La trampa de la diversidad.
Asumir que existen conflictos paralelos al del capital-trabajo no es lo mismo que asumir que esos conflictos son independientes y estancos los unos de los otros. Mientras que los movimientos revolucionarios del siglo XX se esforzaron por buscar qué era lo que unía a personas diferentes, el activismo del siglo XXI se esfuerza por buscar la diferencia de las unidades. Así, mientras que el concepto de clase es un intento de, basándose en un análisis de una situación material, buscar algo profundamente transversal que atraviesa nacionalidades, géneros y razas, el movimientismo actual parece empeñado en crear un sistema de análisis donde los individuos son poseedores de privilegios o receptores de opresiones que intercambian al margen de su posición en el sistema productivo. Se diría que mientras que nos arrojan por la borda lo hacen siempre muy atentos a nuestras especificidades y creencias, a nuestra excluyente diversidad. Lo peor es que lo empezamos a asumir como una victoria.
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