Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Ideas para el debate sobre los nuevos movimientos sociales autónomos

Guillermo Cieza

Intentare exponer cinco ideas básicas, que por cuestiones de tiempo no voy a poder desarrollar demasiado, pero creo que pueden aportar a disparar un debate.

– La primera de estas ideas es que la evidente novedad de los movimientos sociales autonomos en la Argentina, no debe ocultarnos fuerte lazos de continuidad con experiencias pasadas que este presente permite alumbrar y recuperar.

– La segunda idea propone que busquedas diferenciadas por construir movimientos sociales en la Argentina a imagen y semejanza del MST de Brasil, no consiguieron su objetivo, pero abren la posiblidad de sintesis conceptuales y vivenciales comunes y la perspectiva de un modelo original.

-La cuarta advierte sobre los peligros del gheto y propone la necesidad de la articulación y la coordinación para consolidar la autonomía.

Novedad y Continuidades

A primera vista el rasgo de la novedad es lo mas saliente de los nuevos movimientos sociales autonomos. Como sucede con un bebe que nace lo nuevo es dominante. Hablemos de lo nuevo.

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Pensamiento no jerárquico. Notas sobre una práctica universitaria. Contrahegemónica y autoafirmada

Jorge Iacobsonh

1. Preguntarse por las condiciones por las cuales se puede subjetivar, es decir, hacer con lo que han hecho de uno, es requisito para hacer habitable una situación que genera malestar.

2. En este sentido, este escrito se propone hablar sobre la universidad y las ciencias sociales.

3. La Universidad, en épocas de agotamiento de la potencia instituyente del Estado Nación, y bajo la vigencia instituyente del mercado, se ha convertido en un “galpón”, en el que subsisten viejas paredes e ideologías pero por el que el elemento circulante es la mercancía. Los papers-mercancías, los funcionarios de la ideología y la tecnociencia están a la orden del día.

4. Las ciencias sociales, cuyo único real es el mercado, tiene como contrapartida la subsistencia de ideologías progresistas que no tienen su real.

5. El malestar a la orden del día: impotencia ideológica, bajadas de línea gerenciales, pasantías flexibilizadoras, los compañeros en silencio, la ausencia de debates que impliquen decisiones, todos circulan en fragmentos, conversando sobre lo mucho o poco que le falta por recibirse, sobre becas, sobre algún libro, algún amigo que labura en una asamblea.

6. Por ello es pertinente preguntarse qué nos enlaza a nuestros compañeros (ya no como amigos, ya no como compañeros de ruta universitarios, ya no como compañeros ideológico-políticos) en tanto sujetos universitarios. La política siempre opera sobre un lazo, y la hegemonía es la que define las prácticas.

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Crítica abertzale del paradigma de la izquierda española. Límites teórico políticos de las izquierdas nacionalistas españolas

Iñaki Gil de San Vicente

Varios acontecimientos recientes han reactivado el debate histórico entre la izquierda abertzale y las izquierdas españolas. De atrás hacia delante, hasta hoy mismo, 21 de Junio del 2002, los más significativos han sido, a mi entender, los debates y discusiones sobre la llamada "segunda transición" mantenidos desde 1998, cuando se firmó el acuerdo de Lizarra-Garazi; las discusiones sobre el "soberanismo" vasco y por extensión, sobre qué es "España"; las discusiones sobre el "nacionalismo" en general acrecentadas desde el 11 de septiembre del 2001; los debates en ascenso sobre la estrategia represiva del PP cuando puso en marcha el proceso de ilegalización de Batasuna, y luego, cuando el comportamiento del PSOE agudizó las discusiones dentro mismo de muchas izquierdas estatales y españolas; y, por no extendernos, los debates cuando UGT y CCOO convocaron la Huelga General del 20-J y LAB y ELA, y otros sindicatos vascos, la convocaron para un día antes, para el 19-J.

En realidad, estas últimas discusiones sólo son la continuidad en el presente de viejas diferencias sustanciales, cualitativas entre la izquierda abertzale y las izquierdas españolas. Prácticamente todas ellas ya fueron debatidas en lo esencial dentro de la misma izquierda abertzale a lo largo de las sucesivas escisiones y salidas por el lado reformista de los sectores pro-estatalistas que, por diferentes razones, defendían lo básico y común del paradigma teórico-político de la izquierda española. Pero al margen de estos debates internos, han sido relativamente escasos los debates externos, los mantenidos directamente con las izquierdas españolas, exceptuando discusiones puntuales o en temas concretos como los habidos con el ecologismo español durante la larga oposición de masas contra la nuclearización de Euskal Herria, o los habidos durante las campañas en el Estado durante las elecciones europeas, o los mantenidos por el sindicalismo vasco y los movimientos populares vascos cuando se relacionaban con los estatales, o los habidos en sectores muy específicos sobre la juventud, el rechazo al servicio militar español, etc.

Desgraciada pero significativamente, ahora que todo indica que se puede iniciar por fin un debate serio y a varias bandas, o sea entre las izquierdas de las naciones oprimidas por el Estado español y las izquierdas de la nación opresora, las izquierdas de ese Estado, ahora precisamente se vuelve casi imposible cualquier debate, al menos para las izquierdas de las naciones oprimidas, que no para las del Estado. La razón no es otra que la Ley de Partidos Políticos va a permitir el silenciamiento y la represión de quienes se opongan a la "unidad nacional española". Una lectura de esta Ley muestra como está pensada, además de para ilegalizar inmediatamente a la izquierda abertzale, también para impedir todo debate teórico-político que cuestione a "España" como marco material y simbólico de acumulación de capital. En realidad, siempre la izquierda abertzale ha tenido encima de su cabeza la espada de Damocles de las sucesivas leyes españolas, de manera que nos hemos tenido que autocensurar porque, cada vez más, esas leyes han ido ampliando el delito de "apología" buscando introducir prácticamente cualquier idea que gustase al censor de turno. Cuando la nueva Ley entre en vigor, que será dentro de poco, se extinguirá el formal derecho de libre expresión, la posibilidad ciertamente ya muy reducida ahora mismo, sin la Ley de marras, de hablar y decir libremente cualquier opinión contraria al dogma establecido.

Digo significativamente porque, como ya expuse en otros artículos, esta Ley va a ser impuesta en un momento muy delicado y crucial para la burguesía española. La muy próxima ilegalización de Batasuna abrirá la puerta para ataques represivos posteriores y, sobre todo, para la generalización de un clima de silencio precavido y hasta miedoso. Solamente escribirán y hablarán sin temor alguno quienes sepan que sus ideas son del agrado de "España". El resto, tendremos que volver a las formas ambiguas, a los dobles sentidos, a la astucia y al pensamiento indirecto para seguir defendiendo los derechos de nuestros pueblos oprimidos. Por esto, he el texto en cuatro apartados:

1. CONTENIDO CHAUVINISTA Y RACISTA DEL NACIONALISMO ESPAÑOL.

2. LIMITACIONES INSUPERABLES DEL CHAUVINISMO DE IZQUIERDAS.

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Crear una nueva izquierda en Italia

Toni Negri

Traducido al español por AUTOSOC, desde la traducción inglesa de Ed Emery del artículo original en francés, publicado en Le Monde Diplomatique, Agosto 2002.

Hace un año las grandes manifestaciones de Génova contra la cumbre del G8 fueron un shock que despertó a Italia. Unos meses antes la izquierda había sido barrida del poder y Silvio Berlusconi parecía pensar que su enorme mayoría electoral le daba carta blanca para hacer a su gusto. Génova trastornó sus planes. El movimiento antiglobalización volvió a la carga y movilizó a un gran número de gente. Nuevas formas de lucha están ahora empezando a surgir, y una clase obrera al ataque sobre diversos frentes no ha mostrado signos de decrecer. Paradójicamente, al sacar a la gente [ [ii] ] a las calles la victoria de la derecha ha levantado esperanzas sobre la posibilidad de refundar la izquierda y reconstruir la República.

Después de la victoria de Silvio Berlusconi en las elecciones italianas de Mayo de 2001 era obvio para los observadores de la escena política que la izquierda había sido totalmente derrotada [ [iii] ]. No solo había perdido asientos, también había perdido confianza. El ascenso de la socialdemocracia había alcanzado su límite, y el giro reformista del ex grande y glorioso Partido Comunista de Italia (PCI) terminaba en una derrota histórica. Los diversos componentes del centroizquierda pugnaban entre ellos bajo la intensa e irónica mirada del vencedor.

Entonces vino Génova y los sucesos de Julio de 2001. Esgrimiendo espadas de plástico y escudos de cartón el movimiento antiglobalización se puso a escalar la cumbre del G8. Este era un nuevo encuentro de fuerzas políticas y sociales.

Políticamente se reunió gente desde el movimiento autónomo de extrema izquierda (‘tute bianche’, llamados así porque visten monos blancos en las manifestaciones) a grupos católicos con experiencias de trabajo en la comunidad [ [iv] ]. Estos componentes -cada cual presente en gran número y con una historia de actividad militante a sus espaldas- trajeron en su agitación a una tribu múltiple [ [v] ] de manifestantes.

En términos sociales la multitud [1] representada en Génova era la primera representación plena del nuevo estrato [ [vi] ] de trabajadores precarios en el trabajo ‘social’ producido por la revolución del postfordismo. Cuando por primera vez salieron a las calles no eran totalmente conscientes de su poder [ [vii] ], pero sabían que no tenían ninguna obligación con el gobierno de la derecha -e incluso menos con esta centroizquierda que había sido derrotada porque había contribuido a romper la resistencia de la clase obrera frente al neoliberalismo (así como también participando estúpidamente en la creación de nuevos proletarios). Ellos eran también conscientes que una nueva pobreza [ [viii] ] había sido creada -precisamente dentro del área de trabajo intelectual e inmaterial, un área clave donde señales de emancipación habían comenzado a surgir.

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¿Marxismo o anarquismo?

Albert Escusa

Respuesta a Joaquín Miras y Joan Tafalla

“La organización de la vanguardia proletaria en Partido Comunista es una parte esencial de nuestra actividad organizativa. Los obreros italianos han aprendido por su experiencia (1919-20) que donde falta la guía de un Partido Comunista organizado como partido de la clase obrera y como partido de la revolución, no es posible una salida victoriosa de la lucha para el derrumbamiento del régimen capitalista.”

Antonio Gramsci. La situación italiana y las tareas del P.C.I., 1926.

1. INTRODUCCION.

El 26 de febrero de este año apareció en Rebelión el artículo Dilemas del comunismo a caballo entre dos épocas (http://www.rebelion.org/izquierda/jmiras260202.htm), cuyos autores son Joaquín Miras y Joan Tafalla. En él se analiza la situación actual de los partidos comunistas de masas, específicamente el caso español: se constata la decadencia de las formaciones que hasta hoy se reclaman «comunistas» y se extrapola por parte de los autores, que todos los partidos comunistas de masas han superado su momento histórico y están condenados a la extinción. El eje alrededor del cual gira el razonamiento de Miras y Tafalla es que este tipo de partido se habría formado cuando la división del trabajo, propia del capitalismo desarrollado, sentenció a muerte al obrero artesanal. Este obrero artesanal se caracterizaba por desarrollar un trabajo complejo, necesitado de un gran conocimiento técnico -siendo difícilmente sustituíble por otro-, lo que le posibilitaba un alto control sobre el sistema de producción. Esta producción carecía de división entre trabajo manual de fabricación, y trabajo de diseño y organización, todo lo realizaba supuestamente el mismo obrero. Las organizaciones surgidas de la figura del obrero artesanal eran reflejo de este sistema de producción, sin “una división del trabajo que confiriese a una burocracia propia las tareas de dirección.”

Por otra parte, la clase obrera moderna, el proletariado, se formó a partir de la extensión del capitalismo, al perder su carácter artesano y, en consecuencia, su supuesto control técnico sobre la producción. La mecanización convirtió el trabajo artesanal, necesitado de grandes conocimientos, en trabajo simple y repetitivo, y generó un proletariado que no tenía ningún control sobre el proceso productivo. Este, al ser extremadamente simple posibilitaba así la separación entre el trabajo manual, proletario, y el trabajo intelectual, de organización y científico-técnico. Como consecuencia, las organizaciones políticas y sindicales de esta clase obrera reprodujeron esta estructura, dando lugar a la formación de una capa de dirigentes burócratas, profesionalizados, que asumían las tareas de dirección mientras la clase obrera tomaba un papel pasivo sin poder controlar sus decisiones.

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John Holloway, economista marxista

Desde hace años, este escocés vive en Puebla, México, comprometido con uno de los "nuevos movimientos", el zapatismo, en los que ve la esperanza para el futuro. Su tesis, que intenta interpretar fenómenos como los piqueteros y los Sin Tierra, es que para cambiar el mundo no es necesario tomar el poder entendido como el Estado. Un recorrido por las ideas originales de alguien que sigue creyendo en el cambio.

–¿Qué significa transformar el mundo sin tomar el poder, tesis central de su nuevo libro?

–Nunca fue tan obvio que el capitalismo es un desastre y que no es disparatado pensar que de seguir así esto podría fácilmente llevarnos a la aniquilación humana. Por otro lado, me parece que los intentos de cambiar la sociedad a través del Estado o de la toma del poder estatal han fracasado, tanto en sus formas revolucionarias como en sus formas reformistas. Entonces, creo que la única opción que tenemos es replantear el cambio social radical de otra manera: a través de una forma que no vincule la revolución con la toma del aparato estatal, sino que plantee, precisamente, cómo cambiar el mundo sin tomar el poder. Y esto implica replantear el significado del poder, el significado del pensamiento revolucionario y de la tradición marxista. De eso se trata mi libro de próxima aparición en la Argentina.

–¿Cuál es la vía para el cambio social del que habla, si no es el camino de la política tradicional, a través del partido y la conquista del Estado?

–Me parece que no es una cuestión de vías, sino de búsquedas. En este momento hay muchos que están buscando nuevos caminos o que están tratando de crearlos. Estoy hablando del zapatismo en México, de los piqueteros en la Argentina, del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Brasil o el movimiento anticapitalista en todo el mundo. No es que ellos tengan la línea correcta y que no haya que criticarlos. Lo importante es que se ve allí un intento de encontrar nuevas formas de lucha. Y la verdad es que nosotros mismos estamos en la misma situación: no se puede decir que en ellos esté el camino, o la vía, sino que nosotros somos también parte de esa misma búsqueda. No se trata de dar respuestas, sino más bien de plantear el deseo –sobre lo que puede sonar en este momento como absurdo pero inevitable– de querer cambiar el mundo.

–Pero, para el caso de Argentina: ¿cómo pensar el hecho de que las protestas piqueteras parecen profundizar la crisis política y económica? ¿Cómo superar este aparente callejón sin salida?

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Nuevas subjetividades y viejos antagonismos

César Altamira

Si alguna conclusión inmediata puede extraerse de los últimos hechos en Argentina es que la lucha de los trabajadores, de los asalariados y de los explotados determinó e impuso su dinámica al sistema capitalista. En otras palabras, se constata que el avance del capitalismo, su desarrollo y su manera particular de crecimiento no responden a leyes predeterminadas, sino que son el resultado de los enfrentamientos y antagonismos presentes en la sociedad.

El reciente proceso de luchas alcanzó tal grado de velocidad y dinamismo que su impetuosa emergencia solamente es explicable por el estallido de una crisis largamente incubada en la sociedad. Fue la persistencia de una modalidad particular de acumulación de capital la que incubó en los últimos diez años tensiones sociales de límites impensables e insospechados. Tensiones que fueron muchas veces desestimadas, desatendidas e incluso minimizadas no sólo por quienes ejercieron el poder durante este tiempo, sino también por una amplia franja de organizaciones políticas. La fragmentación social, la débil y casi inexistente organización política de las víctimas principales de este proceso, hizo que sorprendiera por la virulencia del enfrentamiento.

Hoy debemos reconocer que el antecedente inmediato de la rebelión popular debe rastrearse en las asambleas de estudiantes de universidades ocupadas, en los cortes de ruta de los piqueteros, en las pasadas expropiaciones de los pobres a los supermercados, en la consolidación de la creciente capacidad de intervención de las más diversas comunidades, así como en la resistencia y el fortalecimiento de diferentes grupos autónomos del conurbano bonearense, Rosario y otras ciudades del interior del país.

Sin embargo, nuestro análisis requiere clasificar los diversos espacios de lucha y los correspondientes sujetos políticos que se confrontaron con el poder en la última semana de diciembre:

1) Por un lado se encuentran los pobres y marginales del conurbado, habitantes de los barrios pobres próximos a la ciudad de Buenos Aires y pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, que robaron y saquearon supermercados y almacenes. Estos fueron, en términos generales, "observados" y acompañados por el accionar pasivo de la policía de la provincia de Buenos Aires.

2) Por otro lado también se manifestaron los habitantes de diversos barrios de la ciudad de Buenos Aires -representantes de una pequeña burguesía media y acomodada- que respondieron con el cacerolazo, luego de la declaración del estado de sitio y el timorato discurso político presidencial, ante la indisponibilidad bancaria de sus salarios y ahorros decretada por De la Rúa. Fueron ellos quienes se congregaron, inmediatamente después del discurso presidencial y de manera espontánea y autónoma, en Plaza de Mayo la noche del miércoles 19, pidiendo la renuncia del ministro Cavallo y del propio presidente. Esta movilización terminó con la violenta represión policial y con el posterior enfrentamiento de los sectores juveniles con la policía, que fue premonitorio del enfrentamiento del día siguiente.

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El Nuevo Mundo

Subcomandante Marcos

Este texto fue publicado en la revista política mexicana Rebeldía.

Introducción

Conforme se van deteriorando los calendarios del poder y las grandes corporaciones de los medios de comunicación titubean entre los ridículos y las tragedias que protagoniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el gran y extendido basamento de la tambaleante Torre de Babel moderna, los movimientos no cesan y, aunque aún balbuceantes, empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuentro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mismos y al otro que, siendo diferente, es otro abajo.

Como parte de esta reconstrucción de la palabra espejo y cristal, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) retomó diálogos con movimientos y organizaciones sociales y políticas en el mundo. Inicialmente, con hermanos y hermanas de México, Italia, Francia, Alemania, Suiza, el Estado español, Argentina y la Unión Americana, se trata de ir construyendo una agenda común de discusión.

No se pretende establecer acuerdos políticos y programáticos, ni intentar una nueva versión de la Internacional. Tampoco se trata de unificar conceptos teóricos o uniformar concepciones, sino de encontrar y/o construir puntos comunes de discusión. Algo así como construir imágenes teóricas y prácticas que son vistas y vividas desde lugares distintos.

Como parte de este esfuerzo de encuentro, el EZLN presenta ahora estos siete pensamientos. Anclarlos en un horizonte espacial y temporal significa, por parte nuestra, un reconocimiento de nuestras limitaciones teóricas, prácticas y, sobre todo, de visión universal. Este es nuestro primer aporte a la construcción de una agenda mundial de discusión.

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Empezar pacientemente la acumulación de fuerzas

Joan Tafalla

“La izquierda italiana que hemos conocido está muerta… No es una oposición ni una alternativa y ni tan solo una alternancia por usar esta jerga. Ha asumido un grado de subalternidad y de sujeción no sólo a las políticas de la derecha si no a su punto de vista y a su mentalidad en el cuadro internacional e interno”.

Con estas palabras definía Luigi Pintor, el 24 de abril de 2003, la situación de la izquierda italiana en el último editorial que escribió para Il Manifesto. Murió veinticuatro días después (**). Creo sinceramente que este duro diagnóstico puede ser aplicado sin paliativos al conjunto de la izquierda institucional española. Me refiero al PSOE y a la dirección de Izquierda Unida. Creo también que empieza a ser hora de darse una perspectiva diferente.

Crítica de la impaciencia electoral

Los resultados de la izquierda en el pasado 25 de mayo corroboran lo que se pretende demostrar en estas líneas. Como no era difícil de prever, las grandes multitudes que salieron a la calle contra la guerra permanente de Bush y Aznar no encontraron en el politicismo e institucionalismo de las propuestas del PSOE y de la mayoría de IU una respuesta política a sus aspiraciones. No encontraron en el discurso débil de ambas organizaciones lo que reclamaba Luigi Pintor en el editorial citado más arriba: “Además, la paz y la convivencia civil, nuestras banderas, no pueden ser una opción entre otras, sino un principio absoluto que implica una concepción del mundo y de la existencia cotidiana”. No puedo desarrollar esta idea aquí, pero creo que este hecho ha tenido grandes consecuencias en lo que yo llamaré la derrota del 25 de mayo. La disputa mediática de cifras entre el PP y el PSOE y el triunfalismo fatuo e ingenuo de Llamazares no pueden ocultar la realidad. La izquierda institucional está desnuda. El PSOE ha mantenido a duras penas su electorado e IU ha evitado su desaparición gracias a la triste realidad de una guerra. Las bases esenciales del poder de la derecha, de su hegemonía política, ideológica y social siguen sin haber sido tocadas. El movimiento antiguerra fue una ocasión de oro para ensayar la derrota de la derecha. Surgió de las inmensas reservas de valores morales que poseen nuestros pueblos. No todas las generaciones tienen la ocasión de participar a movimientos masivos de ese calibre y de esa profundidad. Era el momento para mostrar otros valores, de ofrecer otra forma de organizarse, otra forma de vivir. Era el momento para el combate contra la hegemonía social derecha. Era el momento de iniciar un contrapoder real. Pero sólo fue vivido por la izquierda institucional como una precampaña electoral. De ése modo, se contribuyó a recortarle las alas al movimiento y, de forma suicida, se contribuyó a la propia derrota electoral. En lugar de estimular y organizar la lucha en la calle, en los territorios, en las empresas, se quiso organizar un referéndum electoral. Y la izquierda institucional perdió y nos hizo perder a todos. La no convocatoria de huelga general por parte de las CCOO fue la muestra de la incapacidad de la izquierda institucional para construir ese contrapoder, para dar la batalla allí donde había que darla, en el corazón de las empresas, de su incapacidad para acumular fuerzas, para proponerse la tarea de diluir la hegemonía de la derecha por la base.

Por un relanzamiento de la iniciativa de la clase

Las movilizaciones multitudinarias del movimiento antiglobalización desde el año 2001 hasta aquí, han sido un factor siempre en ascenso cuya ultima (por el momento) expresión ha sido la lucha contra la guerra. No cabe duda que esas movilizaciones expresan la aparición de una nueva generación en la lucha y la recuperación de generaciones anteriores. Pero debemos huir del triunfalismo fácil y de los análisis simplones, presentes en una parte del movimiento. A pesar de la masividad de las movilizaciones se hecha de menos un proceso de recomposición de la multitud, del proletariado metropolitano, del demos o de la clase trabajadora. Cualquiera de esas denominaciones nos sirve provisionalmente para definir aquello a lo que nos referimos. No entraré aquí, por razones de espacio, a discutir esta terminología. Los cambios drásticos, epocales ha que ha sido sometida la clase obrera fordista en nuestra área, su fragmentación, su precarización creciente, la desarticulación de los organismos sindicales y políticos de empresa y territoriales donde la clase se socializaba, se organizaba, tomaba conciencia de sí, ha hecho casi desaparecer a la clase obrera de la escena política y social. Aquellas movilizaciones donde orgullosamente se cantaba “aquí están, estos son los que aguantan la nación” son un recuerdo ya lejano. La movilización de Sintel ha significado una ruptura de esta tendencia por parte de una plantilla que se siente orgullosa de sus conocimientos profesionales y de haber modernizado las telecomunicaciones en España. Los de SINTEL, juntos, se sienten poderosos. Tan poderosos que pueden autogestionarse su lucha prescindiendo de aparatos sindicales externos. Tan poderosos, que ha sido precisa la santa alianza entre Telefónica, el gobierno y la dirección de CCOO para intentar disgregarla, para tratar de convertir a ese colectivo conciente de su poder en un recuerdo vago. Sintel ha sido y es un destello de luz en la oscuridad de la derrota y de la disgregación, del aniquilamiento como clase. Pero un relanzamiento de la iniciativa de la clase requiere crear “ uno, cien, mil Sintels” El relanzamiento de la iniciativa de la clase no es sólo un asunto sindical. Es esencialmente un asunto político. Aquellos sectores que coincidan en la idea de que sin clase obrera para sí, de que sin clase organizada no es posible plantearse la perspectiva de la transformación social, deberán cargarse la pilas, deberán relanzar la perspectiva del sindicalismo crítico y de clase, pero además deberán estudiar en concreto los cambios de la composición de la clase, estudiar las experiencias de las luchas y resistencias que se dan aquí y allá, deberán ( como los camaradas italianos de muy diversas tendencias) realizar en todas partes y cada día, encuesta de clase. La encuesta de clase no es un ejercicio teórico si no eminentemente práctico. Se trata de un ejercicio de sociología militante y organizada y organizadora, imprescindible para un relanzamiento de la iniciativa de la clase y de su presencia en el escenario político.

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De la invención del príncipe moderno a la controversia sobre el príncipe posmoderno

Francisco Fernández Buey

La Insignia. México, junio del 2003.

¿En la época de la globalización neoliberal y del nacimiento del movimiento de movimientos es suficiente una reformulación la teoría gramsciana del partido político en la línea del príncipe moderno o se necesita una reflexión completamente nueva acerca de lo que podría ser, para entendernos, el príncipe posmoderno? Esta es una pregunta que empieza a tomar cuerpo en el más importante de los movimientos sociales alternativos del presente, sobre todo a partir del momento en que la gran prensa admitió que la red de redes que se ha ido configurando entre Seatle y Florencia es el antagonista principal del capitalismo imperial en su actual fase.

Hay dos respuestas drásticas a esta pregunta, que yo conozca. La primera de estas respuestas acepta en lo sustancial la vigencia del punto de vista gramsciano y propugna la transformación del actual movimiento de movimientos en un partido orgánico internacional, acorde con el tipo de mundialización que conocemos. Este punto de vista admite la heterogeneidad sociocultural del movimiento de movimientos y la pluralidad de corrientes que existe en el mismo, pero reivindica su unificación tomando como base un concepto de la política muy parecido al que tenía el propio Gramsci.

La segunda respuesta viene a decir que hay que mantener el fin, o sea, aspirar a cambiar el mundo de base, pero que el medio, o sea, el partido, el príncipe moderno, ya no sirve ni siquiera en la forma gramsciana del intelectual colectivo. La forma partido habría periclitado por su tendencia a la identificación con el Estado, con el poder en toda la extensión de la palabra. De manera que a lo que habría que aspirar es a un contrapoder de forma movimentista que sigue aspirando a cambiar el mundo pero sin tomar el poder. Esta actitud ha sido argumentada recientemente en América Latina por John Holloway. En sus formulaciones extremas estos dos puntos de vista remiten a posiciones que se dieron ya en la época de la Primera Internacional. Pero no veo motivos fundados para reproducir hoy aquel debate. Sugiero, en cambio, que se puede potenciar un diálogo entre ambos puntos de vista teniendo en cuenta las siguientes consideraciones que se inspiran, a su vez, en el diálogo con Gramsci: 1º Conviene seguir manteniendo la orientación maquiaveliana de Gramsci sobre lo político. Pues, a pesar del muy extendido desprecio de la política por identificación de ésta con la "alta" política, con la política institucionalizada (que es, en lo esencial, politiquería o diplomacia), el desprecio abstracto de la política (que habría que entender como participación activa de la ciudadanía en la cosa pública) acaba conduciendo, también en nuestro mundo, a distintas formas de hipocresía o de cinismo, de "apoliticismo animalesco" y de qualunquismo. No es sólo que cuando se agudiza el conflicto entre intereses sociales se plantea siempre la necesidad de hacer política, sino que, además, en esa agudización del conflicto, que en la época de la mundialización afecta a países y culturas enteras, se acaba haciendo política hasta en los monasterios.

Todas las propuestas de refundición de lo ético y lo político (y hay varias propuestas bienintencionadas en ese sentido) siguen sonando a discursos premaquiavelianos y, por tanto, premodernos, en un mundo dividido como es el nuestro. Por eso la ampliación gramsciana de la noción de hegemonía más allá del ámbito militar, económico y político, para incluir en ella el primado o preeminencia cultural e intelectual en la formación de un bloque histórico, es todavía sugerente en la época de la globalización neoliberal. 2º No está escrito, sin embargo, que la mejor forma de hacer política alternativa en nuestro mundo sea a través del partido político. Recogiendo el léxico gramsciano se podría decir que no están dadas las condiciones para la construcción del príncipe posmoderno, el cual debería ser, obviamente, transnacional; pero tampoco es evidente que estén dadas las condiciones para la disolución de los partidos políticos que hoy se presentan como alternativos. De hecho, hay en el mundo bosquejos de lo primero, de lo que podría ser el príncipe posmoderno transnacional (en la red de redes, en el movimiento de movimientos) y ejemplos de transformación en curso de partidos políticos alternativos en un sentido nuevo (el PT en Brasil, con independencia de lo que se piense sobre la actual política económica y social de Lula).

Por lo tanto, no habría que precipitarse, como a veces se hace desde posiciones neoanarquistas, al declarar la obsolescencia del sistema de partidos, sino valorar qué es lo que ha caducado en la forma de entender el príncipe moderno. Lo cual lleva al punto siguiente.

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