del conocimiento, con la coexistencia de múltiples sistemas de conocimiento en el ámbito de los bienes comunes, el respeto a la diversidad de formas de vida, ideas e ideologías, y el fomento de la creatividad y la innovación.

Manifestaciones concretas

Cada uno de estos ámbitos puede ilustrarse con iniciativas concretas en diversas partes del mundo. Por ejemplo…

Democracia radical

Las regiones autónomas kurdas de Rojava y los zapatistas en Asia occidental y México, respectivamente, han reivindicado una completa autonomía regional con respecto a los Estados-nación en los que se encuentran, y una democracia directa y radical o un confederalismo democrático para las comunas y asentamientos que abarcan estas regiones. Los pueblos indígenas de muchas partes de América Latina, América del Norte y Australia también han luchado por la autodeterminación y la han conseguido, no necesariamente con tanta autonomía como los dos primeros mencionados, pero con la mayor parte o la totalidad de la toma de decisiones clave en sus manos y no en las de los gobiernos de los países en los que se encuentran. En el centro de la India, empezando por la aldea de Mendha-Lekha y extendiéndose a una federación de casi 90 aldeas cercanas, la Korchi Maha Gramsabha, se afirma el «swaraj» o autogobierno con eslóganes como «nosotros elegimos al gobierno en Mumbai y Delhi, pero en nuestra aldea somos el gobierno». La comuna «ciudad libre» de Christiania, en la ciudad de Copenhague (Dinamarca), también reivindica el autogobierno, y muchas asambleas de vecinos de otras muchas ciudades europeas insisten en que deben estar en el centro de cualquier decisión urbana.

Mientras que algunos de ellos (como los kurdos de Rojava y los zapatistas) no se involucran con el Estado-nación, la mayoría de los demás sí lo hacen, para exigir reconocimiento, reclamar lo que les corresponde de los planes del Estado, salvaguardarse de los abusos de las empresas u otros, y/o otras ayudas que consideran que es el deber de cualquier gobierno proporcionar (no como caridad). De un modo u otro, ilustran una Democracia Ecológica Radical o eco-swaraj, afirmando la toma de decisiones a nivel local al tiempo que encarnan la responsabilidad hacia otras personas y hacia el resto de la naturaleza.

Democracia económica

Todas estas iniciativas incluyen también la capacidad de reclamar derechos de gobernanza y gestión de recursos importantes para la supervivencia y la seguridad económica. Pueden ser derechos colectivos sobre la tierra, los bosques, el agua, las semillas y la biodiversidad, como por ejemplo en los movimientos de soberanía alimentaria de varios millones de pequeños agricultores miembros de la plataforma mundial La Vía Campesina. O puede ser el control democrático de los medios de producción industriales o artesanales, como la producción dirigida por los trabajadores en Grecia, Argentina y otros lugares. También está la economía social y solidaria en Europa y Norteamérica, o las economías comunitarias en todo el mundo, que demuestran cómo las empresas no capitalistas pueden prosperar como unidades económicas al tiempo que garantizan que los sectores marginados, como los refugiados o las personas con discapacidad, consigan un medio de vida digno en ellas. Y hay movimientos para restablecer los bienes comunes allí donde se han privatizado los espacios y el conocimiento.

Pero la democracia económica también consiste en intentar conseguir una relativa independencia de los sistemas monetarios centralizados, por ejemplo, a través de monedas alternativas o comunitarias y bancos de tiempo. Se han intercambiado más de 6 millones de horas, sin dinero, en Timebanking UK, que funciona en todo el Reino Unido. Y se trata de devolver el reconocimiento a la enorme contribución económica de las mujeres y los ancianos, que queda invisibilizada en los cálculos convencionales del PIB, pero que son tan importantes como la base del «cuidar y compartir» de cualquier sociedad. Tal y como se argumenta en un reciente libro de Anitra Nelson, es eminentemente posible ir más allá del dinero en estas y otras formas post-capitalistas.

Los movimientos a favor de economías alternativas también cuestionan el PIB y las tasas de crecimiento económico como indicadores de desarrollo, y proponen una serie de modelos e indicadores de bienestar que podrían proporcionar una idea mucho más sólida, y localmente relevante, de si la gente está satisfecha, feliz, segura y contenta. El modelo de Felicidad Nacional Bruta de Bután es bien conocido (con todos sus defectos, sigue siendo un audaz experimento para alejarse del PIB) y, más recientemente, Nueva Zelanda, Finlandia, Islandia, Gales y Escocia han formado una asociación de Gobiernos de la Economía del Bienestar (WEGO) para incorporar más indicadores de bienestar en su planificación.

Justicia social e igualdad

Los argumentos a favor de la autodeterminación política y económica también pueden acabar terriblemente mal, si son impulsados por consideraciones estrechas y xenófobas, como las impulsadas por los movimientos de extrema derecha en Europa, o continúan las relaciones locales de desigualdad basadas en el género, la clase, la casta, la raza, la capacidad y otras marginaciones. Por lo tanto, tan importantes como las dos esferas de transformación mencionadas, son las luchas por una mayor igualdad y equidad, lejos de las discriminaciones tradicionales o modernas de diversa índole, como los movimientos por el respeto de los derechos humanos de los dalits en la India, las luchas feministas y LGBTQ+ en todo el mundo, y el movimiento antirracista Black Lives Matter en Estados Unidos.

Diversidad cultural y de conocimientos

Tan amenazada como la diversidad biológica de la Tierra, está su diversidad de lenguas, con varios centenares ya perdidas o al borde de la extinción. Varios pueblos indígenas u otras comunidades locales intentan ahora mantener su lengua materna, o revivirla allí donde prácticamente ha desaparecido. El grupo Terralingua ayuda a documentar y apoyar estas iniciativas en todo el mundo a través de su proyecto Voces de la Tierra. En la India, la organización Bhasha (= lengua en hindi), creada por el lingüista Ganesh Devy, ha contribuido a documentar la diversidad lingüística de todo el país en el People’s Linguistic Survey of India, que describe 780 lenguas.

La descolonización -el intento de librarse de la dominación de las lenguas, culturas, cocinas, conocimientos, cartografía y mucho más- forma parte de estas iniciativas. Por ejemplo, hay varias iniciativas de cartografía o de elaboración de mapas descoloniales, para recuperar las representaciones de los paisajes y de las naciones desde el punto de vista de los pueblos indígenas u otras comunidades locales cuyos mapas mentales y físicos han sido borrados o modificados drásticamente por las potencias coloniales y los Estados-nación. Del mismo modo, los movimientos para afirmar la importancia y la validez de los sistemas de conocimiento tradicionales, en sí mismos o en asociación con los modernos, se están abriendo paso en muchos movimientos, así como en algunas instituciones oficiales gubernamentales o de la ONU. En el caso de la crisis climática, la Iniciativa de Evaluación Biocultural del Cambio Climático de los Pueblos Indígenas produjo un valioso análisis basado en el conocimiento indígena. También se reconoce cada vez más que el uso complementario de múltiples conocimientos es necesario para comprender lo que está ocurriendo y enfrentarse a ello, como por ejemplo la colaboración entre los pueblos indígenas del círculo polar ártico y las instituciones científicas modernas en el proyecto de Conservación de la Flora y la Fauna del Ártico.

Sabiduría ecológica y resiliencia

Varios movimientos por la autodeterminación territorial o los derechos colectivos también se centran en la conservación y la restauración de los ecosistemas naturales, las poblaciones de animales salvajes y la biodiversidad, o llevan a ello. La red mundial ICCA Consortium ha llamado la atención sobre el hecho de que la administración local de los Territorios de Vida puede ser un mecanismo de conservación tan o más poderoso que las áreas protegidas oficiales, cuyo modelo occidentalizado ha sido muy vertical, antidemocrático y alienante para las comunidades locales. En un sentido más amplio, lo que esas comunidades han consagrado durante milenios -vivir la vida dentro de la naturaleza y no al margen de ella, y pensar en la naturaleza como un círculo de vida y no como una pirámide con los humanos en la cima- también está calando en la gente de las partes altamente industrializadas del mundo. En ellas, por tanto, hay movimientos a favor de los Derechos de la Naturaleza, o de sus componentes como los ríos, las montañas, las especies. Sin embargo, es importante que esto se vea sólo como un primer paso hacia una reintegración respetuosa más general dentro de la naturaleza, similar a las formas de vida que muchos pueblos indígenas han vivido durante milenios, y que no se limite al derecho estatutario formal.

Interseccionalidad

La discriminación y la marginación pueden ser interseccionales, por ejemplo, las malas condiciones de trabajo y de vida desde el punto de vista medioambiental son más pronunciadas para quienes están marginados en términos de raza, casta o clase, o el acceso inadecuado a alimentos nutritivos puede basarse en otras discriminaciones contra las mujeres. Por ello, las respuestas a estas situaciones, en muchas de las iniciativas mencionadas, son también interseccionales o transversales a las cinco esferas. Esto puede ser explícitamente una parte de la iniciativa, o producirse como una consecuencia no deseada.

En el Parque de la Papa, en Perú, por ejemplo, los pueblos indígenas quechuas han establecido la autodeterminación política, el control de recursos económicos cruciales y la celebración y el uso continuos de las tradiciones culturales y espirituales, al tiempo que aprenden elementos de modernidad y la custodia de los ecosistemas naturales y la biodiversidad. En el Korchi Maha Gramsabha, en el centro de la India, algunos de estos elementos se entrecruzan también con la afirmación por parte de las mujeres de su derecho igualitario a la toma de decisiones, y con un intento de ayudar a los jóvenes locales a mantener algunas raíces en su propia cultura indígena al tiempo que aprenden de fuera. En Christiania, el autogobierno local va de la mano de la posesión de la mayoría de los recursos económicos en los bienes comunes (sin propiedad privada), la gestión de muchos servicios por parte de cooperativas de trabajadores y la constante actividad cultural colectiva. Las agricultoras dalit de la Sociedad de Desarrollo de Deccan, en el sur de la India, han desafiado la discriminación de género y de casta al tiempo que avanzan hacia la soberanía alimentaria y mantienen una relación respetuosa y espiritual con la tierra y las semillas. También en el sur de la India, la Cooperativa de Agricultura y Comercialización Dharani, creada por el Colectivo Timbaktu, garantiza una remuneración justa a los agricultores que se comprometen con la producción ecológica, combinando las esferas económica y ecológica.

Uno de los movimientos de interseccionalidad más interesantes, aunque muy poco desarrollado, es el biorregionalismo (o regionalismo biocultural). En muchas partes del mundo, las fronteras políticas se cruzan e interrumpen los flujos de la naturaleza (por ejemplo, una frontera nacional que corta una cuenca fluvial), o las conexiones culturales (por ejemplo, vallas y ejércitos que bloquean las rutas tradicionales de los pastores nómadas). Este es especialmente (pero no sólo) el caso de las zonas colonizadas del mundo, como el sur de Asia, grandes partes de África y muchas regiones de América Latina, y los territorios indígenas del llamado mundo «desarrollado». Este tipo de interrupción o bloqueo tiene muchas consecuencias negativas a nivel ecológico, económico y sociocultural. El movimiento del biorregionalismo intenta cuestionar esas fronteras políticas, e imaginar cómo planificar y aplicar políticas y prácticas que puedan restablecer los flujos y la conectividad a través de esas fronteras. Por ejemplo, la Iniciativa de las Cabeceras Sagradas del Amazonas implica a las naciones indígenas y a los grupos de la sociedad civil en un intento de imaginar y planificar una gran parte del Amazonas que se extiende a lo largo de la frontera entre Ecuador y Perú. La visión de John Lennon –«imagínate que no existe ningún país»– puede parecer muy lejana, pero tengamos en cuenta que las fronteras de los estados-nación también son bastante recientes en la historia de la humanidad, y no hay nada sacrosanto en ellas.

Una cosa está muy clara. La vida no se vive en silos, el tipo de silos de los que están hechos los gobiernos o en los que las empresas dividen la economía. Se vive en una compleja interseccionalidad, que se desarrolla en la vida cotidiana, a nivel de las interacciones que cada uno de nosotros tiene en diversos colectivos y con el resto de la naturaleza. Por lo tanto, es crucial darse cuenta de lo que emerge con fuerza de estas iniciativas alternativas, tal y como se expresa en el marco de Vikalp Sangam citado anteriormente, que el «centro de la actividad humana no es ni el estado ni la corporación, sino la comunidad, un conjunto autodefinido de personas con algún interés social fuerte y común. La comunidad puede adoptar diversas formas, desde la antigua aldea hasta el barrio urbano, pasando por el alumnado de una institución o incluso las redes más “virtuales” de interés común». La comunidad también se extiende al resto de la vida, las especies de plantas y animales que nos rodean, durante mucho tiempo un principio central de cosmovisiones como el buen vivir, el sumac kawsay, el ubuntu y el «país» [country]. Y aunque no son perfectos, y tienen sus propios retos internos, son estos colectivos los que forman el punto de apoyo de la transformación holística.

Los cambios contemplados en la Flor de la Transformación van a implicar luchas difíciles y a largo plazo. Pero muchos ya están aquí en lo que algunos han llamado “nowtopias”, y muchos más son visibles en el horizonte, un verdadero Pluriverso de prácticas y visiones del mundo. Sin menospreciar en absoluto los enormes desafíos que plantea un mundo dominado por el sistema militar-industrial-capitalista-estatal, y las formas continuas de patriarcado, racismo y antropocentrismo, estos inspiradores destellos en la oscuridad ofrecen la esperanza de un mundo más sano y justo.

 

Traducción de Carlos Valmaseda
Fuente: https://www.meer.com/en/68872-the-flower-of-transformation
Foto de portada: La naturaleza tiene su propia agencia y derechos y debe ser respetada por parte de la humanidad para reestablecer la armonía ecológica © Ashish Kothari

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