Crónica teatral: Tío Vania, de Antón Chejov

Antonio Ruiz

Antón Chéjov escribió cerca de veinte obras teatrales en sus últimos veinte años de vida, Tío Vania fue la antepenúltima escrita en 1898-9 y estrenada un año después en el Teatro de Arte de Moscú con dirección y principal protagonista (Vania) del maestro y creador teatral Konstantí Stanislavski. Curiosamente esta obra, de las más conocidas del autor, fue una nueva versión de otra que escribió diez años antes (Leshi -El demonio del bosque-), donde introdujo importantes cambios en contenido y duración.

En las obras más conocidas de Chéjov, incluido sus cuentos, sus personajes irradian características y elementos comunes a su visión del mundo y de su época. Nieto de un siervo de gleba e hijo de mujik, conocía muy bien la vida del medio rural donde se crió. También la miseria de la ciudad cuando tuvieron que trasladarse a Moscú por pérdida del negocio familiar y acabó haciéndose cargo del mantenimiento del padre y hermanos publicando cuentos e intentando finalizar su licenciatura en medicina. Era el último cuarto del siglo XIX bajo la corrupta, represora, y decadente monarquía zarista ante la evolución de los tiempos que marcaba la rebeldía social. De este conjunto, la sensibilidad de Chéjov se fue impregnando y desarrollando hasta llegar a los conceptos que expresa en su arte: miseria, cobardía, engaño, vanidad, traición… pero también; sensibilidad, amistad, fraternidad y esperanza de futuro. Nuestro autor nos muestra en sus obras un amplio humanismo, siempre con algún momento de humor o desenfado, donde expone las debilidades y miserias individuales de forma que nos pueda servir como espejo para forzarnos o empujarnos a hilvanar un futuro colectivo constructivo.

En Tío Vania hay una escena en que un personaje (el médico), en un largo párrafo, hace una manifestación de ecología rural que me sorprendió gratamente pensando que Chéjov lo escribió en 1898, lo cual muestra una visión del mundo en que vive y su humana sensibilidad.

Montaje de la obra

Drama en cuatro actos representado en el Teatre Lliure de Montjuïc del 18/11/21 a 19/12/21.
Director: Oskaras Korsunovas. Duración: tres horas (10” de descanso)

Argumento: Un profesor de arte jubilado y casado en segundas nupcias, tras quedar viudo, con una mujer veinte años más joven se desplazan a vivir a una finca rural propiedad de la primera esposa. En ella viven, cuidan y trabajan su hija, cuñado, nodriza y suegra de la que fue propietaria. Durante unos meses de convivencia de este grupo, más un médico rural y un vecino arruinado, se desarrolla el drama.

Todo texto dramático tiene como contenido la plasmación subjetiva del autor, quienes lo lean seguro que obtienen matices diferentes de este mismo texto, por ser sujetos distintos. Esta misma cuestión se da más diversa y ampliada cuando se trata de preparar un montaje teatral de dicho texto. Esto es lo ocurrido con el que presentamos.

El Tío Vania que acabamos de ver ha sido creado y dirigido por el esloveno Oskaras Korsunovas, y podemos asegurar que es una versión muy personal de este. Como corresponde, contiene todo el texto integro de Chejov pero también algunos elementos más, y en la medida que sabemos que la duración ordinaria es sobre dos horas y la de esta noche ha sido de dos horas cuarenta y cinco minutos reales, es fácil ver que el director ha incorporado contenido al original.

El montaje de Korsunovas trata de situar la acción del drama en el momento actual y con un fondo intemporal, algo bastante común pero que no siempre se consigue como conjunto. Incorporaciones diversas partiendo de un escenario permanente: pantalla superior mostrando el exterior o imágenes grabadas directas, música de guitarra-bajo en directo, sonidos diversos según escenas en la sala del público, salida del escenario al público, protagonista que se dirige al público directamente (con luces de sala)… y en mi opinión el más significativo: movimiento escénico en sentido de moviola de cine mudo-cómico en ciertos momentos.

En conjunto es un montaje que tiene su originalidad y atiende en dar relieve a los contenidos universales de Chejov a través de sus personajes: unos conscientes de su realidad y la aceptan, otros que por cobardía o impotencia la ignoran, y quienes estallan cuando ven peligrar lo único que le queda: su dignidad, ante esto, son capaces de matar (luchar) o de matarse (extinguirse).

Artísticamente contiene novedades que siempre son necesarias para la evolución del arte pero no todas son adecuadas para el resultado general, gusten más o menos (a nivel personal). En este caso, para mí, unas la potencian y otras le sobran. La interpretación no es lo homogénea como debiera ser en un nivel de este escenario, pero en conjunto es aceptable.

Antonio Ruiz 18/11/2021

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