Democracia, mito y religión

Fabio Frosini

La política para Gramsci no es solamente arte o técnica política neutra sino que es una voluntad colectiva, es decir una democracia real, que se refuerza, se “estabiliza” en la auto-educación de los subalternos en el arte del gobierno. Pero en esta auto-educación los subalternos afrontan todas las cuestiones, no sólo las políticas en sentido técnico, y critican colectivamente todos los dogmas de la sociedad presente, desde los de la religión cristiana a los de la moral burguesa. Esto se hace posible gracias al hecho que en el “mito” la política y la concepción del mundo se encuentran fundidas en un único bloque, y por tanto, pensando en sus términos, las cuestiones “religiosas” no pueden quedar fuera del campo de la crítica.

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A propòsit de “Chavs”, d’Owen Jones

Raül Valls

 

La demonització de la classe obrera, analitzada per al cas anglès al llibre publicat per Capitán Swing, és el correlat final d’una ofensiva que va impulsar el neoliberalisme durant els anys 80. Com va ser possible aquesta derrota? Què explica la vulnerabilitat de les classes treballadores? Què ha significat?

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Procesos de constitución de clase, procesos constituyentes de fuerzas políticas, procesos constituyentes de nuevos estados, pero… ¿dónde se encuentra el pueblo soberano?

Joan Tafalla

 

No trabajamos para nosotros, quizás no veamos el fruto de nuestro trabajo molecular en nuestro barrio, en nuestra empresa, en nuestra escuela, en nuestro centro de salud, en nuestro colectivo de afectados por las hipotecas o por las preferentes. Aunque sea anónimamente nuestro trabajo también dejará su huella en el paisaje o, en ese caso, en la sociedad.

Es un tópico pero no por ello menos real que para que llegue la cosecha es necesario labrar, sembrar, expurgar las malas hierbas, podar, abonar, rociar con el sulfato, volver a laborar la tierra, mirar al cielo con temor o con esperanza. Equivocarse de fase, impacientarse y tratar de recolectar sin hacer todas esas duras tareas es tarea vana.

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De pulsiones y autodeterminaciones: algunas reflexiones sobre Sigmund Freud y El malestar en la cultura[1]

Alejandro Andreassi Cieri

Freud se refiere a la acusación lanzada contra la civilización moderna-occidental como causa de la infelicidad humana o al menos, como impedimento para alcanzarla y se propone analizar “la esencia de esta civilización”. Equipara los términos Civilización y Kultur. Es una cuestión que merece ser destacada ya que en esa época para una parte de la intelectualidad de lengua alemana civilización significa no sólo algo diferente a Kultur, sino que es justamente lo que se le opone. El idealismo alemán de posguerra –especialmente el grupo de intelectuales que forman parte de la denominada “revolución conservadora” proponen la oposición entre cultura (Kultur) y civilización: la primera sería la expresión del “espíritu” inmortal y mítico de un pueblo, un impulso vital que expresaría su idiosincrasia, la segunda, en cambio, significaría la estandardización, la homogenización sin alma que transforma a miembros de la sociedad en masa mecánicamente encuadrada en un marco de mediocridad.

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A propòsit d’un text de J.M. Fradera. Notes crítiques

Jordi Torrent Bestit

A PROPÒSIT D´UN TEXT DE J.M. FRADERA. NOTES CRÍTIQUES

Jordi Torrent Bestit

El futur del passat no és mai segur. Eugen Weber

I

La recent edició de La pàtria dels catalans. Història, política, cultura, un recull miscel.lànic de textos escrits per Josep M. Fradera en el decurs dels darrers nou anys (1), ofereix l´agraïble possibilitat, entre altres, de poder apropar-se a alguna de les línies de reflexió historiogràfica més estimulants i suggestives elaborades, amb coherent persistència, per un professor universitari que sempre ha desitjat inserir el seu treball – assentat en una auto-proclamada exigència de rigor científic- a contracorrent de les interpretacions que ha anat establint de manera treballosa, per bé que més o menys consensuada al voltant d´eixos pretesament inqüestionables, la historiografia practicada des dels àmbits acadèmics del nacionalisme, dels del català molt en particular.

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Mi vida, de León Trotsky, una obra de encargo

Pepe Gutiérrez-Álvarez

      Acaba de aparecer en las librerías la reedición de Mi vida de Trotsky, un ensayo autobiográfico que fue el primer libro escrito por Trotsky en su tercer (y definitivo) exilio. No fue una idea propia sino que le fuer propuesto por un editor alemán, el director de la Fischer Verlag, que viajó expresamente a Constantinopla con dicha finalidad, y supo ser lo suficientemente persuasivo para llevarse el visto bueno de Trotsky, por entonces considerado poco menos que un “caballo muerto” por Stalin, de no ser así no lo hubiera dejado marchar. Trotsky nunca había escrito nada parecido, era un escritor al que según confesión propia, le costaba mucho escribir, lo que no fue obstáculo para que en sus ya copiosas Obras (que se habían empezado a editar como tales en Moscú por la mitad de la década), figuraban toda suerte de escritos, desde el ensayo teórico hasta la historia (de 1905) pasando por los más diversos artículos sin olvidar excursiones en el ámbito biográfico entre los que cabe situar sus Perfiles del socialismo y sus trabajos sobre Lenin.   

        Pero una cosa eran aquellos retratos de los que era tan amantes y otra entrar en el suyo propio, lo que a pesar de sus confesadas reticencias tuvo empero que hacer cuando la “troika” compuesta por Zinoviev, Kamenev y un tal Stalin (con el soporte de Bujarin), comenzaron a contraponer su antiguo menchevismo con la codificación de algo llamado “marxismo-leninismo”  del que nadie había hablado seriamente en vida de Lenin. Una y otra vez tuvo que poner sobre el papel  la defensa de su actuación, y ahí están textos del alcance de Las lecciones de Octubre o de La revolución desfigurada, de manera que, por más que en aquel momento su principal obsesión pasaba por la construcción de una Oposición de Izquierda internacional, aceptó la propuesta como un desafío literario, pero también como un servicio a la causa, ofreciendo una visión alternativa a la denigratoria que se estaba forjando, y lo cierto es que el libro pasó a ser un auténtico best-seller, y el mejor arma propagandística del incipiente “trotskismo”, un concepto que por aquel entonces todavía no tendría las connotaciones que tendría solamente unos pocos años después.  

      Se puede decir pues que Mi vida sería algo así como el principio de una batalla por la verdad histórica y por una memoria revolucionaria cada vez más groseramente deformada por un escuela de falsificación estaliniana de la que, afortunadamente, ya apenas si quedan defensores. Pero también es mucho más que eso, es una obra literaria que figura entre las mejores de su género, comparable a la de verdaderos clásicos de todos los tiempos y sin apenas parangón en el terreno de la política.  Sus primeros capítulos dedicados a la infancia, al contexto familiar,  los años escolares, a los inicios de la aventura militante, su encuentro con los círculos socialistas y los obreros de Nikoláiev, su descripción de ambientes y personajes, detalles como su pasión por la lectura y por el libre debate, retratos como los del marinero Markin o Rakovsky, son verdaderamente deslumbrantes. Su autorretrato se convierte en un punto de mira desde el que ofrece una panorámica del movimiento obrero y de la revolución rusa desde los primeros pasos hasta el presente, con brillantes disquisiciones sobre su primer y segundo exilio, capítulos sobre los que Trotsky fue dejando su profunda huella, baste recordar el retrato entre analítico y costumbristas que ofreció en su opúsculo Mis peripecias en España, por no hablar de las peripecias francesas o norteamericanas, que fueron mucho más trascendentes de lo que nos dice al autor. 

      Su edición española tiene –además- una historia propia. Apareció en la primera fase –la trotskiana de Juan Andrade- de la editorial Cenit en 1930, y la tradujo del alemán Wenceslao Roces, quien protagonizaría la segunda fase de Cenit, y plenamente estaliniana. Personaje harto complejo, Roces se adaptó tan profundamente al estalinismo que se le ha llegado a imputar (sin que nadie lo haya negado, ni tan siquiera él mismo) la responsabilidad del libelo (cuya reedición está prevista en Espuela de Plata, Sevilla, con prólogo de Pelai Pagès) titulado Espionaje en España, firmado con el seudónimo de Max Rieger y avalado por un prólogo del peor José Bergamín, que sirvió como arma propagandística en la tentativa de trasladar los “procesos de Moscú” a España, con el POUM como principal “chivo expiatorio”; todavía en 1938 se editará en Barcelona otro texto similar, La alianza del trotskismo y el fascismo contra el socialismo y la paz, esta vez con la firma de P. Lang (¿Pedro Laín?). 

       Esto significa también que la presente reedición como todas las habidas desde la muy popular de Zero-ZYX de 1972, no recoge la lectura y las correcciones que Trotsky efectuó antes de ser asesinado para la edición francesa que no llegaría a concretarse hasta 1953, en una edición de Gallimard preparada por Alfred Rosmer quien además añadió un apéndice sobre la trayectoria de Trotsky desde que redactó el prólogo (Prinkipo, 14 de septiembre de 1929) hasta su muerte, un detalle que sí incorpora la edición de Tebas de 1979 y a cargo de Jaime Pastor que también contribuyó a preparar una edición revisada de la Historia de la revolución rusa, posiblemente la siguiente reedición de este gran clásico del socialismo cuyas memorias fascinaron a personajes muy lejanos, por no decir totalmente opuestos, a su ideario, entre ellos François Mauriac (cuyo texto se puede encontrar en www.fundanin.org). De hecho, la lista de reseñas entusiastas es muy amplia, por ejemplo, hay una de Juan Carlos Mariátegui que un día de esto habrá que dar a conocer.  

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Lejos de la historia, una operación mediática: Comunismo, las falsificaciones de un ” libro negro “

Gil Perrault

EL MUNDO DIPLOMÁTICO ¦ Diciembre de 1997 ¦ Páginas 22 y 23

http://www.monde-diplomatique.fr/1997/12/PERRAULT/9660

EL balance de los " crímenes del comunismo » establecido por el historiador francés Stéphane Courtois en su " Libro negro " suena como una requisitoria. El autor levanta un paralelo escandaloso entre comunismo y nazismo e invoca la idea de un tribunal de Nuremberg para juzgar a los responsables. Que importa para que las cifras citadas sean manipuladas, incluso falsas, o que varios coautores se hayan disociado de Stéphane Courtois, numerosos periodistas, sin haberse tomado el trabajo de leer el libro, lo elogiaron hasta el ditirambo.

Mucho tiempo después, las cifras continúan siendo aproximadas y abastecen sólo un orden de dimensiones. Para la represión de Sétif (1945), las estimaciones van de 6 000 a 45 000 muertos. En el Madagascar (1947), habrían habido 80 000 víctimas. En Indochina (1946-1954), las cifras varían según las fuentes a de 800 000 a 2 millones de muertos, y en Argelia 1954-1962 de 300 000 a 1 millón. Incluso sin tener en cuenta Túnez y Marruecos, y absteniéndose de evocar las responsabilidades francesas en catástrofes más recientes, como el genocidio ruandés, esta contabilidad siniestra atestigua que, en proporción a su población, Francia se coloca en el pelotón de cabeza de los países masacradores de la segunda parte del siglo.

Francia perseveró con tanta obstinación que el observador podría deducir de ello que el crimen estaba ontológicamente vinculado al sistema político vigente. Porque es precisa hablar de crimen. La represión desarrollada durante dos décadas en dos continentes presenta las características del crimen contra la humanidad tal como es definido por el nuevo Código Penal francés: « práctica masiva y sistemática de ejecuciones sumarias, de secuestros de personas seguidos de su desaparición, de la tortura o de actos inhumanos (…) »

La única organización política de importancia que se levantó contra este encadenamiento tan cruel como imbécil fue el Partido comunista francés (PCF). La memoria de sus veteranos está poblada de memorias de una lucha difícil llevada en una soledad casi absoluta. François Bayrou, heredero político de una democracia cristiana implicada más que cualquier otra formación en la represión colonialista, pasaba tranquilamente ente ese pasado y sin asumir responsabilidades inoportunas, cuando blandía, en la cámara, El Libro negro del comunismo contra el lado opuesto del hemiciclo. La memoria también puede ser de geometría variable.

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¿Imperio o imperialismo?

Juan Chingo, Gustavo Dunga

Estrategia Internacional

Una polémica con “El largo siglo XX” de Giovanni Arrighi e “Imperio” de Toni Negri y Michael Hardt

Los cambios acaecidos en el sistema capitalista mundial en los últimos treinta años, desde el fin del boom de la posguerra, han llevado a una importante discusión teórica sobre la magnitud y las características de estos y sus consecuencias sobre las perspectivas trazadas por el pensamiento marxista revolucionario. Así, para muchos teóricos contemporáneos, la globalización de la producción capitalista y el mercado mundial, traen aparejados fundamentalmente una nueva situación y un giro histórico significativo. Este es el caso por ejemplo, del teórico del autonomismo, Toni Negri, quien sostiene estas definiciones junto a Michael Hardt en su último libro “Imperio”, al que definen como el nuevo orden político de la globalización. Otros teóricos asociados a la escuela de sociología histórica del sistema mundial, por el contrario, argumentan que desde su inicio el capitalismo siempre ha funcionado como una economía mundial y en consecuencia rechazan la novedad de la globalización como una incomprensión de la historia. Uno de los mejores exponentes de esta escuela es Giovanni Arrighi, que a mediados de los noventa ha publicado el libro “El largo siglo XX” (recientemente editado en español) donde expone estas posturas. Estas teorizaciones cuestionan desde presupuestos opuestos la definición clásica del imperialismo, formulada por Lenin y sostenida por los marxistas revolucionarios a lo largo del siglo que se fue.

La importancia de este debate radica en que los cambios acontecidos obligan a una interpretación de los acontecimientos políticos, económicos y sociales, que revalide o no las categorías utilizadas por el marxismo, como punto de partida, para su interpretación. La discusión actual, recuerda, salvando las distancias, la enorme efervescencia teórica e intelectual, que se dio en el seno del movimiento socialista internacional, e incluso más allá de este, en la transición del capitalismo de libre competencia al imperialismo, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. A la luz de estas nuevas querellas, vuelven a replantearse problemas fundamentales del materialismo histórico y la dialéctica, para poder comprender o interpretar los nuevos desafíos que presenta esta realidad compleja del mundo y el nuevo siglo. Este último fue el método de Lenin que retomó las categorías de la dialéctica para responder a la complejidad de problemas que presentaba la nueva fase del capitalismo, entre ellas la Gran Guerra. No era para Lenin cuestión de repetir escolásticamente las categorías del marxismo, sino de aplicarlas en forma creativa a la nueva realidad, incorporando críticamente aspectos de las elaboraciones desarrollados por sus antagonistas e interlocutores, como Kautsky o Hilferding, e incluso ideólogos liberal burgueses como Hobson, desterrando el carácter reformista que pretendían darle sus autores. Se trataba para Lenin de integrar estos avances en una totalidad que demostrara las potencialidades revolucionarias de la época que se abría.

Las dos visiones con las que polemizaremos tienen el mérito de intentar dar una visión global de la realidad contemporánea. Sin embargo, las limitaciones de su matriz teórica les impide comprender de manera certera, a pesar de los señalamientos y problemas reales sobre los que fundan en muchos casos sus elaboraciones, los cambios producidos en el orden mundial en los últimos 30 años. Por eso antes de desarrollar plenamente nuestra propia visión haremos un análisis crítico de las proposiciones sostenidas por Arrighi y Negri, los que nos permitirá profundizar y comprender mejor el método del marxismo clásico desarrollado en la nueva época por Lenin y Trotsky.

En este artículo intentaremos criticar las dos variantes señaladas anteriormente, que atacan las definiciones sobre el imperialismo, aprehendiendo el método dialéctico materialista para el análisis del sistema capitalista mundial y actualizando la noción del mismo para comprender la escena contemporánea.

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