Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La República desde abajo. El republicanismo más allá de Pi y Margall (1873).

Lluís Ferran Toledano

El destronamiento de la reina Isabel II en 1868 abrió un conjunto de expectativas políticas y sociales que fue más lejos de lo que algunos conspiradores hubieran deseado. Ello es debido a la gran movilización popular y su participación en un rico tejido de asociaciones, y del impacto del sufragio universal. Una cosa es que el régimen no alterase la noción de propiedad burguesa y otra que la actitud defensiva de los sectores conservadores y ultramontanos no tuviese una base real, basada en el miedo a la Constitución de 1869 y las nuevas reglas del juego que imponía. En cierto modo, el conjunto de experiencias republicanas preparó el consenso entre los partidarios del orden en los años venideros. El republicanismo federal liderado por Francesc Pi y Margall y la cantonal (1873), deben tenerse en cuenta como uno de los hitos más importantes de los procesos de cambio “desde abajo” de toda nuestra historia contemporánea. Un ensayo teórico y práctico de soberanía individual y de democracia con pocos intermediarios. Se ha venido insistiendo demasiado en los aspectos doctrinales del ideario de Pi o en la fragmentación interna del republicanismo. Esta visión tradicional se debe sustituir por otra que ponga el acento en la calidad de las propuestas de mejora social lanzadas por los cantonales o en las experiencias cotidianas de conflicto. En suma, republicanizar la historia de la República.

Ciertamente, para una buena parte de Cataluña, el País Valenciano o Andalucía, la noticia de la proclamación de la República el día 11 de Febrero no fue sino un hecho gratamente esperado. En realidad, el régimen nacía lleno de incertidumbres. Como han señalado los clásicos C.A. Hennesy o J. Termes, se trató de un relevo en el gobierno pero sin un paralelo cambio constitucional. Un gobierno de transacción, de mayoría republicana, que debía de convivir con una asamblea donde se invertían los términos, con una filiación mayoritaria radical. Los objetivos del primer gobierno consistieron en controlar la situación política y mantener el orden público por encima de cualquier otro proyecto. Quizás no se ha señalado suficientemente el carácter no deseado de la evolución política durante 1873, la revuelta federal y cantonal. Esta experiencia no ha ocupado en la memoria democrática española el lugar que ha podido tener la Commune de París en la cultura política francesa y europea. A ello han contribuido diversos factores, sin duda, pero también el deseo de los republicanos posibilistas seguidores de Emilio Castelar -responsable del giro conservador que anticipó el golpe de estado de Pavía-, obsesionados en distanciarse de los federales y acercarse al contra-modelo de orden, eficacia y conservación representado por la III República francesa.

El sexenio fue uno de los momentos propicios para replantear las reclamaciones populares de reforma agraria. Durante aquellos años se incrementaron en toda España las huelgas de colonos, la ocupación de dehesas y la destrucción de cercas, las talas de árboles, los pasquines amenazadores, el incendio de pajares y de pastos, y un sin fin de situaciones herederas de una larga tradición de protesta. Un indicio que el régimen fue lejos en el terreno social -al margen de la ley de protección del trabajo de menores del 24 de julio, o los debates sobre la abolición de la esclavitud-, fue la repercusión que tuvo entre los conservadores el artículo adicional de la ley de 20 de agosto relativa a la redención del foro gallego, la rabassa morta catalana, o el treudo aragonés. Éste último, de manera ambigua, abría la posibilidad de la redención del censo enfitéutico. Observadores venidos de Barcelona oyeron cómo las gentes reunidas en cafés y tabernas creían que “la tierra no era de nadie y que los frutos eran de todos”. Sintomáticamente, un antiguo amigo de Prim, Enric Climent, rico hacendado del Ampurdán y ex gobernador civil de Girona, lamentaba que los colonos se creían con el derecho de no pagar sus obligaciones y, por esta razón, era “imposible que la gente honrada y de alguna posición se adhiera a la República”.

En realidad, el frente antirrepublicano era muy amplio, abarcaba desde el carlismo hasta el liberalismo progresista y radical. Quizás sorprenda saber que personalidades carlistas habían depositado esperanzas en una República que precipitase una reacción favorable a su causa. Unos planteamientos que recordaban la necesaria expiación social anunciada por el escritor y político Juan Donoso Cortés. En palabras del general navarro Joaquín Elío a su rey: “Tal vez, Señor, no es muy cristiano lo que voy a decir, pero considero necesario para la buena curación de España un poco de 93 o un poco de República”. Por su lado, para el sector liberal y progresista el problema central fue también el control del ejército. Un análisis calcado al efectuado por escritores y periodistas conservadores. Víctor Balaguer, quizás el principal dirigente progresista del principado, recibió diversas cartas que reclamaban urgentemente una dictadura militar, y ello antes que Pi y Margall fuese nombrado presidente. Uno de los amigos de Balaguer, Francisco Burgadas, le decía que “los catalanes todos, sin distinción de partidos, estamos hartos de derechos individuales”. Otro de sus corresponsales le avisaba que en Barcelona “recorren nuestras calles una o dos músicas celebrando la proclamación de la República Federal (…) Nuestra situación es triste y crítica, pues hoy ya no es la República Federal la que aclaman, sino la Federal Social”.

Una de las principales manifestaciones de la republicanización de la vida política fue la transformación radical de los cuerpos armados. Lejos de aplazar el cambio (primero ganar la guerra y después proclamar la federal), la revuelta militar republicana fue la forma principal de canalizar los proyectos republicanos más avanzados. También, como hemos visto, fue el objeto principal de los ataques conservadores, acobardados por la dimensión que había tomado el cambio desde abajo. La guerra carlista y el largo conflicto cubano fueron el terreno forzado por las circunstancias en el cual se desarrolló la federal. Sería un error considerar la guerra solo como un elemento disuasivo del proyecto republicano, y no como el elemento que catalizó las políticas republicanas. En ciertos momentos, el conflicto bélico y los batallones republicanos conducidos por diputados “en misión” fueron los únicos instrumentos reales de cambio. La contraposición entre cantonal y federal, desde este punto de vista, no tiene razón de ser, si lo que se pretende es no devaluar la intensidad de la movilización federal.

El decreto de disolución del ejército regular y su conversión en uno de voluntarios, realizado por la diputación de Barcelona el 10 de marzo, contagiaría no sólo el distrito catalán, sino otros colindantes. El ejército no desapareció formalmente, pero ni la composición ni el funcionamiento interno de los cuerpos, ni el comportamiento público de los soldados fue el mismo que en tiempos de la monarquía. A pesar de ello, también hubo oficiales, pocos, comprometidos con el nuevo orden republicano. Un capitán del regimiento de caballería de Alcántara, Francisco Araque, se dirigió a los soldados del cuartel de las atarazanas de Barcelona diciéndoles que ya no eran militares “sino ciudadanos”, y a continuación quemó las antiguas ordenanzas porque que ya no servían. Los soldados vestían garibaldinas, gorros frigios y se ponían galones al margen de la uniformidad. Lucían cabellos descuidados y largas barbas, y ostentaban con orgullo escarapelas republicanas. Nos servirá como ejemplo el comportamiento de la columna mandada por el coronel Miguel Vega. Sus soldados pasaban las noches en las tabernas gritando vivas a la federal y ¡fuera listas y abajo los entorchados del general que es un tirano! Y todo ello lo amenizaban con canciones ofensivas al clero, la música de la Marsellesa y el himno de los puritanos. Este era un paisaje habitual en la revuelta y suministró la imagen más radical de los republicanos, unido a otro elemento simbólico, el petróleo, importado de la Commune, y que también sirvió para estigmatizar la célebre huelga y sublevación de Alcoy del mes julio. Con pesar, el diario conservador madrileño La Epoca, reprodujo una carta del por entonces gobernador militar de Girona, Arsenio Martínez Campos, donde afirmaba que “sin Ejército no hay nacionalidad posible en estos tiempos”.

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La democracia, nombre de un movimiento

Joaquín Miras Albarrán

 

El republicanismo es una tradición praxeológica del pensamiento político. Surge históricamente de las luchas por someter a la deliberación y al poder públicos los asuntos –las cosas, las rei- de interés común para la sociedad.

Los textos de los clásicos muestran que la primera idea orientadora de la tradición republicana es el reconocimiento de la prioridad ontológica de la sociedad sobre el individuo. Según frase célebre de Aristóteles, el ser humano es animal cívico, político social1.El individuo humano es un ser de naturaleza plástica o indeterminada, cuyo proyecto biológico requiere ser asistido permanentemente en su desarrollo por la comunidad y ser completado mediante la interiorización de saberes y pautas culturales –hábitos, costumbres desarrollo de habilidades, técnicas, etc. elaborados por las generaciones anteriores-, para que a su vez el individuo pueda habérselas con la vida y manejarse útilmente para sí y para la comunidad.

Libertad y felicidad del ciudadano

Ni el orden social es resultado de una ley natural prescrita por la naturaleza para el ser humano, ni el individuo humano posee una naturaleza, previa a su construcción como individuo por la sociedad. En consecuencia la libertad y la felicidad no dependen de la actividad privada de cada individuo, sino del orden civil establecido. Son asunto político: son el asunto político primordial. La existencia de un orden político tiene como fin garantizar la libertad y la felicidad, esto es, el fin del estado – de la política- es instaurar la eticidad, y por ello resulta imprescindible.

Libertad: en la tradición republicana es libre el individuo que no está sometido a la voluntad de otro. No es libre quien depende de la voluntad ajena para sustentarse, pues deberá someterse a sus decisiones, tiene amo. Por ello la república debe garantizar en primer lugar que cada individuo sea dueño de los medios que le permitan subsistir sin enajenarse – asalariarse o venderse-, sin someterse a dominación.

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Público y privado. Republicanismo y feminismo académico

María Julia Bertomeu, Antoni Domènech

El feminismo académico contemporáneo es un movimiento amplio y heterogéneo, con grandes aciertos, obvio es decirlo, y algunos desaciertos, a veces, grandes también. Una parte muy importante de sus aciertos tiene que ver con la recuperación de la centralidad institucional de la “familia” para la reflexión política.

Familia y filosofía política

La filosofía política como disciplina académica se ha interesado en el último siglo sobre todo por cuestiones relacionadas con el Estado y las relaciones del Estado con la Sociedad Civil (ciudadanía, partidos políticos, justicia distributiva, etc.). Lo que resulta un tanto sorprendente, habida cuenta de la importancia de la Familia en toda la tradición filosófico-política occidental. El primer libro de la Política de Aristóteles está dedicado al oikos; y una de las consecuencias más perversas, según Aristóteles, de la democracia plebeya ática sería su subversión de la institución familiar, dando el mando a las mujeres (gyneycokratía): un tema recuperado por el contrarrevolucionario Bonald a comienzos del siglo XIX para ajustar cuentas con la democracia plebeya robespierreana:

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Historias de clásicos

Salvador López Arnal.

Francis Wheen, La historia de El Capital de Karl Marx. Debate, Madrid, 2007, 157 páginas. Traducción de Carles Mercadal.

Janet Browne, La historia de El origen de las especies de Charles Darwin. Debate, Madrid, 2007, 187 páginas. Traducción de Ricardo García Pérez.

El Viejo Topo

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Sobre la obra lógica de Ramon Llull. Una antología de textos de Manuel Sacristán

Manuel Sacristán, Salvador López Arnal (editor)

En una entrevista de Andreu Manresa a Anthony Bonner (“Quadern”, El País, 26 de abril de 2007), el gran lulista neoyorquino, editor de Selected Works of Ramon Llull y coautor, junto con Lola Badia, de Ramon Llull, vida, pensament i obra literaria, recordaba algunos nombres de lulistas catalanes:

“Giorgano Bruno, Descartes, Newton, Leiminz (sic!), Carl Jung, ahora Umberto Eco, hacen referencia a él [Llull]. Grandes expertos científicos lulistas son extranjeros como usted.

Son muchos y en todas partes –respondía Bonner-. En Catalunya estuvieron los hermanos Carreras i Artau, Jordi Rubió -figura muy importante-, Bohigas, y hoy en día Lola Badia, Albert Soler y Josep Perarnau, y también Jordi Gayà… Muchos.”

El propósito de esta antología es apuntar, sugerir meramente, que la lista de Bonner debería incrementarse, como es natural, con alguna entrada más. Manuel Sacristán no sólo fue discípulo de Joaquín Carreras i Artau y admiró la grandeza cívica de Jordi Rubió, sino que estudió a Ramon Llull durante su estancia en la Universidad de Münster entre 1954 y 1956, incluso antes probablemente, y en sus reflexiones lógicas, en sus manuales lógicos de introducción y en sus trabajos para la oposición a la cátedra de lógica de 1962 la presencia del autor mallorquín es manifiesta. Una de las voces que incluyó en un calendario de 1985 estaba dedicada a Ramon Llull y de su obra habló en más de una ocasión en sus clases de metodología de las ciencias sociales, dictadas en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona tras la muerte del dictador Franco. También en los apuntes editados de “Fundamentos de filosofía” de 1957 y 1958, escritos tras su vuelta de Alemania, pueden verse diversas referencias a Llull.

Entre los textos aquí seleccionados, se presentan fragmentos de la conferencia sobre el Ars Magna de Llull, hasta ahora inédita, que Sacristán impartió en Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de Münster en 1955. La traducción ha sido realizada por Marisol Sacristán Luzón y revisada por Luis Vega Reñón. Gracias a ambos.

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Una hora con Roque Dalton

Mario Benedetti

Entrevista por Mario Benedetti. [Publicado en Marcha, febrero-marzo de 1969]

El jurado de poesia del Premio Casa de las Américas (integrado por Efrain Huerta, de México: José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de Haití: y Roberto Fernández Retamar, de Cuba) tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embargo unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más vitales y removedores de América Latina, sino también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico. Roque Dalton (autor de La taberna y otros poemas) nació en San Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Estudió antropología y derecho. Es miembro del PC salvadoreño desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista, participando activamente en la política de su país. En varias oportunidades ha estado preso por su actividad revolucionaria, y en 1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar. Posteriormente ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964 fue nuevamente apresado, pero esta vez consiguió fugarse. En los últimos años ha residido en Checoeslovaquia y Cuba. Su obra poética y ensayistica ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado tres libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del ofendido, 1963; Los testimonios, 1964.

MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu poesía?

ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resultaron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas.

MB:En esta etapa precisa ¿usas también la poesía de personajes?

RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro premiado está cargado de personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es quien puede resolverla.

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La gran muralla verde de China

Rafael Poch

«Está claro que el país no puede meter en ciudades a sus 800 millones de campesinos sin ocasionar un desastre social y ambiental.»

La Insignia*. España, mayo del 2007.

Es como un inmenso zigurat, aquellos templos-observatorio mesopotámicos que inspiraron el mito bíblico de la torre de Babel. O como una pirámide maya. Pero es una montaña. Aunque también es monumento; al trabajo, continuado y desesperado, de centenares de generaciones de campesinos chinos. En la meseta de loess del curso medio del Río Amarillo (Huanghe), apenas hay lugares que no hayan sido trabajados. Hasta donde alcanza la vista, terrazas y campos divididos por muros de tierra apisonada. La gente trabaja las laderas y los barrancos más inverosímiles y hasta vive en ellos: para unos cuarenta millones de habitantes de esta meseta, los "Yaodong", unas casas-cueva excavadas en los barrancos, son morada.

La región es algo mayor que España y comprende trozos de las provincias de Shanxi, Gansu, Shaanxi y la región autónoma de Ningxia. Durante siglos, los campesinos abonaron con sus huesos este paisaje inmenso y anciano, una de las zonas agrícolas más antiguas del planeta y matriz de la civilización china. Su secreto es el loess, una arcilla muy fina formada por polvo de roca que, transportada por los vientos se fue asentando aquí durante milenios. Del loess resulta una tierra fértil, pero frágil. Siglos de deforestación, excesiva población y pastoreo, resultaron en un ecosistema desertificado. Cualquier lluvia fuerte hace que la tierra sea violentamente arrastrada por los torrentes de esta región, que, vista desde el avión, es como un millón de pequeños cañones del Colorado. El agua fluye por sus ramblas, cruelmente secas la mayor parte del año, hasta alcanzar el gran río o sus tributarios. Hace 1500 años que el Huanghe ya se llamaba "Amarillo", como el Mar en el que desemboca, y no por capricho. Si los grandes ríos europeos llevan una media de 50 gramos de tierra por medio metro cúbico de agua, el Amarillo puede llegar a transportar hasta 300 kilos. Es un río de fango amarillo cuyas avenidas costaron la vida a millones de campesinos y hacían variar hasta mil kilómetros, el lugar de su desembocadura, bien cerca de Pekín, bien cerca de Shanghai. "Es como si el Rhin desembocara ahora en Hamburgo, y ahora en Cádiz", explica la profesora Dolors Folch en su libro, La construcción de China.

El agua es oro aquí. Las peleas sangrientas entre comunidades por el agua, a veces con aspecto de pequeñas guerras civiles locales, eran endémicas, como la miseria. En zonas de Shanxi, el saludo habitual campesino en el norte de China -que no es "¿qué tal?", sino un "¿has comido?"- se transformaba en un "¿has bebido?", pues la dieta básica solía ser una sopa de gachas de maíz, que aun hoy es el alimento básico invernal del campesino norcoreano. Y esa comida, más que comer, se bebe. Hasta el punto de que un comentario elogioso sobre alguien, se refiere a que se alimenta de algo más que gachas en remojo y puede sonar así de rústico; "es un buen tipo, come alimento seco y caga sólido".

La tierra de loess es dura como el cemento. Los primeros emperadores chinos construyeron con ella el sector de la gran muralla que transcurre por el norte de esta región, marcando la frontera histórica entre tierra cultivable (China) y la gran pradera de los pueblos de la estepa de tradición nómada pastoril. Pero esa tierra dura se convierte en liviana cuando por ella ha pasado el arado del campesino en primavera. Es entonces cuando los vientos de la estación se encargan de levantarla en nubes amarillas y llevársela hasta Pekín, Corea o Japón en forma de devastadoras tormentas de arena.

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Nuevos escritos filosóficos de Manuel Sacristán

Salvador López Arnal

         Albert Domingo Curto ha editado recientemente en Trotta Lecturas de filosofía moderna y contemporánea, un conjunto de textos, en su mayoría inéditos, de Manuel Sacristán Luzón.

         Componen Lecturas dieciséis escritos y dos textos más recogidos en  apéndice. Siete de ellos, totalmente inéditos; los restantes, de difícil localización y no incorporados ni a Panfletos y Materiales ni al volumen que con el título Pacifismo, ecologismo y política alternativa fue editado por Juan-Ramón Capella en 1987.

         “Libertad”, “Simone Weil”, “Personalismo”, “Pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera” y “Kant”, los cinco primeros textos del volumen, son entradas, inéditas las dos últimas,  que Sacristán escribió a inicios de los años cincuenta, antes de su marcha al Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Münster en Westfalia, para la Enciclopedia Política Argos, una enciclopedia dirigida por Esteban Pinilla de las Heras que no llegó a editarse.

         “El concepto kantiano de historia”, el sexto escrito recogido, se publicó en 1953, en el número 22 de Laye. Se reeditó en un volumen colectivo sobre temas historiográficos en los años ochenta

         “Sobre la doctrina trascendental del juicio en la crítica de la Razón pura de Kant” fue probablemente un trabajo que Sacristán redactó para algún curso de doctorado a inicios de los cincuenta. Junto con los dos anteriores, es muestra del magnífico conocimiento que Sacristán tenía de la obra del filósofo crítico.

         “Karl Marx” es una voz de 1967 escrita para la Enciclopedia Planeta-Larousse. Algunas de las tesis que Sacristán formulará con más desarrollo en uno de los mejores trabajos de marxología escrito en nuestro país –“El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”- quedan aquí ya apuntadas.

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El sentido de la democracia

Salvador López Arnal

Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS. Mínima Trotta, Madrid, 2007, 98 páginas. Introducción y notas Jean Louis Prat; traducción: Margarita Díaz.

El Viejo Topo

       

Como indica Jean Louis Prat en su presentación, Democracia y relativismo tiene su origen en un debate público celebrado en 1994, entre Cornelius Castoriadis, fallecido tres años después, y redactores de MAUSS (Mouvement anti-utilitariste en sciences sociales). La trascripción fue efectuada por Nicos Iliopoulos y publicada en dos partes en la Revue du MAUSS,  la primera con el título “La relatividad del relativismo” y la segunda como “La democracia”. 

         Puede interpretarse el debate como un comentario de texto a la cita de Castoriadis que abre el ensayo: la etimología de “democracia” nos remite a la dominación del demos, del pueblo, de las masas. Si no tomamos dominación en sentido formal, y es eso precisamente lo que deberíamos hacer según Castoriadis, el dominio real presupone poder decidir por nosotros mismos sobre nosotros mismos y sobre cuestiones esenciales, y hacerlo con conocimiento de causa. En estas cuatro últimas palabras se centra todo el problema de la democracia: “Con conocimiento de causa”. Ésta es la cuestión. Y la conclusión que de ello se deriva: no se trata de confiar el poder a una casta de burócratas incontrolados, ilustrados o no, incompetentes o no, sino en transformar la realidad social “de forma que los datos esenciales y los problemas fundamentales sean asequibles para los individuos y que éstos puedan decidir con conocimiento de causa”. ¿Les suena? Efectivamente, es la vieja aspiración de las diversas tradiciones socialistas, de todas ellas, en el ámbito político, en el piso superior de la metáfora arquitectónica marxiana.

         El ensayo está, como dijimos, dividido en dos partes. La primera, “La relatividad del relativismo” (pp. 27-60), se centra en la discusión de una tesis histórico-política de Castoriadis. Existe una singularidad en la cultura griego-occidental, cuyo germen proviene de la sociedad clásica griega (Heródoto: “los egipcios son más sabios y sensatos que los griegos”), que irrumpe probablemente en Europa a partir de los siglos XI o XII, desarrollándose a partir del XVI (Las Casas, Montaigne, Montesquieu, Swift), que no tiene por qué ser necesariamente modelo para otras sociedades ni para futuros más o menos próximos, y que puede ser expresada brevemente así: la puesta en cuestión ininterrumpida de sí misma (El sabor epistemológico de la expresión y su posible influencia en formulaciones de textos políticos de Karl Popper no  parecen una  simple ensoñación). El requisito, además, es esencial: sólo él permite que exista un movimiento político, sólo él posibilita la verdadera política. 

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