En la revocación de las leyes agrarias, la victoria de la satyagraha sobre la arrogancia

Ramachandra Guha

Los economistas partidarios del libre mercado apoyaban las ahora retiradas leyes agrarias creyendo que aumentarían los ingresos y la productividad. Los economistas de izquierda se oponían a las leyes agrarias creyendo que harían que los cultivadores fuesen más vulnerables ante los caprichos de las grandes empresas. Para este escritor, sin embargo, el problema con las leyes agrarias no era tanto el contenido como la manera engañosa en que fueron redactadas y pasadas. En todos los sentidos, su promulgación y la dureza con la que posteriormente se enfrentaron a las protestas de los agricultores fueron graves violaciones del procedimiento y la práctica democráticos.

La Constitución de la India incluye a la agricultura como un asunto que corresponde a los estados. Y, sin embargo, hasta ahora, por lo que uno puede decir, las tres leyes agrarias fueron redactadas sin ninguna consulta con los estados, ni siquiera con los estados gobernados por el Bharatiya Janata Party. De hecho, sabiendo cómo funciona este gobierno, es muy posible que todos los borradores se hiciesen en la Oficina del Primer Ministro, con poca o ninguna aportación de los ministros del gabinete, ni siquiera del ministro de la Unión para la agricultura.

Tomar unilateralmente decisiones que afectan a cientos de millones de indios ha sido marca de la casa del gobierno de Narendra Modi desde que ocupó el cargo en mayo de 2014. Sin embargo, un marco de arriba abajo y de talla única es particularmente poco sabio en un campo como la agricultura, dada la enorme diversidad ecológica de nuestro muy grande país. Cuando varían tanto, entre estados y dentro de ellos, los tipos de suelo, los regímenes de agua, las prácticas de cultivo y las historias de tenencia de tierra, ¿cómo puede el primer ministro seguir con una medida tan controvertida sin ninguna discusión con los estados?

Sin consultar

Cuando el gobierno llevó las leyes agrarias al Parlamento, se apresuraron a aprobarlas con escasa consideración por las normas democráticas. Dado que tendrían efectos a tan largo plazo, lo sensato (así como lo sabio) hubiera sido remitir las leyes a un comité parlamentario, que hubiera llamado a expertos en este dominio para discutir las leyes en detalle y ayudar a refinarlas y mejorarlas. Que no se tomase esta medida cautelar es, una vez más, algo característico de este régimen.

La confortable mayoría del BJP en el Lok Sabha [cámara baja del parlamento] implicaba que las leyes pasasen fácilmente en esa cámara. Pero entonces llegaron al Rajya Sabha [cámara alta], donde el BJP no estaba seguro de conseguir un apoyo mayoritario. Aquí la oposición estaba mejor representada y esperaba debatir el asunto en profundidad, pero el vicepresidente de la Cámara alta, Narayan Singh, en un acto totalmente indigno de su cargo, impidió hacerlo, no permitiendo un voto real sobre el asunto, usando el subterfugio de un voto ‘por aclamación’ para (de manera espúrea) proclamar que la mayoría aprobaba las leyes.

Fue el secretismo con el que fueron redactadas y la rapidez con la que fueron pasadas lo que provocó un resentimiento tan amplio entre los campesinos del norte de India. Si hubiera habido una discusión transparente y abierta con los ministros de agricultura de los estados, si se hubieran tenido en cuenta las aportaciones de los implicados en el redactado de las leyes, si se le hubiese permitido al Parlamento debatir el asunto con cuidado, quizá el resultado hubiera podido ser muy diferente.

La ansiedad de los campesinos se intensificó porque casas corporativas como los Ambani y los Adani se estaban moviendo agresivamente hacia el sector agrícola. Como escribió un comentarista a principios de este año: «Dada la naturaleza de las leyes agrarias, la conclusión directa es que el Grupo Adani está bien posicionado para tomar ventaja de ellas». (Hartosh Singh Bal, «Mandi, Market and Modi», The Caravan, March 2021).

La forma en que se pasaron las leyes agrarias es una manifestación del desprecio del gobierno Modi por la estructura federal de la República y por el Parlamento. Dado que los canales normales de representación democrática han sido totalmente evitados por el primer ministro, los campesinos tomaron el camino de la satyagraha [literalmente, fuerza de la verdad, el tipo de movilizaciones puesto en marcha por Gandhi]. Se reunieron en gran número fuera de las fronteras de la capital, Nueva Delhi, vivieron y durmieron bajo el cielo abierto, y cantaron y se contaron historias para seguir adelante.

Las protestas fueron admirablemente no violentas, y sin embargo se encontraron con una respuesta salvaje por parte del gobierno de la Unión. Los que marchaban para unirse a las protestas se encontraban con cañones de agua, pinchos en las carreteras y cierres de internet. Esta represión directa por parte del estado se complementó con una campaña de los «godi media» [los perrillos falderos de los medios de comunicación] describiendo a los campesinos como khalistanis disfrazados [terroristas de origen sikh partidarios de la independencia de Panyab]. Ministros de la Unión y parlamentarios del BJP participaron con entusiasmo en esta demonización, proclamando que entre quienes protestaban se habían infiltrado elementos maoístas, que representaban el «tukde-tukde gang» [término despectivo usado por los partidarios del BJP para acusar a todos los demás de partidarios de la sedición y el secesionismo], que eran apoyados por China y Pakistán, y demás, siendo amplificadas estas alegaciones por el ejército de trolls del partido gobernante.

Pero los satyagrahis estaban decididos. Varios cientos de campesinos han muerto de enfermedades que contrajeron en el curso de la lucha. Y sin embargo, siguieron uniéndose en números cada vez mayores. El gobierno se vio obligado a convocar una serie de reuniones de los líderes campesinos con ministros de la Unión, aunque el primer ministro mismo nunca les concedería una audiencia.

En el año en el que estuvieron sentados estoicamente fuera de la capital imperial, la única referencia pública de Narendra Modi a los satyagrahis fue burlarse de ellos en el Parlamento como «andolan jeevis», gente que prospera gracias a las protestas, que se aprovecha de ellas. Quizá esperaba que las protestas se apagasen poco a poco. Pero no lo hicieron. Finalmente, con elecciones a cinco parlamentos estatales a la vuelta de la esquina, y con el BJP en una situación vulnerable en varias de ellas, el primer ministro declaró en la mañana del viernes 19 de noviembre que las leyes agrarias serían retiradas.

El anuncio se produjo en el minuto 15 de una charla de 17 minutos, precedido por una larga perorata sobre cómo en sus cinco décadas en la vida pública el primer ministro aparentemente se había volcado en la causa de los campesinos por encima de todo. En cualquier caso, que haya dado marcha atrás en la decisión es importante, porque esta puede ser la primera ocasión en la que Narendra Modi haya expresado arrepentimiento por hacer sufrir a otras personas por sus acciones.

Recordemos que tras el pogromo de 2002 que se produjo bajo su mandato como ministro principal de Guyarat, Narendra Modi no se arrepintió en ese momento. Varios años más tarde, cuando un periodista extranjero le preguntó sobre el asunto, comparó el destino de las personas (en su mayoría musulmanes) que habían muerto en esos disturbios con un cachorro que cae accidentalmente bajo las ruedas de un coche. De episodios posteriores de sufrimiento humano de los que él ha sido más directamente responsable, no ha dicho nada en absoluto. Por ejemplo, no ha expresado ningún tipo de remordimiento por la desmonetización de 2016, que arrasó la economía india y arruinó la vida de millones de personas. Así que el hecho de que Modi diga «Main kshama chahta hoon» [Os pido perdón], como hizo el viernes, fue un cambio radical respecto a prácticas pasadas.

Cuando, en otro día de noviembre hace cinco años, el primer ministro salió al aire para anunciar que los billetes de 500 y 1.000 rupias serían retirados, algunos observadores políticos especularon con que entre los motivos no declarados para esta medida estaba ayudar al BJP en una próxima elección legislativa en el estado más poblado del país, Uttar Pradesh. El movimiento, se decía, destruiría los fondos en metálico acumulados por los partidos opuestos al BJP. Que el anuncio de este último viernes también está directamente ligado a unas próximas elecciones en Uttar Pradesh es incluso más probable. Los campesinos del oeste de Uttar Pradesh han participado en gran número en la protesta, y sus votos podrían tener un papel crítico en el curso que tomen las elecciones.

Veo en mi Twitter que algunos entusiastas de las leyes agrarias se quejan de que su retirada es «un revés importante para el país». Este veredicto es prematuro. Incluso entre los economistas no hay consenso sobre si las leyes agrarias tal como están fueron redactadas lo suficientemente bien o cuidadosamente. Además, aunque los fines eran supuestamente nobles, no justifican los medios completamente innobles con los que buscaron conseguirlos.

La manera en que las leyes fueron redactadas mostró una completa desconsideración por el principio federal. La manera en que fueron pasadas mostró desprecio por la santidad del Parlamento. La manera en que los pacíficos manifestantes fueron atacados y estigmatizados fue una traición más a los principios sobre los que se fundó esta República. La retirada de las leyes agrarias ha sido, por tanto, un triunfo de satyagraha, la fuerza de la verdad, contra la arrogancia y la hubris. Es una victoria de la democracia sobre el autoritarismo, rara, parcial y quizás reversible, pero una victoria en cualquier caso.

El correo electrónico de Ramachandra Guha es ramachandraguha@yahoo.in.

Traducción de Carlos Valmaseda

Fuente: The Telegraph.

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