Gobierno Democrático y Popular de Río Grande del Sur: un año y medio de alternativas
El Palacio Piratini, sede del Gobierno del Estado de Río Grande del Sur (RS), en el centro histórico de la ciudad capital, Porto Alegre, compartiendo el espacio de una plaza en pendiente, con la catedral, el palacio de la Asamblea Legislativa (Parlamento del Estado) y uno de los más viejos teatros, no puede dejar de sorprender al nuevo visitante: una pancarta colgada en la fachada llama a participar en la jornada de actividades del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora; en el interior, obviamente construcción señorial de aires decimonónicos, neoclásicos, barrocos, va a encontrar carteles con diferentes motivos de izquierda y, más importante, un comportamiento inusitadamente amable de parte de los funcionarios y personal que atiende. Es el Gobierno Democrático y Popular de RS, que ya tuvo que acatar una moción aprobada en la Asamblea Legislativa prohibiendo a los y las telefonistas de la Casa atender las llamadas con un, por veces, combativo "Aló, Gobierno Democrático y Popular de RS" demasiado agresivo y duro, sin dudas, para la derecha gaúcha.
La sede del conjunto de secretarías (ministerios) es una construcción moderna, muy céntrica también, con clara voluntad faraónica, de forma piramidal, obvio. Dos alas con más de veinte pisos, para poder ser vistas desde bien lejos y desde las que se consiguen varias de las más bonitas vistas de la ciudad. También ahí el ambiente refleja el cambio de gobierno. Cambio que, sin embargo, no siempre es posible percibir nítidamente sin haber conocido la situación anterior. En la planta 17, sede de la Secretaría para el Desarrollo y Asuntos Internacionales (SEDAI), cuando los actuales inquilinos tomaron posesión, encontraron despachos de la General Motors (GM) y la FORD. Junto a las instalaciones, también los funcionarios públicos a su servicio. Una opción política muy clara la del anterior Gobernador.
Fue, precisamente, en relación con esas dos grandes transnacionales estadounidenses del automóvil que el Gobierno Democrático y Popular de Olivio Dutra, apoyado por un frente de organizaciones de izquierda cuya columna vertebral es el Partido de los Trabajadores, sufrió la primera gran ofensiva, con eco en todo Brasil, de un frente formado, esta vez, por la patronal, la derecha con mayoría en la Asamblea y casi todos los medios de comunicación de masas, en realidad y prácticamente un monopolio relacionado con la famosa Red Globo.
Ésa y otras tres decisiones tomadas al principio de la gestión: llevar a la Justicia Federal el contrato de la deuda con el Gobierno Federal realizado por el anterior gobernador; la asistencia a la reunión de gobernadores con el presidente de la República, durante la crisis de la deuda de los Estados; la comparecencia a la Marcha de los 100.000, en Brasilia, bajo las banderas del "Fuera Fernando Henrique Cardoso, fuera el FMI"; permiten ver con meridiana claridad la orientación política del nuevo gobierno. "Las cuatro decisiones muestran un gobierno: preocupado, a veces hasta demasiado, con la opinión pública y con la actual correlación de fuerzas; pero dispuesto a avanzar, con cautela, "sin golpes" como dicen ellos, en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo para Río Grande del Sur y el país." ("O Sul de novo se levanta" Raimundo Rodrigues Pereira, en "Teoria & Debate" n.42, agosto/set./oct. 99).
El Gobierno planteó renegociar con las dos montadoras yanquis los contratos que éstas habían cerrado con el anterior gobierno. Pero, antes de poder hablar nada, el griterío en la Asamblea se hizo ensordecedor; los titulares de prensa escrita, radio y televisión anunciaban el caos absoluto; la patronal, mostrándose aterrorizada y muy agresiva, auguraba la noche más negra para la economía gaucha. De hecho, los contratos firmando por el anterior gobernador y la GM y la FORD eran considerados como conquistas históricas por la burguesía gaucha e, incluso, en algunos sectores del campo democrático y popular había interés por las montadoras, creyendo en la propaganda que anunciaba puestos de trabajo y desarrollo tecnológico.
Los contratos eran ciertamente históricos, sobretodo para GM y FORD que recibieron dos tipos de promesas: préstamos sin plazo de retorno, con intereses simbólicos y sin corrección monetaria, además de obras y servicios gratuitos; exenciones fiscales. En resumen, el Estado gastaría un billón de reales (US$ 1: R$ 1,75, aproximadamente) desembolsado para ayuda inmediata y cinco billones en exenciones y préstamos futuros.
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