El significado del argentinazo
Las jornadas revolucionarias del argentinazo marcan un hito en la historia de las rebeliones populares por la extraordinaria masividad de la sublevación, la arrolladora victoria sobre las fuerzas represivas y el éxito alcanzado en tumbar a un gobierno hambreador. Coronan una década de intensas luchas preparatorias e inauguran una etapa de movimientos más radicalizados y multitudinarios, como ya lo demuestra el cacerolazo que obligó al nuevo gobierno de Rodríguez Saa a despedir a sus funcionarios más corruptos y parecen liquidar su interinato.
La caída de un gobierno civil de origen “progresista” y al servicio del FMI como resultado de la acción directa e inmediata de la movilización popular registra muy pocos antecedentes en el mundo. El éxito del levantamiento se explica por la confluencia en la lucha de todos los sectores de la población golpeados por el ajuste. Esta convergencia de los trabajadores, los desempleados, la clase media y la juventud demolió en 48 horas a Cavallo-De la Rúa y a su estado de sitio.
LOS PROTAGONISTAS.
Una larga secuencia de sublevaciones que comenzaron con el Santiagazo del 93 y continuaron con los levantamientos de Cutral-Có y General Mosconi antecedieron al estallido del argentinazo. Durante los dos principales días de esta rebelión volvió a predominar la movilización de los desocupados y los trabajadores precarizados del conurbano y el interior, que salieron a reclamar comida por medio de la acción directa. Los millones de compañeros que han sido empujados a la miseria absoluta protagonizaron la pueblada en sus barrios y marcaron el rumbo de los cortes de calles a todos los sectores movilizados. Aunque en esta oportunidad la acción organizada del movimiento piquetero tuvo menor incidencia, las formas de lucha que ha introducido ya fijan la pauta de todas irrupciones populares.
El argentinazo condensó un reguero de paros y manifestaciones de trabajadores telefónicos, aeronáuticos, ceramistas, ferroviarios, municipales y docentes, que tuvieron un gran impacto antes y después de la masiva huelga del jueves 13 convocada por las tres centrales sindicales. Cómo tradicionalmente ha ocurrido en la Argentina estos paros constituyeron el telón de fondo de la revuelta general, demostrando por enésima vez que las huelgas “sirven para algo” y que la clase trabajadora -socialmente muy golpeada- continúa jugando un rol decisivo en las grandes confrontaciones. Pero la intervención organizada de clase obrera no tuvo durante las dos jornadas claves del estallido, la gravitación del 17 de octubre, del cordobazo o de la huelga general del 75, porque el temor al desborde popular indujo a las dos CGT y a la dirección de la CTA a colocarse en un segundo plano, muy alejado del epicentro de la lucha.
La clase media lideró la espontánea explosión del miércoles 19, que culminó con la ocupación de la Plaza de Mayo. La confiscación de los plazos fijos y la bancarización forzosa fue la gota que rebalsó el vaso de una semana de indignación en los bancos y varios años de resistencia a la pauperización. Los votantes de la Alianza que habían inaugurado los cacerolazos de la mano del Chacho Alvarez terminaron haciendo un ruido ensordecedor frente al hogar de su socio Cavallo. Ya habían ganado la calle en protestas anteriores (por ejemplo, contra las inundaciones), pero esta vez nadie se quedó en su casa.
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