Nueva edición, revisada y ampliada, de un clásico del ecosocialismo

Salvador López Arnal

Reseña de Jorge Riechmann, El socialismo puede llegar sólo en bicicleta, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2022, 349 páginas.

 

«Pienso, luego estorbo» es el lema de la Academia de Pensamiento crítico. El socialismo puede llegar sólo en bicicleta estorba y enseña. Estorba a negacionistas y poderosos; nos enseña a muchos otros.

¿Qué es un clásico? Un libro (o similar en cualquiera otra manifestación artística) que leemos y releemos con interés, frescura, aprendiendo siempre y extrayendo nuevas capas, hasta entonces no descubiertas, que se suman a las anteriores interpretaciones. El socialismo puede llegar sólo en bicicleta, editado por vez primera en 2012, reúne todas esas características. Tan interesante e impactante como hace diez años, lectura obligada para todos los interesados en los grandes temas de nuestra hora, en los problemas esenciales de lo que el autor llama el Siglo de la Gran Prueba (En nota 19, p. 21, señala: «Este conjunto de ensayos se sitúa en la estela de una obra anterior que escribimos conjuntamente Paco Fernández Buey y Jorge Riechmann: Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista, Siglo XXI, Madrid, 1996». Buena ocasión para retomar, y acaso leer en paralelo, este otro clásico del ecosocialismo español).

No es necesario presentar a uno de nuestros pensadores poliédricos (filósofo, profesor, poeta, traductor, científico, escritor, activista) más esenciales, pero sí recordar que Jorge Riechmann es ya, desde hace muchos años, un auténtico maestro de varias generaciones de ciudadanos, estudiantes y profesores. Lo es, por ejemplo, del autor de esta reseña.

Además de la introducción («Marx + Marsh. Ecosocialismos para el siglo XXI») son nueve los capítulos del libro. Algunos títulos: «Sobre el carácter distópico del capitalismo», «Reflexiones ecosocialistas sobre capitalismo y crisis ecológica», «El sujeto político ausente sobre energía y transiciones ecosociales». Para los interesados en la obra de los clásicos de la tradición comunista marxista y, especialmente, de Manuel Sacristán, es necesario destacar el capítulo V: «La ecología de Marx (y Engels)». En mi opinión, uno de los mejores textos que se han escrito hasta el momento sobre la obra del autor de Pacifismo, ecologismo y política alternativa.

El lector/a observará sin dificultad que El socialismo puede llegar sólo en bicicleta reúne las características de todos los libros de ensayo del autor: excelente escritura, información sólida, citas que a nadie dejan indiferente, argumentos trabajados, descubrimiento de nuevos autores, mucho estudio, caudalosos torrentes de nuevas ideas, realismo esperanzador, etc. Recojo un comentario del propio autor (nota 10, p. 16) que ayuda a situarnos: «Entre la primera edición de este libro en 2012 y la actual en 2022, he matizado o rectificado algunas de mis posiciones. Muy sintéticamente tomé el testigo del ecosocialismo que podríamos llamar “clásico” de mis maestros Manuel Sacristán y Paco Fernández Buey, y en esa carrera de relevos me di cuenta –sobre todo a partir de 2013– de que ciertos indeseados cambios en el mundo aconsejaban también cambiar algunas de nuestras ideas sobre el mismo. En los últimos años he formulado lo que llamo un ecosocialismo descalzo, que –para abreviar las cosas– sería un ecosocialismo decrecentista y gaiano, muy hermanado no ya con el ecofeminismo a secas, sino con el más específico ecofeminismo de subsistencia de Vandana Shiva y Maria Mies.»

Y sin atisbo de eurocentrismo por supuesto. El traductor de René Char observa: «Téngase en cuenta, por lo demás, que los ecosocialismos son, en buena medida, tentativas europeas y norteamericanas, pero los vasos comunicantes nos llevan también al Sur global, donde pensamos (sentipensamos) en términos de pluriversos, el “buen vivir” altoandino, los feminismos indígenas, tantas luchas antiextractivistas y en defensa del territorio… Debería resultar casi obvio que “un mundo donde caben muchos mundos” (neozapatismo mexicano) y “no defendemos la naturaleza, somos la naturaleza que se defiende” (ZAD de Notre-Dame-des-Landes en Francia) son consignas hermanas».

Para Jorge Riechmann, así finaliza el ensayo, vivimos en el seno de una cultura ecocida, donde los seres vivos no importan apenas y donde todo se subordina a las cadenas de valor del capital, del dinero que engendra dinero. No va a haber un buen Antropoceno, tampoco un buen colapso (que no tendría por qué ser Apocalipsis). Son tiempos, señala, de tragedia. «Pero podemos hacer mucho por frenar la deriva los escenarios peores». Podemos y debemos, el tema de nuestra hora. Riechmann, como buen filósofo y gran lector, nunca olvida la hondura político-filosófica y existencial de la XI Tesis sobre Feuerbach.

En síntesis: el autor nos ha regalado un libro para seminarios y para nuestra mesita de noche, siempre a mano para consultar sus tesis y argumentos más esenciales. Nos va mucho en ello. Temor y esperanza, señaló William Morris (la cita la recoge Riechmann), «he aquí los nombres de las dos grandes pasiones que rigen al género humano y con las que los revolucionarios han de lidiar: infundir esperanza a la mayoría oprimida y temor a la minoría opresora, ese es nuestro cometido». Riechmann es un revolucionario que nunca olvida al autor de Noticias de ninguna parte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *