Más (eco)filosófico que nunca

Salvador López Arnal

Reseña de Jorge Riechmann, Informe a la Subcomisión de Cuaternario, Madrid: Árdora Ediciones, 2021, 442 páginas.

Un libro tan inagotable como este Informe exigiría una reseña más extensa y detallada. Esta aproximación, injusta por breve, se abre con lo que el autor considera el mayor problema filosófico al que hacemos frente: «aceptar el colapso ecosocial que marca nuestro presente, elaborar de forma productiva el duelo que una trágica situación así debería generar, y ser capaces de ir construyendo una cultura gaiana de simbiosis entre humanidad y naturaleza», y con una de las ideas de fondo que vertebra una buena parte del libro: «En cuanto a mí, el momento más difícil fue llegar a la conclusión –hacia 2013– de que el tragaluz de la esperanza materialista se había cerrado. Si desde mucho antes trabajaba con la perspectiva de que las cosas estaban muy difíciles pero aún podía enderezarse el rumbo, llegué entonces a la convicción de que ya no era posible. Y eso supuso un tiempo para reordenar actitudes y prioridades». Su mudanza a Cercedilla (Sierra de Guadarrama, Madrid) «tiene que ver en parte con ese proceso: es un lugar donde puede uno pedir perdón a los árboles y a los animales, y explorar la mortalidad de nuestra civilización. Me consta que hay gente que ha padecido depresiones severas al hacerse cargo de la enormidad de la situación» (p. 20).

Magnífica, bellísima edición. Informe a la Subcomisión de Cuaternario (por la subcomisión de geólogos que tenían que decidir sobre el Antropoceno como nueva etapa geológica) reúne las características de una buena parte de la amplísima bibliografía de Jorge Riechmann, profesor de filosofía moral, matemático, poeta, ecologista, traductor, maestro de muchos de nosotros y activista imprescindible: bella prosa (poética en muchos momentos), excelente composición, información reciente y contrastada, tensión poliética ininterrumpida, buenas argumentaciones, profunda y sentida preocupación por los graves peligros que nos acechan en el Siglo de la Gran Prueba (uno de sus hallazgos expresivos), homenaje a los grandes maestros (Lynn Margulis, James Lovelock), descubrimientos de nuevos autores y nuevas problemáticas, construcción de una filosofía (como forma de vida, en la línea de Pierre Hadot) que nos ayude a saber a qué atenernos y cómo vivir, etc. El centro de gravedad del Informe responde «a un planteamiento a largo plazo sobre lo que podría ser una cultura humana viable, de inspiración gaiana, en el tercer planeta del Sistema solar». Desde el punto de vista del autor, que en absoluto es difícil compartir, la inmensa y urgente tarea de la hora.

La singularidad de este nuevo libro reside, en mi opinión, en que Riechmann se nos muestra en él más filosófico, más místico (en el buen sentido del concepto), más introspectivo y más directo que nunca, con hipótesis, conjeturas y tomas de posición que merecen siempre lectura atenta y reflexión. Un ejemplo: «La idea de fondo está emparentada con las tradiciones sapienciales, desde las mediterráneas, como la epicúrea, a las orientales, como el budismo. Consiste en una atención intensa al presente, un trabajo encaminado a deshacer engaños y autoengaños, a sentirse parte de lo que realmente somos: Gaia y el universo.»

El índice es el siguiente: 1. A modo de prólogo. 2. Informe a la Subcomisión de Cuaternario (subtítulo: «Trabajos hacia una bioética como si la vida importase, tratando de contribuir a una nueva cultura de la Tierra que la llame por su nombre: Gaia»). 3. Notas (mucho más que meras referencias bibliográficas).

«A modo de prólogo» es una larga e interesantísima conversación entre los editores y el autor, fechada el 8 de abril de 2019, anterior a la publicación de Otro fin del mundo es posible, más un intercambio telemático, una postdata fechada en junio de 2020 (ya en tiempo de pandemia), una excelente ocasión para adentrarse en aspectos biográficos, poliéticos y culturales del autor. Un ejemplo: «Si yo no me hubiera encontrado con Manuel Sacristán [1925-1985] y la gente de la revista mientras tanto –involucrados en la construcción del gran movimiento social ecopacifista para la salida de la OTAN–, hubiera carecido de una educación política que ha sido para mí, con mucha diferencia, más importante que cualquier educación formal».

¿Dónde sitúa Riechamnn el nuevo libro en el conjunto de su obra? Los editores le preguntan al respecto: «¿Tus diarios de trabajo estarían incluidos en ese inventario? ¿Informe para la Subcomisión de Cuaternario es un libro de este tipo?». El Informe, señala el autor, no pertenece a esta categoría. «Diarios de trabajo como tales he escrito tres hasta ahora –Una morada en el aire (2003), Bailar sobre una baldosa (2008) y La pluma del arrendajo (inédito)–, y comencé un cuarto al llegar aquí: «Papeles de Cercedilla»… Contienen muy pocos elementos personales; no son diarios para reflejar estados de ánimo, peripecias vitales o cosas semejantes». En cambio, Informe para la Subcomisión de Cuaternario es un ensayo en fragmentos (algunos de ellos muy extensos, otros breves) que se situaría en la estela de libros suyos como Fracasar mejor (2013) y Peces fuera del agua (2016).

El Informe propiamente está compuesto de un extenso conjunto de reflexiones (pp. 57-355), de extensión desigual: entre la máxima brevedad y el desarrollo detallado. Una breve muestra de mis preferencias: «lo peor –que ya está ocurriendo–»; «en casa en el universo» (esencial para entender las posiciones de fondo del autor); «mentes por todas partes»; «Ignacio Echevarría relee el Hiperión de Hölderlin»; «sobre ciencia y dominación»; «lo que merece ser contado: sobre ciencia y mito»; «fuera de la Historia, fuera del Ego (reflexiones de un dos de octubre)»; «el Capitaloceno»; «estar dispuesto a morir antes que a matar»; «belleza, bondad y verdad».

Dos ilustraciones: 1.«El problema número uno. Nuestro problema número uno en el Siglo de la Gran Prueba es el funcionamiento de la humanidad como plaga, como una suerte de Gran Ameba acéfala (más abajo volveremos sobre esa imagen); y ni siquiera lo vemos. Nuestro fracaso a la hora de hacer frente a la crisis ecológico-social (cuya manifestación más obvia es el calentamiento global) da la puntilla al Mito del Progreso y nos desengaña sobre nuestra ilusión de considerarnos seres pensantes: la Gran Ameba no piensa.» 2. «¿cómo te ves a ti mismo dentro de veinte años? Soy un suicida de permiso».

Hablaba de reflexiones filosóficas que deben merecer nuestra atención. Algunos ejemplos, a manera de aperitivo:

1. «Hay culturas que saben habitar la Tierra como nuestras sociedades industriales no logran hacerlo. Y a veces –sería interesante hablar de ello con antropólogos e historiadores–, uno barrunta que a consecuencia de una derrota. Una de las sociedad más admirables que conozco es la formada por varias etnias –en especial, koguis y arhuacos– de la Sierra Nevada de Santa Marta, que es la cadena montañosa cercana al mar más alta del planeta. Cimas de cinco mil metros en la costa del Caribe colombiano. En las faldas de la Sierra viven algunas tribus cuyas formas de espiritualidad recuerdan en algunos aspectos al budismo tibetano.»

2. «El problema es que nuestra cultura está vuelta al revés, cabeza abajo, incapaz de integrar todo el conocimiento fiable que poseemos sobre un montón de cuestiones. No nos creemos lo que sabemos. El hecho de vivir como si fuéramos conquistadores extraterrestres en el único planeta a nuestra disposición da idea del disparate en que estamos metidos, pese a ser animales conscientes y aptos para el conocimiento científico.»

3. «William James definió la religión como la “sensación de hallarse en casa en el universo”. La cuestión es si podemos sentirnos legítimamente en casa en el universo sin ceder a ilusiones ni autoengaños».

4. «Pero –debería ser obvio– no puedo inventarme el mundo para que me resulte más cómodo vivir en él. El sentido no es algo que nos venga dado por un Gran Diseñador, sino que se trata de algo que construimos los seres humanos (u otros seres conscientes) –y ello con independencia del nivel de teleología o teleonomía, que podamos encontrar en la naturaleza–».

5. «Lo imposible como una dimensión de lo real».

6. «Amigos, amigas: desconfiemos de la verdad si esta se nos presenta completamente depurada de tragedia».

7. «No hay posible racionalidad colectiva sin reflexión y deliberación. Y no hay reflexión ni deliberación sin tiempo suficiente, sin espacios de silencio, sin reconocimiento del otro y sin real disposición a la autocrítica (que pueda desembocar en el abandono de nuestros preciosos puntos de vista previos).»

Como se indicó, no son las notas del ensayo, pp. 357-442, 464 en total, un simple conjunto de referencias bibliografías. Son mucho más que eso. Algunas, en sí mismas, breves artículos; en otros casos, reflexiones de las que estirar; también cuidadosas traducciones de autores que el autor nos descubre. Mis recomendaciones: la 59, la 134, la 146, la 158, la 260, la 375, la 433 (este última es un esquema de la ética en cuatro puntos). La 283 es de especial interés para los interesados en la situación política de .Cat.

Este libro, puede leerse en la última página, «se llevó a imprimir al final de enero de 2021. Un mes nefasto, porque en él abandonó la vida la poeta Guadalupe Grande (Madrid, 1965), que un día escribió por todos nosotros: “Aturdidos de tanto saber / y de no entender nada…”. Guardamos su memoria». El ensayo de Jorge Riechmann nos ayuda a entender.

PS: Informe a la Subcomisión de Cuaternario está dedicado a Paco Puche: «fuente de inspiración gaiana para quienes hemos tenido la dicha de tratarle». También le está dedicada esta reseña: a su memoria, en su honor.

Fuente: El Viejo Topo, julio-agosto de 2021.

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