Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Presentación El legado de un maestro : las razones de un homenaje

Salvador López Arnal

La verdad es que en la Facultad de Económicas [de la UB] siempre me han apoyado, salvo en la etapa posterior a 1965 y anterior a 1972. El decanato de Económicas me respaldó en todo momento. No guardo resentimiento porque me expulsaran en 1965 o porque hace poco me rechazaran como catedrático; creo que fueron actos políticos y, como dirían los mafiosos de El padrino, no personales. Lo que ocurre es que esas vicisitudes me han desorganizado la vida durante muchos años. No es fácil cambiar repentinamente, como me ha sucedido en el pasado, de trabajar para una editorial a la Universidad, y viceversa.

Manuel Sacristán (1983)

Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de Barcelona y realizó cursos de postgrado durante cuatro semestres, entre 1954 y 1956, en el Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Münster, en Westfalia. En 1959 se doctoró en Filosofía con una tesis sobre Las ideas gnoseológicas de Heidegger y en 1964 publicó Introducción a la lógica y al análisis formal, uno de los volúmenes que más contribuyeron a la introducción y consolidación de los estudios de lógica en nuestro país.

Fue además Sacristán uno de los trabajadores intelectuales más comprometidos con su tiempo, con la sociedad en la que le tocó vivir, con los grupos sociales más desfavorecidos. Militó durante más de veinte años en las filas del PSUC-PCE e intervino activamente en numerosas acciones de la resistencia antifranquista no silenciosa: en la protesta contra el asesinato de Julián Grimau, en la constitución del SDEUB, en el encierro-protesta de Montserrat contra los Consejos de Guerra de Burgos,… Su tenacidad, junto con la de Giulia Adinolfi y otros amigos y compañeros, fue decisiva en la fundación de la Federación de Enseñanza de CC.OO. Fue miembro del consejo de redacción, y director en algún caso, de revistas tan esenciales para la cultura barcelonesa, catalana y española como Qvadrante, Laye, Horitzons, Nous Horitzons, Nuestra Bandera, Materiales y mientras tanto. Sus aportaciones y activismo en los ámbitos del ecosocialismo, del pacifismo antiotánico, de la lucha antinuclear y, en general, de los entonces llamados “nuevos movimientos sociales”, fueron decisivos en la historia reciente de nuestro país y han dejado profunda huella en muy diversos colectivos.

Durante el curso 1982-1983 impartió dos seminarios de postgrado en la UNAM mexicana sobre “Inducción y dialéctica” y “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, y se casó en segundas nupcias con Mª Ángeles Lizón. Dos años más tarde, Sacristán fallecía en Barcelona el 27 de agosto de 1985, a los 59 años de edad

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Hasta la derrota final

José María Ripalda

En una entrevista publicada en 1978, Sacristán cuenta cómo a mediados de los sesenta entró en una crisis muy profunda cuando se dio cuenta de que los partidos comunistas eran un desastre, que Gramsci había sido arrastrado en su lucha por la revolución hacia su propia destrucción psicológica y que, en definitiva, había algo que no funcionaba en el marxismo. Es entonces cuando inicia su gran apertura hacia el movimiento ecológico y antibélico, su acercamiento al anarquismo y al feminismo. La crisis le sume en una depresión profunda, tras la cual lo primero que escribe es un texto a propósito de Gerónimo, la biografía escrita por Stephen Barret con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Fray Bartolomé de las Casas, en 1974. A Sacristán le interesaba la vida salvaje como modelo de cohesión. Los apaches eran un grupo pequeño, característicamente aficionado al alcohol y poco señalado por sus logros culturales, marginal incluso en comparación con los navajos. Sin embargo era el único grupo que conservaba su lengua en un entorno de tribus más grandes, razonables y cultas. Sacristán intenta averiguar dónde reside el secreto de la supervivencia de un pueblo tan pequeño y tan derrotado y escribe: «Su ejemplo indica que tal vez no sea siempre verdad eso que de viejo afirmaba el mismísimo Gerónimo, a saber, que no hay que dar batallas que se saben perdidas. Es dudoso que hoy hubiera una conciencia apache si las bandas de Victorio y de Gerónimo no hubieran arrastrado, hace ya casi un siglo, el calvario de diez años de derrotas admirables».

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Una conferencia inédita de Manuel Sacristán sobre Giordano Bruno y Galileo Galilei

Manuel Sacristán Luzón

        Hace algo más de cuarenta años, el 13 de febrero de 1967, Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) impartió una conferencia en la Residencia (o Escuela) San Antón con el título “Bruno y Galileo: creer y saber”. Existen dos esquemas muy similares de su intervención depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona. Se incorporan aquí los textos seleccionados por el propio Sacristán para acompañar su intervención.

Sacristán participó con un breve escrito, fechado el 3 de diciembre de 1967, en una revista de los estudiantes de Filosofía de Barcelona. Su texto llevaba por título: “Un problema para tesina en filosofía”. Ha sido reimpreso en Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 351-355. El lector hará bien en repasarlo como complemento de esta conferencia.

No era la primera que Sacristán se aproximaba a la figura de Galileo. Una de sus conferencias más recordadas, dictada en la facultad de Medicina de Barcelona en 1964, llevó por título: “Detrás de una medición de Galileo” (el esquema de su intervención se conserva igualmente en Reserva de la Biblioteca Central de la UB,  Fondo Sacristán). De hecho, Sacristán hizo diversas y documentadas referencias a Galileo en sus clases de “Fundamentos de Filosofía” tras su vuelta de la Universidad de Münster, y en sus apuntes editados de 1956-57 y 1957-58 hay diversas referencias a la obra y al método galileanos.

          Tiene interés recordar algunas aproximaciones de Sacristán a la obra de Galileo Galilei: 

          Un apunte de Sacristán de las clases de Metodología de las ciencias sociales 1983-1984 (pp. 10-12) en torno al papel de la experiencia (o de los experimentos) en la contrastación de las teorías científicas que, obviamente, no intenta  defender la creencia de que todo trabajo teórico elaborado y artificioso es bueno per se, independiente de toda empiria, pero sí hacer plausible la tesis de que el rechazo de una construcción teórica por su carácter rebuscado, artificioso o sofisticado puede tener efectos paralizadores. El ejemplo dado por Sacristán toma el caso de Galileo como ilustración:

Varios físicos de la universidad del París del siglo XIV, y belgas, habían llegado prácticamente a nociones que serían poco tiempo después características de la nueva física. Por ejemplo, la noción de inercia (que no llamaban inercia, la llamaban “impetus”, pero la noción es muy análoga). Era la idea -completamente nueva, revolucionaria entonces, y contrapuesta a la física antigua y medieval- de que el estado de movimiento era una cosa tan natural como el estado de reposo, de que un cuerpo en movimiento puede seguir indefinidamente en ese estado -que es la base de la idea de la inercia, que el cuerpo permanezca en su estado sea cualquiera ese estado del principio y dejando aparte cuestiones de roce, etc.      Esos físicos del XIV (Nicolás de Oresme, Buridán) llegaron a esa idea simplemente por crítica de la teoría del movimiento antiguo, de la teoría del movimiento mecánico aristotélico y escolástico. Por ese camino llegaron a deducciones ya galileanas. Por ejemplo, muy cerca de la ley de caída libre de los graves, que es quizá el punto angular del nacimiento de la ciencia moderna, la tesis de Galileo según la cual en el vacío todos los cuerpos, cualesquiera que sea su densidad, caen a la misma velocidad.

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Sacristán sobre Heinrich Heine. Antología

Manuel Sacristán Luzón

Mi querido amigo:

Aprovecho el paso del portador de estas líneas, el señor Annenkow, un ruso sumamente amable y culto, para hacerle llegar mis mejores saludos.

Hace algunos días cayó casualmente en mis manos un pequeño libelo difamatorio contra usted: cartas póstumas de Börne. Jamás le hubiese considerado tan insulso, mezquino y absurdo como cuanto puede leerse allí en letras de molde ¡Y qué míseros disparates hay en el apéndice de Gutzskow, etcétera! Escribiré en alguna revista alemana una crítica detallada de su libro relativo a Börne. Difícilmente pueda hallarse en ningún período de la literatura un tratamiento más torpe que el que ha experimentado este libro en manos de los asnos cristiano-germánicos, aunque no hay ningún período alemán que esté exacto de torpeza.

Si usted tiene aún algo de “especial” que comunicarme acerca de su trabajo, hágalo rápidamente.

Su,

K. Marx

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Sobre la obra lógica de Ramon Llull. Una antología de textos de Manuel Sacristán

Manuel Sacristán, Salvador López Arnal (editor)

En una entrevista de Andreu Manresa a Anthony Bonner (“Quadern”, El País, 26 de abril de 2007), el gran lulista neoyorquino, editor de Selected Works of Ramon Llull y coautor, junto con Lola Badia, de Ramon Llull, vida, pensament i obra literaria, recordaba algunos nombres de lulistas catalanes:

“Giorgano Bruno, Descartes, Newton, Leiminz (sic!), Carl Jung, ahora Umberto Eco, hacen referencia a él [Llull]. Grandes expertos científicos lulistas son extranjeros como usted.

Son muchos y en todas partes –respondía Bonner-. En Catalunya estuvieron los hermanos Carreras i Artau, Jordi Rubió -figura muy importante-, Bohigas, y hoy en día Lola Badia, Albert Soler y Josep Perarnau, y también Jordi Gayà… Muchos.”

El propósito de esta antología es apuntar, sugerir meramente, que la lista de Bonner debería incrementarse, como es natural, con alguna entrada más. Manuel Sacristán no sólo fue discípulo de Joaquín Carreras i Artau y admiró la grandeza cívica de Jordi Rubió, sino que estudió a Ramon Llull durante su estancia en la Universidad de Münster entre 1954 y 1956, incluso antes probablemente, y en sus reflexiones lógicas, en sus manuales lógicos de introducción y en sus trabajos para la oposición a la cátedra de lógica de 1962 la presencia del autor mallorquín es manifiesta. Una de las voces que incluyó en un calendario de 1985 estaba dedicada a Ramon Llull y de su obra habló en más de una ocasión en sus clases de metodología de las ciencias sociales, dictadas en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona tras la muerte del dictador Franco. También en los apuntes editados de “Fundamentos de filosofía” de 1957 y 1958, escritos tras su vuelta de Alemania, pueden verse diversas referencias a Llull.

Entre los textos aquí seleccionados, se presentan fragmentos de la conferencia sobre el Ars Magna de Llull, hasta ahora inédita, que Sacristán impartió en Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de Münster en 1955. La traducción ha sido realizada por Marisol Sacristán Luzón y revisada por Luis Vega Reñón. Gracias a ambos.

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Nuevos escritos filosóficos de Manuel Sacristán

Salvador López Arnal

         Albert Domingo Curto ha editado recientemente en Trotta Lecturas de filosofía moderna y contemporánea, un conjunto de textos, en su mayoría inéditos, de Manuel Sacristán Luzón.

         Componen Lecturas dieciséis escritos y dos textos más recogidos en  apéndice. Siete de ellos, totalmente inéditos; los restantes, de difícil localización y no incorporados ni a Panfletos y Materiales ni al volumen que con el título Pacifismo, ecologismo y política alternativa fue editado por Juan-Ramón Capella en 1987.

         “Libertad”, “Simone Weil”, “Personalismo”, “Pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera” y “Kant”, los cinco primeros textos del volumen, son entradas, inéditas las dos últimas,  que Sacristán escribió a inicios de los años cincuenta, antes de su marcha al Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Münster en Westfalia, para la Enciclopedia Política Argos, una enciclopedia dirigida por Esteban Pinilla de las Heras que no llegó a editarse.

         “El concepto kantiano de historia”, el sexto escrito recogido, se publicó en 1953, en el número 22 de Laye. Se reeditó en un volumen colectivo sobre temas historiográficos en los años ochenta

         “Sobre la doctrina trascendental del juicio en la crítica de la Razón pura de Kant” fue probablemente un trabajo que Sacristán redactó para algún curso de doctorado a inicios de los cincuenta. Junto con los dos anteriores, es muestra del magnífico conocimiento que Sacristán tenía de la obra del filósofo crítico.

         “Karl Marx” es una voz de 1967 escrita para la Enciclopedia Planeta-Larousse. Algunas de las tesis que Sacristán formulará con más desarrollo en uno de los mejores trabajos de marxología escrito en nuestro país –“El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”- quedan aquí ya apuntadas.

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El oficio de traductor. Una conversación con Mario Bunge (por Carles Muntaner)

Carles Muntaner

El oficio de traductor. Una conversación con Mario Bunge (por Carles Muntaner)

Carles Muntaner tuvo la gentileza de entrevistar a Mario Bunge para los documentales sobre la vida y obra de Manuel Sacristán que dirigió Xavier Juncosa y que han sido editados recientemente por El Viejo Topo (“Integral Sacristán”, Barcelona, 2006). Por razones cinematográficas, ningún fragmento de la entrevista con Bunge pudo ser incluido finalmente en los documentales.

Se da aquí, tal como se anunció el día de la presentación de “Integral” en Barcelona, la trascripción completa de la conversación entre Muntaner y Bunge. Fechada a mediados de 2004, fue realizada meses antes de que se celebraran las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Esta conversación filmada con el filósofo argentino, junto con el resto del centenar de entrevistas realizadas para Integral Sacristán, serán depositadas en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán, y en la Biblioteca de la Universidad Pompeu Fabra.

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A propósito del Vº Congreso del PSUC

Manuel Sacristán Luzón

TRIBUNA: MANUEL SACRISTANA propósito del V Congreso del PSUCMANUEL SACRISTAN //Uno de los aspectos más interesantes del V Congreso del PSUC es queconstituye una excepción a lo que comúnmente se piensa sobre laselites y sus bases. En este congreso, la base de una organización -yuna organización más estricta que otras- ha conseguido derrotar alvértice de la pirámide. (La metáfora de la pirámide es seguramenteinsuficiente para la comprensión general de las cuestiones del poder,pero parece bastar en este caso). La explicación conspirativa delacontecimiento, que lo atribuye a la actuación de unos pocos cuadrosde la secretaría de organización, es, en este caso, tan endeble comosiempre. Es sólo un consuelo o desahogo ritual y una vergonzantetrinchera política del sector, cuya condición de minoría ha quedado demanifiesto en el congreso. La secretaría de organización del PSUCllevaba muchos años -decenios- bajo la dirección de una misma persona.En el supuesto de que la actuación de ésta y sus pocos colaboradoresinmediatos hubiera sido una causa eficaz del resultado de este VCongreso, habría que preguntarse por qué lo ha sido ahora y no muchoantes. Por esta vía, como por otras varias, se llega a una conclusiónbastante clara para quien considere lo ocurrido sin espíritu debandería: la irrealidad de la política del PCE-PSUC, su inconsistenciaanalítica, salta ya a la vista de tal manera que la base obrera delpartido, pese a estar insuficientemente provista de elementos dejuicio, ha podido superar las inhibiciones de la disciplina y de lareverencia a los jefes. La interpretación conspirativa de los hechosno merece la consideración de quien conoce la pasión con que losdelegados obreros han sostenido sus puntos de vista, articuladosgeneralmente de manera muy simple, pero bastante esencial. Eleurocomunismo, le gritaba un delegado obrero en una comisión delcongreso a uno de los delegados a los que la Prensa llama leninistas,«no es una palabra; es romper huelgas».No es ajena a lo dirimido en el V Congreso del PSUC la debilidad deleco que ha tenido esa sorprendente oleada de democracia de base. Sepueden destacar, por lo exacto de sus observaciones al respecto, unpar de párrafos en sendos editoriales de EL PAÍS, en los que eleditorialista registraba la evidencia de que el V Congreso del PSUC noha sido un juego con cartas marcadas, como lo son tantos congresos detantos partidos y organizaciones; y, sobre todo, un editorial agudo ycompleto de Diario de Barcelona. Pero, en general, la Prensa, ytambién la minoría derrotada, no parecen querer notar la interesanteruptura de la ley de las burocracias que es el V Congreso del PSUC. Lanueva extrema derecha está verdaderamente escandalizada por elatrevimiento de la plebe política comunista: un editorial de Diario 16reclama que se desplieguen mecanismos de represión eficaces por si esebajo pueblo comete desmanes.La reacción contra la mayoría del V Congreso del PSUC suele tenercarácter elitista, no sólo por parte de la derecha, sino también en lapluma (y aun más violentamente en la boca) de la minoría derrotada.Esta se expresa con una prepotencia despectiva que revela laconsciencia de superioridad del especialista en la técnica y podersobre el rebaño de comunes mortales llamados a obedecer a los quesaben y pueden. No hay ninguna duda de que esa consciencia desuperioridad está bien fundada si se acepta la jerarquía de valores deesta sociedad. Los pobres vencedores del V Congreso muestran su pesar,con la primariedad de sus conceptos y con su falta de intelectuales(en el aparato del partido y en la producción), que no pueden sosteneruna batalla de palabras con la pequeña burguesía intelectual detécnicos y políticos profesionales a la que han derrotadosorprendentemente y, sin duda, pírricamente.Las divisiones de clase dentro de las mismas organizaciones políticasno han desaparecido por el hecho de que la cultura dominante lasignore o las declare caducas. Pero esa no es la única evidenciarecordada por el V Congreso del PSUC. Otra de bastante interés es laorganicidad social de los grupos de intelectuales. El antimarxismo,hoy imperante, y la inveterada costumbre de citar a los clásicos deoídas creen que el concepto gramsciano de la organicidad oinorganicidad de los grupos de intelectuales en determinadas capassociales es un asunto programático, o de voluntad política. Enrealidad no se trata de un fenómeno tan político, sino de un hecho deraíces más profundas, y más accesible al estudio de los sociólogos ylos historiadores que a la voluntad de los políticos. La evolución delPSUC, cuyo resultado presente queda de manifiesto en el V Congreso, hallevado a que el grupo de intelectuales (incluidos los políticosprofesionales que lo representan en los parlamentos y otrasinstituciones) no sea orgánico en su base obrera, sino más bien en eldispositivo político de la clase dominante, y así en esta misma. (Eseno es un hecho sin precedentes: en la segunda internacional, ocurrióya antes de la primera guerra mundial, causando en varias seccionesnacionales choques entre las fracciones parlamentarias y otrasinstancias del partido). De ahí que se exprese respecto de la baseobrera con el mismo desprecio y la misma violencia que losintelectuales explícitamente orgánicos en la clase dominante, porejemplo, los periodistas de la derecha social. De ahí también queéstos sientan ahora simpatía por los intelectuales -de aparato o no-dominantes en los grupos parlamentarios comunistas: el mismo número deDiario 16 que levantaba el paredón para los obreros comunistaspublicaba un elogio de uno de los intelectuales parlamentarios del PSUC.InterpretacionesLa intelectualidad del PSUC y del PCE ha empezado en seguida arealizar una de las tareas más características del trabajointelectual: la interpretación de lo ocurrido. (Su situación alhacerlo es excepcional: trabaja pro domo sua, ella misma es el grupodominante a cuyo poder directo ha de servir su trabajo, cosa insólitaen la práctica intelectual.) Hasta el momento ha producido dosinterpretaciones, una de las cuales se presenta en dos versiones.Miembros del grupo procedente de bandera roja ofrecen comointerpretación de lo ocurrido la construcción, ya mencionada, en clavede la teoría conspirativa de la historia. No vale la pena detenerseante ese pobre intento. La primera versión de la otra explicación hasido repetidamente propuesta por Santiago Carrillo. Consiste enreconocer el malestar de la base comunista, que habría llevado en elPSUC al resultado del V Congreso, explicando ese malestar por lacrisis económica y las dificultades de la transición.Parece permisible inferir de esa explicación, por implicación, queSantiago Carrillo ve en el descontento de la mayoría de la base obreracomunista ingenuidad política, frustración de esperanzas infundadas,en suma, la ignorancia de los legos. Seguramente hay mucha verdad enesa explicación. Creemos que su defecto es que está demasiado lejos deser toda la verdad. La segunda versión de esta explicación se puedeatribuir a Antonio Gutiérrez: consiste en añadir a la versión anteriorel reconocimiento autocrítico de errores, por ejemplo, en elseguimiento de los acuerdos de la Moncloa. Esta versión tiene tambiénsu verdad -algo más que la anterior, al menos en la intención-, peroigualmente deja fuera de consideración una causa importante de lafrustración de la mayoría obrera comunista.Esa causa es el hecho de que su partido se ha identificado en lacrisis con un sistema socioeconómico al que las crisis soninherentes,el hecho de que su partido ha aceptado una Constitución queconsagra una economía que avanza a través de crisis, el hecho de quesu partido ha pretendido demagógicamente hallar salidas progresivas ala crisis estrictamente dentro del sistema, y ha presentado así lacrisis como un extraño resultado de la mala voluntad o de laincompetencia de los gobernantes. La base obrera del partido comunistano es tan necia como para reprocharle a éste que el capitalismo sufracrisis (sobre los problemas económicos de las sociedades del Este notiene ni información ni instrumentos conceptuales, que no encuentra nien el partido ni fuera de él); lo que le reprocha es su adhesión alsistema de las crisis, su complicidad con lo establecido.La mayoría del V Congreso del PSUC no ha conseguido decir claramentemás que dos ideas: que rechaza el tipo de política que da de sí cosascomo los pactos de la Moncloa, y que la oposición al imperialismocapitalista es un elemento de su identidad moral e ideal. Esto últimolo ha dicho en la resolución final del congreso, con la condena delinnumerable asesinato cotidiano perpetrado en El Salvador por unGobierno títere de Estados Unidos, bajo la dirección de asesoresnorteamericanos. Ambas posiciones, por escasamente lograda que esté suarticulación, consiguen la adhesión de todas las personas y de todoslos grupos que tienen algo que ver con las ideas comunistas. Esoexplica el florecimiento de iniciativas, discusiones, reuniones de exmilitantes del PSUC y del PCE que se están produciendo estos días enBarcelona y su comarca, Asturias y Andalucía, que sepamos. La reacciónprimaria en estos ambientes, frecuentados por personas que dejaron elpartido comunista durante los últimos diez años, es de acercamiento aese partido, atraídas por la tendencia de la base obrera a recuperarsu consciencia anticapitalista. Pero no es probable que ese estado deánimo dure mucho, porque la debilidad relativa de los vencedores del VCongreso del PSUC, la enérgica y unitaria reacción del establecimientoburgués -desde la extrema derecha, pasando por los socialistas, hastalos mismos intelectuales y políticos derrotados del PSUC contra laosadía de los incultos, y, por último, la función previsible -y enparte confesada ya- de los cuadros injustificadamente llamadosleninistas, que es la de escamotear la victoria de quienes los hanvotado y desanimar a la mayoría obrera, hacen muy poco probable queese curiosum que es para la ciencia política el V Congreso del PSUCllegue a dar lugar a algo que se consolide. Lo más probable es que laley de las elites burocráticas vuelva a imponerse en poco tiempo: losobreros del cinturón-industrial estarán de sus ocho a diez horas enlas fábricas y en los tajos, mientras los políticos profesionales,alimentados con sus cuotas o con las remuneraciones ganadas mediantesus votos, dedican veinte horas al día a recomponer la red mágica dela opresión cultural. La base obrera mayoritaria en el V Congresopuede contar con muy pocos intelectuales -unos cuantos abogadoslaboralistas, un ingeniero, un político profesional, y muy pocos más-,y aún sólo relativamente, pues, como se vio en el congreso, lasposiciones a las que apasionadamente llegó, la mayoría obrerarebasaban ampliamente las formulaciones del núcleo que intentaba sersu portavoz. En cualquier caso, estos pocos portavoces no se decidirána intentar una batalla de ideas contra el ejército de profesores,periodistas, magistrados, arquitectos, médicos, políticosprofesionales… Esta sociedad es así. En ella siguen vigentes cosasvistas -y, en nuestra opinión, mal entendidas- por Kautsky y por Leninhace mucho tiempo a propósito de las relaciones entre obreros eintelectuales.Dudas sobre la consolidaciónDe modo que consideramos muy poco probable que la fugaz victoria de lamayoría obrera del PSUC se consolide. Por otra parte, creemos que unaconmoción en sí misma tan notable como el V Congreso del PSUC estodavía demasiado poco para poner en marcha un proceso dereconstrucción comunista. El PCE y el PSUC llevan ya tantos añosdegradando su sustancia que, aunque sus crisis puedan tenerimportancia en el camino hacia la constitución de una nueva culturacomunista, no abren un horizonte suficiente para ese camino. El mismoestallido de consciencia obrera en el V Congreso del PSUC adopta, porfalta de otra cosa, los conceptos acomodaticios y el léxico vago delos eurocomunistas.La situación de derrota del comunismo entre el martillo imperialistaoccidental y el yunque del despotismo oriental es demasiado grave paraque la pueda compensar la crisis de consciencia de un partido.Esa crisis, sin embargo, tiene mucho interés, porque recuerda que labase humana, social y moral del comunismo sigue ahí, en lasnecesidades de la humanidad explotada y oprimida. Esa persistencia,por debajo de la marea ideológica y propagandística que acompaña a losprimeros escarceos de la nueva ofensiva imperialista del rearme y lageneralización de las técnicas destructoras del planeta, constituye elprincipal fundamento en que basar la resistencia al futuro, muy pocodeseable, implicado por la recomposición de la economía capitalista através de esta crisis. En ese fundamento pueden conseguir consistencialos intentos de hallar formas de vida alternativas a la perspectivaanunciada por la nueva escalada del armamento atómico, el crecientedesarrollo de las armas biológicas y las centrales nucleares, pensandoen cuyo plutonio se regodean ya tantos aguerridos estrategas de paísespequeños o medianos. Hace tiempo ya que la esperanza de evitar elfatal camino seguido por las clases dominantes estriba en llegar a launión del movimiento obrero, no con sus explotadores -en Gobiernos deconcentración o en consensos-, sino con las fuerzas que rechazan ladinámica del desastre. También en este punto el V Congreso del PSUC dacierta vida a esa esperanza, con su oposición a las centralesnucleares. Mucha gente puede obtener la nueva o reforzada motivaciónpara seguir esforzándose dentro de esa perspectiva. Mientras tanto, elV Congreso del PSUC nos ha refrescado con el agradable espectáculo dela derrota (por fugaz que sea) de un equipo político de pequeñosburgueses, profesionales de la palabra, a manos, principalmente, deobreros de la construcción del Vallés y el Bajo Llobregat.—————————————————————-

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Manuel Sacristán: un marxista socrático

 Félix Ovejero Lucas 

Manuel Sacristán: un marxista socrático

Félix Ovejero Lucas

Sin excesivas simplificaciones se puede hablar de tres modos de hacer filosofía. Si se me permite, para entendernos, ponerles etiquetas “nacionales”, los podríamos llamar: el alemán, el anglosajón y el griego. Es inútil insistir en que no hay que tomarse muy en serio esas etiquetas geográficas: el pensamiento no tiene patria. No hay una manera “catalana” o “española” de pensar como no hubo una manera “alemana” de pensar. Y si en alguna ocasión algún historiador de las ideas se refiere a la “filosofía alemana” antes que aludir a unos rasgos que tengan que ver con la genética o con las “esencias nacionales”, remite a un conjunto de problemas, más o menos precisados, que ese es ya otro cantar- que ocuparon a una estela de autores que hicieron filosofía en Europa en los entornos y las estelas de la Revolución Francesa y que por obvias razones de facilidad comunicativa, o de dificultad, para ser exactos, quedan enmarcados a un espacio geográfico. En el siglo XX, la ausencia de nacionalidad adquiere un sentido más radical. No sólo es que los procedimientos y los problemas sean de todos, sino que también los foros están abiertos a cualquiera que tenga algo que decir. Hoy hablar de filosofía alemana empieza a ser tan poco sensato como hablar de física alemana y sus cultivadores, si se dan, serán, por lo general, dinosaurios intelectuales atentos a prebendas locales. La elección del “aislacionismo” es, desde hace tiempo, la elección de la ignorancia. Y, también, y por lo mismo, una elección moral, o mejor, inmoral. Lo que se da en llamar “filosofía francesa” –no la filosofía practicada por muchos filósofos franceses- es un ejemplo patético.

De modo que las etiquetas nacionales me sirven aquí tan sólo como un modo económico de remitir a problemas y maneras de hacer que han ocupado a los filósofos en distintos momentos de la historia. El primero, el “alemán”, es el filósofo en el sentido más clásico-especulativo: el filósofo poseedor de un SISTEMA, así, sin concesiones y con mayúsculas. Sistema que incluye o debería incluir, jerarquizadas de algún modo, pocas veces precisado, una metafísica, una estética, una ética y una epistemología. Además, se supone una coherencia entre esos géneros, todos ellos expresión del sistema que, de ese modo, se proyectaría en cada uno de ellos. El tipo de preguntas qué se hace “el filósofo alemán” es de largo aliento, del tipo “qué es el ser”, “cómo es posible la experiencia”. En la respuestas, por lo general, se hace uso de un lenguaje más o menos autorreferencial, que parte de las intuiciones, de la experiencia común de todos, no mediada “por las abstracciones” de la ciencia, para, mediante inferencias comedidamente arbitrarias, plagadas de supuestos implícitos, derivar la explicación desde unos principios generales, los principios del Sistema. El sistema, que puede prescindir del conocimiento científico, sin embargo, se muestra en condiciones de responder a todas las preguntas. Aunque, en el mejor de los casos, los términos de su andamiaje léxico se iluminan mutuamente, sin jerarquías conceptuales, como las piezas de un rompecabezas, el sistema parece entenderse como una suerte de conjunto axiomático, nunca formulado con claridad, capaz de generar “teoremas” en cualquier dominio. Sucede que, como los principios nunca son claros y distintos, se acaban por confundir con sus creadores. Para resolver el problema P parece que antes que hablar de las teorías T de X sobre P, teorías nunca definitivamente claras, hay que hablar con X. De hecho, no es imposible que los cultivadores (porque este genero propicia los feligreses) se pregunten “que pensaría o que piensa X de P”, donde X es el pensador en cuestión y P puede ser cualquier cosa, desde la mecánica cuántica hasta el Holocausto. No resulta exagerado comparar estas maneras de hacer con una religión, al menos, con las que nos resultan más próximas. Un sistema de esa naturaleza está mas allá de las posibilidades computacionales de cualquier cerebro humano. El criterio de avance es geológico: hay que averiguar que es lo que “realmente” piensa X, cual es el sentido más profundo de su sistema, que, de hecho, vienen a ser sus “intenciones últimas”. El procedimiento de trabajo habitual es hermenéutico, casi psicológico: hay de “interpretar” lo que el autor-Dios “realmente quería decir cuando dijo lo que dijo”. Repárese que si el sistema fuera parecido a una genuina teoría, este problema no existiría: simplemente habría que ver si lo que se discute es compatible, consistente o no, o ajeno, al sistema axiomático. Cuando hay que preguntar al teórico que es lo que piensa, es que la teoría no dice mucho. Si existe el sistema, el filósofo resulta innecesario. Si hay que llamar al filósofo, es que no hay sistema. En sus versiones dignas, este género está cultivado por pulcros historiadores de las ideas que se ocupan de filósofos muertos, en labores de corrección y pulimentado léxico, inventariando ambigüedades e intuiciones. En las otras, propicia en filósofo charlatán que, ante el laconismo de su teoría, está siempre presto a acudir a cualquier entrevista a “resolver” en persona el problema de la falta de elocuencia del sistema. Cuando el filósofo es un contemporáneo, lo mejor es invitarlo a dar una charla. Si ya no está entre los vivos, parece que el único criterio para resolver las disputas sería una suerte de médium que consiguiera obviar las dificultades. Bromas aparte, los intentos de resolver con “citas” los problemas contemporáneos, participan de pareja actitud mental.

El segundo tipo de filosofar, el que he llamado “anglosajón”, es el más contemporáneo. Por dos razones. En primer lugar, porque no se entiende sin la existencia de una comunidad investigadora internacional que, al modo de las comunidades científicas, trabaja sobre una serie de problemas compartidos, perfilados, y discute en unos foros (congresos, revistas) sobre esos problemas. En segundo lugar, porque ha estado asociado a la tradición analítica, el producto filosófico más genuino del siglo XX. No cuesta entender esa circunstancia conociendo su programa. Una vez la filosofía “decide” –que de eso va la filosofía analítica– abandonar “sus” problemas para concentrarse en el análisis de los diversos tipos de lenguajes (empíricos, normativos, artísticos), mal que bien, empieza a disponer de algún tipo de tribunal con el que tasar sus quehaceres. Se puede reconocer, por ejemplo, si cierto modelo de explicación es que se utiliza en física o si el predicado “bueno” se usa de cierta manera.

No ha de extrañar que en este caso la idea de progreso se parezca más al progreso científico, al menos en lo que, desde Kuhn, se ha dado en llamar periodos de “ciencia normal”, esto es, cuando se comparten las preguntas y las maneras de abordar las respuestas: un proceder geográfico, una investigación que avanza a partir de los resultados de los trabajos más recientes y con una lista de problemas públicamente compartidos, sin “inaugurar el mundo” cada mañana, que es lo que les gusta desayunar a los filósofos del primer grupo. Por ejemplificar con algunos de sus problemas: hoy sabemos más que a principios de siglo acerca de qué es una explicación funcional, de la idea de causalidad, de los requisitos de los conceptos métricos, de los que es un condicional subjuntivo o de las estrategias de argumentación de lenguaje moral. El modelo de este filosofar es el de la ciencia: el filósofo importa menos que su teoría. Se discute sobre una teoría formulada explícitamente, publicada en revistas. El filósofo puede tener intereses diversos (ahí están Nozick, Putnam, Mackie, Nagel), pero no aspira a tener una teoría que armonice sus reflexiones en distintos campos. Puede, por así decir, aportar en diversos ámbitos, como el que añade un teorema a un cuerpo de conocimiento disponible. Y, del mismo modo, que el físico es físico por horas, sin que, al salir del laboratorio, en su vida normal, para andar por la calle, le sirvan sus conocimientos de mecánica cuántica, el filósofo “anglosajón”, el filósofo profesional no tiene porque comprometer su vida con sus opiniones porque sus opiniones, por lo general, tienen poco que ver, en sentido fuerte, con “cómo vivir”. Se dan, por supuesto, gentes comprometidas, y también estrambóticas, pero eso, lo bueno o lo malo, salvo excepciones, poco o nada tiene que ver con su quehacer intelectual. Son “excentricidades”, desgajadas del “centro” de su actividad intelectual. Oxford y Cambridge tienen un amplia nómina de personajes de esa pasta.

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