Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El maldito asunto de la URSS y de la burocracia

Pepe Gutiérrez-Álvarez

En la mitad de los años sesenta, cuando el que escribe se inició en “la política”, la URSS comenzaba a gozar de un renovado prestigio entre la gente que “se movía”. Existían numerosas razones para ello. Se entendía que lo que se decía desde el régimen franquista carecía de la más mínima fiabilidad, y se contaba la anécdota de un millonario adicto que al regresar de un viaje por allá, declaró: “Allí viven peor que nosotros”, y se subrayaba el “nosotros” para los que no caían en el significado. Lo mismo sucedía con las películas anticomunistas vulgares que daban más bien risa. El contraste aparecía como evidente, mientras que el franquismo nos había colocado como un protectorado norteamericano, la URSS competía con la potencia del dólar en el crecimiento económico, y en aquella carrera espacial tan increíble. Recuerdo que mientras asistía con unas pocas personas más y con los muchachos de la escuela nocturna a la exposición de tapices de Goya, nuestro maestro, Don Ángel Vidal, un republicano represaliado, nos enseñó un recorte en el que un conocido corresponsal de La Vanguardia llamado Luís del Arco, contaba como dicha exposición había provocado enormes colas en Moscú. Por aquellos días, los más cinéfilos pudimos disfrutar con el estreno del magnífico Don Quijote (1953), de Gregori Kozintsev, en la que el gran Nicolai Tcherkassov interpreta al idealista hidalgo, en tanto que la ambientación había corrido cargo de Alberto Sánchez, un exiliado como lo habían sido la mayor parte de los artistas, escritores y poetas de su tiempo.

Semejante estado de simpatía había estado en mi caso forjada a través de numerosas referencias, comenzando por el hecho de que la única gesta que podía atribuirse a papá que “nunca se había metido en nada”, fue cuando en la inmediata postguerra el “señorito” del molino de aceite donde trabajaba como un favor, le preguntó que le parecía lo de Rusia. Su respuesta fue: “Seguro que es mejor que aquí”. Menuda la que armó, aunque al final todo quedó igual porque el abuelo seguía siendo un hombre muy respetado. Yo había oído aquí y allá que Rusia fue la única potencia que ayudó a la República, y entre las anécdotas (seguramente inventada) que llegaron a mis oídos había una que se atribuía a Gila. Reflejaba el ambiente que se dio cuando el nazismo fue derrotado en Stalingrado, episodio clave del siglo sobre el que ya se había estrenado una película homónima (Frank Wisbar, 1959) basada en una novela de Sven Hassell, y en la que se daba cuenta de la terrible agonía de los soldados alemanes.

Pues bien, se decía que Gila aparecía en el escenario y tendía una camisa sobre la que decía muchas cosas, hasta que en un momento se detenía para subrayar: “Alguien me dirá que está un poco rota, pero STA-LIN-PI-TA”. Igual me la contó mi pariente Antonio Segura, el comunista del pueblo que se había atrevido a plantarle cara al abominable y repulsivo “franquito” del pueblo, o quizás fuese el mismo Pedra, mi tutor político de los sesenta que aunque era anarquista, reconocía que, a pesar de todo, en Rusia se habían hecho muchas cosas. Por entonces, ya había entrado en contacto con “el Partido”, con los comunistas del barrio que me dejaban libros como El Don apacible, con el que Mijhail Sholojov había ganado el Nobel de Literatura. También había tenido ocasión de escuchar reconocimientos de obreros de procedencia diversa, cenetista incluida, que empero, estaban persuadidos de que la disciplina de hierro de Koba, había sido fundamental para evitar otras derrotas como la de la República. Lo demás eran zarandajas.

Sin embargo, a partir de 1967, esta dinámica digamos “prosoviética”, comenzó en mi caso, y en el de parte del grupo de las “comisiones juveniles” de L´Hospitalet, a cambiar de signo. Fueron varios los factores que influyeron. Supongo que ya existían ciertas lecturas críticas, y como no, películas de altura como Un, dos, tres, de Billy Wilder (1961), o Teléfono rojo, de Stanley Kubrick (1963), que ofrecían una sátira por igual de un lado y otro. La recomendación de la segunda me valió perder la amistad de un compañero de trabajo, un médico que estaba suspendido por haber participado en un aborto. Estaba –claro está- las advertencias de Pedra sobre la actuación del PCE-PSUC durante la guerra, y lo que nos contaba sobre el “uniformismo” y el papel totalitario del Estado. También su discurso sobre la necesidad de tener un pensamiento propio (el “librepensamiento”), conceptos que con relación al partido acabó de sentir por boca de Miguel Núñez, un comunista de antes, en el documental Postguerra.

Inmerso en una intensa labor de lecturas y discusión, mis amistades comunistas me parecieron “detenida” en la obediencia “al Partido”. En este cuadro, la llegada de un universitario que se hacía llamar nada menos que A. Nin, precipitó nuestra evolución con la ayuda de lecturas más avanzadas como lo fueron, entre otros, el Stalin, de Isaac Deutscher, y el Hongria, 1956: socialisme i llbertat, de François Fetjö, ambos publicados en catalán en Edició de Materials. Después llegaron el propio Trotsky, amén de obras de Pierre Broué, Ernest Mandel, etc. En Octubre de 1967, servidor ofrecía una conferencia sobre la revolución rusa en el Centro Social de La Florida, plenamente deudora de dichas lecturas El hecho provocó una pequeña conmoción entre mucha gente que consideró aquello como un atentado contra la cultura comunista, era como querer arreglarlo todo cuando con lo que teníamos aquí –la dictadura-, ya era más que suficiente.

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“Para Robespierre, “la economía política popular” significa que el poder económico debe ser reglamentado por la política y la política es la «propiedad” común del pueblo”. Entrevista con Florence Gauthier.

Joan Tafalla

Conocí la obra de Florence Gauthier a principios de los año 90 del siglo pasado, en el curso sobre la revolución Francesa que dictaba Irene Castells en la Autónoma de Bellaterra. Irene Castells me hizo descubrir la aportación decisiva de Gauthier a los debates y a la renovación de la historiografía de la Revolución. Paralelamente, y asistiendo al seminario de filosofía política que dirige Joaquín Miras desde hace más de quince años, conocí la aportación de Florence a la renovación de un republicanismo democrático y social[1]. La cosa me llevó a leer su obras[2] y a traducir al catalán su esencial artículo “Crítica del concepto de revolución burguesa aplicado a las revoluciones de los derechos del hombre y del ciudadano del siglo XVIII”[3]. Dediqué el verano de 2005 a traducir su antología de Robespierre, notable porque al contrario de otras antologías, Gauthier destaca en la misma el pensamiento social del Incorruptible, así como aquellos elementos que le muestran como expresión del movimiento social y no ajeno e incluso divergente del mismo como ha querido algún historiador del siglo XX[4]. En el marco de una investigación en curso sobre el movimiento popular francés en revolución, hice a Florence Gauthier en Paris ( julio de 2006), una larga entrevista de carácter historiográfico que se publicará en otra ocasión y quedó pendiente este cuestionario para una entrevista más, por decirlo así, política sobre Robespierre. Lo habíamos dejado para el próximo verano, pero la ocasión de este monográfico de El Viejo Topo sobre republicanismo nos ha permitido a ambos retomar el proyecto.

Entrevista a cargo de Joan Tafalla.

Joan Tafalla.- Robespierre es el único gran hombre de la Revolución que no cuenta con ningún nombre de calle en París. Después de la Ocupación, con el gobierno surgido de la resistencia hubo una tentativa que no fructificó, y hasta ahora. ¿ Cuál es la razón de este hecho?

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Historias de clásicos

Salvador López Arnal.

Francis Wheen, La historia de El Capital de Karl Marx. Debate, Madrid, 2007, 157 páginas. Traducción de Carles Mercadal.

Janet Browne, La historia de El origen de las especies de Charles Darwin. Debate, Madrid, 2007, 187 páginas. Traducción de Ricardo García Pérez.

El Viejo Topo

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Declaración ante el «pacto de desbloqueo» de la ley de la memoria

Gregorio Dionis

Equipo Nizkor – Declaración ante el "pacto de desbloqueo" de la ley de la memoria. EQUIPO NIZKOR Información. DERECHOS 19br07 —————————————————————————- Declaración ante el "pacto de desbloqueo" de la ley de la memoria. —————————————————————————- I) El mismo día que en Europa se decidió considerar delito la promoción o defensa de las ideas nacionalsocialistas, en España se hizo público, a través de la prensa, el "desbloqueo de la ley de la memoria". El acuerdo al que han llegado es en realidad una forma de promoción de la legalidad franquista y de sus consecuencias. Es evidente que los autores de esta nueva elaboración siguen siendo personas anónimas, pues nadie se hace responsable de las proposiciones conceptuales de filosofía del derecho que se supone soportan la técnica jurídica necesaria para que una ley sea concordante con el derecho interno, con el derecho internacional y con los principios de "ius cogens", todos ellos de obligado cumplimiento por las instituciones estatales. Esto incluye, como no puede ser de otra forma, las leyes aprobadas por el Parlamento. II) Normalmente, antes de emitir una opinión, esperamos a tener el texto oficial y legal de la proposición de ley o del documento concreto que recoge las expresiones legales que no sólo documentan, sino que dan forma a ese tipo de acuerdos. Es evidente que ninguno de los medios de prensa que ha informado reprodujo el texto de los acuerdos adoptados para el "desbloqueo de la ley de la memoria". Y no lo han hecho simplemente porque sus artículos tienen la finalidad, no de informar, sino de crear una imagen que induzca al apoyo incondicional de este "fabuloso acuerdo". Y decimos fabuloso porque en realidad es una fabulación más a las que nos tienen acostumbrados desde que han tenido que hacer frente a la demanda de las asociaciones de víctimas y a las asociaciones de derechos humanos que hemos decido hacer frente a lo que hemos denominado el "modelo español de impunidad". La fabulación se basa en la utilización de una manipulación lingüística y conceptual que no sería aceptable en un alumno de introducción a la filosofía del derecho, o a cualquier persona con sentido común. Se trata de que el imaginario popular crea que el término "ilegítimo" es sinónimo de "ilegal". Esto, además de ser una falsedad ideológica en el uso semántico de los términos lingüísticos, es un desprecio a la razón y a las asociaciones de víctimas en la medida que pretenden que tengamos que responder a una irracionalidad conceptual y no al fondo de la cuestión. Parten de creer que las víctimas del franquismo son "incultas" y "sin formación", y por lo tanto, van a celebrar como un triunfo legal esta manipulación que por arte de birbirloque convierte lo meramente moral en legal. II) El acuerdo, cuyo texto encontrarán la final de este comunicado, en uno de sus párrafos bajo el apartado de "reconocimiento general" dice que: "Como expresión del derecho de todos los ciudadanos a la reparación moral y a la recuperación de su memoria personal y familiar, se reconoce y declara el carácter radicalmente injusto de todas las condenas, sanciones y cualesquiera formas de violencia personal producidas por razones políticas o ideológicas, durante la Guerra Civil, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura." Y éste se complementa con otro artículo del apartado "Declaración de reparación y reconocimiento personal" que dice así: "Se declara la ilegitimidad de los tribunales y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos ideológicos o políticos condenas o sanciones de carácter personal, así como la de sus resoluciones." "Por ser contrarios a Derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, se declara en todo caso la ilegiti midad, por vicios de forma y fondo, del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, los Tribunales de responsabilidades políticas de la Junta de Defensa Nacional, de la Junta técnica del Estado y el Gobierno y el Tribunal de Orden Público, así como todos los Consejos de Guerra realizados por motivos ideológicos o políticos, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 2.2 de la presente ley." "Igualmente, se declaran ilegítimas las condenas y sanciones dictadas por motivos ideológicos o políticos por cualesquiera tribunales u órganos penales o administrativos durante la Dictadura contra quienes defendieron la legalidad institucional anterior, pretendieron el restablecimiento de un régimen democrático en España o intentaron vivir conforme a opciones amparadas por derechos y libertades hoy reconocidos por la Constitución". Pero además de esta manipulación lingüística formal, el pacto agrega un párrafo que demuestra la mala fe del acuerdo: "La Declaración a que se refiere esta Ley será compatible con cualquier otra fórmula de reparación prevista en el ordenamiento jurídico y no constituirá título para el reconocimiento de responsabilidad patrimonial del Estado ni de cualquier Administración Pública, ni dará lugar a efecto, reparación o indemnización de índole económica o profesional. El Ministerio de Justicia denegará la expedición de la Declaración cuando no se ajuste a lo dispuesto en esta Ley". III) Hay una norma de derecho que hace inválido e ilegal un acuerdo civil, una ley e incluso un acuerdo internacional y es lo que en derecho se denomina "el principio de buena fe". Pues bien, este acuerdo al que han llegado los grupos parlamentario de IU y el PSOE es inválido e ilegal porque viola este principio de buena fe. Es obvio que el régimen franquista tiene un origen ilegítimo en cuanto proviene de un golpe de estado, pero este hecho -que es una condición suficiente- no es, por si solo, el que define la ilegalidad del régimen franquista. Este régimen fue, es y será ilegal y responsable de actos que se pueden considerar como crímenes contra la humanidad. Pero además, es parte del entramado filosófico y conceptual que promovió el nacionalsocialismo y el fascismo en Europa. Este acuerdo se basa en un acto elemental de mala fe al querer hacernos creer que si bien es ilegítimo, los actos del franquismo fueron legales y, por lo tanto, el Estado no tiene que asumir las consecuencias y reparar los daños. Pero además viola principios democráticos profundos al dejar abierta la puerta para que se pueda entender que existen golpes de estado "legítimos" frente a un sistema democrático. Sería bueno que los artífices de esta manipulación conceptual nos explicaran cuáles son los actos que pueden convertir en legítimo un golpe de estado en contra de un régimen democrático y que, según ellos, lo pueden llevar a ser legal. No es de menor importancia el hecho de que se refieran a "…la ilegitimidad de los tribunales y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido…", forma eufemística de igualar a los tribunales de la II República, responsables de intentar mantener el estado de derecho y las libertades civiles, con los tribunales militares ilegales de los sublevados. Es un escarnio para todos los jueces y fiscales de aquella época que fueron ejecutados sumaria o extrajudicialmente, pero lo es también para todos los magistrados europeos que tuvieron que hacer frente al nacionalsocialismo, al fascismo italiano, al régimen de Petain o al sistema de legislación racial que se aplicó en el Este de Europa. Es evidente que este tipo de pensamiento profundamente antidemocrático proviene de las ideas del denominado "decisionismo jurídico" defendido por Carl Schmitt, de amplia difusión en las instituciones académicas y militares del franquismo y que ha pervivido hasta la fecha. Este principio se basa en sostener que un régimen proveniente de un golpe de estado es legítimo y que la mera legitimidad reemplaza a la normatividad legal. IV) Este acto de mala fe se complementa con la eliminación del "Consejo de Notables" previsto en los artículos 5 y 6 del proyecto de la llamada "ley de la memoria"; este Consejo sería ahora reemplazado por un certificado expedido por el Ministerio de Justicia al que sólo tendrán acceso, y citamos textualmente, "las personas afectadas y, en su defecto, su cónyuge o persona ligada por análoga relación de afectividad, sus ascendientes, sus descendientes y sus colaterales hasta el segundo grado". Es evidente que la propuesta del "Consejo de Notables" que incluye el proyecto del ley del Gobierno, era absolutamente ilegal e indigna de cualquier principio democrático, pero no lo es menos que el Ministerio de Justicia certifique que un ciudadano fue víctima del régimen franquista; peor aún es la determinación por ley de quiénes reúnen las condiciones para poder requerir este certificado de buena conducta democrática. Obviamente quedan exceptuados los colectivos, las asociaciones que desaparecieron como parte del exterminio y todos aquéllos que no tengan herederos legítimos o, simplemente, no tengan representación alguna. En realidad lo que se pretende es ignorar el derecho colectivo a la memoria y convertirlo en un acto individual y personal. Esto es concordante con un reconocimiento moral y tiene que ver con los actos privados del perdón. Pero para eso no hace falta una ley porque los actos privados y de conciencia no pueden ni deben ser regulados. Lo que omiten estos párrafos son el derecho a la justicia y el derecho a la verdad como una obligación del estado de derecho. V) Este acuerdo incumple las normas internacionales de derecho humanos, viola el derecho internacional y viola la igualdad ante la ley, dándose la circunstancia de que si se mantiene este criterio, las víctimas del franquismo y sus descendientes no tendrán derecho a la justicia y el Estado se negará por ley a asumir sus responsabilidades frente a las violaciones graves de los derechos civiles y los derechos humanos. VI) Por último, debemos remarcar una vez más que este tipo de proposiciones tienen un componente adicional que demuestra la mala fe y es el reducir el inventario de cuestiones pendientes relacionadas con las víctimas del franquismo a la única cuestión de los juicios sumarísimos, desconociendo de hecho y de derecho todas las reclamaciones que están recogidas en el "Plan de Acción" que fue incluido oportunamente en el documento "La Cuestión de la Impunidad en España y los Crímenes Franquistas", hecho público el 14 de abril de 2004, así como en la declaración "Entre la cobardía moral y la ilegalidad", donde se ratifican todas las declaraciones temáticas y que ha sido apoyada por la práctica totalidad de asociaciones del estado relacionadas con la problemática de la impunidad franquista. Resulta vergonzoso tener que recordar a los Grupos Parlamentarios que han llegado a este acuerdo que el inventario de problemas pendientes no es arbitrario, no viola la actual constitución y es concordante con el derecho internacional de los derechos humanos, el derecho interno y las normas imperativas de "ius cogens. Ocultarlo aplicando lo que hoy se denomina la "técnica del ninguneo", no tendrá como efecto el que desaparezcan los problemas pendientes y, mucho menos, las obligaciones legales del estado que, antes o después, éste deberá asumir. No puede ser de otra forma en un estado de derecho, dado que las características de los crímenes cometidos por el régimen franquista reúnen las condiciones de imprescriptibilidad reconocidas incluso por el Tribunal Europeo de Derecho Humanos en una fecha tan cercana como el 17 de enero de 2006. Madrid, 19 de abril de 2007 Gregorio Dionis, presidente del Equipo Nizkor

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Vida quotidiana en un país en guerra i revolució

Miquel Izard

Universitat de Barcelona

1. Una drecera inversemblant que menava a una quimera

Berga, parlant de literatura en anglès sobre la matèria, alerta, “Es diu que la veritat sol ser la primera baixa en una guerra. Aproximar-se a la realitat d’una situació tan extrema amb la il·lusió d’alguna mena d’objectivitat és, probablement, un exercici inútil”. En efecte, si recuperar el passat és peripècia incerta, assajar treure l’entrellat de l’ocorregut entre 1936 i 1939 és impossible donat l’antagonisme de parers, fins i tot de gent del mateix bàndol. Si per Raimon d’Abadal, Dietari, “ni la Revolució Francesa, ni la Revolució Russa han arribat a les enormitats que es cometen a la nostra terra. Tot rastre de civilització és perseguit. És la devastció total, és l’anticivilització”; mossèn Sancristòful resava “A la matinada del 18 de juliol el general Franco, alçava, ben visible, al Marroc, la bandera per l’alliberació de la pàtria, ja gairebé en mans dels comunistes. Començava la gran croada que costaria a Espanya més d’un milió de morts. [Catalunya era] esclava, amb una esclavitud pitjor que la de Felip V, i l’havia lligada al jou estranger de la Unió Soviètica”; mentre fa poc feia Mas: “A la FAI i al POUM, els va sobrar autoestima autopropagandista, els va mancar un veritable sentit d’orientació històrica, i no van actuar, tal com ho exigien les circunstàncies com a punta de llança per sufocar la rebel·lió militar, com demanava el més elemental sentit de les prioritats”. I, ho veurem de seguida, gent de tota mena opinaren al contrari. Ja fa anys Josep Fontana esmentava, en una entrevista, la diferència entre imparcialitat i objectivitat, aquella impossible, aquesta imprescindible. Assajaré de triar entre tanta palla i no gaire gra, esbrinar capgiraments i designis, parells o antitètics de procesos revolucionaris de la primera meitat del XX, que si més no deien voler bastir una societat radicalment diferent de l’anterior.

Cal recordar que a la societat catalana dels 30, la inclement explotació d’una majoria, condemnada a la misèria, facilitava beneficis exorbitants a una minoria que malversava i ostentava. Abisme injust i immoral que sols perdurava mercès a l’acció dels cossos repressius de l’Estat, policies paral·leles i Església, encarregada de la coerció ideològica; cosa que venia fent des dels ben anomenats Reis Catòlics, en els tres primers segles mercès al Sant Ofici i, aprés, elaborant i vertebrant el discurs teològic justificant i legitimant l’espoli de classe.

El capítol es cenyirà en especial als primers mesos, temps de canvis, esperances i propòsits, reemplaçats posteriorment pel desencís, els desencerts i les seqüeles de la llarga guerra, massa mort al front o als bombardejos, carències de tota mena i fam.

2. Impressió d’efervescència i entusiasme

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La revolución inoportuna

Fernando Claudín

(*)

El comienzo de la revolución española –la única revolución que tuvo lugar en Europa durante la existencia de la IC, aparte la efímera república soviética húngara de 1919­- cogió desprevenidos a los dirigentes del "partido mundial".

.En febrero, de 1930, Manuílskí, Informando ante el Ejecutivo de la Komintern, se explaya sobre "las vastas perspectivas que se abren de transformación del actual auge revolucionario de los países capitalistas avanzados y de las colonias en situación revolucionaria”. "Auge revolucionario" en los "países capitalistas avanzados" no existía en ese momento más que en la imaginación del representante de Stalin en la Internacional Comunista (IC), pero poco antes de la reunión del Ejecutivo había caído la dictadura de Primo de Rivera, y algunos de los presentes en la reunión se interrogaron sobre la significación del acon­tecimiento. Manuilski replicó: “No es en España donde se decidirá la suerte de la revolución proletaria mundial […] una huelga parcial puede tener mayor importancia para la clase obrera internacional que ese género de "revolución” a la española, efectuada sin que el partido comunista y el proletariado ejerzan su misión dirigente. “(1). Pero la revolu­ción "a la española” se empecinó en seguir adelante, pese a no estar en las previsiones de Manuilski ya la casi inexis­tencia del partido ungido por la historia con la “misión dirigente”. La sección española de la IC, en efecto, apenas contaba con 800 miembros cuando cae la monarquía, en abril de 1931. Más grave que su exigüidad numérica era su reducidísima influencia en el proletariado, y su extrema debilidad teórica (2). Rasgo, este último, común a todo el movi­miento obrero español. Ni socialistas ni anarcosindicalistas las dos grandes tendencias en que se divide el proletariado peninsular desde el siglo XIX- tenían ideas claras sobre la naturaleza del proceso revolucionario que se inicia en 1930­-1931.

Los primeros consideran que se trata de una revolución puramente burguesa y se atienen a su “programa mínimo”; la dirección de la república deben asumirla los partidos republicanos burgueses. Lo más que puede hacer el Partido Socialista es cooperar lealmente con ellos para realizar un programa de reformas que interesen también a la clase obrera española. Se dispone, en una palabra, a seguir las huellas de la socialdemocracia europea. Los anarcosindicalis­tas parten del mismo’ supuesto -la revolución es puramente burguesa- pero la conclusión operativa es radicalmente opuesta: ninguna colaboración con la república del 14 de abril. Hay que ir a la revolución social para instaurar el "comunismo libertario”. Los comunistas, faltos en los pri­meros meses de directivas claras del centro de Moscú, impro­visan guiándose por la línea general, ultraizquierdista, que sigue la IC en ese periodo. Su posición puede resumirse en las siguientes consignas: "¡Abajo la república burguesa de los capitalistas, los generales y el clero! ¡Por la república de los soviets de obreros, soldados y campesinos!”. Muy española, casi anarcosindicalista, la primera. Completamente exótica y fuera de lugar, la segunda (3).

En verdad, nadie sabía lo que iba a ser aquello, ni en Moscú ni en Madrid. A poco de ser proclamada, la “república del clero” parecía un crematorio de iglesias, y los generales comenzaban a conspirar contra la “república de los genera­les”. En un esfuerzo de clarificación, la nueva Constitución proclama que se trata de una "república de trabajadores de toda clase”. Pero los trabajadores de “primera clase” se apresuran a enviar sus capitales al extranjero, mientras que los de tercera declaran huelgas y ocupan fincas de terrate­nientes, con el notorio propósito de reducirla a república de una sola clase. La Constitución define a España como un “Estado integral”, pero admite las “autonomías”, y las nacionalidades periféricas, que soportan desde el siglo XVI el centralismo castellano, tienden a que el “Estado integral” se desintegre en tres o cuatro. Azaña anuncia la sorprendente nueva de que España “ha dejado de ser católica”, y las Cortes -que hacen a Azaña jefe del gobierno- eligen presi­dente de la república al muy católico Alcalá Zamora. Araquis­tain afirma con aplomo que “ningún pueblo es racialmente [sic] tan socialista como España”, y Unamuno sale por los fueros del “individualismo” español. Así, apenas venida al mundo, la república española ofrece mil perfiles, pero Ortega y Gasset dice muy sesudamente: “Es preciso rectificar el perfil de la república”. Todas las señoras leídas admiran la profundidad del filósofo, y mientras tanto la guardia civil comienza a “rectificar” ametrallando a los campesinos. En una palabra, la revolución “a la española” se presenta bastante embrollada, pero la IC la clasifica rápidamente en el tipo de revoluciones “democrático-burguesas” que encajan en la teoría elaborada por Lenin para… la Rusia de comienzos de siglo.

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La cuestión anarquista en la revolución española

Pepe Gutiérrez-Àlvarez

(*)

Como es bien sabido, el anarquismo mundial tuvo en España su máxima representación e influencia. Esto ha llevado a decir a algunos especialistas que la presencia libertarla ha sido el trazo más original de su historia contemporánea. Lo que es más seguro es que este hecho fue el más singular de la guerra y la revolución de 1936-1939, fechas absolutamente cruciales en la historia de la anarquía. Después de numerosas derrotas, el movimiento libertarlo internacional creyó encontrar en la contienda española su ocasión de oro para demostrar al mundo, y muy particularmente a los marxistas, cómo se hacia una revolución, o sea de una manera antiestatal y autogestionaria, siguiendo otras pautas de las del modelo bolchevique de 1917 que coincidían casi unánimemente en descalificar (1).

En el momento en que estallaron las "jornadas de julio", la Asociación In­ternacional de Trabajadores (AIT), creada en 1922 en Berlín en oposición a la II y a la III Internacional, puede di­vidirse claramente entre su principal sección, la española, con más de medio millón de afiliados -que se ampliarán considerablemente a continuación-, y el resto, en su mayor parte secciones diezmadas por el avance fascista -Portugal, Alemania, Italia- o en decadencia -Francia, Argentina-, todas francamente minoritarias o instaladas en el exilio, como será también el caso de los anarquista rusos (2).

Después de un efímero fulgor con la Internacional Antiautoritaria o Negra, animada por el propio Bakunin, el anarquismo había sido desplazado de los principales centros industriales por la Internacional Socialista que había rechazado tempranamente la filiación anarquista por antipartidista y antiparlamentaria. A principios de siglo XX conocerá otro gran momento con el auge del sindicalismo revolu­cionario -encarnado por Ferdinand Pelloutier y por los principios expuestos en la Carta de Amiens-, pero en el momento del estallido Primera Guerra Mundial, pero sobre todo, con el triunfo de los bolcheviques en Ia revo­lución rusa de Octubre de 1917, conocerán sucesivas crisis que se saldan en provecho de la Internacional Comunista en los países semiindus­trializados; donde muchos de sus cuadros serán atraídos por el bolchevismo ascendente (3). España será aquí también la gran excepción. Así será incluso durante la resistencia contra la dictadura de Primo de Rivera, y así se llega cuando se implanta la II República, y prosigue cuando estallan la guerra y la revolución. En este momento el anarquismo mundial hará suya las esperanzas de la CNT-FAl y los militantes anarquistas de todo el mundo vivirán intensamente su guerra de España, algunos lo harán viajando para engrosar unas siglas que ya eran míticas.

La excepción española

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PCE, marca registrada

Javier Ortiz

Y el PCE aceptó que los albaceas testamentarios del franquismo lo sometieran a examen. Y se avino a pasar bajo esas horcas caudinas, pese a que eso significaba, de un lado, legitimar la autoridad de quienes se arrogaban el derecho de otorgar o negar a los demás patentes de ortodoxia democrática, y del otro, transigir con el hecho de que aún quedaran en la ilegalidad otras organizaciones políticas antifranquistas.

A algunos no nos sorprendió lo más mínimo. Era coherente con la posición que Santiago Carrillo y sus más próximos venían manteniendo desde hacía años, pero muy destacadamente desde 1976. Aunque su aceptación de la Monarquía –es decir, del Rey designado por Franco para sucederle en la Jefatura del Estado– no se produjera formalmente hasta el 14 de abril (sic!), Carrillo ya había hecho saber a Suárez que estaba dispuesto a respaldar el proceso de reforma del Régimen, renunciado a la ruptura que había defendido formalmente en los inicios de la Transición. Suárez sabía que podía creerle: había constatado los esfuerzos hechos por Carrillo para moderar la movilización popular, sin la cual la estrategia rupturista resultaba insostenible.

Aunque en un primer momento no se apreciara, la sucesión de renuncias que caracterizó la línea política seguida en aquellos años por la dirección del PCE introdujo en sus filas un germen de desmoralización y de derrotismo que lo empujaría hacia la pendiente de su autodestrucción, frenada casi in extremis por la corriente que pondría en marcha Julio Anguita más de una década después (*). La base militante y social del PCE, disciplinada como ninguna otra, aceptó resignadamente las consignas desmovilizadoras y conformistas de Carrillo, pero muchos no las sintieron nunca como propias.

¿Qué hubiera podido suceder si el PCE hubiera asumido una política más audaz, menos acomodaticia? Es imposible saberlo. En el seno del propio PCE hay en marcha actualmente un interesante debate sobre el papel que jugó su partido en la Transición. Tengo para mí que con aquellos protagonistas difícilmente hubiera podido representarse un drama muy diferente. Pero no me cabe duda de que las supuestas astucias y zorrerías que propició entonces Carrillo –tan festejadas aún hoy por la derecha, y con razón– contribuyeron en no poca medida a que la política española sea la que es desde hace 25 años, y a que la izquierda no neoliberal y no atlantista juegue desde entonces un papel muy limitado, a menudo casi testimonial.

¿Que de todos modos el PCE iba a acabar en las mismas, porque era el signo de los tiempos? Tal vez. Pero no es lo mismo intentar algo y no lograrlo que renunciar a ello de antemano.

__________(*) Aunque los resultados electorales sean sólo un indicador entre varios posibles, vale la pena recordar que en las elecciones de 1986, Izquierda Unida, con el PCE como principalísimo baluarte, se quedó en el 4,63% de los votos. En 1989, tras llegar Anguita a la Secretaría General y ser elegido coordinador general de IU, duplicó el porcentaje de los votos obtenidos, cifra que mejoró en las elecciones generales de 1993, y aún más en las de 1996, en las que obtuvo 2.639.774 votos (el 10,54% del total). En otras elecciones superó ese porcentaje.

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El PC de EEUU dona sus archivos históricos a la Universidad de Nueva York

Patricia Cohen

El Partido Comunista de EEUU dona sus archivos históricos a la Universidad de Nueva York Patricia Cohen · · · · ·

1/04/07

El cantautor, organizador obrero y héroe de folk Joe Hill ha sido motivo de poemas, canciones, una ópera, libros y películas. Su voluntad, escrita en verso la noche antes de que un pelotón de fusilamiento de Utah lo ejecutara en 1915 y más tarde fuera musicada, devino parte de la banda sonora del movimiento obrero. Ahora la copia original de esa voluntad esbozada se encuentra entre las inesperadas joyas históricas desenterradas de una enorme colección de documentos y fotografías jamás hechos públicos que el Partido Comunista de los EEUU ha donado a la Universidad de Nueva York.El alijo contiene décadas de la historia del partido e incluye documentos fundacionales, contraseñas secretas, pilas de cartas personales, directrices secretas de Moscú, pines de Lenin, fotografías y severas órdenes sobre cómo debían comportarse los buenos miembros del partido (no realización de trabajo caritativo, por ejemplo, que les distrajera de sus deberes revolucionarios). Al ofrecer una visión interna, los archivos tienen el potencial de revisar supuestos tanto en la izquierda como en la derecha sobre uno de los temas más discutidos en la historia americana, además de completar la historia de la política progresista, el movimiento obrero y las luchas por los derechos civiles. “Es una de las oportunidades recopilatorias más apasionantes que se hayan presentado aquí jamás”, decía Michael Nash, director de la Biblioteca Tamiment, de la Universidad de Nueva York, que anunciará la donación el viernes. Historiadores liberales y conservadores, informados por The New York Times sobre los archivos, se mostraron entusiasmados ante la incorporación de tantos documentos originales al archivo histórico. Nadie sabe aún si podrán resolverse las persistentes discusiones sobre la extensión de los vínculos entre los subversivos americanos y Moscú, ya que, como ha dicho el Sr. Nash, “nos llevará años catalogarlos”. Pero lo más apasionante, como han dicho el Sr. Said y otros investigadores, son los nuevos campos de investigación que se abren, más allá del desarrollo en casa de la amenaza a la seguridad durante la guerra fría.

La última rima de Hill ─que empieza mi voluntad es fácil de decidir / no hay nada ahí que dividir─ se descubrió en una de las 12.000 cajas. (Hill fue condenado, algunos pensaron que erróneamente, por homicidio.) En otras cajas había esbozos de programas del partido con cambios manuscritos para su edición y una copia grapada de su primera constitución. “El Partido Comunista es un hecho”, escribía el 18 de septiembre de 1919 C. E. Ruthenberg, el secretario ejecutivo, días después de que los fundadores se reunieran en Chicago. Un documento de 1920 señala la fusión del Partido Comunista con el Partido de los Trabajadores. Recoge Dix como nombre secreto de Earl R. Browder, que años más tarde se convertiría en secretario general del partido, L. C. Wheat, como el de Jay Lovestone, que posteriormente renegaría del comunismo y trabajaría con la AFL-CIO y la CIA, y se refiere a Alexander Trachtenberg como “uno de los agentes fiduciarios de Lenin en América”. A causa de haber permanecido dobladas durante años, muchas de las páginas están impresas con líneas surcadas como caras arrugadas; otras están agujereadas por quemaduras de cigarrillo y son delgadas como papel cebolla. Algunas carpetas, repletas de artefactos desmontables, son como si hubieran sido rociadas con confeti amarillo.Ruthenberg subraya la “forma secreta en que se dirige el partido”. La rama de Los Angeles, conocida como XO1XO5, utiliza la contraseña “kur-heiny, que significa ‘¿Avanzas?’”, escribe. “La respuesta es: teip, que significa ‘sí’.”

Copia un carta firmada por los rusos Nikolai Bujárin y Ian Berzin, que dice que estaba oculta en el forro del abrigo de un bolchevique, sobre cómo debían actuar los americanos. Ordenan al partido a que exhorte a soldados y marineros a hacer campaña “contra los oficiales” y a armar a los trabajadores. Advierten de autorizar a los miembros a tomar parte en actividades filantrópicas o educativas, insistiendo en que forman “organizaciones de lucha para tomar el control del Estado, para derrocar al gobierno y establecer la dictadura del proletariado”. Robert Minor, un dibujante y radical que cubrió la guerra civil rusa, tiene un lúcido y lírico informe de una entrevista con Vladimir Lenin en Moscú fechado en diciembre de 1918. A Lenin le fascinaba América, la consideraba “un gran país en muchos aspectos” y cosió a preguntas a Minor. “«¿Cuánto tardará en llegar la revolución a América?» No me preguntó si llegaría, sino cuándo.” Minor, que aún no se había unido al partido, consideró a Lenin un hechicero. “Cuando arroja su dogma, se ve al Lenin luchador. Es de hierro. Es el Calvino político”, dice Minor en sus notas mecanografiadas. “Sin embargo, tiene su otra cara. Durante toda la discusión estuvo moviendo su silla hacia mí”, escribe. “Me sentí extrañamente sumergido por su personalidad. Llenaba la habitación.” Cuando abandonó el Kremlin, Minor se fijó en dos hombres a bordo de limusinas. “Unos meses antes eran sangrientos agentes del capital de rapiña”, escribe. “Pero ahora son «comisarios del pueblo» y conducen bonitos automóviles como antes y viven en bonitas mansiones.” Gobiernan “bajo banderas de seda rojas para protegerse de cualquier desorden. Han percibido los olores de rosas igual de dulces bajo otro nombre.”

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