Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Mi vida, de León Trotsky, una obra de encargo

Pepe Gutiérrez-Álvarez

      Acaba de aparecer en las librerías la reedición de Mi vida de Trotsky, un ensayo autobiográfico que fue el primer libro escrito por Trotsky en su tercer (y definitivo) exilio. No fue una idea propia sino que le fuer propuesto por un editor alemán, el director de la Fischer Verlag, que viajó expresamente a Constantinopla con dicha finalidad, y supo ser lo suficientemente persuasivo para llevarse el visto bueno de Trotsky, por entonces considerado poco menos que un “caballo muerto” por Stalin, de no ser así no lo hubiera dejado marchar. Trotsky nunca había escrito nada parecido, era un escritor al que según confesión propia, le costaba mucho escribir, lo que no fue obstáculo para que en sus ya copiosas Obras (que se habían empezado a editar como tales en Moscú por la mitad de la década), figuraban toda suerte de escritos, desde el ensayo teórico hasta la historia (de 1905) pasando por los más diversos artículos sin olvidar excursiones en el ámbito biográfico entre los que cabe situar sus Perfiles del socialismo y sus trabajos sobre Lenin.   

        Pero una cosa eran aquellos retratos de los que era tan amantes y otra entrar en el suyo propio, lo que a pesar de sus confesadas reticencias tuvo empero que hacer cuando la “troika” compuesta por Zinoviev, Kamenev y un tal Stalin (con el soporte de Bujarin), comenzaron a contraponer su antiguo menchevismo con la codificación de algo llamado “marxismo-leninismo”  del que nadie había hablado seriamente en vida de Lenin. Una y otra vez tuvo que poner sobre el papel  la defensa de su actuación, y ahí están textos del alcance de Las lecciones de Octubre o de La revolución desfigurada, de manera que, por más que en aquel momento su principal obsesión pasaba por la construcción de una Oposición de Izquierda internacional, aceptó la propuesta como un desafío literario, pero también como un servicio a la causa, ofreciendo una visión alternativa a la denigratoria que se estaba forjando, y lo cierto es que el libro pasó a ser un auténtico best-seller, y el mejor arma propagandística del incipiente “trotskismo”, un concepto que por aquel entonces todavía no tendría las connotaciones que tendría solamente unos pocos años después.  

      Se puede decir pues que Mi vida sería algo así como el principio de una batalla por la verdad histórica y por una memoria revolucionaria cada vez más groseramente deformada por un escuela de falsificación estaliniana de la que, afortunadamente, ya apenas si quedan defensores. Pero también es mucho más que eso, es una obra literaria que figura entre las mejores de su género, comparable a la de verdaderos clásicos de todos los tiempos y sin apenas parangón en el terreno de la política.  Sus primeros capítulos dedicados a la infancia, al contexto familiar,  los años escolares, a los inicios de la aventura militante, su encuentro con los círculos socialistas y los obreros de Nikoláiev, su descripción de ambientes y personajes, detalles como su pasión por la lectura y por el libre debate, retratos como los del marinero Markin o Rakovsky, son verdaderamente deslumbrantes. Su autorretrato se convierte en un punto de mira desde el que ofrece una panorámica del movimiento obrero y de la revolución rusa desde los primeros pasos hasta el presente, con brillantes disquisiciones sobre su primer y segundo exilio, capítulos sobre los que Trotsky fue dejando su profunda huella, baste recordar el retrato entre analítico y costumbristas que ofreció en su opúsculo Mis peripecias en España, por no hablar de las peripecias francesas o norteamericanas, que fueron mucho más trascendentes de lo que nos dice al autor. 

      Su edición española tiene –además- una historia propia. Apareció en la primera fase –la trotskiana de Juan Andrade- de la editorial Cenit en 1930, y la tradujo del alemán Wenceslao Roces, quien protagonizaría la segunda fase de Cenit, y plenamente estaliniana. Personaje harto complejo, Roces se adaptó tan profundamente al estalinismo que se le ha llegado a imputar (sin que nadie lo haya negado, ni tan siquiera él mismo) la responsabilidad del libelo (cuya reedición está prevista en Espuela de Plata, Sevilla, con prólogo de Pelai Pagès) titulado Espionaje en España, firmado con el seudónimo de Max Rieger y avalado por un prólogo del peor José Bergamín, que sirvió como arma propagandística en la tentativa de trasladar los “procesos de Moscú” a España, con el POUM como principal “chivo expiatorio”; todavía en 1938 se editará en Barcelona otro texto similar, La alianza del trotskismo y el fascismo contra el socialismo y la paz, esta vez con la firma de P. Lang (¿Pedro Laín?). 

       Esto significa también que la presente reedición como todas las habidas desde la muy popular de Zero-ZYX de 1972, no recoge la lectura y las correcciones que Trotsky efectuó antes de ser asesinado para la edición francesa que no llegaría a concretarse hasta 1953, en una edición de Gallimard preparada por Alfred Rosmer quien además añadió un apéndice sobre la trayectoria de Trotsky desde que redactó el prólogo (Prinkipo, 14 de septiembre de 1929) hasta su muerte, un detalle que sí incorpora la edición de Tebas de 1979 y a cargo de Jaime Pastor que también contribuyó a preparar una edición revisada de la Historia de la revolución rusa, posiblemente la siguiente reedición de este gran clásico del socialismo cuyas memorias fascinaron a personajes muy lejanos, por no decir totalmente opuestos, a su ideario, entre ellos François Mauriac (cuyo texto se puede encontrar en www.fundanin.org). De hecho, la lista de reseñas entusiastas es muy amplia, por ejemplo, hay una de Juan Carlos Mariátegui que un día de esto habrá que dar a conocer.  

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El proletariado no pertenece más que a sí mismo

Nicolás González Varela

Autodefensa, Autonomía, Solidaridad    

En torno al 1º de Mayo   

 "El 1º de mayo el proletariado no pertenece más que a sí mismo…   La calle le pertenece a ellos, a ellos solos.   Sin preocuparse de que desfilan en país enemigo,   van radiantes, sin inquietud, seguros del porvenir.   No deben compartir ese día, como los otros días de reposo,   con sus adversarios y enemigos.   Este día les pertenece, es solamente de ellos"  (J- Diner-Dénes, 1907)     ""Qué hemos dicho en nuestros discursos y en nuestros escritos?  Hemos explicado al Pueblo sus condiciones y las relaciones sociales; le hemos hecho ver los fenómenos sociales y las circunstancias y leyes bajo las cuales se desenvuelven; por medio de la investigación científica hemos probado hasta la saciedad que el sistema del salario es la causa de todas las iniquidades, iniquidades tan monstruosas que claman al cielo… Yo creo que el estado de castas y clases, el estado donde una clase vive a expensas del trabajo de otra clase (a lo cual llaman "Orden"), creo y digo que esta forma bárbara de organización social, con sus robos y asesinatos legales, está próxima a desaparecer…  Si creéis que ahorcándonos podrán contener al movimiento, este movimiento constante en que se agitan millones de hombres que viven en la miseria, los esclavos del salario… ¡Ahorcadnos!" 

(Discurso de August Spies, trabajador alemán, ante el Tribunal, 1886)     

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El cambio político (1962-1976) Materiales para una perspectiva desde abajo

Xavier Domènech Sampere

La historia social –tradicionalmente ocupada más en la historia de los de abajo que en la historia desde abajo–, se ha preocupado poco de interpretar la transición política, mientras que la historia política se ha ocupado aún menos de explicar la historia social de la transición. Y si lo primero es realmente sorprendente, ya que entre las mejores obras sobre el franquismo y el período de la transición se pueden contar las monografías de historia social, lo segundo no lo es tanto a juzgar por la calidad de la mayoría de historias políticas de la transición al uso.

Esta formación en paralelo de la historia social y política tiene una explicación fundada. Y es que el paradigma explicativo de la transición cumple, a la vez que una función “científica”, una clara función normativa en la legitimación de origen del orden político actual. Lo que pasó durante las oscuras horas de la dictadura y confusos años de la transición es fuente de legitimación política para instituciones –como la monarquía o la democracia tal como la conocemos– y discursos dominantes –la moderación, el centrismo como valor clave o la retórica de la modernización– que a pesar de su aparente solidez actual se movieron desde sus inicios en una gran debilidad real. Para poderse consolidar se realizó una operación de grandes implicaciones para la memoria histórica: se convirtieron estas instituciones y retóricas en los ejes claves de la transición. Emergió así una explicación histórica en la cual las elites se convirtieron en el motor explicativo del proceso que trajo las libertades políticas en España. Y en este proceso la historia social, sino contaba cosas de una mayoría que se ve que era silenciosa –a lo cual se prestaban gustosamente algunos sociólogos– , fue expulsada de la historia política.

Pero más allá de esto, surge un problema aún más grande, un problema de cariz pre-político y pre-científico para afrontar la transición desde la historia social. El carácter genético del período de la transición ha determinado su distorsión hasta el punto de hacer imposible verlo como un período propio, autónomo con relación a su pasado y preñado de líneas de futuro. Fijémonos tan sólo en la denominación del período, transición: Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto (Diccionario de la Real Academia). La palabra misma evoca su principio, el franquismo, y su fin, la democracia, pero nada nos dice sobre el mismo; es más, se considera que la única importancia del período se deriva por lo que devino, no por lo que pasó y menos aún por lo que podía haber pasado. No deja de ser curioso que en una ciencia con tantas prevenciones contra la teleología y el presentismo, este término se haya impuesto sin merecer ni una línea de reflexión. La transición es probablemente, más que ninguna otra etapa de nuestra historia, una construcción ideológica en la que se han confundido consecuencias –la monarquía, la supervivencia de elites políticas y sociales, la moderación, el centrismo– con causas; se ha construido una línea ascendente y única de un punto de partida a un punto de llegada, vaciándola de toda aquello que no indicaba su rectitud; y, en el proceso, el paradigma dominante ha eliminado, o ha subsumido como meras anécdotas, gran parte de las experiencias de la generación que la protagonizó en la memoria publicada, confundida a menudo con la memoria colectiva.

La necesidad de presentar la transición como un gran acto de reconciliación de las “dos” Españas nos ha llevado a una necesaria reinterpretación-deformación de nuestro pasado. Toda noción de conflicto colectivo, de lucha de fuerzas e imposiciones, fue abandonada para explicar el pasado y presente de España. Si la transición había sido posible fue desde el libre convencimiento racional de las partes –se diría que desde la república de las ideas puras, donde la realidad no llega a manchar–, régimen y oposición, que evolucionando a lo largo del tiempo habrían abandonado los maximalismos anteriores. El régimen vio en la llegada de un nuevo jefe de estado de talante demócrata contrastado la necesidad de avanzar hacia una democracia moderna; y la oposición abandonó las posiciones rupturistas desde la comprensión de su futilidad y aceptó el necesario entendimiento con unas autoridades con voluntad democrática, yendo hacia el pacto entorno a la ruptura pactada. Este es el núcleo central de la teoría o teorías de la transición, extremadamente reducido al intentar insertar en las elites de dos actores sociales (régimen y oposición) la complejidad de fenómenos que llevaron la democracia a España. Con el paso del tiempo, se han visto las limitaciones explicativas de este paradigma y se han establecido tres modelos que permiten ampliar sus prestaciones, uno se atrevería a decir que con un poco de zilitione. No es que la historia social haya establecido un nuevo modelo para reconceptualizar la transición, sino que, a la inversa, la historia política –o al menos las presunciones que la apoyan– ha asaltado la historia social del período, no sin cierta perplejidad por parte de los historiadores que provienen de esta tradición. Así se ha intentado, sin tocar el núcleo central del paradigma de la transición, establecer como mínimo tres modelos explicativos, y un cuarto posible que se empieza a vislumbrar en el horizonte, que aquí sólo mencionaremos brevemente, dado que no es nuestra intención realizar un artículo historiográfico. A) La transición por modernización económica[1]: según ésta, la triada mercado capitalista, Mercado Común y democracia es inseparable para explicar el cambio político. El desarrollo del mercado capitalista habría integrado en una solidaridad casi mecánica –en el sentido durkheimniano del concepto– lo que en la república era una convivencia imposible entre clases sociales. La demostración de esta integración, y su mayor garantía, era el anhelo de la gran mayoría de la población de entrar en el Mercado Común, como plasmación madura de una realidad que se empezaba a vivir en España. Y como resultado de todo lo anterior habría llegado la democracia. B) La transición por omisión del sujeto social[2]: en este caso se postularía que la máxima contribución que hicieron los sujetos sociales, los de abajo se entiende, al cambio político, fue precisamente no hacer nada. Ante la amenaza que la movilización obrera podía suponer para la llegada de la democracia, su principal virtud radicó en su capacidad de autocontrol. C) La transición de los de abajo es igual a los de arriba[3]: según esta muy reciente línea de interpretación, no sólo la “mayoría silenciosa” quería una transición tal como finalmente se dio –resguardo último de la legitimidad de toda teoría de la transición, y de la transición misma–, sino que los movimientos antifranquistas contenían en su seno y aspiraciones los mismos preceptos. D) Todo fue una cuestión de giro lingüístico[4]: esta última línea no reproduce, tiempo al tiempo, los análisis propios del giro lingüístico que han hecho furor en otros campos de la historia, pero mantiene algunos parecidos con ella: la centralidad del problema del lenguaje en la explicación del devenir histórico. De hecho esta línea, si es que de momento se puede catalogar ya como tal, emerge como consecuencia necesaria de todas las anteriores: si lo central que hizo la oposición y el régimen fue olvidarse –o echar al olvido– de un pasado tortuoso y establecer el consenso como valor supremo de la dinámica política, necesariamente lo realmente significativo para el cambio político de la historia de los movimientos de oposición no son sus luchas, ni las consecuencias de las mismas que en si no llevaron a nada, sino cómo aprendieron el “lenguaje de la democracia” que les enseñó a comportarse de una forma diferente a como lo habían hecho en el pasado. Ni que decir tiene que en absoluto estas líneas son contradictorias, ya que emergen del mismo tronco común, si acaso algunas podrán ser elaboradas –y algunas realmente lo son con brillantez– con más fortuna que otras.

En este artículo intentaremos ofrecer, en sintonía con las interpretaciones que han venido desarrollando autores como S. Balfour[5] o Carme Molinero y Pere Ysàs[6], entre otros, materiales interpretativos –basados en investigaciones realizadas para la área metropolitana de Barcelona, con lo que ya se comprueban todos sus alcances y límites– que pueden ayudar a entender de una forma diferente la relación de los movimientos sociales, específicamente el movimiento obrero[7], con el cambio político. Partimos de la presunción que esta relación va más allá del corto período donde ha sido encerrado por el paradigma de la transición y que tiene mucho que decir sobre el marco real en que se realizó. Se pueden delimitar, como mínimo, tres grandes períodos de esta relación: A) Un primera etapa que se iniciará con el renacimiento que vivirán los movimientos sociales, y especialmente el movimiento obrero, durante la década de los sesenta. Fue en este momento cuando una renovada acción colectiva habría hecho inviable la continuidad del régimen a largo plazo y redefinido los espacios y las posibilidades de la acción política bajo el franquismo. B) Un segundo momento, como etapa diferenciada y autónoma –en el sentido de un marco de acciones alternativas abiertas por la especificidad del período aunque construidas con los materiales del pasado reciente– que se iniciaría con la muerte de Franco y se cerraría con el referéndum para la reforma política. Es en este corto espacio de tiempo donde el movimiento obrero tendrá un papel activo, crucial, en el devenir de la historia española. C) Habrá aún un tercer momento, en el cual, una vez determinado el modelo de transición, el movimiento obrero dejó de tener una influencia determinante en el proceso político y de hecho su propia conformación pasó a ser más consecuencia que causa del mismo. La(s) teoría(s) de la transición han privilegiado el tercer momento en detrimento del primero y el segundo. Esto, que se entiende por su funcionalidad dentro de la propia teoría, ya que es la etapa de consenso, ha eliminado las etapa más activas de la relación entre movimientos sociales y cambio político. Las reflexiones que presentamos aquí, por el contrario, nos hablan del primer y segundo momento de esta relación.

Pequeños grandes cambios

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La encuesta obrera

Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

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Cuestionario para una encuesta obrera (1880)

Presentación

Ningún gobierno ( monárquico o republicano burgués) ha osado emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa. Pero, en revancha, ¡cuántas encuestas sobre las crisis agrícolas, financieras, industriales, comerciales, políticas!

Las infamias de la explotación capitalista reveladas por la encuesta oficial del gobierno inglés; las consecuencias legales que estas revelaciones han producido (limitación de la jornada de trabajo a diez horas, leyes sobre el trabajo de las mujers y de losniños, etc.) han hecho a la burguesía francesa aún más temerosa de los peligros que podría representar una encuesta imparcial y sistemática.

Esperando que podamos obligar al gobierno republicano a imitar al gobierno monárquico de Inglaterra, a abrir una vasta encuesta sobre los hechos y desgracias de la explotación capitalista, vamos, con los débiles medios de los que disponemos, a intentar iniciar una por nuestra parte. Esperamos ser apoyados, en nuestro trabajo, por todos los obreros de la ciudades y campos, que comprenden que únicamente ellos pueden describir con conocimiento de causa los males que soportan; que únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicamente remedio a las miserias sociales que sufren; contamos también con los socialistas de todas las escuelas que, deseando una reforma social, deben querer un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que trabaja y se mueve la clase obrera, la clase a quien pertenece el provenir.

Estos Cuadernos del trabajo son la tarea primera que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social.

Las cien preguntas que siguen son las más importantes. Loas respuestas deben llevar le numero de orden de la pregunta. No es preciso responder a todas las preguntas; pero recomendamos responder de la forma más abundante y detallada posible. El nombre de la obrera o del obrero que responde no será publicado, a menos que sea autorizado de forma expresa; pero se nos debe facilitar, así como su dirección, para que podemos comunicar con él.

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Hace falta una reconstruccion global

Stéphane Beaud, Michel Pialoux

Encuesta a los obreros de Peugeot de Sochaux

Con los artículos que estamos presentando queremos comenzar una reflexión sobre cuáles son hoy las tareas que se le plantean a la clase trabajadora para lograr recomponer su conciencia de clase y sus instituciones, en la perspectiva de volver a proponerse como sujeto capaz de liderar la transformación social.

Es preciso partir de reconocer los cambios estructurales que ha sufrido. Se trata de una "nueva clase trabajadora", caracterizada -esencialmente- por una nueva relación laboral (marcada por la desocupación y la exclusión). Como también las pérdidas subjetivas, la autocompresión como clase, y la falta de toda perspectiva que vaya más allá del orden capitalista existente.

Del primero queremos señalar, que lo hemos tomado gentilmente de la revista marxista revolucionaria francesa Carrè Rouge, en el que François Chesnais escribió una reseña del libro Retour sur la condition ouvrière*, sobre los cambios en las vidas de los obreros –y sus familias– que trabajan en Peugeot y las fábricas subtratantes, en la región de Sochaux-Monbéliard, Francia, durante los últimos 15 años. El siguiente es un extracto de esa reseña.

El método de investigación y sus implicancias

Entrevistas individuales llevadas a cabo de manera continua durante un período largo, cuatro años como mínimo, o mucho más largo –en ciertos casos de más de quince– con los obreros de Peugeot es el método de investigación aplicado por los autores. Y se los volvió a entrevistar en diferentes ocasiones de su vida y su actividad: como militantes (en los locales sindicales, en las reuniones de los comités de huelga durante el conflicto de 1989), o como ciudadano en las fiestas de la FCPC de la escuela o del colegio de sus hijos e incluso en su vida familiar.

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MI ABUELO, MI MADRE Y YO. TRES GENERACIONES CONTRA EL TRABAJO

Mi abuelo, que era jornalero agrícola, leía a Marx y Lenin en las horas de descanso bajo la sombra de un árbol. En un momento de su vida apostó toda su hacienda, herencia y algún debito para abrir un negocio de alimentación y así tener tiempo para militar en el PCI. “Podríamos haber sido ricos si no hubiese pensado sólo en hacerse arrestar” todavía repite continuamente la abuela. Mi madre, una vez llegó a Milán, se puso a trabajar en una fábrica y a participar en las luchas de los precarios de la enseñanza, para acabar trabajando como secretaria y escapar así a la condena del trabajo y de la vida. Yo, desde que empecé a trabajar, no me plantee el problema de escapar a esta o aquella condición de trabajo, al contrario, he tenido tantos trabajos de mierda que los concebía siempre como transitorios, bien para tener más tiempo, además del dedicado al trabajo, para mí y para desarrollar otra actividad. Part-time, cfl, en negro, cooperativista, co.co.co., a tiempo indeterminado, son las tipologías de “contrato” con las cuales he desempeñado trabajos de mudanza, encuestador, eventual de correos, dependiente, sistemista … y también cualquier pequeña actividad ilegal, para conseguir no dedicar toda mi existencia sólo al trabajo, además de tener una renta y tiempo más allá del trabajo. Mi abuelo, mi madre y yo a partir da condiciones diferentes y con modalidades diversas, hemos buscado líneas de fuga para las diversas formas en las que se presenta la esclavitud del trabajo subordinado; hemos intentado sustraernos a la reducción de la vida al trabajo, a la imposición del trabajo (comprendida su exclusión) a la que nos somete bajo varias formas y en las diversas fases históricas, este sistema más social que económico llamado capital, que hoy reduce toda nuestra existencia a mercancía.

Mi abuelo, una vez puesto en marcha el negocio, y retornado al campo para sostener las luchas de los jornaleros pensaba que, si el PCI hubiese vencido y tomado el poder, todos habríamos tenido de qué vivir a través del trabajo socialista que, ¡ay de mí!, siempre es trabajo, siempre de subordinación se trata también en la economía socialista. Mi madre, cuando llegó a Milán, encontró alojamiento y trabajo a través de la organización extraparlamentaria en la que militaba, y en la cual continuó militando hasta el reflujo de los años 80, pensando que, si se hubiese hecho la revolución, se habría acabado con la explotación y tendríamos una distribución distinta del trabajo y por tanto de los recursos. Yo en cambio, el tiempo que he logrado sustraer al trabajo, lo he dedicado principalmente a actividades inherentes a la construcción de un centro social y, “superado” el problema de los desalojos, al desarrollo de este proyecto colectivo y territorial que hoy nos gusta definir biopolítico. Porque el recorrido colectivo que hemos emprendido, a partir de la cuestión de los espacios y después a la del tiempo para dedicar a las actividades a desarrollar dentro y fuera del centro social, ha tenido un acercamiento respecto a la cuestión de los recursos de reapropriación y de gestión directa de los mismos, en contraposición a la única modalidad de acceso que es el trabajo. El tiempo, tiempo para dedicar a los proyectos, tiempo a partir de la valorización del rechazo del trabajo, de cualquier tipo. “Trabajar para nosotros, para mejorar la calidad de la vida en el territorio.” Hace diez años que hemos iniciado una negociación con la administración municipal, no solo por el espacio, sino también para tener recursos financieros para reconstruir el centro y para desarrollar diversas actividades sin hacer voluntariado o utilizando el tiempo libre del trabajo para dedicarnos a la militancia política, reivindicando explícitamente el rechazo del trabajo y proponiendo proyectos de cooperación social autogestionada. Hemos conseguido fondos para reestructurar el centro aunque todavía no hemos logrado un solo euro para las actividades que se desarrollan, y por esto no hemos firmado el acuerdo deliberado en el consejo municipal para la asignación del espacio, pero nos las hemos arreglado y hemos puesto en común la tensión singular que cada uno, en plena soledad e impotencia, practicaba. Hemos empezado a hablar no sobre un salario justo, sino de una renta, entendiendo con ello la reapropiación y la gestión directa de los recursos a través de un proceso de cooperación. Pero no nos hemos recluido en el centro, hemos afrontado al mismo tiempo la fractura espacio-temporal que el capital nos imponía con nuevos modos de ser al trabajo durante la fuga de masa de la fabrica. Hemos continuado trabajando, entrando y saliendo del mercado de trabajo, utilizando también el instrumento de la negociación sindical y legal en los lugares de trabajo y una vez concluido el conflicto porque la producción se desplaza a otro lugar o se da el despido individual, reivindicamos de todos modos siempre los sueldos para tener tiempo de buscar otro trabajo y/o para desarrollar un año sabático en el centro y nominando también en los lugares de trabajo todo lo que es renta, lucha por la renta y no por el trabajo. Al mismo tiempo, dentro del centro, se ha iniciado y todavía está en curso también un proceso de autorenta, de utilización de una parte de los recursos producidos por nuestra economía de gestión, por algunas actividades de carácter principalmente político y social que nos han ayudado a afrontar individualmente y colectivamente la precariedad creciente de la existencia. Así, buscando valorizar y promover el rechazo del trabajo, buscando la ruptura a partir de las actuales modalidades de ponernos al trabajo, buscando invertir el concepto de flexibilidad y utilizarlo en nuestra ventaja; para sustraerse a la valorización capitalista de todas las actividades humanas que es hemos llegado a la experimentación de experiencias de libre cooperación.

Durante el desarrollo de este proceso de autorganización nos hemos planteado el problema de cómo generalizar la posibilidad, de cómo hacer que todos pudieran emprender proyectos de cooperación para participar en otra producción material e inmaterial del mundo. Cómo pasar del reino de la oportunidad para algunos al de la posibilidad para todos, considerando el chantaje del salario que sufrimos? Cómo generalizar la posibilidad de acceder a los recursos sin estar obligados a trabajar, garantizando así a todos la existencia sin ningún chantaje, para decidir libremente cómo, qué, cuánto y cuándo producir? Estas interrogaciones nos han llevado desde el trabajo a las actividades humanas y a la libre cooperación, desde el salario a la renta de ciudadanía universal e incondicionada. Es esta la búsqueda que nos hace escribir, que nos hace relatar nuestra experiencia en este magazine. En este magazine no sentirás ninguna añoranza por el puesto fijo de por vida, no demonizaremos la flexibilidad, no hablaremos de salario justo, de salario europeo, de salario garantizado, de renta mínima de inserción, de 35 horas, de indemnización por desocupación, de welfare municipal porque nos proponemos eliminar la explotación y quedarnos el trabajo. Aquí en cambio se trata de liberarse del trabajo, de cómo lograr emprender y generalizar procesos de reapropiación y gestión directa de los recursos para decidir libremente sobre la propia vida. La renta de ciudadanía es puesta en común desde los infinitos modos de sustraerse a la imposición del trabajo, es reconocimiento y valorización de los procesos de autovalorización individual y colectivos que, si no practican objetivos comunes, son destinados a ser nuevamente metidos al trabajo, tutti quanti. La renta de ciudadanía es imaginar una tendencial liberación del tiempo de vida a través de una reducción del rechazo sobre el salario. La renta de ciudadanía es un presupuesto imprescindible para una organización horizontal de la multitud y del éxodo. Veréis que mi abuelo, mi madre y yo hemos, junto a tantísimas otras tentativas que han acabado encontrar practicas y palabras comunes, metido en crisis y forzado a este sistema a nuevos límites para conseguir ´reinsertarnos’ de nuevo al trabajo? ¿Qué otro instrumento podríamos hoy practicar, si no la renta de ciudadanía, para no recaer en esta trampa?

Traducción: autsoc.

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Crítica del concepte de «revolució burgesa» aplicat a les revolucions dels drets de l’home i del ciutadà del segle XVIII

Florence Gauthier

La tradició marxista veu en les revolucions de la llibertat i de la igualtat, que varen precedir allò que hom ha anomenat "la revolució proletària" inaugurada per la revolució russa, unes "revolucions burgeses". Se sap que Marx ha deixat elements d’anàlisi, que presenten moments diferents i àdhuc contradictoris de la seva reflexió, corresponent a l’evolució dels seus coneixements i de la seva comprensió de la revolució francesa. L’esquema interpretatiu, del qual tractarem en aquest treball, ha estat produït per la tradició marxista i es ell mateix una interpretació dels anàlisis deixats per Marx.

De totes maneres, la meva intenció no es pas reconstruir la forma com un esquema interpretatiu tal ha estat produït, encara que aquest treball resta per fer, i fins i tot és urgent, si no, més precisament, cercar de saber si aquest esquema interpretatiu correspon a la realitat històrica.

Per a situar el problema. jo em limitaré a l’exemple d’allò om anomena "Revolució francesa". I jo voldria començar recordant el sofriments que alguns grans historiadors marxistes s’han infligit ells mateixos, per a fer quadrar els resultats de la seva recerca dins l’esquema interpretatiu de la "revolució burgesa".

A principis del XXè segle, s’entenia la Revolució francesa com a "revolució burgesa" en el sentit en que la direcció política de la revolució hauria restat sempre en mans de la burgesia, passant d’una fracció de la burgesia a altra . Les tasques d’aquesta revolució haurien estat acomplertes pels cops d’ariet donats pel moviment popular, considerat com a no pensant i que es trobava doncs en la incapacitat d’assumir qualsevol paper dirigent.

De totes maneres, com es tractava d’una "revolució burgesa", es buscava un embrió de "proletariat". I om interpretà llavors la presencia dels Enragés, dels Herbertistes, dels Babouvistes, com petits grups "comunistes", esbós d’un moviment futur, el de la "revolució proletària". Aquesta interpretació està present a Jaurès, en la seva Historia socialista de la revolució francesa. L’ obra depassa d’altra banda aquest esquema interpretatiu, gràcies a la publicació de molt nombrosos documents, sovint in extenso, que deixen sentir les veus múltiples dels revolucionaris, i que contradiuen mantes vegades l’esquema interpretatiu [1]. Albert Mathiez reaccionà davant d’aquesta interpretació marxista d’una revolució "burgesa", que feia incomprensible l’esdeveniment, i que ell adjectivà com a "beneiteria enorme" repetida per "dòcils escolars"[2].

Però fou després de la publicació de les grans monografies fonamentades en l’erudició i consagrades per primera vegada als moviments populars endegades per Georges Lefebvre i els seus alumnes, Richard Cobb, George Rudé, Albert Soboul, Kare Tonnesson, que l’esquema interpretatiu de la "revolució burgesa" esclatà. Lefebvre il.luminà la presència d’una revolució camperola autònoma en les seves expressions i les seves formes d’organització i d’acció[3]. Els seus alumnes varen fer un treball de la mateixa amplada a les ciutats il.luminant la revolució sans-culotte[4]. El poble retrobà llavors el seu nom i la seva dignitat revolucionària. Això fou el toc a morts de la "revolució burgesa". La tesi de Cobol féu l’ escàndol descobrint allò que la historiografia actualment intenta dissimular amb tots els mitjans: la democràcia comunal, viva, creadora de formes de vida política i social noves recolzant-se en la ciutadania i en la sobirania popular, creant un espai públic democràtic, alimentant-se dels drets de l’home i del ciutadà i fins i tot inventant, en concert amb la revolució pagesa, un nou dret de l’home: el dret a l’existència i als mitjans per a conservar-la. Breument, la descoberta d’un veritable continent històric, desconegut fins a aquests treballs.

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La Revolució Francesa i nosaltres… que l’estimem tant

Joan Tafalla

Deu anys després del Bicentenari i de la caiguda del mur de Berlin

Escric aquestes linees quan fa deu anys de la caiguda del mur de Berlin i del Bicentenari de la revolució francesa. Fa deu anys del final del “segle curt” ( Hobswann diu que començà el 1914 i que s’acabà el 1989) i ja ha començat el segle XXI a Seattle, amb l’eclossió de la resistència mundial a l’anomenada globalització del capitalisme. Un impasse de deu anys que ha vingut acompanyada de fenomens tant esperançadors com l’insurrecció indígena l’1 de gener de 1994, les movilitzacions obreres de França de desembre del 1995 o la generalització del moviment okupa, del moviment contra l’atur i la precarietat del moviment antifeixista a Europa mentre l’esquerra institucional més o menys clássica es debat entre la perplexitat i la manca de reflexos.

A deu anys, ja es poden fer balanços d’alló que foren i han significat el Bicentenari i la caiguda del mur. Ambdós aconteixements, en la seva esfera, han tingut conseqüències inmediates e importants en el desenvolupament del comunisme.

Voldria compartir amb tu, amable lector, algunes reflexions que durant aquest darrers anys he anat fent, de forma ocasional i dispersa. Les he fetes al fil de l’evolució dels aconteixements i de diverses i desordenades lectures. No poden doncs pretendre l’ambició de la globalitat. Albiro, com Gardel “una esperanza humilde” de que puguin ser una contribució a la nostra reflexió col.lectiva sobre la democràcia, la política i la revolució. Que crec que són temes que ens interesen tant a tú com a mi.

És per això que, a diferencia de Cohn-Bendit que emplea el passat en el títol del seu llibre sobre el maig del 68, jo faig servir el present quan conjugo el verb estimar respecte de la revolució francesa. O simplement, respecte a la Revolució, amb majúscu

1.- El revisionisme històric com a clau de volta ideològica de l’ordre neoliberal

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