Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Entrevista con Alfonso García de Paadín y Ahumada sobre el Sáhara

Salvador López Arnal

Entrevista con Alfonso García de Paadín y Ahumada sobre el Sáhara: “[…] creo difícil la realización de un referéndum sobre la autodeterminación con garantías y al que, por supuesto, me parece que tiene todo derecho el pueblo saharaui”.

Salvador López Arnal

Coronel de Infantería, diplomado de Estado Mayor, en situación de retirado, Alfonso García de Paadín Ahumada es conocedor de primera mano del Sáhara occidental en donde estuvo destacado en diferentes ocasiones con las Unidades paracaidistas, hasta el último momento en que las tropas españolas allí destinadas, tuvieron que abandonar el territorio, obedeciendo las órdenes dimanantes del poder civil,  en aquellas fechas bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro

Cuando tiene lugar la Marcha Verde, a la Bandera Paracaidista se le  encomienda, en la reserva que se organiza, la defensa en última instancia de El Aaiún, de la que formó parte al mando de su Compañía de Plana Mayor. Alfonso García de Paadín y Ahumada participó en el reconocimiento de los campamentos de la Marcha Verde desde helicóptero, a muy baja altura, pudiendo apreciar en detalle  su organización.

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Cultura del trabajo y trabajo cultural

Colectivo de Juristas Críticos de Parapanda

CULTURA DEL TRABAJO Y TRABAJO CULTURAL

Colectivo de Juristas Críticos de Parapanda

Dicen los diccionarios especializados que el término cultura se aplica particularmente a los productos de la sociedad humana, que no sólo incorpora un complejo de ideas y de costumbres de una civilización determinada, sino que fundamentalmente se basa en valores y pautas ideales que refuerzan la solidaridad y la cohesión social en una sociedad dada. El trabajo y los valores ligados a éste hecho social, económico y político, ha sido determinantes en la configuración de los fenómenos socio-culturales de la modernidad europea y, derivadamente, universal. En cuanto sistema de significados y símbolos cognitivos compartidos, la cultura basada sobre la centralidad del trabajo ha sido el elemento caracterizador de todo un modo de concebir la sociedad y organizar los fenómenos sociales. El trabajo en su vertiente positiva, como fuerza productiva creadora de riqueza y expresión de las capacidades de relación con las cosas y de transformación de la materialidad de las mismas, y como subjetividad social susceptible de diversas personificaciones colectivas y plurales que actúan en el marco de las relaciones sociales y económicas. Y también en su vertiente negativa, como trabajo sometido y explotado, función del capital en su dinámica de acumulación de riqueza y de distribución desigual de la misma.

Esta centralidad del trabajo en la determinación de fenómenos culturales asociados al mismo se ha proyectado en varios espacios sociales, produciendo lenguajes y discursos muy ligados a la acción y a las conductas derivadas de la reflexión cultural y política sobre ambos aspectos del trabajo, positivo y negativo, como ejes de construcción de una cierta “visión del mundo” o proyecto global de acción sobre el mismo. En el desarrollo histórico de esta concepción antropológica centrada en el trabajo han existido muchas variantes, especialmente incisivas en razón de las transformaciones productivas y económicas de las sociedades industriales avanzadas y su desarrollo, la más relevante posiblemente de entre ellas sea la construcción cultural derivada de lo que se conoce como fordismo. Esta delimitación cultural tiene una traducción inmediata en la esfera de lo político, es decir las determinaciones culturales de esta categoría social. Se habla así de una “cultura política” que sirve para dar al sistema político un marco orientador respecto a valores que encuadran la reflexión y la acción en este espacio concreto. La cultura política basada sobre el trabajo y los valores que éste encarna ha servido de línea divisoria en el campo de lo político entre las posiciones denominadas como izquierda o derecha. El reflejo de este compromiso con el trabajo como potencia transformadora de la sociedad en un sentido emancipador y solidario se encuentra en los estatutos de los partidos políticos obreros, y en los de los sindicatos de clase, y esa referencia sigue aun hoy presente en esos textos.

Bien como cultura política que oriente la acción de los sujetos colectivos con vocación de intervención en la organización de la sociedad, o como forma de producción de ideas, creencias y significados que explican las visiones del mundo, la referencia central al trabajo ha entrado desde hace tiempo en crisis, por razones muy complejas que obviamente aquí no pueden esbozarse, y con consecuencias en múltiples campos de la estructura social. Inevitablemente se proyecta sobre el campo de la normatividad jurídica y, mas precisamente, en todo lo que se refiere al discurso y modelo cultural que sirve de legitimación a la orientación concreta que adopta el sistema jurídico-laboral de un país determinado.

La actualidad de los acontecimientos suministra algunos ejemplos muy sintomáticos. Con ocasión de las últimas elecciones europeas, se ha subrayado la carencia de un discurso político coherente desde la izquierda que evite el desmoronamiento de los partidos socialistas y socialdemócratas, no compensado sino agravado por el fraccionamiento de las izquierdas alternativas. Los analistas insisten en la pérdida de la identidad social clásica de las socialdemocracias y su confusión ideológica con el neoliberalismo. La adopción por el socialismo europeo del social-liberalismo o de experiencias paralelas como la “tercera vía” como cemento ideológico de sus posiciones políticas es el elemento que permite identificar la causa principal de este desmoronamiento. La incapacidad de las izquierdas alternativas de despegarse de este modelo en el que funcionan como imagen especular negativa sin poder avanzar sobre planteamientos legítimos de democratización e igualitarismo, convergen en este desastre. Pero más allá, lo que estas elecciones demuestran es que la propia construcción europea está sufriendo una involución que se aprecia no tanto en el aspecto crucial de la acción política de la izquierda política, cuanto de forma más grave, en la percepción de las personas y de los ciudadanos. Falta una visión de futuro sobre la Unión Europea que permita repensar su definición política y social a partir de su propia multiplicidad y del fortalecimiento de su dimensión social. Hay un distanciamiento general de elementos básicos en la construcción de la democracia y de la solidaridad social en el espacio regional europeo. Se trata por tanto de un supuesto de emergencia cultural, tanto a nivel global como en el plano estrictamente político. La izquierda ha perdido el norte y camina sin brújula hacia ninguna parte. Articulada la resistencia sobre un radicalismo popular que no tiene necesariamente al trabajo como eje y que revaloriza aspectos parciales de las condiciones de explotación global, las izquierdas alternativas encuentran una gran dificultad en agregar consensos a su proyecto político precisamente en el plano de lo político-electoral, que se percibe como un espacio enajenado. En otros casos, la insistencia en las instituciones que regulan la vida social – la disyuntiva entre el Estado y el mercado o sus múltiples hibridaciones – hace perder de vista la necesidad de reconstruir una perspectiva de acción colectiva a partir de las condiciones de existencia afincadas en el trabajo subordinado y en la explotación.

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Crónica de una estafa política y una adscripción anunciada

Salvador López Arnal

CRÓNICA DE UNA ESTAFA POLÍTICA Y UNA ADSCRIPCION ANUNCIADA

Salvador López Arnal

El eurodiputado Raül Romeva, elegido por la lista de la coalición “La Izquierda” (Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa-Bloque por Asturies) ha rechazado integrarse en el grupo parlamentario de Izquierda Europea y se ha incorporado, siendo elegido vicepresidente, en el grupo Verdes/ALE. Así, pues, ICV ha roto el acuerdo con Izquierda Unida para las elecciones europeas (véase: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87626), acuerdo por el que ambas formaciones se comprometían a integrarse, después de un período de discusión y análisis de resultados, en el mismo grupo parlamentario. (Tercer punto: “codecidirán y compartirán un mismo grupo parlamentario en el que participarán los diputados y diputadas elegidos”).

¿Alguien se ha podido sorprender? Lo sabíamos todos. Cayo Lara, Joan Saura, J. M. Nuet, Miguel Reneses, Jordi Guillot, el propio Raül Romeva, Jordi Miralles e incluso probablemente Dani el rojo y Rosa Aguilar. Era igual lo que se dijera o firmara en papeles, acuerdos y documentos. RR jamás iba a ser miembro del grupo parlamentario de la Izquierda europea. No es esa su línea política. No iba a tener de ese modo el mismo protagonismo político-mediático, sus fuentes de financiación iban a ser otras muy distintas y el programa del grupo de la Izquierda europea debe sonarle al flamante y no representativo eurodiputado verde a batallitas con naftalina de tatarabuelos insoportables.

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La basura argentina

Osvaldo Bayer

Osvaldo Bayer

Publicado en SIN PERMISO http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2584 el 24/05/09

Estuve por las costas del Paraná. El río amado desde la niñez y, luego, apenas salido de la adolescencia, cuando fui marinero timonel del vapor “Madrid” y viajábamos desde Buenos Aires hasta Asunción. Pero esa profesión, llena de descubrimientos y paisajes, se acabó cuando hice la famosa huelga de 1950 y fui el único tripulante del “Madrid” que cumplió con la resolución de la asamblea. Por eso me desembarcaron para siempre. Como me lo dijo a los gritos el prefecto nacional marítimo de Rosario mientras rompía a pedazos mi libreta de embarque: “Usted jamás va a volver a pisar los buques de la patria”. Y tuvo razón. Nunca más volví a pisar los buques del Paraná. Debo estar todavía en alguna lista, ésas que se pasan entre sí los dueños de los mares y de los ríos.

Sí, estuve ahí, en Rosario, hace pocos días. Vi la villa miseria integrada por los tobas chaqueños. Cada vez con más habitantes. Vienen todos, uno a uno, desde las tierras de sus ancestros, donde vivieron miles de años. Pero nuestra civilización los empuja o los echa a patadas. O con sierra mecánica.

Encuentro a uno de ellos, con su rostro típico de hijo de la tierra. Le pregunto a boca de jarro: “¿Y ustedes por qué abandonan su paisaje y se vienen aquí?”, “Porque no nos han dejado nada”, me responde con sabia lentitud. “Nada, ni tierra ni árboles… aquí, en las ciudades, hay por lo menos basura.” Me quedo en silencio. Para qué hablar más. Por lo menos le dejamos la basura, para que la revuelvan. Pienso en Tupac Amaru, a quienes los cristianos lo atamos de cada brazo y de cada pierna a caballos y después le cortamos la lengua y la cabeza. Ahora les dejamos la basura. A lo mejor encuentran algo.

En Rosario le propongo a una delegada coya hacer todos los años, para el 25 de Mayo o el 9 de Julio, una marcha de los pueblos originarios hacia el monumento a Julio Argentino Roca, en el centro de Buenos Aires, a pedir que se quite ese bronce maldito creado por la década infame. Sí, a ese Roca que dijo en el Congreso de la Nación (textual) que “la ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida… el éxito más brillante acaba de coronar esa expedición dejando así libres del dominio del indio estos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. Y después, en Londres, el mismo Julio Argentino Roca dirá, en el banquete que le ofreció la empresa Baring Brothers: “He abrigado siempre una gran simpatía por Inglaterra. La República Argentina, que será algún día una gran nación, no olvidará jamás que el estado de progreso y prosperidad en que se encuentra en este momento se debe en gran parte al capital inglés”. Y entregará, acto seguido, dos millones de hectáreas de la Patagonbia a 137 estancieros británicos con la concesión Grünbein.

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Estado y sociedad civil en Gramsci

Alvaro Bianchi

Estado y sociedad civil en Gramsci

Alvaro Bianchi

Publicado en la Revista Herramienta (www.herramienta.com.ar)

Encontrar la identidad real bajo la aparente diferenciación y contradicción, y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad es la más delicada, incomprendida y no obstante esencial dote del crítico de las ideas y del historiador del desarrollo histórico. (C 24, § 3, Vol. 6, p. 166.)

El objetivo de este artículo es proceder a una reconstrucción del concepto gramsciano de Estado, a fin de superar el falso antagonismo establecido entre estos conceptos y revalorizar el carácter unitario y orgánico del pensamiento de Gramsci. El punto de partida para el análisis del concepto de Estado puede ser una nota, ya presente en el Primer Cuaderno, titulada La concepción del Estado según la productividad [función] de las clases sociales. En esa nota afirmaba Gramsci: "Para las clases productivas (burguesía capitalista y proletariado moderno) el Estado no es concebible más que como forma concreta de un determinado mundo económico, de un determinado sistema de producción." (C 1, § 150, Vol 1, p.188.)[1] El Estado es la expresión, en el terreno de las superestructuras, de una determinada forma de organización social de la producción. Así, la conquista del poder y la afirmación de un nuevo mundo económico y productivo son inseparables y es de esta condición unitaria que surge la propia unidad de la clase que es, al mismo tiempo, política y económicamente dominante.

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Entrevista Antonio Rosa, fotógrafo

Salvador López Arnal

Salvador López Arnal

     Antonio Rosa es un trabajador de la sanidad, bregado y desprendido sindicalista, estudiante de enfermería y un excelente y laborioso fotógrafo con numerosas exposiciones a sus espaldas.

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Retóricas inhumanas

Marco Revelli

Retóricas inhumanas

Marco Revell.

Publicado en Sin Permiso

Ya está claro, la campaña electoral, el gobierno la hace así. Con la ostentación publicitaria de las expulsiones de los emigrantes. Con la evocación impúdica del apartheid. Con la exhibición de la dureza “sin contemplaciones” –es más, con la exhortación explícita a ser “malvados”- contra los emigrantes. En suma, poniendo sobre el tapete aquel recurso, poderosísimo en el plano emotivo y peligrosísimo en el civil, constituido por las “retóricas de lo inhumano”. Y precipitándonos así siempre más abajo, por la pendiente de la civilización y de los derechos sobre la cual, ya ahora desde hace años, pero últimamente con gran celeridad, Italia está deslizándose.

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De nuevo, el Antihumanismo. Italia como síntoma

Joaquín Miras Albarrán

De nuevo, el Antihumanismo. Italia como síntoma

Joaquín Miras Albarrán

 

El pasado domingo, 17 de mayo, se publicó en sin permiso digital un conmocionante artículo de Marco Revelli. Este prestigioso intelectual nos daba cuenta de la evolución ideológica que se está produciendo en la sociedad italiana, desde larga data, y partía, para hacerlo, del análisis de la campaña electoral en curso. La derecha italiana ha adoptado como principal motivo de agitación política el racismo sin rebozo, que se ha convertido en la base de su discurso político. Elabora una nueva legislación que sanciona el Apartheid y que excluye a los emigrantes extranjeros de la posesión de derechos civiles. Las leyes propuestas se fundamentan en el principio ideológico según el cual los emigrantes no pertenecen a la especie humana. Todo esto viene acompañado por la adopción práctica de medidas draconianas, policiales, contra la emigración, por parte del gobierno, medidas de las que el gobierno se jacta y hace alarde, mientras que invita a las fuerzas policiales a que se comporten con brutalidad. Revelli es pesimista y considera que la actual situación de crisis  económica y de grave deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos más desfavorecidos de la sociedad italiana, que han perdido, de facto, derechos civiles primarios, establece las condiciones para que este discurso prenda con fuerza, de forma masiva. Indicio para este pronóstico es que,  incluso, personalidades relevantes de las  fuerzas políticas progresistas asumen en parte ese discurso ideológico, u objetan con dudas y embarazos  la actitud de aquellos otros que tratan de enfrentarse resueltamente a él.

 

Revelli denomina a este nuevo, rampante, discurso político racista “retóricas de lo inhumano”, y nos recuerda que la primera consecuencia de estas retóricas es “deshumanizar en primer lugar a aquellos que las comparten”.

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