Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Brasil está en una encrucijada

* Dirigente del MST y Vía Campesina

Vivimos en un territorio rico, con una capacidad de producción de riquezas impresionante, pero con reglas que producen una sociedad desigual, injusta, perversa.

El Brasil es la sociedad más desigual del planeta, donde existe más distancia entre ricos y pobres. ¿Pero por qué ocurre eso? La vieja broma contada es de que Dios, al hacer nuestro planeta, nos dio todo de bueno, de recursos naturales y de generosidad popular. Pero, en compensación, nos dio una plaga de décadas y décadas de políticos, o sea, personas responsables por la cosa pública, corruptos e irresponsables.

Broma aparte. Nuestra sociedad padece problemas con orígenes históricos que vienen de la época del colonialismo y de la esclavitud. Otros problemas tienen sus orígenes en los modelos económicos adoptados en el siglo XX, que culminaron con los 12 años de neoliberalismo de los gobiernos de Collor-FHC (Fernando Henrique Cardoso).

Pues bien, en las elecciones de octubre, el pueblo brasilero dijo no al neoliberalismo y votó por cambios. Votó bien. Pero votó por cambiar el modelo neoliberal, sin saber qué otro modelo adoptar. ¿Por qué hizo esto? Porque infelizmente el marqueting televisivo electoral sustituyó al debate de ideas. Empobreció, política y culturalmente, a nuestro pueblo.

Y ahora, incluso con Lula en el plan alto, la sociedad continúa en la misma encrucijada. Hay una disputa permanente en el gobierno, en la sociedad, y en los medios de comunicación sobre cual camino ha seguir de aquí para adelante. Un sector de las élites y que está también en el gobierno quiere mantener el neoliberalismo, la libertad total al capital internacional. Y con eso quiere adherirse al ALCA, al FMI, al Banco Mundial, y la OMC. Como si este camino fuese la solución para nuestros problemas.

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La Pregunta: ¿Cómo queda el Imperio después de la invasión en Irak?

Toni Negri

Antes de nada, nos interesa aquí definir el cuadro geopolítico que se ha venido presentando en esta primera década del siglo XXI. Para proceder a esta definición, tómese como clave los eventos de Seattle, inténtese comprender cómo de aquellas luchas contra la mundialización neoliberal (puesta en acto por un capitalismo que había triunfado sobre la gestión soviética del capital y, consecuentemente, unificado el mundo bajo el propio mando) se llega hasta el 15 de febrero de 2003, cuando 110 millones de personas, una multitud por la paz, se oponen al diktat de las potencias occidentales imperiales contra Irak: el cuadro geopolítico no podrá ser definido aquí más que a partir de la crisis (es decir, del enfrentamiento) de las superpotencias que actúan en la globalidad, es decir, el imperio y las multitudes. Desde esta perspectiva, está claro que el sistema soberano del Imperio es dual, y que solamente podrá ser definido considerando la dialéctica que pone en una relación destructiva y/o constructiva a las multitudes y al soberano: comencemos entonces por definir al soberano y cómo acosa su acción.

El soberano ha declarado su estrategia. Su táctica es discutida todos los días por la denominada opinión pública, propagada y contrastada, pero aún así está bien atada. El primer objetivo estratégico ha consistido en hacer madurar la crisis de las instituciones del viejo orden internacional. Si el soberano imperial quiere gobernar la globalización, debe de hecho privar a la Organización de Naciones Unidas de toda capacidad política y jurídica efectiva. Cuando al final de la segunda guerra mundial se creó la ONU, confluían en ella la aspiracion iluminística a un gobierno cosmopolita y al diseño democrático de los Estados que habían liderado y ganado la guerra antifascista. Las Naciones Unidas parecieron poder constituir tanto el núcleo de un futuro Estado mundial como el dispositivo gobernativo que preparase su realización. Todo esto ha terminado en el último medio siglo aproximadamente. Implicadas en la Guerra Fría y neutralizadas por su incapacidad de romper con los mecanismos burocráticos que se habían afirmado en su interior, bloqueando toda exigencia de renovación, con la caída del orden bipolar las Naciones Unidas han caído a su vez bajo el dominio de la única superpotencia imperial residual. La hegemonía estadounidense en la ONU se ha hecho pesadísima. La ONU se ha convertido en el lugar donde la hegemonía unilateral de Estados Unidos ha podido jugar mejor su juego. Y es también, paradójicamente, el lugar donde menos se ha podido expresar una imaginación de poder adecuada a la globalización. Actualmente es clara y violentamente activa la voluntad estadounidense de liquidar a la ONU después de la imprevista derrota diplomática sufrida en el momento de la declaración de la segunda guerra iraquí. Ahora se trata de comprender cuáles serán las formas en que se organizará esta voluntad.

Pero para considerar el cuadro actual pos-guerra contra Irak es preciso, tras haber subrayado la crisis de la ONU, recordar en segundo lugar que, a partir del final de la Guerra Fría, el soberano capitalista estadounidense de todos modos comenzó a penetrar en las tierras del ex-enemigo, a desplazar y redefinir los límites, a organizar una gran red de control, única en el mundo. Las políticas de contención del mundo occidental respecto a la Unión Soviética han sido ahora releídas en términos de un roll back que no tenía nada de abstracto, sino que consistía más bien en la construcción de bases militares en territorios de la ex-Unión Soviética, un proceso de infiltración militar antes que ideológica y humanitaria. Por lo tanto, la misión civilizatoria se había agotado muy rápido… la penetración imperial de Estados Unidos se presentaba en términos precisos, no equívocos: ahora, en una década, es como una gran media luna del mando imperial la que se extiende de Medio Oriente a Corea del Norte atravesando los territorios ex-soviéticos de Asia central, con un ahondamiento austral de bases estratégicas (Filipinas y Australia).

De este modo, se ha configurado un horizonte político nuevo y global. El soberano ha asumido un papel imperial. Un enorme poder militar se despliega por el mundo. La operación está, sin embargo, todavía inconclusa. Existen zonas con relevancia estatal y aspiraciones globales que ni están ni podrán estar nunca incluidas en el régimen imperial. Por consiguiente se tratará, por parte del poder imperial, de volver frágiles estas potencias, de encerrarlas en su “disposición zonal” y/o “continental”, así como de integrarlas eventualmente en una estructura jerárquica con el fin de controlarlas de forma segura y eficaz. Se trata sobre todo de las tres grandes potencias que, en el flujo geopolítico imperial, no pueden ser anuladas y que, antes o después, podrían constituir un peligro: Europa, Rusia y China. Obviamente, la voluntad hegemónica y el proyecto estratégico del soberano imperial estadounidense preven bajo presión a estas tres potencias: así, la guerra iraquí ha atacado directamente la posibilidad de existencia de la potencia industrial europea, arrebatándole todavía más el control de las fuentes energéticas; la designación de Irán como “Estado canalla” expande la amenaza imperial en el bajo vientre asiático de Rusia; el aislamiento y la represión de una eventual amenaza nuclear proveniente de Corea del Norte debilita el flanco de toda política de la potencia china. Las perspectivas geopolíticas y los instrumentos del poder imperial se definen así de forma plena: el proyecto de guerra preventiva, cuya concepción precede al 11 de septiembre, se ve aquí acelerado; los procesos de jerarquización, segmentación y de aislamiento eventual de mundos continentales alternativos se ven aquí afirmados definitivamente. Tras la guerra iraquí ya no existe la posibilidad de considerar el programa imperial como un programa aleatorio en las formas y particularmente intenso en el tiempo. El poder mundial no se comparte con nadie y la América posterior al 11 de septiembre parece haber elegido definitivamente la vía de la organización unilateral del orden global, liquidando de esta forma a sus partners, subordinando y articulando la alianza con ellos siempre dentro de “cooperaciones voluntariosas” diversas y contingentes. La OTAN y las otras organizaciones/alianzas militares ya no resultan útiles al soberano imperial —pues podrían influir en la toma de decisiones, aportando así sus exigencias aleatorias a la perspectiva hegemónica en el choque contra los globalistas.

Tras el 11 de septiembre, con la preparación y el desarrollo de las guerras afgana e iraquí se afirmó el unilateralismo norteamericano. Como hemos visto, este nuevo dispositivo ha generado consecuencias geopolíticas y ha producido un reordenamiento geoestratégico fundamental. Este reordenamiento, confirmado con el final de la guerra iraquí, se ha diseñado en torno a tres elementos, que intentaremos describir a continuación. Se trata de dispositivos en sí mismos críticos: en el momento en que se configuran nuevas posibilidades de ruptura, al mismo tiempo éstas cubren y mistifican viejas fracturas no resueltas.

Un primer elemento del reordenamiento geoestratégico consiste en la reorganización regional y jerárquica de las potencias mundiales. El Grupo de los 8 (G8) ya no se configura como un encuentro entre pares, sino como una corte con un primus inter pares. El orden imperial apuesta a gobernar mediante unidades y filtros regionales. Su mando se despliega en una relación jerárquica. La situación sigue estando ciertamente abierta: así al menos resulta oportuno considerarla si, en nuestra aproximación, tenemos en cuenta el carácter intempestivo a menudo presente en las relaciones de fuerza geopolíticas y en la realización efectiva de las tensiones normativas de la política internacional. Las unidades regionales pueden constituir de hecho elementos de contradicción respecto a la unidad jerárquica del orden geopolítico y del mando soberano imperial. Que coincidan el nuevo orden geopolítico y el imperial es puesto en duda de hecho por algunos protagonistas políticos y económicos del proceso. Es en esta perspectiva en la que, por ejemplo, se valoran las oscilaciones de la voluntad política contradictoria de la Unión Europea, unas veces abierta a la alianza atlántica hacia los Estados Unidos y otras a la perspectiva de la unificación continental con Rusia. Es aquí donde el mundo ex-soviético en ocasiones se dispone al acuerdo con el vértice imperial mientras que en otras intenta compactaciones internas y alianzas europeas, siguiendo viejas líneas geopolíticas que parecen mantener su fuerza propulsiva. Y en este cuadro es donde se desarrollan, como se ha dicho, los extraños experimentos chinos de “democracia de las clases medias” y las curiosas experimentaciones de una “globalización autocentrada”. Pero este impulso regional en el marco del reordenamiento estratégico del orden imperial no se afirma solamente en las políticas y en la acción económica de los grandes centros continentales sino que encuentra también correspondencias en América Latina, allí donde se producen experimentos de autonomía regional, sobre todo en torno a Brasil. Y además, ¿se puede imaginar un reordenamiento estratégico de las zonas mediorientales fuera de la organización de un poder regional?

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Como sair do neoliberalismo

Theotonio Dos Santos

Correio da cidadania, ed. 364 – semana de 20 a 27/09

O debate político no Brasil postula uma nova problemática para a teoria da economia política. O governo do presidente Lula pretende aplicar uma nova política econômica que privilegie o crescimento econômico, a distribuição da renda e garanta a autodeterminação no plano econômico e a integração nacional e regional da economia. Ao mesmo tempo, pretende manter a inflação sob controle e assegurar o equilíbrio e, sobretudo, a moralidade das contas públicas.

Para realizar estas metas, o governo tem que reverter a política econômica anterior que levou o país à recessão, à concentração de renda, à desintegração do aparato econômico nacional e ao debilitamento da integração regional (comprometida pela aplicação de políticas econômicas instáveis e mesmo opostas). Ao mesmo tempo, nos últimos anos, verificamos um aumento da inflação, assim como uma acumulação de escândalos financeiros que comprometeram gravemente a moralidade pública.

Contudo, o governo se confronta com graves bloqueios ideológicos, psicológicos e, sobretudo, científicos. O chamado "pensamento único" colocou na cabeça das pessoas a idéia de que é o único capaz de garantir a "estabilidade econômica" e de orientar corretamente as políticas econômicas. Ainda que sua aplicação tenha levado à acentuação dos desequilíbrios econômicos, à recessão e ao fracasso de suas metas, o aparato publicitário que o implantou continua sustentando sua correção e a impossibilidade de substituí-lo.

Mas não é somente um bloqueio mental. Há vastos interesses que reivindicam a manutenção da política do desastre. Trata-se sobretudo do poderoso capital financeiro nacional e internacional, que conseguiu organizar, nos últimos 20 anos, um aparato de sucção dos superávits fiscais e cambiais disfarçados de políticas públicas respeitáveis e sobretudo insubstituíveis. É interessante notar como o aparato ideológico é contraditório. Ele apresenta como seu objetivo a realização do equilíbrio automático da economia, garantido pela força estabilizadora do mercado, que é ao mesmo tempo uma garantia de eficiência através da sua capacidade de assignação racional dos recursos. Na prática, as políticas neoliberais têm dado origem aos desequilíbrios cambiais, fiscais e monetários mais dramáticos. Contudo, com o auxílio dos meios de comunicação e do terrorismo intelectual, os responsáveis por estes desatinos conseguem transformá-los numa razão a mais para continuar as políticas que os geraram.

Este é o caso do Brasil neste momento. Os derrotados nas eleições presidenciais de 2002, devido à gravidade de seus desatinos técnicos e morais, conseguiram paralisar até o momento a aplicação de uma nova política econômica, em conseqüência das dificuldades geradas pelas políticas que seguiram.

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Conferência Nacional em Defesa do Emprego, dos Direitos, da Terra e do Parque Fabril Brasileiro

SC – Joinville, 3,4 e 5 de 0utubro de 2003 Companheiros e companheiras,

A seguir vocês encontrarão as principais resoluções da Conferência. Seus resultados um passo e um ponto de apoio para a classe trabalhadora brasileira em sua resistência contra as demissões, contra o desemprego, a luta pela terra, contra o fechamento das fábricas, enfim, a luta da classe trabalhadora pela sobrevivência.

Com a presença de 2.000 participantes no Ato de abertura, na Sexta-feira, e 531 delegados inscritos, de sete estados, durante três dias uma profunda e fraterna discussão foi realizada. Trabalhamos para encontrar os pontos de unidade e de ação para barrar a ofensiva dos capitalistas e os governos contra os direitos e conquistas sociais, democráticas e nacionais.

A representatividade do Ato de Abertura e das delegações era atestada pela mesa de abertura composta pelas organizações que convocaram a Conferência (os três Conselhos de Fábrica, a CUT/SC, o MST, o Centro de Direitos Humanos de Joinville – CDH/JO), além de representante da CUT Nacional, da Direção Nacional do MST, do Movimento Nacional de Direitos Humanos, do Governo Federal e Ministério do Trabalho, de representante do presidente da Camara de Deputados, do governo do Estado de SC, da Prefeitura e da Câmara de Vereadores de Joinville, do Sindicato dos Químicos de Campinas (região da Flasko) além da CUT de Pernambuco e vereadores do PT e PC do B. Inúmeras saudações foram recebidas de sindicatos e trabalhadores de diversos estados, de Juízes do Trabalho e de entidades democráticas. Além de uma saudação do Acordo Internacional dos Trabalhadores e dos Povos, enviada da França, e uma de sindicalistas dos Estados Unidos. Um representante do Diretório Nacional do PT trouxe uma saudação de José Genoíno, presidente nacional do PT.

Após três dias de intenso debate os delegados adotaram, por unanimidade, as principais resoluções da Conferência:

– A aprovação de uma Carta aos Trabalhadores do Brasil.

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Crítica del concepte de «revolució burgesa» aplicat a les revolucions dels drets de l’home i del ciutadà del segle XVIII

Florence Gauthier

La tradició marxista veu en les revolucions de la llibertat i de la igualtat, que varen precedir allò que hom ha anomenat "la revolució proletària" inaugurada per la revolució russa, unes "revolucions burgeses". Se sap que Marx ha deixat elements d’anàlisi, que presenten moments diferents i àdhuc contradictoris de la seva reflexió, corresponent a l’evolució dels seus coneixements i de la seva comprensió de la revolució francesa. L’esquema interpretatiu, del qual tractarem en aquest treball, ha estat produït per la tradició marxista i es ell mateix una interpretació dels anàlisis deixats per Marx.

De totes maneres, la meva intenció no es pas reconstruir la forma com un esquema interpretatiu tal ha estat produït, encara que aquest treball resta per fer, i fins i tot és urgent, si no, més precisament, cercar de saber si aquest esquema interpretatiu correspon a la realitat històrica.

Per a situar el problema. jo em limitaré a l’exemple d’allò om anomena "Revolució francesa". I jo voldria començar recordant el sofriments que alguns grans historiadors marxistes s’han infligit ells mateixos, per a fer quadrar els resultats de la seva recerca dins l’esquema interpretatiu de la "revolució burgesa".

A principis del XXè segle, s’entenia la Revolució francesa com a "revolució burgesa" en el sentit en que la direcció política de la revolució hauria restat sempre en mans de la burgesia, passant d’una fracció de la burgesia a altra . Les tasques d’aquesta revolució haurien estat acomplertes pels cops d’ariet donats pel moviment popular, considerat com a no pensant i que es trobava doncs en la incapacitat d’assumir qualsevol paper dirigent.

De totes maneres, com es tractava d’una "revolució burgesa", es buscava un embrió de "proletariat". I om interpretà llavors la presencia dels Enragés, dels Herbertistes, dels Babouvistes, com petits grups "comunistes", esbós d’un moviment futur, el de la "revolució proletària". Aquesta interpretació està present a Jaurès, en la seva Historia socialista de la revolució francesa. L’ obra depassa d’altra banda aquest esquema interpretatiu, gràcies a la publicació de molt nombrosos documents, sovint in extenso, que deixen sentir les veus múltiples dels revolucionaris, i que contradiuen mantes vegades l’esquema interpretatiu [1]. Albert Mathiez reaccionà davant d’aquesta interpretació marxista d’una revolució "burgesa", que feia incomprensible l’esdeveniment, i que ell adjectivà com a "beneiteria enorme" repetida per "dòcils escolars"[2].

Però fou després de la publicació de les grans monografies fonamentades en l’erudició i consagrades per primera vegada als moviments populars endegades per Georges Lefebvre i els seus alumnes, Richard Cobb, George Rudé, Albert Soboul, Kare Tonnesson, que l’esquema interpretatiu de la "revolució burgesa" esclatà. Lefebvre il.luminà la presència d’una revolució camperola autònoma en les seves expressions i les seves formes d’organització i d’acció[3]. Els seus alumnes varen fer un treball de la mateixa amplada a les ciutats il.luminant la revolució sans-culotte[4]. El poble retrobà llavors el seu nom i la seva dignitat revolucionària. Això fou el toc a morts de la "revolució burgesa". La tesi de Cobol féu l’ escàndol descobrint allò que la historiografia actualment intenta dissimular amb tots els mitjans: la democràcia comunal, viva, creadora de formes de vida política i social noves recolzant-se en la ciutadania i en la sobirania popular, creant un espai públic democràtic, alimentant-se dels drets de l’home i del ciutadà i fins i tot inventant, en concert amb la revolució pagesa, un nou dret de l’home: el dret a l’existència i als mitjans per a conservar-la. Breument, la descoberta d’un veritable continent històric, desconegut fins a aquests treballs.

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Un nuevo escenario de las luchas de clases

Evaluación, inflación y grupos sociales

El gobierno de Duhalde intenta reprocesar las demandas populares para que nada cambie. La nueva política económica descargará los costos de la devaluación sobre los salarios y proseguirá el ajuste fiscal para acceder a los favores de Washington. La inflación abrirá un nuevo escenario de las luchas de clases.

La enorme oleada popular que volteó a De la Rúa y Cavallo y devolvió a Rodríguez Sáa a la tranquilidad de San Luis, ahora será utilizada para sostener el brazo de los devaluacionistas. Sin embargo, este intento de reprocesar las demandas populares desde el gobierno para que nada cambie, necesariamente seguirá conviviendo con el fantasma de los cacerolazos, ya que el (¿nuevo?) esquema de política económica descargará los costos de la devaluación sobre los salarios y proseguirá el ajuste fiscal para acceder a los favores de Washington. Para colmo de males, los dos núcleos más sensibles que hoy concentran el malhumor social, el inédito nivel de recesión y el "corralito", seguirán vigentes por más discurso keynesiano que se ensaye. El primero, porque la devaluación agravará la caída de los salarios reales a favor de unos pocos exportadores e industriales locales y, sumada al ajuste estatal, profundizará el derrumbe productivo; el segundo, porque el "corralito" solo se abrirá en cuentagotas remachando la depresión económica, ya que la plata que los ahorristas pusieron en los bancos fue fugada al exterior consumando uno de los robos más flagrantes de la historia.

Devaluación

La devaluación anunciada por Remes Lenicov supone una transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los exportadores y algunos grupos industriales. Al no haber control de precios ni compensación alguna, la devaluación se trasladará preventivamente a los precios domésticos minando el poder de compra de los alicaídos salarios reales. Quizás el gobierno logre sortear el descontrol hiperinflacionario, pero sin dudas tolerará la caída de los ingresos reales.

Por caso, antes del anuncio formal de la devaluación se implementaron fuertes remarcaciones de precios en productos de consumo masivo, anticipando la suerte de los salarios. Los supermercadistas y empresarios del sector alimentario se comprometieron con el gobierno a no aumentar los precios "más allá de la pauta cambiaría", o sea: prometieron acomodar los precios según cómo impacte la devaluación en sus costos. El gobierno les creyó.

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El retorno de la Argentina plebeya

Raúl Zibechi

Pocas veces a lo largo de una generación suceden hechos como los del 19 y 20 de diciembre en Argentina: cientos de miles, desafiando la represión, poniendo en juego sus vidas y las de sus hijos, se lanzaron a las calles simplemente para decir ¡basta!

Apenas el presidente Fernando de la Rúa finalizó su mensaje anunciando la implantación del estado de sitio, el miércoles sobre las 11 de la noche, cientos de miles de argentinos ganaban las calles. Y lo hacían de una forma inesperada, autoconvocados; ante la sombría decisión del gobierno respondieron con la algarabía y la fiesta, ocupando calles y plazas. En la puerta del domicilio de Domingo Cavallo, el renunciado ministro de Economía, se juntaron a medianoche hasta 4.000 personas. Familias enteras con niños, tambores, camisetas de Boca; cantaban, sonreían, festejaban. Sólo se vieron banderas argentinas. Una vez más, la forma de la protesta revelaba su contenido: violaron el estado de sitio, mostrando que habían perdido el miedo, y lo hicieron ocupando el espacio público, festejando y bailando.

Puede preguntarse, y seguramente muchos lo harán, qué cosa había para festejar la noche del miércoles 19, sumido como está el país en su peor crisis en décadas. Una crisis que no tiene, aprentemente, salida, aunque por ahora consiguieron nada menos que anular las restricciones al retiro de fondos bancarios. Más aún, ¿no saben los argentinos que protestan, saquean y se rebelan que una salida probable es un nuevo y más terrible genocidio? Y pese a todo, festejan.

Sin embargo, lo habitual es eso. Las insurrecciones populares, en contra de la imagen que siempre han querido trasmitir las elites, suelen estar marcadas por la alegría y el placer de estar juntos, de desafiar, de recuperar los espacios de los que los sujetos sociales habían sido expulsados por la voracidad del capital. Henry Lefebvre interpretó la Comuna de París, el primer gran experimento de poder obrero, en 1871, como la réplica popular a la estrategia urbanística de Haussmann: "Los obreros, expulsados hacia los barrios y comunas periféricas, se volvieron a apropiar del espacio. Trataron de volver a entrar en posesión de éste, dentro de una atmósfera festiva, guerrera pero llena de colorido". La derrota que los argentinos le infligieron al modelo (porque de eso se trata) tiene su lógico corolario festivo. Pese a los muertos; una veintena hacia el atarceder del jueves. Muchos ya no encuentran diferencia entre morir en la soledad individual, íngrimos, o morir baleados en la calle, compartiendo el destino con los demás. 55 niños mueren en Argentina por mes por "causas evitables", dos por día, según denuncian las organizaciones humanitarias.

Mirar hacia atras

La pueblada argentina del 19 y 20 de diciembre se produce en el pico más alto de las luchas sociales desde el período 1969-76. O sea, desde el ciclo de protesta social inaugurado por el Cordobazo y frenado en seco por el genocidio de la dictadura. Las formas de la protesta ponen de manifiesto la envergadura de los cambios económicos y sociales, pero también políticos y culturales de los sectores populares.

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El significado del argentinazo

Claudio Katz

Las jornadas revolucionarias del argentinazo marcan un hito en la historia de las rebeliones populares por la extraordinaria masividad de la sublevación, la arrolladora victoria sobre las fuerzas represivas y el éxito alcanzado en tumbar a un gobierno hambreador. Coronan una década de intensas luchas preparatorias e inauguran una etapa de movimientos más radicalizados y multitudinarios, como ya lo demuestra el cacerolazo que obligó al nuevo gobierno de Rodríguez Saa a despedir a sus funcionarios más corruptos y parecen liquidar su interinato.

La caída de un gobierno civil de origen “progresista” y al servicio del FMI como resultado de la acción directa e inmediata de la movilización popular registra muy pocos antecedentes en el mundo. El éxito del levantamiento se explica por la confluencia en la lucha de todos los sectores de la población golpeados por el ajuste. Esta convergencia de los trabajadores, los desempleados, la clase media y la juventud demolió en 48 horas a Cavallo-De la Rúa y a su estado de sitio.

LOS PROTAGONISTAS.

Una larga secuencia de sublevaciones que comenzaron con el Santiagazo del 93 y continuaron con los levantamientos de Cutral-Có y General Mosconi antecedieron al estallido del argentinazo. Durante los dos principales días de esta rebelión volvió a predominar la movilización de los desocupados y los trabajadores precarizados del conurbano y el interior, que salieron a reclamar comida por medio de la acción directa. Los millones de compañeros que han sido empujados a la miseria absoluta protagonizaron la pueblada en sus barrios y marcaron el rumbo de los cortes de calles a todos los sectores movilizados. Aunque en esta oportunidad la acción organizada del movimiento piquetero tuvo menor incidencia, las formas de lucha que ha introducido ya fijan la pauta de todas irrupciones populares.

El argentinazo condensó un reguero de paros y manifestaciones de trabajadores telefónicos, aeronáuticos, ceramistas, ferroviarios, municipales y docentes, que tuvieron un gran impacto antes y después de la masiva huelga del jueves 13 convocada por las tres centrales sindicales. Cómo tradicionalmente ha ocurrido en la Argentina estos paros constituyeron el telón de fondo de la revuelta general, demostrando por enésima vez que las huelgas “sirven para algo” y que la clase trabajadora -socialmente muy golpeada- continúa jugando un rol decisivo en las grandes confrontaciones. Pero la intervención organizada de clase obrera no tuvo durante las dos jornadas claves del estallido, la gravitación del 17 de octubre, del cordobazo o de la huelga general del 75, porque el temor al desborde popular indujo a las dos CGT y a la dirección de la CTA a colocarse en un segundo plano, muy alejado del epicentro de la lucha.

La clase media lideró la espontánea explosión del miércoles 19, que culminó con la ocupación de la Plaza de Mayo. La confiscación de los plazos fijos y la bancarización forzosa fue la gota que rebalsó el vaso de una semana de indignación en los bancos y varios años de resistencia a la pauperización. Los votantes de la Alianza que habían inaugurado los cacerolazos de la mano del Chacho Alvarez terminaron haciendo un ruido ensordecedor frente al hogar de su socio Cavallo. Ya habían ganado la calle en protestas anteriores (por ejemplo, contra las inundaciones), pero esta vez nadie se quedó en su casa.

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Cómo arruinó el FMI a la Argentina

Mark Weisbrot

Reproducido del International Herald Tribune, 26 de diciembre de 2001. [Subido a la red por The Emperor´s New Clothes el 31 de diciembre de 2001][Nota de Emperor´s Clothes: agradecemos a Néstor Miguel Gorojovsky, de Argentina, quien localizó este artículo de Mark Weisbrot, en el que se explica por qué la vinculación del peso argentino al dólar estadounidense hundió la economía argentina. Ver artículos complementarios (al final) que documentan las políticas destructivas de los países, diseñadas por el FMI. En breve analizaremos la rebelión de los argentinos contra el Nuevo Orden Mundial. – Emperor´s Clothes]

Washington.- "La implosión argentina lleva impresas las huellas digitales del FMI"

La primera y más abrumadoramente importante causa de los problemas de la economía del país fue la decisión del gobierno de mantener una paridad de cambio fija: un peso por dólar USA. Adoptada en 1991, esta política funcionó durante un tiempo. Pero en los últimos años el dólar ha estado sobrevaluado, lo cual hizo que el peso se sobrevaluara también.

Contrariamente a la creencia popular, una moneda "fuerte" no es como un cuerpo fuerte. Es muy fácil tener muchas cosas buenas. Una moneda sobrevaluada convierte las exportaciones en demasiado caras y las importaciones en artificialmente baratas. Sólo hay que mirar a los Estados Unidos, donde un dólar "fuerte" ha provocado un déficit comercial récord de 400.000 millones de dólares.

Pero esto resulta catastróficamente peor para un país que se ha comprometido a mantener una paridad cambiaria fija. Cuando los inversores empiezan a creer que el peso está a punto de caer, exigen siempre tasas de interés más altas. Estas tasas exorbitantes paralizan la economía. Tal es la principal razón por la cual Argentina no ha sido capaz de recuperarse de cuatro años de recesión.

Para mantener su moneda sobrevaluada, un país requiere grandes reservas de dólares: el gobierno tiene que garantizar que cualquiera que necesite cambiar un peso por un dólar podrá hacerlo. En este punto el papel del FMI fue crucial. Ordenó amplios préstamos, incluyendo 40.000 millones de dólares hace un año, para respaldar el peso. Este fue el segundo error fatal del FMI. Para comprender su gravedad, imaginemos a Washington tomando un préstamo de un 1,4 billón de dólares –el 70% de su presupuesto federal– sólo para mantener sobrevaluado el dólar. Argentina no necesitó mucho tiempo para acumular una deuda externa que le era imposible devolver.

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La rebelión popular en Argentina

Eduardo Lucita

30 muertos, más de 439 heridos, 3273 presos, es el costo de una rebelión popular de características inéditas en Argentina.

Por primera vez en nuestra historia un gobierno elegido democráticamente no fue derrocado por un golpe de estado militar sino por una acción directa de las masas obreras y populares.

No fue esta acción un rayo caído de un cielo sereno. Una multiplicidad de conflictos, de acciones populares, de mecanismos de rechazo al orden de cosas existente abonó este camino.

El año que está terminando ha sido el año de mayor conflictividad social de la década. No solo de los trabajadores desocupados, de los “piqueteros” y sus movilizaciones masivas por el pago de subsidios o para forzar acciones de gobierno que mejoraran su calidad de vida; también de los trabajadores ocupados, por el pago de salarios, por la defensa de las fuentes de trabajo y las condiciones laborales.

La elecciones para renovación legislativa del pasado 14 de octubre fueron otra expresión de esta protesta. 6.500.000 de personas(el 26% del padrón electoral) se abstuvieron, es decir se negaron a ejercer su derecho al voto; los votos en blanco e impugnados superaron los 3.800.000 (el 21.1 %); en tanto que la izquierda que se presentó con múltiples candidaturas, alcanzó, de conjunto, la inédita suma de 1.500.000 votos (6%). Los grandes partidos perdieron así más de 6.500.000 de votos.

La crisis de representatividad que desde hace años se venía expresando se transformó en una pérdida de legitimidad del régimen

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