Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Su herencia aquí debe ser creación, no copia

Diálogo con el sociólogo Michael Löwy, director del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en Francia y uno de los mayores especialistas en marxismo latinoamericano.

Michael Löwy (Brasil, 1938) es uno de los principales investigadores sobre el marxismo latinoamericano a nivel mundial. Radicado en París, donde es director de investigaciones en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), ha escrito numerosos libros, entre los que destacan El pensamiento del Che Guevara, La guerra de los dioses. Religión y política en América latina y Redención y utopía. Ya ha sido traducido a más de veinte idiomas. Löwy visitó recientemente la Argentina, invitado a participar de un congreso internacional sobre Max Weber organizado en el Instituto Goethe. – —Actualmente se cumplen 25 años de la publicación de su libro "El marxismo en América latina" (1980). ¿Qué cambió y qué hay de nuevo en el marxismo latinoamericano durante este último cuarto de siglo? – —¡Cambió todo! El mundo latinoamericano actual es completamente distinto del que era en 1980. Cambió, por ejemplo, la apropiación creciente del marxismo por parte de grupos cristianos. En el año 1980 yo recién comenzaba a percibirlo. Hoy considero que la historia del marxismo en América latina durante los últimos 30 o 40 años tiene mucho que ver con la aparición de una corriente sociopolítica —yo la denomino cristianismo de la liberación— que utiliza el marxismo de manera muy decisiva. – —¿Registró esos cambios en la segunda edición que apareció en Brasil, en 1999? – —En la segunda edición actualizada incluí estos aspectos nuevos: la teología de la liberación, el Movimiento Sin Tierra (MST), los zapatistas, etcétera. Ahora estamos preparando una nueva edición que incorporará otros elementos. Hace un año fui a dar un curso a Brasil para cuadros del MST sobre el marxismo latinoamericano. Las personas que estaban allí, en su mayoría mujeres, me dijeron que les gustaba mucho mi curso, pero que tenía un defecto: no había mujeres en esa historia. Y yo tuve que autocriticarme. Ahora estoy preparando para la tercera edición la introducción de mujeres marxistas latinoamericanas, luchadoras y pensadoras, desde los años 30 hasta hoy. Uno siempre aprende con la gente de los movimientos sociales. – —En esa reconstrucción del marxismo latinoamericano usted destaca dos figuras: José Carlos Mariátegui y el Che Guevara. ¿Por qué los elige? – —Ellos encarnan los dos momentos más creativos del marxismo en América latina. Primero, la aparición del pensamiento marxista latinoamericano, el más creativo de esta historia. Mariátegui es su figura más original, innovadora y radical; planteó que el marxismo no debe ser aquí un calco y una copia de otras experiencias sino una creación heroica de los mismos latinoamericanos. Por eso, él hablaba de socialismo indoamericano. Afirmaba que el comunismo en América latina debe beber de la tradición del socialismo internacional, pero también de una tradición americana que proviene de la experiencia comunitaria indígena precolombina: las civilizaciones inca, maya, etcétera. El pensamiento de Mariátegui es de una originalidad increíble, de una creatividad inigualable. Debemos redescubrir a Mariátegui. Es el gran pensador de nuestra América hasta el día de hoy. – —¿Qué papel jugó la revolución cubana? – —Tras 25 años de predominio del stalinismo, con la revolución en Cuba vuelve a florecer el marxismo. El Che Guevara, que no es sólo "el guerrillero heroico" sino un pensador marxista de primera calidad, trató de reflexionar sobre la realidad latinoamericana: la importancia de las clases campesinas, la violencia en el conflicto social, la nueva subjetividad, el comunismo como una ética y también la búsqueda de un modelo de socialismo distinto de los países del Este. Al Che, la URSS le parecía muy discutible y la criticaba. A través de esa búsqueda de un modelo alternativo de socialismo específicamente latinoamericano, también él hizo un gran aporte a esta historia. – —¿Se superó el obstáculo del eurocentrismo que durante muchos años impregnó a algunas corrientes marxistas? – —El eurocentrismo deja oír su eco en Europa y en los Estados Unidos (en los Estados Unidos bajo otra forma), pero dentro del marxismo europeo, el marxismo de las "metrópolis" capitalistas, también existió siempre una vertiente internacionalista identificada con las luchas del Tercer Mundo y defensora de las luchas antiimperialistas. Desde sus orígenes con Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo, etcétera, el marxismo siempre tuvo esa impronta de universalidad. Pero hubo tendencias eurocentristas bastante importantes, incluso en América latina. – —¿Por ejemplo? – —Para el caso argentino, Juan B. Justo. No existe nada más eurocéntrico que esa socialdemocracia de carácter colonialista. Cuando habla de los indígenas, lo que aflora en Juan B. Justo es el espíritu colonialista. El creía que el desarrollo de la Argentina y de América latina entroncaría con el evolucionismo europeo; creía que ese desarrollo derivaba de la lucha de la "civilización" contra la "barbarie". Más tarde, con el auge del stalinismo, vuelven a aplicarse de modo mecanicista los modelos europeos, ahora soviéticos, para América latina. Hoy existen en América latina vertientes menores que siguen siendo eurocéntricas, pero no tan sistematizadas como la socialdemocracia y el stalinismo. La tentación continúa, pero no es predominante. Sin embargo, el marxismo más rico, como el de Mariátegui o el del Che Guevara, nada tiene que ver con ese eurocentrismo. – —¿Cuál será, desde su perspectiva, el marxismo del futuro? – —El marxismo del futuro dependerá de su capacidad para integrar el aporte de los movimientos sociales, enriqueciéndose y radicalizándose. Eso implica integrar el aporte de los movimientos de mujeres, de los movimientos indígenas y campesinos, de los movimientos negros y de la cuestión del medio ambiente y la ecología. Desde mi punto de vista, el despliegue futuro del marxismo latinoamericano se dará —de hecho ya se está dando— mediante la integración de esos elementos con el objetivo de la transformación revolucionaria. Publicado en Clarín 21 de enero de 2006

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Adios a la vieja izquierda

Ernesto Salinas

Este artículo habla sobre la muerte de la izquierda elitista. Es una crítica a las organizaciones que tienen una concepción elitista de representación y mando político.

Este artículo habla sobre la muerte de la izquierda elitista. Entendemos por izquierda elitista el conjunto de organizaciones que plantean alcanzar el socialismo a través de relaciones jerárquicas, en las que unos "piensan y dirigen" mientras los demás se limitan a ejecutar tareas. De estas organizaciones, la más voluminosa, por su burocracia y cantidad de afiliados, es el Partido Comunista, pero no es la más importante. Esta crítica es a las organizaciones que dicen estar a la izquierda del PC, y que desde allí reproducen esta concepción elitista de representación y mando político.

"Sin embargo, al arrebatar a las personas un suelo sobre el que podían posar sus pies pero que les impedía tener alas, este proceso ofrece algo más que el dolor de la caída; es la ausencia completa – cruda, implacable – desde donde la plenitud, al poder llegar a ser distinguida y reconocida como necesidad y como aptitud, se vuelve posible."

(El club de lucha, noviembre del 2002)

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La década de los 90 fue para la izquierda elitista un tiempo descorazonador. Si las heridas sufridas bajo la dictadura habían sido parte inevitable de un combate en el que muchos supieron preservar su dignidad, el capítulo abierto en 1989 no fue tan decoroso: una parte de la militancia tuvo que soportar las maniobras de claudicación de sus líderes frente a los vencedores; otra parte, obligada a nadar en aguas enturbiadas, mordió uno a uno los anzuelos tendidos por el siniestro dúo Schilling-Carpenter, con resultados desastrosos; mientras que por todas partes las masas militantes se dispersaban dando la espalda a sus jefes. Las capas dirigentes no quisieron ver en ello más que la consecuencia del "vacío" dejado por la salida de Pinochet, y por inercia, los demás se acostumbraron a creer que la desbandada se había producido al no haber un enemigo claramente identificable al cual oponerse (la impotencia llega al extremo de que algunos añoran "los buenos tiempos de la dictadura, cuando al menos había algo por qué luchar").

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La ocasión constituyente en Argentina: entre Marat y Virilio

Nada es menos pasivo que una fuga. Nada es menos falto de creatividad que un escape absoluto. Nada menos irracional que una crítica social sin presupuestos. Argentina y su nuevo movimiento social, cuyo punto de inflexión fue el levantamiento de diciembre del 2001, vive una temporalidad kairológica, un tempo de ritmo y vivencia novísimo. La dimensión de la mutación rebelde es que no sólo se protesta a viva voz, sino, sobre todo, la gente defecciona de las reglas del sistema. Ya no mera “voice” (que exige una lealtad hasta el final) y si “exit”. Cinismo revolucionario con pasión por lo colectivo. Nueva praxis huérfana de teorías, que anula la reproducción del capitalismo. El grito “¡Qué se vayan todos!” es la gramática furiosa de la multitud. El movimiento se extiende saliendo y plegándose sobre sí mismo, modifica la arena de la contienda, anula la autonomía vacía de lo político. Instintivamente se opone con rabia a una farsa electoral vacía. El éxodo y revalorización de lo social, su puesta en escena, es una invención desprejuiciada, un “uso” de la imaginación constituyente que enloquece la brújula del enemigo, introduce caos en la maquinaria gótica del "Capital-Parlamentarismo". El éxodo ontológico de asambleas, piquetes, okupas, autogestión en fábricas, listas sindicales clasistas y servicios es una defensa que ataca, una estrategia indirecta de poder, una abundancia material y virtual (con gasto intensivo de Internet) que cristaliza en un nivel altísimo de antagonismo. Es Marat (la densidad social de la revolución francesa) más Virilio. Es 1793 en código binario. Es el valor y afecto del “cara-a-cara”, “sans-culotte” con la E-democracy de las redes. Es el “uso” micropolítico de la virtualidad y macropolítico de la calle. Se usa y abusa de redes informales, alternativas, impolíticas, a contracorriente de los flujos de la entropía del sistema. La nueva “Weltanschauung” es absolutamente negativa: la defección, el “exit” por sobre la “voice”, le otorga una expresión autónoma, anti-institucional, prefigurativa de nuevos niveles de comunidad y sociabilidad. Virtuosismo que construye día a día el nexo colectivo entre institución e historia. Se trata, de los que los vivimos en lo cotidiano, de la fundación de una verdadera “Comunidad” en la cual la potencia social, el contrapoder material, sean ya no mediación, ya no referencia, ya no representación, sino una verdadera función ontológica y constituyente de la multitud posfordista. "La multitud es más sabia y más constante que el Príncipe” es nuestro lema. Unidad constituyente del instinto social por sobre la forma política, el principio constituyente del movimiento como cerebro colectivo de la potencia social. ¿Una Oceana en el Sur? ¿Será la ocasión constituyente abierta en Argentina una hipótesis de la libertad futura?

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La política como resistencia

Arturo Anguiano

A Rosario Ibarra, precursora de la lucha por los derechos humanos en México,incansable y resuelta guerrera de la esperanza libertaria

La crisis como política

Se ha convertido en lugar común decir que la política está en crisis, que se desdibujan los contornos de lo político, que ha venido a menos la centralidad del Estado (y de la política) que se construyó durante la era del sistema de Estados-nación a través de un largo y complejo proceso histórico, y que en su lugar se impuso incuestionablemente la centralidad de la economía. Esto simboliza la preponderancia de los intereses particulares, puramente egoístas y parciales, es decir de lo privado, frente al bien común y lo público, o en otros términos, de lo individual frente a lo colectivo, del mercado sobre el Estado. La economía y la política parecen haber revertido sus relaciones tradicionales, quedando atrapada e incluso subsumida la segunda por el peso avasallador de la primera.

Esta situación sería resultado de la mundialización del capital, de la producción y del mercado impulsada en todo el mundo desde los años ochenta del siglo XX y que expresa la hegemonía alcanzada por el capitalismo neoliberal luego de la crisis mundial de la deuda y de la caída del Muro de Berlín. En el Norte como en el Sur del planeta, los procesos de reestructuración económica y social quedaron determinados por el fin de las regulaciones múltiples del Estado y el pretendido universalismo de un mercado libre de toda reglamentación, conduciendo no sólo a la crisis estatal, sino igualmente a la disgregación de las sociedades (entendidas en tanto comunidad) y a la descomposición de las formas de convivencia y acción que estaban en la naturaleza de la política(1). La mundialización capitalista, así, ha profundizado la crisis del conjunto de los paradigmas políticos predominantes.

Es significativo, entonces, que la crisis de la política devenga universal y que por todas partes pierdan credibilidad y eficacia las formas de representación, los actores políticos como los partidos y en general los procesos políticos y el entramado institucional del Estado, cuya legitimidad se erosiona.

La mercantilización y privatización de los distintos espacios públicos promovida por el neoliberalismo a ultranza (y su variante socialdemócrata), así como la estatización y confiscación de los mismos que implicaba el socialismo real, descompusieron el ámbito y la naturaleza de lo político. Los espacios de la política se pierden como los lugares del pensar y el hacer colectivos, socavando (o de plano anulando) las libertades sobre las que se sostienen y nutren.

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Las lecturas de Marx en el siglo XXI

Robert Kurz

Sociólogo y miltante alemán, fundador del grupo Krisis. Ha escrito varios libros sobre el fin del fordismo y de la sociedad del trabaqjo abstracto. Este texto constituye la Introducción (páginas 13 a 48) del libro de su libro Marx Lesen, Frankfurt am Main, Eichborn, 2001. Fue traducido del original alemán al portugués y publicado en el segundo cuaderno de Critica Radical (Fortaleza, Ceará, Brasil). De aquí lo hemos tomado. Traducción del portugués: R. D.

Quien fue considerado muerto está más vivo que nunca. En su calidad de teórico activo y crítico, Karl Marx fue dado ya por muerto más de una vez, pero siempre consiguió escapar de la muerte histórica y teórica. Tal hecho se debe a un motivo: la teoría marxista sólo puede morir en paz junto con su objeto, o sea, con el modo de producción capitalista. Este sistema social, «objetivamente» cínico, desborda de comportamientos tan insolentes impuestos a los seres humanos, produce junto a una riqueza obscena e insípida una pobreza en masa de tal dimensión, está marcado en su dinámica de furia ciega por la potenciación de catástrofes tan increíbles, que su simple supervivencia hace que, inevitablemente, resurjan siempre temas y pensamientos de crítica radical. A su vez, el punto esencial de esa crítica consiste en la teoría crítica de aquel Karl Marx que, hace casi 150 años, analizara ya, sin ser superado, la lógica destructiva del proceso de acumulación capitalista en sus fundamentos. Sin embargo, al igual que para cualquier pensamiento teórico que sobrepasa la fecha de validez de un determinado espíritu del tiempo, también para la obra marxista vale lo siguiente: siempre se hace necesaria una reaproximación periódica que descubra nuevas facetas y rechace viejas interpretaciones. Y no sólo interpretaciones, sino también elementos de esa propia teoría ligados al tiempo. Todo teórico pensó siempre más de lo que él mismo sabía, y no sería serio llamar teoría a una teoría exenta de contradicciones. Así, no sólo los libros individualmente tienen su destino, sino también las grandes teorías. Entre una teoría y sus receptores, tanto adeptos como oponentes, se desarrolla siempre una relación de tensión en la que se manifiesta la contradicción interna de la teoría, a partir de lo cual, y sólo entonces, se generará conocimiento.

Marx y la última oda posmoderna a la «gran teoría»

En vez de volver a enfrentar el problema de la procesualidad histórica de la teoría social al final del siglo XX, el llamado pensamiento posmoderno sólo está interesado en silenciar la dialéctica entre formación de la teoría, recepción y crítica. Y precisamente la teoría marxista ya no es investigada en sus contenidos, ni analizada en sus condiciones históricas ni mucho menos corregida, sufriendo a priori un rechazo en su legítima pretensión de «gran teoría». Esta falsa modestia, que no es vista como tal sino sencillamente reprimida, respecto a la gran totalidad de las formas de socialización capitalistas, desciende a un nivel inferior de la reflexión teórico-social. La política del avestruz de un pensamiento reducido y desarmado de un modo tan espontáneo menosprecia el hecho de que no es posible trazar una separación entre la problemática de las denominadas grandes teorías y grandes conceptos y su objeto social real. La pretensión de querer abrazar el todo viene provocada sobremanera por la realidad social. En su existencia real, el todo negativo del capitalismo no cesa de actuar simplemente porque se lo ignore conceptualmente y porque ya no queramos mirar en esa dirección: «la totalidad no nos olvida», como bien se burló el inglés Terry Eagleton, teórico de la literatura.

La crítica posmoderna a la gran teoría, asimilada con gratitud por muchos ex marxistas como forma de pensamiento supuestamente aliviadora, no hay que remitirla a un pensamiento afirmativo y apologético en el sentido tradicional, sino más bien a la desesperación de una crítica social que está trastornada y que se sobresalta ante una tarea superior a su capacidad actual. Se trata de una evasión que sólo puede tener un carácter provisional: al final, el pensamiento crítico será implacablemente reconducido hacia el obstáculo que tendrá que superar. Y este obstáculo, ciertamente, es muy difícil de enfrentar, sobre todo porque el pensamiento marxista practicado hasta el día de hoy también está obligado a saltar por encima de su propia sombra. Se podría cambiar esta metáfora un tanto extraña por esta otra: el marxismo esconde en sus bodegas un cadáver que ya no puede permanecer así por mucho tiempo. O sea, tanto la contradicción entre la teoría marxista y su recepción a través del antiguo movimiento obrero, como las contradicciones en el interior de la propia teoría marxista registradas a fines del siglo XX llegaron a tal punto de madurez que ya no se puede concebir una reactivación o una reactualización de esta teoría dentro de los moldes en los que se ha hecho hasta hoy.

Después del siglo del movimiento obrero

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¿Puede ser verde la teoría? Sí, siempre y cuando la vida no sea gris

Sergio Rodríguez Lascano

"En nuestras reflexiones teóricas hablamos de lo que nosotros vemos como tendencias, no hechos consumados ni inevitables. Tendencias que no sólo no se han convertido en homogéneas y hegemónicas (aún), sino que pueden (y deben) ser revertidas.

Nuestra reflexión teórica como zapatistas no suele ser sobre nosotros mismos, sino sobre la realidad en la que nos movemos. Y es, además, de carácter aproximado y limitado en el tiempo, en el espacio, en los conceptos y en la estructura de esos conceptos. Por eso rechazamos las pretensiones de universalidad y eternidad en lo que decimos y hacemos.

Las respuestas a las preguntas sobre el zapatismo no están en nuestras reflexiones y análisis teóricos, sino en nuestra práctica. Y, en nuestro caso, la práctica tiene una fuerte carga moral, ética. Es decir, intentamos (no siempre con fortuna, es cierto) una acción no sólo de acuerdo a un análisis teórico, sino también, y sobre todo, de acuerdo a lo que consideramos es nuestro deber. Tratamos de ser consecuentes, siempre. Tal vez por eso no somos pragmáticos (otra forma de decir "una práctica sin teoría y sin principios")…

Nosotros sentimos que nuestro deber es iniciar, seguir, acompañar, encontrar y abrir espacios para algo y para alguien, nosotros incluidos…

Quienes son parte de ese recorrido y de quien hace el inventario, pueden descubrir cosas que quienes suman y restan en los escritorios de las ciencias sociales no alcanzan a ver, a saber, que importan, sí, el caminante y su paso, pero sobre todo importa el camino, el rumbo, la tendencia. Al señalar y analizar, al discutir y polemizar, no sólo lo hacemos para saber qué ocurre y entenderlo, sino también, y sobre todo, para tratar de transformarlo.

La reflexión teórica sobre la teoría se llama "Metateoría". La Metateoría de los zapatistas es nuestra práctica"(1). Subcomandante Insurgente Marcos

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Una aproximación al ecosistema de la nueva fuerza de trabajo

Ángel Luis Lara

En la fase del motor informacional los cuerpos funcionan como signos: la tarea fundamental consiste en homogeneizar el espacio-tiempo social y en someter a los cuerpos a un sistema de transformaciones que aseguren su óptima intercambiabilidad, su perfecta circulación. Jesús Ibáñez

Introducción

Las nuevas realidades del trabajo y del empleo están atravesadas en nuestros días por el fenómeno de la precarización. Cada vez más la fuerza de trabajo actual aparece tendencialmente definida en términos de precariado: sujeta a una fuerte temporalidad e inestabilidad en el empleo, a una desprotección manifiesta en las relaciones laborales y a una incertidumbre constante. Una nueva fuerza de trabajo intercambiable en cuanto a las tareas, inmaterial en cuanto a los contenidos y flexible en cuanto a las prestaciones, que se mueve en la cuerda floja de un escenario conformado paulatinamente por las transformaciones a las que hemos asistido en las dos últimas décadas: procesos de reestructuración de los mercados de trabajo y de los estatutos de empleo, así como modificaciones sustanciales de los procesos productivos.

El presente artículo se propone un viaje al territorio de los trabajadores precarios y de los procesos políticos de constitución de su universo laboral. Transformación de la lógica económica hegemónica, medidas legislativas concretas, dinámicas de gobernabilidad y control social, naturaleza de la actividad laboral, estatutos de empleo y relaciones entre los diferentes ciclos y temporalidades inscritas en los espacios de las relaciones salariales que el precario habita: estas son las coordenadas por las que se mueve la cartografía de la realidad de los procesos de precarización del trabajo y el empleo en los que está obligada a habitar la fuerza de trabajo contemporánea. Las cifras son del Estado español, el fenómeno, pensamos, es tendencialmente global. Un mínimo acercamiento a ellas es el propósito que anima el presente texto.

Entre la flexibilización sistémica y la reestructuración de las relaciones laborales

El ecosistema del precariado se encuentra marcado por una reestructuración de las relaciones sociales que tiene su origen en la década de los años setenta y en la emergencia de una nueva racionalidad económica que se materializa plenamente con el desarrollo de las políticas de corte neoliberal a partir de los años ochenta. Según esta nueva racionalidad económico-social el objetivo más importante de las políticas económicas es el control permanente del crecimiento del coste del factor trabajo y de los gastos del Estado, definiendo el crecimiento de ambos elementos como el origen del aumento conjunto de la inflación y el desempleo. Exactamente al contrario que en la etapa de hegemonía del modelo de racionalidad keynesiana, la lógica que permea este razonamiento es la de la preeminencia e independencia de la oferta. Desde este punto de vista, la constitución de la oferta como principio de realidad y su privatización se convierten en las referencias obligadas de un orden social en el que absolutamente todas las relaciones se sujetan a la racionalidad económica. La única política económica posible es aquella que tiene como propósito básico la flexibilización empresarial de las rigideces en la fijación del precio de los factores que intervienen en el mecanismo productivo y la plena restitución al mercado de la función de asignación de recursos.

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Zapatismo o barbarie

Wu Ming

Ya han pasado casi diez años desde aquel famoso 1 de enero de 1994 (fecha del comienzo de la sublevación indígena en Chiapas), y parece superfluo reseñar los méritos históricos de los zapatistas, a quienes se reconoce de forma muy generalizada haber sido los primeros que, sobre el escenario mundial, han devuelto la voz a quienes sufren la globalización capitalista sobre su propia piel. Lo hicieron en plenos años 90 del siglo pasado, cuando Occidente aún se atiborraba de teoría y teología neoliberal, y caminaba uniformemente hacia la mayor recesión económica de la historia contemporánea.

También es innegable que, por primera vez desde hace muchos años, el EZLN ha sabido poner en marcha una estrategia comunicativa eficaz, adecuada a los tiempos, demostrando así que aunque no se posean grandes medios de comunicación de masas también se puede desafiar al adversario en este terreno, de una manera nueva, eficaz. Durante los últimos años, mucho se ha escrito y dicho sobre la genial guerrilla semántica y semiótica conducida por el EZLN, o sobre el “estilo” de la insurgencia zapatista.

No obstante, hoy podemos decir que la recepción dada a este patrimonio de intuiciones y experimentos, en buena parte asumido por el movimiento post-Seattle, no ha bastado para desentrañar realmente el nudo central y específico propio del zapatismo, con el cambio de paradigma político —antropológico, podría decirse— que representa.

Si bien la ferocidad de la globalización capitalista permanece, más que nunca, en el orden del día, por otra parte nos encontramos con que la toma en consideración de las formas y modos “zapatistas” de la política parece haber quedado en un segundo plano, pese a que durante los últimos tres años hemos asistido a la más evidente materialización concreta de estas intuiciones: hemos visto movilizarse sin tregua a la sociedad civil mundial, ese eficaz espectro retórico, pero hecho de sangre y carne; hemos visto a millones de personas moviéndose sin banderas, al margen de los aparatos, retomando en sus manos, con una óptica nueva, la propia vida y el propio destino colectivo, o al menos intentar hacerlo, conscientemente o no. En suma, hemos visto cómo se expresaba una posible política “desde abajo”.

El motor de este movimiento no han sido los viejos partidos, sino miles de asociaciones, comités, grupos, organizaciones, “perros” sin dogal, conectados en una red planetaria y capaces de dialogar entre sí pese a proceder de espacios políticos muy diversos. El motor ha sido su trabajo cotidiano y certero, que ha mantenido activas las energías y las mentes, y que ha producido sentido y conflicto en todos los rincones del planeta, más allá incluso de las grandes movilizaciones en las calles.

No se nos ocurre nada que pueda ser más “zapatista” que todo esto.

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El problema és què fer i com fer-ho.

Joan Tafalla

En la meva opinió els documents presentats poden ser aprovats sense cap tipus de problema. Contenen elements d’anàlisi interessants, amb els que coincideixo força i d’altres en que coincideixo menys. Però és indiferent allò que aprovem com a document polític o les millores que es podrien fer a aquests documents via esmenes, via debat.

El problema que tenim no és de programa. Tenim superàvit de programa, sobretot si ens atenem a les forces que tenim per a aplicar-lo. El problema que tenim no és de document polític. Podríem posar una fàbrica de documents polítics. El problema no és simplement d’organització de la subjectivitat política. La crisi del moviment comunista a l’estat espanyol i arreu fa molt anys que dura. No es tracta, simplement, d’una crisi de direcció, no es tracta, simplement, d’una crisi d’organització. Si fora així, qualsevol “avantguarda” dotada de la “veritable ciència marxista” ja hagués ocupat l’espai a força de voluntarisme. Per exemple, el PCC o el PCPE. Per exemple, el PRT.

Encara que de crisi de direcció i de crisi d’organització n’hi ha. Però és una crisi subsidiària d’un problema major: la crisi de subjecte social. No reconèixer que el tema essencial es la crisi de subjecte social, el canvi radical d’aquest subjecte, la seva metamorfosi absoluta, significa equivocar-se de forma greu en allò que és el més important: el què fer. Allò més important ara no és què escriure, si no què fer i també, com fer-ho.

Tronar-se a equivocar en això significa seguir posant el carro davant dels bous, significa equivocar-se de nou en l’apreciació del moment, que no és encara de construcció política si no de re- constitució de classe, per tant d’acumulació de forces, de lluita ideològica y cultural, de construcció de noves formes de socialització. Vull dir que no cal estar organitzats? Qui afirmi que jo dic això em difama gratuïtament. I hi ha gent que ho està fent.

La classe obrera industrial ja no és allò que era en els anys seixanta y setanta. La classe obrera, el proletariat ha canviat radicalment. Les úniques lluites obreres industrials que veiem són lluites defensives quan no resignades, de negociació dels tancaments, de les indemnitzacions, de les pre- jubilacions. El tèxtil català tanca tot, sencer, o gairebé, en el silenci, i això canvia les nostres ciutats i la nostra societat: de la ciutat- fàbrica passem a les metròpolis com a reservori de força de treball. El Sabadell, Terrassa, Igualada, Mataró que coneixíem ja no són els mateixos. Tanca el metall: tanquen la UH a Sabadell, i la AEG a Terrassa. Empreses del metall que varem ser el bressol de tota una generació del moviment obrer i popular dels barris.

Quan els xinesos ens venguin els seus cotxes magnífics, moderns, a preus d’ entre 3000 i 6000 € on quedarà la SEAT i la seva industria auxiliar? Així mateix, quines possibilitats reals tenim d’intervenir en aquesta lluita des de fora? Amb la simple impressió que les nostres fulles “han estat ben acollides”?

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El problema es que hacer y como hacerlo

Joan Tafalla

En mi opinión los documentos presentados pueden ser aprobados sin ningún tipo de problema. Contienen elementos de análisis interesantes, con los que coincido, mientras que hay otros en los que coincido menos. Pero es indiferente aquello que aprobemos como documento político o las mejoras que se podrían hacer a estos documentos vía enmiendas o por la vía del debate.

El problema que tenemos no es de programa. Tenemos superávit de programa, sobretodo si nos atenemos a las fuerzas que tenemos para aplicarlo. El problema que tenemos no es de documento político. Podríamos poner una fábrica de documentos políticos. El problema no es simplemente de organización de la subjetividad política. La crisis del movimiento comunista en el estado español dura hace ya muchos años. No se trata, simplemente, de una crisis de dirección, no se trata, simplemente, de una crisis de organización. Si fuera así, cualquier “vanguardia” dotada de la “verdadera ciencia marxista” ya hubiese ocupado el espacio a fuerza de voluntarismo. Por ejemplo, el PCC o el PCPE. Por ejemplo, el PRT.

Es cierto que crisis de dirección y crisis de organización hay. Pero es una crisis subsidiaria de un problema mayor: la crisis del sujeto social. No reconocer que el tema esencial es la crisis del sujeto social, el cambio radical de este sujeto, su metamorfosis absoluta, significa equivocarse de modo grave en lo que es más importante: el que hacer. Lo que es más importante ahora no es que escribir, sino que hacer y también, como hacerlo.

Volverse a equivocar en eso significa seguir poniendo el carro delante de los bueyes, significa equivocarse de nuevo en la apreciación del momento, que no es todavía de construcción política si no de reconstitución de clase, por tanto de acumulación de fuerzas, de lucha ideológica y cultural, de construcción de nuevas formas de socialización. ¿Quiere decir que no debemos estar organizados? Quién afirme que yo digo eso me difama gratuitamente. Hay gente que lo está haciendo.

La clase obrera industrial ya no es lo que era en los años sesenta y setenta. La clase obrera, el proletariado ha cambiado radicalmente. Las únicas luchas obreras industriales que vemos son luchas defensivas cuando no resignadas, de negociación de los cierres, de las indemnizaciones, de las prejubilaciones. El textil catalán cierra todo, entero o casi, en el silencio, y eso cambia nuestras ciudades y nuestra sociedad: de la ciudad-fábrica pasamos a las metrópolis como una reserva de fuerza de trabajo. Las Sabadell, Terrassa, Igualada, Mataró que conocimos ya no son los mismas. Cierra el metal: cierran la UH en Sabadell, y la AEG en Terrassa. Empresas del metal que fueron la cuna de toda una generación del movimiento obrero y popular de los barrios.

Cuando los chinos nos vendan sus coches magníficos, modernos, a precios de entre 3000 y 6000 ¿donde quedará la SEAT y su industria auxiliar? Así mismo, ¿qué posibilidades reales tenemos de intervenir en esta lucha desde fuera? Con la simple impresión de que nuestras hojas “han sido bien acogidas”.

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