La “vergüenza” de ser trabajador
–>El sábado 23-3-02, en el Teatro de Chelles, hubo un debate sobre “la suerte de los asalariados frente a la reestructuración de las empresas”, antes de la presentación de la obra 501 blues, interpretada por cinco obreras de la fábrica Levi’s de la Bassée que fueron despedidas, al igual que otros 500 compañeros, cuando cerró el establecimiento1.
El público se divide en dos: por un lado habitantes de Chelles y sus alrededores (militantes, obreros jubilados, docentes…) y por el otro, una decena de alumnos (todos varones, con una clara mayoría de negros y árabes) de una clase del bachillerato profesional del Liceo de Chelles, acompañados por dos de sus profesores.
Después de las intervenciones de los sociólogos, el organizador del debate interpela a los jóvenes: “¿Cómo ven ustedes la condición obrera? ¿Cuál es su apreciación del mundo del trabajo?” Instado por los otros, Samir (pelo corto engominado, lentes pequeños metálicos, jean y Adidas azul flúo) a quien todo parece señalar como el portavoz natural del grupo, toma el micrófono inalámbrico y “arremete”. Todo sale entonces de manera un poco confusa, pero él insiste en el siguiente tema: “Nosotros no queremos depender de nadie. No queremos un jefe arriba nuestro que nos dé órdenes. No queremos ir a trabajar a la fábrica, queremos respirar, ser patrones. No queremos estar o quedarnos abajo…” Las dos cosas están asociadas: ser obrero o alumno del Profesional, “es una vergüenza”…
Sus opiniones generan una reacción inmediata en el resto de la sala, por la imagen desvalorizada que dan de la condición del obrero. Los “viejos” ven en ello una especie de ataque a la dignidad de que gozaban en el trabajo y en el espacio público. Intentan recordarle que no puede o no debe hablar así, que siempre hubo obreros(as) de pie, una dignidad obrera, etc.
El debate se centra bastante pronto en la cuestión de la escuela y la orientación: ¿por qué esos jóvenes van a un instituto de enseñanza profesional, a un bachillerato profesional? Samir explica: al final de tercero, él no había pedido nada y lo pusieron sin consultarlo en el Profesional. En una palabra, decidieron por él. Sus compañeros vivieron la misma experiencia: fueron apartados de la vía de estudios generales (la “vía normal” como se dice en los “conjuntos habitacionales” para designar el régimen de estudios prolongados).
Para causar mayor impacto, Samir da su propio ejemplo, prepara su efecto (es algo que seguramente ya contó decenas de veces y que da en el blanco): “Voy a contarles con franqueza cómo fue que elegí el curso de estudios profesionales de electrotécnica… (risita) ‘Electrotécnica’ porque era la palabra más larga, la que más me impresionó”, como si en el momento de “decidir” hubiera querido contrarrestar el brutal veredicto escolar. Desde entonces, prosigue mal o bien su carrera escolar y confiesa que la ruptura entre los años “tranquilos” de Profesional y los años difíciles de bachillerato profesional es fuerte: “Al principio todo iba bien… pero ahora, hay un montón de materias… magnetismo, electromagnetismo…” Y confiesa que no entiende nada.
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