Por doquier se responde a la idea de ese regreso a los estados nacionales con el anatema: “aislamiento”, “repliegue”, “nacionalismo excluyente”, “fascismo”, pero las naciones de Europa vivieron en paz y crearon cosas como Airbus y el programa Erasmus durante muchos años sin moneda única y sin el corsé de los actuales tratados. Algunos de los países europeos más prósperos (Islandia, Noruega o Suiza) ni siquiera son miembros de la UE. Muchos más no participan en el euro, sin que ello los convierta en algo remotamente parecido a marginados de la globalización. Así que, si se quiere poner en el centro del proyecto europeo otras cosas diferentes a la libre circulación de mercancías/ capitales y a los beneficios oligárquicos que lo ha dominado y arruinado todo en los últimas décadas, cierta desintegración me parece ineludible. Para remediar la situación el primer paso es desacralizar la Unión Europea, bajarla del altar y colocarla al alcance de una crítica realista.
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