Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El mal ejemplo del Papa

Leonardo Boff

La actitud del Papa Benedicto XVI está provocando justificadas iras entre las comunidades islámicas a causa de la infeliz cita de un emperador bizantino del siglo XIV, según la cual "Mahoma defendía cosas malas e inhumanas, tales como su orden de difundir la fe por la espada". Pero también causó escándalo y vergüenza a los cristianos. La citación es totalmente inoportuna. Sabe muy bien el Papa del enfrentamiento ahora existente entre el Islam y el Occidente que hace guerra a Afganistán y a Irak y que abiertamente apoya la causa israelí contra los palestinos, de mayoría islámica. En ese contexto la citación alinea el Papa a las estrategias bélicas del Occidente. ¿Como no irritarse contra esta actitud? Para nosotros cristianos, la actitud del Papa nos deja perplejos porque es de la esencia de la fe cristiana perdonar y rezar como el pobrecito de Asis:"donde hay ofensa que yo lleve el perdón". No queriendo perdonar, el Papa legitima a todos aquellos que no quieren pedir perdón ni en la vida cotidiana, ni a los negros que esclavizamos por siglos, ni a los sobrevivientes de los indígenas que diezmamos. Si el Papa no hace oficialmente un acto de disculpa, nos da un mal ejemplo. No cumple el mandato del Señor de "confirmar los hermanos y las hermanas en la fe". Pero su gesto no es aislado. Como Cardenal, se opuso a la entrada de Turquía en la Comunidad Europea por el simple hecho de que este país es mayoritariamente musulmán. Hace poco suprimió en el Vaticano la instancia que promovía el diálogo Cristianismo-Islamismo. En el documento Dominus Jesus de su autoría, del 15 de septiembre de 2000, uno de los textos más fundamentalistas de los últimos siglos, afirma que "la única religión verdadera es la Iglesia Romana Católica” y que "los seguidores de otras religiones objetivamente se encuentran, con referencia a la salvación, en una situación gravemente deficitaria". No tiene sentido encuentros con otras religiones porque "es contrario a la fe católica considerar la Iglesia como una vía de salvación al lado de otras". Con este trasfondo, no causa extrañeza su discurso en la Universidad de Ratisbona. ¿Sin embargo, no sería más digno del Papa pedir claramente perdón por las incomprensiones que provocó incluso involuntariamente? ¿Por qué no lo hace? Para entenderlo, se necesita comprender la ideología infalibilista que sigue vigente en el Vaticano y en general en la Iglesia. Según ella, el Papa no puede errar, aunque el dogma de la infalibilidad sea muy limitado. Afirma que el Papa es solamente infalible en situaciones bien delimitadas, gozando entonces, personalmente, de aquella infalibilidad que es de toda la Iglesia. Pero la ideología infalibilista atribuye de forma ilegítima infalibilidades a todas palabras del Papa. Si al pedir perdón, confiesa que erró lo que no es permitido por el infalibismo. Funciona en la cabeza del Papa Benedicto XVI el despotismo papal formulado ya en 1302 por Bonifacio VIII que rezaba:" para cada criatura humana es absolutamente necesario para su salvación estar sometida al Papa en Roma". Eso no fue abolido siquiera por el Concilio Vaticano II en 1964. Fue introducida en los textos una "Nota explicativa previa" donde se reafirma que el Papa puede siempre actuar "según su parecer personal" como nombrar obispos, establecer normas y establecer políticas eclesiásticas. En otras palabras: Un Papa puede autónomamente decidir todo; mil millones de católicos juntos no puede decidir nada. Ese absolutismo nos hace entender las razones del Papa para no pedir perdón. (Traducción del portugués: ALAI) – Leonardo Boff es teólogo.

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Una herramienta estratégica del MST

Roberto Aguirre

UNA HERRAMIENTA ESTRATÉGICA DEL MST Roberto Aguirre* Cuando las multinacionales se apropiaron de los recursos naturales y proponen una agricultura transgénica en manos de unos pocos, el MST plantea otro camino. El gobierno de Noruega está construyendo una de las reservas de semillas más grandes del mundo, con la intención de preservar la biodiversidad frente a la amenaza cada vez mayor de los cultivos transgénicos. Geoff Hawtin, miembro de la Asociación Global para la Diversidad de Cosechas, encargada del proyecto, explicó a la BCC que se trata de una “cámara acorazada para el día del juicio final”, ubicada en el archipiélago de Svalbard, a 996 kilómetros del polo norte. Mientras el país escandinavo se embarca en esta millonaria inversión digna de una película de Hollywood, en América Latina las cosas son un poco distintas. En el sur de Brasil en los asentimientos de Hulha Negra y Candiota, ubicados en Rio Grande do Sul, funciona desde hace diez años la Red Bionatur de Semillas, un proyecto encabezado por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) que apunta a preservar semillas agroecológicas en búsqueda de un modelo de agricultura alternativa. El MST nació hace más de veinte años, con el objetivo de ocupar y recuperar tierras para el sustento de sus familias. Su causa se fue expandiendo, convirtiéndose en el movimiento social más importante de Brasil y poniéndose a la cabeza de la lucha por la reforma agraria. Actualmente, mantienen más de 100 invasiones, al tiempo que negocian con el gobierno de Luis Inacio Lula Da Silva, una política agraria más inclusiva y sustentable. El tiempo y la ubicuidad del sistema les mostraron que la ocupación de tierras no era suficiente. Por eso se armaron de una red institucional para reproducir su modelo alternativo, que incluye a la Red Bionatur, formada en 1997. Su principal objetivo es luchar contra la privatización de la tierra y los recursos naturales, de la misma forma que contra las alteraciones genéticas y el modelo agrario imperante. En Brasil lo conocen como el agronegocio y es consecuencia de las políticas neoliberales que azotaron a América Latina en la década del ‘90. No alcanzó con la concentración de tierras, la precarización y expulsión de los campesinos. El mercado se lo deglutió todo. En pocos años hasta las semillas pasaron a ser un bien codiciado por las empresas internacionales, que mediante la alteración genética produjeron nuevas especies. Actualmente, las multinacionales Monsanto y Sygenta manejan casi el 100 por ciento del mercado de semillas transgénicas. Mediante un intrincado sistema de patentes, obligan a quienes usan sus productos a pagar por un bien que debería ser natural. Esta privatización de las semillas trae consigo varias consecuencias graves. En principio ecológicas, ya que se atenta contra la biodiversidad, y al interrumpirse ciclos naturales se producen sequías y agotamientos de las tierras. Según la FAO (Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) se perdieron tres cuartos de la diversidad de plantas alimenticias. Al mismo tiempo se produce una concentración de la tierra y del negocio del agro en pocas manos. Un caso paradigmático es el de Argentina y la soja, donde la introducción de la semilla RR (Roundop Ready) alterada por Monsanto, generó una expansión de la oleaginosa. La actual caja del “oro verde” no deja lugar a pequeños productores, que se ven aplastados por las grandes empresas exportadoras. Al mismo tiempo, Monsanto (de capitales estadounidenses) hace su fabuloso negocio: la particularidad de la soja RR es que tolera el glifosato, un potente agroquímico que mejora rendimientos y que la misma empresa fabrica. Finalmente hay una tercera consecuencia, que es la de la Soberanía Alimentaria. Hace varios años la FAO alentaba los cultivos transgénicos por su potencialidad de acabar con el hambre del mundo. Hoy se ve que no es así, sino que algunos alimentos pierden parte de su calidad nutritiva. Así lo demostró un análisis realizado por el Instituto Técnico de Educación e Investigación Agraria (ITEPA) del MST, otra de sus instituciones que busca poner a la ciencia al servicio de su causa. Este panorama llevó al MST a crear la Red Bionatur y el banco de semillas naturales, denominadas criollas. El “informativo do MST, campaña sementes año 2005” aclaraba que la red es “un instrumento fundamental para la construcción de un nuevo modelo de agricultura, pautado en la agroecología, reconstrucción del paisaje, promoción de la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos, y recuperación de la capacidad productiva de los suelos”. Como se ve, no se trata sólo de un proyecto de acumulación de semillas para su preservación, sino de reproducción de las mismas para la vuelta a una agronomía ecológica. El sistema funciona repartiendo esas semillas a los campesinos, que a la vez aprenden a aprovecharlas luego de la siembra para volverlas a recoger. Como bien aclara el documento anteriormente citado, la red intenta “promover y cultivar libremente la biodiversidad del planeta, oponiéndose a toda y cualquier forma de patentamiento de la vida.” El MST es ambicioso; ya no se trata de un objetivo individual sino universal. Para cambiar el agronegocio por el modelo agroecológico hace falta la posesión de semillas no alteradas genéticamente, cosa cada vez menos frecuente. Y no poder construir un gran freezer cerca del polo norte, no los aleja de tal empresa. El banco del MST es “en vivo”, esto quiere decir que las semillas se mantienen en condiciones naturales, con humedad y temperatura controladas y no congeladas. Al mismo tiempo se intenta depender cada vez menos de la agricultura artificial, los químicos y el monocultivo. Se siembra y se cosecha a mano y no se rotan los cultivos, sino que se plantan especies asociadas que se benefician entre ellas. Tampoco se utilizan pesticidas artificiales, sino que se fomenta el control biológico. Esto ayuda a descontaminar las tierras y reduce el peligro de intoxicación, muy frecuente en las precarias condiciones en que trabajan los campesinos. Actualmente Bionatur está presente en diversos municipios de Río Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, Minas Gerais y en fase de implementación en Mato Grosso, Goiás, Distrito Federal y Sergipe. Como dato de referencia, en la zafra 2004 se obtuvieron aproximadamente siete toneladas de semillas totalmente ecológicas de más de 90 variedades de plantas. Sin duda un éxito en la lucha del MST, que entendió que cuidar el patrimonio biológico y no dejarlo en manos del capital es una forma de empezar a cambiar las cosas. No en vano el coordinador nacional del movimiento, João Pedro Stedile, afirmó durante el festejo del 20 aniversario del movimiento: “Si perdemos el patrimonio de las semillas, de nada servirá que conquistemos la tierra y el capital”. (*) El autor de esta nota es alumno del Seminario “Periodismo en Escenarios Políticos Latinoamericanos” que actualmente dicta la Agencia Periodística del Mercosur (APM) en la Facultad de Periodismo y comunicción Social de la UNLP.

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Los muros de la emigración

Marcos Roitman

Los coyotes y las mafias trafican con carne humana. Las imágenes de subsaharianos en pateras tratando de alcanzar las costas canarias son un calco de camiones transportando salvadoreños, guatemaltecos o mexicanos, cuyo deseo es pisar suelo yanqui. Para unos Europa, para otros Estados Unidos. En ambos casos el ansia de vivir en una sociedad de consumo. Romper el círculo de la precariedad. Sin embargo, quienes se arriesgan no son los más pobres. Los que pagan a sus enganchadores poseen propiedades, animales de labranza o riquezas en hijas. De lo contrario no se pueden hipotecar, abandonar sus pueblos o ranchos. Es una decisión meditada. Africanos, asiáticos y latinos están preparados. Resulta curioso encontrarse con los "ilegales" de las pateras en los centros de acogida llamando por sus teléfonos móviles informando que han llegado bien. No son indigentes. Han vendido y han apostado con la muerte. Todo, menos quedarse. Es legítimo. Muchos hablan dos idiomas, efecto de la colonización inglesa, francesa o italiana. Otros son profesionales o jefes con poderes tribales. Pero se produce una ruptura con su entorno. Sus valores culturales se identifican con otro mundo, el del capitalismo agresivo o simple capitalismo que vende la televisión y proyecta una vida donde todo resulta color de rosa y las depresiones se solucionan en los centros comerciales. Los otros, los condenados de la tierra. Los pobres de solemnidad, los parias que viven la miseria no tienen como horizonte irse a Europa o Chicago, sufren la sobrexplotación del gamonal y los caciques locales. Son la solución cotidiana para las oligarquías, aportan el excedente en horas de trabajo impagado, en comercio injusto, en expolio de sus tierras comunales. Continúan bajo el ser del colonialismo interno. Les aplican leyes antiterroristas o simplemente les envían paramilitares. Los ejemplos con los pueblos indios en América Latina están a la orden del día. Qué decir en Africa, donde las compañías trasnacionales esquilman todo tipo de riquezas naturales, promueven guerras interétnicas y prueban en niños, mujeres y varones virus y bacterias para fármacos de última generación. Sin olvidar Asia, donde el gigante chino aplica la misma lógica en su dinámica de acumulación y crecimiento económico. Los que se quedan, desean pelear en sus países, no abandonan, resisten y se enfrentan con lo que tienen y como pueden. El resultado es una lucha desigual. Ejército invadiendo territorios, destruyendo aquí su temor. Lo malo es que no se les puede disuadir antes de su partida, hacerlo pondría en cuestión toda la iconografía del capitalismo. Es mejor que mueran en el intento o buscar soluciones aleatorias. Construir muros, sacar el ejército o instruirlos en sus países de origen de la imposibilidad del disfrute de los parabienes de la sociedad de consumo de masas. En otras palabras, decirles que en el capitalismo no todos podrán llegar a ser millonarios, tener éxito o ser banqueros. milpas, policías violando, matando y reprimiendo. Atenco, sin ir más lejos. Hoy por hoy, los defensores de la economía de mercado y el capitalismo se llenan la boca con la libertad y la libre circulación de mercancías. Incluso, existe para que el beneficio y el lucro circule libremente por todo el mundo. Se premia a los máximos exponentes de la ganancia. Sin embargo, lo único que no puede circular como mercancía libre en un mundo de mercancías es la fuerza de trabajo. Una legislación restrictiva por parte del capital la somete a condiciones de represión. Usted puede importar o exportar cualquier producto, incluso trozos del cuerpo humano: intestinos, corazones, hígados, páncreas, ojos o riñones. La OMC lo avala. Pero las personas no pueden emigrar libremente. El capitalismo lo impide, levanta muros. No entiendo el pánico de las elites políticas en Estados Unidos y Europa por evitar la entrada de nuevos migrantes. Más aún cuando no son comunistas ni terroristas. Se trata de gente adicta al capitalismo. Por sus venas corre la ideología del dinero, la ganancia, el sacrificio, el ascetismo ahorrador y el esfuerzo. La única peculiaridad: provienen de países pobres. Comparten la meta del capitalismo originario: convertirse en millonarios, en triunfadores. Quieren tener éxito. No les importa ser explotados y comenzar desde abajo. Pero los anfitriones piensan otra cosa, saben que no es real. No hay lugar ni riqueza para tanto Dentro del capitalismo el número de migrantes, legales o ilegales, tiene límites. Su racionalidad entra en crisis. Lo decía Celso Furtado en los años 60: la forma de vida que proyecta no es posible extenderla a toda la población, hacerlo supondría su colapso. Ese es el problema real. Explotados bajo el capitalismo, estén en Nueva York, Madrid, Barcelona, París o Berlín y sean o no emigrantes no tienen garantizadas las condiciones y calidad mínima de vida. Me refiero a salud, trabajo, educación, vivienda o jubilación. No de otra manera se entiende la gran revuelta en Francia. El capitalismo no resiste la prueba: sus principios teóricos no son compatibles con su práctica. La necesidad de frenar la entrada de migrantes se ha transformado en una necesidad perentoria si el capitalismo quiere sobrevivir como sistema. Sus olas migratorias están sometidas a un escrupuloso criterio de explotación y racionalidad. Más allá de ciertas cotas legales o ilegales, donde se incorporan negros, blancos, mestizos o amarillos, se convierten en un problema sin respuesta dentro de su dinámica de explotación. La actual avalancha de emigración evidencia la irracionalidad de la explotación capitalista del ser humano y de la naturaleza.

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Europa, ¿primer mundo?

Frei Betto

Europa, ¿primer mundo? Frei Betto ALAI AMLATINA, 25/09/2006, Sao Paulo.- ¿Europa Occidental ya alcanzó el techo de su bienestar? ¿Cuál es el futuro de un viejo continente que ya no produce ciencia y tecnología y transfiere sus industrias a países pobres en que la mano de obra es más barata? La impresión es que Europa se estancó. Que sólo se preocupa por preservar su confort. Que perdió la ilusión de la utopía, el vigor intelectual, la densidad de la fe. ¿Qué se hizo de los valores cristianos en esa sociedad que exalta la competitividad por encima de la solidaridad, y que invierte millones en biogenética y cosméticos, indiferente al sufrimiento de cuatro mil millones de seres humanos que, según la ONU, viven por debajo de la línea de la pobreza? ¿Por qué causan tanto miedo los inmigrantes? ¿Son terroristas en potencia? ¿Quién colonizó sus tierras y chupó sus riquezas minerales y naturales, dejando tras de sí un rastro de miseria y dolor? ¿Por qué Europa Occidental mira a América latina a través de la óptica del prejuicio? ¿Chávez y Morales no fueron elegidos, como Lula, democráticamente? ¿Por qué ustedes, los europeos, no se levantan contra el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba y el uso de la base naval de Guantánamo como cárcel clandestina de supuestos terroristas? ¿Por qué los templos católicos europeos parecen acoger más turistas que fieles? El futuro del cristianismo ¿estará acaso en movimientos que exigen al fiel privarse de su conciencia crítica, abrazar el puritanismo y una espiritualidad típica de fermento fuera de la masa? ¿Por qué se movilizan tantos europeos contra enfermedades (sida, cáncer…), accidentes (de tránsito y de trabajo) y violencias (terrorismo, guerra, homicidios…), pero se muestran indiferentes ante el principal factor de muerte precoz, el hambre? ¿Por qué los europeos parecen preferir la seguridad a la libertad, y son tan condescendientes con la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos, que busca la paz mediante la imposición por las armas? ¿Por qué no prefieren la propuesta de Isaías, de construir la paz como fruto de la justicia (32,17)? ¿Qué futuro desean los cristianos europeos para Europa y para el mundo? ¿El perfeccionamiento del sistema capitalista u “otro mundo posible”? ¿Qué signos se dan hoy de solidaridad efectiva de los cristianos europeos con los pobres de África, de Asia y de América Latina? Raíces indígenas Es un error considerar América a partir de los últimos 500 años. Más que los vestigios dejados por la colonización ibérica, es el pasado de Amerindia lo que mejor traduce nuestra identidad. Relegar al olvido las raíces indígenas de América es una manera cínica de tratar de encubrir el genocidio cometido por la empresa colonizadora. Si hay una realidad trágica en la que cabe emplear acertadamente el término “holocausto” es en América. Durante el primer siglo de la colonización fueron asesinados millones de indígenas. En nombre de la civilización y de la fe cristiana… En el mensaje de los obispos del Brasil con ocasión de los 500 años de evangelización, ellos reconocen que “la nación brasileña no puede identificarse sólo con sus últimos 500 años de historia. Cuando llegaron aquí, los portugueses encontraron habitantes en estas tierras, una multiplicidad de pueblos, de orígenes y de lenguas diversas”. “Los pueblos indígenas tuvieron una influencia importante y activa en la formación del pueblo brasileño, aunque ella sea poco conocida y reconocida por la mayoría de los brasileños de hoy, que aún a veces todavía mantienen una actitud despreciativa hacia los indios. Por el contrario, queremos recordar y reafirmar: hace ahora 500 años que el Evangelio de Jesucristo llegó a nuestras tierras. Pero ya había una presencia del Dios vivo entre los pueblos que habitaban aquí. El mensaje cristiano iluminó más claramente los signos de la presencia de Dios en las criaturas y reforzó, por la ley del amor fraterno, la conciencia moral y las virtudes tradicionales de los pueblos indígenas”. “Mucho más graves que las dificultades que todavía hoy persisten en lo tocante al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas son las violaciones de esos derechos realizadas por los “conquistadores” lusitanos, llegando al exterminio de una parte relevante de dichas poblaciones”. El etnocentrismo europeo, todavía ahora, impide que América sea reconocida en su identidad, en su cultura, en sus valores. Hubo, desde luego, excepciones laudables, como Bartolomé de las Casas, Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba, Padre Vieira y otros. Pero la postura de éstos da la impresión de que es poco comprendida por los europeos y por aquellos que, en América, tienen una mentalidad europeizada. En el siglo 16 Europa ya había asimilado a Aristóteles y, en efecto, había puesto fundamentos racionales a la teología (Tomás de Aquino) y a la política (Maquiavelo). Como todo punto de vista es la vista a partir de un punto, los europeos encararon su actuación en el Nuevo Continente mediante la óptica del prejuicio. No fueron capaces de captar la consistencia y la profundidad del saber indígena, las dimensiones teológica y pastoral de sus creencias, los avances civilizatorios (comparables a los europeos) de las comunidades urbanas. Lo diferente apareció como divergente, lo extraño como amenazador, lo inusitado como maldición. Hasta el punto de que los teólogos europeos se llegaron a preguntar si los indígenas tenían alma, para así justificar el genocidio (Ginés de Sepúlveda), pues se sabía que practicaban el canibalismo. Ahora bien, en Francia, el día de San Bartolomé de 1572, Jean de Léry, que vivió en Brasil entre 1556 y 1558, presenció escenas de canibalismo que superaba lo que había visto entre nuestros indios. En su Histoire d’un voyage fait en la terre du Brasil, publicado en 1578, describe haber presenciado subastas, en Lyon y en Auxerre, donde se vendía el sebo humano y el corazón asado a las brasas de las víctimas protestantes del fundamentalismo católico… Al menos la antropofagia de los indios era un ritual. Por lo cual escribe: “Lo que se practica entre nosotros… En buena y sana conciencia creo que exceden en crueldad a los salvajes… Entre otros actos de horrenda recordación, ¿no fue el sebo de las víctimas masacradas en Lyon mucho más bárbaramente que lo que hacían los salvajes, vendido en pública subasta y adjudicado al mejor postor? El hígado y el corazón, y otras partes del cuerpo de algunas personas, ¿no fueron comidos por furiosos asesinos, de lo que se horrorizan los infiernos? … No abominemos mucho, pues, de la crueldad de los salvajes antropófagos”. ¿Europa civilizada? Se habla del atraso de América latina, de la pobreza que condena a una vida indigna a cerca de 200 millones de habitantes, de un total de 500 millones, de las masacres de campesinos en Guatemala y de los niños de la calle en Brasil. ¿Pero qué representa eso ante la mortandad de las dos grandes guerras mundiales, que tuvieron a Europa como escenario, el lastre de miseria y genocidio dejado por los europeos en sus excolonias de África, o las actuales relaciones comerciales injustas entre el Norte y el Sur del mundo? No hay nadie más culto que otro, enseña Paulo Freire. Existen, sí, culturas distintas, paralelas y socialmente complementarias. El saber de un teólogo es un patrimonio tan importante como el de una cocinera. La diferencia está en que la escolaridad del primero le otorga una excelencia que el prejuicio social niega a la mujer de la cocina. Sin embargo es bueno recordar que ella es capaz de vivir sin el saber del teólogo, pero éste no sobrevive sin la cultura culinaria de ella… Hay otro principio pedagógico que Europa no ha sido capaz de absorber: la cabeza piensa donde pisan los pies. O sea, el mismo ojo teológico no enfoca del mismo modo la misma realidad, si mantiene los pies en el mundo del colonizador o en el mundo del colonizado. Las Casas quizás no hubiera sido capaz de reconocer la dignidad de los indígenas si de adolescente no hubiese convivido en Sevilla con el indicito que su padre, piloto de Colón, le trajo como regalo del Caribe… El eurocentrismo es la enfermedad senil de una cultura que se apartó de la realidad y, por tanto, cuyo universo está colocado por encima de la vida real. Fue en la Alemania de Kant, de Beethoven y Einstein donde Hitler encontró el caldo de cultivo que desembocó en las atrocidades del nazismo. Portugal tuvo a Salazar, Italia a Mussolini, España a Franco: todos ellos con las bendiciones cómplices de la Iglesia Católica. Y hoy, ¿puede decirse que Europa Occidental es el espacio por excelencia de la democracia? ¿Por qué Europa mira con tanta suspicacia a Cuba -cuyos avances en salud y en educación fueron elogiados por Juan Pablo II en su viaje de 1898-, así como a los gobiernos de Chávez, en Venezuela, y de Morales, en Bolivia, apoyados por una amplia mayoría de la población? Tony Blair, con su respaldo a la agresión imperialista de Bush -en Afganistán, en Irak y en el Líbano- ¿es ejemplo de democracia? Y la indiferencia de los gobiernos europeos ante el deterioro de las condiciones sociales, económicas y políticas de África, ¿es ejemplo de democracia? ¿Cómo hablar de democracia cuando los extranjeros son considerados intrusos y los musulmanes terroristas virtuales? (Traducción de J.L.Burguet) – Frei Betto es escritor, autor de “La Obra del Artista. Una visión holística del Universo”, entre otros libros..

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¿Ontología?

Josep Traverso

            El 13 de Noviembre del año pasado, el amigo Joaquín Miras escribía un correo dirigido a Salvador López Arnal felicitándolo por la edición del libro de Manuel Sacristán Seis Conferencias que había corrido a su cargo. Lo felicitaba por el libro y le proponía discutir sobre algo que aparecía en una de las conferencias del citado libro, la dedicada a Lukács (Sobre Lukács), pensar sobre un “asunto que ya hace mucho me ronda por la cabeza y que ha vuelto a planteárseme otra vez ahora”, el tema en cuestión es la ontología y sobre si “se necesita tal artefacto para reconocer la objetividad”.

            Joaquín parece compartir la idea expresada por Sacristán en dicho libro, en el sentido de la no necesidad de un “artefacto ontológico” para reconocer y conocer la objetividad aunque la substitución que Sacristán propone de la ontología por la ciencia le parece peligrosa y deficiente en cuanto podría justificar la presencia de técnicos (élites) interpuestos entre nosotros y la realidad. Acaba Joaquín proponiendo para este reconocimiento de la realidad un estatus parecido a la “doxa”, un saber inmediato, contingente, “oportunista”, el sentido común gramsciano.

            Que yo sepa, el envite de Joaquín no tuvo respuesta, él mismo parecía predecirlo afirmando “que el tema está aún lejos del sentir de los políticos y los filósofos”. Comparto esa extrañeza con dos matizaciones, la primera referente a que “el lugar filosófico” donde Joaquín propone discutir ha sido centro del pensar de algunos de los grandes filósofos del siglo XX y una segunda matización que propone sacar rendimiento de esa lejanía, en el sentido  que ya expresa algo de lo que somos en este momento. Me ha parecido interesante escribir estas notas aunque sólo sean un comentario sobre la conferencia ya citada porque también creo fundamental, en estos momentos, abrir de verdad ese debate proponiendo cuestiones concretas sobre lo cotidiano, sobre lo político que despejen el terreno, porque no puede ser de otra manera, y no cerrarlo anticipadamente en la divergencia expresada por los partidarios de la “intuición oportunista” por una parte y los “tecnólogos ontológicos” por otra.

            Vamos ahora  a la conferencia Sobre Lukács que parece estar en el origen de toda esta cuestión, se trata de una conferencia pronunciada por Sacristán a finales de abril de 1985 en la librería Leviatán y ante un auditorio mayoritariamente joven y revolucionario. Seguramente, la categoría que predomina en la disertación es ambivalencia, “lo que Lukács nos deja es muy ambivalente”, así, por ejemplo, se constata en el terreno político, junto a su independencia como intelectual su excesiva flexibilidad, su estar “demasiado atento a las necesidades de disciplina del momento.” La conferencia acabará centrándose en aquello que Sacristán considera más interesante, el último Lukács y especialmente su pensar político que corresponde a la segunda mitad del decenio de los sesenta, Lukács murió en el verano del 71; abundan las referencias al libro Conversaciones con Lukács de Abendroth, Kofler y Holz, que recoge el pensamiento del autor en esta misma época.

            Referente al tema que separa a Sacristán de Lukács, la necesidad de una ontología, aquel afirma que, en las conversaciones citadas, “Lukács no se olvida de poner fundamentos filosóficos a lo que va a decir políticamente y el principal fundamento filosófico que pone aquí, en esta entrevista, y luego en esa Ontología póstuma, es afirmar que hay que poner un fundamento ontológico a la política y a la ciencia social en general.”[1]

            Esto vendría a significar que sin negar la lucha de clases, sin negar el posicionamiento de las clases, Lukács afirma una objetividad existente e irrenunciable. Sacristán refleja claramente la ambivalencia con la que juzga el legado del filósofo húngaro; “al decir que tiene que haber un plano ontológico en el pensamiento marxista yo comprendo que Lukács está defendiendo que tiene que haber un criterio de objetividad para examinar las cuestiones teóricas y científicas. Pero, en lo que me separo de él, es que a mí me parece que después de la Edad Media y terminado el poder, la tiranía de la teología cristiana sobre la filosofía, no hay por qué considerar que la base objetiva ha de ser ontología. Basta con decir que ha de ser ciencia empírica, ciencia real, sin necesidad de ir a una metafísica para fundamentar.”[2]

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Alocuciones radiales de Salvador Allende en la mañana del 11 de septiembre de 1973

Salvador Allende

Alocuciones radiales del 11 de Septiembre de 1973. Las primeras emitidas por Radio Corporación. La última por Radio Magallanes.

7:55 A.M. RADIO CORPORACIÓN

Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva , de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero Presidente de la República.

8:15 A.M.

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Socialismo del siglo XXI: ¿Qué es el socialismo?

Michel A. Lebowitz

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: ¿QUÉ ES EL SOCIALISMO? Por Michel A. Lebowitz.

1. En el Siglo XIX, aunque no se habían desarrollados sus detalles, el principio básico del socialismo estaba claro: el socialismo era una sociedad en la cual la naturaleza de las relaciones sociales y de los derechos de propiedad permitirían el pleno desarrollo del potencial humano. Después de los distintos ensayos acontecidos durante el Siglo XX, las cosas se tornaron, sin embargo, más confusas. Por lo tanto, si vamos a construir el socialismo del siglo XXI, es esencial aprender de las lecciones del siglo pasado para volver a tener claridad sobre el tema.

Lo que el socialismo no es

2. A menudo, la mejor forma de entender algo es entender lo que esto no es.

3. El socialismo no es una sociedad en la cual las personas venden su mano de obra y son dirigidos desde arriba por otros cuyas metas son las ganancias más que la satisfacción de las necesidades humanas. No es una sociedad en la cual los dueños de los medios de producción se benefician dividiendo a los trabajadores y a las comunidades para bajar los salarios e intensificar el trabajo –es decir, para ganar más incrementando la explotación–. No es un sistema donde no se toma en cuenta a los campesinos, a los desempleados, y a los excluidos y dónde la única lógica es la lógica del incremento del capital. En resumen, el socialismo no es el capitalismo.

4. Pero el socialismo tampoco es una sociedad estatista, donde las decisiones se imponen desde arriba y donde toda iniciativa es potestad de los funcionarios del gobierno o de los cuadros de vanguardias que se autoreproducen. Precisamente porque el socialismo se centra en el desarrollo humano, enfatiza la necesidad de una sociedad democrática, participativa y protagónica. Una sociedad dominada por un Estado todopoderoso no genera los seres humanos aptos para crear el socialismo.

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La contradicción capitalismo/ecología

Leonardo Boff

La lógica del capital, como modo de producción y como cultura, es ésta: producir acumulación mediante la explotación -de la fuerza del trabajo de las personas, por la dominación de clases, por el sometimiento de los pueblos y finalmente por el pillaje contra la naturaleza-.

Un análisis incluso superficial entre ecología y capitalismo identifica una contradicción básica. Donde impera la práctica capitalista se envía al exilio o al limbo la preocupación ecológica. Ecología y capitalismo se niegan frontalmente. No hay acuerdo posible. Si, a pesar de ello, la lógica del capital asume el discurso ecológico… o es para obtener lucro, o para espiritualizarlo y así vaciarlo, o simplemente para imposibilitarlo y, por tanto, para destruirlo. El capitalismo no sólo quiere dominar la naturaleza, sino arrancar todo de ella, depredarla.

Hoy, por la unificación del espacio económico mundial en los moldes capitalistas, el saqueo sistemático del proceso industrial contra la naturaleza y contra la humanidad, hace al capitalismo claramente incompatible con la vida. Se plantea así una bifurcación: o el capitalismo triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, y entonces acaba con la ecología y pone en riesgo el sistema-Tierra, o triunfa la ecología y destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y reconversiones que no pueda ya ser reconocible como tal. Esta vez no va a haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos o pereceremos todos. El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de producción, asentado en la exportación y el pillaje. Sin una cultura capitalista que vehicula las mil razones justificadoras del orden del capital, el capitalismo no sobrevivirá. La cultura capitalista exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza, hecha por el trabajo de todos, coloca como quicio de su dinamismo la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios, instaura el mercado, hoy mundializado, como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia y de distribución…

Si alguien busca solidaridad, respeto a las alteridades, compasión y veneración frente a la vida y al misterio del mundo… que no los busque en la cultura del capital. George Soros, uno de los mayores especuladores de las finanzas mundiales y profundo conocedor de la lógica de la acumulación sin piedad (vive de eso), afirma claramente en su libro La crisis del Capital que el capitalismo mundialmente integrado amenaza a todos los valores societarios democráticos, poniendo en riesgo el futuro de las sociedades humanas. Queremos mostrar cómo el capitalismo, en cuanto modo de producción y en cuanto cultura, inviabiliza la ecología tanto ambiental como social.

Comencemos con la ecología ambiental. A este respecto, las hipótesis acerca del futuro de la Tierra son dramáticas. Grandes analistas confiesan que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el proceso de evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa.

Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia autodestrucción. Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana. Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo positivamente.

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¿Hasta cuándo?

Eduardo Galeano

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero? La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hizbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo? Irak, Afganistán, Palestina, Líbano. ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Gjraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído 46 recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, 40 resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de Estados Unidos?

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