Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Por un multilateralismo no neoliberal

Raúl Zibechi

Tal vez la forma más adecuada de abordar algunos conflictos sociales que están sucediendo en nuestro continente, sea a través de una mirada de larga duración, como la que habitualmente ensaya el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein. No hacerlo así, implica correr el riesgo de atribuirlos a caprichos personales de algunos presidentes o a la particular irresponsabilidad de las empresas involucradas en esos conflictos. En efecto, varias de las situaciones más complejas para los movimientos sociales tienen en común dos hechos notables: forman parte de la nueva oleada neoliberal y se producen bajo gobiernos de signo progresista que buscan, de forma explícita, la construcción de un mundo multipolar. El ayuno del obispo brasileño Luiz Flavio Cappio contra la transposición del río San Francisco, la brutal represión contra los vecinos de Dayuma (Ecuador) que demandaban obras postergadas y el conflicto en torno a la fábrica de celulosa Botnia que enfrenta a los gobiernos de Uruguay y Argentina, reúnen ambas características señaladas. Similares consideraciones pueden hacerse respecto a los monocultivos de soja y caña de azúcar, así como las concesiones para la explotación minera en el área andina. Las obras que demanda la transposición del río brasileño de 2.800 kilómetros, se realizan con la excusa de llevar agua a 12 millones de nordestinos pobres que sufren escasez en la época seca. Pero diversos estudios mostraron que las faraónicas obras, cuyo costo se estima en algo más de 3.000 millones de dólares, beneficiarán sobre todo a los grandes empresarios del Nordeste que producen camarones, frutas nobles y etanol para el mercado internacional. La Agencia Nacional de Aguas y Energía propone una alternativa más barata para atender las necesidades de los pobres sin agua, consistente en 530 obras que abastecerían a 1.300 municipios de la región a un costo que es sólo la mitad del que demanda el desvío de las aguas del río San Francisco. Es la segunda vez que Dom Cappio realiza una huelga de hambre. La anterior fue en 2005 y la finalizó ante el compromiso de Lula da Silva de abrir un debate con la sociedad para evaluar las obras que liquidarían un río emblemático. Volvió a ayunar desde fines de noviembre porque en julio el gobierno envió a los militares a comenzar las obras. La Pastoral de la Tierra y muchos movimientos, entre ellos el MST, rodearon el ayuno de una amplia solidaridad. Llama la atención, e indigna, la reacción del gobierno. Durante dos semanas silencio absoluto. Pero el domingo 10, un artículo del ministro de Integración Nacional, Geddel Vieira Lima, publicado en Folha de Sao Paulo, acusa al obispo de “fundamentalista”, de “despreciar las instituciones” y de “terrorismo simbólico”. Vieira no es miembro del Partido de los Trabajadores (PT) sino del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), pero forma parte del gobierno Lula. En Dayuma, en la provincia de Orellana, la represión a los pobladores se justificó porque a raíz de la protesta social se paralizó la producción petrolera por unas horas. El gobierno progresista de Rafael Correa militarizó un conflicto social enviando al ejército que reprimió con brutalidad, decretó el Estado de Emergencia e impidió –amenazando con su renuncia- que la Asamblea Constituyente se ocupe del tema. Dayuma es una parroquia pobre, donde falta agua y luz, los suelos son infértiles por la contaminación y los campesinos sufren pérdidas por muerte de animales y daño de cultivos. En Uruguay, el gobierno de Tabaré Vázquez militarizó en su momento la zona donde está la multinacional finlandesa Botnia, para evitar manifestaciones de ambientalistas. Exacerbando el nacionalismo, cerró los puentes e instaló guardias policiales para impedir que los miembros de la asamblea ambiental de la ciudad argentina de Guyaleguaychú, cruzaran el río para manifestar su rechazo a la planta de celulosa que comenzó a funcionar el mes pasado. El modelo forestación-celulosa fue instaurado por los gobiernos neoliberales de los años 90, pero ha sido asumido por el actual gobierno progresista al punto que se estima que pueden instalarse entre tres y seis grandes plantas en los próximos años. En cada caso se justifican los emprendimientos con argumentos similares: nada puede poner en riesgo el desarrollo de nuestros países, entendiendo por desarrollo los megaemprendimientos que suponen crecimiento exógeno, basado en la exportación de commodities y materias primas que dejan poco y nada al país. Pero en los tres casos, se asiste a una criminalización de la protesta social porque se la considera –aunque no se lo diga siempre de modo directo- como un estorbo para los proyectos desarrollistas de esta segunda oleada neoliberal. El potente crecimiento económico de Brasil –dicen desde el gobierno- es un requisito para elevar al país y a la región toda al rango de potencia global, lo que permitiría acotar las vulnerabilidades y dar un paso hacia el multilateralismo en la región y en el mundo. En Ecuador, el multilateralismo queda en evidencia con el anuncio de Correa del traspaso de la base de Manta a China, y la puesta en marcha del eje Manta-Manaos que forma parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). En ese corredor carretero y fluvial juega un papel destacado el eje petrolero denominado ITT (en las provincias Napo y Pastaza) que sería entregado a las empresas Petrobras (Brasil), Sinopec (China) y Enap (Chile). Desde una mirada centrada en los movimientos sociales, un mundo multipolar es mucho más favorable que uno unipolar hegemonizado por los Estados Unidos. Este punto parece fuera de discusión. Sin embargo, lo que venga a raíz de la decadencia del imperio norteamericano, no será un paso adelante si forma parte del mismo modelo neoliberal contra el que los pueblos, organizados en movimientos, se pusieron en marcha. Para que el declive de la influencia de Washington favorezca a los sectores populares latinoamericanos, el lugar que sus multinacionales dejan vacante no deben ocuparlo otras empresas multinacionales (sean del país que sean), sino los estados en los que esos sectores pueden hacer pesar su vigilancia y su voluntad de cambios. En la década de los 90, nuestro continente fue invadido por multinacionales europeas que se beneficiaron de las privatizaciones. El desastre que provocaron no fue menor que el de las multinacionales yankis. Ahora aterrizan empresas chinas, indias, mexicanas y brasileñas. ¿Vamos a confiar en que esta vez no volverán a esquilmar nuestros recursos y humillar a nuestros pueblos? http://alainet.org/active/21200

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La Caverna de Platón

Frei Betto

En el libro 7º de La República Platón cuenta que Sócrates propuso a sus oyentes que imaginaran un grupo de prisioneros encadenados en una caverna, sin poder moverse nunca. Afuera hay una hoguera, cuyas llamas proyectan dentro de la caverna las sombras de quien pasa delante de la entrada. Los prisioneros, que nunca pueden volverse hacia el mundo exterior, creen que las sombras y el eco de sus voces son reales. El capitalismo, en sus inicios producía en función de las necesidades humanas. No se invertía en algo que el consumidor juzgara innecesario. La superproducción inventó la publicidad para invertir el proceso: ya no es el consumidor quien busca el producto, es el producto quien se impone al consumidor. El avance tecnológico y los diseñadores fomentan la mercancía descartable. No basta con tener una radio; es necesario tener la radio más nueva, de líneas atractivas, menor formato, capaz de funcionar con pilas. De ese modo, gracias a la publicidad, lo superfluo se convierte en necesario. En esta su fase neoliberal, en pleno auge de la posmodernidad, el capitalismo introdujo el mercado como supremo paradigma. Si en el período medieval el paradigma fue geocéntrico, y la fe figuraba como reina del saber; si en el período moderno el paradigma antropocéntrico hizo que la fe cediese su lugar a la razón; ahora el mercado no se interesa por la persona religiosa o racional, se interesa por la consumista. Y cuanta menos razón más emoción, lo que lleva al consumidor a contemplar embebido un nuevo computador o los vehículos expuestos en el Salón del Automóvil. Así el capitalismo llega a nuestro inconsciente. Ahora bien, de espaldas a la concretez de la existencia e indiferentes a su historicidad, tomamos las sombras por realidades. El sentido de la vida se traspasa de la fe (corazón) y de los ideales (razón) para centrarse en los objetos poseídos. Se vive en función de los bienes finitos. Hasta para el joven habitante de una favela el zapato tenis de marca es más importante que la escolaridad y que la formación profesional. La persona es lo que se tiene y se ostenta, no los valores y propósitos que asume. Las apariencias cuentan más que el ser, y aunque no sea cierto, tiene el socorro milagroso de la mercadotecnia para convencernos de que hace bien a la salud la bebida de soda que descalcifica, imprime seducción la cerveza que alcoholiza, da status el carro lujoso. ¡Y hasta merece la pena votar al político desvergonzado revestido de ética! Si los bienes finitos superan a los infinitos, y el deseo converge hacia el absurdo y no hacia el Absoluto, no es de extrañar que las frustraciones sean proporcionales a las ambiciones. Todos envidian el alpinismo de sus ídolos incensados por los medios de comunicación, aunque de ellos sólo conozcamos las sombras proyectadas en la pantalla de la televisión y de las revistas, pues estamos irremediablemente de espaldas a la puerta de la calle, convencidos de que el personaje representado por aquellos que exhiben fama, poder y riqueza es más real que sus mismas personas. (Traducción de J.L.Burguet) – Frei Betto es escritor, autor de “Tipos típicos”, entre otros libros. http://alainet.org/active/21303

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Más allá de la era del petróleo

Michael Klare

 (THE NATION – MORENO)

El profesor Klare, agudo analista de la geopolítica de los recursos naturales y crítico de los gobiernos de EEUU, esboza el panorama que se presenta al mundo, y en particular a EEUU, ante el inevitable fin de la era del petróleo tradicional, y barato. El pasado mayo, en una no proclamada y casi no percibida acción, el Departamento de Energía proclamó un giro fundamental, casi de época en la historia de EEUU y, en verdad, del mundo entero: nos estamos acercando al fin de la Era del Petróleo y entramos en la Era de la Insuficiencia. El departamento dejó de hablar de ‘crudo’ (oil) en sus proyecciones sobre la disponibilidad futura de petróleo, y comenzó a hablar de ‘líquidos’. El departamento indicó que la producción global de ‘líquidos’ aumentaría de 84 millones de barriles equivalentes de petróleo diarios (mboe en inglés, NdT) en 2005 hasta unos 117.7 mboe en el 2030 -apenas suficientes para satisfacer la demanda mundial, pronosticada en 117.6 mboe-. Además de sugerir el grado hasta el cual las empresas petroleras han dejado de ser meras suministradoras de petróleo y son ahora proveedoras de una amplia variedad de productos líquidos -incluyendo combustibles sintéticos derivados de gas natural, maíz, carbón y otras sustancias- este cambio sugiere algo más fundamental: hemos entrado en una nueva era de competencia intensificada por la energía y de confianza creciente en el uso de la fuerza para proteger las fuentes de petróleo de ultramar. Para apreciar la naturaleza del cambio, es útil hurgar un poco más a fondo en la curiosa terminología del Departamento de Energía. ‘Líquidos’, explica el departamento en su Perspectiva Internacional de Energía (International Energy Outlook) de 2007, abarca `petróleo’ convencional así como líquidos ‘no-convencionales’, notoriamente arenas bituminosas (bitumen), aceite de esquistos, biocombustibles, líquidos de carbón y líquidos de gas. Habiendo sido una vez un componente relativamente insignificante del negocio de la energía, estos combustibles han llegado a asumir mucha importancia ante la declinante producción de petróleo convencional. En realidad, el Departamento de Energía proyecta que la producción de líquidos no-convencionales se cuadruplique, saltando de unos 2.4 mboe por día en 2005 a 10.5 mboe en 2030. Pero la historia real no es el crecimiento impresionante en los combustibles no-convencionales sino el estancamiento en la producción de petróleo convencional. Mirado desde esta perspectiva, es difícil escapar a la conclusión que el cambio de ‘oil’ a ‘líquidos’ en la terminología del departamento, es un no tan sutil intento de disfrazar el hecho de que la producción mundial de petróleo está en, o cerca de, su capacidad pico, y que podemos esperar pronto una caída en la disponibilidad global de petróleo convencional. El petróleo es, por supuesto, una sustancia finita, y los geólogos han avisado desde hace tiempo que terminará desapareciendo. La extracción de petróleo, como la de otro recurso no renovable, seguirá una curva parabólica en el tiempo. La producción crece rápidamente al principio y luego gradualmente se hace lenta hasta aproximadamente la mitad de la fuente original se haya agotado.; en este punto se llega a un pico en la producción sustentable y la producción empieza una declinación irreversible hasta que se torna demasiado caro extraer lo poco que queda. La mayoría de los geólogos creen que hemos ya alcanzado el punto medio en el agotamiento de la herencia original de petróleo en el mundo, y el único debate real es sobre cuan cerca hemos llegado de ese punto, habiendo algunos expertos que pregonan que estamos ahora en el pico, mientras otros dicen que todavía estamos a unos pocos años o quizá a una década de llegar a él. Hasta hace muy poco, los analistas del Departamento de Energía estaban firmemente en el campo de los optimistas furiosos que clamaban que el pico del petróleo estaba tan lejos en el futuro que no era preciso pensarlo mucho. Dejando de lado el aspecto científico del asunto, la promulgación de esa visión tan rosa obviaba cualquier promoción de mejoras en la eficiencia del combustible para automotores o de urgir adelantos en el desarrollo de combustibles alternativos. Dada las prioridades de la Casa Blanca, no es de sorprenderse que esta visión prevaleciera en Washington. Sin embargo, en sólo los seis últimos meses los signos de un inminente pico en la producción de petróleo convencional han hecho imposible ignorarlos, aun a los conservadores analistas de la industria. Estos signos han venido, por un lado del mundo pacífico de las transacciones comerciales y fijación de precios, y por otro del análisis de los expertos internacionales en energía. Lo más dramático quizás, haya sido el aumento espectacular de los precios del petróleo. El precio del crudo liviano, dulce, cruzó la longeva barrera psicológica de los U$S 80 por barril en el New York Mercantile Exchange (NYMEX) por primera vez en septiembre, y desde entonces ha crecido hasta U$S 90. Muchas razones han sido mencionadas para el aumento de los precios del crudo, incluyendo conmociones en la región productora de petróleo del Delta en Nigeria, sabotajes en oleoductos en México, aumento de la actividad de huracanes en el Golfo de México y temores de ataques turcos a los santuarios de la guerrilla kurda. Pero la realidad subyacente es que la mayoría de los países productores de petróleo están bombeando a máxima capacidad y encuentran difícil aumentar la producción para enfrentar la creciente demanda internacional. Aun una decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de inflar la producción en 500.000 barriles por día, no logró parar el impulso alcista de los precios. Preocupados porque un aumento excesivo de los costos del petróleo disparara una recesión mundial y redujera la demanda de sus productos, los países de la OPEP acordaron, en una reunión en Viena el 11 de septiembre, aumentar su producción conjunta. ‘Pensamos que el mercado está un tanto alto’ explicó el ministro del petróleo kuwaití, Mohammad al-Olaim. Pero la movida logró poco para calmar el aumento de los precios. Claramente, OPEP tendría que emprender un mucho mayor crecimiento de la producción para alterar el entorno del mercado, y no está claro que sus miembros tengan la capacidad de hacerlo, ahora o en el futuro. Un signo de alerta de otro tipo fue provisto por la decisión tomada por Kazajstán en agosto de 2007, de suspender el desarrollo de la región petrolífera gigante de Kashagan, en su sector del Mar Caspio, iniciado en un principio por un consorcio de compañías occidentales a fines de los años 90. Se dijo que Kashagan es el proyecto petrolífero más promisorio desde el descubrimiento de petróleo en Prudhoe Bay, Alaska, a fines de los `60. Pero la empresa ha encontrado enormes problemas técnicos y todavía no ha producido un solo barril de petróleo. Frustrado por el fracaso de obtener algún beneficio económico del proyecto, el gobierno kazajo ha argumentado riesgos ambientales y excesos de costos para justificar la suspensión de las operaciones y pedir mayor opinión sobre el proyecto. Como el ascenso dramático en los precios del petróleo, el episodio de Kashagan es una indicación de las crecientes dificultades de la industria en su esfuerzo para impulsar la producción para enfrentar el aumento de la demanda. ‘Todas las compañías petroleras están peleando para hacer crecer la producción’ Peter Hitchens, de Teather & Greenwood, dijo al Wall Street Journal en julio. ‘Se torna más y más difícil llevar los proyectos en tiempo y dentro del presupuesto’. Que esta debilidad de la industria no es un problema temporario sino el síntoma de una tendencia de largo plazo, fue confirmado por dos importantes estudios publicados el verano pasado por organizaciones conservadoras de la industria. El primero de estos fue publicado el 9 de julio por la Agencia Internacional de Energía (IEA), afiliada de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, el club de las principales potencias industriales. Titulado ‘Informe del mercado petrolero en el mediano plazo’, es una evaluación llana de la ecuación global oferta-demanda en el período 2007-2012. La noticia no es buena. Prediciendo que la actividad económica mundial crecerá en promedio el 4.5 % por año durante este período -en gran parte impulsado por el crecimiento desenfrenado en China, India y el Medio Oriente- el informe concluye que la demanda global de petróleo aumentará un 2.2 % por año, empujando el consumo mundial de, aproximadamente 86 millones de barriles por día (Mbd) en 2007, a 96 mbd en 2012. Con suerte y nuevas inversiones masivas, la industria petrolera será capaz de aumentar la producción suficientemente como para satisfacer -apenas- la demanda más alta que se anticipa para 2012. Más allá de eso sin embargo, parece poco posible que la industria pueda sostener cualquier aumento en la demanda.’El petróleo parece estar muy justo en estos cinco años’ declaró la agencia. En la base de la conclusión general de este informe hay una cantidad de preocupaciones específicas. Lo más notable es que señala una declinación preocupante en el flujo de los campos más antiguos en los países no-OPEP, y la necesidad correspondiente de una mayor producción de los países OPEP, muchos de los cuales están localizados en áreas proclives a conflictos de Oriente Medio y Africa. Las cantidades involucradas conmueven. A primera vista parecería que sería una meta considerada razonable la necesidad de unos 10 Mbd extra entre 2007 y 2012, o sea 2 Mbd por día cada uno de los cinco años. Pero eso no toma en cuenta que hoy día el mundo necesita unos 5 millones extra: 3 para compensar la declinación en los pozos antiguos, más 2 millones de demanda adicional. Este es un desafío intimidatorio y posiblemente inalcanzable, especialmente si se considera que casi todo el petróleo adicional tendrá que provenir de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Argelia, Angola, Libia, Nigeria, Sudán, Kazajstán y Venezuela, países que no inspiran el tipo de confianza que se necesitará para verter centenares de miles de millones de dólares en nuevos trépanos, ductos y otras partes esenciales de infraestructura. Causas similares de ansiedad pueden encontrarse en el segundo estudio principal publicado en el último verano, ‘Enfrentando las duras verdades acerca de la energía’, preparado por el National Petroleum Council (NPC), una importante organización de la industria. Como se supone que presenta una visión ‘equilibrada’ del dilema de la energía nacional, el informe NPC fue ampliamente elogiado en Capitol Hill y en los medios; a su brillo se agregaba la identidad de su autor principal, el ex ejecutivo en jefe de ExxonMobil, Lee Raymond. Al igual que el informe IEA, el estudio de NPC empieza proclamando que, con la combinación correcta de políticas y mayor inversión, la industria es capaz de satisfacer la demanda de EEUU y del mundo de petróleo y gas natural. ‘Afortunadamente el mundo no se está quedando sin recursos energéticos’ afirma el informe corajudamente. Pero los obstáculos al desarrollo y distribución de esos recursos abundan, de modo que se requiere urgentemente políticas y prácticas prudentes. Aunque ‘no hay una única y fácil solución a los múltiples desafíos que enfrentamos’ los autores concluyen que ‘confiamos que la rápida adopción de estas estrategias’ permitirá a los Estados Unidos satisfacer sus necesidades de energía en el largo plazo. Sin embargo, al leer más profundamente el informe, surgen serias dudas. Aquí otra vez las preocupaciones surgen de las crecientes dificultades de extraer petróleo y gas de lugares poco favorables y de los riesgos geopolíticos asociados con la creciente dependencia de proveedores inamistosos e inestables. De acuerdo a NPC (usando datos tomados de IEA), se estima que se necesitarán, en los próximos 25 años, U$S 20 billones en nueva infraestructura para asegurar que estará disponible la energía suficiente para satisfacer la demanda mundial que se prevé. El informe afirma luego algo obvio: ‘Será necesario un clima de inversión estable y atractivo para atraer el capital adecuado para la evolución y expansión de la infraestructura energética’ Aquí es donde debería empezar cualquier observador astuto para alarmarse realmente, puesto que, como señala el informe, no es de esperar un clima así. A medida que el centro de gravedad de la producción mundial de petróleo se desplaza definitivamente hacia los países de la OPEP y los estados cuya producción está centrada en lo estatal, como Rusia, el mercado llegará a ser dominado más por los factores geopolíticos que por los mercantiles. ‘Estos corrimientos plantean profundas implicaciones para los intereses, estrategias y elaboración de políticas de EEUU’ afirma el estudio. ‘Muchos de los cambios esperados podrían elevar los riesgos de la seguridad energética de EEUU, en un mundo donde es probable que la influencia de EEUU decline a medida que el poder económico se desplaza a otras naciones. En los años venideros, las amenazas a la seguridad de las principales fuentes mundiales de petróleo y gas natural pueden empeorar’. Las implicaciones son obvias: los principales inversores no parece que vayan a expeler los billones de dólares necesarios para acrecentar sustancialmente la producción en los años venideros, lo que sugiere que la producción global de petróleo convencional no alcanzará los elevados niveles predichos por el Departamento de Energía, sino que afrontarán pronto una declinación irreversible. Esta conclusión lleva a dos impulsos estratégicos obvios: primero, el gobierno buscará aliviar los escrúpulos de los principales inversores en energía prometiéndoles proteger sus inversiones en ultramar por medio del despliegue de fuerzas militares estadounidenses; y segundo, la industria buscará contener su apuesta, desplazando una parte cada vez más grande de sus fondos de inversión hacia el desarrollo de líquidos no-petrolíferos. El nuevo ‘Consenso de Washington’ La necesidad de un rol militar vigoroso de EEUU en la protección de los activos energéticos en el extranjero, ha sido un tema principal de la política exterior norteamericana desde 1945, cuando el presidente Roosevelt se encontró con el rey Abdul Aziz de Arabia Saudita y prometió proteger el reinado en reciprocidad por el acceso privilegiado al petróleo saudita. En la más famosa expresión de este lazo, el presidente Carter afirmó en enero de 1980 que el flujo irrestricto de petróleo del Golfo Pérsico está entre los intereses vitales del país y que para proteger ese interés, los EEUU empleará ‘cualquier medio necesario, inclusive la fuerza militar’. Este principio fue citado posteriormente por el presidente Reagan como la razón para ‘reembanderar’ los buques tanques kuwaitíes con la enseña norteamericana durante la guerra Irán-Irak de 1980-1988, y protegerlos con buques de guerra norteamericanos, una actitud que llevó a esporádicos choques con Irán. El mismo principio fue invocado subsecuentemente por George Bush como justificación para la Guerra del Golfo en 1991. Considerando estos hechos pasados, es importante reconocer que el uso de la fuerza militar para proteger el flujo de petróleo importado ha gozado generalmente de amplio apoyo bipartidario en Washington. Inicialmente la visión bipartidista estaba enfocada fundamentalmente en el área del Golfo Pérsico, pero desde 1990 se ha extendido también a otras áreas. El presidente Clinton buscó ansiosamente establecer estrechos lazos militares con los estados de Azerbaiján y Kazajstán del mar Caspio, luego de la ruptura de la URSS en 1991, mientras que G. W. Bush ha buscado ávidamente aumentar la presencia de EEUU en las regiones productoras de petróleo de Africa, y llegando a favorecer el establecimiento de un Comando en Africa de EEUU (Africom) en febrero. Uno podría imaginarse que la actual debacle en Irak sacudiría este consenso, pero no hay evidencia que sea así. En realidad, parece que sucede lo contrario: temerosos, posiblemente de que el caos en Irak se extienda a otros países de la región del Golfo, las principales figuras de ambos partidos llaman a vigorizar el rol militar de EEUU en la protección del suministro de energía importada. Quizás la expresión más explícita de este consenso de élite es el informe de un grupo independiente, ‘Consecuencias de la dependencia de EEUU del petróleo sobre la seguridad nacional’, respaldado por muchos Demócratas y Republicanos prominentes. Fue publicado en octubre de 2006 por el bipartidario Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), encabezado conjuntamente por John Deutch, vicesecretario de defensa en la administración Clinton, y James Schlesinger, secretario de defensa en las administraciones de Nixon y de Ford. El informe advierte sobre los crecientes peligros que se ciernen sobre el fluir seguro del petróleo importado. Concluyendo que sólo los EEUU tienen la capacidad de proteger el comercio global del petróleo contra la amenaza de una obstrucción violenta, argumenta sobre la necesidad de una presencia militar fuerte de EEUU en las áreas claves de producción y en los senderos marinos que traen el petróleo extranjero a las playas norteamericanas. La toma de conciencia sobre este nuevo ‘Consenso de Washington’ sobre la necesidad de proteger las fuentes externas de petróleo con tropas norteamericanas, ayuda a explicarse muchos desarrollos recientes en Washington. Lo que es más relevante, echa luz sobre la posición tomada por el presidente Bush al justificar su determinación de retener una potente fuerza norteamericana en Irak, y sobre el por qué los Demócratas encuentran tan difícil oponerse a esa posición. Consideremos el discurso liminar sobre Irak del 13 de septiembre. ‘Si nos sacaran de Irak’ profetizó, ‘se envalentonarían los extremistas de toda clase…Irán se beneficiaría del caos y vería alentado en sus esfuerzos por obtener armas nucleares y dominar la región. Los extremistas podrían controlar una parte clave de la oferta energética global’ Y luego viene el golpe: ‘Cualquiera sea el partido político al que pertenece o cualquiera sea su posición acerca de Irak, deberíamos poder coincidir en que Norteamérica tiene un interés vital en prevenir el caos y proveer esperanza en Medio Oriente’. En otras palabras, en Irak ya no se trata de democracia o armas de destrucción masiva o terrorismo, sino de mantener la estabilidad regional para asegurar el flujo seguro de petróleo y mantener estabilizada a la economía norteamericana; era casi como si estuviera hablando a la multitud bipartidaria que apoyó el informe de CFR que citábamos. Es muy claro que los Demócratas, o por lo menos los principales Demócratas, encuentran extraordinariamente difícil rebatir este argumento de plano. En marzo, por ejemplo, la senadora Hillary Clinton dijo al New York Times que Irak está ‘justo en el centro de la región petrolera’ y por lo tanto ‘se opone directamente a nuestros intereses’ que se convierta en un estado fracasado o en un peón de Irán. Esto significa, continuó, que será necesario mantener indefinidamente algunas tropas de EEUU en Irak, para proveer apoyo logístico y entrenamiento a los militares iraquíes. El senador Barack Obama también ha hablado de la necesidad de mantener una presencia militar robusta en Irak y el área circundante. Así, mientras consideran adecuado el retiro de la mayoría de las brigadas de combate de EEUU de Irak, ha abogado por ‘una fuerza que pueda prevenir el caos en una amplia zona’. Dada esta perspectiva, es muy duro para los Demócratas desafiar a Bush cuando dice que se necesita una presencia militar ‘duradera’ de EEUU o cambiar la actual política del Gobierno, bloqueando una retirada militar importante o algún otro hecho imprevisto. Del mismo modo, será difícil para los Demócratas evitar un ataque norteamericano a Irán si se puede presentarlo como un paso necesario para prevenir que Irán amenace en el largo plazo la seguridad del suministro de petróleo en el Golfo Pérsico. Tampoco podemos anticipar un cambio dramático en la política de EEUU en la región del Golfo por parte del nuevo gobierno, ya sea Demócrata o Republicano. Si algo cambiara, podemos esperar un aumento del uso de la fuerza militar para proteger el flujo transoceánico del petróleo, a medida que el nivel de amenaza aumenta junto con la necesidad de nuevas inversiones para prevenir reducciones aun mayores en el suministro global. La carrera hacia los líquidos alternativos Aunque estén decididos a seguir expandiendo el suministro de petróleo convencional el mayor tiempo posible, los funcionarios del gobierno y la industria son conscientes que en algún punto estos esfuerzos se harán progresivamente más ineficaces. También saben que la presión pública para reducir las emisiones de dióxido de carbono -apaciguando la acumulación de gases de efecto invernadero que ocasionan el cambio climático- y evitar exponerse a un conflicto en Medio Oriente, aumentará en los próximos años. En consonancia, están poniendo mayor énfasis en el desarrollo de alternativas al petróleo que se consigan en el país o en el vecino Canadá. Este nuevo énfasis recibió por primera vez atención en el último Discurso a la Nación de Bush. Remarcando la independencia energética y la necesidad de modernizar las normas de economización de los combustibles, el presidente anunció un ambicioso plan para aumentar la producción doméstica de etanol y otros biocombustibles. El Gobierno parece favorecer diversos tipos de alternativas al petróleo: el etanol producido en hornos con maíz, un tipo de mijo u otros productos no alimenticios (etanol celulósico); diesel derivado en gran medida de poroto de soja (biodiesel); y líquidos derivados de carbón (carbón-a-líquido), gas natural (gas-a-líquido) y petróleo de esquistos. Todos estos métodos están siendo probados en laboratorios de universidades y plantas de escala reducida, y se aplicarán a instalaciones más grandes -en escala comercial- en los próximos años con la ayuda de varias agencias gubernamentales. En febrero, por ejemplo, el Departamento de Energía anunció subsidios por un total de U$S 385 millones para la construcción de seis plantas piloto para fabricar etanol celulósico que, cuando se terminen en 2012, producirán más de 130 millones de galones de etanol celulósico por año. (EEUU produce ya grandes cantidades de etanol cocinando y fermentando mazorcas de maíz, un proceso que consume grandes cantidades de energía y malgastan una valiosa materia alimenticia, para suplantar sólo una pequeña parte de nuestro consumo de petróleo; las plantas celulósicas propuestas usarían biomasa no comestible como materia prima y consumirían mucha menos energía). Igualmente ansiosas por desarrollar alternativas al petróleo están las grandes compañías energéticas; todas ellas han instalado laboratorios o divisiones para explorar las futuras opciones energéticas. La BP ha estado particularmente agresiva; en 2005 estableció la BP Energía Alternativa y apartó U$S 8000 millones para este propósito. En febrero pasado, en un nuevo giro, anunció un subsidio de U$S 500 millones -posiblemente el más grande de su tipo en la historia- a la Universidad de California, Berkeley, a la Universidad de Illinois y al Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley, para fundar un Instituto de Biociencias de la Energía con el fin de desarrollar biocombustibles. BP dijo que se espera que el instituto ‘explore la aplicación de la biociencia’•… (para) …’ la producción de energía nueva más limpia, principalmente combustibles para el transporte terrestre’. Casi todas las grandes compañías petroleras apuestan fuerte a las arenas bituminosas de Canadá -una sustancia viscosa, que se encuentra en la provincia de Alberta de Canadá, que puede convertirse en petróleo sintético- pero sólo con enorme esfuerzo y gasto. De acuerdo con el Departamento de Energía, la producción de betún canadiense aumentará de 1.1 millones de barriles equivalentes de petróleo (mboe) en 2005 a 3.6 mboe en 2030, un aumento que, se espera, será encaminado en gran parte a los EEUU. Esperando facturar de esta bonanza, las corporaciones gigantescas como Chevron se apresuran a comprar licencias en los campos bituminosos del norte de Alberta. Pero siendo atractivo desde una perspectiva geopolítica, la extracción de las arenas bituminosas de Canadá es ambientalmente destructiva. Requiere vastas cantidades de energía para recuperar el betún y convertirlo en un líquido útil, liberando tres veces más gases de efecto invernadero que el petróleo convencional; el proceso resultante intoxica las fuentes de agua y deja un desolado paisaje lunar para el mañana. Aunque rara vez figura en la prensa de EEUU, está creciendo en Canadá la oposición al daño ambiental que desatarían estas operaciones monumentales. Los factores ambientales también se destacan ampliamente en otra fuente potencial de líquidos codiciada por las empresas de energía de EEUU, con fuerte apoyo gubernamental: el petróleo de esquistos, líquidos petrolíferos extraídos de roca inmadura que se encuentra en la cuenca del río Green en el oeste de Colorado, el este de Utah y sur de Wyoming. Los geólogos del gobierno afirman que los esquistos en EEUU contienen el equivalente de 2.1 billones de barriles de petróleo- la misma cantidad que el stock original de petróleo en el mundo. Sin embargo, el único medio de recobrar este tesoro proclamado es destripar una vasta área virgen y calentar la roca a 500 grados generando, en el proceso, montañas de material de desecho. También aquí, se ha generado una creciente oposición al asalto masivamente destructivo del ambiente. Sin embargo, Shell Oil ha establecido una planta piloto en el condado Río Blanco, del oeste de Colorado, con fuerte apoyo del Gobierno Bush. La vida después del pico Tenemos ahora un retrato de la situación energética global después del pico del petróleo convencional, con tropas corriendo de una zona caliente productora de petróleo a otra, y una parte creciente de nuestro combustible para transporte terrestre provista por líquidos no petrolíferos de un tipo u otro. No se puede prever con precisión qué forma exacta tomará la futura ecuación de energía, pero es obvio que el arduo proceso marcará los debates de la política norteamericana, interna e internacional, por un largo período. Como lo sugiere esta breve evaluación, el paso del pico del petróleo tendrá consecuencias profundas y duraderas para este país, de no fácil solución. Encarando este futuro debemos, sobre todo, desechar las respuestas simples, tales como la ‘independencia’ energética basada en el pillaje de las áreas vírgenes remanentes en Norteamérica o la falsa promesa del etanol basado en maíz (que puede proveer sólo una ínfima fracción de los requerimientos de nuestro transporte). Por sobre todo está claro que muchos de los combustibles alternativos propuestos por el Gobierno Bush plantean daños significativos por sí, y deben ser examinados cuidadosamente antes de comprometer grandes cantidades de fondos públicos para su desarrollo. El camino más seguro y más moralmente defendible es repudiar cualquier ‘consenso’ que reclame el uso de la fuerza para proteger las fuentes del petróleo de ultramar, y esforzarse por conservar lo que queda del petróleo mundial, reduciendo su consumo. Michael Klare es Profesor estadounidense, especialista en temas de defensa, autor de los libros ‘Guerra por los Recursos’ y ‘Sangre y petróleo’.

Publicado en Argenpress: http://www.argenpress.info/

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Contra la desbandada de la izquierda

José Vidal-Beneyto

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 08/12/2007

Varios amigos me han criticado el efecto desmovilizador del análisis que he realizado en las cuatro últimas columnas sobre la regresión de la izquierda, regresión que es consecuencia del implacable desmantelamiento de las ideas y valores de progreso. Espero que esa consecuencia negativa haya sido muy limitada y que en cambio mi reflexión haya servido para poner de relieve algunas de las características para mí más perversas de la sociedad en que vivimos. En particular dominación total del individualismo posesivo, núcleo teórico capital de la derecha liberal y componente importante del social liberalismo que preside los programas económicos de los partidos que se siguen llamando socialistas y socialdemócratas y que se ha traducido en la consagración absoluta del dinero, el triunfo personal y el éxito social como únicos criterios válidos para juzgar a los seres humanos. Su consecuencia es la permanente celebración de las insignificancias de nuestros preciadísimos egos, la autoglorificación de nuestras hazañas profesionales y nuestro tan satisfactorio enclaustramiento familiar. Cada cual a lo suyo, siempre a lo suyo, sólo a lo suyo. Apostar a lo común, a lo de todos es un error que a nada conduce, revindicar lo colectivo es una perversión que acaba inevitablemente en represión y totalitarismo.

La reconquista de las posiciones de progreso no se sitúa hoy en el ámbito directamente político

A esta Vulgata del neoconservadurismo que los medios de comunicación nos venden en todas las esquinas, no se le puede ni oponer las victorias electorales de la izquierda, máxime cuando para obtenerlas habrá que haber hecho concesiones programáticas sustanciales, como la apoteosis sin restricción del social-liberalismo que llega hasta querer suprimir el impuesto sobre el patrimonio. La reconquista de las posiciones de progreso no se sitúa hoy en el ámbito directamente político y electoral, sino en el creencial y en el axiológico, en la esfera de los principios y de la ejemplaridad, para las que la coherencia entre decir y hacer, la fuerza de las ideas y la integridad de las prácticas es absolutamente determinante. Nadie puede escandalizarse de que José María Aznar haya puesto sus capacidades al servicio de las actividades especulativas del capitalismo financiero mundial, ni siquiera en su versión más abrupta, la de los fondos que se califican de basura, los hedge funds, a los que se ha vinculado con su incorporación a la Sociedad Centaurus. Ni tampoco de que Rodrigo Rato haya abandonado su posición rectora en el Fondo Monetario Internacional, tan importante para España, y se haya enrolado, evidentemente, con el único propósito de aumentar su patrimonio en el grupo Lazard, uno de los grandes especialistas mundiales en el montaje de operaciones de financiación especulativa. Pues estos comportamientos son menos incongruentes con las convicciones políticas de sus protagonistas que la función de consejo de las grandes empresas de nuestro país del antiguo ministro socialista de Economía Carlos Solchaga; y sobre todo que la práctica asesora que ejerce Felipe González, la figura más emblemática de la socialdemocracia española, para con el magnate de la comunicación Carlos Slim y uno de los hombres más ricos de América Latina así como las intervenciones que según la prensa, ha realizado a petición de éste a favor de algunos líderes políticos conservadores latinoamericanos como Vicente Fox.

Estamos, pues, en una situación que apela, por parte de la izquierda real, más que a acciones directas de política institucional, a un trabajo prepolítico que por una parte, refuerce los grupos de base y robustezca el movimiento social y, por otra, contribuya a la crítica ideológica y al lanzamiento de un nuevo frente doctrinal. Para ello hemos de apoyarnos en los autores que constituyen la vanguardia actual del pensamiento crítico galo. Entre ellos, el profundo y riguroso René Passet cuya crítica del neoliberalismo en su libro La ilusión neoliberal, Fayard 2000, o su reflexión sobre el socialismo posible en la publicación de la Fundación Jean Jaurès, La idea socialista, son hoy materiales imprescindibles. Sin olvidar el admirable La Haine de la Démocratie, La Fabrique 2005, del penetrante Jacques Rancière, la combatividad radical de Alain Badiou cuya formulación más ambiciosa la encontramos en L’être et l’évènement, Le Seuil, 1988 la iconoclastia teórica del filósofo de la ciencia Jacques Bouveresse que en su último estudio nos cura de los falsos consuelos de la fe Sur la vérité, la croyance et la foi, Agone 2007, que conjuntamente con las contribuciones de Robert Castel y de Daniel Bensaid, así como las de nuestros hermanos mayores Edgar Morin, Pierre Bourdieu, Claude Lefort, Castoriadis, etcétera, representan un utilísimo patrimonio de saberes, un impresionante corpus de teorías y propuestas.

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Neoliberalismo y lógica formal

Salvador López Arnal

     En un breve y sustantivo artículo titulado “El mercado y la verdad neoliberal”, publicado en noviembre de 2007, el reciente premio Nacional de Literatura de Guatemala, Mario Roberto Morales (MRM) apunta un conjunto de críticas a la lógica formal, a la que asocia con la ideología del neoliberalismo e incluso con el neopositivismo lógico. Pretendo matizar, también brevemente, algunas de sus afirmaciones

     1. Afirma MRM que el movimiento de lo concreto es el movimiento de lo real, distinto del movimiento del discurso. La lógica formal es una lógica del discurso y las tautologías o los silogismos son mecanismos lingüísticos válidos para determinar la corrección o incorrección de los postulados verbales lógicos. Es por ello un error extrapolar la lógica de su campo de operatividad y aplicarla al movimiento de lo concreto, de lo social, “y dar por sentado que si una frase no responde a la corrección lógico-formal, tampoco corresponde a la veracidad factual, concreta, social”.

     Me cuesta seguir la última afirmación, creo que algunas de las explicaciones son un pelín oscuras, pero en general es muy plausible la reflexión de MRM, quien añade a continuación: “Esta es la manera de "argumentar" de los neoliberales, amparados en el neopositivismo lógico”.

No sé yo, en cambio, si todos los neoliberales están amparados por el neopositivismo lógico, incluso no sé si esta expresión tiene hoy un sentido unívoco, pero, como MRM aceptará seguramente sin dudar un instante, hay neopositivistas lógicos que no son neoliberales, empezando por los fundadores, por Carnap, Schlick o Neurath, que no eran gentes de derecha precisamente, y, además, esa misma consideración sobre las limitaciones, las grandes limitaciones, de la lógica formal es defendida hoy mismo por filósofos y lógicos que no tienen nada que ver, incluso que no tienen mucha simpatía, por el neopositivismo lógico o, más en general, por la filosofía analítica. No creo que Tariq Ali, Mike Davis o Francisco Fernández Buey, por poner sólo tres ejemplos, reconocidos y admirados marxistas, tuvieran mucho que objetar a esa posición sobre el estrecho ámbito de la logicidad formal.

2. Por eso, añade MRM, sin que se entienda muy bien el uso de este “por eso”, siempre enarbolan una lógica bipolar de corrección-incorrección lógico-formal. Si MRM se refiere con este bipolar a los valores semánticos de las proposiciones, no siempre lo que prima es esa concepción. Las lógicas multivaloradas refutan esa precipitada conclusión y la consideración de varios niveles de corrección e incorrección estudiada por ramas de las lógicas no clásicas transitan por el mismo sendero.

3. De ello, sigue afirmando MRM, extraen los neoliberales nociones de veracidad y falsedad, razón y necedad en la esfera de lo social, lo político y lo económico. Quien no entra en esa esfera, está errado, concluye.

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Pequeños productores enfrían el planeta

Vía Campesina Internacional

PEQUEÑOS PRODUCTORES ENFRÍAN EL PLANETA

Las actuales formas globales de producción, consumo y mercado han causado una destrucción masiva del medio ambiente incluyendo el calentamiento global que esta poniendo en riesgo los ecosistemas de nuestro planeta y llevando a las comunidades humanas hacia desastres. El calentamiento global muestra el fracaso del modelo de desarrollo basado en el consumo de energía fósil, la sobreproducción y el libre comercio. Los campesinos y campesinas de todo el mundo unen sus manos con otros movimientos sociales, organizaciones, personas y comunidades para pedir y desarrollar radicales transformaciones sociales, económicas y políticas para invertir la tendencia actual. Los campesinos, especialmente los pequeños productores, son los primeros en sufrir los cambios climáticos. Los cambios en las estaciones traen consigo sequías inusuales, inundaciones y tormentas, destruyendo tierras de cultivo y las casas de campesinos. Más aún, las especies animales y vegetales están desapareciendo a un ritmo sin precedentes. Los campesinos tienen que acomodarse a nuevos patrones de clima, adaptando sus semillas y sus sistemas de producción habituales a una situación impredecible. Más aún, las sequías e inundaciones están llevando a fracasos en las cosechas aumentando el número de personas hambrientas en el mundo. Hay estudios que predicen un descenso de la producción agrícola global de entre un 3 y un 16% para el año 2080. En las regiones tropicales, el calentamiento global es muy probable que lleve a un grave declive de la agricultura (más del 50% en Senegal y del 40% en India), y a la aceleración de la desertificación de tierras de cultivo. Por otro lado, enormes áreas en Rusia y Canadá se volverán cultivables por vez primera en la historia humana, pero todavía se desconoce cómo estas regiones se podrán cultivar. La producción y el consumo industrial de alimentos están contribuyendo de forma significativa al calentamiento global y a la destrucción de comunidades rurales. El transporte intercontinental de alimentos, el monocultivo intensivo, la destrucción de tierras y bosques y el uso de insumos químicos en la agricultura están transformando la agricultura en un consumidor de energía, y están contribuyendo al cambio climático. Bajo las políticas neoliberales impuestas por la Organización Mundial del Comercio, los Acuerdos de Libre Comercio bilaterales, así como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la comida se produce con pesticidas derivados del petróleo y fertilizantes, y transportadas por todo el mundo para su transformación y consumo. La Vía Campesina, un movimiento que reúne a millones de campesinos y productores de todo el mundo, se declara que es tiempo de cambiar de forma radical nuestra forma de producir, transformar, comerciar y consumir alimentos y productos agrícolas. Creemos que la agricultura sostenible a pequeña escala y el consumo local de alimentos va a invertir la devastación actual y sustentar a millones de familias campesinas. La agricultura también puede contribuir a enfriar la tierra usando prácticas agrícolas que reduzcan las emisiones de CO² y el uso de energía por los campesinos. Por otra parte, los campesinos también pueden contribuir a la producción de energía renovable, especialmente mediante la energía solar y el biogás. La agricultura globalizada y la agricultura industrializada crean calentamiento global 1/ Por transportar alimentos por todo el mundo* Se transportan alimentos frescos y empaquetados por todo el mundo y no es raro ahora encontrar en Estados Unidos o en Europa frutas, verduras, carne o vino de África, Sudamérica u Oceanía; también encontramos arroz asiático en América o en África. Los combustibles fósiles usados para transporte de alimentos están liberando toneladas de CO2 a la atmósfera. La organización de campesinos suizos UNITERRE calculó que un kilo de espárragos importado desde México necesita 5 litros de petróleo para viajar por vía aérea (11´800 Km.) hasta Suiza. Sin embargo un kilo de espárragos producido en Ginebra solo necesita 0,3 litros de petróleo para llegar hasta el consumidor . 2/ Por la imposición de medios industriales de producción (mecanización, intensificación, uso de agroquímicos, monocultivo…). La llamada agricultura moderna, especialmente el monocultivo industrial, está destruyendo los procesos naturales del suelo (lo que lleva a la presencia de CO2 en la materia orgánica) y lo reemplaza por procesos químicos basados en fertilizantes y pesticidas. Debido sobre todo al uso de fertilizantes químicos, a la agricultura y ganadería intensiva y a los monocultivos, se produce una importante cantidad de óxido nitroso (NO2), el tercer gas de efecto invernadero con mayor efecto sobre el calentamiento global. En Europa, el 40% de la energía consumida en las explotaciones agrarias se debe a la producción de fertilizantes nitrogenados. Por otra parte, la producción agraria industrial consume mucha más energía (y libera mucho más CO2) para mover sus gigantes tractores para labrar la tierra y procesar la comida. 3/ Por destruir la biodiversidad (y sumideros de carbono) Este ciclo del carbono ha sido parte de la estabilidad del clima durante millones de años. Las empresas de agronegocios han destrozado este equilibrio con la imposición generalizada de la agricultura química (con uso masivo de pesticidas y fertilizantes procedentes del petróleo), con la quema de bosques para plantaciones de monocultivos y destruyendo las tierras pantanosas y la biodiversidad. 4/ Convirtiendo la tierra y los bosques en áreas no agrícolas Bosques, pastizales y tierras cultivables están siendo convertidos rápidamente en áreas de producción agrícola industrial, en centros comerciales, en complejos industriales, grandes casas, en grandes proyectos de infraestructuras o en complejos turísticos. Estos cambios causan liberaciones masivas de carbono y reducen la capacidad del medio ambiente de absorber el carbono liberado a la atmósfera. 5/ Transformando la agricultura de una productora a una consumidora de energía. En términos energéticos, el primer papel de las plantas y de la agricultura es transformar la energía solar en la energía contenida en los azúcares y celulosas que pueden ser directamente absorbidas en la comida o transformadas por los animales en productos de origen animal. Este es un proceso natural que aporta energía en la cadena alimentaria. No obstante, la industrialización del proceso agrícola en los últimos doscientos años nos ha llevado a una agricultura que consume energía (usando tractores, agroquímicos derivados del petróleo, fertilizantes…). Falsas soluciones Agrocombustibles (combustibles producidos a partir de plantas y árboles) se han presentado muchas veces como una solución a la actual crisis energética. Según el protocolo de Kyoto, el 20% del consumo global de energía debería provenir de recursos renovables para 2020, y esto incluye a los agrocombustibles. Sin embargo, dejando aparte la locura de producir comida para alimentar autos mientras muchos seres humanos están muriendo de hambre, la producción industrial de agrocombustibles va a aumentar el calentamiento global en vez de reducirlo. A cambio de una reducción pequeña y no probada (a excepción de la caña de azúcar) de algunos gases de efecto invernadero comparando con los combustibles fósiles, la producción de agrocombustibles va a aumentar las plantaciones intensivas de monocultivo de palma, soja, maíz, o caña de azúcar; va a contribuir a la deforestación y a la destrucción de la biodiversidad. La producción intensiva de agrocombustibles no es una solución al calentamiento global, ni va a resolver la crisis global en el sector agrícola El comercio de carbono En el protocolo de Kyoto y otros planes internacionales, el "comercio de carbono" se ha presentado como una solución para el calentamiento global. Es una privatización del carbono posterior a la privatización de la tierra, del aire, las semillas, el agua y otros recursos. Permite a los gobiernos asignar permisos a enormes contaminadores industriales de tal forma que puedan comprar el "derecho a contaminar" entre ellos mismos. Algunos otros programas fomentan que los países industrializados financien vertederos baratos de carbono tales como plantaciones a gran escala en el Sur, como una forma de evitar la reducción de sus propiasemisiones. Están siendo creadas de esta manera grandes plantaciones o áreas naturales de conservación en Asia , África, y América Latina, expulsando a comunidades de sus tierras y reduciendo su derecho de acceso a sus propios bosques, campos y ríos. Cultivos y árboles transgénicos Se están ahora desarrollando árboles y cultivos transgénicos para agrocombustibles. Los organismos genéticamente modificados no resolverán ninguna crisis medioambiental sino que por si mismos ponen en riesgo el medio ambiente, así como la salud y la seguridad. Estos árboles y cultivos transgénicos son parte de la "segunda generación" de agrocombustibles basados en la celulosa, mientras que la primera generación se basaba en distintas formas de azúcar de las plantas. Aun en los casos en los que no se usan variedades transgénicas esta "segunda generación" plantea los mismos problemas que la anterior. La Soberanía Alimentaría proporciona medios de subsistencia a millones de personas y protege la vida en la tierra La Vía Campesina cree que las soluciones a la actual crisis tienen que surgir de actores sociales organizados que están desarrollando modelos de producción, comercio y consumo basados en justicia, solidaridad y la comunidades saludables. Ninguna solución tecnológica va a resolver el desastre medioambiental y social. Solo un cambio radical en la forma en que producimos, comerciamos y consumimos puede dar tierras para comunidades rurales y urbanas saludables. La agricultura sostenible a pequeña escala, un trabajo intensivo y de poco consumo de energía, puede contribuir a enfriar la tierra: Asumiendo más CO2 en el suelo de manera orgánica a través de la producción sostenible (la producción extensiva de vacas y ovejas en pastizales tiene un positivo balance de gasinvernadero). Reemplazando los fertilizantes nitrogenados por agricultura ecológica y/o cultivando proteaginosas que capturan nitrógeno directamente del aire. Produciendo biogás de residuos animales y vegetales, con la condición de mantener suficiente materia orgánica en el suelo. Produciendo energía solar en todos los tejados agrícolas (con apoyo a la inversión para los pequeños campesinos)… En todo el mundo practicamos y defendemos la agricultura familiar sostenible y a pequeña escala y exigimos soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de las personas a los alimentos saludables y culturalmente apropiados producidos a través de métodos sostenibles y saludables, y su derecho a definir sus propios alimentos y sistemas de agricultura. Colocamos en el fundamento de los sistemas y de las políticas alimentarias las aspiraciones y necesidades de aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos, en lugar de las demandas de los mercados y de las multinacionales. La soberana alimentaria da prioridad a las economías y mercados locales y nacionales, dando el poder a campesinos y pequeños agricultores, a los pescadores tradicionales, a los pastores y a la producción, distribución y consumo de alimentos basada en la sostenibilidad ambiental, social y económica. Exigimos urgentemente a los encargados de tomar decisiones locales, nacionales e internacionales

1/ El desmantelamiento completo de las compañías de agrocombustibles. Están despojando a los pequeños productores de sus tierras, produciendo comida basura y creando desastres medioambientales 2/ El reemplazo de la agricultura industrializada por la agricultura sostenible a pequeña escala apoyada por verdaderos programas de reforma agraria 3/ La promoción de políticas energéticas sensatas y sostenibles. Esto incluye el consumo de menos energía y la producción de energía solar y biogás por los campesinos en lugar de la promoción a gran escala de la producción de agrocombustibles, como es el caso actualmente. 4/ La implementación de políticas de agricultura y comercio a nivel local, nacional e internacional, dando apoyo a la agricultura sostenible y al consumo de alimentos locales. Esto incluye la abolición total de los subsidios que llevan al dumping (competencia desleal) de comida barata en los mercados de exportación y el dumping de comida barata en mercados nacionales. Por los medios de subsistencia de millones de pequeños productores en todo el mundo, Por la salud de las personas y por la supervivencia del planeta: Exigimos soberanía alimentaría y nos comprometemos a luchar de forma colectiva para lograrla VIA CAMPESINA INTERNACIONAL

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Los iraníes saben que no hay nada peor que una guerra. Entrevista a Nazanin Amirian

Salvador López Arnal

“Los iraníes saben que no hay nada peor que una guerra”

Entrevista con

Salvador López Arnal

El Viejo Topo, diciembre 2007

Nazanin Amirian es una escritora e investigadora iraní afincada en Barcelona. Su último libro publicado Irak, Afganistán, Irán: 40 respuestas al conflicto del Oriente Próximo, Lengua de Trapo, mayo 2007- contiene, con sus propias palabras, “un montón de información alternativa a las perversas mentiras de los los yanquis & company”. La entrevista se realizó durante la primera semana de noviembre de 2007.

– Iran tuvo ya planes nucleares durante el régimen del Sha pero la opinión “occidental” era entonces muy distinta. El doctor Kissinger, premio Nobel de la Paz y entonces secretario de Estado norteamericano, afirmó que el programa iraní era muy conveniente para el desarrollo del país y para evitar su dependencia energética. ?

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Si los tiburones fueran hombres

Bertold Brecht

 

 

Brech, Bertold

-Si los tiburones fueran hombres –preguntó al señor K la hija pequeña de su patrona–, se portarían mejor con los pececitos?

-Claro que sí –respondió el señor K–. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones.

Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografía para localizar mejor a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.

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