Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Gestiones y escándalos privados; pasividad pública

Salvador López Arnal

     Mi tía, Joana, la hermana de mi madre, fue una joven cenetista. Su marido, un militante de la FAI, aprendió a leer en una de sus estancias en la cárcel modelo de Barcelona en la década de los veinte. Cuando murió, a finales de los setenta, Joana supo aguantar bien durante años. Conoció en una local para mayores a Joaquim. Él ha sido su compañero en estos últimos años.

     Quim, un trabajador del transporte que emigró a Alemania en los años cincuenta gracias a cuya pensión pudo vivir, con ayuda de Cáritas, sus veinte últimos años rozando la miseria más absoluta, murió en verano de 2007. Un cáncer de hígado acabó con él en apenas un año. No sufrió.

     Joana pareció aguantar. Acudió al entierro. Lloró su muerte. Mayor, viviendo en una residencia desde hacía unos dos años (donde era visitada mañana y tarde por Quim a pesar de su delicado estado de salud), enferma de Alzheimer, me permitía acompañarle a dar un paseo día sí, día no, por las calles de su barrio trabajador: la Verneda, Sant Martí (en esta estación de metro se filmó una de la escenas más brillantes de “El silencio después de Bach” de Pere Portabella). A todo el mundo que veíamos, a sus amigos, convecinos, les contaba lo mismo. Quim había muerto, sin sufrimiento, y ella seguía aquí, le echaba mucho en falta y pensaba en él en todo momento.

     Pero Joana cambió de opinión y no quiso aguantar más. Un día de octubre, dos meses después del fallecimiento de Quim, empezó a dejar de comer y a no tomar la medicación. Apenas bebía, no quería probar bocado. Insistimos: tienes que alimentarte, no podrás aguantar. Nos miraba y contestaba irritada: “Si Quim no està aquí, per què vull seguir?”. A punto estuvo de lograr su objetivo. Le llevamos de urgencias a un hospital público de Barcelona, el Hospital de Sant Pau. La admirable dedicación de una médica y de su equipo la salvó. Logró convencerla sin presión que valía la pena vivir, que era necesario que tomara la medicación más esencial. Empezó a comer de nuevo; lentamente, muy lentamente.

     Su regreso a la residencia no fue fácil. Las personas que la cuidan, en su mayoría mujeres (cuidadoras de planta, médica, enfermeras, limpiadoras, recepcionista, asistenta social), tienen que incrementar ahora sus esfuerzos. Joana es dependiente. No puede andar, va en silla de ruedas. Existe el temor justificado de que se llague si no se mueve cada dos horas y permanece demasiado tiempo en la misma posición. Por lo demás, ya no puede comer sola. La alimentan, la levantan diariamente, la visten, la llevan a convivir y jugar con sus compañeras, la acuestan. Los familiares, los pocos familiares que tiene, la hija de Quim, mi compañera y yo, hacemos poco, muy poco.

Pero agradecemos enormemente, como no podría ser de otro modo, el esfuerzo, el cuidado, el mimo como es tratada por las trabajadoras de una residencia de titularidad pública y gestión privada. No es nada fácil, es trabajo duro y sin apenas reconocimiento. Pero lo consiguen, lo están consiguiendo, a pesar de que en ocasiones la medicación, o la falta de ella, saca de Joana su carácter indómito e incluso la descortesía y la mala educación. A veces pierde los nervios y arroja al suelo comida y utensilios.

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La supresión del bachillerato nocturno en Catalunya y las incoherencias inadmisibles de un gobierno que se dice de izquierdas.

            Como es sabido, en Cataluña gobierna una coalición de partidos formada por el PSC (PSOE), ERC, ICV y EuiA. Se presentan, se presentaron, ante la ciudadanía en las últimas elecciones abanderando la formación de un gobierno nacionalista y de izquierdas, que pretendía superar la fase insistentemente identitaria, reconocieron, del primer gobierno tripartito.

            Muchos ciudadanos y ciudadanas, el que firma entre ellos, votó a partidos que forman parte del gobierno porque, aseguraron e insistieron, esta vez iban en serio, se trataba de generar un giro social de 180 grados en la trayectoria política del gobierno catalán. Lo social debía estar en el puesto de mando, se dijo y se repetió.

            La conselleria de Educación del actual gobierno está en manos del PSC. La estuvo antes, en el primer gobierno, menos en los últimos meses, en manos de ERC, y durante dos décadas ha estado en manos de CDC y Unió Democrática, especialmente en manos de UDC, larga etapa en la cual la escuela privada concertada fue tratada con la amplia generosidad que caracteriza a los gobiernos de centro derecha en estos y en otros ámbitos afines.

            El conseller de Educación es el señor Maragall, hermano del anterior presidente de la Generalitat. La carrera política del conseller ha sido, si no ando errado, interna al Partido, situándose y protegiéndose muy bien en las luchas de las diversas tendencias, y centrada básicamente en asuntos de gestión municipal, especialmente durante la época en la que su hermano fue alcalde de Barcelona. No se le conocen (no conozco cuanto menos) intereses, preocupaciones ni publicaciones en el ámbito de la enseñanza, pero la cuota entre los partidos del gobierno, la distribución de poder y, seguramente, el deseo de tocar más poder alzaron al señor Maragall a la conselleria de Educación.

            Se sabe lo que pasó con el proyecto de bases de la ley catalana de Educación. Originó la movilización ciudadana más importante (y más hermosa) que se recuerda en la historia reciente de Catalunya. Entre otras cosas, el proyecto pretendía dejar la puerta abierta para la privatización de la gestión educativa. El president José Montilla se reafirmó en los medios de comunicación en la defensa del carácter público de la enseñanza preuniversitaria en Catalunya (afirmación ciertamente extraña, cuanto menos, ya que en estos momentos cursan estudios en la escuela privada y privada concertada un 50% del alumnado catalán) y parece, por otra parte, que el proyecto de ley de Bases presentado al Parlamento catalán rectifica en este punto y se compromete a no transitar por el camino de una mayor privatización.

            Pero todo indica que al conseller no le ha bastado con esta marcha atrás. Su conselleria habrá querido racionalizar (esto es, reducir) el gasto público en enseñanza y ha pensado que era innecesario apuntar a gastos extraordinarios originados por encuentros insustanciales, a cargos de confianza que son, básicamente, premios políticos, a sueldos de gestores y consellers que superan toda cifra razonable, y que lo mejor era empezar por lo que tenía menos fuerza, suprimir el lado  más débil del poliedro: los estudios de bachillerato nocturno en la enseñanza pública catalana (ignoro si esa supresión se extiende a la privada concertada, ahora y en el futuro) señalando la posibilidad de seguir esos estudios on-line, vía informática. La razón alegada es la baja inscripción en estudios de bachillerato nocturno, aun menor en estos últimos años, debida a la contradictoriedad de las jornadas laborales y los horarios de estudios.

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Zapatero entrega a los empresarios el control de las universidades

Privatización

Enviado por admin1 o Sáb, 12/04/2008 – 18:42.

Zapatero entrega a los empresarios el control de las universidades La empresaria y dirigente de la CEOE Cristina Garmendia Méndizabal al frente del nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación La política universitaria pasa al nuevo Ministerio

¿Quién mejor que los empresarios saben lo que les interesa a las empresas? Plenamente decidido a llevar adelante el programa de la European Round Table de poner las universidades en manos de las empresas, Zapatero crea el nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación, que segrega la política universitaria del Ministerio de Educación, y sitúa a su frente a la empresaria y directiva de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio) Cristina Garmendia.

Garmendia, fundadora, presidenta y consejera delegada de Genetrix, una corporación de seis empresas dedicadas al desarrollo de medicamentos y tecnologías biomédicas, es una ejecutiva de referencia en el sector biotecnológico español. Además de Genetrix, ha promovido otros proyectos empresariales, como Cellerix, Biotherapix, Sensia, Imbiosis, Biobide, BioAlma, Fenix Biotech y Coretherapix, de la que fue presidenta y consejera delegada.

Nació en 1962 en San Sebastián, Guipúzcoa (España). Es doctora en Biología y Máster en Administración de Empresas (MBA) por el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) de la Universidad de Navarra (universidad privada del Opus Dei). Comenzó su trayectoria profesional como profesora de genética en la Universidad Autónoma de Madrid, pero posteriormente se inclinó por el ámbito empresarial.

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De la memoria militante como educación política: Sobre «Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental» de Rossana Rossanda

Antón Corpas

Sobre "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental" de Rossana Rossanda(1)

 

inSurGente (Antón Corpas).- La noción de "realismo", por lo general, es confiscada por el pragmatismo de terciopelo y paso corto cuando no por la resignación. Lo real suele ser un pretexto que oculta el cuerpo de los intereses o la impotencia y el miedo y, en definitiva, es una buena cobertura para batirse en retirada o pasar al otro lado, para sentarse a esperar un tren sin pasajeros ni maquinista o acostarse donde el sol que más calienta. Habitualmente, quienes utilizan el "ser realistas" como una bandera útil en cualquier discusión, más que en la realidad se fijan en su ombligo o, más en profundidad, su estómago. No es extraño, además, que muchos de aquellos superhombres que conformaban la vanguardia obrera, y que tras entrar en una cabina y desnudarse amanecieron con la piel de Vittorio y Luchino, se educaran en la razón cínica de la cultura política stalinista, tan aficionada a apelar al "método dialéctico" y "las condiciones objetivas" para justificar decisiones a menudo subjetivas y contraproducentes. Aún así, el realismo puede ser otra cosa. "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental", publicado por Rossana Rossanda en Italia en 1981 y luego en castellano en 1984 (ed Laia), es un tipo de realismo que no busca confirmar juicios previos ni encontrar pretextos, que no va en busca de apuntalar triunfalismos ni darle coartada a esta o aquella pesadumbre. Que sólo o nada más y nada menos, tiene la intención y la necesidad de interpretar qué ocurre en verdad sobre el terreno. Es difícil dar con una actitud militante e intelectual que, como en este caso, en lugar de confirmar lo sabido y lo establecido sea capaz de observar qué está ocurriendo más allá de la punta de sus zapatos. Rossanda fue escogida entre los miembros del Comité Central del PCI para recorrer la España franquista -en concreto Barcelona, Madrid, Toledo, Sevilla, Donosti y Gasteiz­­- y recoger apoyos de la oposición interior al "congreso por la libertad en España" que más tarde se celebraría en Roma. Es un viaje que llevará a cabo la semana santa de 1962 bajo las indicaciones del entonces clandestino Federico Sánchez (Jorge Semprún), que no tardaría en ser expulsado del PCE junto con Fernando Claudín, por disentir ambos de la línea oficial. Durante el mes que dura un trayecto en el que mal que bien trata de camuflarse como turista, la viajera se esfuerza para cumplir con su trabajo lo mejor que le permiten las circunstancias, pero también quiere comprender una realidad que, a medida que pasan los días, se vuelve oscura y resbaladiza. Rossanda se refiere reiteradamente a la "ambigüedad", la indefinición, de la situación pero también de las estrategias y las alianzas de cada uno de los actores, de sus intenciones y sus posibilidades reales de acción. Ve una realidad desdibujada donde, si está pasando algo, no hay nada que lo indique, donde es difícil saber verdaderamente quién es quién, que peso tiene cada cual, como se relacionan los actores entre sí, y cuales son las líneas de actuación comunes o diferenciadas. Se encuentra, pues, con un limbo, un tiempo estático, un silencio general que a ella misma le cuesta admitir porque se aleja demasiado del perfil heroico de "la revolución española" trazado durante la primera mitad del siglo XX. En su primer destino, Barcelona, la italiana no consigue ningún encuentro con el PSUC; pero se entrevistará con José Agustín Goytisolo, el dirigente socialista Joan Reventós, algún miembro del Front Nacional de Catalunya, con Heribert Barrera de ERC, y con tres representantes de la diezmada CNT que no le ocultan el estado de muerte clínica de la organización. En Madrid ve a un desesperado militante del PCE, Javier Pradera (hoy columnista de cámara de El País) que le relata el estrepitoso fracaso de la Huelga General Política de 1959; se encuentra con militantes del incipiente Frente de Liberación Popular (FLP o Felipe); con el autor del "Cara al Sol", Dionisio Ridruejo, por entonces reconvertido en oposición tolerada; y con el viejo Gil Robles, líder de la CEDA durante la República, y que ya le anticipa algunos trazos elementales del futuro: "España debe entrar en el Mercado Común y en la Alianza Atlántica". En Sevilla, no consigue entrevistarse con los comunistas -maltrechos y asustados por un reciente golpe represivo- y sí con el catedrático Manuel Giménez Fernández, que tiene la intención de construir una democracia cristiana de centro izquierda a imitación del partido italiano. Finalmente, entre Donosti y Gasteiz, Rossana Rossanda contacta con Rocío Laffón y Luis Martín Santos -autor de "Tiempo de Silencio"-, y con Antonio Amat, abogado del PSOE y dirigente sindical. Esta, como la mayoría de las expediciones políticas por el estilo, tiene un objetivo subyacente al objetivo declarado. Además de difundir la celebración del congreso y recoger adhesiones, Rossanda debía confirmar algo; ratificar lo que decían los documentos de la dirección exterior del PCE, que consideraban que en el país existía un clima propicio a la insurrección democrática contra la dictadura. En la misma línea, el viaje debería confirmar que los movimientos que se daban dentro del aparato franquista eran señales de una falla suficientemente abierta como para permitir un movimiento popular. De hecho, la convocatoria del congreso de Roma era fruto de esa percepción que, como se verá a lo largo del relato, tenía más de ilusión que de realidad. La primera lección de realismo que ofrece este cuaderno de bitácora es, de hecho, un desmentido rotundo. Aunque, para no provocar asperezas con el PCE de Carrillo, Rossanda suavizará algunas consideraciones en el informe presentado al Comité de Exteriores del PCI, las impresiones transmitidas por la gente del interior resultan diametralmente opuestas a lo leído y lo escuchado por ella hasta entonces. Las personas que consigue visitar no indican, en ningún caso, un proceso de rebelión o insurrección más o menos incipiente o cercana, sino todo lo contrario. Salvo en Euskadi y en menor medida en Catalunya -donde existe una mayor actividad pero donde tampoco se distingue una atmósfera de revuelta-, la delegada italiana se encuentra con una situación de debilidad, desmoralización y aislamiento: "Toda la izquierda me ha parecido dislocada y en dificultades… Puede suceder que se me escape el potencial efectivo de la lucha y de rebelión que puede existir, y que una oleada revolucionaria supere estas incertidumbres; pero ciertamente, si existe, no está expresado por la articulación política y por los grupos dirigentes de la oposición democrática". En cuanto al régimen, su "descomposición" no indica un debilitamiento sino una transformación y más que grietas se ven movimientos y cambios en la correlación de fuerzas, pero nunca un monstruo que se tambalee. La segunda lección de realismo es ya conocida pero obviada, una verdad embarazosa sobre la que los más notables dirigentes de la época prefieren echar pelillos a la mar, y que suele andar a la sombra de la imagen más o menos heroica del exilio. La dureza y las implicaciones del destierro no pueden ocultar el papel nefasto y miope que, según la inmensa mayoría de los estudios sobre la cuestión, jugaron las direcciones exteriores al concentrar el poder de decisión y al señalar unas u otras directrices, sin contar con la opinión de la militancia que tenía que desenvolverse cotidiana y clandestinamente bajo la dictadura. El de Rossana Rossanda es un testimonio más en esa dirección. El malestar de Javier Pradera, el mismo hecho de que tres años después de la huelga de 1959 aquella frustración fuera todavía el centro de la angustia del entonces militante comunista, es una estampa fiable del abismo entre las proyecciones de la dirección de Santiago Carrillo y las dificultades de los militantes del PCE en el interior, abocados a defender y aplicar una política imposible. Comparable a esa distancia es el contraste entre la espera pasiva y durmiente del PSOE de Rodolfo Llopis y los esfuerzos de Antonio Amat para tejer lazos y núcleos organizativos estables en el norte peninsular: "los obreros se desperezaban por todas partes y en cambio su partido hacía algo peor que dormir, dividía, se destruía. En esto Amat se parecía a los demás militantes o cuadros del interior con quienes me había entrevistado: nadie ocultaba, o muy poco, el mayor o menor resentimiento con respecto a las direcciones de su partido en la emigración". Al respecto, la viajera también repara en que la relativa autonomía orgánica de catalanes y vascos supone una diferencia palpable, una relación entre la coyuntura y la acción política diferente y más apegada a la realidad. Ahí sí, algo se movía. En el caso vasco, se trataba de una correlación social e histórica distinta, una resistencia contenida pero latente, que ya el 1 de Mayo de 1947 había convocado una huelga general secundada por al menos 20.000 trabajadores de Bilbao y su cinturón industrial: "el País Vasco parecía más legible que otros: no sólo era una zona no integrada sino también no opaca. Resistente. Aquel dudoso margen en el que, en el resto de la península, se diseñaban democratizaciones limitadas y compromisos, aquí no existía". Y justo el dirigente socialista vasco Antonio Amat es el que señala a Catalunya como el otro polo de diferencia y referencia: "para reconstruir el PSOE había que escindirse, los de fuera y los de dentro, siguiendo el ejemplo de la autonomía del Movimiento Socialista de Cataluña, que era un partido de verdad con una base de verdad". La delegada italiana también llama la atención sobre algunos conflictos que todavía son finísimas líneas sobre un paisaje sin demasiados accidentes, y que se producen fuera del ámbito de actuación de las siglas hegemónicas: "En los primeros años sesenta el movimiento nace fábrica por fábrica, como algo prohibido porque están prohibidos los convenios de empresa; pero nace y obligará al Gobierno, que no los puede impedir, a legalizarlos. ¿Nace dirigido por comunistas? No siempre. En el País Vasco nunca. En cada caso es distinto. Pero ¿se puede llamar simplemente sindical una lucha que puede costar años de cárcel? Sin embargo es una lucha que se intenta, que termina, que pide poco y obtiene poco como ‘generalización’". Ese agujero entre las organizaciones históricas y las luchas que salen a la luz, también indica una variación del territorio político, de la cultura política, de la estrategia y la táctica del comunismo y la socialdemocracía europea desde los años 30: "ni por arriba ni por abajo funcionaba ya el frentismo, porque las fuerzas del cambio pasaban por otros lugares, subterránea y paralelamente". La realidad que, a veces, supera a la normalidad. La tercera lección de realismo en el recorrido de Rossanda son, por un lado la atrofia de la solidaridad antifascista europea, y por otro las expectativas y la dependencia de los factores externos incubadas por las organizaciones de la oposición a Franco. Ella lo ve vagamente, más desde su propio campo, haciendo un examen autocrítico sobre la implicación de los comunistas y los demócratas europeos en la lucha contra el franquismo. Comprende, a través de los fragmentos que apenas puede recoger y comprender por el camino, que el congreso que viene a difundir se funda sobre falsas esperanzas y que tiene una función detergente, que no resuelve el problema del mediocre apoyo ofrecido hasta entonces, y que no responde a una sola de las necesidades que tiene en ese momento la gente del interior. Esa revisión autocrítica, es replicada y completada por una reflexión de Antonio Amat nada complaciente con la actitud que reina en las organizaciones clandestinas o semiclandestinas: "Desde 1951 no hacemos más que esperar que alguien nos saque las castañas del fuego. Primero la guerra, luego el final de la guerra, luego la nueva administración americana, luego el Mercado Común. Así, nuestros problemas, que nadie podrá resolver por nosotros, quedan aplazados una y otra vez". La última lección de realismo es la humildad de quien pese tener el antifascismo como una seña de identidad personal, política e intelectual, ha de reconocer, ya medio avanzada su ruta, la inutilidad de las certezas manejadas sobre el ser del fascismo europeo para comprender y abordar el fascismo franquista. Fuera por el abatimiento de la oposición, fuera por el arrinconamiento del populismo falangista y el sólido dominio del poder financiero y la burguesía agraria, fuera por la opción de Franco de no participar en la II Guerra Mundial, al régimen no le cuadraba el atributo de "furioso pero débil" aplicado hasta entonces al fascismo europeo. El estado franquista era una estructura, efectivamente "furiosa", pero también estable política y económicamente, frente a la que se producían movimientos internos y externos, pero que disponía de una notable capacidad estratégica y diplomática en el exterior; y que era capaz responder a los conflictos interiores incluso con mejor y mayor "sentido de la oportunidad" que sus enemigos. Pese al duro retrato reniega Rossanda de cualquier resentimiento: "En esta trama, sector español, año 1962, he vivido menos de un mes. Inútil para España, decisivo para mí. Alguien ya lo ha clasificado rápidamente en la categoría, hoy muy de moda, del desentanto: desencantado será usted, me dan ganas de contestar. Fue una bellísima historia, de la que sales escurrido como si fueras un trapo en la lavadora y te tendieran luego para que te secaras. Si la vida no es esto, ¿qué es?" En el postfacio, titulado "La muerte de las formas" Rossana Rossanda sitúa aquel recorrido decepcionante en un contexto que marcaría líneas de frontera en el seno de la izquierda. En aquel momento las organizaciones históricas del comunismo europeo viraban hacía la razón de estado. Se gestaba un movimiento atravesado de contradicciones pero que suponía un reto al orden y la prueba de fuego de una nueva generación militante europea, el movimiento del 68, y los grandes y viejos organismos obreros se iban desmarcando y atrincherando en el consenso parlamentario y la paz social. Ese cruce de caminos, que captura a una Rossanda aún viva y atenta a los acontecimientos dentro de una encrucijada histórica, política y generacional, terminaría en 1969 con su expulsión del PCI tras la fundación de Il Manifesto, uno de los periódicos de la izquierda europea que aún hoy sobrevive fiel a sí mismo, y que le da a Rossanda un fragmento de razón histórica y resistente. El mismo postfacio vuelve al viaje reconociendo cómo "en 1962 no había visto un fantasma, una sombra que pasaba de una habitación de la historia a otra; sino algo que se había convertido en cuerpo, parte de verdad, continuidad de un modo de ser España". La cabeza gacha y el cuerpo inerte de los "veinticinco años de paz", como la democracia silenciosa de los actuales treinta años de normalidad, que no son una casualidad sino un resabío cultural por ahora inexpugnable, bien agarrado a la existencia, el terreno y los hábitos. "Un viaje inútil, o de la política como educación sentimental" es una muestra de humildad, implicación y realismo. Es memoria sin nostalgia, memoria militante, memoria útil; un ejemplo de la memoria como educación política. (1)(ed. Laia 1984)

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«La ragazze del secolo scorso» de Rossana Rossanda

"Si tengo un resentimiento es con la tendencia de los partidos comunistas y de todas las vanguardias a considerar las "masas" como gatitos ciegos" (página 186).

Turín, Einaudi, 2006, 385 páginas.

Rossana Rossanda, es uno de los dirigentes comunistas italianos mas conocidos en el mundo: paradójicamente, es mas conocida que otros dirigentes que tuvieron un rol mas importante en la historia del Partido Comunista Italiano, como por ejemplo Ingrao, Amándola o Bordiga. ¿Tal vez su fama se deba a la expulsión del PCI y la fundación del diario Il Manifesto? Indudablemente este episodio también contribuyó a hacer conocido su nombre fuera de Italia, pero restaría entonces explicar porque pudo ser mas conocida que Lucio Magri o que Valentino Parlado, que con ella fundaron Il Manifesto. Yo diría que su notoriedad se debió al hecho de ser mujer. Y en el umbral de los 80 años, la Rossanda ha publicado parcialmente su biografía, y digo parcial porque llega hasta el momento de la expulsión del PCI y, por tanto, es de esperar que en una eventual continuación podrá conocerse la actividad de la Rossanda como disidente del mayor partido comunista del boque occidental.

En este libro, sin embargo, no es la política el único aspecto existencial que la Rossanda quiere narrar. Por el contrario es una autobiografía completa, íntegra: es la autobiografía que se espera leer de un verdadero comunista, pues la Rossanda no se cuenta solo como animal político. Los líderes políticos normalmente suelen describirse meramente como dirigentes, descuidando el lado humano, cotidiano, de su existencia. En su libro en cambio, la Rossanda cuenta sobre su infancia, de sus padres, de la hermana, incluso de la mujer que la crió y con la cual aprendió a ser mujer; resultan sorprendentes las páginas dedicadas a la menstruación; es un relato acorde a la imagen de un ser humano que se ha dedicado a la política, y no de un político que es además un ser humano. La imagen de la protagonista del libro, la autora misma, surge así mas vivaz, verídica, diré incluso simpática, a pesar de que me detendré sobre algunos aspectos de su personalidad no para cambiar la imagen que acabo de señalar, sino por el contrario, para hacerla aún mas humana incluso en sus evidentes limitaciones.

Rossana Rossanda es una mujer inteligente pero a veces carente de una efectiva sensibilidad. Algunos episodios que ella misma honestamente cuenta, muestran la dimensión de esa clase política que se habría al mundo desde una Italia provincial y sustancialmente atrasada desde el punto de vista económico y cultural. Sus progenitores, aunque prevenientes de una sólida burguesía profesional, se arruinaron con la crisis de 1929 y no pudieron luego encargarse de la educación de la hija, de la que pasaron a ocuparse los tíos. De regreso con sus progenitores, la elección de militar con la resistencia comunista a los nazi-fascistas fue la que rompió definitivamente la relación con el padre, que no pudo aceptar la idea de que el enemigo de clase se hubiese infiltrado en su casa. La Rossanda no lo dice, pero es claro que su militancia debe haberle recordado al padre su quiebra económica y la consecuente incapacidad de ser un padre ejemplar. La Rossanda se declara amargada por la incomprensión, pero no es capaz de pensar la situación desde el lado del padre.

Su falta de sensibilidad hacia los otros se reitera en otro episodio, ocurrido en Cuba. En ocasión de un encuentro con Fidel Castro, encuentro realizado en un campamento militar, la Rossanda, cansada de los largos monólogos del Líder Máximo, se mete en una tienda para dormir. Le avisan que era una tienda que para los soldados, pero ella no hace caso y sigue durmiendo, pensando que en el fondo los verdaderos revolucionarios no se escandalizarían por encontrarse con una mujer en la cama. Debió intervenir el mismo Fidel para convencerla que en Cuba algunos valores seguían vigentes y acompañarla hasta la tienda de las mujeres. La Rossanda no hace comentarios, pero su arraigado provincialismo itálico, agravado por la convicción de que en el curso de una generación podía arrojarse al mar toda una tradición, emergen claramente, y emerge también la jactancia de quien se siente agente de un proceso de modernización imperioso y no quiere esperar las mediaciones necesarias para alguien que nunca vio la modernidad.

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Entrevista a John Berger en La Contra de La Vanguardia

Yo creo que evolucionamos a través de la práctica y no de la teoría. Evolucionamos haciendo cosas, no pensándolas. Y también creo que hay que hacer cosas con otros y no solos. De la acción conjunta es de donde sale la energía para avanzar.

13/11/2000

Tengo 74 años recién cumplidos. Nací en Londres y vivo en un pueblecito de la Alta Saboya. Me escapé del internado a los 16 años y no fui a la universidad. Ya no estoy casado pero tengo pareja, tres hijos y un nieto. La política es muy compleja y depende de dónde, cuándo y por qué. Creo en Dios. Publico "King" (Alfaguara)

Yo creo que evolucionamos a través de la práctica y no de la teoría. Evolucionamos haciendo cosas, no pensándolas. Y también creo que hay que hacer cosas con otros y no solos. De la acción conjunta es de donde sale la energía para avanzar. Por qué huyó usted de un futuro certero? -Como todos los prisioneros soñaba con escapar. Da igual que sea de un internado de Oxford. -¿Adónde fue? -Me interesaba mucho la pintura y conocí a un pintor francés que creyó que yo tenía talento y me acogió en su casa. Luego me fui a Londres a estudiar arte con una beca, pero todo acabó cuando tuve que alistarme en el Ejército, era el año 1944. -¿Qué ocurrió allí? -Uno de cada cinco reclutas no sabía leer ni escribir. Venían a mí, me explicaban sus sentimientos y yo los redactaba. Creo que así empezó mi carrera como escritor público. -En su literatura, cruda y real, siempre hay esperanza. -Pienso que para escribir una historia sin salida, más vale callarse. -¿Qué es para usted la esperanza? -Una llama en la oscuridad que te permi-te ver. -Su sencillez puede parecer ingenuidad. -Lo sé, pero la ingenuidad no debe confundirse con la "ignorancia criminal", que consiste en no querer saber, en no querer mirar, en no querer hablar y en no querer escuchar. -Usted básicamente ha mirado. -Sí, la vista ha sido mi sentido: durante 30 años me he dedicado a pintar y escribiendo explico lo que veo. Sin embargo ahora, de los cinco sentidos, me quedo con el tacto. -¿Por qué? -Veo demasiado. -Ese es un dolor de la madurez. -Para mí la madurez es algo así: cada cultura tiene su imagen del paraíso. Por ejemplo, el islam lo imagina como un jardín con flores y creo que es porque pertenecen a la cultura del desierto y el paraíso es lo opuesto a su dolor cotidiano. -¿Y qué tiene que ver eso con el tacto? -La terapia del contacto da la vuelta al dolor, y de eso te das cuenta con la madurez. -¿Toda cara tiene su cruz? -No, el paraíso y el dolor tienen que ver con el alma y con la felicidad humana. Lo de la cara y la cruz es un cliché de la fatiga. -¿Verdad y dolor van unidos? -En la medida en que es difícil enfrentarse a ambos. Hay dolor cada día. Le voy a contar algo que hace tiempo que me ronda por la cabeza, quizá piense que soy un idiota… -No. -He observado que entre los españoles, tengan o no un trato íntimo, hay un intercambio de tacto, algo muy certero, una forma de contacto que es más evidente que en otras culturas y creo que eso tiene que ver con el dolor. ¿Piensa que estoy loco? -No. -…La fisicalidad de los italianos tiene que ver con el placer, pero aquí tiene que ver con el consuelo. -A usted, ¿qué recuerdos le consuelan? -Hay tantos… la vida está llena de recuerdos y tenemos una forma rara de recordar. Creo que hay algo parecido a una memoria genética, tenemos incorporadas todas las vidas que nos han precedido. Yo, a veces, me siento miembro de las inundaciones de la época del Arca de Noé. -¿? -Es una sensación de un recuerdo. Es como si escuchásemos la memoria genética, de la misma manera que se puede escuchar el lenguaje de las piedras, de las raíces de los árboles o de las nubes. -Cuénteme un recuerdo cercano… -Hace poco, después de 60 años, decidí visitar la casa de mi infancia: estaba prácticamente igual. Los inquilinos me invitaron a entrar y me fui al pequeño riachuelo que había al final del jardín donde a los 4 años construía pequeños puentes con mi padre. -¿Y? -Al otro lado del riachuelo vi un gran olmo que había olvidado. Pero al verlo recordé cada nudo, cada forma, como si estuviera reconociendo una cara. -¿Y qué significa eso? -Significa que recordamos más de lo que sabemos. -¿El pensamiento no nos construye? -Yo creo que evolucionamos a través de la práctica y no de la teoría. Evolucionamos haciendo cosas, no pensándolas. Y también creo que hay que hacer cosas con otros y no solos. De la acción conjunta es de donde sale la energía para avanzar. Se cree que la energía proviene del interior. -¿Y no es cierto? -No, en realidad la energía nos viene dada desde fuera. -¿Como el don de la escritura? -Sí, yo también creo que el talento es un don que nos viene dado. -Y usted lo usa para dar voz a aquellos que no la tienen: indigentes, enfermos… -Creo que si no usase mi talento para dar voz a aquellos que no la tienen no me lo perdonaría. -Ese sería el gobernante ideal… -Desengáñese, hoy los políticos están totalmente desacreditados porque esconden más que enseñan. Ahora le toca el turno a la sociedad civil. -A mí eso me ilusiona. -A mí también. ¿Sabe?, creo que cuando llevas tiempo trabajando en algo las cosas vienen a ayudarte. Imagine que tiene que mover un montón de piedras: se hace interminable, pero llega un momento en el que parece que las piedras se ponen de tu parte. -En su crudeza hay mucha belleza. -Mire las cosas de cerca, tóquelas. El ruido de la información es sordo y la prisa incesante es ciega. Elimínela y la belleza saldrá a la superficie.

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Brigada Callejera: Sexo, revolución y cambio social

Raúl Zibechi

La alianza entre indios zapatistas, trabajadoras sexuales y travestis enseña la potencia del cambio social en clave cultural, anclado en la vida cotidiana. En México, uno de los eslabones fuertes del patriarcado y del machismo más prepotente, el Subcomandante Marcos abrió las puertas al debate sobre la discriminación en un tema urticante. ¿Qué sentido tiene en la lógica revolucionaria clásica, recorrer miles de kilómetros para reunirse en un remoto poblado con un puñado de putas y travestis? ¿Qué pueden aportar tales alianzas para potenciar la "acumulación de fuerzas", tarea central de los políticos profesionales? Parece evidente que desde una mirada anclada en la relación costos-beneficios, semejante esfuerzo debe ser condenado por inútil. Sin embargo, el Subcomandante Marcos se empeñó desde enero del año pasado en realizar ese tipo de encuentros en el marco de La Otra Campaña, en el entendido de que se trata de buscar nuevas formas de hacer política. Y que ello pasa por espacios alejados del mundanal ruido y con actores que, como los indios, entienden el cambio social como afirmación de la diferencia. Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer es el colectivo mexicano que ha sido capaz, en los últimos quince años, de tejer una amplia red de trabajo social con prostitutas y travestis, denominada Red Mexicana de Trabajo Sexual. Eso implicó superar el papel de víctimas y convertirse en sujetos que buscan ser reconocidos como trabajadores por sus pares y no como seres que han "caído" en el oficio más viejo del mundo por ignorancia, pobreza o sumisión. Un breve recorrido por sus emprendimientos revela la profundidad de un trabajo emancipatorio. Educación, clínicas y condones Una característica diferenciadora de la Red es que no quieren depender del Estado, aunque le formulan constantes reclamos. Brigada comenzó su trabajo hace 15 años en base a un grupo de sociólogos egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El pequeño núcleo inicial—Elvira Madrid, Jaime Montejo y Rosa Icela—comenzó a tejer una red que hoy alcanza 28 estados de la federación. Con el tiempo eligieron trabajar de modo horizontal, pero no por motivos ideológicos. "El gobierno cooptó a muchas coordinadoras estatales, una práctica habitual en la cultura política de este país, y entonces vimos que lo mejor es el trabajo horizontal, de carácter asambleario y tratando de no tener representantes", apunta Elvira. La Red alentó a las mujeres a formar cooperativas para eludir la dependencia y hacerse dueñas de sus fuentes de trabajo. Alquilaron hoteles y repartieron las ganancias entre las socias. Los primeros fueron los travestis quienes formaron la cooperativa Angeles en Busca de Libertad. "Los hoteles cooperativos funcionan en varios estados pero algunos fracasaron porque las socias terminaban reproduciendo los mismos patrones de conducta contra los que se estaban organizando", comenta Rosa. Pero el proyecto estrella, el más apreciado por las trabajadoras, son las clínicas. Ya funcionan dos en el Distrito Federal, son autogestionadas y gratuitas. Nacieron por la discriminación y la corrupción de los organismos estatales que sólo les extendían el carné correspondiente a cambio de una coima. Además, señala Elvira, "tenían temor de los análisis porque podía significar la pérdida de sus ingresos, ya que cuando una chica tiene SIDA hay gobiernos estatales que ponen su foto en los hoteles para que no les alquilen cuarto". Por el contrario, en las clínicas de la Red los análisis son voluntarios y confidenciales, pero hacen siempre hincapié en la educación. "La mayor parte de las trabajadoras sexuales son analfabetas y muchas son indígenas. Por eso dedicamos la mayor parte de nuestros esfuerzos a la formación, a tal punto que la mayoría de las que participan en la Red son promotoras de salud para que hagan formación entre sus pares, que es mucho más efectiva". Las clínicas, una de ellas situada en pleno centro de la ciudad, en la misma "zona rosa", hacen análisis de papanicolau y colposcopías y también electrocirugías porque, como dice Rosa, "en México el virus de papiloma humano provoca más muertes que el VIH". Mientras los ineficientes hospitales públicos demoran hasta dos meses en atenderlas y hasta un año en hacer la cirugía, en las clínicas de la Red tienen los resultados en apenas una semana. Las prostitutas y los travestis parecen entusiasmados con "su" clínica, a la cual a menudo llevan a sus parejas y algunas arrastran a sus clientes. "La parte principal de nuestro trabajo es el respeto, no cuestionamos porqué se infectaron sino que nos concentramos en educar para que no les vuelva a pasar, para que no sean pacientes, para que lleguen a ser activas en el cuidado de su salud", dice ahora Elvira. La asistencia se completa con un programa de alimentación para las de menores recursos o que por alguna razón no puedan trabajar, un programa de apoyo escolar a sus hijos y otro para que las madres terminen la escuela. Los proyectos de la Red se financian con el "mercadeo social de condones". Los preservativos se venden a precios diferenciales según la capacidad o el compromiso de los consumidores, y representa el 85% de los ingresos de la Red. No tienen asalariados y los únicos que cobran por su trabajo son los médicos. "No estamos de acuerdo con el trabajo sexual, pero existe y va a seguir existiendo. Y mientras tanto tenemos que hacer algo. Fuimos un grupo abolicionista pero luego vimos que no se trataba de salvar a nadie sino de trabajar juntos", interviene Jaime. Para las que buscan otras alternativas, han creado un área de proyectos productivos entre los que destacan artesanías, producción y venta de ropa, y condonerías. Aunque algunos proyectos se han mostrado inviables, en la medida que las familias colaboran consiguieron que dos tercios de los emprendimientos sigan en pie. Un manual en la selva En 2004, los miembros de Brigada Callejera entraron en contacto con el Colectivo de Salud para Todos y Todas, estudiantes universitarios que coordinan proyectos de salud en los municipios autónomos zapatistas en Chiapas. Durante dos años trabajaron con un grupo de promotores de salud de las comunidades, indígenas designados por sus vecinos para especializarse en la asistencia sanitaria. "Uno de los primeros retos fue romper el miedo a las supuestas resistencias culturales sobre el tema de la anticoncepción, los derechos sexuales y las infecciones de transmisión sexual", relatan. Durante esas consultas y talleres decidieron los temas que abordaron luego en la elaboración de un manual de largo y denso nombre: La Otra Campaña de Salud Sexual y Reproductiva para la Resistencia Indígena y Campesina en México. A lo largo de 270 páginas, este texto repleto de ilustraciones destinado al trabajo con mujeres indígenas, recorre temas habituales como anatomía y fisiología de los órganos de reproducción, uso de anticonceptivos, embarazo, infecciones de transmisión sexual y otras enfermedades. Y también hablan de aborto, aunque los catequistas lo condenan. "Samuel Ruiz, un hombre muy cercano a los indígenas, cuando los zapatistas despenalizaron el aborto recorrió las comunidades diciendo que es crimen", recuerda Jaime. Pero hay módulos embebidos de diversas corrientes de salud alternativa. Uno de ellos está dedicado a la "autonomía corporal de las mujeres", que pasa por la educación para prevenir enfermedades, elegir cuántos hijos quieren tener y al disfrute de la sexualidad (un tema casi tabú entre los indígenas). La autonomía del cuerpo supone, según este manual, la exploración de los sentidos, la conexión con el lenguaje corporal y las diferentes reacciones del cuerpo en situaciones extremas. Exploraciones que pasan por masajes colectivos y automasajes estrechamente vinculados a una concepción holística de la salud y la curación. Día Nacional del Trabajo Sexual: Contra la violencia sexista Los crímenes y agresiones contra trabajadores sexuales son cosa de todos los días. El 11 de julio de 2006 un grupo de militares violó a 14 bailarinas en Castaños, Coahuila, sin que hasta ahora se haya castigado a los responsables. En el barrio La Merced, en la Ciudad de México, en sólo 15 días de julio del año pasado fueron asesinadas cuatro trabajadoras sexuales. Al conmemorarse el primer aniversario de la violación masiva de Castaños, la Red Mexicana de Trabajo Sexual comenzó a celebrar el Día Nacional del Trabajo Sexual como forma de llamar la atención sobre la violencia y discriminación que sufren las prostitutas y los travestis. Un informe de la Red manifiesta su rechazo a las "zonas de tolerancia" implantadas en varias ciudades, ya que "son un sistema de control que legitima la explotación sexual, económica y sicológica de menores y adultas vinculadas al sexo comercial". Sin embargo, la Red asegura que luego de siete años de monitoreo encontró que entre las principales violaciones a las trabajadores sexuales se encuentran las desapariciones forzadas y los secuestros de sus hijos que son explotados sexualmente. La elaboración de este manual supuso vencer no pocas resistencias. En cuanto a la planificación familiar, aparecieron tres, bien diversas, vinculadas a experiencias concretas de las comunidades: los esquemas gubernamentales de planificación familiar de carácter represivo y autoritario; la prohibición religiosa de la anticoncepción; y "la postura guerrillerista de poblar la tierra con cada hijo guerrillero". Desde tres ángulos diferentes, las tres pasaron por alto la voluntad de las mujeres. El manual se está utilizando por los cientos de promotores que trabajan en decenas de clínicas construidas por los zapatistas, en más de una década, en las mil comunidades que los apoyan. En contra de lo que pensaban al comienzo de su trabajo, cuentan Elvira y Rosa, las mujeres de las comunidades de la selva Lacandona estaban ávidas de anticonceptivos. Y poco a poco se van abriendo a otros temas. "Nosotras trabajamos la promoción de salud sexual y reproductiva como una práctica de libertad y no como imposición o prohibición. Por eso también trabajamos el respeto a las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero. No es fácil, pero se empiezan a ver parejas de chicos caminando de la mano en su comunidad. O mujeres que toman la decisión del divorcio cuando antes del zapatismo eran los padres los que les elegían marido. Esto es cambio social, y vaya qué cambio". ¿Pueden los travestis cambiar el mundo? ¿Y los indios? Hace medio siglo uno de los fundadores del llamado "socialismo científico", que era en realidad un romántico empedernido, escribió que los proletarios podían cambiar el mundo porque no tenían nada que perder "salvo sus cadenas". Hoy, los herederos de aquellos proletarios se muestran remisos a la hora de perder privilegios como el trabajo fijo y la jubilación, rechazan pagar impuestos y hacen huelgas para evitar que se les aplique el impuesto sobre la renta. En este sentido, el propio Marcos da una pista en su epílogo del manual, al desnudar cómo la alianza entre salud y sexo es uno de los núcleos duros del control social. "El capitalismo convierte la salud en una mercancía y los administradores de esa salud, médicos, enfermeros, enfermeras, y todo el aparato de hospitalización o de distribución de la salud se convierte también en una especie de capataz de ese negocio y convierten, en efecto, al paciente en un cliente al que hay que sacarle lo mayor posible de dinero sin que esto implique necesariamente que va a tener más salud". No parece casualidad que, en ese camino por romper dependencias, los zapatistas se hayan topado en el terreno de la salud con prostitutas y travestis organizados, grupos que se han visto forzados a tomar en sus manos el control de la salud. Así mirados, unas y otros pertenecen a la categoría de los "desechables", que apenas tienen cadenas, materiales y simbólicas, que perder. Cuestión de encanto La venta de condones es la principal fuente de financiación de los diversos proyectos de la Red Mexicana de Trabajo Sexual. La elección del tipo de preservativo así como el diseño y la elección del nombre, corrieron por cuenta de prostitutas y travestis, como forma de apropiarse del instrumento de trabajo y protección. "Cuando empezamos con el programa de prevención del sida—recuerda Elvira—nos dimos cuenta que el precio era el principal problema. Para las mujeres mayores gastar 25 pesos en un condón era invertir casi todo lo que cobraban del cliente". Primero buscaron donaciones del Estado, que a través del organismo dedicado a la lucha contra el SIDA (CENSIDA) les donaba 60,000 preservativos todos los meses. "Pero cuando empezamos a denunciar casos de corrupción nos bajaron a 3,600 condones". Comenzaron a visitar diversos distribuidores y fabricantes y se encontraron que, al revés de lo que indican las supuestas leyes del mercado, al comprar en cantidad los precios aumentaban. Contactaron con un fabricante que aceptó venderles al mismo precio que a las farmacias y demás distribuidores. "Casi nos caemos de espaldas. Nos vendía el condón a 75 centavos pero en las farmacias lo venden a 12 pesos, o sea 15 veces el precio de costo", dice Elvira. La Red comenzó a distribuir los condones a un peso, y con esa ganancia consiguen subvencionar casi todos los emprendimientos, pero en particular las clínicas que consumen el grueso de sus recursos. "Antes de ponerlo en venta hablamos con las compañeras, hicimos talleres para ver cómo lo querían, porque había condones que olían muy mal, o irritaban porque contenían sustancias dañinas. Ellas mismas le pusieron el nombre El Encanto, en un proceso de debate de tres meses donde cientos de trabajadores y trabajadoras sexuales elegieron entre 20 nombres". El nombre debía ser atractivo para el cliente y para ellas mismas. Actualmente venden tres millones al año. Pero las travestis (las vestidas como las denominan aquí), decidieron no usarlo porque no se ajustaba a sus necesidades. "Decían que es muy fino y tenían razón, porque estaba diseñado para uso vaginal y se les rompía". Consiguieron un condón más fuerte y con más lubricante e iniciaron el mismo debate que con las prostitutas. Finalmente decidieron poner en el sobre el arcoiris que representa la diversidad sexual y un triángulo rosado. "Eligieron el nombre Triángulo porque es el símbolo con que los nazis estigmatizaba a los homosexuales y de ese modo lo adoptaron como homenaje", dice Elvira. Con el condón femenino fracasaron. Hace varios años comenzaron a importarlo desde Inglaterra hasta que una empresa trasnacional descubrió que el mercado mexicano estaba creciendo y les quitaron la distribución. En efecto, se trata de un mercado muy monopolizado. "Mientras en el mundo existen 67 fábricas de condones, hay una sola de condones femeninos. Tendremos que esperar a que aparezca la competencia", ironiza Elvira. El Encanto tiene en el Subcomandante Marcos a su anunciante más célebre. En México existe una larga experiencia de "ferias del condón" y "condonerías". El noviembre de 2005 se celebró en la céntrica plaza del Zócalo, la 50ª. Feria Nacional del Condón y en varios estados se realizan ferias locales de carácter anual que recogen fondos para las organizaciones vinculadas al trabajo sexual. Hace poco tiempo estrenaron la primera "condonería virtual" que puede visitarse en www.elencantodelcondon.com – Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Es colaborador mensual con el Programa de las Américas- Fuente: Programa de las Américas www.ircamericas.org

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«El derecho y la ciudadanía sólo tienen sentido en el socialismo»

Entrevista con Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, profesores universitarios y ensayistas

Gara

Con el ensayo «Comprender Venezuela. Pensar la democracia. El colapso moral de los intelectuales occidentales» (Hiru, Hondarribia 2006) los profesores madrileños Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero recibieron el pasado verano el Premio Nacional del libro de Venezuela.

Estos profesores de la Universidad Complutense, aunque abordando otro tema, ahondan en parecidas tesis en su último libro «Educación para la ciudadanía (democracia, capitalismo y estado de derecho)» (Akal, 2007) escrito junto con Pedro Fernández Liria, recibiendo los más graves insultos y amenazas por parte de la derecha tanto mediática como política. La defensa del proceso bolivariano venezolano como prueba de fuego para la demostración de que la verdadera democracia sólo es posible en el socialismo, así como la defensa del estado de derecho ante la usurpación por parte de la derecha de ese concepto, revelan una, cuando menos, interesante aportación a los debates que se abren en lo que ya se conoce como socialismo del siglo XXI.

En su ensayo «Comprender Venezuela. Pensar la democracia» (Hiru, 2006 Hondarribia), hacen una defensa del proceso bolivariano desde la perspectiva de una verdadera defensa de la democracia, el parlamentarismo y el estado de derecho como valores del socialismo.

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«Estoy con los pobres porque ellos escriben las canciones»

Elena Poniatowska

Entrevista a John Berger, escritor, pintor y crítico de arte

La Jornada

Incansable, a sus 81 años el intelectual llegó a México desde su hogar, al pie del Montblanc, para participar en el homenaje a Andrés Aubry. En su camino al sureste, el autor de G. visitó su casa editorial en México, La Jornada, para dejar algunas impresiones

Nunca pensé que fuera tan accesible, tan cálido, tan a nuestro alcance. En la soleada casa de la filósofa Fernanda Navarro (quien trató a Bertrand Russell), en la calle de Las Flores, Beverly y John Berger esperan el momento de irse a Chiapas a rendirle homenaje a Andrés Aubry. Creí que Berger era muy alto y no, él y Beverly, su mujer, son de la misma altura y tienen el pelo blanco, bueno, ella no tanto. Como esas parejas que se aman, han ido pareciéndose a lo largo de los años y Beverly lo escucha sin pestañear como si todo fuera nuevo para ella. Lo escucha con una intensidad de lámpara votiva.

Aunque apenas descendieron del avión, la pareja no experimenta el jet lag ni dicen sentirse cansados. A los 81 años, John Berger guarda una fuerza y una energía envidiables. En mangas de camisa, su abrazo es fuerte y fogoso. Todo en él es fogoso, hasta la mirada de sus ojos azules, hasta la forma en que se erizan sus cabellos blancos. Claro que para él (que vive en los Alpes, al pie del Montblanc) la ciudad en la que nosotros sentimos frío, debe parecerle un balneario.

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La Caverna de Platón

Frei Betto

En el libro 7º de La República Platón cuenta que Sócrates propuso a sus oyentes que imaginaran un grupo de prisioneros encadenados en una caverna, sin poder moverse nunca. Afuera hay una hoguera, cuyas llamas proyectan dentro de la caverna las sombras de quien pasa delante de la entrada. Los prisioneros, que nunca pueden volverse hacia el mundo exterior, creen que las sombras y el eco de sus voces son reales. El capitalismo, en sus inicios producía en función de las necesidades humanas. No se invertía en algo que el consumidor juzgara innecesario. La superproducción inventó la publicidad para invertir el proceso: ya no es el consumidor quien busca el producto, es el producto quien se impone al consumidor. El avance tecnológico y los diseñadores fomentan la mercancía descartable. No basta con tener una radio; es necesario tener la radio más nueva, de líneas atractivas, menor formato, capaz de funcionar con pilas. De ese modo, gracias a la publicidad, lo superfluo se convierte en necesario. En esta su fase neoliberal, en pleno auge de la posmodernidad, el capitalismo introdujo el mercado como supremo paradigma. Si en el período medieval el paradigma fue geocéntrico, y la fe figuraba como reina del saber; si en el período moderno el paradigma antropocéntrico hizo que la fe cediese su lugar a la razón; ahora el mercado no se interesa por la persona religiosa o racional, se interesa por la consumista. Y cuanta menos razón más emoción, lo que lleva al consumidor a contemplar embebido un nuevo computador o los vehículos expuestos en el Salón del Automóvil. Así el capitalismo llega a nuestro inconsciente. Ahora bien, de espaldas a la concretez de la existencia e indiferentes a su historicidad, tomamos las sombras por realidades. El sentido de la vida se traspasa de la fe (corazón) y de los ideales (razón) para centrarse en los objetos poseídos. Se vive en función de los bienes finitos. Hasta para el joven habitante de una favela el zapato tenis de marca es más importante que la escolaridad y que la formación profesional. La persona es lo que se tiene y se ostenta, no los valores y propósitos que asume. Las apariencias cuentan más que el ser, y aunque no sea cierto, tiene el socorro milagroso de la mercadotecnia para convencernos de que hace bien a la salud la bebida de soda que descalcifica, imprime seducción la cerveza que alcoholiza, da status el carro lujoso. ¡Y hasta merece la pena votar al político desvergonzado revestido de ética! Si los bienes finitos superan a los infinitos, y el deseo converge hacia el absurdo y no hacia el Absoluto, no es de extrañar que las frustraciones sean proporcionales a las ambiciones. Todos envidian el alpinismo de sus ídolos incensados por los medios de comunicación, aunque de ellos sólo conozcamos las sombras proyectadas en la pantalla de la televisión y de las revistas, pues estamos irremediablemente de espaldas a la puerta de la calle, convencidos de que el personaje representado por aquellos que exhiben fama, poder y riqueza es más real que sus mismas personas. (Traducción de J.L.Burguet) – Frei Betto es escritor, autor de “Tipos típicos”, entre otros libros. http://alainet.org/active/21303

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