Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Mercado y valorización de los recursos naturales: los límites del crecimiento del capital

Joaquín Arriola

Mercado y valorización de los recursos naturales: los límites del crecimiento del capital

JOAQUIN ARRIOLA

Publicado como:

"Mercato e valorizzazione delle risorse naturali. I limiti della crescita del capitale" en Luciano Vasapollo (ed): Capitale, Natura e Lavoro. L’esperienza di "Nuestra América", Jaca Book, Milan 2008 pp. 93-106 ISBN 978-88-16-40854-8

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Entrevista la István Mészàros: «La solución neokeynesiana y un nuevo Bretton Woods son fantasías»

"Lukács acostumbraba a decir, con bastante razón, que sin estrategia no se puede tener táctica. Sin una perspectiva estratégica de los problemas no se pueden tener soluciones para el día a día".

Entrevista la István Mészàros: "La solución neokeynesiana y un nuevo Bretton Woods son fantasías"

En una entrevista en la revista inglesa Socialist Review, István Mészàros, uno de los principales pensadores marxistas de la actualidad, analiza la crisis económica mundial y critica aquellos que apuestan que esta será resuelta trayendo de vuelta las ideas keynesianas y la regulación. "Es una fantasía que una solución neo-keynesiana y un nuevo Bretton Woods resolverían cualquiera de los problemas actuales", defiende Mészàros. Para él, estamos viviendo mayor crisis en la historia humana, en todos los sentidos.

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Entrevista a Immanuel Wallerstein: El sistema que salga de la crisis será muy diferente

Iñigo Errejón, Pablo Iglesias

ENTREVISTA: IMMANUEL WALLERSTEIN, PENSADOR, ESCRITOR Y ‘CIENTÍFICO SOCIAL’ ESTADOUNIDENSE

Iñigo Errejón / Pablo Iglesias (Madrid)

La crisis económica mundial y el desastre del sistema capitalista plantean, a juicio de Wallerstein, una disyuntiva en la que la humanidad deberá decidir qué rumbo tomar.

Immanuel Wallerstein es la principal figura del análisis de sistemasmundo, quizá la perspectiva teórica de inspiración marxista más influyente en las ciencias sociales desde los ’70. Estuvo en Madrid y Barcelona invitado por la Universidad Nómada. Tras participar, de la mano de la Asociación Universitaria Contrapoder, en un acto en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense que contó con la asistencia de más de 600 personas entre estudiantes y profesores, tuvo unos minutos para responder a las preguntas de este periódico.

DIAGONAL: Nos interesa particularmente tu visión sobre las esperanzas que debamos albergar hacia el mandato de Obama, y en qué medida su victoria puede ser interpretada en relación a la crisis de hegemonía norteamericana y a la percepción generalizada de esa crisis. IMMANUEL WALLERSTEIN: Es positivo que Obama haya llegado a la presidencia de Estados Unidos, pero no va a significar en modo alguno un cambio sustancial. Actuará de forma más inteligente que su predecesor, lo cual tampoco es difícil. La administración Bush, con su militarismo derechista, ha precipitado el declive de la hegemonía norteamericana en el sistema interestatal. Frente a eso, Obama puede comprender la situación y avanzar hacia un mundo bipolar, pero en ningún caso podría rehacer América en el sentido de reinstaurar la hegemonía de EE UU, que ya no volverá. Por otra parte, ante la comprensión de los profundos problemas que afronta la sociedad norteamericana, Obama emerge como símbolo ilusionante para la gran mayoría del país, incluso con una altísima popularidad en otros países. Obama aglutina a un electorado muy amplio, que va desde la izquierda (salvo algunos grupos minoritarios) hasta el centro-derecha, y no podrá responder a las expectativas de todos, ni oponerse frontalmente a los retos sistémicos que desbordan en todo caso su capacidad de acción. Se trata de un hombre joven, inteligente y bien formado. Además es afroamericano, lo cual constituye un símbolo que no puede olvidarse, de extrema importancia. Todo esto es positivo, pero no es suficiente. Hay que ser realistas al respecto, y contextualizar las posibilidades de cambio realmente existentes. Obama es el mejor presidente que Estados Unidos podría tener en estos momentos, pero no deja de ser el presidente de Estados Unidos, una potencia hegemónica en declive en un sistema-mundo en crisis estructural.

D.: ¿En qué medida las turbulencias sistémicas que vivimos pueden producir una mutación del capitalismo? ¿Marcan éstas, por el contrario, un límite definitivo del capitalismo como sistema histórico? I.W.: Para leer correctamente la etapa histórica en la que nos encontramos, tenemos que distinguir entre las dinámicas de continuidad y las de ruptura, entre lo normal y lo excepcional. Lo normal es el colapso del modelo especulativo que hemos vivido, que se corresponde con una Fase B en los ciclos de Kondratieff que describen las dinámicas de largo plazo en la acumulación capitalista. Lo excepcional es la transición que desde hace 30 años venimos viviendo, desde el sistema-mundo capitalista hacia otra formación sociohistórica. A mi juicio podemos estar seguros de que en 30 años no viviremos en el sistema-mundo capitalista. En ese sentido, con la crisis coyuntural del capitalismo, converge una crisis estructural, un declive histórico del sistema- mundo. En eso se distingue esta fase de recesión económica mundial de otras anteriores: el nuevo sistema social que salga de esta crisis será sustancialmente diferente. Si evolucionará en un sentido democrático e igualitario o reaccionario y violento es una cuestión política y por tanto abierta: depende del resultado del conflicto entre lo que llamo "el espíritu de Davos" y "el espíritu de Porto Alegre". En otras palabras, de la inteligencia y el éxito político de los movimientos antisistémicos.

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Crisis global, alternativas globales

Jesús Sánchez Rodríguez

La crisis económica derivada del vendaval financiero desatado en el último cuatrimestre del año pasado muestra ya claramente las distintas aristas del conflicto que está generando. Conflicto que se desarrolla en diveros niveles, en el seno del sistema capitalista mundial, en el enfrentamiento entre diversas fracciones de la burguesía, entre empresarios y trabajadores, y en el seno de la propia clase obrera. Podemos observar el desarrollo de cada arista por algunos de los acontecimientos claves en diferentes países, aunque al final debemos hacer una lectura global con todos estos datos.

En Islandia, país poco acostumbrado a ser noticia en los medios, se ha producido la primera crisis política de importancia con la caída de gobierno.

En EEUU, después del diferente tratamiento aplicado al capital financiero e industrial, ejemplarizados en los bancos y la industria automotriz; sobresale ahora la actitud claramente populista de Obama; sus dos aspectos principales son el proteccionismo de sus preconizaciones a favor de los productos y empresas norteamericanas, y su limitación de los altos salarios de los ejecutivos de las empresas con ayudas estatales como medida orientada a contrarrestar el malestar popular generado por las supermillonarias ayudas a los grandes bancos y corporaciones. Se trata de dos decisiones que se están siendo extendiendo con  rapidez por otros países europeos y que están, en el caso de la primera, haciendo saltar las alarmas contra el proteccionismo.

En Inglaterra hemos asistido a una huelga xenófoba de los trabajadores de la energía que muestra la profundidad de la penetración de los valores egoístas e individualistas en las conciencias obreras, el conflicto entre empresarios y trabajadores en torno a la destrucción de empleo y a las condiciones de trabajo es derivado a un enfrentamiento entre trabajadores nacionales y extranjeros. Resta por ver si esta deriva xenófoba es atajada o se extiende a otras partes. De momento parecen oponerse, de un lado este fenómeno inglés y, do otro, la huelga general de Francia realizada, como otras movilizaciones parciales en Europa, en torno a reivindicaciones defensivas, pero también las más radicales movilizaciones que tuvieron lugar en Grecia.

En España, como último ejemplo, se puede observar también el enfrentamiento abierto entre el capital financiero y el capital productivo, entre la banca y las  pequeñas y medianas empresas, que agonizan ante la sequía de créditos que las imponen los primeros, y cuyo enfrentamiento se ha trasladado al interior del propio gobierno socialista que intenta mediar entre ambos sectores.

De esta manera asistimos a un guión cuyas líneas generales de desarrollo son conocidas históricamente, la crisis financiera deriva en crisis económica y está, posteriormente, en crisis social y política. Los primeros síntomas son ya evidentes, la incógnita es la intensidad, velocidad y sentido que iran adquiriendo. Pero con esas líneas generales, el contenido y el desenlace siempre lo escriben  los actores sociales y políticos en cada coyuntura histórica.

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La situación de la clase trabajadora

Vicenç Navarro

05 Feb 2009

VICENÇ NAVARRO

El Economic Policy Institute (EPI) es uno de los centros de investigación económica y social más importantes de EEUU. Elabora cada dos años un informe sobre la situación de la clase trabajadora en EEUU, The State of Working America, que incluye la información más detallada que existe sobre las condiciones laborales y sociales de la población trabajadora en EEUU, comparándola con las condiciones existentes en otros países de la OCDE incluyendo España. En este artículo comparo la situación de la clase trabajadora de España con la clase trabajadora de EEUU basándome en los datos del informe del EPI, complementado por los datos del Observatorio Social de España, colaborador del EPI en España.

Los datos del informe cuestionan gran número de supuestos liberales que dominan gran parte de las culturas económicas y políticas de España. Por ejemplo, uno de los dogmas que se reproducen con mayor frecuencia en los círculos liberales del país es que los salarios en España son demasiado altos, habiéndose afirmado incluso que una de las causas de que la intensidad de la crisis económica sea particularmente acentuada en España es la elevada cuantía de las retribuciones salariales. Los datos, sin embargo, no confirman este supuesto. El salario por hora de los trabajadores españoles (incluso entre los trabajadores de la manufactura, que son los mejor pagados) es uno de los más bajos de la UE-15 y de la OCDE. Si el nivel de los salarios de la manufactura de EEUU se toma como punto de referencia (llamándole 100), entonces, el salario de los trabajadores mejor pagados (los de la manufactura) es el 79% del de EEUU. Los mejor pagados son Suecia (136%), Finlandia (126%), Dinamarca (149%) y Holanda (130%). En realidad, la mayoría de países de la UE-15 tienen mayores salarios que EEUU, y mucho más elevados que España.

Se dice con frecuencia que los salarios son bajos en España porque la productividad laboral es baja. Los datos, sin embargo, no muestran una relación clara entre productividad laboral y salario. En realidad, la diferencia en la productividad de los trabajadores de la manufactura entre los países de la UE-15 es menor. La diferencia de los salarios entre los países, sin embargo, es muy acentuada. Esto muestra que el nivel de productividad no es el factor determinante del salario recibido por el trabajador. Una causa mayor es la fortaleza de los sindicatos y de las izquierdas en el país, como lo atestigua que sean los países nórdicos donde los sindicatos y las izquierdas son fuertes, donde los salarios son más altos. En el sur de Europa, incluyendo España, donde los sindicatos y las izquierdas son más débiles, los salarios son más bajos. Es más, la baratura de los salarios (facilitada por una gran abundancia de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes), no motiva al mundo empresarial y al Estado a invertir en los puestos de trabajo y en los trabajadores para incrementar su productividad. No es, pues, que los salarios sean bajos porque la productividad es baja, sino, al contrario, la productividad es baja porque los salarios son bajos. Recortar todavía más los salarios contribuiría más al descenso de la productividad. Y dificultaría en gran manera la recuperación económica al disminuir la demanda doméstica, cuya debilidad es la causa mayor de la crisis que atraviesa España.

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Entrevista a István Mészàros: «Solução neokeynesiana e novo Bretton Woods são fantasias»

"Lukács costumava dizer, com bastante razão, que sem estratégia não se pode ter tática. Sem uma perspectiva estratégica desses problemas você não pode ter soluções do dia-a-dia".

Entrevista a István Mészàros: "Solução neokeynesiana e novo Bretton Woods são fantasias"

Em entrevista à revista inglesa Socialist Review, István Mészàros, um dos principais pensadores marxistas da atualidade, analisa a crise econômica mundial e critica aqueles que apostam que ela será resolvida trazendo de volta as idéias keynesianas e a regulação. "É uma fantasia que uma solução neo-keynesiana e um novo Bretton Woods resolveriam qualquer dos problemas dos dias atuais", defende Mészàros. Para ele, estamos vivendo a maior crise na história humana, em todos os sentidos.

– A classe dominante sempre é surpreendida por crises econômicas e fala delas como fossem aberrações. Por que você acha que as crises são inerentes ao capitalismo?

Eu li recentemente Edmund Phelps, que ganhou o Prêmio Nobel de Economia, em 2006. Phelps é um tipo de neokeynesiano. Ele estava, é claro, glorificando o capitalismo e apresentando os problemas atuais como apenas um contratempo, dizendo que "tudo o que devemos fazer é trazer de volta as idéias keynesianas e a regulação."

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La ofensiva de las empresas transnacionales sobre la agricultura

João Pedro Stedile

Este texto tiene el objetivo de presentar de forma sucinta, algunos elementos para la reflexión y el debate, sobre las principales formas de actuación del capital internacional sobre la agricultura, a través de las empresas transnacionales.

Hay una lógica natural de funcionamiento del capitalismo, ahora en su fase dominada por el capital financiero, que actúa sobre la agricultura. Y hay características específicas determinadas por la reciente crisis del capital financiero. Y esto trae consecuencias para la agricultura y para los campesinos. Y trae también contradicciones que necesitamos entender para actuar sobre ellas.

1.- La ofensiva del capital sobre la agricultura

El desarrollo de la forma de producción capitalista ha atravesado por varias fases. Inició en el siglo XV como capitalismo mercantil, después evolucionó hacia el capitalismo industrial en los siglos XVIII y XIX. En el siglo XX se desarrolló como capitalismo monopólico e imperialismo. En las últimas dos décadas estamos viviendo una nueva fase del capitalismo, ahora dominada por el capital financiero, globalizado. Esta fase significa que la acumulación del capital, de las riquezas se realiza básicamente a través del capital financiero, en la forma de dinero. Pero este capital financiero necesita controlar la producción de las mercancías (en la industria, en las minas y la agricultura) y el comercio a nivel mundial.

El capital financiero internacional pasó a controlar la agricultura a través de varios mecanismos.

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La venganza de Karl Polanyi

Fred Halliday

En la década de 1930 escribió que los mercados deben ser regulados y gestionados por los estados

De todos los grandes libros que he utilizado en mis clases en el transcurso de las dos o más últimas décadas, pocos pueden compararse a la magnífica y estimulante obra publicada por Karl Polanyi en 1943, La gran transformación.Se trata de un imaginativo y amplio trabajo de sociología histórica que analiza el auge del mercado capitalista moderno desde la revolución industrial inglesa de finales del siglo XVIII (la "gran transformación" a la que hace referencia el título) hasta las convulsiones de las décadas de 1920 y 1930 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Debería ser lectura obligatoria para todos los interesados en la gestión y el análisis de la crisis contemporánea del sistema financiero mundial.

El libro de Polanyi proporciona un relato absorbente, aunque algo digresivo, del modo en que funcionan los mercados modernos y, en particular, de su inestabilidad estructural y sus inexorables vaivenes y oscilaciones. Poniendo en duda la idea de que había algo "natural" o universal en el mercado moderno y sin dedicar tiempo a las elucubraciones sobre una "mano oculta", Polanyi hizo hincapié en las bases culturales y políticas de los mercados. Puso de manifiesto que lo que había dado lugar a ese complejo fenómeno, generador a la vez de riqueza y de inestabilidad y pobreza, era el resultado concreto de la sociedad industrial moderna. Escribiendo como escribía durante las secuelas de la Gran Depresión, en la década de 1930, que desembocó en el estallido de la guerra, su conclusión era un producto de la opinión liberal del momento, bien fundada, abierta y socialdemócrata: los mercados, entidades humanas y contingentes, deben ser regulados y gestionados por los estados. No hay nada parecido a una "mano oculta". Un mercado "puro" y sin restricciones no puede ni debe existir.

A lo largo de su vida, Polanyi (que murió en 1964 en Canadá) criticó, tanto en Austria como en Estados Unidos, la falta de realismo de las ideas económicas dominantes. Sin embargo, la tradición encarnada por él quedó marginada, y los financieros y especuladores del mundo de la práctica y la mayoría de los economistas del mundo académico se dedicaron a promover la idea de que los mercados son, a largo plazo, mecanismos autorregulados y, de algún modo, "naturales". Se generaron montañas de palabras y expresiones con el fin de respaldar y perpetuar dicha afirmación: "ajustes del mercado", "autocorrección natural", "leyes de hierro del comercio y las finanzas", unas "fuerzas del mercado" supuestamente inevitables y muchas cosas más…, esa clase de paparruchas con afán disculpatorio que hemos escuchado y leído un día tras otro a lo largo de muchos años en las noticias económicas de la radio, la televisión y los medios de comunicación impresos. El mayor de los mitos ha sido, claro está, el de un supuesto "libre mercado", como si el mercado moderno se hubiera visto alguna vez libre de garantías estatales, a saber, de seguridad, derecho internacional, control y reglamentación del trabajo; y como si pudiera decirse que un sistema en el que el poder está distribuido de un modo tremendamente desigual e inestable garantiza la "libertad" de la mayoría de las personas sometidas a él.

Si bien el punto álgido de semejante glorificación y cosificación "neoliberal" de los mercados se produjo en los años Reagan-Thatcher de la década de 1980, la tendencia pareció quedar confirmada por la caída de las economías planificadas socialistas a principios de la década de 1990, el auge de la tecnología de la información y el ascenso de China. Ahora bien, frente a esa idea de las finanzas en tanto que esfera autónoma de la actividad económica, los seguidores de la tradición de Polanyi han sostenido que ningún sistema económico, ya sea industrial, financiero o agrícola, puede funcionar sin el papel activo del Estado. La aspiración de tales autores era, como ocurrió con pensadores anteriores como Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, reunir el estudio de la política, del Estado, y el estudio de la economía, de los mercados. Así, las prescripciones políticas fueron que el Estado moderno tenía que fomentar y proteger los mercados, del mismo modo que proporcionaba servicios públicos para garantizar la seguridad de los viajes y el transporte, la estabilidad de las monedas, la promoción de la educación y la investigación científica, así como todos los demás respaldos esenciales – y con frecuencia no reconocidos- que suministraba el Estado, incluso en las sociedades más supuestamente partidarias del laissez faire del mercado capitalista. La hybris, el cegador orgullo, de los dirigentes financieros y los encargados de formular políticas de los últimos años no sólo reside en la creencia de que, uno tras otro, los conjuntos de prácticas falaces y de sistemas desmedidos de préstamo podían sostenerse, sino en la creencia de que habían creado algo que se correspondía con un orden "natural" y, por ello, implícitamente, "eterno". Por encima de todo, la verdadera hybris ha consistido en no haber leído la historia ni, en particular, La gran transformación.Ahora, en estos momentos dramáticos en que durante las últimas semanas hemos presenciado una intervención sin precedentes del Estado estadounidense y sus homólogos europeos en los mercados financieros, la validez de lo defendido por Karl Polanyi y sus seguidores, por encima de todo la fragilidad y la artificialidad de los mercados, ha quedado demostrada a los ojos de todos.Polanyi podría advertirnos además de que, como en épocas anteriores en que los mercados se excedieron y tuvieron que verse corregidos por los estados, también esta vez cabe una reacción desmesurada: el supuesto mecanismo de autocorrección y búsqueda de equilibrio también era un mito. La falta de confianza y rumbo podría llevar a los estados demasiado lejos en la dirección opuesta. Quizá algún día, cuando no estén cegados por la especulación a corto plazo y la pura codicia, los encargados de controlar y dirigir las economías podrían decir algo acerca de esas entidades supuestamente "naturales" y "libres" que dicen manejar.

F. HALLIDAY, profesor-investigador de la ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) en el IBEI (Institut de Barcelona d´Estudis internacionals)

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