La tormenta perfecta de la ayuda alimentaria
La tormenta perfecta de la ayuda alimentaria
Eric Holt–Giménez
En la reciente Cumbre sobre la Seguridad Alimentaria convocada por la FAO en Roma (1 al 4 de junio), los representantes de los 181 países presentes reafirmaron su compromiso con las metas de seguridad alimentaria de las cumbres anteriores llevadas a cabo en 1996 y “5 Años Después”. Todos manifiestan estar muy preocupados por la falta de progreso para cumplir las Metas de Milenio. Hasta ahí llegan las buenas noticias.
Originalmente, la Cumbre pretendía abordar la problemática de los agrocombustibles, el cambio climático y la seguridad alimentaria. Pero la explosiva crisis inflacionaria en los precios de alimentos –y la insistencia de Estados Unidos y Brasil en no abordar los agrocombustibles– obligó a la FAO a concentrar sus esfuerzos en la crisis alimentaria, que actualmente azota la quinta parte de la humanidad.
De hecho, en 2007 –en la víspera de las rebeliones alimentarias de Haití, Mauritania, Indonesia, Egipto, y otros países– la ayuda alimentaria había alcanzado un bajón record de 5,6 millones de toneladas (1). Algo habría que hacer.
Desafortunadamente para los pobres y hambrientos del planeta, la Cumbre fue un fracaso. Los gobiernos, el Banco Mundial, elementos de la FAO, el IFAD y el PMA evadieron las causas estructurales de la crisis e ignoraron la contradicción fundamental de que –según la FAO– ya tenemos 1,5 veces de alimentos necesarios para dar de comer a todo el mundo.
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