Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Inteligente giro a la izquierda

Salvador López Arnal

         INTELIGENTE GIRO A LA IZQUIERDA

Salvador López Arnal

     A partir de  la concentración estudiantil y ciudadana en la plaza Universidad de Barcelona, donde está situado el edificio histórico de la UB, la manifestación en protesta por las cargas policiales y en contra de los planes mercantiles de Bolonia iba a girar a la derecha, bajando hacia Ramblas. La calle Pelai, la arteria que lleva desde Universidad a Ramblas, estaba virtualmente ocupada por las nuevas fuerzas del orden denominadas Mossos d’Esquadra (Por cierto, ¿para cuándo un cambio de designación? ¿“Mossos” no es término demasiado simpático, demasiado amable?). No sólo Pelai y Ramblas, también las calles adyacentes, ocultas en el casco antiguo de la ciudad, ostentaban fuerte presencia policial.

     Los manifestantes, los estudiantes y profesores situados en las primeras filas tuvieron una feliz idea: giraron hacia la izquierda en un impecable arco de 180 grados, y subieron por la calle Aribau hasta Diputació o Consell de Cent. Así siguieron, así seguimos, animados, algo chillones, con muestras de simpatías vecinales y, hasta donde alcanza mi recorrido, sin ningún incidente reseñable. Sin violencia alguna (¿por qué iba a verla aparte de la sistemática, agitada y estudiada violencia policial?), sin ningún acto “antisistema”, magnífica palabra que se usa en medios, tertulias e informaciones últimamente como un insulto. Las consigas, magníficamente coreadas no se hicieron esperar: “Fuera los Mossos”, “Dimisión del conseller Saura”, “No a Bolonia y a los planes mercantiles y serviles”. Todas ellas (insisto: todas ellas, sin excepción), muy razonables y trayendo a la memoria bien acuñada recuerdos de viejas vindicaciones. Por ejemplo, aquella petición, más que sensata, en los años de la transición de la “disolución de los cuerpos represivos” y enjuiciamiento de los torturadores franquistas (e individuos afines: por ejemplo, médicos consultados durante las “operaciones” de tortura).

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Entrevista con Manuel Martínez Llaneza sobre la reforma Bolonia de la universidad

Entrevista con Manuel Martínez Llaneza: “En España, por si hubiera duda, se ha separado la universidad del sistema educativo y se ha puesto a su frente a una representante de la patronal de la industria farmacéutica, cosa que no se han atrevido a hacer los neoliberales europeos más conspicuos en el resto de los países”.

 

Manuel Martínez Llaneza es doctor Ingeniero Aeronáutico y Licenciado en Ciencias Económicas, y actualmente es Profesor Titular de Matemáticas de la escuela de Ingenieros Aeronáuticos de la Politécnica de Madrid. El eje central de nuestra conversación ha girado en torno al significado de los nuevos planes universitarios y al movimiento anti-Bolonia. Pocas personas están tan autorizadas como él para hablar sobre estos temas.

Por lo demás, el lector/a no tendrá ninguna dificultad en observar la admiración que este entrevistador siente por el estilo analítico y la capacidad argumentativa de este profesor de Matemáticas, filósofo socrático-aristotélico en el mejor de los sentidos posibles: amante natural del saber, de todo saber.

Se sabe que la hija de Marx preguntó una vez a su padre por sus preferencias. En el ámbito de los colores, el compañero de Jenny respondió el rojo. No creo que la preferencia ético-estética -“Nulla estetica sine etica”- de Martínez Llaneza esté muy alejada ni que este matemático aeronáutico mantenga muchas distancias con otras elecciones de Marx. Por ejemplo, aquella que hacía decir al autor de El Capital que “Nada humano me es ajeno” (Terencio: "Homo sum et nihil humanum alienum a me puto", me ha recordado Martínez Llaneza), y “Es bueno dudar de todo” eran aforismos que merecían reflexión, estudio y actividad praxeológica que diría Joaquín Miras.

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De la política educativa y la cosmovisión pedagógica del conseller catalán de Educación.

Salvador López Arnal, Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla, Jordi Torrent Bestit

De la política educativa y la cosmovisión pedagógica del conseller catalán de Educación.

Dos argumentos más en torno a una dimisión no anunciada.

SALVADOR LÓPEZ ARNAL, JOAQUÍN MIRAS, JOAN TAFALLA Y JORDI TORRENT BESTIT.

     Rosa Cañadell, la admirable y admirada portavoz del sindicato de enseñanza USTEC-STEs, ha dado cuenta[1] de los motivos que vertebran la convocatoria de huelga en la enseñanza pública en Catalunya el próximo 19 de marzo[2]: la inadecuada e incluso inadmisible política educativa del gobierno de la Generalitat, bajo la dirección del conseller Ernest Maragall, y, más en concreto, la nueva Ley General de Educación catalana. Cañadell apunta igualmente lo que es un clamor generalizado en el mundo educativo catalán: la petición-exigencia de dimisión del señor conseller. Además del muy negativo balance de sus planes y actuaciones, suele señalarse, con informados y contrastados argumentos, de su usual estilo autoritario: la nueva ley de educación, según han destacado irritados representantes políticos autorizados de los otros dos grupos que forman parte del gobierno tripartito catalán (ERC y ICV-EUiA), no fue consensuada ni siquiera discutida con esas fuerzas políticas aliadas, y esas mismas organizaciones han anunciado, por convicción, presión de sus bases o cálculos electorales ad hoc, la presentación de numerosas enmiendas al proyecto de Ley durante su tramitación parlamentaria, iniciativa que, desde luego, no garantiza modificación sustantiva alguna

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Tres preguntas (y un interrogante no inesencial)

Salvador López Arnal

TRES PREGUNTAS (Y UN INTERROGANTE NO INESENCIAL)

SALVADOR LÓPEZ ARNAL

     Primera pregunta.

Supongamos que no conocemos detalles políticos sobre la composición del govern de la Generalitat ni sobre la conselleria del Interior de ese mismo gobierno. Somos ciudadanos jupiterinos y venimos de visita. Supongamos que sin necesidad de acudir a medios alternativos estamos suficientemente informados de lo ocurrido en Barcelona el miércoles 18 de marzo de 2009 y que incluso hemos visto algunas imágenes de lo sucedido, imágenes que, obvio es decirlo, recordaban los tiempos oscuros de nuestra historia. Por ejemplo, aquellas manifestaciones ciudadanas antifascistas de febrero de 1976 reprimidas por la policía del señor Martín Villa, el presidente de Sogecable y mandamás de PRISA.

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A sangre fría: Israel (VIII). El potencial nuclear de un Estado atómico, que no ha firmado el Tratado de no proliferación nuclear, y que oculta sus ambiciones y conquistas atómicas.

Salvador López Arnal

A sangre fría: Israel (VIII). El potencial nuclear de un Estado atómico, que no ha firmado el Tratado de no proliferación nuclear, y que oculta sus ambiciones y conquistas atómicas.

Salvador López Arnal

[…] Soy consciente que se necesitará más que este libro para invertir una realidad que demoniza a un pueblo que ha sido colonizado, ocupado y expulsado, y glorifica en cambio a las mismas personas que lo colonizaron, ocuparon y expulsaron.

llan Pappé (2006), La limpieza étnica de Palestina

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La manifestación

Gabriel Jacovkis

La manifestación

Gabriel Jacovkis

Difícil oficio el de fotógrafo. Las fotos de actualidad están muy vistas. Hace 33 años salió esta foto en un diario de Buenos Aires. Idéntica a la que publicaron en un diario de Madrid en esa época. En ambas la bota derecha del gendarme es la misma. Luce lustrada. Impoluta. Han pasado 33 años y la bota está igual. Es de buena calidad y el gendarme la cuida mucho. Cada noche, al llegar a su casa, la lustra mientras habla con su mujer y sus hijos del buen tiempo que hace en esta época. Pero esa bota está dispuesta a perder su compostura. A dejar de ser impoluta si es necesario. Porque si el deber la llama pateará con su puntera de hierro y pisará la cabeza ensangrentada que tiene a su lado. Una cabeza que puede ser la mía en la foto de hace 33 años. O la de Saura. Porque usted, señor Saura, creo que era comunista y por lo tanto iría a manifestaciones contra Franco, verdad?

Algunos cambian mucho y otros poco. Usted, señor Saura, parece haber cambiado. Seguramente dirá usted que ha madurado. El de la bota no cambió nada. Es el de las otras fotos. Está entrenado para eliminar opositores, terroristas, peligrosos estudiantes. Para destrozarles la cara con la porra y luego ponerle la rodilla encima.

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Entrevista con el Colectivo IOÉ (Carlos Pereda, Walter Actis y Miguel Ángel de Prada)

Salvador López Arnal

Entrevista con el Colectivo IOÉ (Carlos Pereda, Walter Actis y Miguel Ángel de Prada): La fase expansiva de la economía española, iniciada a mediados de la década de 1990, ha supuesto un fuerte incremento de la renta y el empleo, pero no ha sido equitativa desde el punto de vista social. Mientras el capital inmobiliario y financiero ha crecido a un ritmo anual del 8%, las rentas salariales se han estancado, ampliándose la brecha de patrimonio o riqueza entre los hogares.”

            

Salvador López Arnal

El Viejo Topo, enero de 2009.

El Colectivo Ioé es un equipo de investigación social independiente formado por Carlos Pereda, Walter Actis y Miguel Ángel de Prada. Desde los ’80 ha mantenido una constante actividad de observación y estudio sobre las principales transformaciones sociales ocurridas en España durante estas últimas décadas. Fruto de ese esfuerzo de investigación son sus publicaciones Discursos de los españoles sobre los extranjeros (1995), Mujer, inmigración y trabajo (2001), Saludos y estilos de vida en España (2004) e Inmigración, género y escuela (2007). El Barómetro social de España. Análisis del período 1994-2006, editado por Traficantes de Sueños y CIP-Ecosocial, su último trabajo hasta la fecha, ha contado con la colaboración de Emma Mateos.

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Contra el desmantelamiento de la universidad pública. El PDI y el PAS ante el proceso de Bolonia

CONTRA EL DESMANTELAMIENTO DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA. EL PDI Y EL PAS ANTE EL PROCESO DE BOLONIA

Traducción del catalán: Carles Gil y Salvador López Arnal

Este texto fue leído el 10 de marzo de 2009, a las 12 h. por el escritor, ensayista, profesor y catedrático de la UB Jordi Llovet, en el edificio histórico de la Universidad de Barcelona.

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El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacristán

José Luis Moreno Pestaña

Reseña de Salvador López Arnal e Iñaki Vázquez (eds.), El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacristán, Barcelona, FIM-Ediciones de intervención cultural, 2007. (Publicada en El Viejo Topo, marzo 2009, pp. 91-94). Manuel Sacristán fue un personaje de nuestra vida cultural, un nombre con relieve en la historia política del siglo XX español y un pensador que dejó una impronta fundamental en nuestra filosofía: por la calidad y cantidad de sus discípulos, por la variedad de terrenos (de la literatura a la lógica) en los que tuvo algo que decir, por los debates que despertó y despierta. Personaje literario, versado en decirle a alguien ?culibaja? sonando a Adorno o Lukács ?en el retrato acidísimo que dejó de él Manuel Vázquez Montalbán en Asesinato en el comité central?, se le ha dedicado un importante documental, ha sido criticado por dogmático, filosóficamente anodino y maestro desquiciador de discípulos, pese a que esos calificativos se compadecen mal con otros testimonios y, los que se refieren a su pobreza intelectual, no cuadran, sobre todo, con la lectura de sus textos. Como pedía Marc Bloch a propósito de Robespierre, al lector le dan ganas de reclamar: sacristanistas, antisacristanistas, decidnos, por favor, solamente, quien fue Manuel Sacristán. Este libro, que recoge las jornadas de homenaje que se celebraron en el 2005 en Barcelona, escrito desde el afecto y la admiración, ayuda bastante a saber de él y deja otras preguntas abiertas. Biográficamente, como otros miembros de la inteligencia crítica española (Carlos París, Jesús Ibáñez, José María Valverde, Alfonso Ortí, José Luis López Aranguren, Ángel de Lucas) surgió del falangismo, al que se encontraba ligado por lazos familiares, tal y como explica Juan-Ramón Capella en su contribución. Su trayectoria, en ese sentido, no tiene nada de particular: el paso del falangismo juvenil a la izquierda en los años 50 fue una propiedad colectiva. Parece, de acuerdo con una anécdota que narra Capella, que ya de joven Sacristán era un hombre con mucho coraje, virtud ésta que supongo que ni el peor de sus críticos le negará, y que no siempre sobra entre los intelectuales y que quizá ayude a comprender alguno de los rasgos trágicos de su biografía. Queda preguntarse qué conecta, en dicha coyuntura, esas tres propiedades: Falange, izquierda e intelectuales y las similitudes y diferencias entre cada una de las concreciones empíricas de ese conjunto de propiedades. Su proceso de formación transcurre entre una pandilla de niños bien (Sacristán era hijo de un hombre de negocios franquista que tenía una imprenta, explicó Juan Carlos García Borrón en sus memorias), descritos por María Dolores Albiac, impresionados por Ortega y dados a las emulaciones intelectuales. Quizá podría ahondarse más en las variaciones sociales dentro de ese grupo y en los efectos posibles en las filias y fobias de cada uno por el resto. Jordi Gracia apunta agudamente en su contribución cuánto debe a Ortega el pensamiento maduro de Sacristán en temas tan importantes como la concepción de la universidad y la relación de la filosofía con otros saberes. Sacristán adquiere una gran formación lógica y combina, a finales de los años 50, tres rasgos muy raros en el panorama cultural y político español: militante comunista, especialista en Heidegger y en la fenomenología (tempranamente adquirida, señala las siempre estimulantes contribuciones de Laureano Bonet, en contacto con los textos literarios de Ortega) e impulsor de la lógica formal en España. Su manual de lógica fue central en el estudio de la materia en España y su filosofía de la lógica una aportación notable, según explica Luis Vega Reñón. Queda por explicar mejor su relación universitaria con Joaquín Carreras Artau, cuyo padre también tenía una imprenta, procedente del menendezpelayismo, medievalista reconocido, parece que liberal y gran profesor, pero un manifiesto incompetente a la hora de facilitar la vida universitaria a algunos de sus discípulos. Y eso que tuvo algunos muy buenos a los que no procuró una vida universitaria tranquila: García Borrón y Sacristán. La explicación política no basta para explicar qué hacía Sacristán en el relativo destierro de la Facultad de económicas y por qué nunca tuvo un lugar en la Facultad de filosofía de Barcelona. Con posiciones muy extremistas, otros navegaron muy bien en la Universidad y cualquiera sabe que, en este medio, incluso bajo una dictadura, los factores políticos se pliegan fácilmente ante el poder de otro tipo de relaciones. Como explicó José María Valverde en Acerca de Manuel Sacristán, a nuestro pensador no lo querían en la Facultad de filosofía. Como marxólogo, Sacristán cuando lee al clásico en los años 70, hizo contribuciones fundamentales para comprender la relación entre metafísica hegeliana y trabajo científico en Marx. Dicho análisis sobre los homenajes que rinden los vicios metafísicos a la virtud científica, contienen enseñanzas importantes para la sociología de las ciencias sociales y de la creatividad intelectual. Francisco José Martínez lo destaca en su contribución. Como teórico marxista, Sacristán tuvo una original concepción del trabajo dialéctico. Ésta describe muy bien el proceso científico de reconstrucción de cualquier realidad no aislada artificialmente, es decir, cualquier totalidad compleja, ?síntesis de múltiples determinaciones?. Por tanto, la visión del trabajo dialéctico que tenía Sacristán está en condiciones de sobrevivir al marco intelectual marxista. Como filosofo de las ciencias sociales, los textos de Sacristán se leen con mucho provecho, se estime o no al marxismo como programa de investigación o como el mejor programa de investigación. Las contribuciones de Francisco Fernández Buey y Miguel Candel permiten comprender la entidad filosófica del trabajo que Sacristán realizó dentro del marxismo, que no es lo mismo que trabajar encerrado en el marxismo. Porque el propio Sacristán, con una reflexión de aroma hegeliano, decía que el proyecto del marxismo era como el de la filosofía de Leibniz: prometía más de lo que era capaz de desarrollar, tenía más de promesa que de concreciones específicas. Pero todo el mundo trabaja desde algún sitio; sus resultados pueden elevarse por encima de dicho lugar y desarrollar lo que, quedándose en éste, se vería agobiado por la estrechez. Es el caso, creo, de los potentes desarrollos epistemológicos sobre las ciencias sociales de Manuel Sacristán. En su faceta de teórico de la filosofía (de ?filósofo de la filosofía?), el libro contiene una importante carencia: la no consideración del debate que Sacristán motivó con Gustavo Bueno, uno de los filósofos españoles con obra más rica y extensa, y durante tiempo, una variante muy consistente del pensamiento marxista en España. Ese debate tuvo un impacto importante e ignorarlo no ayuda a comprenderlo y a pensarlo. Como tal, este debate aún está esperando una reconstrucción precisa (algunas de importante valor ya existen) y, no vendría mal, una nueva evaluación del mismo. En una ocasión se refiere Sacristán a Ortega cuando éste ?en Misión de la Universidad? decía que si los obreros dominasen, estos debían estar a la altura de su tiempo. Sacristán consagró una importante vida militante al PSUC y lo hizo procurando que la ideología comunista estuviera engarzada con lo mejor del pensamiento racional. Carlos Piera explica cuán moderadas parecían en la época las propuestas de Sacristán en medio de la fantasía revolucionaria reinante. Salvador López Arnal y Joan Benach analizan el cuidado con el que Sacristán, dentro de su racionalismo, intentó comprender las críticas románticas a la ciencia y a la civilización occidental y capturar su núcleo de verdad. Tampoco en este punto, Sacristán es un pensador evidente: su pensamiento contiene muchas fuentes. Algo que matizaba su paladar filosófico y le impedía entregarse a la descalificación grosera de las tradiciones filosóficas y políticas que le eran más o menos ajenas. En tales gestos, que evitan la condena ignorante y la polémica avinagrada, su ejemplo necesita ser promovido con decisión. Sacristán permaneció fiel al marxismo aunque después de la Primavera de Praga dejó de creer en el potencial liberador del socialismo real. Permaneció como marxista por continuar en una tradición ?lo explica Carlos Piera reproduciendo un interesante debate con su mujer Giulia Adinolfi?, en la que, él lo sabía bien, estaban lo mejor y lo peor. Sacristán, utilizando un concepto complejo de religión al que se refiere en su intervención José María Ripalda, terminó por considerar al marxismo una religión obrera, la culminación de una cultura proletaria que incorpora saber científico de su época con un mensaje colectivo de salvación. Y a esa tradición que combinaba verdades de hecho, una sensibilidad colectiva y fines político-morales, no quiso renunciar Sacristán. En esa tradición surgieron pensadores cercanos a él: entre otros, el importantísimo Otto Neurath ?¿para cuando una versión castellana, como es debido, de sus textos?? y el último Nikolai Bujarin, preocupado en su celda de la Lubianka, por fundamentar ecológicamente el materialismo. Enric Tello lo advierte en su interesante aportación. Este libro muestra algo: el Sacristán intelectual tiene muchos prismas posibles de entrada en su pensamiento y líneas de continuación para pensar, como con todos los autores significativos más allá de su tiempo y de sus próximos, con él y contra él; la figura histórica exige despejar ciertos interrogantes, y sigue siendo interesante por inusual; el militante político resiste bastante bien la evaluación histórica ?y eso, en el siglo pasado, no puede decirse de todo el mundo?. Hay, pues, como reza el título, un legado de Manuel Sacristán, que ?lo comparto con los editores de este libro bien elaborado? es la herencia de un auténtico maestro. La accesibilidad del conjunto de su obra, que reclama Albert Domingo, debería permitir que las nuevas generaciones se acerquen a él. Porque toda herencia, como indicaba Jacques Derrida cuando se refería a la de Marx, es siempre una tarea. Necesita ser recogida y cultivada. Tanto mejor si es en direcciones insospechadas. José Luis Moreno Pestaña Reseña realizada dentro del proyecto de I+D: «Intelectuales y calidad democrática en la España contemporánea. Un estudio sobre el campo filosófico» (HUM 2006-04051/FISO).

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