Un punto de encuentro para las alternativas sociales

ROSA LUXEMBURGO: UNA HEROÍNA DE LA REVOLUCIÓN

      Nota introductoria. “A lo largo del  pasado año hemos asistido a toda clase de eventos relacionados con el centenario de Hannah Arendt. Se han publicado trabajos biográficos, se han publicado “dossiers” en los diarios, y se han organizado numerosos debates. Sin embargo,  tal como mandan los cánones establecidos en la coyuntura cultural dominante, solamente en algún caso se ha hecho referencia a sus posicionamientos “consejistas” (una corriente surgida en el seno de los primeros partidos comunistas –sobre todo en el holandés y en el alemán- que situaba a los consejos obreros como alternativos a los sindicatos y al parlamentarismo, y entre cuyos representantes se pueden citar el joven Lukács, Karl Korsch, Otto Rühle, Hermann Gorter, etc),  y apenas si se ha citado la amistad de Marthe, su madre, con Rosa Luxemburgo, a la que Hannah admiró profundamente. Una muestra de esta vinculación la encontramos en este trabajo –con el que podemos polemizar en algún que otro punto como en el del marxismo de Rosa-, que hemos recuperado de El desafío de Rosa Luxemburgo, editado en Proceso, Buenos Aires, 1972, junto con trabajos de Bertand D. Wolfe, Gilbert Badia, León Trotsky, Lenin (el libro está precedido por una cita suya: “Rosa Luxemburgo fue y seguirá siendo un águila”), J.P. Netl, John Knieff, Daniel Bensaïd, Alian Nair, Michael Lowy y Paul M. Sweezy…El texto de Hannah fue traducido de la reviste Preuves, París, noviembre, 1967. PGA”. 

      

        La biografía monumental, al estilo inglés bien docu­mentada, cargada de notas y generosamente sembrada de citas- es uno de los géneros más admirables de la historiografía, y fue un rasgo de genialidad por parte de J. P. Nettl elegir la de Rosa Luxemburgo, cuya vida podría. parecer la menos indicada para este tipo de empresa (1). En efecto, se trata de un género clásico apto para relatar la vida de grandes hombres de estado o de personajes importantes, y Rosa Luxemburgo no tiene nada en común con ellos. Aun en su propio medio, el del movimiento socialista europeo, ella ha sido más bien un personaje marginal que conoció contados mo­mentos de esplendor o de gloria, y su influencia tanto por sus acciones como por sus escritos, apenas puede compararse con la de sus contemporáneos, Plekhanov, Trotsky y Lenin, Bebel y Kautsky, Jaurés y Millerand.

       Muy joven aún, Rosa Luxemburgo abandonó su Po­lonia natal, para entregarse a una intensa actividad en el partido socialdemócrata alemán; continuó desem­peñando un papel decisivo en la historia tan descuidada y mal conocida del socialismo polaco, y durante casi veinte años fue el personaje más discutido e incom­prendido de la izquierda alemana. Cabe preguntarse cómo Nettl ha logrado llevar a cabo su propósito tra­tándose de una mujer que, si bien actuó con tanto em­peño en el ámbito de la política europea de su tiempo. nunca fue reconocida oficialmente. En realidad, el éxito o el fracaso de una biografía al estilo inglés no sólo depende de la gloria del personaje elegido, o del inte­rés que pudo revestir su existencia; en este género literario la historia no se toma como el inevitable fondo de determinada vida humana, sino que se trata de lo­grar que la luz incolora de una época histórica se re­fracte a través del prisma representado por una fuerte personalidad, de manera que el espectro resultante ofrezca una coherencia perfecta, lograda mediante la unión de una existencia y un mundo. Dicho de otra manera, el éxito parece ser una condición previa para el buen resultado de una obra de este tipo. y es preci­samente el éxito -aun en su propio universo, el de la revolución- lo que le ha sido negado a Rosa Luxem­burgo durante su vida, en la hora de su muerte, y aun después. ¿Será que el fracaso en que terminaron todos sus esfuerzos, por lo menos en lo que respecta al lugar que se le reconoce oficialmente, está, de un modo u otro, ligado al siniestro fracaso de la revolución en este siglo? ¿No veríamos la historia con una luz diferente si la observáramos a través del prisma de su vida y sus obras?

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Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo” (y II)

Manuel Sacristán Luzón

(Presentación, trascripción y notas)

Coloquio (continuación).

3ª: Se le pregunta a Sacristán por el interés de las críticas “reaccionarias” a la tradición marxista provenientes de los entonces llamados “nuevos filósofos” franceses.

         Te pediría el retoque de la pregunta porque yo no tengo nada claro que porque un movimiento o una crítica sea reaccionaria no nos pueda ser útil. Ahí están Balzac y Marx.

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Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo”

Manuel Sacristán Luzón

(Presentación, trascripción y notas).

Aunque se publicó por vez primera en 1990 en la revista barcelonesa mientras tanto, esta conferencia de Sacristán sobre el estalismo data de 1978. Diez años antes, pocos días después de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, en carta de 25 de agosto de 1968 dirigida a su amigo Xavier Folch, Sacristán comentada: “Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar./ La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves” [El subrayado es mío].

La lectora o el lector que lea treinta años después esta intervención de Sacristán -más teniendo en cuenta lo mucho que ha llovido y granizado desde entonces- no debería olvidar una serie de consideraciones para poder valorar mejor las informaciones, argumentos y posiciones defendidos por Sacristán en su intervención :

En primer lugar, y como es sabido, la URSS existía como estado, como segunda gran potencia mundial se decía entonces. No había entonces síntomas detectados que hicieran pensar que su desintegración como “unión de repúblicas de soviets” estuviera en un horizonte cercano o lejano. El gigante tal vez tuviera pies de barro pero aparentaba tener una salud aceptable, adecuada a su edad y al intento de asaltar cielos europeos y asiáticos.

En términos parecidos podría hablarse respecto a su modo de producción económico, respecto al socialismo en construcción. Nada hacía pensar entonces en el triunfo del capitalismo salvaje y mafioso en tierras de Lenin, Gorki y Bujarin. Se hablaba desde la izquierda de capitalismo de Estado o de un “Estado obrero degenerado” pero esas caracterizaciones, en todo caso, eran cosa muy distinta, una forma de indicar que lo allí se había construido, lo que allí e estaba construyendo, quedaba lejos de lo que en teoría, en la simple fácil, pura y manejable teoría, se consideraba una sociedad socialista. La acuñación del pragmático y nefasto termino “socialismo real”, sin duda pensado desde alguna instancia publicística del sistema, respondía a esa política de corto alcance: nosotros no teorizamos, obramos, practicamos, nos esforzamos en una praxis humana, demasiada humana, eso sí, con imperfecciones, alejados de modelos puramente ideales. Nuestro mejor decir, decían, era nuestro imperfecto hacer. Prueben ustedes, háganlo mejor, retaban.

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Seis ensayos de un gran historiador

Salvador López Arnal

Gerald Holton, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traducción de Juan Luis Chulilla y José Manuel Lozano-Gotor, 220 páginas.

Gerald Holton estudia con pasión y autoridad el papel de la ciencia en la cultura occidental, así como la necesidad de la razón y el conocimiento para que la humanidad tenga futuro.

Stephen Jay Gould

Ciencia y anticiencia reúne seis ensayos de Gerald Holton publicados previamente entre 1989 y 1992 en revistas académicas de epistemología, historia y sociología de la ciencia de la importancia de Isis, Archives internationals d´Histoire des Sciences o Public Understanding of Science. Su autor es profesor de Física y de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard. Forma parte del comité editorial que trabaja en la publicación de las obras completas de Einstein y es autor, entre otros importantes ensayos, de Los orígenes temáticos del pensamiento científico: de Kepler a Einstein y de Einstein, historia y otras pasiones

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Destacable aproximación a la mecánica cuántica

Salvador López Arnal

Georges Charpak y Roland Omnès, Sed sabios, convertíos en profetas

 Ed. Anagrama. Barcelona (España), 2005 Traducción de Javier Calzada

       Es muy probable que el título de este ensayo produzca temblores (y horrores) en más de un lector. Es posible que si se ojea al azar el volumen y se lee el texto de Jawaharlal Nehru que lo cierra (p. 253), sin tener en cuenta tiempo y contexto -"¿Quien podría permitirse ignorar la ciencia hoy? En cada instante debemos buscar su ayuda… ¡El futuro pertenece a la ciencia y a aquellos que se profesan sus amigos!"-, pueda verse aquí una sospechosísima declaración de cientificismo que parece olvidar a estas alturas de la jugada la otra cara, la cara más amarga de la empresa tecnocientífica; puede uno discrepar de aproximaciones excesivamente rápidas, confusas y poco meditadas (Heidegger, pp. 159-161) -o, por contra, acaso generosas en exceso (Nietzsche, 155-159)-; puede señalarse que algunos pasos hubiera sido necesario argumentarlos con mayor lujo de detalles ("Como ha mostrado el físico Wolfgang Pauli, el mundo de los átomos y su mecánica cuántica son claramente incompatibles con la teoría kantiana de las categorías", p. 154), tesis que parecen coincidir con otras declaraciones poco afortunadas: "Las ciencias necesitan de la prueba para demostrar su grado de fiabilidad, mientras que la filosofía es una montaña de papeles" (Georges Charpak, El País, 16 de abril de 2005), o, en fin, puede parecer impropio de dos inteligencias tan poderosas como las de Charpak (premio Nobel de Física en 1993) u Omnès (físico teórico de relieve) que escriban, negro sobre blanco y sin más matices, que fue "así como Marx imaginó conocer con seguridad los conceptos que describen exactamente la sociedad, así como ciertas leyes que permitirían predecir su curso" (p. 56), aunque puedan ser pertinentes sus críticas a afirmaciones de Althusser en su presentación del libro I de El Capital.

       No importa, incluso tampoco importa en demasía la tesis sobre mutaciones -digamos, filosófico-histórica- que sostienen los autores de este ensayo: ha habido tres grandes mutaciones en la historia de la humanidad: la primera fue el comienzo de la era neolítica, hace unos 12.000 años, tras el último período glaciar; la segunda, el surgimiento de la ciencia experimental hace unos 400 años, con la obra de Galileo y Newton, y estamos ahora inmersos en la tercera de ellas. Es igual. Cabe destacar, en cambio, algunas de sus tesis, posiciones y desarrollos. Los siguientes, por ejemplo:

       1. Los autores creen que "sin haber penetrado realmente en el significado de la ciencia, no es posible entender nada del mundo moderno que vaya más allá de una comprensión superficial. Esta es la idea básica del presente libro y su razón de ser" (p. 9). No hay posible discrepancia sobre este punto, más teniendo cuenta la perspectiva moral que mantienen: el capítulo 7º, que cierra la primera parte del ensayo, finaliza con una cita de Rabelais: "La ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma" (p. 139).

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Anotaciones de Manuel Sacristán a La crítica y el desarrollo del conocimiento (y II)

Manuel Sacristán Luzón

Las actas del Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965 fueron editadas, tal como se indicó en la anterior entrega, por Imre Lakatos y Alan Musgrave en Cambridge University Press en 1970. Fue la segunda edición de 1972 la que sirvió de base a Francisco Hernán para su versión castellana, publicada en 1975 en “Teoría y realidad” de Grijalbo.

Esta es la segunda parte de las anotaciones no fechadas de Sacristán sobre las actas de este congreso, notas que pueden consultarse en una de las carpetas de resúmenes de ensayos de filosofía de la ciencia depositadas en Reserva de la Universidad de Barcelona.

He incorporado en la “Nota final” unos materiales anexos: sus anotaciones a uno de los capítulos de las Exploraciones metacientíficas de Ulises Moulines, y sus notas a La estructura de la teorías científicas deFrederick Suppe y a Racionalidad y acción humana de Jesús Mosterín, así como una breve aproximación al creciente interés del Sacristán tardío por temas de política de la ciencia -interés que no le hizo aparcar temas más estrictamente epistemológicos-, así como algunas de sus definiciones de nociones básicas de filosofía de la ciencia extraídas de sus clases de Metodología de las ciencias sociales.

*

VI. Margaret Masterman, “La naturaleza de los paradigmas” (pp. 159-201).

1. “Considerado desde el punto de vista sociológico (como opuesto al filosófico) un paradigma es un conjunto de hábitos científicos” (p. 169).

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Anotaciones de Manuel Sacristán a La crítica y el desarrollo del conocimiento (I)

Manuel Sacristán Luzón

Las actas del Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965 fueron editadas por Imre Lakatos y Alan Musgrave en 1970 en Cambridge University Press. La segunda edición de 1972 sirvió de base a Francisco Hernán para su versión castellana publicada en 1975, en “Teoría y realidad” (Grijalbo), con un largo, documentado e influyente prólogo de Javier Muguerza: “La teoría de las revoluciones científicas”.

“Teoría y realidad”, con subtítulo “Estudios críticos de filosofía y ciencias sociales, se presentaba como una colección que se proponía “reunir en versión castellana trabajos, ensayos y documentos polémicos, de diferentes ámbitos políticos y culturales, que de manera paradigmática reflejan la autoconsciencia actual de las ciencias sociales y sus diferentes momentos conflictivos. Desde un enfoque crítico: porque su planteamiento central se sitúa en ruptura perfectamente definida con toda concepción del conocimiento teórico no gobernada por el principio de la práctica. Práctica -consumación del conocimiento- que se identifica con una conducta mental hecha de esfuerzo de conocer y voluntad de transformar.”

Los ecos sacristanianos resuenan en esta declaración. Se publicaron en esta colección de la editorial Grijalbo ensayos tan imprescindibles como El comunismo de Bujarin, de A. G. Löwy; La disputa del positivismo en la sociología alemana, de Adorno y otros; Sociedad antagónica y democracia política, de W. Abendroth; Georg Lukács: el hombre, su obra, sus ideas, editado por G.H.R. Parkinson,… El primer y tercer volumen fueron traducidos por Sacristán; el dedicado a Lukács contó con su entrañable amigo J. C. García Borrón como traductor. Se anunciaron, si bien no llegaron a publicarse: Historia y dialéctica en la economía, de Otto Morf; Corrientes actuales de la filosofía de la ciencia, de Gerard Radmitzky (corresponsal y amigo detallista de Sacristán), Marxismo y revisionismo, de Bo Gustafson y Marx en la sociología del conocimiento, de Hans Lenk.

En una carta de 20 de mayo de 1972, dirigida al Sr. Grijalbo con referencia “Maquetas para la colección ‘Teoría y realidad”, Sacristán señalaba refiriéndose a uno de los anteriores volúmenes:

“No me convence ninguna de las cuatro. Si hay que elegir por fuerza entre ellas, prefiero la de formato grande y color ocre, sin trazo horizontal. Pero en ella habría que corregir, aparte de la falta de ortografía que será un simple descuido, la información que comunica. Pues el libro, no es, como parece decir la portada, un libro de Lukács, sino sobre Lukács. Por lo tanto creo que en alto debería situarse el nombre del editor (en sentido inglés) de la obra, o el nombre del autor del primer artículo y la mención “y otros”, y luego:

GEORG LUKÁCS

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La declinación del dólar… y de los Estados Unidos. Las grandes potencias en la trampa global

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

 

Desde comienzos de 2002 el dólar inició un descenso que actualmente continúa y que según la mayor parte de los expertos se agravará en los próximos meses. La declinación despegó poco tiempo después de los atentados (o auto-atentados) del 11 de Septiembre de 2001, es decir del lanzamiento de la ofensiva bélica global de los Estados Unidos. Existe un encadenamiento causal claro entre la decadencia económica del Imperio y la tentativa desesperada de sus dirigentes por frenarla a través de una sucesión de victorias militares en Asia Central y Medio Oriente. Si esa estrategia hubiera sido exitosa la superpotencia controlaría hoy la mayor parte de la franja eurasiática que se extiende desde los balcanes hasta Pakistán atravesando Turquía, la cuenca del Mar Caspio, Irak, e Irán, dominando así cerca del 70 % de los recursos petroleros mundiales. Ese hecho le habría permitido asegurar su hegemonía financiera internacional simbolizada por el reinado universal del dólar.

Pero la aventura fracasó y hoy los norteamericanos están empantanados en Irak y Afganistán mientras se reduce su influencia sobre Eurasia.

Andre Gunder Frank sostenía que el poder de los Estados Unidos descansa sobre dos pilares decisivos: el dólar y el Pentágono, el primero (la hegemonía financiera) sosteniendo al segundo y este último imponiendo los privilegios económicos del Imperio. Esta fortaleza doble ha predominado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y tuvo su período de auge entre 1945 y 1971, año en que la Casa Blancaa decidió liquidar la conversión de dólares en oro amenazada por las reservas dolarizadas en poder de las otras potencias industriales.

A partir de ese momento se desarrolló una etapa monetaria turbulenta donde el dólar siguió reinando en el planeta gracias a un juego perverso que acordaron los países ricos y que culmina ahora con un empapelamiento global que puede conducir a una incontrolable sucesión de crisis financieras.

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La declinación del dólar… y de los Estados Unidos. Las grandes potencias en la trampa global

jorgebeinstein@yahoo.com

Desde comienzos de 2002 el dólar inició un descenso que actualmente continúa y que según la mayor parte de los expertos se agravará en los próximos meses. La declinación despegó poco tiempo después de los atentados (o auto-atentados) del 11 de Septiembre de 2001, es decir del lanzamiento de la ofensiva bélica global de los Estados Unidos. Existe un encadenamiento causal claro entre la decadencia económica del Imperio y la tentativa desesperada de sus dirigentes por frenarla a través de una sucesión de victorias militares en Asia Central y Medio Oriente. Si esa estrategia hubiera sido exitosa la superpotencia controlaría hoy la mayor parte de la franja eurasiática que se extiende desde los balcanes hasta Pakistán atravesando Turquía, la cuenca del Mar Caspio, Irak, e Irán, dominando así cerca del 70 % de los recursos petroleros mundiales. Ese hecho le habría permitido asegurar su hegemonía financiera internacional simbolizada por el reinado universal del dólar.

Pero la aventura fracasó y hoy los norteamericanos están empantanados en Irak y Afganistán mientras se reduce su influencia sobre Eurasia.  

Andre Gunder Frank sostenía que el poder de los Estados Unidos descansa sobre dos pilares decisivos: el dólar y el Pentágono, el primero (la hegemonía financiera) sosteniendo al segundo y este último imponiendo los privilegios económicos del Imperio. Esta fortaleza doble ha predominado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y tuvo su período de auge entre 1945 y 1971, año en que la Casa Blancaa decidió liquidar la conversión de dólares en oro amenazada por las reservas dolarizadas en poder de las otras potencias industriales.

A partir de ese momento se desarrolló una etapa monetaria turbulenta donde el dólar siguió reinando en el planeta gracias a un juego perverso que acordaron los países ricos y que culmina ahora con un empapelamiento global que puede conducir a una incontrolable sucesión de crisis financieras.

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Trotsky en los años treinta

Pepe Gutiérrez-Àlvarez

En los años treinta, León Davidovich Bronstein era la encarnación viviente del “espíritu de Octubre”, el par de Lenin, apartado de la primera línea de la vida política por un tercer exilio, subestimado por un dictador en ciernes que acabaría removiendo mar y tierra para asesinarlo. Trotsky era la mayor leyenda revolucionaria de aquel tiempo, hacía tiempo que Lenin y Rosa Luxemburgo habían muerto, Gramsci estaba neutralizado en una cárcel fascista (1), apenas si se sabían cuatro cosas de Stalin al que desde hace tiempo se le publicitaba como el sucesor de Lenin. Esta leyenda se había forjado en una intensa actividad militante que se remontaba cuanto menos a la revolución rusa de 1905, cuando llegó a ser el presidente del soviet de Petrogrado, y desde entonces sobresalió como un socialista de izquierdas, escritor y polemista, políglota, amén de destacado internacionalista durante la Gran Guerra durante la cual ejerció como agitador y periodista, viajó por Europa, con una parada en España y Estados Unidos donde su huella fue especialmente importante.

Se trata de un revolucionario cuyo talante contradice los tópicos reaccionarios, ya que salvo cuando dirigió el Ejército Rojo, nunca tuvo otras “armas” que sus ideas, su pluma y sus palabras. Los que en los últimos años han tratado infructuosamente de encontrar en su trayectoria, en plena guerra civil por ejemplo, una muestra de crueldad, tienen que limitarse a señalar que firmó tal o cual documento, actos cuyas consecuencias, a la larga, fueron otras que las previstas, cosa que en el marco del drama de aquellos tiempos puede entenderse y explicarse (2). Como todo el mundo sabía, su nombre fue inseparable de la revolución rusa fue noticia –alarmante y siempre denostada- en los periódicos de todo el mundo. Fue un desbordante comisario del pueblo para Asuntos Exteriores en 1918 y, a continuación, de Asuntos Militares y Navales, de 1918 a 1925. Desde 1923 dirigió movimientos de oposición a la deformación, y luego contra la creciente deformación de la revolución llevada a cabo por la burocracia soviética.

Como teórico marxista, la aportación más reconocida de Trotsky fue la teoría del “desarrollo desigual y combinado y la doctrina acorde de la "revolución permanente”. Con la teoría de la “revolución permanente” desafió la opinión de que un prolongado período de desarrollo capitalista debe seguir a una revolución antifeudal, durante la cual gobernaría la burguesía o cualquier otra combinación de fuerzas sociales (por ejemplo, la “dictadura revolucionaria y democrática de los obreros y campesinos”) como sustitutivo. Por otros caminos, Lenin adoptó en las Tesis de abril de 1917 una línea semejante a estas concepciones (por eso fue tildado de “trotskista”) y las puso en práctica en la revolución de Octubre en contra de la línea tradicional del Partido Bolchevique, defendida en la época por Kamenev, Zinoviev y Stalin…

Otra de las características del pensamiento de Trotsky es el rechazo de las falsas pretensiones que hacen del marxismo un sistema universal que proporciona la clave de todos los problemas. Se opuso a los charlatanes que adoptaban el disfraz de marxismo en la esferas tan complejas como la “ciencia militar”, y combatió los intentos de someter la investigación científica, la literatura y el arte en nombre del marxismo, ridiculizando el concepto de “cultura proletaria”. Subrayó el papel de los factores no racionales en la política (“En la política no hay que pensar de forma racional, sobre todo cuando se trata de la cuestión nacional”) y desechó las grandes generalizaciones cuando se olvidaban de lo más concreto, de los individuos. Lector voraz y políglota, marxista de gran cultura en la tradición de Marx y Engels, ensayista, crítico literario, historiador, economista, etc., Trotsky se granjeó muchos enemigos entre aquellos cuyo marxismo combinaba la estrechez y la ignorancia con una propensión a plantear exigencias fantásticas, revistió tales características que hicieron exclamar a Marx: “No soy marxista”.

Su evolución desde finales del siglo XIX hasta sus últimas aportaciones sobre la Segunda Guerra Mundial está marcada por continuas rectificaciones y audacias que a veces entran en abierta tensión con sus esquemas militantes, obsesionados por dar respuesta a una situación política trágica que desborda, con mucho, la extrema debilidad organizativa del movimiento que contribuyó a crear. Hay múltiples Trotsky: normalmente volaba como un águila, pero en ocasiones lo hacía también mucho más bajo, una diferencia que estaba muy determinada por la proximidad o la lejanía del tema que abordaba, un factor perfectamente verificable por sus torpezas y limitaciones….

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