Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacristán

José Luis Moreno Pestaña

Reseña de Salvador López Arnal e Iñaki Vázquez (eds.), El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacristán, Barcelona, FIM-Ediciones de intervención cultural, 2007. (Publicada en El Viejo Topo, marzo 2009, pp. 91-94). Manuel Sacristán fue un personaje de nuestra vida cultural, un nombre con relieve en la historia política del siglo XX español y un pensador que dejó una impronta fundamental en nuestra filosofía: por la calidad y cantidad de sus discípulos, por la variedad de terrenos (de la literatura a la lógica) en los que tuvo algo que decir, por los debates que despertó y despierta. Personaje literario, versado en decirle a alguien ?culibaja? sonando a Adorno o Lukács ?en el retrato acidísimo que dejó de él Manuel Vázquez Montalbán en Asesinato en el comité central?, se le ha dedicado un importante documental, ha sido criticado por dogmático, filosóficamente anodino y maestro desquiciador de discípulos, pese a que esos calificativos se compadecen mal con otros testimonios y, los que se refieren a su pobreza intelectual, no cuadran, sobre todo, con la lectura de sus textos. Como pedía Marc Bloch a propósito de Robespierre, al lector le dan ganas de reclamar: sacristanistas, antisacristanistas, decidnos, por favor, solamente, quien fue Manuel Sacristán. Este libro, que recoge las jornadas de homenaje que se celebraron en el 2005 en Barcelona, escrito desde el afecto y la admiración, ayuda bastante a saber de él y deja otras preguntas abiertas. Biográficamente, como otros miembros de la inteligencia crítica española (Carlos París, Jesús Ibáñez, José María Valverde, Alfonso Ortí, José Luis López Aranguren, Ángel de Lucas) surgió del falangismo, al que se encontraba ligado por lazos familiares, tal y como explica Juan-Ramón Capella en su contribución. Su trayectoria, en ese sentido, no tiene nada de particular: el paso del falangismo juvenil a la izquierda en los años 50 fue una propiedad colectiva. Parece, de acuerdo con una anécdota que narra Capella, que ya de joven Sacristán era un hombre con mucho coraje, virtud ésta que supongo que ni el peor de sus críticos le negará, y que no siempre sobra entre los intelectuales y que quizá ayude a comprender alguno de los rasgos trágicos de su biografía. Queda preguntarse qué conecta, en dicha coyuntura, esas tres propiedades: Falange, izquierda e intelectuales y las similitudes y diferencias entre cada una de las concreciones empíricas de ese conjunto de propiedades. Su proceso de formación transcurre entre una pandilla de niños bien (Sacristán era hijo de un hombre de negocios franquista que tenía una imprenta, explicó Juan Carlos García Borrón en sus memorias), descritos por María Dolores Albiac, impresionados por Ortega y dados a las emulaciones intelectuales. Quizá podría ahondarse más en las variaciones sociales dentro de ese grupo y en los efectos posibles en las filias y fobias de cada uno por el resto. Jordi Gracia apunta agudamente en su contribución cuánto debe a Ortega el pensamiento maduro de Sacristán en temas tan importantes como la concepción de la universidad y la relación de la filosofía con otros saberes. Sacristán adquiere una gran formación lógica y combina, a finales de los años 50, tres rasgos muy raros en el panorama cultural y político español: militante comunista, especialista en Heidegger y en la fenomenología (tempranamente adquirida, señala las siempre estimulantes contribuciones de Laureano Bonet, en contacto con los textos literarios de Ortega) e impulsor de la lógica formal en España. Su manual de lógica fue central en el estudio de la materia en España y su filosofía de la lógica una aportación notable, según explica Luis Vega Reñón. Queda por explicar mejor su relación universitaria con Joaquín Carreras Artau, cuyo padre también tenía una imprenta, procedente del menendezpelayismo, medievalista reconocido, parece que liberal y gran profesor, pero un manifiesto incompetente a la hora de facilitar la vida universitaria a algunos de sus discípulos. Y eso que tuvo algunos muy buenos a los que no procuró una vida universitaria tranquila: García Borrón y Sacristán. La explicación política no basta para explicar qué hacía Sacristán en el relativo destierro de la Facultad de económicas y por qué nunca tuvo un lugar en la Facultad de filosofía de Barcelona. Con posiciones muy extremistas, otros navegaron muy bien en la Universidad y cualquiera sabe que, en este medio, incluso bajo una dictadura, los factores políticos se pliegan fácilmente ante el poder de otro tipo de relaciones. Como explicó José María Valverde en Acerca de Manuel Sacristán, a nuestro pensador no lo querían en la Facultad de filosofía. Como marxólogo, Sacristán cuando lee al clásico en los años 70, hizo contribuciones fundamentales para comprender la relación entre metafísica hegeliana y trabajo científico en Marx. Dicho análisis sobre los homenajes que rinden los vicios metafísicos a la virtud científica, contienen enseñanzas importantes para la sociología de las ciencias sociales y de la creatividad intelectual. Francisco José Martínez lo destaca en su contribución. Como teórico marxista, Sacristán tuvo una original concepción del trabajo dialéctico. Ésta describe muy bien el proceso científico de reconstrucción de cualquier realidad no aislada artificialmente, es decir, cualquier totalidad compleja, ?síntesis de múltiples determinaciones?. Por tanto, la visión del trabajo dialéctico que tenía Sacristán está en condiciones de sobrevivir al marco intelectual marxista. Como filosofo de las ciencias sociales, los textos de Sacristán se leen con mucho provecho, se estime o no al marxismo como programa de investigación o como el mejor programa de investigación. Las contribuciones de Francisco Fernández Buey y Miguel Candel permiten comprender la entidad filosófica del trabajo que Sacristán realizó dentro del marxismo, que no es lo mismo que trabajar encerrado en el marxismo. Porque el propio Sacristán, con una reflexión de aroma hegeliano, decía que el proyecto del marxismo era como el de la filosofía de Leibniz: prometía más de lo que era capaz de desarrollar, tenía más de promesa que de concreciones específicas. Pero todo el mundo trabaja desde algún sitio; sus resultados pueden elevarse por encima de dicho lugar y desarrollar lo que, quedándose en éste, se vería agobiado por la estrechez. Es el caso, creo, de los potentes desarrollos epistemológicos sobre las ciencias sociales de Manuel Sacristán. En su faceta de teórico de la filosofía (de ?filósofo de la filosofía?), el libro contiene una importante carencia: la no consideración del debate que Sacristán motivó con Gustavo Bueno, uno de los filósofos españoles con obra más rica y extensa, y durante tiempo, una variante muy consistente del pensamiento marxista en España. Ese debate tuvo un impacto importante e ignorarlo no ayuda a comprenderlo y a pensarlo. Como tal, este debate aún está esperando una reconstrucción precisa (algunas de importante valor ya existen) y, no vendría mal, una nueva evaluación del mismo. En una ocasión se refiere Sacristán a Ortega cuando éste ?en Misión de la Universidad? decía que si los obreros dominasen, estos debían estar a la altura de su tiempo. Sacristán consagró una importante vida militante al PSUC y lo hizo procurando que la ideología comunista estuviera engarzada con lo mejor del pensamiento racional. Carlos Piera explica cuán moderadas parecían en la época las propuestas de Sacristán en medio de la fantasía revolucionaria reinante. Salvador López Arnal y Joan Benach analizan el cuidado con el que Sacristán, dentro de su racionalismo, intentó comprender las críticas románticas a la ciencia y a la civilización occidental y capturar su núcleo de verdad. Tampoco en este punto, Sacristán es un pensador evidente: su pensamiento contiene muchas fuentes. Algo que matizaba su paladar filosófico y le impedía entregarse a la descalificación grosera de las tradiciones filosóficas y políticas que le eran más o menos ajenas. En tales gestos, que evitan la condena ignorante y la polémica avinagrada, su ejemplo necesita ser promovido con decisión. Sacristán permaneció fiel al marxismo aunque después de la Primavera de Praga dejó de creer en el potencial liberador del socialismo real. Permaneció como marxista por continuar en una tradición ?lo explica Carlos Piera reproduciendo un interesante debate con su mujer Giulia Adinolfi?, en la que, él lo sabía bien, estaban lo mejor y lo peor. Sacristán, utilizando un concepto complejo de religión al que se refiere en su intervención José María Ripalda, terminó por considerar al marxismo una religión obrera, la culminación de una cultura proletaria que incorpora saber científico de su época con un mensaje colectivo de salvación. Y a esa tradición que combinaba verdades de hecho, una sensibilidad colectiva y fines político-morales, no quiso renunciar Sacristán. En esa tradición surgieron pensadores cercanos a él: entre otros, el importantísimo Otto Neurath ?¿para cuando una versión castellana, como es debido, de sus textos?? y el último Nikolai Bujarin, preocupado en su celda de la Lubianka, por fundamentar ecológicamente el materialismo. Enric Tello lo advierte en su interesante aportación. Este libro muestra algo: el Sacristán intelectual tiene muchos prismas posibles de entrada en su pensamiento y líneas de continuación para pensar, como con todos los autores significativos más allá de su tiempo y de sus próximos, con él y contra él; la figura histórica exige despejar ciertos interrogantes, y sigue siendo interesante por inusual; el militante político resiste bastante bien la evaluación histórica ?y eso, en el siglo pasado, no puede decirse de todo el mundo?. Hay, pues, como reza el título, un legado de Manuel Sacristán, que ?lo comparto con los editores de este libro bien elaborado? es la herencia de un auténtico maestro. La accesibilidad del conjunto de su obra, que reclama Albert Domingo, debería permitir que las nuevas generaciones se acerquen a él. Porque toda herencia, como indicaba Jacques Derrida cuando se refería a la de Marx, es siempre una tarea. Necesita ser recogida y cultivada. Tanto mejor si es en direcciones insospechadas. José Luis Moreno Pestaña Reseña realizada dentro del proyecto de I+D: «Intelectuales y calidad democrática en la España contemporánea. Un estudio sobre el campo filosófico» (HUM 2006-04051/FISO).

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Un poliedro de miradas no cegadas

Salvador López Arnal

Varios autores, El futuro del foro social mundial. Icaria, Barcelona, 2008, 143 páginas.

Nota: esta reseña apareció en la revista El Viejo Topo, abril de 2008.

Sólo la relación de los autores y autoras que participan en este volumen es claro indicio de su indudable interés: Josep Maria Antentas, Olivier Bonfond, Wangui Mbatia, Hassan Indusa, Michael Warschawski, Immanuel Wallerstein, Walden Bello, Esther Vivas, Éric Toussaint, Pierre Rousset y Miguel Romero. El lector/a tiene garantizado que el bostezo está alejado; no habita en este grupo.

Cuatro de los artículos recogidos están centrados en la experiencia de Nairobi. Por ello, las intersecciones no vacías son inevitables. No importa. Arrojan puntos de vista complementarios, similares pero no idénticos, sobre el foro social mundial de 2007 celebrado en la capital de Kenya (Por cierto, Mike Davis señala en Planeta de las ciudades miseria que el barrio de Laini Saba de Nairobi, en el área hiperdegradada de la Kibera,  tenía en 1998 diez letrinas excavadas en el suelo para una población de 40.000 y en Mathare había cuatro servicios públicos para 28.000 personas. La población se ve obligada a usar “retretes volantes”: los desechos se meten en una bolsa de plástico y se arrojan al camino o al tejado del vecino. En Nairobi, la población que se desplaza en coche tiene enfrente a niños de 10 años inhalando disolventes con bolas de excrementos humanos en las manos que tiran por las ventanillas de los vehículos de los conductores que no les dan propina).

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De la memoria militante como educación política: Sobre «Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental» de Rossana Rossanda

Antón Corpas

Sobre "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental" de Rossana Rossanda(1)

 

inSurGente (Antón Corpas).- La noción de "realismo", por lo general, es confiscada por el pragmatismo de terciopelo y paso corto cuando no por la resignación. Lo real suele ser un pretexto que oculta el cuerpo de los intereses o la impotencia y el miedo y, en definitiva, es una buena cobertura para batirse en retirada o pasar al otro lado, para sentarse a esperar un tren sin pasajeros ni maquinista o acostarse donde el sol que más calienta. Habitualmente, quienes utilizan el "ser realistas" como una bandera útil en cualquier discusión, más que en la realidad se fijan en su ombligo o, más en profundidad, su estómago. No es extraño, además, que muchos de aquellos superhombres que conformaban la vanguardia obrera, y que tras entrar en una cabina y desnudarse amanecieron con la piel de Vittorio y Luchino, se educaran en la razón cínica de la cultura política stalinista, tan aficionada a apelar al "método dialéctico" y "las condiciones objetivas" para justificar decisiones a menudo subjetivas y contraproducentes. Aún así, el realismo puede ser otra cosa. "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental", publicado por Rossana Rossanda en Italia en 1981 y luego en castellano en 1984 (ed Laia), es un tipo de realismo que no busca confirmar juicios previos ni encontrar pretextos, que no va en busca de apuntalar triunfalismos ni darle coartada a esta o aquella pesadumbre. Que sólo o nada más y nada menos, tiene la intención y la necesidad de interpretar qué ocurre en verdad sobre el terreno. Es difícil dar con una actitud militante e intelectual que, como en este caso, en lugar de confirmar lo sabido y lo establecido sea capaz de observar qué está ocurriendo más allá de la punta de sus zapatos. Rossanda fue escogida entre los miembros del Comité Central del PCI para recorrer la España franquista -en concreto Barcelona, Madrid, Toledo, Sevilla, Donosti y Gasteiz­­- y recoger apoyos de la oposición interior al "congreso por la libertad en España" que más tarde se celebraría en Roma. Es un viaje que llevará a cabo la semana santa de 1962 bajo las indicaciones del entonces clandestino Federico Sánchez (Jorge Semprún), que no tardaría en ser expulsado del PCE junto con Fernando Claudín, por disentir ambos de la línea oficial. Durante el mes que dura un trayecto en el que mal que bien trata de camuflarse como turista, la viajera se esfuerza para cumplir con su trabajo lo mejor que le permiten las circunstancias, pero también quiere comprender una realidad que, a medida que pasan los días, se vuelve oscura y resbaladiza. Rossanda se refiere reiteradamente a la "ambigüedad", la indefinición, de la situación pero también de las estrategias y las alianzas de cada uno de los actores, de sus intenciones y sus posibilidades reales de acción. Ve una realidad desdibujada donde, si está pasando algo, no hay nada que lo indique, donde es difícil saber verdaderamente quién es quién, que peso tiene cada cual, como se relacionan los actores entre sí, y cuales son las líneas de actuación comunes o diferenciadas. Se encuentra, pues, con un limbo, un tiempo estático, un silencio general que a ella misma le cuesta admitir porque se aleja demasiado del perfil heroico de "la revolución española" trazado durante la primera mitad del siglo XX. En su primer destino, Barcelona, la italiana no consigue ningún encuentro con el PSUC; pero se entrevistará con José Agustín Goytisolo, el dirigente socialista Joan Reventós, algún miembro del Front Nacional de Catalunya, con Heribert Barrera de ERC, y con tres representantes de la diezmada CNT que no le ocultan el estado de muerte clínica de la organización. En Madrid ve a un desesperado militante del PCE, Javier Pradera (hoy columnista de cámara de El País) que le relata el estrepitoso fracaso de la Huelga General Política de 1959; se encuentra con militantes del incipiente Frente de Liberación Popular (FLP o Felipe); con el autor del "Cara al Sol", Dionisio Ridruejo, por entonces reconvertido en oposición tolerada; y con el viejo Gil Robles, líder de la CEDA durante la República, y que ya le anticipa algunos trazos elementales del futuro: "España debe entrar en el Mercado Común y en la Alianza Atlántica". En Sevilla, no consigue entrevistarse con los comunistas -maltrechos y asustados por un reciente golpe represivo- y sí con el catedrático Manuel Giménez Fernández, que tiene la intención de construir una democracia cristiana de centro izquierda a imitación del partido italiano. Finalmente, entre Donosti y Gasteiz, Rossana Rossanda contacta con Rocío Laffón y Luis Martín Santos -autor de "Tiempo de Silencio"-, y con Antonio Amat, abogado del PSOE y dirigente sindical. Esta, como la mayoría de las expediciones políticas por el estilo, tiene un objetivo subyacente al objetivo declarado. Además de difundir la celebración del congreso y recoger adhesiones, Rossanda debía confirmar algo; ratificar lo que decían los documentos de la dirección exterior del PCE, que consideraban que en el país existía un clima propicio a la insurrección democrática contra la dictadura. En la misma línea, el viaje debería confirmar que los movimientos que se daban dentro del aparato franquista eran señales de una falla suficientemente abierta como para permitir un movimiento popular. De hecho, la convocatoria del congreso de Roma era fruto de esa percepción que, como se verá a lo largo del relato, tenía más de ilusión que de realidad. La primera lección de realismo que ofrece este cuaderno de bitácora es, de hecho, un desmentido rotundo. Aunque, para no provocar asperezas con el PCE de Carrillo, Rossanda suavizará algunas consideraciones en el informe presentado al Comité de Exteriores del PCI, las impresiones transmitidas por la gente del interior resultan diametralmente opuestas a lo leído y lo escuchado por ella hasta entonces. Las personas que consigue visitar no indican, en ningún caso, un proceso de rebelión o insurrección más o menos incipiente o cercana, sino todo lo contrario. Salvo en Euskadi y en menor medida en Catalunya -donde existe una mayor actividad pero donde tampoco se distingue una atmósfera de revuelta-, la delegada italiana se encuentra con una situación de debilidad, desmoralización y aislamiento: "Toda la izquierda me ha parecido dislocada y en dificultades… Puede suceder que se me escape el potencial efectivo de la lucha y de rebelión que puede existir, y que una oleada revolucionaria supere estas incertidumbres; pero ciertamente, si existe, no está expresado por la articulación política y por los grupos dirigentes de la oposición democrática". En cuanto al régimen, su "descomposición" no indica un debilitamiento sino una transformación y más que grietas se ven movimientos y cambios en la correlación de fuerzas, pero nunca un monstruo que se tambalee. La segunda lección de realismo es ya conocida pero obviada, una verdad embarazosa sobre la que los más notables dirigentes de la época prefieren echar pelillos a la mar, y que suele andar a la sombra de la imagen más o menos heroica del exilio. La dureza y las implicaciones del destierro no pueden ocultar el papel nefasto y miope que, según la inmensa mayoría de los estudios sobre la cuestión, jugaron las direcciones exteriores al concentrar el poder de decisión y al señalar unas u otras directrices, sin contar con la opinión de la militancia que tenía que desenvolverse cotidiana y clandestinamente bajo la dictadura. El de Rossana Rossanda es un testimonio más en esa dirección. El malestar de Javier Pradera, el mismo hecho de que tres años después de la huelga de 1959 aquella frustración fuera todavía el centro de la angustia del entonces militante comunista, es una estampa fiable del abismo entre las proyecciones de la dirección de Santiago Carrillo y las dificultades de los militantes del PCE en el interior, abocados a defender y aplicar una política imposible. Comparable a esa distancia es el contraste entre la espera pasiva y durmiente del PSOE de Rodolfo Llopis y los esfuerzos de Antonio Amat para tejer lazos y núcleos organizativos estables en el norte peninsular: "los obreros se desperezaban por todas partes y en cambio su partido hacía algo peor que dormir, dividía, se destruía. En esto Amat se parecía a los demás militantes o cuadros del interior con quienes me había entrevistado: nadie ocultaba, o muy poco, el mayor o menor resentimiento con respecto a las direcciones de su partido en la emigración". Al respecto, la viajera también repara en que la relativa autonomía orgánica de catalanes y vascos supone una diferencia palpable, una relación entre la coyuntura y la acción política diferente y más apegada a la realidad. Ahí sí, algo se movía. En el caso vasco, se trataba de una correlación social e histórica distinta, una resistencia contenida pero latente, que ya el 1 de Mayo de 1947 había convocado una huelga general secundada por al menos 20.000 trabajadores de Bilbao y su cinturón industrial: "el País Vasco parecía más legible que otros: no sólo era una zona no integrada sino también no opaca. Resistente. Aquel dudoso margen en el que, en el resto de la península, se diseñaban democratizaciones limitadas y compromisos, aquí no existía". Y justo el dirigente socialista vasco Antonio Amat es el que señala a Catalunya como el otro polo de diferencia y referencia: "para reconstruir el PSOE había que escindirse, los de fuera y los de dentro, siguiendo el ejemplo de la autonomía del Movimiento Socialista de Cataluña, que era un partido de verdad con una base de verdad". La delegada italiana también llama la atención sobre algunos conflictos que todavía son finísimas líneas sobre un paisaje sin demasiados accidentes, y que se producen fuera del ámbito de actuación de las siglas hegemónicas: "En los primeros años sesenta el movimiento nace fábrica por fábrica, como algo prohibido porque están prohibidos los convenios de empresa; pero nace y obligará al Gobierno, que no los puede impedir, a legalizarlos. ¿Nace dirigido por comunistas? No siempre. En el País Vasco nunca. En cada caso es distinto. Pero ¿se puede llamar simplemente sindical una lucha que puede costar años de cárcel? Sin embargo es una lucha que se intenta, que termina, que pide poco y obtiene poco como ‘generalización’". Ese agujero entre las organizaciones históricas y las luchas que salen a la luz, también indica una variación del territorio político, de la cultura política, de la estrategia y la táctica del comunismo y la socialdemocracía europea desde los años 30: "ni por arriba ni por abajo funcionaba ya el frentismo, porque las fuerzas del cambio pasaban por otros lugares, subterránea y paralelamente". La realidad que, a veces, supera a la normalidad. La tercera lección de realismo en el recorrido de Rossanda son, por un lado la atrofia de la solidaridad antifascista europea, y por otro las expectativas y la dependencia de los factores externos incubadas por las organizaciones de la oposición a Franco. Ella lo ve vagamente, más desde su propio campo, haciendo un examen autocrítico sobre la implicación de los comunistas y los demócratas europeos en la lucha contra el franquismo. Comprende, a través de los fragmentos que apenas puede recoger y comprender por el camino, que el congreso que viene a difundir se funda sobre falsas esperanzas y que tiene una función detergente, que no resuelve el problema del mediocre apoyo ofrecido hasta entonces, y que no responde a una sola de las necesidades que tiene en ese momento la gente del interior. Esa revisión autocrítica, es replicada y completada por una reflexión de Antonio Amat nada complaciente con la actitud que reina en las organizaciones clandestinas o semiclandestinas: "Desde 1951 no hacemos más que esperar que alguien nos saque las castañas del fuego. Primero la guerra, luego el final de la guerra, luego la nueva administración americana, luego el Mercado Común. Así, nuestros problemas, que nadie podrá resolver por nosotros, quedan aplazados una y otra vez". La última lección de realismo es la humildad de quien pese tener el antifascismo como una seña de identidad personal, política e intelectual, ha de reconocer, ya medio avanzada su ruta, la inutilidad de las certezas manejadas sobre el ser del fascismo europeo para comprender y abordar el fascismo franquista. Fuera por el abatimiento de la oposición, fuera por el arrinconamiento del populismo falangista y el sólido dominio del poder financiero y la burguesía agraria, fuera por la opción de Franco de no participar en la II Guerra Mundial, al régimen no le cuadraba el atributo de "furioso pero débil" aplicado hasta entonces al fascismo europeo. El estado franquista era una estructura, efectivamente "furiosa", pero también estable política y económicamente, frente a la que se producían movimientos internos y externos, pero que disponía de una notable capacidad estratégica y diplomática en el exterior; y que era capaz responder a los conflictos interiores incluso con mejor y mayor "sentido de la oportunidad" que sus enemigos. Pese al duro retrato reniega Rossanda de cualquier resentimiento: "En esta trama, sector español, año 1962, he vivido menos de un mes. Inútil para España, decisivo para mí. Alguien ya lo ha clasificado rápidamente en la categoría, hoy muy de moda, del desentanto: desencantado será usted, me dan ganas de contestar. Fue una bellísima historia, de la que sales escurrido como si fueras un trapo en la lavadora y te tendieran luego para que te secaras. Si la vida no es esto, ¿qué es?" En el postfacio, titulado "La muerte de las formas" Rossana Rossanda sitúa aquel recorrido decepcionante en un contexto que marcaría líneas de frontera en el seno de la izquierda. En aquel momento las organizaciones históricas del comunismo europeo viraban hacía la razón de estado. Se gestaba un movimiento atravesado de contradicciones pero que suponía un reto al orden y la prueba de fuego de una nueva generación militante europea, el movimiento del 68, y los grandes y viejos organismos obreros se iban desmarcando y atrincherando en el consenso parlamentario y la paz social. Ese cruce de caminos, que captura a una Rossanda aún viva y atenta a los acontecimientos dentro de una encrucijada histórica, política y generacional, terminaría en 1969 con su expulsión del PCI tras la fundación de Il Manifesto, uno de los periódicos de la izquierda europea que aún hoy sobrevive fiel a sí mismo, y que le da a Rossanda un fragmento de razón histórica y resistente. El mismo postfacio vuelve al viaje reconociendo cómo "en 1962 no había visto un fantasma, una sombra que pasaba de una habitación de la historia a otra; sino algo que se había convertido en cuerpo, parte de verdad, continuidad de un modo de ser España". La cabeza gacha y el cuerpo inerte de los "veinticinco años de paz", como la democracia silenciosa de los actuales treinta años de normalidad, que no son una casualidad sino un resabío cultural por ahora inexpugnable, bien agarrado a la existencia, el terreno y los hábitos. "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental" es una muestra de humildad, implicación y realismo. Es memoria sin nostalgia, memoria militante, memoria útil; un ejemplo de la memoria como educación política. (1)(ed. Laia 1984)

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«La ragazze del secolo scorso» de Rossana Rossanda

"Si tengo un resentimiento es con la tendencia de los partidos comunistas y de todas las vanguardias a considerar las "masas" como gatitos ciegos" (página 186).

Turín, Einaudi, 2006, 385 páginas.

Rossana Rossanda, es uno de los dirigentes comunistas italianos mas conocidos en el mundo: paradójicamente, es mas conocida que otros dirigentes que tuvieron un rol mas importante en la historia del Partido Comunista Italiano, como por ejemplo Ingrao, Amándola o Bordiga. ¿Tal vez su fama se deba a la expulsión del PCI y la fundación del diario Il Manifesto? Indudablemente este episodio también contribuyó a hacer conocido su nombre fuera de Italia, pero restaría entonces explicar porque pudo ser mas conocida que Lucio Magri o que Valentino Parlado, que con ella fundaron Il Manifesto. Yo diría que su notoriedad se debió al hecho de ser mujer. Y en el umbral de los 80 años, la Rossanda ha publicado parcialmente su biografía, y digo parcial porque llega hasta el momento de la expulsión del PCI y, por tanto, es de esperar que en una eventual continuación podrá conocerse la actividad de la Rossanda como disidente del mayor partido comunista del boque occidental.

En este libro, sin embargo, no es la política el único aspecto existencial que la Rossanda quiere narrar. Por el contrario es una autobiografía completa, íntegra: es la autobiografía que se espera leer de un verdadero comunista, pues la Rossanda no se cuenta solo como animal político. Los líderes políticos normalmente suelen describirse meramente como dirigentes, descuidando el lado humano, cotidiano, de su existencia. En su libro en cambio, la Rossanda cuenta sobre su infancia, de sus padres, de la hermana, incluso de la mujer que la crió y con la cual aprendió a ser mujer; resultan sorprendentes las páginas dedicadas a la menstruación; es un relato acorde a la imagen de un ser humano que se ha dedicado a la política, y no de un político que es además un ser humano. La imagen de la protagonista del libro, la autora misma, surge así mas vivaz, verídica, diré incluso simpática, a pesar de que me detendré sobre algunos aspectos de su personalidad no para cambiar la imagen que acabo de señalar, sino por el contrario, para hacerla aún mas humana incluso en sus evidentes limitaciones.

Rossana Rossanda es una mujer inteligente pero a veces carente de una efectiva sensibilidad. Algunos episodios que ella misma honestamente cuenta, muestran la dimensión de esa clase política que se habría al mundo desde una Italia provincial y sustancialmente atrasada desde el punto de vista económico y cultural. Sus progenitores, aunque prevenientes de una sólida burguesía profesional, se arruinaron con la crisis de 1929 y no pudieron luego encargarse de la educación de la hija, de la que pasaron a ocuparse los tíos. De regreso con sus progenitores, la elección de militar con la resistencia comunista a los nazi-fascistas fue la que rompió definitivamente la relación con el padre, que no pudo aceptar la idea de que el enemigo de clase se hubiese infiltrado en su casa. La Rossanda no lo dice, pero es claro que su militancia debe haberle recordado al padre su quiebra económica y la consecuente incapacidad de ser un padre ejemplar. La Rossanda se declara amargada por la incomprensión, pero no es capaz de pensar la situación desde el lado del padre.

Su falta de sensibilidad hacia los otros se reitera en otro episodio, ocurrido en Cuba. En ocasión de un encuentro con Fidel Castro, encuentro realizado en un campamento militar, la Rossanda, cansada de los largos monólogos del Líder Máximo, se mete en una tienda para dormir. Le avisan que era una tienda que para los soldados, pero ella no hace caso y sigue durmiendo, pensando que en el fondo los verdaderos revolucionarios no se escandalizarían por encontrarse con una mujer en la cama. Debió intervenir el mismo Fidel para convencerla que en Cuba algunos valores seguían vigentes y acompañarla hasta la tienda de las mujeres. La Rossanda no hace comentarios, pero su arraigado provincialismo itálico, agravado por la convicción de que en el curso de una generación podía arrojarse al mar toda una tradición, emergen claramente, y emerge también la jactancia de quien se siente agente de un proceso de modernización imperioso y no quiere esperar las mediaciones necesarias para alguien que nunca vio la modernidad.

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Hiroshima y Chernobil están en todas partes

Salvador López Arnal

Günther Anders, Filosofía de la situación. Libros de la Catarata, Madrid 2007. 165 páginas, edición de César de Vicente Hernando.

Salvador López Arnal

            Esta antología de escritos de Günther Anders es otro acierto más de esta magnífica colección dirigida por Francisco Fernández Buey y Jorge Riechmann que lleva por nombre “Clásicos del pensamiento crítico”. Incorpora antologías de autores que, a lo largo de la historia, han destacado en la elaboración de un pensamiento crítico, de un pensamiento no entregado. 

Filosofía de la situación, el nombre que el propio Anders escogió para definir su obra, además de una excelente bibliografía y una documentada introducción de César de Vicente Hernando, el editor del volumen, contiene siete trabajos del filósofo alemán, aun insuficientemente desconocido en nuestro país y cuya huella es palpable en filósofos y escritores de la categoría de Santiago Alba Rico: “La obsolescencia del ser humano”, fragmentos de un libro del mismo título compuesto por cuatro ensayos sobre tecnología y filosofía de la técnica, amén de una aproximación a Esperando a Godot; “Mandamientos de la era atómica”, editado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung en 1957, el primero de los manifiestos políticos de Anders; “Nosotros, los hijos de Eichmann”, de 1964, un fragmento que contiene dos cartas dirigidas a Klaus Eichmann, hijo de uno de los responsables del exterminio nazi durante la segunda guerra; “Los muertos. Discursos sobre las tres guerras mundiales”, fragmento de Los muertos, un libro en el que un Anders post-leninista sostiene que las guerras imperialistas son la continuación de la economía por otros medios; “La obsolescencia del ser humano II”, antología del ensayo del mismo título escrito entre 1955 y 1979; “Ser humano sin mundo”, fragmento de su introducción a un conjunto de artículos sobre arte y literatura editado en 1984, y, finalmente, sus “Diez tesis sobre Chernóbil”, parte sustantiva de su intervención ante un Congreso Internacional de Médicos por el Impedimento de una guerra nuclear, realizada poco después del accidente atómico de 1986. Aquí, en este último texto, en la novena tesis, Anders sostiene: “Las instalaciones pacíficas, al contrario, no son otra cosa que la contribución de la amenaza militar haciendo intervenir otros medios, o para formularlo simplemente: la paz actual es la continuación de la guerra por otros miedos” (p. 159).

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Para instruirse en ética ciudadana y en asuntos afines y no afines

Salvador López Arnal

Para instruirse en ética ciudadana y en asuntos afines y no afines

Salvador López Arnal

El Viejo Topo

Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, Educación para la ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho. Ilustraciones de Miguel Brieva. Akal, Madrid, 2007, páginas 239.

Son datos de Cataluña pero no creo que sean muy distintos en otros territorios. En el anexo 5 de un documento de junio de 2007 del departamento de enseñanza de la Generalidad de Cataluña, cuyo título -“Implantació dels ensenyaments LOE a l’educació secundària obligatòria a partir del curs 2007-2008”- no exige traducción castellana, se indican los mínimos por asignatura en la asignación horaria global de los tres primeros cursos de la ESO, al igual que en 4º curso. Sumando ambas asignaciones, el alumnado catalán deberá recibir, por ejemplo, un mínimo de 335 horas de Matemáticas, de 280 horas de Ciencias Sociales, geografía e historia, o de 405 horas de catalán (incluida literatura) o castellano. Si el alumno toma la opción “Religión” –opción no obligatoria pero que, probablemente, será muy mayoritaria en muchas escuelas concertadas subvencionadas con dinero público, al mismo tiempo que estará mucho más presente en los centros públicos que en otros períodos- el número mínimo de horas recibidas de esta materia -que según parece deducirse de algunas declaraciones no educa en valores o, por el contrario, es la única que puede hacerlo por derecho papal o designio de la Historia- será de… ¡175!, es decir, el 52,24% de las horas de formación matemática del alumnado, el 62,5% de su formación en el ámbito de las ciencias sociales, o el 43,2% de sus horas de catalán o castellano. No pretendo ser malintencionado pero no recuerdo si la presencia de la religión o la FEN en tiempos del franquismo, sin olvidar desde luego que entonces era de obligado cumplimiento, alcanzaba esas asignaciones horarias y esos porcentajes comparativos.

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Nicholas Georgescu-Roegen, Ensayos bioeconómicos. Antología.

Salvador López Arnal

De alguien que fue grande y lo compartió generosamente

Nicholas Georgescu-Roegen, Ensayos bioeconómicos. Antología. Los libros de la Catarata, Madrid, 2007, 156 páginas. Colección: clásicos del pensamiento crítico. Edición de Óscar Carpintero.

Salvador López Arnal

“Clásicos del Pensamiento crítico” es una cuidada colección de Los Libros de la Catarata dirigida por Francisco Fernández Buey y Jorge Riechmann. Los títulos que la integran, señalan sus responsables, tienen una finalidad fundamentalmente pedagógica. Su objetivo es “acercar al lector actual la obra y el pensamiento de aquellos autores y autoras que han destacado en la elaboración de un pensamiento crítico a lo largo de la historia: enseñar qué dimensión histórica tuvieron y qué dimensión política, social y cultural tienen; enseñar cómo se leyeron y cómo se leen hoy”.

Si estas son las finalidades, no es entonces de extrañar la incorporación de una selección de escritos de Nicholas Georgescu-Roegen a esta colección. Una muestra del pensamiento crítico del científico rumano: “La estrategia de llevar el tiempo lo más lejos posible implica una estricta conservación y ahorro de los recursos, tanto como sea posible. Esta política significa dos acciones paralelas. En primer lugar, debemos eliminar el despilfarro causado por los armamentos de todo tipo. Para decirlo alto y claro: no querer hacer la guerra mientras se continúa fabricando armamentos en la retaguardia es una actitud totalmente hipócrita” (pp. 103-104). Se puede decir más veces, pero no mejor.

La elección de la persona encargada de llevar a cabo la antología no podía ofrecer duda alguna. Óscar Carpintero, autor de la frase que encabeza esta reseña, es doctor en Economía, con una reconocida tesis sobre El metabolismo de la economía española: Recursos naturales y huella ecológica (1955-2000), publicada por la Fundación César Manrique en 2005, y profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Valladolid. Mejor Virgilio para aproximarnos a la obra del autor de La ley de la entropía y el proceso económico era impensable, absolutamente impensable. Por lo demás, Carpintero no sólo ha presentado magníficamente esta antología de Ensayos bioeconómicos, sino que ha traducido una buena parte de los textos seleccionados, uno de ellos -“Bioeconomía y ética”- inédito hasta la fecha, ha anotado magníficamente aquello que debe ser anotado para ayuda o información del lector y nos ha regalado un anexo bibliográfico inmejorable para facilitar una mayor aproximación a la obra de Georgescu.

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