El discurso del rey

Dante Barontini

Como de los cerdos, de los obreros se aprovecha todo. El punto más escabroso y ejemplificador del discurso de fin de año del presidente de la República fue tocado cuando Giorgio Napolitano habló de ellos.
Para recordar, de su época de ex-comunista “migliorista” (1), solamente su capacidad de “hacer sacrificios”. Hoy como entonces -era el año 1997, cuando la CGIL de Luciano Lama impuso el “cambio de rumbo del Eur” (2)- el papel “nacional” de los trabajadores consiste en hacerse cargo del “saneamiento del país”. Un autogol clamoroso, el de Napolitano, si sólo alguien se hubiera levantado delante de él para contestarle que desde entonces hasta hoy nos han sido impuestos 35 años de retrocesos salariales y normativos, sin que este país haya sido nunca “saneado” y sobre todo, sin que nunca sea seguida una “nueva etapa de desarrollo”:
Pero hay que tener en cuenta que el presidente habla por si sólo, sin nadie que le contradiga . Por lo tanto, esta parte la asumimos nosotros, distanciándonos del coro de los siervos y de las troglodíticas fanfarronadas de la Liga Norte.
Es un hecho que la “política de sacrificios” es la única canción que han escuchado en su vida los trabajadores que entonces iniciaban su carrera laboral y que hoy no consiguen todavía terminarla. Treinta y cinco años en los cuáles se han perdido por el camino los incrementos salariales y la escala móvil (3), derechos sindicales e individuales, con la “concertación”, (perversa etapa que duró casi veinte años), que consagraba antes que nada las exigencias de las empresas, y sólo después, y eventualmente, las de los empleados. Treinta y cinco años en los que el poder adquisitivo del salario ha sido erosionado hasta los tuétanos, realizando una transferencia de las rentas del trabajo a los beneficios y rentas del capital, tan gigantesco que ya no se ha facilitado nunca más el dato exacto (era del 10% hace más de diez años, y las cosas han empeorado velozmente). De la etapa de conquistas obreras queda ahora sólo el Estatuto de los Trabajadores, incluso casi sólo el artículo 18 que lo hace exigible en cualquier instancia, también ante el juez. Pero es cuestión de horas o de días: que también este último pilar de la dignidad del trabajo, de su posible igualdad frente a la supremacía de la empresa, sea abatido. Y esto también con la complicidad anunciada de CGIL, CISL y UIL (4).
De todo esto, Napolitano no ha dicho nada. Ha sido demasiado evidente que “la fase dos” (5), la positiva, para el trabajo no ha llegado nunca. Mucho menos puede llegar ahora.
Su “elevado” discurso ha incluido a la clase obrera en el más tradicional y vetusto esquema retórico corporativo: estamos todos en la misma barca, y a los remeros se les pide un esfuerzo añadido.
Pero no ha sido sólo ranciamente retórico en su discurso. Napolitano nos ha dado una muestra ejemplar de la “nueva” ideología imperialista europea. El esquema corporativo y fascista ha sido remodulado con la sensatez de incluir “la nación” dentro de un marco más amplio, continental, pero sin grandes variaciones. El único horizonte de este enorme “esfuerzo de saneamiento” sigue siendo “la competitividad”. De Italia y de Europa en un mundo sin más jerarquías estables, en plena crisis del sistema, sin “modelos sociales” progresivos que defender.
Quizás no es siquiera prudente, quizás si. Este horizonte “competitivo” es absolutamente sombrío. Incluso el eventual “éxito” no comportará -en su discurso- ninguna mejora efectiva. Sólo la supervivencia de los actuales ordenamientos sociales. Siempre que, en la “competición”, no se termine por sucumbir, Como también es posible en la lógica de cualquier conflicto.
Ninguna emancipación social, ningún “progreso”. En la Europa de los bancos y del equilibrio presupuestario plasmados en la Constitución- una idiocia que en los Estados Unidos sólo es sostenida por los enfermos mentales del Tea Party- no hay espacio ni siquiera para la esperanza. La lucha por la supervivencia pretende la unidad de intenciones y la asfixia de las diferencias: no existen intereses sociales distintos o incluso entre ellos contrapuestos, sino un “pensamiento único”, que no prevé oposición. La “cohesión social” de Monti y Napolitano sabe de silencio impuesto a cualquier contestación.
En nuestras limitadas posibilidades, no nos rendimos.
Las huelgas y las manifestaciones ya proclamadas parecen quizás aún poca cosa frente a la gravedad de la amenaza que este gobierno -esta política brutal y unilateralmente clasista-, representa. Dar cuerpo al movimiento social y político capaz de crear una alternativa real al “derrumbamiento competitivo” que nos viene impuesto, es una necesidad, incluso antes que un objetivo.
Este objetivo lo hacemos nuestro, llamando a los trabajadores a no bajar la cabeza, sino a alzar sus voces.
Notas del traductor:

  1. El migliorismo fue una corriente, liderada por Giorgio Napolitano, y surgida dentro del PCI, con claras influencias basadas en la herencia del principal lider de la “derecha” del partido, Giorgio Amendola, Esta corriente defendía el posible mejoramiento del capitalismo y no su superación. La mayoría de los exponentes de esta corriente militan hoy día en el PD (Partido Democrático), e incluso alguno de ellos pertenece a Forza Italia.
  2. El llamado “cambio de rumbo del Eur” o, en italiano “svolta dell Eur” se refiere a la Conferencia Nacional Sindical celebrada en el Centro de Congresos del Eur, en Roma, los días 17 y 18 de febrero de 1978. En esa Conferencia participaron las direcciones de los tres principales sindicatos italianos, por este orden: CGIL, CISL y UIL. Allí se decidió, impulsado por la CGIL, en clara concordancia con la línea colaboracionista entre la Democracia Cristiana y el PCI, un giro en la línea sindical, que dejaba de lado el fomento del conflicto y apostaba por la moderación salarial y la llamada “política de dos tiempos”.
  3. La escala móvil era un instrumento de la legislación laboral italiana para la revisión automática de los salarios, ligado al aumento del precio de los bienes de consumo. Una comisión tenía el cometido de revisar cada tres meses las variaciones del costo de la vida, usando como referencia las alzas en los precios de los bienes esenciales. Fue recortada sucesivamente y definitivamente abolida en 1992 por un acuerdo entre el gobierno Amato y los agentes sociales.
  4. CGIL, CISL y UIL son, tradicionalmente, los tres sindicatos más importantes de Italia. La CGIL fue durante muchos años el sindicato de referencia del PCI. La CISL es el sindicato de orientación católica y era el referente del Democracia Cristiana. La UIL es un sindicato de inspiración socialdemócrata y al que se podría encuadrar en el centro-izquierda.
  5. La llamada “fase dos” era la segunda fase anunciada por los sindicatos que acordaron el cambio de rumbo del Eur. Habría una primera fase de moderación salarial y de sacrificios por parte de los trabajadores, esto produciría el saneamiento de la economía, y se llegaría a una segunda fase de desarrollo y aumento del bienestar social. Parece claro que la promesa de la”fase dos” nunca llegó a cumplirse.

Fuente: http://www.contropiano.org/it/archivio-news/editoriale/item/5831-il-discorso-del-re

Traducción: Carlos Gutiérrez

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