Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Gobierno Democrático y Popular de Río Grande del Sur: un año y medio de alternativas

El Palacio Piratini, sede del Gobierno del Estado de Río Grande del Sur (RS), en el centro histórico de la ciudad capital, Porto Alegre, compartiendo el espacio de una plaza en pendiente, con la catedral, el palacio de la Asamblea Legislativa (Parlamento del Estado) y uno de los más viejos teatros, no puede dejar de sorprender al nuevo visitante: una pancarta colgada en la fachada llama a participar en la jornada de actividades del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora; en el interior, obviamente construcción señorial de aires decimonónicos, neoclásicos, barrocos, va a encontrar carteles con diferentes motivos de izquierda y, más importante, un comportamiento inusitadamente amable de parte de los funcionarios y personal que atiende. Es el Gobierno Democrático y Popular de RS, que ya tuvo que acatar una moción aprobada en la Asamblea Legislativa prohibiendo a los y las telefonistas de la Casa atender las llamadas con un, por veces, combativo "Aló, Gobierno Democrático y Popular de RS" demasiado agresivo y duro, sin dudas, para la derecha gaúcha.

La sede del conjunto de secretarías (ministerios) es una construcción moderna, muy céntrica también, con clara voluntad faraónica, de forma piramidal, obvio. Dos alas con más de veinte pisos, para poder ser vistas desde bien lejos y desde las que se consiguen varias de las más bonitas vistas de la ciudad. También ahí el ambiente refleja el cambio de gobierno. Cambio que, sin embargo, no siempre es posible percibir nítidamente sin haber conocido la situación anterior. En la planta 17, sede de la Secretaría para el Desarrollo y Asuntos Internacionales (SEDAI), cuando los actuales inquilinos tomaron posesión, encontraron despachos de la General Motors (GM) y la FORD. Junto a las instalaciones, también los funcionarios públicos a su servicio. Una opción política muy clara la del anterior Gobernador.

Fue, precisamente, en relación con esas dos grandes transnacionales estadounidenses del automóvil que el Gobierno Democrático y Popular de Olivio Dutra, apoyado por un frente de organizaciones de izquierda cuya columna vertebral es el Partido de los Trabajadores, sufrió la primera gran ofensiva, con eco en todo Brasil, de un frente formado, esta vez, por la patronal, la derecha con mayoría en la Asamblea y casi todos los medios de comunicación de masas, en realidad y prácticamente un monopolio relacionado con la famosa Red Globo.

Ésa y otras tres decisiones tomadas al principio de la gestión: llevar a la Justicia Federal el contrato de la deuda con el Gobierno Federal realizado por el anterior gobernador; la asistencia a la reunión de gobernadores con el presidente de la República, durante la crisis de la deuda de los Estados; la comparecencia a la Marcha de los 100.000, en Brasilia, bajo las banderas del "Fuera Fernando Henrique Cardoso, fuera el FMI"; permiten ver con meridiana claridad la orientación política del nuevo gobierno. "Las cuatro decisiones muestran un gobierno: preocupado, a veces hasta demasiado, con la opinión pública y con la actual correlación de fuerzas; pero dispuesto a avanzar, con cautela, "sin golpes" como dicen ellos, en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo para Río Grande del Sur y el país." ("O Sul de novo se levanta" Raimundo Rodrigues Pereira, en "Teoria & Debate" n.42, agosto/set./oct. 99).

El Gobierno planteó renegociar con las dos montadoras yanquis los contratos que éstas habían cerrado con el anterior gobierno. Pero, antes de poder hablar nada, el griterío en la Asamblea se hizo ensordecedor; los titulares de prensa escrita, radio y televisión anunciaban el caos absoluto; la patronal, mostrándose aterrorizada y muy agresiva, auguraba la noche más negra para la economía gaucha. De hecho, los contratos firmando por el anterior gobernador y la GM y la FORD eran considerados como conquistas históricas por la burguesía gaucha e, incluso, en algunos sectores del campo democrático y popular había interés por las montadoras, creyendo en la propaganda que anunciaba puestos de trabajo y desarrollo tecnológico.

Los contratos eran ciertamente históricos, sobretodo para GM y FORD que recibieron dos tipos de promesas: préstamos sin plazo de retorno, con intereses simbólicos y sin corrección monetaria, además de obras y servicios gratuitos; exenciones fiscales. En resumen, el Estado gastaría un billón de reales (US$ 1: R$ 1,75, aproximadamente) desembolsado para ayuda inmediata y cinco billones en exenciones y préstamos futuros.

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12 de Octubre: Nada que festejar. Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano

Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó. Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve. *** El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad. *** El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales. De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero. Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse? *** Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas. El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios.

Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio. En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista. *** Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria. La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil. El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie. *** El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento. Y canta lo que le cuenta la neblina:

-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío. Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

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Los desafíos actuales de la izquierda brasileña

Joao Pedro Stédile

La sociedad brasileña vive un período muy especial, por diversas razones. Una de ellas es el largo período de crisis del modelo económico. Siempre que hay crisis, hay inestabilidad, pero al mismo tiempo se caracteriza por ser un proceso de transición, aún cuando no sepamos hacia donde iremos. Eso va a depender de la correlación de las fuerzas sociales.

Después de 50 años del llamado modelo de industrialización dependiente -en la definición de Florestan Fernández-, en la década de los 80, ese modelo entró en crisis como patrón de acumulación del capital. En la década siguiente, la clase dominante brasileña aceptó un papel de subalterno al capital internacional y pasó a implementar las políticas neoliberales, con la "ilusión" de que constituiría un nuevo modelo de desarrollo de la economía nacional.

Las políticas neoliberales desnacionalizaron nuestra economía, debilitaron el poder del Estado y dieron libertad total al capital internacional. Pero esa subordinación no condujo a un nuevo ciclo de desarrollo. El capitalismo internacional había entrado en una fase de total hegemonía del capital financiero, mezclado con los grandes grupos monopólicos, que dominan el comercio, la industria y los servicios.

Ahora, la forma principal de acumulación es en la esfera financiera. Se acumula por medio de los intereses y del lucro en la compra de acciones de las empresas estatales o nacionales ya instaladas; y se da total libertad al envío de remesas al exterior. Nada de eso genera riqueza nacional, empleo, trabajo, distribución de renta.

En doce años de esas políticas, la economía, como todo, permanece inestable. Independientemente que el PIB crezca, permanezca inestable o decrezca, las grandes transnacionales y el capital financiero siempre ganan. O sea, el modelo no sirve para las naciones, no sirve para que las poblaciones mejoren su vida, pero sirve a las grandes empresas oligopólicas y al capital financiero. Cambios y contradicciones Con resultados sociales cada vez peores, el pueblo entendió el significado de esas políticas y, en las elecciones de 2002, votó contra el modelo. No se sabía, sin embargo, qué debería ser colocado en su lugar, incluso por el bajo nivel del debate político de la campaña de 2002. En la desesperación de la amenaza de la crisis Argentina, parte de las elites brasileñas aceptó la posibilidad de cambio e hizo una alianza con la alternativa Lula.

Del lado de acà, del PT y de las fuerzas sociales que apoyaron a Lula, esa posibilidad era entendida como una alianza táctica entre la clase trabajadora y sectores de la burguesía industrial, para enfrentar al capital financiero, nacional e internacional. Pero de parte de las elites no fue esa la lectura. Hicieron una alianza para no perder los dedos, y para seguir influyendo en las políticas públicas en el rumbo del neoliberalismo.

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Posibilidades y desafíos en el MERCOSUR y más allá

Julio Gambina

Discutir la globalización es poner el acento en como insertarse en la actual división internacional del trabajo y por cuáles asociaciones deben optar los países, incluso para disputar el contenido de una globalización alternativa a la que diseña actualmente el poder económico transnacional. De ese modo, Argentina y la región se debaten entre variadas negociaciones comerciales y de estrechamiento de vínculos económicos, políticos y culturales. Algunas de esas negociaciones profundizan la inserción subordinada y en otros casos habilitan una perspectiva diferenciada que potencian otras posibilidades en las relaciones sociales a escala global.

Por un lado están sus negociaciones con el “primer mundo”, caracterizadas por las asimetrías de poder global entre EEUU y sus socios en el ALCA, del mismo modo que la Unión Europea (UE) con relación a Latinoamérica y El Caribe. En este marco debemos incluir la subordinación de nuestros países a los organismos dominados por los países centrales y que empujan y condicionan la liberalización de la economía mundial, tal como la OMC, el FMI o el Banco Mundial. Son las usinas ideológicas y políticas comandadas desde el G7 para inducir políticas de ajuste estructural derivadas de la administración de la crisis del endeudamiento externo.

Desde otro andarivel se transita la sinuosa senda de la integración regional y más allá. Primero en un MERCOSUR que ya cuenta con cuatro países como socios plenos, los fundadores: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; cuatro países en carácter de asociados: Bolivia, Chile, Perú y Venezuela y un país en calidad de observador: México. ¿Este último representará la pata del norte en el sur, o expresará una vocación por restablecer una estrategia compartida al sur del Río Bravo?

También debe registrarse regionalmente la potencia del vínculo bilateral que empieza a construirse entre Argentina y Venezuela, evidente en la cooperación venezolana vía exportación de fuel oil para atender las necesidades derivadas de la crisis energética local y más aún con la posibilidad de reactivación de la industria de los astilleros en la reparación y producción de barcos para Venezuela. Es un proceso con capacidad de incidir en el crecimiento de la economía, las exportaciones y el empleo, con clara orientación diferenciada en las relaciones internacionales con acento en el mutuo beneficio entre países.

El reciente viaje presidencial a China y las perspectivas abiertas deben inscribirse en este otro andarivel de la inserción internacional del país.

Diferente liberalización entre Brasil y Argentina

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Modos petistas de gobernar

Edmilson Rodrigues

El texto que sigue es la aportación de Edmilson Rodrigues, alcalde de Belém do Pará, a la "Conferencia de Alcaldes, vice alcaldes y secretarios municipales del PT" realizada en Brasilia, en julio de 1999. Visión crítica del balance del conjunto de la gestión municipal del PT, el autor habla desde la experiencia de casi tres años de gobierno en la capital del norteño Estado de Pará, en la Amazonia, con una población de 1.400.000 habitantes. El texto fue publicado en: "Governo e cidadania. Balanço e reflexões sobre o modo pestista de governar", de la Editora Fundação Perseu Abramo, São Paulo, noviembre de 1999. Autorizada la publicación por el propio autor, la traducción es responsabilidad de Pep Valenzuela. (Cursiva y comillas son del texto original)

Edmilson Rodrigues es profesor y arquitecto, maestro en planificación del desarrollo. Participó activamente en la construcción del PT y de la CUT en Belém y el Estado de Pará, siendo destacado dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación y Profesores. Miembro y destacado dirigente de la corriente interna del PT Força Socialista, fue diputado en la Asamblea Legislativa del Estado de Pará entre 1987 y 1995.

Pretendo abordar en este texto algunas cuestiones que considero centrales en el debate partidista sobre concepción y práctica de la gestión pública. En ciertos aspectos, las perspectivas de algunos militantes o agrupaciones son muy diferentes de aquellas que me orientan filosófica y prácticamente, pero hay también un abanico importante de afinidades. Esas diferencias y confluencias, pienso, son de gran importancia para que podamos no solamente reflexionar, sino apuntar hacia una articulación mayor, más sistemática, del PT orientada a la realización de una praxis política que contribuya para afirmarlo como instrumento de construcción de un mundo libre, democrático y feliz, para lo cual las experiencias de gobierno pueden asumir un papel histórico fundamental.

Como punto de partida, hay que preguntarse como concebimos nuestro partido, o sea, si lo concebimos como un instrumento al mismo tiempo construido y en construcción, o como algo ya preparado, acabado, firme en su estructura actual, lo que lo caracterizaría como un partido con un programa, una fuerte y harmoniosa vida orgánica, imbricado en los movimientos sociales más expresivos de la lucha del pueblo y a las organizaciones de la sociedad civil, poseedor de una estrategia claramente definida a la luz de la cual serían determinados posicionamientos tácticos, fuera o dentro de períodos electorales, que enraizasen su concepción del mundo y su proyecto de sociedad.

Ésa no es una concepción que predomine en el PT. Por más que algunas prácticas refuercen la compresión de que el PT es algo acabado y, en ese sentido, orienten una cierta postura arrogante y sectaria de crítica al derecho de los militantes a establecer juicios diferentes sobre determinados aspectos de la vida partidista, inclusive acerca de la acción de militantes del partido que ocupan cargos públicos. El PT, como se puede observar en todos los momentos de su construcción y a través de las resoluciones de sus foros nacionales, es una especie de relación política de fuerzas contradictorias, con un alto grado de unidad, pero importantes diferencias que, al mismo tiempo que lo enriquecen, expresan su característica de partido en proceso de definición estratégica.

A pesar de que esas diferencias que se mezclan profundamente en las referencias filosóficas de los militantes, organizados o no en tendencias políticas internas, sean significativas, no creo que se pueda tratar como antagonismo esa relación de fuerzas que caracteriza al PT, lo que significa que el partido tiene más elementos de unidad que de diversidad. Son concepciones y prácticas diferenciadas y en permanente conflicto. Yo diría que en permanente proceso de construcción, en una relación dialéctica. Y más: en eterno proceso de construcción, en tanto que dure, en tanto continúe siendo históricamente necesario.

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¿Qué dice el acuerdo entre el gobierno argentino y el FMI?

Julio Gambina

jgambina@rcc.com.ar

En la carta y adjuntos dirigida al Director Gerente del FMI y datada el 10 de septiembre pasado, que sirviera para la aprobación de un acuerdo el pasado sábado 20/9, se puede leer que los objetivos pasan por “proteger a los sectores más vulnerables” y “apoyar el potencial crecimiento de la economía”.

Uno podría deducir entonces que los propósitos apuntan a privilegiar las demandas de los más pobres y lograr la expansión económica local. Sin embargo, a renglón seguido se puede leer que “en este marco, nos proponemos fortalecer las finanzas públicas” para “una reestructuración exitosa de la deuda pública que garantice la sustentabilidad” de la misma. Luego agrega que se tomarán medidas para “fortalecer la solidez del sistema bancario” para obtener mayores niveles de crédito.

Entonces, la finalidad del acuerdo se concentra en el ajuste fiscal para el cumplimiento de las acreencias con los organismos financieros internacionales (OFI). Por eso, en la carta de intención se solicita un “acuerdo Stand By”, es decir, condicionado y por 36 meses, entre 2004 y 2006. Por eso se acompaña un Memorando de Políticas Económicas y Financieras donde se detalla el “plan económico para lo que resta de 2003 y para 2004-2006. En ese documento se pueden apreciar las “condiciones” descriptas en 7 capítulos y 54 ítem, incluyendo las llamadas “reformas estructurales”.

Para aquellos que dudan cuál es la política económica oficial, deberán remitirse a este conjunto de materiales que relatan el “ajuste fiscal” previsto para el 2004 y las reformas estructurales a resolver hacia el 2006. El acuerdo no incluye fondos frescos y calza los vencimientos de deuda en el periodo con desembolsos de los OFI. Están previstas auditorias trimestrales y en los primeros dos monitoreos, en diciembre de 2003 y marzo de 2004 se empezarán a diseñar las metas para los años siguientes.

Se supone que para entonces habrá avances con los acreedores externos en default, a quiénes se les ha propuesto en la Asamblea conjunta del FMI y el Banco Mundial en Dubai, Emiratos Arabes Unidos, una reestructuración de deuda sobre la base de tres tipos de títulos: uno con quita importante de capital, otro con una considerable extensión del plazo de término y una tercera opción vinculada al crecimiento económico de la Argentina. Compromisos 2003-2006

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La memoria del genocidio alemán

Publicado en Memoria 186 agosto 2004 | Prieto, Jimena A. | Reflexiones

“Historia monumental” llama Nietzsche, en la segunda de sus Consideraciones Intempestivas, al acto de rememoración que los pueblos hacen de su propio pasado; ya sea a través de monumentos nacionales o de conmemoraciones oficiales, en esencia, se trata de representaciones destinadas a reflejar un tiempo lejano, fijándolo inamoviblemente como fundamento mítico de la nación.

Mientras que la historia misma está marcada con el sello de lo irrepetible, la memoria colectiva de un pueblo se encarga de escenificar aquel tiempo digno de ser conjurado y elevado a heroico pasado nacional.

A pesar de lo oscuro de su historia, a principios del siglo XXI, Alemania ha logrado hacerse de una “historia monumental”. Podremos ver materializada esta empresa en el “Monumento Nacional a los Judíos Europeos Asesinados” que en octubre de este año comienza a construirse en el corazón de la nueva capital, Berlín. No deja de sorprender este momento cumbre de escenificación política, sobre todo al tener presente que la historia posterior al nacionalsocialismo se caracteriza por el peso de la propia culpa. Sin embargo, podemos entender la especificidad de este monumento al tomar en cuenta que toda conmemoración en torno al nacionalsocialismo lleva en su seno su propia negación. Ya sean recintos del recuerdo o fechas conmemorativas, estos espacios sólo pueden configurarse en términos opuestos a los que otras naciones celebran afirmativamente su propio pasado; Alemania recuerda sus propios crímenes, de ahí el carácter de luto como momento constitutivo de la memoria colectiva.

Este artículo, en el que se recorre la historia de Alemania desde el momento de su derrota, pretende dar una visión general del complejo proceso de formación de la memoria colectiva. Se necesitarán varios decenios para comprender que el genocidio no constituye únicamente una etapa de totalitarismo y criminalidad, sino una radical “ruptura civilizatoria”, que tiene lugar a mediados del siglo XX, en una nación que representa en su tradición humanística uno de los puntos más elevados del pensamiento ilustrado europeo. Se necesitará también el esfuerzo de una nueva generación para consolidar las bases de un proceso de saber cada vez más diferenciado en torno al genocidio. Una auténtica cultura de la memoria sólo será posible una vez que los jóvenes de los años sesenta exijan a la generación anterior la confrontación crítica y reflexiva con el pasado. El genocidio se convertirá entonces en objeto de saber popular, en el “Holocausto”, y comenzará a multiplicarse indefinidamente toda suerte de representaciones comerciales y artísticas, tanto en Alemania como en otros países. Un punto final de la historia de la representación del genocidio puede verse en la puesta en escena oficial del discurso de las víctimas, cuyo máximo monumento podrá ser visitado en 2004, en Berlín.

Todos y cada uno de estos momentos reflejan una historia desgarrada entre la necesidad de olvido y la obsesión por recordar el pasado nazi, búsqueda histórica de absolución y de confrontación constante con la culpa alemana.

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La Unión Europea: ¿Hacia el estado de excepción?

Europarlamentarios, miembros de la Comisión de Libertades, Derechos de los Ciudadanos, Justicia y Asuntos Interiores

En unos momentos de insoportable choque, Bin Laden ha conseguido no solo aterrorizar a las multinacionales o a los defensores del orden neo-liberal sino también a la gente en general. O pero aún, ha dado un pretexto a los gobiernos, a los poderes públicos, a la patronal para hacer aprobar un arsenal represivo sin precedentes y acabar con miles de puestos de trabajo.

El Parlamento Europeo también ha contribuido a esta ofensiva para reforzar el orden moral y policial. En pocas horas se le ha pedido que vote la congelación de las cuentas financieras de veintisiete organizaciones catalogadas como "terroristas" por la CIA, sin otra prueba ni justificación que la confianza absoluta que sin duda merece esta institución. Solo cuarenta y cuatro diputados han rechazado dar semejante voto de confianza a una agencia que tiene una definición muy particular de "terrorismo". Porque, ¿no es la CIA la que ha cambiado en los formularios de visado de EE UU la famosa pregunta "¿Es usted comunista?" por la de "¿Es usted terrorista?". Sin duda, un mero cambio de sinónimos…..

Se han dado prisa, cuando jamás el Parlamento Europeo se ha dignado a ocuparse de la cuestión clave del secreto bancario o de los paraisos fiscales. Demasiadas prisas, porque el Consejo, pocos días después, decidía que a fin de cuentas era más presentable utilizar la lista confeccionada por Naciones Unidas que la de la CIA.

A penas acabado el recuento de votos, la Comisión de Libertades fue reunida para discutir y enmendar un "proyecto marco" de la Comisión Europea proponiendo una definición comunitaria de "terrorismo", de sus diferentes manifestaciones y delitos y de las penas previstas. Si este documento es aprobado por el Parlamento Europeo en su sesión plenaria del 29 de noviembre, La Unión Europea entrará en un estado de excepción permanente. El próximo jueves 29, corremos el peligro de convertirnos todos en "terroristas".

Elemento esencial del proyecto, el primer párrafo del artículo 3: "Cada estado miembro tomará las medidas necesarias para que los delitos siguientes, definidos de acuerdo con su legislación nacional, cometidos intencionalmente por un individuo o grupo contra uno o varios países, sus instituciones o su población con el objetivo de amenazarlos, dañar gravemente o destruir las estructuras políticas, económicas o sociales de un pais, sean sancionadas como infracciones terroristas".

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Europa: cultura humanística de democracia y libertad

Joaquín Miras Albarrán

EL DEBATE SOBRE EUROPA Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

Europa no fue nunca antes en la historia el nombre atribuido a una región integrada de comercio y mercado, ni a una entidad política, ni a una unidad religiosa. En origen, y durante muchos siglos, la palabra Europa no poseyó otro sentido que el propio de una denominación geográfica, con un significado tan descriptivo y anodino como el de los demás nombres propios de un Atlas; era entonces, además, un nombre al que a penas se recurría.

Ahora bien, en el sentido muy especial, y también eminente, en el que una determinada tradición intelectual constituida por el pensamiento Humanista, cívico político, ha usado dicho término como denominación durante los últimos doscientos cincuenta años, la palabra Europa es algo distinto y algo más que el nombre de un territorio geográfico continental o la denominación del conjunto de poblaciones, culturas y creencias comprendidas en ese territorio, o una región organizada por un mercado.

Europa es el nombre del que se dota, a fines del siglo XVll, una tradición cultural, la tradición democrático republicana de la Antigüedad clásica grecolatina, rescatada, restaurada y transmitida por el Humanismo cívico, laico y republicanista, con el fin de designar un proyecto cívico de convivencia y ciudadanía.

Este hecho, sobre el que vamos a volver de inmediato, sin embargo, ha desaparecido en el actual debate sobre la constitución europea, que no es sólo un debate político –económico político-, sino también ideológico cultural, y  en el que además del nuevo reparto de poder entre las diversas fracciones plutocráticas europeas, se dirime también, cuál debe ser la idea de Europa que el bloque de poder dominante decida apoyar y tratar de convertir en “sentido común”. Por ello estamos asistiendo a una fabulosa falsificación histórica: a la “reescritura” mendaz  de la historia de las luchas y de las ideas que se desarrollaron en una determinada área geográfica, que estaba comprendida –ahora sí- en el continente europeo.

El nombre de Europa deja de ser un nombre propio geográfico convencional,  para adquirir un sentido político filosófico análogo al que le damos, durante la segunda mitad del siglo XVll. Durante ese siglo, los poderes despóticos de los estados absolutistas y de las diversas iglesias cristianas –Católicos y Protestantes- precipitaron a las sociedades de un territorio geográfico denominado hasta entonces “La Cristiandad” en un torbellino de guerras, esfuerzo económico para la guerra, violencia represora, y persecuciones y asesinatos en masa contra todo aquel que declarase ideas y creencias diferentes a las del represor.

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Referéndum cantado

Carlos Taibo

( setiembre de 2004)

No hay ningún motivo para concluir que merced a la Constitución de la Unión Europea -que según todos los indicios será sometida a referéndum en febrero o marzo- va a cobrar cuerpo entre nosotros una discusión franca y abierta sobre muchos problemas. Para bajarle los humos a una pretensión tan optimista nada mejor que echar una ojeada a lo que, con mucha probabilidad, y desde la atalaya del verano de 2004, ocurrirá en los meses venideros.

Por lo que sabemos, y no parece que se vaya a hacer valer ninguna sorpresa al respecto, las dos principales fuerzas políticas españolas de ámbito estatal -el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular- reclamarán el sí a la Constitución, y otro tanto harán los dos sindicatos mayoritarios -Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores-, o al menos sus cúpulas dirigentes. En tales condiciones lo esperable es que se imponga un irrefrenable rodillo y se articule, a su amparo, una formidable maquinaria de propaganda.

El peso de la maquinaria mencionada es lógico que sea muy notable por cuanto el único temor que parece llamado a atenazar a nuestros gobernantes -los de ahora y los de hace bien poco- es el de una baja participación que al cabo cancele muchos de los pretendidamente saludables efectos de la ratificación en referéndum: aunque este último puede contribuir a reforzar la idea de que hay un demos, un pueblo, detrás de la Constitución, una baja participación, francamente probable, por lo demás, a la luz de lo ocurrido con ocasión de las elecciones al Parlamento de la UE celebradas en junio, moverá el carro en sentido contrario.

Por si lo anterior no fuese suficiente, es lícito albergar dudas en lo que se refiere a la posición que, en el malhadado referéndum, defenderán fuerzas políticas de menor relieve. Aunque el impulso inicial de la izquierda resistente y de buena parte de las formaciones nacionalistas de la periferia lo es en provecho del no, ya se han escuchado voces que han salido en defensa de fórmulas más moderadas, y entre ellas el voto en blanco, la abstención y el inefable sí crítico. Por lo que parece, sigue pesando mucho la idea de que no es saludable plantar cara con radicalidad a ninguno de los elementos articuladores de la Unión Europea del momento, tanto más en un escenario, el nuestro, en el que sigue campando por sus respetos un incontestado europeísmo que tradicionalmente se blande frente al aislacionismo que impregnó buena parte del pasado más o menos reciente.

Así las cosas, es harto improbable que entre nosotros se hagan valer posiciones como la que defiende el dirigente socialista francés Laurent Fabius, por lo que cuentan nada encandilado por la Constitución en ciernes, y es improbable, también, que prospere el criterio, presuntamente hostil a ésta, que parece postular el ex presidente del Gobierno, José María Aznar. Este último, en posición psicológica precaria, se muestra distante de una Constitución en la que –se diga lo que se diga- se han introducido cambios menores, en lo relativo a los acuerdos alcanzados en Niza en 2000, en materia de votos y vetos en el marco de la Comisión Europea. La liviandad de la pataleta de Aznar, firme partidario de situar a España en el club de los países más ricos del globo, sin renunciar -eso sí- al cobro de los Fondos Estructurales y de Cohesión, se revela de la mano de un olvido significado: el de que, conforme a lo acordado en Niza, un ciudadano español contaba, en términos de decisiones en el marco de la UE, casi con el mismo peso que tres ciudadanos germanos.

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