Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Robespierre, o la derrota de la virtud

Joan Tafalla

Robespierre, o la derrota de la virtud.

Joan Tafalla Monferrer

Perder la batalla de 9 thermidor del año II de la Revolución Francesa ( 27 de julio de 1794) no ha favorecido en nada la fama, ni la suerte histórica de Robespierre. El fundador de la república democrática francesa, no tiene ninguna calle en el nomenclátor de Paris. El inventor del lema Libertad, igualdad, fraternidad, no tiene ninguna estatua ni monumento en la ciudad de las luces. Únicamente en Arras, su ciudad natal, recibe algún reconocimiento el personaje central de la Revolución Francesa. Thermidor convirtió a Robespierre en innombrable.

El cine tampoco ha sido clemente con nuestro personaje. En Danton, de Andrej Wajda, es pintado con todos y cada uno de los elementos negativos de la imagen construida tras el 9 thermidor. Sólo la breve aparición de Robespierre en La Marsellesa de Jean Renoir compensa esa imagen negativa. Pero ¿ quién ve hoy películas francesas de 1936?

212 años más tarde, quizás sea ya hora de nombrar a Robespierre más allá de la leyenda. Tarea difícil: luchar contra los tópicos es tarea comparable a la de Alonso Quijano con los molinos.

Un drama familiar que marcó una vida.

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Ideas y opiniones de un Nobel de física

Salvador López Arnal

Ideas y opiniones de un Nobel de física

Salvador López Arnal

Steven Weinberg,Plantar cara. La ciencia y sus adversarios culturales. Paidós, Barcelona 2003. Traducción de Juan Vicente Mayoral, 280 páginas.

No está en absoluto claro que las verdades objetivas no produzcan jamás esfuerzo moral: Copérnico y Galileo no han muerto, como Bruno, en la hoguera, pero han luchado y sufrido por verdades así. Y es que, al no haber demostrabilidad absoluta, también es necesaria una decisión para imponerse el modo de pensar -y aún más el de vivir- racional.

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Terratenientes: Pentágono y bases militares

Juan Gelman

27 de febrero de 2007

Parece increíble: uno de los terratenientes más grandes del mundo es el Pentágono.

Según cifras oficiales de 2005, sus 737 bases militares en todo el mundo más las que posee en territorio propio ocupan una superficie de 2.202.735 hectáreas.

ales datos figuran en el Base Structure Report ( BSR , por sus siglas en inglés, 2005), un inventario anual del Departamento de Defensa de EE.UU. que registra la proliferación de tales bases a partir del 2002.

El colonialismo, antes, consistía en la ocupación militar permanente de países enteros. Ya no.

El historiador Chalmers Johnson señala en Nemesis: The Last Days of the American Republic (Metropolitan Books, 2007) que las cifras del BSR no incluyen las 106 guarniciones estadounidenses instaladas en Irak y Afganistán desde mayo del 2005 ni las construidas en Israel, Qatar, Kirguizistán y Uzbekistán. Tampoco las 20 que las fuerzas norteamericanas comparten con tropas locales en Turquía, de propiedad del gobierno de Ankara, pero bases norteamericanas al fin.

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Roque Dalton, condenado por hereje

 Pablo Jofré Leal

Roque Dalton condenado por hereje

Pablo Jofré Leal

"Usted sabe: me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes."

Roque Dalton García nace el 14 de mayo de 1935 en San Salvador, El Salvador. Estudia derecho y antropología en las Universidades de El Salvador, Chile y México. Desde muy joven se dedica al periodismo y a la literatura, obteniendo diversos galardones en certámenes nacionales y centroamericanos. Publica sus primeros poemas en la revista Hoja (Amigos de la Cultura, San Salvador, 195! 6) y en Diario Latino de la misma ciudad. Por su militancia política, sufre cárceles y destierros. Vive emigrado en Guatemala, México, Cuba, Checoslovaquia, Corea, Vietnam del Norte y otros países. Muere asesinado por orden de sus ex-compañeros el 10 de mayo de 1975.

Roque publicó una vasta obra poética: Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1957), La Ventana en el rostro (México, 1961), El Mar (La Habana, 1962), El turno del ofendido (La Habana, 1962) Los Testimonios (La Habana 1964), Poemas (Antología, San Salvador, 1968), Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas, Cuba) (La Habana 1969), Los pequeños infiernos (Barcelona 1970). Entre sus ensayos se encuentran César Vallejo (La Habana 1963), El intelectual y la sociedad (1969), ¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha (La Habana 1970). Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972) y Las historias prohibidas del pulgarcito (México, 1974). Póstumamente se publica su novela Pobrecito Poeta que era yo (1981) y las obras poéticas: Los Hongos, Un libro levemente odioso (1989) y Contra ataque. Érase un hombre a su pluma y fusil atado Por Pablo Jofré Leal

El día 14 de mayo de 1935, nace en San Salvador, capital de la República de El Salvador, uno de los más brillantes poetas y ensayistas latinoamericanos, Roque Dalton García. Comprometido con la lucha de su pueblo, vivió las penurias, alegrías y las contradicciones de una época que marcó igualmente su muerte, a manos de sus propios compañeros en la guerrilla, el día 10 de mayo de 1975. Hace unos días, mi hijo mayor, demandó explicaciones respecto a su nombre. El por qué de el, de donde provenía tal manera de llamar a alguien. Por qué se llamaba Roque y no Juan por ejemplo. No tuve que e hacer mucha memoria para recordar a un poeta y su vida, que llenaron mis horas por largas jornadas y que influenció esta elección a la hora de dar un nombre significativo a este hijo que hoy interrogaba por su patronímico. Roque Dalton García es el nombre del ejemplo. Un hombre al cual podemos perfectamente, asimilar la paráfrasis de su propio homenaje a la muerte del Che. Roque Dalton es: ‘la encarnación de los más puro y lo más hermoso que existe en el seno de esa actividad grandiosa que nos impone nuestra época: la lucha por la liberación de la humanidad; la profunda lección moral y política de su vida y de su muerte forma parte inapreciable del patrimonio revolucionario de todos lo pueblos del mundo, y cuya desaparición física es un hecho irreparable para el cual no debemos escatimar lágrimas de revolucionarios; la actitud fundamental a que nos obliga su actual inmortalidad histórica es hacernos verdaderamente dignos de su ejemplar sacrificio’

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Manuel Sacristán: un marxista socrático

 Félix Ovejero Lucas 

Manuel Sacristán: un marxista socrático

Félix Ovejero Lucas

Sin excesivas simplificaciones se puede hablar de tres modos de hacer filosofía. Si se me permite, para entendernos, ponerles etiquetas “nacionales”, los podríamos llamar: el alemán, el anglosajón y el griego. Es inútil insistir en que no hay que tomarse muy en serio esas etiquetas geográficas: el pensamiento no tiene patria. No hay una manera “catalana” o “española” de pensar como no hubo una manera “alemana” de pensar. Y si en alguna ocasión algún historiador de las ideas se refiere a la “filosofía alemana” antes que aludir a unos rasgos que tengan que ver con la genética o con las “esencias nacionales”, remite a un conjunto de problemas, más o menos precisados, que ese es ya otro cantar- que ocuparon a una estela de autores que hicieron filosofía en Europa en los entornos y las estelas de la Revolución Francesa y que por obvias razones de facilidad comunicativa, o de dificultad, para ser exactos, quedan enmarcados a un espacio geográfico. En el siglo XX, la ausencia de nacionalidad adquiere un sentido más radical. No sólo es que los procedimientos y los problemas sean de todos, sino que también los foros están abiertos a cualquiera que tenga algo que decir. Hoy hablar de filosofía alemana empieza a ser tan poco sensato como hablar de física alemana y sus cultivadores, si se dan, serán, por lo general, dinosaurios intelectuales atentos a prebendas locales. La elección del “aislacionismo” es, desde hace tiempo, la elección de la ignorancia. Y, también, y por lo mismo, una elección moral, o mejor, inmoral. Lo que se da en llamar “filosofía francesa” –no la filosofía practicada por muchos filósofos franceses- es un ejemplo patético.

De modo que las etiquetas nacionales me sirven aquí tan sólo como un modo económico de remitir a problemas y maneras de hacer que han ocupado a los filósofos en distintos momentos de la historia. El primero, el “alemán”, es el filósofo en el sentido más clásico-especulativo: el filósofo poseedor de un SISTEMA, así, sin concesiones y con mayúsculas. Sistema que incluye o debería incluir, jerarquizadas de algún modo, pocas veces precisado, una metafísica, una estética, una ética y una epistemología. Además, se supone una coherencia entre esos géneros, todos ellos expresión del sistema que, de ese modo, se proyectaría en cada uno de ellos. El tipo de preguntas qué se hace “el filósofo alemán” es de largo aliento, del tipo “qué es el ser”, “cómo es posible la experiencia”. En la respuestas, por lo general, se hace uso de un lenguaje más o menos autorreferencial, que parte de las intuiciones, de la experiencia común de todos, no mediada “por las abstracciones” de la ciencia, para, mediante inferencias comedidamente arbitrarias, plagadas de supuestos implícitos, derivar la explicación desde unos principios generales, los principios del Sistema. El sistema, que puede prescindir del conocimiento científico, sin embargo, se muestra en condiciones de responder a todas las preguntas. Aunque, en el mejor de los casos, los términos de su andamiaje léxico se iluminan mutuamente, sin jerarquías conceptuales, como las piezas de un rompecabezas, el sistema parece entenderse como una suerte de conjunto axiomático, nunca formulado con claridad, capaz de generar “teoremas” en cualquier dominio. Sucede que, como los principios nunca son claros y distintos, se acaban por confundir con sus creadores. Para resolver el problema P parece que antes que hablar de las teorías T de X sobre P, teorías nunca definitivamente claras, hay que hablar con X. De hecho, no es imposible que los cultivadores (porque este genero propicia los feligreses) se pregunten “que pensaría o que piensa X de P”, donde X es el pensador en cuestión y P puede ser cualquier cosa, desde la mecánica cuántica hasta el Holocausto. No resulta exagerado comparar estas maneras de hacer con una religión, al menos, con las que nos resultan más próximas. Un sistema de esa naturaleza está mas allá de las posibilidades computacionales de cualquier cerebro humano. El criterio de avance es geológico: hay que averiguar que es lo que “realmente” piensa X, cual es el sentido más profundo de su sistema, que, de hecho, vienen a ser sus “intenciones últimas”. El procedimiento de trabajo habitual es hermenéutico, casi psicológico: hay de “interpretar” lo que el autor-Dios “realmente quería decir cuando dijo lo que dijo”. Repárese que si el sistema fuera parecido a una genuina teoría, este problema no existiría: simplemente habría que ver si lo que se discute es compatible, consistente o no, o ajeno, al sistema axiomático. Cuando hay que preguntar al teórico que es lo que piensa, es que la teoría no dice mucho. Si existe el sistema, el filósofo resulta innecesario. Si hay que llamar al filósofo, es que no hay sistema. En sus versiones dignas, este género está cultivado por pulcros historiadores de las ideas que se ocupan de filósofos muertos, en labores de corrección y pulimentado léxico, inventariando ambigüedades e intuiciones. En las otras, propicia en filósofo charlatán que, ante el laconismo de su teoría, está siempre presto a acudir a cualquier entrevista a “resolver” en persona el problema de la falta de elocuencia del sistema. Cuando el filósofo es un contemporáneo, lo mejor es invitarlo a dar una charla. Si ya no está entre los vivos, parece que el único criterio para resolver las disputas sería una suerte de médium que consiguiera obviar las dificultades. Bromas aparte, los intentos de resolver con “citas” los problemas contemporáneos, participan de pareja actitud mental.

El segundo tipo de filosofar, el que he llamado “anglosajón”, es el más contemporáneo. Por dos razones. En primer lugar, porque no se entiende sin la existencia de una comunidad investigadora internacional que, al modo de las comunidades científicas, trabaja sobre una serie de problemas compartidos, perfilados, y discute en unos foros (congresos, revistas) sobre esos problemas. En segundo lugar, porque ha estado asociado a la tradición analítica, el producto filosófico más genuino del siglo XX. No cuesta entender esa circunstancia conociendo su programa. Una vez la filosofía “decide” –que de eso va la filosofía analítica– abandonar “sus” problemas para concentrarse en el análisis de los diversos tipos de lenguajes (empíricos, normativos, artísticos), mal que bien, empieza a disponer de algún tipo de tribunal con el que tasar sus quehaceres. Se puede reconocer, por ejemplo, si cierto modelo de explicación es que se utiliza en física o si el predicado “bueno” se usa de cierta manera.

No ha de extrañar que en este caso la idea de progreso se parezca más al progreso científico, al menos en lo que, desde Kuhn, se ha dado en llamar periodos de “ciencia normal”, esto es, cuando se comparten las preguntas y las maneras de abordar las respuestas: un proceder geográfico, una investigación que avanza a partir de los resultados de los trabajos más recientes y con una lista de problemas públicamente compartidos, sin “inaugurar el mundo” cada mañana, que es lo que les gusta desayunar a los filósofos del primer grupo. Por ejemplificar con algunos de sus problemas: hoy sabemos más que a principios de siglo acerca de qué es una explicación funcional, de la idea de causalidad, de los requisitos de los conceptos métricos, de los que es un condicional subjuntivo o de las estrategias de argumentación de lenguaje moral. El modelo de este filosofar es el de la ciencia: el filósofo importa menos que su teoría. Se discute sobre una teoría formulada explícitamente, publicada en revistas. El filósofo puede tener intereses diversos (ahí están Nozick, Putnam, Mackie, Nagel), pero no aspira a tener una teoría que armonice sus reflexiones en distintos campos. Puede, por así decir, aportar en diversos ámbitos, como el que añade un teorema a un cuerpo de conocimiento disponible. Y, del mismo modo, que el físico es físico por horas, sin que, al salir del laboratorio, en su vida normal, para andar por la calle, le sirvan sus conocimientos de mecánica cuántica, el filósofo “anglosajón”, el filósofo profesional no tiene porque comprometer su vida con sus opiniones porque sus opiniones, por lo general, tienen poco que ver, en sentido fuerte, con “cómo vivir”. Se dan, por supuesto, gentes comprometidas, y también estrambóticas, pero eso, lo bueno o lo malo, salvo excepciones, poco o nada tiene que ver con su quehacer intelectual. Son “excentricidades”, desgajadas del “centro” de su actividad intelectual. Oxford y Cambridge tienen un amplia nómina de personajes de esa pasta.

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Una conferencia de Manuel Sacristán sobre el estalinismo

Manuel Sacristán Luzón

Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo”

Presentación, trascripción y notas de Salvador López Arnal.

Aunque se publicó por vez primera en 1990 en la revista barcelonesa mientras tanto, esta conferencia de Sacristán sobre el estalismo data de 1978. Diez años antes, pocos días después de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, en carta de 25 de agosto de 1968 dirigida a su amigo Xavier Folch, Sacristán comentada: “Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar./ La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves” [El subrayado es mío].

La lectora o el lector que lea treinta años después esta intervención de Sacristán -más teniendo en cuenta lo mucho que ha llovido y granizado desde entonces- no debería olvidar una serie de consideraciones para poder valorar mejor las informaciones, argumentos y posiciones defendidos por Sacristán en su intervención :

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La gira del etanol

Raúl Zibechi

La gira del etanol Raúl Zibechi La gira latinoamericana que el presidente George W. Bush emprendió esta semana puede trastocar la relación de fuerzas en la región, de modo particular en Sudamérica. El punto crucial es la visita a Brasil, donde el 8 y 9 de marzo Luiz Inacio Lula da Silva y Bush acordarán un vasto plan para la expansión de la producción de etanol a partir de la caña de azúcar. Luego, en Uruguay, el presidente estadunidense y Tabaré Vázquez consolidarán el acercamiento comercial por el que ambos gobiernos vienen trabajando hace más de un año. En Colombia, la visita puede contribuir a fortalecer al gobierno de Álvaro Uribe, que está empantanado por sus relaciones con los paramilitares, y a diseñar una política hacia el nuevo gobierno del ecuatoriano Rafael Correa, quien declaró que no renovará el convenio por la base militar de Manta, que resulta estratégica para el Plan Colombia. En Guatemala, donde se realizarán elecciones en septiembre, el posible triunfo de la premio Nobel Rigoberta Menchú es motivo de preocupación para Washington. Por último, la previsible inestabilidad política en el México de Felipe Calderón será uno de los temas con el que cerrará su gira. Cuando Bush y Tabaré Vázquez estén reunidos en la residencia presidencial de Colonia, a escasos 50 kilómetros, en Buenos Aires, Hugo Chávez encabezará un acto antimperialista que cuenta con el apoyo de Néstor Kirchner y de buena parte de los movimientos sociales de Argentina. Nunca había sido tan evidente la existencia de dos posiciones entre los gobiernos progresistas y de izquierda de la región. Pero en esta ocasión, pese a lo que proclaman los medios de la derecha, no se trata de ningún exceso de escenificación de Chávez ni una falta de tacto del venezolano. Por el contrario, la situación que provoca la gira de Bush justifica la realización de un acto que, en los hechos, no es sólo un repudio a Bush, sino una clara toma de distancia de Vázquez y Lula. La alianza entre Estados Unidos y Brasil para la producción de etanol es lo que explica la opción de Chávez a emplearse a fondo en un acto que va a disgustar a algunos socios del Mercosur. Brasil es el primer productor mundial de etanol, y con Estados Unidos controla 72 por ciento de la producción mundial. Pero mientras el etanol estadunidense, producido con maíz, tiene baja productividad y dispara el precio del alimento, la producción de caña de azúcar es cinco veces más eficiente y coloca al país sudamericano a la vanguardia mundial en la producción del energético. Un acuerdo de largo plazo con Brasil permitiría a Estados Unidos tres objetivos centrales: diversificar la matriz petrolera, reduciendo su dependencia de las importaciones de Venezuela y de Medio Oriente; debilitar a Venezuela y a sus aliados, y frenar la integración regional motorizada por los hidrocarburos que había cobrado vuelo en 2006. Este plan reaviva los mismos objetivos que tuvo que aplazar Bush en noviembre de 2005, cuando fracasó el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata. No es casual que Chávez haya criticado frontalmente el etanol como alternativa al petróleo. "Lo que Estados Unidos pretende es imposible. Para sostener con etanol su estilo de vida habría que sembrar con maíz cinco a seis veces la superficie del planeta Tierra", dijo en su programa semanal. Agregó que la expansión de los cultivos tendrá impacto sobre los alimentos, que serán más caros, sobre los suelos, que se degradarán más por el uso de agroquímicos, a la vez que fortalecerá "la tendencia al monocultivo para alimentar las plantas de etanol". Fidel Castro, en conversación telefónica con Chávez, dijo que "la idea de usar alimentos para producir combustibles es trágica, es dramática", ya que "nadie tiene seguridad de adónde van a llegar los precios de los alimentos cuando la soya se esté convirtiendo en combustible". Sus argumentos coinciden con las críticas de los movimientos sociales. A finales de febrero, un manifiesto firmado por varios movimientos latinoamericanos, entre ellos el MST de Brasil y Vía Campesina, sostiene que "el actual modelo de producción de bioenergía se sustenta en los mismos elementos que siempre causaron la opresión de nuestros pueblos: apropiación del territorio, de los bienes naturales, de la fuerza de trabajo". Pero lo que los dirigentes venezolano y cubano no podían decir en voz alta, por razones diplomáticas, lo dijeron los movimientos. El manifiesto señala que el acuerdo del etanol "es una fase de la estrategia geopolítica de Estados Unidos para debilitar la influencia de países como Venezuela y Bolivia en la región". En suma, se trata de boicotear la integración regional y obras tan importantes como el gasoducto del sur. Si consideramos que la actual coyuntura que vive la región es sumamente delicada es porque puede producirse una inflexión de larga duración que afectará tanto a los pueblos como a los gobiernos de izquierda. Hilando fino, el problema no es ni Bush ni Estados Unidos. Ellos hacen su juego, como siempre lo hicieron. Con el proyecto del etanol emerge una nueva-vieja alianza: la de las elites globales, que se expresa en algunos gobiernos de la región. Entre los principales promotores de la Comisión Interamericana de Etanol, lanzada en diciembre, figuran dos personajes claves: Jeb Bush, ex gobernador de Florida, a quien muchos acusan del fraude electoral que facilitó el acceso de su hermano a la presidencia en 2000, y el brasileño Roberto Rodrigues, presidente del Consejo Superior de Agronegocios de San Pablo y ex ministro de Agricultura en los primeros cuatro años del gobierno de Lula. Rodrigues fue el hombre del agrobusiness en el gobierno brasileño, está dispuesto a deforestar la Amazonia y a expulsar a millones de campesinos de sus tierras para acelerar la acumulación de capital. Los brasileños votaron por Lula, no por el tándem Bush-Rodrigues.

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Entrevista a John Berger

John Berger

‘En su intensidad vital o su tragedia, tales momentos incluyen las experiencias de una libertad en la acción. (La libertad sin acciones no existe.) Momentos así son trascendentales -como ningún »resultado’ histórico puede serlo, pues rozan lo eterno. Y aunque son frecuentes los momentos que contienen lo eterno de algún modo, casi todos ellos son extremadamente duros, y pueden implicar sacrificio, dolor, un dolor compartido, y fatigas, fatigas, fatigas, porque la vida es muy dura’

02-03-2007

Entrevista con el escritor inglés John Berger

‘Vivimos tiempos oscuros, pero las luces continúan’

 

Ramón Vera Herrera

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Sombras de la Inquisición

Frei Betto

Sombras de la inquisición Frei Betto Hoy es un día triste para mí. Me duele en lo profundo de mi corazón, en la médula de mi fe cristiana. El papa Benedicto 16, en vísperas de su primer viaje a América Latina, ha tenido un gesto que imprime un regusto amargo a todas las bienvenidas: condenó al teólogo jesuita Jon Sobrino, de El Salvador. Conozco a Sobrino desde hace mucho. Estuvimos asesorando a los obispos latinoamericanos en Puebla, en 1979, con ocasión de la primera visita del papa Juan Pablo 2º a nuestro continente. Participamos juntos en muchos actos, empeñados en alimentar la fe de las comunidades eclesiales de base que, hoy, convierten a América Latina en la región con mayor número de católicos en el mundo. Sobrino es acusado de que en sus obras teológicas no da suficiente énfasis a la conciencia divina del Jesús histórico. Se le prohíbe por tanto dar clases de teología, y todos sus escritos futuros deberán ser sometidos a previa censura vaticana. El parecer condenatorio de la comisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) parte, sin duda, de prejuicios. La lectura atenta de las obras de Sobrino revela que en ningún momento niega él la divinidad de Jesús. La niega el docetismo, herejía ya condenada por la Iglesia en los primeros siglos de la era cristiana, basada en la idea de que Jesús, de humano sólo tenía la apariencia, pues en todo lo demás era divino. Lo cual haría de la encarnación un embuste y daría alas a la fantasía de que en la Palestina del siglo 1º el hombre Jesús, dotado de omnisciencia, muy bien podía haber previsto el actual conflicto entre palestinos y judíos… Los evangelios muestran claramente que Jesús tenía conciencia de su filiación divina. Al contrario de sus contemporáneos, trataba a Yavé de manera muy íntima, cariñosa: Abba, ‘mi papá querido’, una rara expresión aramea -la lengua que Jesús hablaba-, según consta en el texto bíblico. Con todo, esos mismos evangelios muestran que Jesús, como todos nosotros, sufrió tentaciones, tuvo miedo a la muerte, lloró, experimentó la soledad, pidió al Padre que si era posible le apartase el cáliz de sangre; o sea, fue igual a nosotros en todo, como afirma Pablo en la carta a los Filipenses, excepto en el pecado, pues amaba como sólo Dios ama. Roma, sin duda, aún padece del platonismo impregnado en la teología liberal desde san Agustín. Habla de la divinidad como si fuese contraria a la humanidad. Pero la Creación divina es indivisible. Como dice Pablo: “En él (Dios) vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos de los Apóstoles 17,28). Bien dice Leonardo Boff al referirse a Jesús: “Tan humano así como él fue, sólo podía ser también Dios”. Nuestra humanidad no es la negación de la divinidad, así como no lo era la de Jesús. La divinidad es la plenitud de la humanidad y ésta es preanuncio de aquélla. “Somos de la raza divina”, afirmó Pablo a los atenienses (Hechos 17,28). Roma, que juega tanto con los símbolos, parece despreciar a América Latina al ignorar que Jon Sobrino vive en El Salvador, cuyo arzobispo, Oscar A. Romero, fue asesinado por las fuerzas de la derecha al celebrar misa en la capilla de un hospital en 1980. El próximo día 24 se conmemoran 27 años de su martirio. Sobrino vive en San Salvador, en la misma casa en la que, en 1989, cuatro sacerdotes jesuitas, más la cocinera y su hija de 15 años, fueron asesinados por un escuadrón de la muerte. ¿Cómo se va a renovar la Iglesia si sus mejores cabezas están bajo la guillotina de quien encuentra herejía donde hay fidelidad al Espíritu Santo? Hans Kung en 1975 y 1980; Jacques Pohier en 1979; E. Schillebeeckx en 1980, 1984 y 1986; Leonardo Boff en 1985; Charles Curran en 1986; Tissa Balasuriya en 1997; Anthony de Mello en 1998; Reinhard Messner en 2000; Jacques Dupuis y Marciano Vidal en 2001; Roger Haight en 2004. Ninguno de ellos, sin embargo, fue excomulgado, como pregonan los fundamentalistas católicos. Lo que hay tras la censura a Jon Sobrino es la visión latinoamericana de un Jesús que no es blanco ni tiene ojos azules. Un Jesús indígena, negro, moreno, migrante; Jesús mujer, marginado, excluido. El Jesús descrito en el capítulo 25 de Mateo: hambriento, sediento, harapiento, enfermo, peregrino. Jesús que se identifica con los condenados de la Tierra y dirá a todos que, ante tanta miseria, deben portarse como el buen samaritano: “Lo que ustedes hagan a uno de mis pequeños hermanos, a mí me lo hacen” (Mateo 25,40). – Frei Betto es escritor, autor de “Entre todos los hombres”, biografía novelada de Jesús, entre otros libros. (Traducción de J.L.Burguet).

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