Un punto de encuentro para las alternativas sociales

¿Haití existe?

Leonardo Padura Fuentes

Leonardo Padura Fuentes

Publicado en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/

Haití fue el primer país independiente de América Latina. La colonia francesa de Saint Domingue, que ocupaba la mitad occidental de la isla La Española, vio en los años finales del siglo XVIII arder los cafetales y las plantaciones de caña que tanta riqueza habían dado a la metrópoli europea. El fuego lo pusieron los negros esclavos, traídos de África o ya nacidos en la colonia, quienes tuvieron la osadía de pensar que el sueño ilustrado de que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran posibles para los hombres, también les concernía a ellos, los más explotados y desiguales. Pero hombres al fin y al cabo.

El reto lanzado al mundo y a la historia por los negros y ex esclavos haitianos al parecer fue demasiado audaz y pronto se revertiría como una maldición secular.

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El delirio de ser alguien

Aitxus Iñarra

Aitxus Iñarra – Profesora de la UPV/EHU

Llegar a «ser alguien» es una aspiración común de mucha gente que, para lograrlo, busca la distinción que hoy día supone el logro individual vinculado al dinero y al poder. Según la autora, esa identidad distintiva, destacada por los medios de comunicación, esconde lo natural, la naturaleza propia. Aitxus Iñarra va más allá de la mera constatación de ese frecuente anhelo y se adentra en el mecanismo mental que conduce al mismo: «La idea de que se carece de algo, es decir, de que se es incompleto».

Si hay una pregunta universal es ésta: quién soy yo. ¿Soy, acaso, aquello que creo ser? ¿Soy, quizás, la figura que presento ante los demás? J Grinder y R. Bandler relatan en «De sapos a príncipes» una anécdota que todos hemos vivido. Comenzaremos por ahí.

«Tengo un amigo que es rector de una Universidad, vive en el delirio de que es realmente inteligente y que tiene mucho prestigio y todas esas cosas. Anda por ahí tieso, con aires de importancia y fuma en pipa. El show es completo. Vive una realidad completamente delirante. La última vez que estuve en un hospital mental, había un fulano que pensaba que era agente de la CIA. Creía que estaba ahí por los comunistas. La única diferencia entre estas dos personas es que el resto de la gente está más dispuesta a creerle al rector de la Universidad que al psicótico».

Ironizan los autores sobre la necesidad de levantar la propia identidad sobre la distinción. El mérito de ser alguien importante nos evoca al Narciso de la mitología griega que, enamorado de su propia imagen, quedó atrapado en ella cuando la vio en el agua. Asimismo, el rector de la narración ha engendrado una identidad: la de ser alguien inteligente y prestigioso. Para visibilizar tales rasgos necesita de la utilización de unos signos distintivos -anda por ahí tieso, con aires de importancia y fuma en pipa-. Además, puede llevar a cabo la materialización de su deseo, ya que el contexto universitario asume y valora dicha ficción. Por lo tanto, el proceso de identificación con el objeto deseado produce la aceptación de lo que parece ser por lo que es. O bien su reemplazo. Es decir, el impostor esconde tras la imagen por él construida lo natural, su propia naturaleza.

Es cierto que la distinción ha sido un rasgo al que muchos humanos han mostrado apego. Ese llegar a ser alguien ha sido y es un anhelo humano muy difundido. Hasta el ascenso al poder de la burguesía, la distinción venía vinculada al favor real y a la cuna. Poseer un título nobiliario, una ascendencia ilustre era muy deseable para los que pretendían atribuirse una distinción aristocrática. Hoy en día la idea del logro individual, la necesidad de triunfo, de ser alguien, está tan difundida prácticamente en todos los ámbitos sociales, que parece algo casi natural. No es de extrañar, cuando es propio de la mitología de éste sistema económico y cultural magnificar el mérito, el éxito social y el logro individual.

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Frente a la crisis política actual: Investigar la deuda. Enfrentar a la derecha

Claudio Katz, Jorge Marchini, Eduardo Lucita

Claudio Katz – Jorge Marchini – Eduardo Lucita

Publicado por ARGENPRESS, miércoles 13 de enero de 2010

Otro conflicto de imprevisibles consecuencias ha estallado entre el gobierno y la oposición de derecha.

La iniciativa gubernamental de constituir un fondo especial con una porción de las reservas para garantizar el pago de la deuda externa desató este conflicto. La derecha rechaza este fondo y exige hacer frente a los pagos con las partidas del presupuesto sin tocar las reservas. La diferencia entre ambos bandos son los mecanismos para cumplir con las exigencias de los acreedores.

Pero bajo esta discusión subyace una coincidencia plena: pagar una deuda fraudulenta que ya ha sido pagada varias veces. Este acuerdo ya se manifestó cuando hace pocos meses los legisladores del gobierno y la oposición votaron por unanimidad la derogación de la “ley cerrojo”, que bloqueaba la reapertura del canje con los bonistas que quedaron afuera de ese arreglo. Ninguno de ellos se indignó en ese momento con la “violación de la seguridad jurídica” implícita en la anulación de una disposición que se presentó varias veces como inmodificable.

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Sobre el Sacristán que podemos seguir leyendo en el siglo XXI (I).

Salvador López Arnal

[…] De todas las formas de nombrar “al otro” necesario y posible del capitalismo inmundo, la palabra “comunismo” es la que conserva más sentido histórico y carga programática explosiva. Es la que evoca mejor lo común del reparto y de la igualdad, la puesta en común del poder, la solidaridad enfrentada al cálculo egoísta y a la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, la extensión a los bienes de primera necesidad de un espacio de gratuidad (desmercantilización) de los servicios, contra la rapiña generalizada y la privatización del mundo.

Daniel Bensaïd (2009), “Potencias del comunismo”, Viento Sur

 

Cualquier aproximación a la bibliografía de Sacristán es inevitablemente deudora del documentado e imprescindible artículo de Juan-Ramón Capella “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán Luzón” (mientras tanto, 30-31, mayo 1987, pp. 193-223), trabajo que el propio autor ha revisado y ampliado en ocasiones posteriores [1]. A la pionera aportación del autor de La práctica de Manuel Sacristán. Una biografía política hay que sumar la tenaz y fructífera investigación de Miguel Manzanera en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens [2] además de la detalladísima bibliografía incorporada a su tesis doctoral [3] sobre la obra político-filosófica del traductor de El Capital.

Igualmente, todo análisis de “la obra” de Manuel Sacristán debería tener muy en cuenta su oceánica, su aléfica labor socrático-traductora. Sus más de cien traducciones, sus casi 30.000 páginas [4] vertidas a un deslumbrante castellano de autores tan diversos como Platón, Quine, Marx, Engels, Hasenjaeger, Church, Schumpeter, Lukács, Heller, Korsch, Geymonat, Labriola, Taton o Gramsci [5] producen vértigo y máximo reconocimiento ante una labor casi incomensurable hecha, además, en condiciones de extrema dificultad. Más de una generación de universitarios españoles, y de países latinoamericanos, se ha formado con esas traducciones cuyas presentaciones (e incluso sus pies de página de traductor) nunca pasaron desapercibidas [6]. Por lo demás, al aproximarnos a las dimesiones y registros de la obra y hacer de Sacristán corremos el riesgo de caer en la más flagrante injusticia: de una arista esencial de esa “obra”, de sus numerosas intervenciones en ámbitos académicos y ciudadanos con la finalidad, siempre presente en él, de cuidar, informar y cultivar la razón pública, quedan sólo algunos testimonios escritos, sonoros y/o filmados, muestra no siempre representativa de esta labor descomunal que tanto ha enseñado a numerosos ciudadanos y que ha generado tantas vocaciones de rebeldía y pasión veraz por el conocimiento.

De su vértice de profesor, trasterrado por presiones nacional-católicas a la Facultad de Económicas, sin cátedra de Lógica en una oposición hegemonizada por el Opus Dei y perdida de antemano en 1962, expulsado de la Universidad tres años más tarde por motivos políticos para ser tardíamente reconocido como catedrático universitario al final de su vida, los testiminios se agolpan desde atalayas diversas: no sólo fue un excelente profesor, cuando le dejaron serlo, dos décadas aproximadamente, sino que fue un maestro con un legado que permanece.

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El galope sin bridas del lenguaje y la cosmovisión dominantes

Salvador López Arnal

“No es que las personas se hayan vuelto más codiciosas que en las generaciones pasadas”, declaraba el profeta del capitalismo inmoderado Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, en el Senado usamericano en 2002. Lo que ocurría, señalaba el agitador de huracanes neoliberales, es que las vías para expresar la codicia habían aumentado enormemente. No añadió, desde luego, con neta inconsistencia, que él mismo, con sus políticas y valores, era parte sustantiva de esa expansión de las vías de expresión codiciosas.

Algo parecido ocurre con el lenguaje y estilo dominantes que, como nos enseñaron aquellos imprescindibles revolucionarios decimonónicos,  suelen ser las ideas, opiniones y procedimientos de los grupos, clases y fuerzas políticas dirigentes. No es que sus campos poliéticos se abonen mejor, con mayores cuidados, con argumentaciones más sólidas; no, en absoluto. Lo que ocurre es que sus medios de expresión y penetración sigue incrementándose sin límite (y con esa oposición y respuesta) en territorios que, en principio, deberían articularse con otras nociones y con argumentos muy distintos. En Público de 19 de enero de 2010, Isaac Rosa e Ignacio Escolar escribían dos magníficos artículos sobre el tema a propósito de las declaraciones del president de la Generalitat -“Si abordamos la inmigración con el discurso buenista nos equivocaremos y daremos argumentos a los xenófobos”- y del portavoz del PSC, el señor Miquel Iceta: “Nuestro partido rechaza los dos extremos: el buenismo, cerrar los ojos antes los problemas, y la xenofobia” [2]. “Buenismo”, no es necesario recordarlo, es terminología acuñada y “popularizada” por la FAES, la fundación de la extrema derecha españolista neofranquista y neoliberal. Y hablar como ellos es, a veces, pensar como ellos

Añado una observación complementaria sobre lenguaje, estilos e ideas prestadas.

El presidente del Gobierno español envió el lunes 18 de enero un telegrama a Sebastián Piñera [3]. Le trasladada en él una “calurosa” felicitación por su apretada victoria en las elecciones presidenciales chilenas. ¿”Calurosa” es la palabra que debe escoger un presidente de un partido que se dice socialista para saludar la victoria de un dirigente político que cuenta entre las pricipales fuerzas que le apoyan a Unión Democrática independiente, una organización ultramontana fundada por Jaime Guzmán, el ideólogo del fascismo pinochetista chileno? [4]

En el telegrama escrito por alguno de los asesores de Rodríguez Zapatero se desea a Piñera el mayor éxito en su mandato como presidente chileno. ¿El mayor éxito en su mandato, el mayor éxito para implantar lo que seguramente será una política económica de capitalismo salvaje sin cuidar formas, derechos ni conquistas populares? ¿Éxito para el mandato político de un empresario multimillonario que cuando faltan apenas dos meses para asumir la presidencia de Chile no ha prescindido de ninguno de sus grandes negocios? ¿Hay que desear éxito a este Berlusconi chileno?

El texto del telegrama habla, además, de la firme voluntad del gobierno español de impulsar la cooperación y amistad que existen entre los dos países. ¿Cooperación de las multinacionales españoles para esquilmar todo lo que ponga por delante? ¿Cooperación económica con un gobernante cuyo triunfo causó al día siguiente un incremento del precio de las acciones de Axxion, una de sus grandes empresas, del 13,8%? ¿Amistad con un gobernante apoyado por una fuerza política orgullosa del legado pinochetista, impregnada de un catolicismo integrista que produce a cualquier alma sensible temblor y pavor (oposición frontal a toda legislación permisiva del aborto por ejemplo), opuesta a cualquier reforma legislativa en sentido democrático y firme (esta vez sí) partidaria del neoliberalismo económico más innoble y criminal? ¿Cooperación y amistad con esas coordenadas, con el máximo representante de esas finalidades sociales?

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Superarán otros seres humanos este momento gris y amargo…

Salvador López Arnal

A pesar de los oscuros e incontables apoyos recibidos. A pesar de las palabras de amistad otorgadas por un ex primer ministro español de extrema derecha defensor de la invasión de Iraq y de golpes de Estado en Venezuela. A pesar de las orientaciones y consejos apuntados desde embajadas intervencionistas imperiales A pesar del control ejercido en canales de televisión. A pesar de los medios casi infinitos que han abonado una candidatura multimillonaria, la izquierda y las fuerzas democráticas chilenas han estado a punto de evitar la victoria de Sebastián Piñera, un economista formado en Harvard que asegura haber visto el golpe de Estado de 1973 por televisión [1], un político berlusconiano de extremísima derecha dueño de la principal aerolínea chilena, del principal club de fútbol del país y de un canal de televisión, un político-empresario de ambición ilimitada y principios muy limitados que galopa a lomo de dos partidos fascistoides, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, una fuerza ultraconservadora dirigida por pinochetistas convencidos que fueron colaboradores directos del general golpista asesino, un ciudadano multimillonario que no sólo se opone a la interrupción del embarazo sino que está dispuesto a perseguirla sea cual sea la circunstancia que lo motive.

La izquierda chilena, los partidos y organizaciones de izquierda y democráticos, los movimientos sociales y ciudadanos, tanto los que han votado la otra candidatura como los que no lo han hecho porque han creído que otra opción era preferible, han conseguido una grandiosa movilización que ha sido apoyada por más de tres millones de ciudadanos y ciudadanas y que enseña el camino, el difícil camino que permite avanzar.

La izquierda chilena sabe que transita además por un sendero abonado desde hace décadas: el sendero de la dignidad. Cultivar ese inmenso legado, un legado que no sólo permanece sino que crece y crece sin límites, uniendo generaciones y voluntades, es parte esencial de su identidad. Los ejemplos se agolpan. Este que apunto a continuación es uno de ellos, uno entre muchos, uno que merece ser recordado

Cuando Salvador Allende llegó a Nueva York en diciembre de 1972 a exponer en un discurso memorable ante la Asamblea General de la ONU las conspiraciones de empresas multinacionales contra el Estado de Chile, George Bush, el director de la CIA en 1976, el presidente usamericano en 1988, el padre asesor de Bush II, del invasor de Iraq y Afganistán, entonces embajador de la Administración Nixon ante la ONU, solicitó ser recibido por el dirigente chileno. La reunión duró el tiempo del siguiente diálogo:

Allende: Quiero reiterar a su Gobierno que el pueblo de Chile desea tener las mejores relaciones dentro del mutuo respeto. No identifico al pueblo de EE.UU con las acciones de la CIA en los asuntos internos de mi país

Bush: “Señor presidente, la CIA es también el pueblo de EE.UU.”

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Los pecados de Haití

Eduardo Galeano

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

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Con alevosía y nocturnidad. La ley que facilita el «desahucio exprés» llegó a casa por navidad.

Nando Zamorano

Con alevosía y nocturnidad. La ley que facilita el

"desahucio exprés" llegó a casa por navidad.

Fernando Zamorano

El gobierno socialista, apoyado por el PP y el resto de grupos del Congreso, a excepción de IU-ICV y ERC, aprobó el pasado mes de octubre una reforma legal que servirá para acelerar los trámites legales que facilitará el desahucio de los inquilinos de viviendas de alquiler por impago. De puntillas, casi con nocturnidad y aprovechándose de las fechas vacacionales el día 28 de diciembre entraba en vigor una reforma legal que viene a satisfacer una reclamación que los grandes propietarios de viviendas, especialmente las promotoras, vienen reclamando desde hace tiempo.

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Palos, palas, amenazas y fotografías

Salvador López Arnal

A propósito de una información sobre enfrentamientos entre colonos judios y ciudadanos palestinos.

 

 

Salvador López Arnal

 

Público, 2 de enero de 2010, sábado [1]. Con la compra del diario, se adquiere El Estado y la revolución de V. I. Lenin. El manuscrito se interrumpe en las primeras líneas del capítulo VII, el último del índice: “La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917”. Las siguientes son las palabras finales a la primera edición escritas por “el autor” el 30 de noviembre de 1917, en “Petrogrado”, la hermosa ciudad que llevará su nombre durante más de setenta años:

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