Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Sobre el surgimiento de los Movimientos de Trabajadores Desocupados

Neoliberalismo y cortes de ruta en Argentina

Para entender el surgimiento de las organizaciones y movimientos de desocupados que cobraron fuerza en los últimos años en nuestro País, para comprender las características de las nuevas formas de lucha, las puebladas, y el surgimiento de nuevos actores sociales y políticos, es necesario repasar brevemente las transformaciones estructurales que vienen dejando más de diez años de políticas neoliberales:

Después de diez años de menemismo y casi un año de gobierno de la Alianza, la deuda externa se triplicó, la mayor parte del patrimonio del Estado se vendió y desnacionalizó, la estructura educativa y sanitaria se degradó profundamente. El mundo del trabajo también sufrió la embestida: pérdida de conquistas históricas de la clase trabajadora, mayor explotación, y de la mano de esto, un nivel de expulsión de mano de obra sobrante, que convierte a los desocupados no ya en un "ejército de reserva", sino en "población exedente", millones de compatriotas que no tienen acceso a los derechos básicos de subsistencia. A la vez, la actividad política fue quedando hegemonizada por dos fuerzas subordinadas al neoliberalismo cuyo único plan es reproducir el sistema actual, con el apoyo de una importante cantidad de dirigentes sindicales que fueron cómplices de la entrega. Esto termina de pintar un panorama con una gran parte del pueblo excluído de la posibilidad de trabajar, y una brecha creciente entre este pueblo y las dirigencias políticas y sindicales tradicionales, producto de la falta de credibilidad que se supo ganar el conjunto de la clase política.

Así, sobre este panorama, adquieren su real dimensión las "puebladas" que cada vez más frecuentemente se dan en el interior del país, protestas masivas que hcieron del "corte de ruta" su arma más efectiva, y que tuvo a los desocupados como uno de los principales protagonistas. Estas protestas, que muchas veces son consideradas "espontáneas", fueron generando lecciones y aprendizajes, que, aunque en forma desordenada y todavía dispersa, van dando como resultado distintos niveles de organización, y nuevos criterios de funcionamiento: la democracia de base, independencia de los partidos políticos y del Estado, la asamblea popular como forma de tomar las decisiones, etc. Estas características estuvieron presentes en los cortes de ruta a partir del 96, en Cutral-Có en General Mosconi y Tartagal, y van teniendo su expresión orgánica en los Movimientos de Trabajadores Desocupados. A partir del corte de la Ruta Nacional Nº2 en Florencio Varela (gran Buenos Aires) en agosto del 97, que le torció el brazo al Gobierno, comienzan a tener presencia en los conflictos en el gran Buenos Aires y en otros puntos del interior del país. Así surgen el M.T.D. "Teresa Rodríguez", en homenaje a la trabajadora asesinada por la policía en la represión en Cutral Có, el M.T.D. "General San Martín" en la provincia de Chaco, y otros "MTD" a secas que se van conformando en las barriadas populares, como forma de darle una organización perdurable a las luchas por el trabajo. Otras expresiones como los "Autoconvocados" en Corrientes, los Cabildos Abiertos, surgieron también en el interior del país como ámbitos de autoorganización de los diversos sectores en lucha.

Pero no son luchas meramente reicindicativas: tenemos consciencia de que la raíz de estas políticas antipopulares está en el orden social injusto que nos domina. Por eso, definimos para el Movimiento las banderas que unifican nuestras luchas:

TRABAJO, porque es de lo que nos privan y lo que exigimos como derecho impostergable, porque somos parte de la cultura del trabajo que con tanta lucha y sacrificio forjaron los mejores hombres de nuestra historia.

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Pensamiento no jerárquico. Notas sobre una práctica universitaria. Contrahegemónica y autoafirmada

Jorge Iacobsonh

1. Preguntarse por las condiciones por las cuales se puede subjetivar, es decir, hacer con lo que han hecho de uno, es requisito para hacer habitable una situación que genera malestar.

2. En este sentido, este escrito se propone hablar sobre la universidad y las ciencias sociales.

3. La Universidad, en épocas de agotamiento de la potencia instituyente del Estado Nación, y bajo la vigencia instituyente del mercado, se ha convertido en un “galpón”, en el que subsisten viejas paredes e ideologías pero por el que el elemento circulante es la mercancía. Los papers-mercancías, los funcionarios de la ideología y la tecnociencia están a la orden del día.

4. Las ciencias sociales, cuyo único real es el mercado, tiene como contrapartida la subsistencia de ideologías progresistas que no tienen su real.

5. El malestar a la orden del día: impotencia ideológica, bajadas de línea gerenciales, pasantías flexibilizadoras, los compañeros en silencio, la ausencia de debates que impliquen decisiones, todos circulan en fragmentos, conversando sobre lo mucho o poco que le falta por recibirse, sobre becas, sobre algún libro, algún amigo que labura en una asamblea.

6. Por ello es pertinente preguntarse qué nos enlaza a nuestros compañeros (ya no como amigos, ya no como compañeros de ruta universitarios, ya no como compañeros ideológico-políticos) en tanto sujetos universitarios. La política siempre opera sobre un lazo, y la hegemonía es la que define las prácticas.

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Imperialismo español en América Latina. La política latinoamericana de la derecha española

Juan Agullo

En 1992, la celebración del V Centenario del “Descubrimiento de América” marcó un punto de inflexión en la política latinoamericana de España. A partir esa fecha, Madrid promovió una política de penetración comercial y financiera en América Latina orientada a compensar la debilidad de sus empresas en Europa. La llegada de la derecha al poder –en 1996– reforzó dicha tendencia mediante la constitución de un lobby empresarial que en la actualidad determina el proceder político de España en la región

"América Latina nos importa: son 400 millones de consumidores", dijo alguna vez Rodrigo Rato, ministro de Economía del gobierno Aznar. Las recientes compras de Radiópolis, por parte del Grupo PRISA, y de Pegaso, por Telefónica– dan fe de ello pero sobre todo de que México sigue siendo importante para España. La estrategia de penetración no es nueva, en su tiempo ya fue practicada en Argentina, Brasil, Colombia o Perú. La raíz del problema está cercana: a finales de los ochenta, la privatización de empresas públicas propició la creación de enormes consorcios industriales, financieros y de servicios. Mientras que en España éstos quedaron en manos de capitales nacionales, en América Latina hubieron de abrirse –faltos de liquidez como estaban– a la inversión extranjera.

La pérdida de mercados internos que comenzaron a padecer las recién creadas multinacionales españolas, como consecuencia de la "liberalización" de los mismos, terminó por hacer de la inversión en América Latina una opción de supervivencia. Algo que supuso una ruptura para un capital de formación muy tardía (posterior a la experiencia colonial y a la Revolución Industrial) que, hasta entonces, bastante había tenido con centrarse, única y exclusivamente, en España. La aventura, sin embargo, en cuanto que apuesta estratégica que trascendió la lógica puramente empresarial, contó desde un primer momento con el aval de los sucesivos gobiernos de Madrid1.

Los primeros pasos

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Crítica abertzale del paradigma de la izquierda española. Límites teórico políticos de las izquierdas nacionalistas españolas

Iñaki Gil de San Vicente

Varios acontecimientos recientes han reactivado el debate histórico entre la izquierda abertzale y las izquierdas españolas. De atrás hacia delante, hasta hoy mismo, 21 de Junio del 2002, los más significativos han sido, a mi entender, los debates y discusiones sobre la llamada "segunda transición" mantenidos desde 1998, cuando se firmó el acuerdo de Lizarra-Garazi; las discusiones sobre el "soberanismo" vasco y por extensión, sobre qué es "España"; las discusiones sobre el "nacionalismo" en general acrecentadas desde el 11 de septiembre del 2001; los debates en ascenso sobre la estrategia represiva del PP cuando puso en marcha el proceso de ilegalización de Batasuna, y luego, cuando el comportamiento del PSOE agudizó las discusiones dentro mismo de muchas izquierdas estatales y españolas; y, por no extendernos, los debates cuando UGT y CCOO convocaron la Huelga General del 20-J y LAB y ELA, y otros sindicatos vascos, la convocaron para un día antes, para el 19-J.

En realidad, estas últimas discusiones sólo son la continuidad en el presente de viejas diferencias sustanciales, cualitativas entre la izquierda abertzale y las izquierdas españolas. Prácticamente todas ellas ya fueron debatidas en lo esencial dentro de la misma izquierda abertzale a lo largo de las sucesivas escisiones y salidas por el lado reformista de los sectores pro-estatalistas que, por diferentes razones, defendían lo básico y común del paradigma teórico-político de la izquierda española. Pero al margen de estos debates internos, han sido relativamente escasos los debates externos, los mantenidos directamente con las izquierdas españolas, exceptuando discusiones puntuales o en temas concretos como los habidos con el ecologismo español durante la larga oposición de masas contra la nuclearización de Euskal Herria, o los habidos durante las campañas en el Estado durante las elecciones europeas, o los mantenidos por el sindicalismo vasco y los movimientos populares vascos cuando se relacionaban con los estatales, o los habidos en sectores muy específicos sobre la juventud, el rechazo al servicio militar español, etc.

Desgraciada pero significativamente, ahora que todo indica que se puede iniciar por fin un debate serio y a varias bandas, o sea entre las izquierdas de las naciones oprimidas por el Estado español y las izquierdas de la nación opresora, las izquierdas de ese Estado, ahora precisamente se vuelve casi imposible cualquier debate, al menos para las izquierdas de las naciones oprimidas, que no para las del Estado. La razón no es otra que la Ley de Partidos Políticos va a permitir el silenciamiento y la represión de quienes se opongan a la "unidad nacional española". Una lectura de esta Ley muestra como está pensada, además de para ilegalizar inmediatamente a la izquierda abertzale, también para impedir todo debate teórico-político que cuestione a "España" como marco material y simbólico de acumulación de capital. En realidad, siempre la izquierda abertzale ha tenido encima de su cabeza la espada de Damocles de las sucesivas leyes españolas, de manera que nos hemos tenido que autocensurar porque, cada vez más, esas leyes han ido ampliando el delito de "apología" buscando introducir prácticamente cualquier idea que gustase al censor de turno. Cuando la nueva Ley entre en vigor, que será dentro de poco, se extinguirá el formal derecho de libre expresión, la posibilidad ciertamente ya muy reducida ahora mismo, sin la Ley de marras, de hablar y decir libremente cualquier opinión contraria al dogma establecido.

Digo significativamente porque, como ya expuse en otros artículos, esta Ley va a ser impuesta en un momento muy delicado y crucial para la burguesía española. La muy próxima ilegalización de Batasuna abrirá la puerta para ataques represivos posteriores y, sobre todo, para la generalización de un clima de silencio precavido y hasta miedoso. Solamente escribirán y hablarán sin temor alguno quienes sepan que sus ideas son del agrado de "España". El resto, tendremos que volver a las formas ambiguas, a los dobles sentidos, a la astucia y al pensamiento indirecto para seguir defendiendo los derechos de nuestros pueblos oprimidos. Por esto, he el texto en cuatro apartados:

1. CONTENIDO CHAUVINISTA Y RACISTA DEL NACIONALISMO ESPAÑOL.

2. LIMITACIONES INSUPERABLES DEL CHAUVINISMO DE IZQUIERDAS.

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Crear una nueva izquierda en Italia

Toni Negri

Traducido al español por AUTOSOC, desde la traducción inglesa de Ed Emery del artículo original en francés, publicado en Le Monde Diplomatique, Agosto 2002.

Hace un año las grandes manifestaciones de Génova contra la cumbre del G8 fueron un shock que despertó a Italia. Unos meses antes la izquierda había sido barrida del poder y Silvio Berlusconi parecía pensar que su enorme mayoría electoral le daba carta blanca para hacer a su gusto. Génova trastornó sus planes. El movimiento antiglobalización volvió a la carga y movilizó a un gran número de gente. Nuevas formas de lucha están ahora empezando a surgir, y una clase obrera al ataque sobre diversos frentes no ha mostrado signos de decrecer. Paradójicamente, al sacar a la gente [ [ii] ] a las calles la victoria de la derecha ha levantado esperanzas sobre la posibilidad de refundar la izquierda y reconstruir la República.

Después de la victoria de Silvio Berlusconi en las elecciones italianas de Mayo de 2001 era obvio para los observadores de la escena política que la izquierda había sido totalmente derrotada [ [iii] ]. No solo había perdido asientos, también había perdido confianza. El ascenso de la socialdemocracia había alcanzado su límite, y el giro reformista del ex grande y glorioso Partido Comunista de Italia (PCI) terminaba en una derrota histórica. Los diversos componentes del centroizquierda pugnaban entre ellos bajo la intensa e irónica mirada del vencedor.

Entonces vino Génova y los sucesos de Julio de 2001. Esgrimiendo espadas de plástico y escudos de cartón el movimiento antiglobalización se puso a escalar la cumbre del G8. Este era un nuevo encuentro de fuerzas políticas y sociales.

Políticamente se reunió gente desde el movimiento autónomo de extrema izquierda (‘tute bianche’, llamados así porque visten monos blancos en las manifestaciones) a grupos católicos con experiencias de trabajo en la comunidad [ [iv] ]. Estos componentes -cada cual presente en gran número y con una historia de actividad militante a sus espaldas- trajeron en su agitación a una tribu múltiple [ [v] ] de manifestantes.

En términos sociales la multitud [1] representada en Génova era la primera representación plena del nuevo estrato [ [vi] ] de trabajadores precarios en el trabajo ‘social’ producido por la revolución del postfordismo. Cuando por primera vez salieron a las calles no eran totalmente conscientes de su poder [ [vii] ], pero sabían que no tenían ninguna obligación con el gobierno de la derecha -e incluso menos con esta centroizquierda que había sido derrotada porque había contribuido a romper la resistencia de la clase obrera frente al neoliberalismo (así como también participando estúpidamente en la creación de nuevos proletarios). Ellos eran también conscientes que una nueva pobreza [ [viii] ] había sido creada -precisamente dentro del área de trabajo intelectual e inmaterial, un área clave donde señales de emancipación habían comenzado a surgir.

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¿Marxismo o anarquismo?

Albert Escusa

Respuesta a Joaquín Miras y Joan Tafalla

“La organización de la vanguardia proletaria en Partido Comunista es una parte esencial de nuestra actividad organizativa. Los obreros italianos han aprendido por su experiencia (1919-20) que donde falta la guía de un Partido Comunista organizado como partido de la clase obrera y como partido de la revolución, no es posible una salida victoriosa de la lucha para el derrumbamiento del régimen capitalista.”

Antonio Gramsci. La situación italiana y las tareas del P.C.I., 1926.

1. INTRODUCCION.

El 26 de febrero de este año apareció en Rebelión el artículo Dilemas del comunismo a caballo entre dos épocas (http://www.rebelion.org/izquierda/jmiras260202.htm), cuyos autores son Joaquín Miras y Joan Tafalla. En él se analiza la situación actual de los partidos comunistas de masas, específicamente el caso español: se constata la decadencia de las formaciones que hasta hoy se reclaman «comunistas» y se extrapola por parte de los autores, que todos los partidos comunistas de masas han superado su momento histórico y están condenados a la extinción. El eje alrededor del cual gira el razonamiento de Miras y Tafalla es que este tipo de partido se habría formado cuando la división del trabajo, propia del capitalismo desarrollado, sentenció a muerte al obrero artesanal. Este obrero artesanal se caracterizaba por desarrollar un trabajo complejo, necesitado de un gran conocimiento técnico -siendo difícilmente sustituíble por otro-, lo que le posibilitaba un alto control sobre el sistema de producción. Esta producción carecía de división entre trabajo manual de fabricación, y trabajo de diseño y organización, todo lo realizaba supuestamente el mismo obrero. Las organizaciones surgidas de la figura del obrero artesanal eran reflejo de este sistema de producción, sin “una división del trabajo que confiriese a una burocracia propia las tareas de dirección.”

Por otra parte, la clase obrera moderna, el proletariado, se formó a partir de la extensión del capitalismo, al perder su carácter artesano y, en consecuencia, su supuesto control técnico sobre la producción. La mecanización convirtió el trabajo artesanal, necesitado de grandes conocimientos, en trabajo simple y repetitivo, y generó un proletariado que no tenía ningún control sobre el proceso productivo. Este, al ser extremadamente simple posibilitaba así la separación entre el trabajo manual, proletario, y el trabajo intelectual, de organización y científico-técnico. Como consecuencia, las organizaciones políticas y sindicales de esta clase obrera reprodujeron esta estructura, dando lugar a la formación de una capa de dirigentes burócratas, profesionalizados, que asumían las tareas de dirección mientras la clase obrera tomaba un papel pasivo sin poder controlar sus decisiones.

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Propiedad y poder

Joaquín Arriola

Los dos sustantivos que dan título a esta comunicación hacen referencia a dos de las dimensiones más esenciales del proceso económico capitalista, a pesar de que se encuentran ocultas en la mayor parte de los análisis al uso. La propiedad (privada) y su defensa constituyen lo que se oculta detrás de la denominada Razón de Estado; a proteger y fomentar la propiedad privada y la dedicación de los ciudadanos a la misma, se destina una parte sustancial del presupuesto público, de los recursos educativos y la casi totalidad de los medios de comunicación.

La propiedad privada es la principal fuente de poder social, y la condición previa a la puesta en marcha del proceso de acumulación capitalista, siendo expresando lo esencial de la acumulación originaria. La concentración del poder este refleja miméticamente la distribución de la propiedad privada, que sabemos mucho más concentrada que la propia renta, aunque el Estado se ocupa de evitar que estén disponibles las estadísticas al respecto.

Dos definiciones (propiedad y poder) una exposición (sobre la propiedad capitalista), tres reflexiones (sobre justicia y ética, individualismo y emancipación) y un corolario filosófico-operativo, me van a permitir ahondar en una reflexión que merece mucho más tiempo y dedicación, extensión y diálogo, en la perspectiva de contribuir a ensanchar el espacio de libertad de las personas.

El Poder. Definición

Michel Foucault ofrece quizá una de las más interesantes reflexiones contemporáneas sobre el poder, en una interpretación de las fuentes del Poder que se ha convertido en un clásico de la filosofía actual. Foucault analiza el poder, mostrando como el poder nunca se ejerce de una forma pura, exclusiva, sino más bien como un proceso de formación de poder.

Desde el siglo XVIII la forma más importante de poder que circula en la sociedad es producida por la sociedad misma, no por el estado, de acuerdo a reglas, principios y mecanismos totalmente autónomos respecto al estado: a esto lo denomina el poder disciplinario de la ciencia moderna, contrapuesto al poder jurídico del estado moderno

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Crisis económica mundial y anexión al imperio: El ALCA en el nuevo contexto internacional.

Jorge Beinstein

La ponencia que difundimos fue presentada por el autor en el ‘Encuentro hemisférico de lucha contra el ALCA’ (La Habana, Cuba, noviembre 13-16, 2001)

Argentino, Doctor de Estado en Ciencias Económicas (Univ. Franche Comté-Besançon, Francia); Profesor Titular Cátedra ‘Globalización y Crisis’: Univ. Buenos Aires, Univ. Córdoba (Argentina) y Univ. La Habana (Cuba); Director del Centro de Prospectiva y Gestión de Sistemas, Buenos Aires; Profesor Titular de Historia Económica Mundial en la Universidad Nacional de La Plata (1986 y 1996): Docente e investigador en diversas instituciones académicas francesas: Maison des Sciences de l’Homme, Conservatoire National des Arts et Métiers de Paris, Institut National Agronomique Paris-Gignon (1976 y 1986).

A.- Estrategia de anexión y crisis

En su etapa inicial el proyecto ALCA aparecía como un producto de la euforia imperial que atrapó a los Estados Unidos en los años 90. En esa época de optimismo imperialista, que aparece ahora tan lejana, luego de la caída del bloque soviético, Occidente fue atravesado por el convencimiento de que su dominación planetaria quedaría establecida de manera durable. En América Latina el neoliberalismo consiguió imponer su hegemonía ideológica legitimadora de un proceso de desestructuración económica y social de enormes proporciones. En casi todos los países de la región las burguesías nacionales se redujeron a niveles ínfimos y buena parte de sus integrantes pudieron sobrevivir incorporándose a las redes mafiosas, a los negocios especulativos y gangsteriles, su reconversión en lumpenburguesías formó parte, fue la expresión periférica de la marea financiera y parasitaria global. Frente a dicha degradación regional aparecía la superpotencia norteamericana, cuya prosperidad era presentada como infinita, de muy larga duración según los pronósticos de los gurús mediáticos y los tecnócratas del FMI y del Banco Mundial.

El proyecto ALCA era presentado como una imposición imperial (¿quienes eran los insensatos que se atrevían a oponerse al dictado del amo del mundo, a las ‘tendencias imparables de la historia’?) y también como una invitación a integrar el nuevo paraíso de la globalización capitalista (¿quienes eran los tontos que resistían la ‘avalancha del progreso’?).

Sin embargo como sabemos la euforia occidental era pura espuma financiera, ahora hemos ingresado en la recesión global, Estados Unidos ve peligrar sus sistemas de control y explotación a escala mundial. En este nuevo contexto el proyecto ALCA aparece como un mecanismo de dominación inscripto en una suerte de carrera contra-reloj, ‘defensivo’ del Imperio que busca asegurar su retaguardia estratégica latinoamericana, anexarla cuanto antes frente a las crecientes turbulencias económicas y políticas que atraviesan la región, producto del agotamiento de los modelos neoliberales, inscripto en un fenómeno mas general de declinación del capitalismo latinoamericano, tal como la historia lo fue modelando, de manera subdesarrollada, caótica.

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Démocratie et autogestion. Le citoyen-producteur

(Rouge, enero 2002)

La question démocratique est au coeur du projet d’émancipation de Marx. Mais quelles sont les conditions d’une pratique démocratique touchant l’ensemble de la vie sociale? Auteur de "Révolution et démocratie chez Marx et Engels" (PUF), Jacques Texier revient sur la question de la démocratie politique et sur l’apport de la problématique autogestionnaire.

De quel type de démocratie politique avons-nous besoin pour que devienne effectif le passage au socialisme? Sur ce point, la pensée marxiste n’est pas démunie. 1. Elle a constamment revendiqué le suffrage universel et les institutions de la souveraineté populaire, défendant au minimum l’idée que c’est seulement sur le terrain de la république démocratique qu’aura lieu le combat décisif entre les classes de la société moderne. 2. Elle a identifié le type d’institution qui fait obstacle à la souveraineté populaire effective et elle lui a donné un nom: celui d’appareil bureaucratique de l’Etat. Est bureaucratique ce qui dessaisit le peuple de sa souveraineté politique. Ces obstacles doivent être brisés. Il doit être mis un terme à la monopolisation des pouvoirs politiques qu’implique l’existence d’appareils bureaucratiques.

La démocratie participative

3. Le principe fondamental affirmé par cette tradition est celui d’une démocratie participative. Si l’on considère deux moments essentiels de la réflexion de Marx et d’Engels ("la Guerre civile en France" de Marx et la "Critique du projet de programme d’Erfurt" d’Engels), on peut affirmer qu’ils n’étaient pas hostiles à la démocratie représentative en tant que telle, mais soucieux de multiplier les instances de décision à tous les niveaux de la vie sociale, et tout particulièrement à la base. Le principe de l’autoadministration locale, sur lequel insiste Engels, caractérisait selon lui la ie République française et fait de ce type de république démocratique "la forme spécifique de la dictature du prolétariat". 4. Marx et Engels combattent donc les formes diverses de la monopolisation du pouvoir politique par les classes qui possèdent un véritable "privilège politique" ("la Guerre civile en France") et les mécanismes multiples qui aboutissent à dessaisir les classes populaires de tout pouvoir de décision effectif. Ce dessaisissement concret les conduit à utiliser le schème de l’aliénation pour penser l’appareil d’Etat. Selon Engels, lors de la dissolution de la société gentilice, les organismes publics chargés de la gestion des intérêts communs s’élèvent au-dessus de la société et lui deviennent toujours plus étrangers. La démocratie participative implique qu’il soit mis fin à la transformation des organismes publics en entités étrangères à la société et qui la dominent. 5. Se pose enfin la question de savoir si le développement de la démocratie participative met fin aux organes de pouvoir et au caractère politique du pouvoir. Je ne le crois pas. L’idée de remplacer le gouvernement des hommes par l’administration des choses a donné lieu à des interprétations redoutables. En fait, la gestion de la production devient socialiste lorsque le gouvernement des hommes devient autogouvernement des femmes et des hommes. Le socialisme n’abolit pas les rapports de pouvoir, même s’il vise la fin de toute domination. Il est radicalisation de la démocratie, pouvoir du demos, de la multitude. Le pouvoir de la cuisinière me paraît un programme suffisamment ambitieux. Je ne vois pas ce que pourrait être un au-delà de l’autogouvernement effectif des hommes et des femmes.

L’apport autogestionnaire

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¿Demasiados hombres?

Georges Labica

“You take my life when you do take the means whereby I live”

(Shakespeare) [1]

Organismos oficiales y analistas hacen coro, en este final de semestre del año 2000, para proclamar que Francia en particular y otros países europeos importantes experimentan una importante mejora económica. “Todos los semáforos están en verde”, claman las metáforas periodísticas, después del informe del INSEE (N.T: Institut National de la Statistique et des Études Économiques) que pondera los méritos del “pleno régimen”. La tasa de crecimiento prevista es del 3,5%, el paro cae “por debajo de la frontera” del 10%, el consumo está en alza de 3%, el crecimiento alcanza el de los Estados-Unidos. Más aún: “las empresas empiezan a padecer una penuria de mano de obra” [2] . Y según Le Monde que no le tiene miedo al énfasis, “el gotha de los universitarios, buscadores y filósofos franceses”, invitados por el MEDEF (N.T: Mouvement des Entreprises de France) empieza a saborear “la refundación social” [3] . Como si se dijera, y se dice, que la política de la izquierda plural, guiada como el pelotón del Tour de Francia, por los socialistas, y las políticas social-demócratas en general han triunfado sobre las recesiones, inflaciones, regresiones y otros estancamientos, y conseguido hacer entrar nuestras democracias evolucionadas en la era de la “mundialización feliz”. O casi, porque “la reducción de las desigualdades”, tan cacareada desde los años 80 (por lo menos), no parece haberse llevado a cabo. Con motivo de la jornada de reflexión del 29 de mayo, en la universidad de Evry-Val d’Essonne, donde Francia descubría, parece ser, a sus “trabajadores pobres”, en número de 1,85 millones, los testimonios de mujeres, que representan el 85% de la nueva categoría, con salarios iguales o inferiores al SMIC (4.500 F) (N.T: Salario Mínimo Interprofesional de Crecimiento), coincidían, en las informaciones de la prensa, con el anuncio del traspaso de Fabien Barthez, portero del equipo nacional de fútbol, al club del United Manchester, por un coste de 120 millones de francos, con un sueldo mensual de 1,5 millones, es decir 333 veces el sueldo de Éliane y casi 28 años de su trabajo. Apuntemos que cada uno de los jugadores vencedores de la Euro cobraba 3,5 millones de prima sólo por el partido contra Italia, es decir, según el mismo cálculo, 777 veces el SMIC y casi 65 años de trabajo.

De seguro sólo puede uno alegrarse de ver que el número de parados disminuye de 600.000 unidades, pero sería realmente excesivo hacer de ello un motivo de euforia. Cuando, según la publicación del INSEE de junio pasado, el aumento del empleo asalariado ha sido de 3,5%, el trabajo precario ha progresado en un 23 % y los Contratos de Duración Determinada (CDD) en un 9%. El abaratamiento del coste del trabajo y la precariedad de los empleos son, así pues, concomitantes y recíprocos con la prosperidad de las empresas. Un responsable de la dirección de la previsión señalaba que el “boom” del tiempo parcial era en parte imputable a las desgravaciones de cargas patronales decididas por los poderes públicos a partir de los años 90 para sostener el empleo. El crecimiento se acompaña y se fortalece con la extensión de un “nuevo lumpenproletariado” [4] . Se sabe de sobra que la famosa “refundación social”, ya evocada, tiende a instaurar una separación de los parados en dos grupos, el de los buenos/empleables y el de los malos/Rmistas de por vida (N.T: beneficiarios del Revenu Minimum d’Insertion), además merecedores de sanciones.

Sin embargo, ¿no se podría oponer, a la tentación del catastrofismo, que, entre sus aspectos positivos, la coyuntura permite detectar una tendencia al retroceso progresivo del desempleo y a una mejora de las condiciones de trabajo y de remuneración? Sería hacer poco caso de lo que se llama el paro “irreductible” o “estructural” [5] , ya que la preocupación que suscita, lejos de encontrarse disimulada por la mejora aparece como uno de sus puntales. El nivel del susodicho paro, que no ha cesado, a lo largo de los años, de ser revisado a la alza, se situaría, según las estimaciones, entre el 7% y el 9% de la población activa, dicho de otra manera, afectaría a varios millones de personas, entre 3, 4 o 5, en función de los métodos de cálculo del número de los sin trabajo. “Ahora bien, este paro estructural define el umbral a partir del cual los esfuerzos financieros para reducir el paro son demasiado costosos respecto a los beneficios que se podrían esperar”. [6] Y es a este paro al que las esperanzas nacidas de la “recuperación” califican de “ vuelta al pleno empleo”.

La elección no está entre buena y mala mundialización, como algunos fingen creer y hacer creer, desde los partidarios de Blair de cualquier obediencia a la plataforma del reciente congreso del PCF. No hay elección. Con o sin “mejora”, el atestado sigue siendo una “mejora” permanente, sólo a favor del capital. Todas las encuestas y estadísticas tanto nacionales como internacionales nos asestan esta mejora día tras día. Tiene por nombre pobreza. La sesión extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, que tuvo su cumbre en Ginebra del 26 al 30 de junio precisamente sobre esta cuestión, se disolvió con una atestiguación de impotencia. Se trataba de medir los progresos realizados desde el anterior encuentro de Copenhague en marzo de 1995 que se proponía, tomando nuevas iniciativas en el ámbito del desarrollo social, “erradicar la pobreza en el mundo”, con la reducción a la mitad de aquí al 2015 del número de personas que viven en una pobreza extrema. Cinco años después, los progresos son nulos y los participantes, mucho menos numerosos, menos prestigiosos, y más africanos [7] , han tenido que contentarse con renovar los compromisos anteriores de dar “un rostro humano a la mundialización”. Con 1 dólar por día, viven 1000,2 millones de seres humanos en una pobreza absoluta; con dos dólares, la mitad de la humanidad (2000, 8 millones) se encuentra fuera de circuito; 1,5 millón no dispone de agua potable; 750 millones padecen subempleo; 850 millones son parados; 800 millones no tienen acceso alguno a servicios de sanidad; 850 millones son analfabetos. En Francia, el INSEE constataba en 1996 que el nivel de vida de los menores de 25 años había bajado en más de 15% en cinco años; y en 1998, que el 10% de las familias estaban en posesión de la mitad de las fortunas, ya que el sistema de impuestos, como la progresión de la Bolsa, favorece a los más ricos… Las paradojas, en realidad las contradicciones expuestas en Copenhague no dejan lugar a la duda. En cincuenta años, desde el final de la segunda guerra mundial, la pobreza no había retrocedido, mientras que la riqueza mundial, en PNB, se multiplicaba por siete y que, a pesar del aumento de la población, la renta por habitante se había más que triplicado –siendo las ganancias de todas maneras muy desiguales entre naciones y en el interior mismo de cada nación. Gran-Bretaña nos da un triste ejemplo, con un porcentaje de pobres del 25%, idéntico al que tenía al principio del siglo. El paro, que en Estados Unidos sólo afectaba oficialmente al 5,5% de la población activa, coincidía con un 15% por debajo del umbral de pobreza. Se señalaba también que el desarrollo social “no se puede garantizar únicamente con el libre juego de las fuerzas del mercado”. La OCDE, ya desde julio de 1993, había apuntado que las “desigualdades de renta se han ampliado en los años 80”, lo que llevaba a Guy Herzlich a escribir: “Desigualdades crecientes, empobrecimiento de los más pobres, enriquecimiento de los más ricos: si el marxismo estuviera todavía de moda, habría de que recoger el llamamiento del Manifiesto comunista, “Proletarios de todo el mundo, uníos”. [8] Le hacen eco el 66% de los españoles que todavía piensan que la sociedad está dividida en clases y el 23% que están convencidos de la realidad de la lucha de clases, cuando 8 millones de ellos, sobre un total de 40, están por debajo del umbral de pobreza [9] , Compostela, con casi 25% de pobres, se muestra como “capital… de pobreza”. [10] El mismo fenómeno, “imputable al funcionamiento de la economía y a la forma de sociedad” se encuentra en Portugal, cuya población cuenta con un 30% de pobres. [11] En Argentina se organizan “marchas para el trabajo”que llevan al presidente liberal Carlos Menem a declarar “Ya pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”. [12] Ni siquiera se salva el paraíso suizo, donde se señala la estratificación social. 3% a 5% de Heimatlos (N.T. Sin techo) y más de 400.000 personas (ya en 1976) por debajo del umbral de pobreza, mientras que “ de nuevo, la caridad remplaza la justicia” [13] . En 1997, según el INSEE (9 de julio), el 12% de las familias europeas vivían bajo el umbral de pobreza; en Francia un 11%. 23% de los menores de 16 años, que representan el 19% de la población europea, viven en una familia pobre. En junio del 2000, la UNICEF constata que 47 millones de niños de países desarrollados, es decir uno sobre seis, viven en la pobreza, llevándose la palma, justo después de Méjico, los Estados Unidos (22,4%) y Gran Bretaña (19,8%). Señalemos de paso que los Estados Unidos donde la pena de muerte para menores no ha sido abolida, siguen sin haber firmado la Convención de los derechos del niño. Bill Gates, posee, él sólo, una fortuna equivalente a la renta del 40% de la población más pobre de Estados unidos. El salario de Michael Eisner, el más alto del país, alcanzaba 4 mil millones de francos en 1990. El 80% de la energía producida es consumida por ¼ de la población mundial. Un niño de cada cuatro padece malnutrición. En 1960, la diferencia ricos / pobres era de 30 veces, pasó a 82 en 1995. En 1997, las 225 mayores fortunas poseían el equivalente de la renta anual del 47% de los individuos más pobres, es decir 2 mil 500 millones de personas. Las diferencias de sueldo en Estados Unidos pasan de 1 a 42 en 1980, de 1 a 85 en 1990, de 1 a 326 en 1997. Están a disposición centenares de cifras análogas que repiten incansablemente la verdad de “la miseria infatigable” [14] : la bipolarización acrecentada inherente al proceso de globalización.

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