Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Nació el Consenso de Porto Alegre

Porto Alegre (Brasil) Se trata de una serie de propuestas de un grupo de 19 personalidades y busca establecer distancias con el llamado ‘Consenso de Washington’, y aboga entre otras cosas por una profunda reforma de los organismos internacionales.            A modo replica a quienes sistemáticamente achacan a los Foros Sociales Mundiales falta de propuestas un grupo de intelectuales y personalidades que posee un amplia consenso emitieron un documento denominado ‘Declaración de Porto Alegre’ que sintetiza con meridiana claridad el pensamiento del movimiento alterglobalizador reunido en Porto Alegre hasta mañana.            Entre los primeros firmantes se encuentran Aminata Traoré, Adolfo Pérez Esquivel, Eduardo Galeano, José Saramago, François Houtart, Boaventura de Sousa Santos, Armand Mattelart, Roberto Savio, Ricardo Petrella, Ignacio Ramonet, Bernard Cassen, Samir Amin, Atilio Boron, Samuel Ruiz Garcia, Tariq Ali, Frei Betto, Emir Sader, Walden Bello, Immanuel Wallerstein.            El documento posee doce puntos y propone, entre otras cosas, trasladar la sede de la ONU a un país del Sur si Estados Unidos sigue violando las leyes internacionales.

Manifiesto De Porto Alegre

Doce Propuestas para Otro Mundo Posible

(texto completo)

Desde el primer Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre en enero de 2001, el fenómeno de los foros sociales se ha extendido a todos los continentes, incluso a niveles nacional y local.          El Foro ha favorecido la emergencia de un espacio público planetario de la ciudadanía y de sus luchas, así como la elaboración de propuestas de políticas alternativas a la tiranía de la globalización neoliberal impulsada por los mercados financieros y las transnacionales, cuyo brazo armado es el poder imperial de los Estados Unidos. Por su diversidad, así como por la solidaridad entre los actores y los movimientos sociales que lo componen, el movimiento altermundialista se ha transformado en una fuerza que ya es tenida muy cuenta en todo el planeta. Entre las innumerables propuestas que han salido de los foros, un gran número de ellas cuenta sin duda son un amplio apoyo en el seno de los movimientos sociales. Los firmantes del Manifiesto de Porto Alegre, que nos expresamos a título estrictamente personal y que no pretendemos, en ningún caso, hablar a nombre del Foro, hemos identificado doce de esas propuestas, que en conjunto dan sentido a la construcción de otro mundo posible. Si fuesen aplicadas, permitirían que la ciudadanía comenzara por fin a reapropiarse de su futuro. Sometemos estos puntos fundamentales a la apreciación de los actores y movimientos sociales de todos los países. Son ellos los que, a todos los niveles –mundial, continental, nacional y local- podrán llevar adelante los combates necesarios para que se transformen en realidad. No nos hacemos ninguna ilusión sobre la real voluntad de los gobiernos y de las instituciones internacionales de que apliquen espontáneamente estas propuestas.       a) Otro Mundo Posible debe respetar el derecho a la vida de todos los seres humanos, mediante nuevas reglas económicas. Por lo tanto, es necesario: 1) Anular la deuda pública de los países del Sur, que ya ha sido pagada varias veces y que constituye, para los Estados acreedores, los establecimientos financieros y las instituciones financieras internacionales, la mejor manera de someter a la mayor parte de la humanidad a su tutela y mantenerla en la miseria. 2) Aplicar tasas internacionales a las transacciones financieras (especialmente la tasa Tobin a las transacciones especulativas de divisas), a las inversiones directas en el extranjero, a los beneficios consolidados de las transnacionales, a la venta de armas y a las actividades que emiten de forma sustantiva gases que producen el efecto invernadero. 3) Desmantelar progresivamente todas las formas de paraísos fiscales, jurídicos y bancarios que no son más que refugios de la criminalidad organizada, la corrupción, y todo tipo de tráficos, fraudes y evasiones fiscales, operaciones delictivas de grandes empresas e incluso de gobiernos. 4) Cada habitante del planeta debe tener derecho a un empleo, a la protección social y la jubilación respetando la igualdad entre hombres y mujeres, siendo esto un imperativo de políticas públicas nacionales e internacionales. 5) Promover todas las formas de comercio justo rechazando las reglas librecambistas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y poniendo en ejecución mecanismos que permitan, en los procesos de producción de bienes y servicios, dirigirse progresivamente hacia una nivelación por lo alto de las normas sociales (tal como están consignadas en las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo, OIT) y ambientales. Excluir totalmente la educación, la salud, los servicios sociales y la cultura del terreno de aplicación del Acuerdo General Sobre el Comercio y los Servicios (AGCS) de la OMC. La convención sobre la diversidad cultural, que actualmente se negocia en la UNESCO, debe hacer prevalecer explícitamente el derecho a la cultura sobre el derecho al comercio. 6) Garantizar el derecho a la soberanía alimenticia y seguridad de cada país mediante la promoción de la agricultura campesina. Esto supone la supresión total de las subvenciones a la exportación de los productos agrícolas, en primer lugar por Estados Unidos y la Unión Europea, y la posibilidad de aplicar impuestos a las importaciones para impedir las prácticas de dumping. De la misma manera cada país o conjunto de países debe poder decidir soberanamente prohibir la producción y la importación de organismos genéticamente modificados destinados a la alimentación. 7) Prohibir todo tipo de patentamiento del conocimiento y de los seres vivos (tanto humanos, como animales o vegetales), del mismo modo que toda privatización de los bienes comunes de la humanidad, en particular el agua.      b) Otro Mundo Posible debe alentar la vida en común en paz y con justicia, a escala de toda la humanidad. Por lo tanto, es necesario: 8) Luchar, en primer lugar, por las diferentes políticas públicas contra toda discriminación, sexismo, xenofobia, antisemitismo y racismo. Reconocer plenamente los derechos políticos, culturales y económicos (incluyendo el dominio de los recursos naturales), de los pueblos indígenas. 9) Tomar medidas urgentes para poner fin a la destrucción del medio ambiente y a la amenaza de cambios climáticos graves debidos al efecto invernadero, resultado además en primer lugar de la proliferación del transporte individual y del uso excesivo de energías no renovables. Comenzar a ejecutar otro modelo de desarrollo fundado en la sobriedad energética y en el control democrático de los recursos naturales, en particular el agua potable, a escala de todo el planeta. 10) Exigir el desmantelamiento de las bases militares extranjeras y sus tropas en todos los países, salvo que actúen bajo mandato expreso de la Organización de Naciones Unidas (ONU).         c) Otro Mundo Posible debe promover la democracia desde el plano vecinal al planetario.            Por lo tanto, es necesario: 11) Garantizar el derecho a la información y el derecho a informar de los ciudadanos mediante legislaciones que: a) pongan fin a la concentración de medios en grupos de comunicación gigantes; b) garanticen la autonomía de los periodistas ante los accionistas y; c) favorecer a la prensa sin fines de lucro, en particular a los medios alternativos y comunitarios. El respeto de estos derechos implica contrapoderes ciudadanos, en particular en forma de observatorios nacionales e internacionales de medios de comunicación. 12) Reformar y democratizar en profundidad las organizaciones internacionales, entre ellas la ONU, haciendo prevalecer en ellas los derechos humanos, económicos, sociales y culturales, en concordancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto implica la incorporación del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la OMC al sistema y mecanismos de decisión de Naciones Unidas. En caso de persistir las violaciones de la legalidad internacional por parte de los Estados Unidos, transferir la sede de la ONU fuera de Nueva York y hacía otro país, preferentemente del Sur. Porto Alegre, 29 de enero del 2005.

Algunos de los firmantes: Aminata Traoré, Adolfo Pérez Esquivel, Eduardo Galeano, José Saramago, François Houtart, Boaventura de Sousa Santos, Armand Mattelart, Roberto Savio, Ricardo Petrella, Ignacio Ramonet, Bernard Cassen, Samir Amin, Atilio Boron, Samuel Ruiz Garcia, Tariq Ali, Frei Betto, Emir Sader, Walden Bello, Immanuel Wallerstein.do Alberto Arrúa

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Política, capitalismo, democracia y sujeto hiperproletario global en la Europa actual

Carlos Prieto del Campo

(este artículo ha sido publicado por la revista VIento Sur º 75)

Resulta rigurosamente imposible pensar la política en las sociedades modernas sin pensar simultáneamente el capitalismo histórico y resulta incongruente pensar éste sin conceptualizar el funcionamiento del antagonismo de clase de los sujetos productivos en su fisiología estructural. El horizonte inmediato de referencia de la política contemporánea se conforma durante el último ciclo sistémico de acumulación de capital (1873-1968-2004) –aunque hunde sus raíces subversivas en la modernidad (Maquiavleo, Spinoza, Marx)– y coincide con la emergencia definitiva e irreversible de la fuerza de trabajo colectiva como sujeto político. Este sujeto productivo –que ha definido intrínseca e inherentemente la trama de la política del largo siglo XX y ha trazado con nitidez la línea roja del comunismo que ha dotado de densidad y sentido a la política de la modernidad– ha demostrado de modo simultáneo e inescindible (a) que desencadena mediante el funcionamiento de su antagonismo los procesos de estructuración que permiten a la relación-capital dotarse de formas coherentes y temporalmente estables de explotación y reproducción estructural, (b) que experimenta procesos de autovalorización y de deconstrucción de las propias relaciones de poder que han conformado históricamente las estrategias de producción de la mercancía fuerza de trabajo (crítica del racismo, del sexismo, del patriarcado y de la colonialidad del poder), y (c) que sus procesos de existencia social se han dotado paulatinamente de una autorreflexividad teórico-práctica cada vez mayor que le ha obligado a expresar su potencia social como sujeto político que únicamente razona en términos de poder constituyente. El cruce abigarrado de estos tres procesos se ha hecho masivamente visible en torno a la revolución mundial de 1968, momento a partir del cual el eje de coordenadas construido mediante su articulación define las condiciones de posibilidad epistémicas y prácticas de la política actual. Esto quiere decir que no hay política posible hoy susceptible de satisfacer las exigencias de la actual composición de clase definida por el general intellect del sujeto hiperproletario global (a) si no se cuenta con una teoría del capitalismo histórico, esto es, si no se piensa el capitalismo como un sistema histórico coherente en toda su pertinencia temporal (siglo XVI-siglo XXI), espacial (economía-mundo capitalista) y estructural (estructura1 de estructuras2 de poder/explotación de clase) y (b) si no se cuenta con una teoría del antagonismo de clase, esto es, si no se piensa éste como haz de procesos que trazan simultáneamente líneas de constitución subversiva radical en todo punto y respecto a toda práctica social susceptible de reproducirse en la estructura social capitalista en un momento determinado, y que definen al mismo tiempo –como contenido elemental de las mismas– estrategias de deconstrucción de la producción de subjetividad sometida (racismo, sexismo, colonialidad) y de constitución biopolítica del cuerpo en el escenario irrebasable del capitalismo histórico realmente existente.

Este doble eje apunta fundamentalmente a la definición del antagonismo del sujeto productivo como red de comportamientos esenciales para definir formas de acción política que puedan tener un impacto fuerte sobre las dinámicas de reproducción del capitalismo y por ende en la política inmediata de las sociedades en las que vivimos, esto es, en la política del Estado español y de la Unión Europea. Las formas democráticas actuales operan a partir de la supresión de la cualidad de los sujetos productivos y de sus dinámicas de constitución antagonista mediante la generación de un dispositivo democrático cuya realidad histórica ha sido uno de los productos fundamentales de las estrategias de autovalorización proletaria. En este sentido, es preciso afirmar que la existencia de las llamadas sociedades democráticas constituyen un producto innegable de la tendencia a la constitución antagonista de la fuerza de trabajo colectiva contra las dinámicas estructurales de la relación-capital que han caracterizado hasta día de hoy al capitalismo histórico. El dispositivo democrático es el campo de fuerzas definido por la reproducción de la estructura1 de estructuras2 de la relación-capital y de sus dinámicas sistémicas de dominación y explotación de clase, que históricamente ha tendido a eludir cualquier tipo de control y restricción social, y por la autovalorización del sujeto proletario que ha pretendido durante el ciclo político constituyente que se inicia con la emergencia de los movimientos antisistémicos que se conforman durante los últimos 150 años someter toda nk-práctica social de dominación a un tratamiento antagonista que permita constituir sujetos políticos capaces de revertir la reproducción de las relaciones de producción capitalistas mediante procesos fuertes estructuración social igualitaria, justa e hiperdemocrática.

El dispositivo democrático funciona hoy dentro de la tensión definida por la intensificación de las dinámicas de reproducción estructural de la relación-capital, que durante los últimos 30 años ha pretendido reducir el proceso de constitución de ese espacio democrático y vaciar de contenido los procesos de constitución social que los movimientos antisistémicos habían cartografiado en este primer ciclo maduro de constitución política antagonista, el cual estaba experimentando una aceleración exponencial a partir de 1968. Esto quiere decir que el dispositivo democrático y, por lo tanto, las posibilidades de enunciación de una política de izquierdas en la actualidad siempre operan sobre el diferencial estratégico de una estructura de poder/explotación que excede –con una gran diversidad empírica– lo que los modelos de legitimación política democrática que se articulan mediante el Estado y las diversas Administraciones públicas pueden enunciar como objeto de la práctica política normalizada: el cúmulo y el ritmo de reproducción estructural de las relaciones de poder y explotación globales de la relación-capital, que históricamente han debido leerse en las formas-Estado históricamente vigentes, sobrepasan y desplazan el bloque real de relaciones de poder que pueden ser objeto de control por parte del dispositivo democrático. La reproducción de las relaciones de explotación y dominación formalmente controladas por el dispositivo democrático generan continuamente ese vacío no enunciado en el que las opciones políticas se disuelven en la inmediatez de su enunciación. El problema real es que el dispositivo democrático juega a una escala distorsionada respecto a la composición real de los flujos de relaciones de poder y explotación que definen la realidad del capitalismo histórico en un momento dado. Colmar ese vacío constituye la tarea preliminar de una política de izquierdas que no sea la nostalgia trasnochada de los viejos tiempos del partido y el antiimperialismo o el nuevo espejismo de un anticapitalismo nominal, opaco y rígido.

Ese vacío únicamente puede enunciarse primero y operar después como zócalo de constitución política si partimos de la constitución material de los sujetos productivos y de la composición de clase de la fuerza de trabajo colectiva que es explotada económicamente en estos momentos y compactada como sujeto político mediante el funcionamiento del dispositivo democrático actual. Las opciones estratégicas al respecto son finitas: o se apuesta por una operatividad espuria del concepto de ciudadano, que constituye el trasunto de ese vacío y de la distorsión producida por la reproducción de las relaciones de poder capitalistas realmente existentes en un entorno debilitado de operatividad del dispositivo democrático por mor del impacto feroz del último subperiodo de lucha de clases que se desencadenó a finales de la década de 1970 y que se saldo con la derrota de los movimientos antisistémicos; o bien se apuesta por trazar la cartografía del antagonismo que expresa el actual sujeto hiperproletario como red de comportamientos y de materialidades productivas del general intellect de masas que se expresa en las estructuras de explotación del capitalismo global. Esta última posibilidad se halla facilitada en la actualidad por dos procesos que constituyen inequívocamente expresiones del poder constituyente de los movimientos antisistémicos contemporáneos y de la sólida difusión del antagonismo de clase en el interior del metabolismo del capital: el proceso de globalización y el proceso de construcción europea. Ambos conjuntos de dinámicas ofrecen a la izquierda condiciones inmejorables para pensar cabalmente la constitución antagonista del actual sujeto hiperproletario global y su potencia política más allá de la forma Estado del Estado-nación, de la codificación territorial de lo público/común y de la sobresaturación identitaria de las formas nacionales –sean estatales o aestatales– que han calcado sus procesos de constitución política a partir de la misma dinámica de vaciamiento de la realidad estructural de las relaciones de producción capitalistas y de elisión de la problematicidad que supone tener en cuenta toda su pertinencia y eficacia reales, cuando además éstas operan, como en la actualidad, en entornos democráticos débiles y ciegos respecto a los vectores de su verdadera reproducción estructural. En este sentido, la tendencia de la autovalorización del sujeto proletario y subalterno ha apuntado sido históricamente a desplazar la constitución política desde los sujetos territoriales –tradicionalmente los Estados dominantes de las potencias hegemónicas o las formas Estados subalternas que han sido por primera vez históricamente posibles durante la hegemonía de la potencia estadounidense– a los sujetos sociales –las clases obreras y los diversos movimientos obreros junto con todos los procesos intrínsecos a los mismos de deconstrucción del racismo, el sexismo y la colonialidad– que son explotados y que constituyen su antagonismo y su potencia política dentro de la estructura1 de estructuras2 de la relación-capital.

La globalización del antagonismo y la construcción europea de una primera cartografía de las dinámicas productivas del sujeto hiperproletario actual parecen parámetros sugerentes y atractivos para pensar la política antagonista de los próximos 25 años. Se trata, además, de una política que tendencialmente opera sobre el concepto vaciado de ciudadano para dotarlo de todo el poder constituyente de un antagonismo que se juega totalmente en las dinámicas de la (re)producción y que como decíamos anteriormente es inescindible de la biopolítica de los sujetos y de los cuerpos que únicamente funcionan políticamente si su poder constituyente se construye a partir de la cartografía y organización subversiva de la potencia productiva que el capitalismo explota en los lugares secretos de la producción (la f@brica y la sociedad) y que el dispositivo democrático invisibiliza en una esfera pública pobre y degradada que tan solo es capaz de percibir y de retribuir una mínima parte de toda la riqueza social que cierra todos y cada uno de los procesos de producción de valor y de legitimación política realmente existentes. Los procesos constituyentes actuales se juegan en su totalidad en la visibilización del antagonismo que circula por la composición política, técnica y social de los actuales sujetos productivos, y en las nuevas modalidades de definición de una esfera pública hiperdemocrática: ambos procesos harán converger la pálida definición de ciudadano de las democracias de nuestros días con el proteico y densísimo peso específico de la constitución material de los sujetos hiperproletarios globales que habitan y producen el mundo globalizado actual. Europa será, en este sentido, nuestro primer laboratorio posnacional de constitución subversiva de la actual composición de clase de la fuerza de trabajo colectiva del siglo XXI.

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¿Por qué COO-BAS / Tarragona?

Las sociedades cambian permanentemente y las instituciones que los hombres creamos para el mejor gobierno de ella, generalmente evolucionan a la saga de los acontecimientos y aunque los ajustes organizativos se realicen oportunamente llega un momento en que se vuelven inoperantes y es en ese instante que la crisis de representatividad se hace presente. Es el instante en que aparecen las rupturas, las fracciones, en fin, las divisiones, mostrándonos finalmente a las instituciones ineficaces para defender las demandas justas de las gentes. Presenciamos que dirigentes honestos se van de una institución a otra y al poco tiempo anuncian su nuevo cambio a otra y el proceso de confianza entre pueblo y dirigencia termina quebrandose. La tragedia para el pueblo se completa por la consciente traición de gran parte de esa dirigencia. A esto no escapa la historia del movimiento sindical.

Alguno de nosotros viene de la lucha antifranquista y desde los mismos orígenes del sindicalismo clasista y combativo que se le enfrentó, inclusive ocupando puestos de dirección. Algunos pasamos de una Central a otra, ilusionados con la radicalidad oral que les escuchábamos y honestamente creímos tenia su correlato en la práctica cotidiana y al poco de andar comprobamos que lo único diferente era el portal.

Otros, emigrantes, en busca de un paraguas protector, nos afiliamos a la organización sindical que tropezamos primero sin conocer historias y trayectorias y al poco tiempo comprobamos que si bien hay todo un andamiaje legal y una infraestructura sindical extendida, es poco y nada lo que pueden hacer por defender nuestros derechos, mas allá de hacer que nos liquiden un finiquito correctamente.

Las causas de esta indefensión de las organizaciones sindicales históricas son diversas, aunque concatenadas, que van desde la lisa y llana traición de los dirigentes hasta la obsoleta organización para operar sobre una realidad laboral presente muy dinámica, pasando por políticas y concepciones ideológicas opuestas a los intereses de los trabajadores.

Hasta 1975 que se desató la gran crisis del petróleo dando lugar a la creación de la OPEP, en trazos generales afirmamos que el modo de producción capitalista podía definirse como expansivo-inclusivo y la forma política que garantizaba la reproducción del sistema era el Estado de Bienestar, basado en el consenso para una correlación de fuerzas dada entre las burguesías y los trabajadores. Las burguesías ampliaban sus capitales a partir de la expansión de los mercados, la clase obrera se “beneficiaba” con el aumento de puestos de trabajo. Además, el pleno empleo garantizaba en gran medida el éxito en las luchas reivindicativas.

Pues, en este marco nació y se desarrolló el sindicalismo que perdura, con cambios formales, hasta nuestros días.

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Prefacio Multitud: Vida en común

Michael Hardt, Toni Negri

La posibilidad de democracia en escala global está hoy emergiendo por primera vez. Este libro trata de esa posibilidad, de lo que denominamos el proyecto de la multitud. El proyecto de la multitud no solamente expresa el deseo de un mundo de igualdad y libertad, no sólo demanda una sociedad democrática global abierta e incluyente, sino que también provee los medios para lograrlo. Ese es el modo en que finalizará nuestro libro, pero no puede comenzar allí.

Hoy, la posibilidad de democracia está oscurecida y amenazada por el aparentemente permanente estado de conflicto en todo el mundo. Nuestro libro debe comenzar por este estado de guerra. Es verdad que la democracia ha permanecido como un proyecto incompleto durante toda la era moderna, en todas sus formas nacionales y locales, y también es cierto que los procesos de globalización de las décadas recientes han sumado nuevos desafíos, pero el principal obstáculo para la democracia es el estado de guerra global. En nuestra era de globalización armada, el sueño moderno de democracia puede parecer irremediablemente perdido. La guerra siempre ha sido incompatible con la democracia. Tradicionalmente, la democracia ha sido suspendida durante los tiempos de guerra y de temporarios emplazamientos del poder en una fuerte autoridad centralizada para confrontar la crisis. Como el actual estado de guerra es tanto a escala global como de larga duración, sin final a la vista, también la suspensión de la democracia se torna indefinida o incluso permanente. La guerra adopta un carácter generalizado, estrangulando toda la vida social e imponiendo su propio orden político. Así, la democracia parece inalcanzable, enterrada bajo las armas y los regímenes de seguridad de nuestro permanente estado de conflicto.

Sin embargo, nunca ha sido tan necesaria la democracia. Ningún otro camino nos proveerá de una salida para el miedo, la inseguridad y la dominación que invaden nuestro mundo en guerra; ningún otro camino nos conducirá a una pacífica vida en común.

Este libro es la continuación de nuestro libro Imperio, que se ocupó de la nueva forma global de soberanía. Aquel libro intentó interpretar la tendencia del orden político global durante su formación, es decir, reconocer cómo, desde una diversidad de procesos contemporáneos, está surgiendo una nueva forma de orden global, que llamamos Imperio. Nuestro punto de partida fue el reconocimiento de que el orden global contemporáneo ya no puede ser entendido adecuadamente en términos de imperialismo, tal como era practicado por los poderes modernos, basados principalmente en la soberanía del Estado-nación extendida sobre territorios extranjeros. En su lugar, una “red de poder”, una nueva forma de soberanía, está emergiendo, e incluye entre sus elementos primarios, o nodos, a los Estados-nación dominantes junto con instituciones supranacionales, las grandes corporaciones capitalistas y otros poderes. Este poder en red, afirmamos, es “imperial”, no “imperialista”. Por supuesto, no todos lo poderes dentro de la red del Imperio son iguales-al contrario, algunos Estados-nación poseen un enorme poder y otros casi ninguno, y lo mismo es cierto para las diversas corporaciones e instituciones que conforman la red-pero pese a las diferencias deben cooperar para crear y mantener el actual orden global, con todas sus divisiones internas y jerarquías.

De este modo, nuestra noción de Imperio corta en diagonal los debates sobre unilateralismo o multilateralismo o pro-Americanismo o Anti-Americanismo como las únicas alternativas políticas globales. Por una parte sostenemos que ningún Estado-nación, ni siquiera el más poderoso, ni siquiera los Estados Unidos, pueden “ir solos” y mantener el orden global sin colaborar con los otros grandes poderes en la red del Imperio. Por otra, declaramos que el orden global contemporáneo no se caracteriza y no puede ser sostenido por una participación igual de todos, ni siquiera por una elite de Estados-nación, como en el modelo de control multilateral bajo la autoridad de las Naciones Unidas. En realidad, múltiples divisiones y jerarquías, a lo largo de líneas regionales, nacionales y locales, definen nuestro actual orden global. Nuestra afirmación no se refiere simplemente a que el unilateralismo y el multilateralismo como han sido presentados no son deseables, sino que no son posibles dadas nuestras actuales condiciones, y que los intentos por ir tras ellos no podrán mantener al actual orden global. Cuando decimos que el Imperio es una tendencia, queremos decir que es la única forma de poder con posibilidad de sostener al actual orden global de un modo perdurable. Por ello, se debe responder a los proyectos globales unilaterales de Estados Unidos con la irónica amonestación del Marqués de Sade: “Américains, encore un effort si vous voulez étre imperials” (“¡Americanos, deben esforzarse más si quieren ser imperiales!”)

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Román

Joan Tafalla

Recibo la noticia de la muerte Román por correo electrónico. La noticia, previsible, me golpea y extrae de algunos rincones de la memoria anécdotas que son categorías. Compartirlas con el lector es el modesto homenaje que puedo rendir a Román.

Con las horas, me indigno. Me indigna el silencio de los medios que deberían informar de un suceso tan importante. Una nota en El Periódico de Catalunya, una necrológica en El País, escrita por Jordi Miralles. Ese medio ni tan sólo consideró necesario reflejar el suceso como noticia. Ningún medio televisivo ( incluida la TV3 del tripartito) en el entierro. Ninguna representación de ese gobierno. Los buenos hacen mutis en silencio. Aquellos que mantenían el silencio cuando era preciso hablar y comprometerse, no consideran oportuno dedicar a Román ni un minuto en sus “partes” de noticias. Quizás no debiera indignarme. Pero aún conservo suficiente grado de ingenuidad para hacerlo.

Román pertenece a esa estirpe de gente que trajo las libertades a España, tras mantener un pulso de cuarenta años con la dictadura. Esa estirpe está constituida por unos escasos centenares de personas en el conjunto de España. En Catalunya quizás sólo lleguen a una cincuentena. Se trata de una estirpe de gente que, cuando la masa, golpeada hasta la saciedad, aterrorizada por el genocidio fascista, se resignaba a duras penas a la miseria y al hambre, se mostraron a la altura de las circunstancias históricas y se enfrentaron como enanos valerosos al gigante de la dictadura fascista. Un gigante a quien todos daban por vencedor definitivo de la contienda de clases en nuestro país. Román perteneció a esa ínfima minoría que no sólo no dio el combate por perdido sino que decidió continuarlo con todas las consecuencias.

A Román y a esa mínima minoría, le debemos los comunistas, los demócratas y los republicanos la dignidad. Como un inmenso “lager” España se levantaba y se acostaba al son del himno fascista. Las prisiones rebosaban, la represión acabó con toda una generación y trató de cercenar el comunismo del país. Las tapias de los cementerios asistían mudas a los fusilamientos en aras de la “paz”, mientras Román y la mínima minoría, aún a sabiendas que su futuro no podía ser otro que la tortura, la prisión, eventualmente la muerte arrostraban su destino con la certeza trágica de que la única forma de acabar con el fascismo era organizar la lucha contra él. No como los “demócratas de toda la vida” que “luchaban” por la democracia ostentando cargos en el franquismo, ni como los de la oposición pasiva que esperaban que la democracia llegara de la mano del Mercado Común o de los USA.

En Catalunya, Román ocupó , con un puñado de valientes el puesto de mando de un destacamento de combate que aseguró la transmisión de la tradición comunista, de la tradición republicana y frentepopulista entre generaciones separadas por la noche y la niebla fascistas. Con Gregorio López Raimundo, con Joan Comorera, Con Margarita Abril, con Pera Ardiaca, con Miguel Nuñez y algunos más, a pesar de las polémicas y las escisiones que los laceraron, cumplieron esa tarea histórica. Y a fe que la cumplieron bien. A fe que las nuevas generaciones obreras y estudiantiles que en los años sesenta y setenta se incorporaron a la lucha, encontraron gracias al trabajo de esas personas una tradición política y social a la que referirse cuando elaboraban su experiencia de lucha. Román y algunos, pocos más, están tras un “misterio” que nadie se explica: aquel misterio de que el PSUC fuera, en Catalunya “el partido”. El único, el inimitable, el auténtico “partido”.

Demasiado joven para haber conocido los tiempos heroicos de Román, recuerdo la primera vez que le ví y que le oí: era en otoño del año 1973 o 1974. Había sido convocado a una Conferencia local del PSUC de Barcelona que se celebraba en una parroquia del lado norte de la ciudad. Uno de los alicientes para asistir a un acto, la profundidad de cuyos debates se me escapaba, era ver y oír al “camarada Román”. Allí estaba, en la tribuna ( sí es que podía llamarse de este modo) del acto. Con un aspecto que francamente, me decepcionó: con su calva, su bigotillo, la orondez de su barriga y luciendo un jersey muy historiado, tejido con lanas verdes marrones y negras. Un jersey de los que le tejía el amor de otra persona de leyenda: Margarita Abril, a quién hemos perdido aún más silenciosamente el año pasado.

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La República de la virtud

Joaquín Miras Albarrán

“…l´essence de la république  ou de la démocratie est l´égalité…”

Robespierre

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Durante las dos últimas décadas la derecha ha tratado de refutar el discurso historiográfico que data el origen de la democracia contemporánea en la Revolución francesa para poder apoderase también de esta palabra [1] . Para ello ha dado publicidad a los trabajos de autores contrarios a la Revolución, desde Burke a las elaboraciones de algunos partidarios de la posmodernidad, cuya intención era la cancelación de todos los relatos revolucionarios [2] . En esta maniobra la obra de Furet [3] desempeñó un papel primordial por su compromiso militante con este objetivo. Este autor volvió a ser relanzado desde Francia, por su eficacia ideológica, durante la celebración del bicentenario de la Revolución, por intervención personalísima del entonces presidente socialdemócrata Mitterand, quien puso en manos de Furet los medios para sortear a la dirección oficial (Vovelle), y convirtió así el bicentenario en una plataforma al servicio de la revisión historiográfica.

Estos intentos se vieron favorecidos por el corsé intelectual impuesto por el movimiento obrero a las investigaciones sobre la Revolución, ya desde la época de la Segunda Internacional, y que fue continuado por el estalinismo.

Esta corriente impuso una interpretación según la cual la Revolución francesa había sido una revolución burguesa, en la que las masas populares habían carecido de capacidad para elaborar un proyecto político propio, o, en los casos documentados de autonomía, habían desempeñado un papel contrario a la “marcha de la historia” [4] .

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Una lectura prohibida: El Manifiesto Comunista

José Luis Escohotado Ibor

El texto, inédito hasta ahora, es reproducción de la conferencia impartida por el autor en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, con motivo de un ciclo organizado por dicha institución en el año 2000 sobre libros prohibidos.

Debo agradecer a mi buena amiga de hace tantos años, Isabel Pérez Schwarz, la invitación que me ha hecho como Directora de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, para participar en esta serie de conferencias sobre lecturas prohibidas o censuradas a través de la historia.

Como todos ustedes saben, desde antiguo, la expresión cultural espontánea sufre diversas formas de represión ideológica, de prohibición absoluta o de censura, ejecutadas por los poderes establecidos contra lo que se supone puede socavar la autoridad o el orden moral. Los ejemplos de intolerancia que representan la Inquisición, el Índice de libros prohibidos por la Iglesia, las hogueras de libros quemados por los nazis, los procesos políticos estalinianos, la caza de brujas del senador Mc Carthy o la censura previa de todas las publicaciones por la policía administrativa franquista, no son más que casos exacerbados de un fenómeno mucho más amplio de refracción ideológica bajo el yugo de la cultura dominante. De todas formas, siempre es preferible que se quemen los libros a que se quemen los autores de los libros. Desde la moral del poder y la óptica oficialista, siempre se ha tendido a demarcar lo tolerable y lo prohibido, la conformidad y la disidencia, la ortodoxia y la trasgresión, generándose un principio de censurabilidad ideológica difusa que funciona subrepticiamente a lo largo de todas las expresiones culturales, incluso en los regímenes políticos que hacen declaración explícita de libertad de expresión.

En nuestra época, lejos de haberse cumplido el ideal ilustrado del libre pensamiento, los métodos de exclusión se han hecho mucho más complejos y sutiles, a través del control del mercado de la cultura por las grandes empresas multinacionales, cuya influencia oligopolística sobre los medios de emisión cultural se realiza de manera oculta y privada. En una cultura masmediotizada como la nuestra, en la que ya todo es mercantilizable, – dios, patria, sexo, órganos, verdad, ocio y genes –, el criterio de rentabilidad publicitaria puede funcionar, de hecho, como una censura excluyente. En esa situación, el mercado mismo es la censura.

PANFLETO POLÍTICO

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Marxismo: La categoría de trabajo y la filosofía clásica en el último Lukács

Antonino Infranca

En este ensayo quiero mostrar que la categoría de trabajo, que Lukács desarrolla acabadamente sobre todo en la Ontología del ser social, replantea en el panorama de la filosofía contemporánea la relación con las raíces clásicas del pensamiento filosófico. Lukács ha encontrado en la categoría de trabajo la solución final a un problema que había comenzado a plantearse ya desde sus primerísimas obras: la relación sujeto-objeto, que, siendo ella misma un antiguo problema de la filosofía clásica, requirió una solución a su vez “clásica”. Al mismo tiempo, haber buscado una síntesis entre sujeto y objeto en la categoría de trabajo representa también la proposición de nuevas cuestiones que, olvidadas por la filosofía contemporánea, han vuelto al centro de la atención de los filósofos, que vuelven periódicamente a un modo “clásico” de hacer filosofía.

El rol del filósofo en la sociedad contemporánea y, por consiguiente, la relación aporética entre filosofía y política, o bien la definición de una nueva ética, son cuestiones fundamentales de la filosofía desde los griegos hasta hoy. Son cuestiones que impulsan continuamente a los filósofos a reflexionar sobre el fundamento del pensamiento mismo y de la realidad histórica que viven.

Aquí no tengo intención de afrontar estas cuestiones, sino de interpretar la categoría de trabajo de Lukács a la luz de ellas, considerando esta categoría como parte integrante de una tradición filosófica que de muchas maneras se identifica con la filosofía misma. Utilizaré, por lo tanto, los cánones historiográficos de la filosofía clásica como elementos hermenéuticos del pensamiento del último Lukács, tratando de hacer emerger el valor teorético de algunas de sus conclusiones. Interpretar Lukács en la misma medida que un filósofo clásico, como son Aristóteles o Hegel, Platón o Kant, es un modo de entenderlo; de entender sobre todo que se trata de un pensamiento “fuerte”. Naturalmente, se trata de un enano que se ha alzado sobre las espaldas de gigantes; gigantes que son otros filósofos. En el período de disolución de las ideologías, es oportuno recordar que ningún ideólogo puede alzarse sobre las espaldas de los filósofos, pues sólo un filósofo es capaz de hacerlo. Entonces, se puede releer a Lukács, tal como se lee a otros pensadores “malditos” como Heidegger o Gentile, más libremente, sin el miedo de tener que etiquetarlos o de tener que inscribir la propia lectura en esquemas ideológicos preexistentes. Finalmente, se ha comprendido que los ideólogos, de cualquier signo que sean, son siempre “débiles”, o mejor dicho, producen “falsa conciencia”. Ya es hora de volver a interpretar la palabra ideología en su significado originario: logos del eidos, es decir, de un discurso sobre las ideas, sobre los conceptos. Mi propósito es precisamente intentar una primera aproximación de este tipo con un filósofo que ha sido interpretado ante todo como un ideólogo; para alcanzar este propósito es oportuno restituir al logos y al eidos todo su sentido originario. Puede parecer extraño o paradojal que Lukács se preste a semejante intento, pero quien hace “filosofía a la manera de Aristóteles o Hegel” [1] ,o quien sabe apreciar este tipo de filosofía, ya no es un ideólogo sino un filósofo, aunque sea un enano sobre las espaldas de los gigantes.

La categoría de trabajo

Entrando rápido en el tema, querría precisar que considero el trabajo en Lukács como una “categoría” más que un concepto. No se trata de una cuestión insignificante, al contrario, permite afrontar el tema de este ensayo: la relación entre Lukács y la filosofía clásica. En términos generales es posible definir como “categoría” a la concepción lukacsiana de trabajo, pero en términos históricos no es legítimo. Hablar de categoría implica referirse a los tradicionales significados de “categoría” en la historia de la filosofía, pero el trabajo de Lukács está fuera fundamentalmente de estos significados. De hecho, el trabajo no es una categoría lógica, sino una categoría de la realidad, es decir, una actividad práctica que es capaz de determinar el ser. En tal sentido, el significado hegeliano de “categoría” es invertido, en la más correcta tradición del pensamiento marxista.

El trabajo es, sin embargo, también organon, instrumento, porque permite “el pasaje en el hombre que trabaja del ser meramente biológico al ser social” (Lukács, 1981a, vol. II, pág. 14.). Como tal, el trabajo es instrumento de fundación histórica del ser, porque exterioriza las cualidades de este ser en formas nuevas y originales. El trabajo es la actividad a través de la cual no sólo un objeto viene a ser, sino también el sujeto que trabaja asume una nueva determinación del ser. Este poder de transformación ontológica de la categoría lukacsiana de trabajo la hace una suerte de principio, en el sentido clásico del Anfang y al mismo tiempo, de la proposición fundamental, Grundstaz.

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A crise do PT, a direita e a esquerda

Emir Sader

Data de fechamento do texto: 19 de julho de 2005.

“Não se pode separar mecanicamente as questões políticas das questões de organização”.

Lênin

“O peixe apodrece pela cabeça”.

Mao Tsé-tung

A crise do PT pode aparecer como uma crise dos métodos de ação do partido. A crise parece ter sido exportada para o Congresso e o partido, buscando apurar que parlamentares estariam envolvidos na compra de votos e de que forma membros do partido teriam operado para fazer isso, assim como para financiar atividades partidárias com recursos paralelos. O PT teria construído uma enorme máquina partidária – que estenderia seus braços e pernas na direção dos governos e dos parlamentos –, “confundindo partido com Estado”, como afirmou na sua capa uma renomada revista “bushista” brasileira.

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Els altres “misteris” de Vilanova: treball i política a la primera industrialització vilanovina (1851-1871)*

Albert Garcia-Balañà

“Así es como llegamos al terreno á que queríamos conducir á nuestros lectores, contra cuyo propósito hubieran formulado tal vez graves cargos á no hacerlo con la gradación y deducciones que al presente: á manifestar que la Industria algodonera, como exótica en España, tiene un porvenir incierto y continuamente amenazado, y ser necesario que se procure reducirla en vez de estenderla, empleando los capitales en beneficio de la agricultura é industrias indígenas y naturales del país.”[1]

A mig camí entre la paradoxa i el desconcert, aquest paràgraf resumeix l’únic misteri mereixedor de tal nom que s’amaga al mig miler llarg de planes de Los misterios de Villanueva (1851). És a dir: ¿com s’explica que aquest poti-poti de novel.la romàntica tronada i recreació “histórico-descriptiva” vilatana, tot plegat molt del gust vuitcentista, escrita a moltes mans per la plana major del respectable Diario de Villanueva y Geltrú, es desmarqués amb tanta contundència de la industrialització cotonera, la mateixa que aleshores xuclava capitals locals i transformava la fesomia econòmica i social de la vila?

Els joves promotors del que també fou un fulletó per entregues a les planes del Diario, l’impressor i editor Josep Pers i Ricart (1832-1855) i l’advocat i redactor Teodor Creus i Corominas (1827-1921), justificaren amb arguments explícits el perquè del seu antiïndustrialisme de primera hora: la dependència de primeres matèries i fonts energètiques estrangeres que comportava el negoci cotoner els semblava, en molts sentits, perillosa; també l’ombra aranzelària de l’antecedent britànic, amb les emblemàtiques Corn Laws (1815 i 1845) “sacrifican[do] la agricultura al interés de la industria”; alhora, lamentaven que el potencial de l’agricultura autòctona fos, deien, menystingut encara per l’Estat i pel capital més dinàmic.[2] Una mena de recels que suggereixen hipotètiques angúnies d’aquells grups socials consolidats al voltant de la propietat de la terra i de l’agricultura comercial de més abast, grups ben arrelats i influents al Garraf de mitjan segle XIX.[3] Però el crit d’alerta de la direcció del Diario de Villanueva y Geltrú prevenint contra l’expansió cotonera resulta incomprensible si en fem una lectura en clau estrictament “sectorial”, és a dir, si hi veiem la fractura ineludible entre la tradicional inversió agro-comercial i l’emergent inversió tèxtil. Raimon Soler ha documentat amb detall la contribució del capital comercial vilanoví -òbviament associat a l’exportació agro-alimentària- a l’arrencada industrial del Vuit-cents: la nòmina de “comerciants” inversors en la cotoneria local que Soler ha pogut refer és, per aclaparadora, la millor demostració que el pretès antagonisme entre negoci agro-comercial i negoci cotoner dissuadí ben poques butxaques a la Vilanova d’aleshores.[4] De fet, els mateixos Pers, Creus i companyia ja insinuaren en d’altres passatges més distesos de Los misterios de Villanueva, i sobretot en la trama novel.lada, que el seu malestar vista la incipient industrialització vilatana obeïa també a raons menys elaborades, raons que expressaven una certa psicologia col.lectiva a la Vilanova d’aquells anys.

La història d’amor, fidelitat i traïció que serpenteja per les planes de Los misterios de Villanueva no té més interès que el joc de referents contemporanis de què es val per a metaforitzar les virtuts i baixeses dels personatges. La ficció s’enceta l’any 1835, oposant a la figura de Eugenio, “joven de unos 23 años, hijo de una familia muy considerada en la población” i, sobretot, milicià vilanoví i liberal cristí i sensat, el perfil de Ernesto, també jove però cabdill d’una partida armada de la comarca que fa de Carles V la seva “real pantalla” per a “tener por verdadero rey nuestros caprichos y gustos […] y adquirir riquezas con que comprar luego los placeres que apetezcamos”. La topada entre el liberalisme d’ordre i la facción es produeix, simbòlicament, en el terreny de la disputa entre Eugenio i Ernesto pels favors de María, tota una Carmen de Merimée que arriba al Garraf seguint Ernesto i que s’hi redimeix en braços d’Eugenio.[5] La clau de volta de l’exemplar i inevitable desenllaç reposa però en un personatge satèl.lit, Pedro el tejedor, personatge que és una metàfora gens subtil de la contradictòria percepció que del món industrial tenia la balbucejant intelligentsia vilanovina de mitjan segle XIX. Pedro, teixidor de cotó foraster tot just desembarcat a Vilanova per treballar a la pionera fàbrica “de la Rambla”, s’erigeix, alhora, en un perill per a les vides del bon liberal Eugenio i de la futura esposa María -amenaça que s’estén a la pacífica i ordenada comunitat local- i, paradoxalment, en el seu potencial protector. L’equívoc es desprèn del fet que malgrat les bondats personals i la conducta sense queixa a la fàbrica, Pedro arrossega com la pròpia ombra els dimonis més vius -per recents- de la industrialització de la Catalunya urbana: l’estiu de 1835, teixidor al vapor barceloní de Bonaplata, Pedro havia estat xuclat per la bullanga que cremà la fàbrica, la culminació d’uns dies en què “llevado por un fanatismo igual al que pretendió destruir y esplotado y seducido por un agitador de oficio […] formó parte de las turbas incendiarias y asesinas, llegando a verter por su mano la sangre de un anciano religioso de un convento que de rodillas imploraba su compasión”. És d’aquests episodis, i de l’ull policial, que fuig el teixidor arribat a Vilanova, i són aquests antecedents els que Ernesto i un sinistre agitador carlí -qui coneix Pedro de Barcelona- esgrimiran per fer-li xantatge. Ernesto, per tal que li prepari el terreny a la vila per segrestar i assassinar Eugenio; l’agitador Sr. Munt, per empènye’l a “promover un alboroto y al igual que en aquella ciudad [Barcelona] pegar fuego durante él a esa maldita fábrica [“de la Rambla”]”.[6] Tot plegat es resoldrà d’acord amb les exigències argumentals del fulletó romàntic, en bona mesura perquè el temperat clima social vilanoví contribuirà a fer de Pedro el tejedor un home nou i virtuós. Però la prevenció davant d’un treball industrial indestriable de la guerra social i de la violència de la patuleia haurà impregnat de dalt a baix les planes de Los misterios, i potser també l’imaginari de molts lectors del Diario de Villanueva.

1. La industrialització d’una vila pagesa, marinera i menestral (i algunes bondats socials de la Vilanova no cotonera)

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