Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Chile: ¿elecciones de consecuencias históricas?

Jesús Sánchez Rodríguez

Chile: ¿elecciones de consecuencias históricas?

Jesús Sánchez Rodríguez*

Las elecciones chilenas de enero de 2010 no podían leerse exclusivamente en clave nacional, a pesar de que por si mismas ya tuviesen un interés especial en cuanto estaba en juego el final de la etapa de gobiernos de la Concertación y el acceso al gobierno de la derecha pinochetista. Pero la coyuntura histórica en la que se encuentra América Latina proyectaba el interés de estas elecciones más allá del ámbito chileno.

En este sentido no se pueden olvidar otras dos coyunturas históricas, no excesivamente lejanas en el tiempo, en las que unas elecciones nacionales supusieron una encrucijada importante para las fuerzas de izquierda, con unas consecuencias negativas profundas en el segundo de los casos.

La primera de las coyunturas fueron las elecciones presidenciales francesas de 2002. Recordemos brevemente aquel momento. Las elecciones se celebraban después de un período de cohabitación de cinco años entre el Presidente Jacques Chirac y el Primer Ministro, el socialista Lionel Jospin. En la primera vuelta electoral habían concurrido 16 candidatos diferentes, desde la izquierda radical a la extrema derecha. La previsión era que en la segunda vuelta se enfrentasen, como los dos candidatos más votados, Chirac y Jospin, pero Francia entró en shock cuando conoció que los dos candidatos más votados eran Chirac y Le Pen. Este último había sobrepasado a Jospin por algunas décimas (16,86% frente al 16,18%). Un duro dilema para la izquierda. También en aquella primera vuelta la suma de la abstención y los votos blancos representó un tercio del electorado. El desencanto con los partidos de la cohabitación e incluso con el PCF, que había participado en el gobierno Jospin, produjo, además de la abstención mencionada, el crecimiento de la votación al trotskismo, que entre sus diferentes expresiones acumuló el 11%, pero sobretodo permitió que el ultraderechista Le Pen fuese uno de los dos candidatos a la segunda vuelta.

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Entrevista a Joan Devis sobre Darwin y el darwinismo: La competitividad no es el único fenómeno que explica la evolución

Salvador López Arnal

En el 150 aniversario de la edición de El origen de las especies, en el bicentenario del nacimiento de Darwin.

 

ENTREVISTA A JOAN DEVIS SOBRE DARWIN Y EL DARWINISMO: “[…] LA COMPETITIVIDAD NO ES EL ÚNICO FENÓMENO QUE EXPLICA LA EVOLUCIÓN. ESTA IDEA APARECE CON FUERZAS RENOVADAS EN LA “TEORÍA ENDOSIMBIÓTICA DE LA CÉLULA” DE LYNN MARGULYS EN LA QUE DESCRIBE EL PASO DE LA CÉLULA PROCARIOTA A LA CÉLULA EUCARIOTA COMO UN PROCESO DE FUSIÓN DE DIVERSOS ORGANISMOS QUE COLABORAN MUTUAMENTE EN LA SUPERVIVENCIA (¿TAL VEZ EL APOYO MUTUO DE KROPOTKIN?). DICHO EN OTRAS PALABRAS EL APOYO MUTUO FAVORECE LA ADAPTACIÓN Y, POR TANTO, LA SUPERVIVENCIA”.

 

Salvador López Arnal

 

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¿Podemos fiarnos de los desconocidos?

Santiago Alba Rico

¿Podemos fiarnos de los desconocidos?

Santiago Alba Rico

Atlántica XXII (Asturias)

La habitabilidad material del mundo es sobre todo una cuestión de confianza. La pugna y la sospecha son siempre secundarios o reactivos; y la economía y la política, que determinan su curso, explotan la credulidad constructiva de una humanidad a la que sorprenden una bombilla fundida y una cañería vacía, pues esperamos ingenuamente que se encienda la luz al presionar el interruptor y salga agua al abrir el grifo. Todo se sostiene con una cierta estabilidad, y todo se reproduce con una cierta continuidad, gracias a la ilusión individual de que, mientras nosotros dudamos, el otro sabe lo que se trae entre manos; y de que, si nosotros confeccionamos chapuzas provisionales, nuestro compañero, nuestro vecino, nuestro fontanero, saben bien lo que se hacen. Estamos seguros de que los padres saben cuidar a sus hijos, de que el paseante no nos va a mentir si le preguntamos la hora, de que el médico quiere curarnos, de que el puente no va a caerse, de que la silla va a soportar nuestro peso, de que el picaporte va a ceder a nuestro empuje. Si Gian Battista Vico, el filósofo italiano dieciochesco, tenía razón y “sólo conocemos de verdad lo que nosotros mismos hacemos”, hay que admitir que nuestra vida cotidiana consiste -y sólo es posible por ello- en una radical confianza en lo desconocido, en una fe ciega en millones de desconocidos que han levantado nuestras casas, instalado nuestros teléfonos, fabricado nuestros coches, construido nuestras carreteras (y preparado, desde que somos pequeños, nuestras comidas, remendado nuestros vestidos, curado nuestras heridas).

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En la muerte del camarada Daniel Bensaïd

Salvador López Arnal

En la muerte del camarada Daniel Bensaïd

 

Salvador López Arnal

 

El correo de un amigo me informa del fallecimiento en la mañana de ayer lunes, 11 de enero de 2010, del teórico y activista comunista Daniel Bensaïd. Sin acabarlo de creer escribo esta nota a todas luces injusta con su enorme figura, con su admirable ejemplo.

Profesor de filosofía en la Universidad París VIII, autor de Cambiar el mundo, Marx Intempestivo, Clases, plebes, multitudes, Resistencias, Trotskismos, de una extensa obra filosófica y política: treinta libros y centenares de artículos, Daniel Bensaïd había nacido en Toulouse hacía poco más de 63 años. Fue uno de los líderes estudiantiles del mayo parisino de 68; a diferencia de muchos otros, no se reconvirtió.

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Potencias del comunismo

Daniel Bensaïd

Daniel Bensaid

[Publicamos a continuación el último texto escrito por Daniel Bensaid para el nº 4 de la revista Contretemps, de la que era fundador. El texto forma parte del sumario de VIENTO SUR nº 108]

En un artículo de 1843 sobre “los progresos de la reforma social en el continente”, el joven Engels (recién cumplidos los 20 años) veía el comunismo como “una conclusión necesaria que se está claramente obligado a sacar a partir de las condiciones generales de la civilización moderna”. Un comunismo lógico en suma, producto de la revolución de 1830, en la que los obreros “volvieron a las fuentes vivas y al estudio de la gran revolución y se apoderaron vivamente del comunismo de Babeuf”. Para el joven Marx, en cambio, este comunismo no era aún más que “una abstracción dogmática”, una “manifestación original del principio del humanismo”. El proletariado naciente se había “echado en brazos de los doctrinarios de su emancipación”, de las “sectas socialistas”, y de los espíritus confusos que “divagan como humanistas” sobre “el milenio de la fraternidad universal” como “abolición imaginaria de las relaciones de clase”. Antes de 1848, este comunismo espectral, sin programa preciso, estaba presente pues en el aire del tiempo bajo las formas “poco pulidas” de las sectas igualitarias o de ensueños icarianos. Sin embargo, ya entonces la superación del ateísmo abstracto implicaba un nuevo materialismo social que no era otra cosa que el comunismo: “Igual que el ateísmo, en tanto que negación de Dios, es el desarrollo del humanismo teórico, también el comunismo, en tanto que negación de la propiedad privada, es la reivindicación de la vida humana verdadera”. Lejos de todo anticlericalismo vulgar, este comunismo era “el desarrollo de un humanismo práctico”, para el cual no se trataba ya sólo de combatir la alienación religiosa, sino la alienación y la miseria sociales reales de donde nace la necesidad de religión.

De la experiencia fundadora de 1848 a la de la Comuna, el “movimiento real” que busca abolir el orden establecido tomó forma y fuerza, disipando las “locuras sectarias”, y dejando en ridículo “el tono de oráculo de la infalibilidad científica”. Dicho de otra forma, el comunismo, que fue primero un estado de espíritu o “un comunismo filosófico”, encontraba su forma política. En un cuarto de siglo, llevó a cabo su muda: de sus modos de aparición filosóficos y utópicos a la forma política por fin encontrada de la emancipación.

1. Las palabras de la emancipación no han salido indemnes de las tormentas del siglo pasado. Se puede decir de ellas, como de los animales de la fábula, que no han quedado todas muertas, pero que todas han sido gravemente heridas. Socialismo, revolución, anarquía incluso, no están mucho mejor que comunismo. El socialismo se ha implicado en el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, en las guerras coloniales y las colaboraciones gubernamentales hasta el punto de perder todo contenido a medida que ganaba en extensión. Una metódica campaña ideológica ha logrado identificar a ojos de muchos la revolución con la violencia y el terror. Pero, de todas las palabras ayer portadoras de grandes promesas y de sueños de porvenir, la de comunismo ha sido la que más daños ha sufrido debido a su captura por la razón burocrática de Estado y de su sometimiento a una empresa totalitaria. Queda sin embargo por saber si, de todas estas palabras heridas, hay algunas que vale la pena reparar y poner de nuevo en movimiento.

2. Es necesario para ello pensar lo que ha ocurrido con el comunismo del siglo XX. La palabra y la cosa no pueden quedar fuera del tiempo de las pruebas históricas a las que han sido sometidos. El uso masivo del título “comunista” para designar el Estado liberal autoritario chino pesará mucho más durante largo tiempo, a ojos de la gran mayoría, que los frágiles brotes teóricos y experimentales de una hipótesis comunista. La tentación de sustraerse a un inventario histórico crítico conduciría a reducir la idea comunista a “invariantes” atemporales, a hacer de ella un sinónimo de las ideas indeterminadas de justicia o de emancipación, y no la forma específica de la emancipación en la época de la dominación capitalista. La palabra pierde entonces en precisión política lo que gana en extensión ética o filosófica. Una de las cuestiones cruciales es saber si el despotismo burocrático es la continuación legítima de la revolución de Octubre o el fruto de una contrarrevolución burocrática, verificada no sólo por los procesos, las purgas, las deportaciones masivas, sino también por las conmociones de los años treinta en la sociedad y en el aparato de Estado soviético.

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Nuestra deuda con Haití

Hortensia Fernández Medrano

NUESTRA DEUDA CON HAITI

Hortensia Fernández Medrano

La tragedia de Haití nos hace rememorar cosas que  fácilmente olvidamos. Haití, como se ha repetido hasta la saciedad estos días, es el país mas pobre del continente americano y uno de los países más pobres del  planeta.

Sin embargo, muchos no saben o no recuerdan  que Haití fue el primer país independiente de América surgido de una rebelión de esclavos, esos esclavos que los europeos arrancamos del continente africano y llevamos a América  en condiciones infrahumanas a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar, y que, a fuerza de intensificar los cultivos para extraer el máximo beneficio, acabaron con un  suelo antes fértil que provocó la desertificación del país.

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¿Haití existe?

Leonardo Padura Fuentes

Leonardo Padura Fuentes

Publicado en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/

Haití fue el primer país independiente de América Latina. La colonia francesa de Saint Domingue, que ocupaba la mitad occidental de la isla La Española, vio en los años finales del siglo XVIII arder los cafetales y las plantaciones de caña que tanta riqueza habían dado a la metrópoli europea. El fuego lo pusieron los negros esclavos, traídos de África o ya nacidos en la colonia, quienes tuvieron la osadía de pensar que el sueño ilustrado de que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran posibles para los hombres, también les concernía a ellos, los más explotados y desiguales. Pero hombres al fin y al cabo.

El reto lanzado al mundo y a la historia por los negros y ex esclavos haitianos al parecer fue demasiado audaz y pronto se revertiría como una maldición secular.

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El delirio de ser alguien

Aitxus Iñarra

Aitxus Iñarra – Profesora de la UPV/EHU

Llegar a «ser alguien» es una aspiración común de mucha gente que, para lograrlo, busca la distinción que hoy día supone el logro individual vinculado al dinero y al poder. Según la autora, esa identidad distintiva, destacada por los medios de comunicación, esconde lo natural, la naturaleza propia. Aitxus Iñarra va más allá de la mera constatación de ese frecuente anhelo y se adentra en el mecanismo mental que conduce al mismo: «La idea de que se carece de algo, es decir, de que se es incompleto».

Si hay una pregunta universal es ésta: quién soy yo. ¿Soy, acaso, aquello que creo ser? ¿Soy, quizás, la figura que presento ante los demás? J Grinder y R. Bandler relatan en «De sapos a príncipes» una anécdota que todos hemos vivido. Comenzaremos por ahí.

«Tengo un amigo que es rector de una Universidad, vive en el delirio de que es realmente inteligente y que tiene mucho prestigio y todas esas cosas. Anda por ahí tieso, con aires de importancia y fuma en pipa. El show es completo. Vive una realidad completamente delirante. La última vez que estuve en un hospital mental, había un fulano que pensaba que era agente de la CIA. Creía que estaba ahí por los comunistas. La única diferencia entre estas dos personas es que el resto de la gente está más dispuesta a creerle al rector de la Universidad que al psicótico».

Ironizan los autores sobre la necesidad de levantar la propia identidad sobre la distinción. El mérito de ser alguien importante nos evoca al Narciso de la mitología griega que, enamorado de su propia imagen, quedó atrapado en ella cuando la vio en el agua. Asimismo, el rector de la narración ha engendrado una identidad: la de ser alguien inteligente y prestigioso. Para visibilizar tales rasgos necesita de la utilización de unos signos distintivos -anda por ahí tieso, con aires de importancia y fuma en pipa-. Además, puede llevar a cabo la materialización de su deseo, ya que el contexto universitario asume y valora dicha ficción. Por lo tanto, el proceso de identificación con el objeto deseado produce la aceptación de lo que parece ser por lo que es. O bien su reemplazo. Es decir, el impostor esconde tras la imagen por él construida lo natural, su propia naturaleza.

Es cierto que la distinción ha sido un rasgo al que muchos humanos han mostrado apego. Ese llegar a ser alguien ha sido y es un anhelo humano muy difundido. Hasta el ascenso al poder de la burguesía, la distinción venía vinculada al favor real y a la cuna. Poseer un título nobiliario, una ascendencia ilustre era muy deseable para los que pretendían atribuirse una distinción aristocrática. Hoy en día la idea del logro individual, la necesidad de triunfo, de ser alguien, está tan difundida prácticamente en todos los ámbitos sociales, que parece algo casi natural. No es de extrañar, cuando es propio de la mitología de éste sistema económico y cultural magnificar el mérito, el éxito social y el logro individual.

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Frente a la crisis política actual: Investigar la deuda. Enfrentar a la derecha

Claudio Katz, Jorge Marchini, Eduardo Lucita

Claudio Katz – Jorge Marchini – Eduardo Lucita

Publicado por ARGENPRESS, miércoles 13 de enero de 2010

Otro conflicto de imprevisibles consecuencias ha estallado entre el gobierno y la oposición de derecha.

La iniciativa gubernamental de constituir un fondo especial con una porción de las reservas para garantizar el pago de la deuda externa desató este conflicto. La derecha rechaza este fondo y exige hacer frente a los pagos con las partidas del presupuesto sin tocar las reservas. La diferencia entre ambos bandos son los mecanismos para cumplir con las exigencias de los acreedores.

Pero bajo esta discusión subyace una coincidencia plena: pagar una deuda fraudulenta que ya ha sido pagada varias veces. Este acuerdo ya se manifestó cuando hace pocos meses los legisladores del gobierno y la oposición votaron por unanimidad la derogación de la “ley cerrojo”, que bloqueaba la reapertura del canje con los bonistas que quedaron afuera de ese arreglo. Ninguno de ellos se indignó en ese momento con la “violación de la seguridad jurídica” implícita en la anulación de una disposición que se presentó varias veces como inmodificable.

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Sobre el Sacristán que podemos seguir leyendo en el siglo XXI (I).

Salvador López Arnal

[…] De todas las formas de nombrar “al otro” necesario y posible del capitalismo inmundo, la palabra “comunismo” es la que conserva más sentido histórico y carga programática explosiva. Es la que evoca mejor lo común del reparto y de la igualdad, la puesta en común del poder, la solidaridad enfrentada al cálculo egoísta y a la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, la extensión a los bienes de primera necesidad de un espacio de gratuidad (desmercantilización) de los servicios, contra la rapiña generalizada y la privatización del mundo.

Daniel Bensaïd (2009), “Potencias del comunismo”, Viento Sur

 

Cualquier aproximación a la bibliografía de Sacristán es inevitablemente deudora del documentado e imprescindible artículo de Juan-Ramón Capella “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán Luzón” (mientras tanto, 30-31, mayo 1987, pp. 193-223), trabajo que el propio autor ha revisado y ampliado en ocasiones posteriores [1]. A la pionera aportación del autor de La práctica de Manuel Sacristán. Una biografía política hay que sumar la tenaz y fructífera investigación de Miguel Manzanera en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens [2] además de la detalladísima bibliografía incorporada a su tesis doctoral [3] sobre la obra político-filosófica del traductor de El Capital.

Igualmente, todo análisis de “la obra” de Manuel Sacristán debería tener muy en cuenta su oceánica, su aléfica labor socrático-traductora. Sus más de cien traducciones, sus casi 30.000 páginas [4] vertidas a un deslumbrante castellano de autores tan diversos como Platón, Quine, Marx, Engels, Hasenjaeger, Church, Schumpeter, Lukács, Heller, Korsch, Geymonat, Labriola, Taton o Gramsci [5] producen vértigo y máximo reconocimiento ante una labor casi incomensurable hecha, además, en condiciones de extrema dificultad. Más de una generación de universitarios españoles, y de países latinoamericanos, se ha formado con esas traducciones cuyas presentaciones (e incluso sus pies de página de traductor) nunca pasaron desapercibidas [6]. Por lo demás, al aproximarnos a las dimesiones y registros de la obra y hacer de Sacristán corremos el riesgo de caer en la más flagrante injusticia: de una arista esencial de esa “obra”, de sus numerosas intervenciones en ámbitos académicos y ciudadanos con la finalidad, siempre presente en él, de cuidar, informar y cultivar la razón pública, quedan sólo algunos testimonios escritos, sonoros y/o filmados, muestra no siempre representativa de esta labor descomunal que tanto ha enseñado a numerosos ciudadanos y que ha generado tantas vocaciones de rebeldía y pasión veraz por el conocimiento.

De su vértice de profesor, trasterrado por presiones nacional-católicas a la Facultad de Económicas, sin cátedra de Lógica en una oposición hegemonizada por el Opus Dei y perdida de antemano en 1962, expulsado de la Universidad tres años más tarde por motivos políticos para ser tardíamente reconocido como catedrático universitario al final de su vida, los testiminios se agolpan desde atalayas diversas: no sólo fue un excelente profesor, cuando le dejaron serlo, dos décadas aproximadamente, sino que fue un maestro con un legado que permanece.

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