Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Fonaments teològics de la política de G. Bush

Jaume Botey

Pot semblar estrany el títol d’aquesta trobada. Però son també estranyes a l’Occident les continuades referències de Bush a la Bíblia, a la religió, a Déu com a garantia publica de les seves decisions. A l’Occident és inusual que un president confessi que ho és per exprés designi de Déu, que les sessions d’un Consell de Ministres comencin amb una estona d’oració o que el divendres a la tarda les oficines del govern tanquin a fi que els treballadors puguin assistir a sessions d’estudi de la Bíblia.

El discurs religiós, sempre present en la vida pública nord-americana malgrat la separació de poders establert per la Constitució des de la independència al 1776, s’ha fet més present en els últims anys. I sovint ha explicat el propi president que era la raó última de les decisions de l’actual administració republicana.

Discurs que connecta, tan amb la tradició calvinista com amb el de les identitats i enfrontament entre cultures, el màxim exponent del qual es Samuel Huntington amb el “xoc de civilitzacions”. Tan Huntington com el clàssic de Fukuyama de “El final de la història” fonamenten les seves tesis indemostrables en una mena de categorització religiosa dels pobles, ètnies i cultures en funció del model occidental i nord-americà, al que es considera han d’assemblar-se totes les cultures..

Heus aquí tres texts:

“He escoltat una crida. Sé que Déu vol que em presenti a les eleccions presidencials” (Bush al telepredicador James Robinson, al 1998). El mateix Bush després de l’atemptat de l’11 de setembre: “Ha sigut una desgràcia nacional. Ha sigut un acte de guerra. La llibertat i la democràcia han sigut atacades (…). El terrorisme contra el nostre país no quedarà impune. Els que han comès aquestes accions i els que les protegeixen, pagaran un preu molt alt pel que han fet (…). La guerra que ens espera es una lluita monumental entre el bé i el mal (…). Serà llarga i bruta (…). Els que ens han atacat han escollit la seva pròpia destrucció (…). O s’està amb nosaltres o amb el terrorisme (…). Déu està amb nosaltres (…). Déu beneeixi Amèrica”.

O el 21 de novembre del 2001 davant de militars destinats a Afganistan: “El que no està amb nosaltres està contra nosaltres”, “sabem que Déu no es neutral”, “Estem al començament d’una intervenció militar que serà llarga. La intervenció a Afganistan no es més que l’inici de la guerra contra el terror. Durant molts anys i a tot el món haurem de combatre els malvats. Es la nostra missió. I estem segurs que guanyarem”.

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Gobierno Democrático y Popular de Río Grande del Sur: un año y medio de alternativas

El Palacio Piratini, sede del Gobierno del Estado de Río Grande del Sur (RS), en el centro histórico de la ciudad capital, Porto Alegre, compartiendo el espacio de una plaza en pendiente, con la catedral, el palacio de la Asamblea Legislativa (Parlamento del Estado) y uno de los más viejos teatros, no puede dejar de sorprender al nuevo visitante: una pancarta colgada en la fachada llama a participar en la jornada de actividades del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora; en el interior, obviamente construcción señorial de aires decimonónicos, neoclásicos, barrocos, va a encontrar carteles con diferentes motivos de izquierda y, más importante, un comportamiento inusitadamente amable de parte de los funcionarios y personal que atiende. Es el Gobierno Democrático y Popular de RS, que ya tuvo que acatar una moción aprobada en la Asamblea Legislativa prohibiendo a los y las telefonistas de la Casa atender las llamadas con un, por veces, combativo "Aló, Gobierno Democrático y Popular de RS" demasiado agresivo y duro, sin dudas, para la derecha gaúcha.

La sede del conjunto de secretarías (ministerios) es una construcción moderna, muy céntrica también, con clara voluntad faraónica, de forma piramidal, obvio. Dos alas con más de veinte pisos, para poder ser vistas desde bien lejos y desde las que se consiguen varias de las más bonitas vistas de la ciudad. También ahí el ambiente refleja el cambio de gobierno. Cambio que, sin embargo, no siempre es posible percibir nítidamente sin haber conocido la situación anterior. En la planta 17, sede de la Secretaría para el Desarrollo y Asuntos Internacionales (SEDAI), cuando los actuales inquilinos tomaron posesión, encontraron despachos de la General Motors (GM) y la FORD. Junto a las instalaciones, también los funcionarios públicos a su servicio. Una opción política muy clara la del anterior Gobernador.

Fue, precisamente, en relación con esas dos grandes transnacionales estadounidenses del automóvil que el Gobierno Democrático y Popular de Olivio Dutra, apoyado por un frente de organizaciones de izquierda cuya columna vertebral es el Partido de los Trabajadores, sufrió la primera gran ofensiva, con eco en todo Brasil, de un frente formado, esta vez, por la patronal, la derecha con mayoría en la Asamblea y casi todos los medios de comunicación de masas, en realidad y prácticamente un monopolio relacionado con la famosa Red Globo.

Ésa y otras tres decisiones tomadas al principio de la gestión: llevar a la Justicia Federal el contrato de la deuda con el Gobierno Federal realizado por el anterior gobernador; la asistencia a la reunión de gobernadores con el presidente de la República, durante la crisis de la deuda de los Estados; la comparecencia a la Marcha de los 100.000, en Brasilia, bajo las banderas del "Fuera Fernando Henrique Cardoso, fuera el FMI"; permiten ver con meridiana claridad la orientación política del nuevo gobierno. "Las cuatro decisiones muestran un gobierno: preocupado, a veces hasta demasiado, con la opinión pública y con la actual correlación de fuerzas; pero dispuesto a avanzar, con cautela, "sin golpes" como dicen ellos, en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo para Río Grande del Sur y el país." ("O Sul de novo se levanta" Raimundo Rodrigues Pereira, en "Teoria & Debate" n.42, agosto/set./oct. 99).

El Gobierno planteó renegociar con las dos montadoras yanquis los contratos que éstas habían cerrado con el anterior gobierno. Pero, antes de poder hablar nada, el griterío en la Asamblea se hizo ensordecedor; los titulares de prensa escrita, radio y televisión anunciaban el caos absoluto; la patronal, mostrándose aterrorizada y muy agresiva, auguraba la noche más negra para la economía gaucha. De hecho, los contratos firmando por el anterior gobernador y la GM y la FORD eran considerados como conquistas históricas por la burguesía gaucha e, incluso, en algunos sectores del campo democrático y popular había interés por las montadoras, creyendo en la propaganda que anunciaba puestos de trabajo y desarrollo tecnológico.

Los contratos eran ciertamente históricos, sobretodo para GM y FORD que recibieron dos tipos de promesas: préstamos sin plazo de retorno, con intereses simbólicos y sin corrección monetaria, además de obras y servicios gratuitos; exenciones fiscales. En resumen, el Estado gastaría un billón de reales (US$ 1: R$ 1,75, aproximadamente) desembolsado para ayuda inmediata y cinco billones en exenciones y préstamos futuros.

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In memoriam de Cristopher Hill

Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla

“Si cuando nuestros cuerpos de barro reposen en la tumba, hay niños en nuestro lugar, será señal de que luchamos por la verdad, la paz y la libertad de nuestros días”

Gerardo Winstanley

Nuestro camarada Christopher Hill murió el pasado 26 de febrero de 2003. La desaparición de uno de los grandes historiadores del siglo XX, perteneciente al grupo conocido como “historiadores marxistas británicos” que ha revolucionado la historiografía mundial, sin embargo, ha pasado por completo desapercibida. Por ello, a pesar del retraso, creemos oportuno redactar esta breve semblanza intelectual, que recuerde su obra y que, quizá sirva como presentación y como invitación a la lectura para algún lector de las generaciones jóvenes.

Christopher Hill nació en York en 1912. Fue decano del Balliol College d’ Oxford y miembro de la Academia británica. De 1934 a 1938 fue fellow del All Souls College d’Oxford, y de 1936 a 1938 profesor ayudante de Historia Moderna en el University College de Cardiff. Fue felllow y tutor de Historia Moderna en el Balliol College de Oxford de 1938 a 1965, y profesor invitado de Historia Inglesa de los siglos XVI y XVII en la Universidad de Oxford entre 1958 a 1965. Christopher Hill y la historiografía marxista británica.

Hill ingresó en el Partido Comunista de la Gran Bretaña en 1937, tras una visita de un año a la Unión Soviética donde conoció a historiadores soviéticos que habían estudiado, aplicando criterios marxistas, la revolución inglesa del siglo XVII. Los autores de esta nota ignoramos los nombres de estos historiadores, pero conociendo la contribución de historiadores soviéticos a la historia de las rebeliones campesinas en la Francia del mismo siglo o a la vida de Babeuf, podemos comprender la profunda huella que imprimieron en la inteligencia del joven historiador inglés. Ya en fecha tan temprana como 1940 Christopher Hill publicó un ensayo sobre “La revolución inglesa de 1640”, en el que, frente a la predominante “tesis Gardiner” que interpretaba aquella revolución en clave de lucha religiosa, como “revolución puritana”, Hill desarrollaba una interpretación alternativa de la misma, basada en la lucha de clases a partir de tres fuentes de inspiración: la obra de R.H. Tawney, las indicaciones de historiadores soviéticos y la concepción sustentada por Marx y Engels. A partir de esta interpretación, ya no se verá el siglo XVII en clave de enfrentamiento religioso sino en clave de lucha de clases.

Entre 1945 y 1957 Christopher Hill perteneció a la Agrupación de Historiadores del PCGB. Aunque la parte más importante de su obra es posterior a 1957, Hill consideraba que el formidable equipo de historiadores reunido en aquella agrupación constituyó el fermento intelectual cuyas discusiones e intercambios intelectuales le permitieron desarrollar sus concepciones, puesto que su adhesión al grupo coincide con “debates que fueron el mayor estímulo que he conocido” (Harvey j. Kaye, 1989). Hill pertenece a una tradición teórica, historiográfica, a cuya creación él contribuye decisivamente, junto con otros tres grandes colosos: Rodney Hilton, Eric Hobsbawm, y Edward Palmer Thompson. Todos ellos comparten una problemática común, que es, sin duda, resultado de su experiencia política y que replica a los pseudo teoremas doctrinales que dominaban en el movimiento obrero organizado tras la segunda guerra mundial y cuyas consecuencias políticas experimentaron en carne propia. Hobsbawm, hablando del legado de aquellos historiadores ha dicho: “ (una) ventaja de nuestro marxismo – que debemos en gran manera a Hill…- fue que nunca redujimos la historia a mero interés económico o a un determinismo de “intereses de clase” ni devaluamos la política ni la ideología … ( y) la dedicación formal a la ideología plebeya – teoría que subyace a las acciones de los movimientos sociales- todavía se identifica en gran manera con las historiadores de este origen, porque la historia social de las ideas fue siempre ( en especial gracias a Hill) una de nuestras preocupaciones primordiales” (Hobsbawm, 1974)

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De la invención del príncipe moderno a la controversia sobre el príncipe posmoderno

Francisco Fernández Buey

La Insignia. México, junio del 2003.

¿En la época de la globalización neoliberal y del nacimiento del movimiento de movimientos es suficiente una reformulación la teoría gramsciana del partido político en la línea del príncipe moderno o se necesita una reflexión completamente nueva acerca de lo que podría ser, para entendernos, el príncipe posmoderno? Esta es una pregunta que empieza a tomar cuerpo en el más importante de los movimientos sociales alternativos del presente, sobre todo a partir del momento en que la gran prensa admitió que la red de redes que se ha ido configurando entre Seatle y Florencia es el antagonista principal del capitalismo imperial en su actual fase.

Hay dos respuestas drásticas a esta pregunta, que yo conozca. La primera de estas respuestas acepta en lo sustancial la vigencia del punto de vista gramsciano y propugna la transformación del actual movimiento de movimientos en un partido orgánico internacional, acorde con el tipo de mundialización que conocemos. Este punto de vista admite la heterogeneidad sociocultural del movimiento de movimientos y la pluralidad de corrientes que existe en el mismo, pero reivindica su unificación tomando como base un concepto de la política muy parecido al que tenía el propio Gramsci.

La segunda respuesta viene a decir que hay que mantener el fin, o sea, aspirar a cambiar el mundo de base, pero que el medio, o sea, el partido, el príncipe moderno, ya no sirve ni siquiera en la forma gramsciana del intelectual colectivo. La forma partido habría periclitado por su tendencia a la identificación con el Estado, con el poder en toda la extensión de la palabra. De manera que a lo que habría que aspirar es a un contrapoder de forma movimentista que sigue aspirando a cambiar el mundo pero sin tomar el poder. Esta actitud ha sido argumentada recientemente en América Latina por John Holloway. En sus formulaciones extremas estos dos puntos de vista remiten a posiciones que se dieron ya en la época de la Primera Internacional. Pero no veo motivos fundados para reproducir hoy aquel debate. Sugiero, en cambio, que se puede potenciar un diálogo entre ambos puntos de vista teniendo en cuenta las siguientes consideraciones que se inspiran, a su vez, en el diálogo con Gramsci: 1º Conviene seguir manteniendo la orientación maquiaveliana de Gramsci sobre lo político. Pues, a pesar del muy extendido desprecio de la política por identificación de ésta con la "alta" política, con la política institucionalizada (que es, en lo esencial, politiquería o diplomacia), el desprecio abstracto de la política (que habría que entender como participación activa de la ciudadanía en la cosa pública) acaba conduciendo, también en nuestro mundo, a distintas formas de hipocresía o de cinismo, de "apoliticismo animalesco" y de qualunquismo. No es sólo que cuando se agudiza el conflicto entre intereses sociales se plantea siempre la necesidad de hacer política, sino que, además, en esa agudización del conflicto, que en la época de la mundialización afecta a países y culturas enteras, se acaba haciendo política hasta en los monasterios.

Todas las propuestas de refundición de lo ético y lo político (y hay varias propuestas bienintencionadas en ese sentido) siguen sonando a discursos premaquiavelianos y, por tanto, premodernos, en un mundo dividido como es el nuestro. Por eso la ampliación gramsciana de la noción de hegemonía más allá del ámbito militar, económico y político, para incluir en ella el primado o preeminencia cultural e intelectual en la formación de un bloque histórico, es todavía sugerente en la época de la globalización neoliberal. 2º No está escrito, sin embargo, que la mejor forma de hacer política alternativa en nuestro mundo sea a través del partido político. Recogiendo el léxico gramsciano se podría decir que no están dadas las condiciones para la construcción del príncipe posmoderno, el cual debería ser, obviamente, transnacional; pero tampoco es evidente que estén dadas las condiciones para la disolución de los partidos políticos que hoy se presentan como alternativos. De hecho, hay en el mundo bosquejos de lo primero, de lo que podría ser el príncipe posmoderno transnacional (en la red de redes, en el movimiento de movimientos) y ejemplos de transformación en curso de partidos políticos alternativos en un sentido nuevo (el PT en Brasil, con independencia de lo que se piense sobre la actual política económica y social de Lula).

Por lo tanto, no habría que precipitarse, como a veces se hace desde posiciones neoanarquistas, al declarar la obsolescencia del sistema de partidos, sino valorar qué es lo que ha caducado en la forma de entender el príncipe moderno. Lo cual lleva al punto siguiente.

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La encuesta obrera

Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

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Cuestionario para una encuesta obrera (1880)

Presentación

Ningún gobierno ( monárquico o republicano burgués) ha osado emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa. Pero, en revancha, ¡cuántas encuestas sobre las crisis agrícolas, financieras, industriales, comerciales, políticas!

Las infamias de la explotación capitalista reveladas por la encuesta oficial del gobierno inglés; las consecuencias legales que estas revelaciones han producido (limitación de la jornada de trabajo a diez horas, leyes sobre el trabajo de las mujers y de losniños, etc.) han hecho a la burguesía francesa aún más temerosa de los peligros que podría representar una encuesta imparcial y sistemática.

Esperando que podamos obligar al gobierno republicano a imitar al gobierno monárquico de Inglaterra, a abrir una vasta encuesta sobre los hechos y desgracias de la explotación capitalista, vamos, con los débiles medios de los que disponemos, a intentar iniciar una por nuestra parte. Esperamos ser apoyados, en nuestro trabajo, por todos los obreros de la ciudades y campos, que comprenden que únicamente ellos pueden describir con conocimiento de causa los males que soportan; que únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicamente remedio a las miserias sociales que sufren; contamos también con los socialistas de todas las escuelas que, deseando una reforma social, deben querer un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que trabaja y se mueve la clase obrera, la clase a quien pertenece el provenir.

Estos Cuadernos del trabajo son la tarea primera que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social.

Las cien preguntas que siguen son las más importantes. Loas respuestas deben llevar le numero de orden de la pregunta. No es preciso responder a todas las preguntas; pero recomendamos responder de la forma más abundante y detallada posible. El nombre de la obrera o del obrero que responde no será publicado, a menos que sea autorizado de forma expresa; pero se nos debe facilitar, así como su dirección, para que podemos comunicar con él.

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Hace falta una reconstruccion global

Stéphane Beaud, Michel Pialoux

Encuesta a los obreros de Peugeot de Sochaux

Con los artículos que estamos presentando queremos comenzar una reflexión sobre cuáles son hoy las tareas que se le plantean a la clase trabajadora para lograr recomponer su conciencia de clase y sus instituciones, en la perspectiva de volver a proponerse como sujeto capaz de liderar la transformación social.

Es preciso partir de reconocer los cambios estructurales que ha sufrido. Se trata de una "nueva clase trabajadora", caracterizada -esencialmente- por una nueva relación laboral (marcada por la desocupación y la exclusión). Como también las pérdidas subjetivas, la autocompresión como clase, y la falta de toda perspectiva que vaya más allá del orden capitalista existente.

Del primero queremos señalar, que lo hemos tomado gentilmente de la revista marxista revolucionaria francesa Carrè Rouge, en el que François Chesnais escribió una reseña del libro Retour sur la condition ouvrière*, sobre los cambios en las vidas de los obreros –y sus familias– que trabajan en Peugeot y las fábricas subtratantes, en la región de Sochaux-Monbéliard, Francia, durante los últimos 15 años. El siguiente es un extracto de esa reseña.

El método de investigación y sus implicancias

Entrevistas individuales llevadas a cabo de manera continua durante un período largo, cuatro años como mínimo, o mucho más largo –en ciertos casos de más de quince– con los obreros de Peugeot es el método de investigación aplicado por los autores. Y se los volvió a entrevistar en diferentes ocasiones de su vida y su actividad: como militantes (en los locales sindicales, en las reuniones de los comités de huelga durante el conflicto de 1989), o como ciudadano en las fiestas de la FCPC de la escuela o del colegio de sus hijos e incluso en su vida familiar.

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MI ABUELO, MI MADRE Y YO. TRES GENERACIONES CONTRA EL TRABAJO

Mi abuelo, que era jornalero agrícola, leía a Marx y Lenin en las horas de descanso bajo la sombra de un árbol. En un momento de su vida apostó toda su hacienda, herencia y algún debito para abrir un negocio de alimentación y así tener tiempo para militar en el PCI. “Podríamos haber sido ricos si no hubiese pensado sólo en hacerse arrestar” todavía repite continuamente la abuela. Mi madre, una vez llegó a Milán, se puso a trabajar en una fábrica y a participar en las luchas de los precarios de la enseñanza, para acabar trabajando como secretaria y escapar así a la condena del trabajo y de la vida. Yo, desde que empecé a trabajar, no me plantee el problema de escapar a esta o aquella condición de trabajo, al contrario, he tenido tantos trabajos de mierda que los concebía siempre como transitorios, bien para tener más tiempo, además del dedicado al trabajo, para mí y para desarrollar otra actividad. Part-time, cfl, en negro, cooperativista, co.co.co., a tiempo indeterminado, son las tipologías de “contrato” con las cuales he desempeñado trabajos de mudanza, encuestador, eventual de correos, dependiente, sistemista … y también cualquier pequeña actividad ilegal, para conseguir no dedicar toda mi existencia sólo al trabajo, además de tener una renta y tiempo más allá del trabajo. Mi abuelo, mi madre y yo a partir da condiciones diferentes y con modalidades diversas, hemos buscado líneas de fuga para las diversas formas en las que se presenta la esclavitud del trabajo subordinado; hemos intentado sustraernos a la reducción de la vida al trabajo, a la imposición del trabajo (comprendida su exclusión) a la que nos somete bajo varias formas y en las diversas fases históricas, este sistema más social que económico llamado capital, que hoy reduce toda nuestra existencia a mercancía.

Mi abuelo, una vez puesto en marcha el negocio, y retornado al campo para sostener las luchas de los jornaleros pensaba que, si el PCI hubiese vencido y tomado el poder, todos habríamos tenido de qué vivir a través del trabajo socialista que, ¡ay de mí!, siempre es trabajo, siempre de subordinación se trata también en la economía socialista. Mi madre, cuando llegó a Milán, encontró alojamiento y trabajo a través de la organización extraparlamentaria en la que militaba, y en la cual continuó militando hasta el reflujo de los años 80, pensando que, si se hubiese hecho la revolución, se habría acabado con la explotación y tendríamos una distribución distinta del trabajo y por tanto de los recursos. Yo en cambio, el tiempo que he logrado sustraer al trabajo, lo he dedicado principalmente a actividades inherentes a la construcción de un centro social y, “superado” el problema de los desalojos, al desarrollo de este proyecto colectivo y territorial que hoy nos gusta definir biopolítico. Porque el recorrido colectivo que hemos emprendido, a partir de la cuestión de los espacios y después a la del tiempo para dedicar a las actividades a desarrollar dentro y fuera del centro social, ha tenido un acercamiento respecto a la cuestión de los recursos de reapropriación y de gestión directa de los mismos, en contraposición a la única modalidad de acceso que es el trabajo. El tiempo, tiempo para dedicar a los proyectos, tiempo a partir de la valorización del rechazo del trabajo, de cualquier tipo. “Trabajar para nosotros, para mejorar la calidad de la vida en el territorio.” Hace diez años que hemos iniciado una negociación con la administración municipal, no solo por el espacio, sino también para tener recursos financieros para reconstruir el centro y para desarrollar diversas actividades sin hacer voluntariado o utilizando el tiempo libre del trabajo para dedicarnos a la militancia política, reivindicando explícitamente el rechazo del trabajo y proponiendo proyectos de cooperación social autogestionada. Hemos conseguido fondos para reestructurar el centro aunque todavía no hemos logrado un solo euro para las actividades que se desarrollan, y por esto no hemos firmado el acuerdo deliberado en el consejo municipal para la asignación del espacio, pero nos las hemos arreglado y hemos puesto en común la tensión singular que cada uno, en plena soledad e impotencia, practicaba. Hemos empezado a hablar no sobre un salario justo, sino de una renta, entendiendo con ello la reapropiación y la gestión directa de los recursos a través de un proceso de cooperación. Pero no nos hemos recluido en el centro, hemos afrontado al mismo tiempo la fractura espacio-temporal que el capital nos imponía con nuevos modos de ser al trabajo durante la fuga de masa de la fabrica. Hemos continuado trabajando, entrando y saliendo del mercado de trabajo, utilizando también el instrumento de la negociación sindical y legal en los lugares de trabajo y una vez concluido el conflicto porque la producción se desplaza a otro lugar o se da el despido individual, reivindicamos de todos modos siempre los sueldos para tener tiempo de buscar otro trabajo y/o para desarrollar un año sabático en el centro y nominando también en los lugares de trabajo todo lo que es renta, lucha por la renta y no por el trabajo. Al mismo tiempo, dentro del centro, se ha iniciado y todavía está en curso también un proceso de autorenta, de utilización de una parte de los recursos producidos por nuestra economía de gestión, por algunas actividades de carácter principalmente político y social que nos han ayudado a afrontar individualmente y colectivamente la precariedad creciente de la existencia. Así, buscando valorizar y promover el rechazo del trabajo, buscando la ruptura a partir de las actuales modalidades de ponernos al trabajo, buscando invertir el concepto de flexibilidad y utilizarlo en nuestra ventaja; para sustraerse a la valorización capitalista de todas las actividades humanas que es hemos llegado a la experimentación de experiencias de libre cooperación.

Durante el desarrollo de este proceso de autorganización nos hemos planteado el problema de cómo generalizar la posibilidad, de cómo hacer que todos pudieran emprender proyectos de cooperación para participar en otra producción material e inmaterial del mundo. Cómo pasar del reino de la oportunidad para algunos al de la posibilidad para todos, considerando el chantaje del salario que sufrimos? Cómo generalizar la posibilidad de acceder a los recursos sin estar obligados a trabajar, garantizando así a todos la existencia sin ningún chantaje, para decidir libremente cómo, qué, cuánto y cuándo producir? Estas interrogaciones nos han llevado desde el trabajo a las actividades humanas y a la libre cooperación, desde el salario a la renta de ciudadanía universal e incondicionada. Es esta la búsqueda que nos hace escribir, que nos hace relatar nuestra experiencia en este magazine. En este magazine no sentirás ninguna añoranza por el puesto fijo de por vida, no demonizaremos la flexibilidad, no hablaremos de salario justo, de salario europeo, de salario garantizado, de renta mínima de inserción, de 35 horas, de indemnización por desocupación, de welfare municipal porque nos proponemos eliminar la explotación y quedarnos el trabajo. Aquí en cambio se trata de liberarse del trabajo, de cómo lograr emprender y generalizar procesos de reapropiación y gestión directa de los recursos para decidir libremente sobre la propia vida. La renta de ciudadanía es puesta en común desde los infinitos modos de sustraerse a la imposición del trabajo, es reconocimiento y valorización de los procesos de autovalorización individual y colectivos que, si no practican objetivos comunes, son destinados a ser nuevamente metidos al trabajo, tutti quanti. La renta de ciudadanía es imaginar una tendencial liberación del tiempo de vida a través de una reducción del rechazo sobre el salario. La renta de ciudadanía es un presupuesto imprescindible para una organización horizontal de la multitud y del éxodo. Veréis que mi abuelo, mi madre y yo hemos, junto a tantísimas otras tentativas que han acabado encontrar practicas y palabras comunes, metido en crisis y forzado a este sistema a nuevos límites para conseguir ´reinsertarnos’ de nuevo al trabajo? ¿Qué otro instrumento podríamos hoy practicar, si no la renta de ciudadanía, para no recaer en esta trampa?

Traducción: autsoc.

http://hypermail.redditodicittadinanza.org/

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El Imperialismo hoy

Pablo González Casanova

A fines del siglo XX, el imperialismo, que es la formación más avanzada del capitalismo, domina en el mundo entero, con excepciones como Cuba, muy poco explicadas en la teoría de las alternativas. Desde los años 70 y 80, las redefiniciones o reestructuraciones del imperialismo dieron una fuerza especial al proceso conocido como "globalización". Bajo ese proceso se delinearon las nuevas formas de expansión de las grandes potencias, en particular de Estados Unidos. En la década de los setenta, Estados Unidos pasó a la ofensiva en el control mundial al imponer el dólar en vez del oro, que hasta entonces había sido el referente de todas las monedas. Con Europa y Japón, Estados Unidos formó una Triada a la que encabezó y con ella impulsó una política de endeudamiento interno y externo de los gobiernos que enfrentaban una crisis fiscal creciente o una crisis en la balanza de pagos. Sus víctimas principales fueron los gobiernos de los países dependientes, incapaces de alterar la relación de intercambio desfavorable, o el sistema tributario regresivo, y urgidos a la vez de satisfacer demandas populares mínimas para mantener su precaria estabilidad. La política global de endeudamiento de los poderes públicos y nacionales renovó el viejo método de sometimiento de los deudores por los acreedores y ocurrió a nivel mundial macroeconómico, incluyendo a muchos gobiernos de las ciudades metropolitanas. El proceso de endeudamiento correspondió al desarrollo de un capitalismo tributario y al sometimiento financiero renovado de los países dependientes. Con tasas de interés móviles, que podían aumentar a discreción del acreedor, la política de globalización impuso un sistema de renovación automática de una deuda creciente e impagable que hizo de la dependencia un fenómeno permanente de colonialismo financiero, fiscal y monetario. Desde l973, tras el golpe de Estado de Pinochet, se implantó en Chile el neoliberalismo. Desde los ochenta, el neoliberalismo se convirtió en la política oficial de Inglaterra, con la Tatcher, y de Estados Unidos, con Ronald Reagan. Las fuerzas dominantes enaltecieron al neoliberalismo como una política económica de base científica y de aplicación universal, reafirmando y renovando la ofensiva anglosajona que desde el siglo XVII impulsara Inglaterra bajo el manto del liberalismo clásico para aprovechar las ventajas que le daba en el comercio mundial ser el país más industrializado. La globalización neoliberal iniciada a fines del siglo XX tuvo también como objetivo central la privatización de los recursos públicos, la desnacionalización de las empresas y patrimonios de los Estados y los pueblos, el adelgazamiento y la ruptura de los compromisos del Estado social, la "desregulación" o supresión de los derechos laborales y de la seguridad social de los trabajadores; el desamparo y la desprotección de los campesinos pobres para beneficio de las grandes compañías agrícolas, en particular las de Estados Unidos; la mercantilización de servicios antes públicos (como la educación, la salud, la alimentación, etc.); la depauperación creciente de los sectores medios; el abandono de las políticas de estímulo a los mercados internos; la instrumentación deliberada de políticas de "desarrollo del subdesarrollo" con el fin de "sacar del mercado" globalizado a los competidores de las grandes compañías… El neoliberalismo globalizador exportó la crisis a las periferias del mundo al tiempo que se apropió de los mercados y medios de producción y servicios que habían creado en la post-guerra, , sustituyendo los que no eran rentables, y estableciendo un neocolonialismo cada vez más acentuado y represivo, en que compartió los beneficios con las oligarquías locales, civiles y militares, y negoció con ellas privatizaciones y desnacionalizaciones para asociarlas al proceso.

La negociación, como concesión, cooptación y corrupción adquirió características macroeconómicas y estuvo constantemente vinculada, a nuevos fenómenos de paternalismo, de humanitarismo caritativo, de cooptación y corrupción de líderes y clientelas, fenómenos que abarcaron incluso a las poblaciones más pobres y hostigadas contra las que se preparó un nuevo tipo de guerra llamada de baja intensidad con contingentes militares y paramilitares y con las más variadas formas de terrorismo de Estado a cargo de "fuerzas especiales", encargadas de "operaciones encubiertas" realizadas por agencias gubernamentales, o por agentes subsidiados y contratados por las mismas. En el montaje de un teatro de confusiones la pérdida de sentido de las luchas alternativas, los negocios de la droga aportaron contribuciones millonarias. Con ellas se logró la criminalización real y fingida de líderes y movimientos populares, sistémicos y antisistémicos. En los noventas la guerra económica entre las grandes potencias sucedió al proyecto de gobernabilidad del mundo por la Trilateral. Estados Unidos sometió en pocos años a Japón y a los Tigres asiáticos. El gran capital impuso una política de apoyo fiscal, político y militar creciente a los contribuyentes más ricos, muchos de ellos poseedores de los bancos y de las megaempresas, y a menudo también integrantes de los altos cargos públicos y de las viejas y nuevas élites dominantes. Los privilegios al gran capital legalizaron formalmente la apropiación de recursos públicos y privados en el centro y la periferia del mundo capitalista, incluyendo el derecho a especulaciones gigantescas como la que estuvo a punto de quebrar al Banco de Inglaterra. Muy pocos años después de iniciado el proceso, el complejo militarempresarial de Estados Unidos, expresión máxima del capitalismo organizado dominante, confirmó que sus mediaciones, instituciones y recursos de dominación ideológica, política y económica habían llegado a un punto de crisis amenazadora para su dominio y sus intereses. Eso los llevó a enducer su política y a emprender nuevas acciones que le permitieran mantenerse a la ofensiva y ampliar su situación de privilegio. La crisis de las mediaciones del capitalismo organizado se manifestó en un creciente desprestigio de su proyecto de democracia de mercado; en los graves escándalos de corrupción de que fueron actores principales gerentes y propietarios de las megaempresas que supuestamente eran más honrados que los funcionarios populistas y socialdemócratas de los gobiernos "adelgazados"; en el malestar abrumador de una ciudadanía sin opciones, aprisionada entre los mismos programas y políticas de demócratas y republicanos, y víctima de la inseguridad social y el desempleo en ascenso, del deterioro e insuficiencia de las escuelas públicas, de la falta de servicios médicos y de medicinas; de la criminalidad generalizada en ciudades y campos. Las elecciones fraudulentas y elitistas, en que Bush perdió la presidencia de Estados Unidos por 500,000 votos y poco después ganó por la decisión de una minoría de cuatro jueces a favor y tres en contra, fueron el punto de partida de un proceso de lógica totalitaria en que las mentiras no se dicen para que se crean sino para que se obedezcan. Y como a la crisis de instituciones y de mediaciones se añadiera el peligro de una recesión que no cedía, Estados Unidos llevó a Europa la guerra económica conque ya había controlado a Japón. Al mismo tiempo aceleró una ofensiva geopolítica mundial que ya había iniciado años antes. Con la invasión de Irak culminó sus intervenciones en Europa Central (Kosovo), en Asia Central (Afganistán), y en el "Medio Oriente" esta última a cargo de Israel, hechura de la estrategia militar de "Occidente" y cada vez más instrumentada por Estados Unidos. Diez años de bombardeos contra Irak, apoyados por las propias Naciones Unidas, tras debilitar y empobrecer terriblemente a ese país, facilitaron la ocupación de su territorio y, sobre todo, de sus inmensas riquezas petroleras. Estados Unidos mostró cada vez más ser el líder de la globalización neoliberal e incluso hizo gestos simbólicos y prepotentes que confirmaran su carácter de "Soberano" que puede estar por encima de las Naciones Unidas para declarar la guerra, de la Suprema Corte de Justicia para violar los derechos humanos, de los acuerdos de Koto para no firmar un compromiso que lo obligue a tomar las medidas necesarias para la preservación de la tierra. La nueva política globalizadora frente a la crisis interna y externa consistió en dar prioridad al neoliberalismo de guerra y a la conquista de territorios, empresas y riquezas mediante la fuerza. En el campo ideológico Estados Unidos complementó su ideología de lucha por la democracia y la libertad, gravemente desprestigiada, por la ideología de una guerra preventiva contra el terrorismo. Se adjudicó el derecho de definir a éste y de incluir en la definición a todos los opositores de que necesitara deshacerse, y de excluir de ella a todos los delincuentes que necesitaría y a sus propios cuerpos especiales militares y paramilitares "con derecho de matar" y "torturar". La guerra no estuvo incluida en los actos de terrorismo ni de bombardeo y exterminio de las poblaciones civiles, de pueblos, ciudades y países enteros. Al contrario, Estados Unidos afirmó emprender una guerra del Bien contra el Mal, que se disponía librar en todas partes del mundo y por un tiempo indefinido. No todos los falsos mitos de la Edad Moderna fueron suplantados. Muchos, como la democracia con sangre, fueron impuestos por las fuerza. El gobierno de Estados Unidos fingió que había ido a Irak para imponer la democracia y construir un país independiente mediante la conquista. Sus engaños razonados mostraron tanta violencia como la que ejerció sobre la población de Irak con el argumento de que su verdadero objetivo era aprender a Sadam Hussein, mientras para ello destruía al país ciudad por ciudad y casa por casa, y se apoderaba de sus ricos pozos petroleros. La consternación mundial frente a esa política inhumana se manifestó en el desfile de millones de gentes en las grandes capitales del mundo. También apareció en el desconcierto y la sensación de impotencia que vivieron los movimientos sociales partidarios de la paz y en lucha por "otro mundo posible" Estados Unidos se propuso demostrar al mismo tiempo su decisión de actuar solo cuando fuera necesario, y de asociar a sus proyectos de intervención mundial a los gobiernos de los países altamente desarrollados y de las potencias intermedias, así como a las demás burguesías y oligarquías del mundo que se plegaran a aceptar y apoyar "sus valores y sus intereses". A través de concesiones y represiones buscó forjar un complejo imperialista. Por sentido común entendió que el reparto del botín y de las zonas de influencia debía dar prioridad en todo caso a los Estados Unidos, con pequeños ajustes previa o posteriormente acordados. La política de represiones y de negociaciones abarcó a todos los actores y los actos. Orientada siempre por la política de privatización, incluyó la privatización de las empresas de guerra y de los ejércitos, y la privatización en profundidad y en extensión, incluyendo la tierra y el subsuelo, las fuentes energéticas, el agua y los mares, el aire y el espacio aéreo. En esta etapa de la globalización neoliberal, Estados Unidos, y sus complejos y redes de asociados y subordinados, siguieron aprovechando la crisis por la que atravesaban los movimientos de liberación, por la democracia y por el socialismo. Los movimientos alternativos, sistémicos y no sistémicos seguían padeciendo la desestructuración y enajenación de ideologías y estructuras y de los flujos de información y acción. Aunque desde los años noventa se hubiera iniciado el movimiento universal por una nueva alternativa que busca combinar y enriquecer las experiencias de las luchas anteriores, la claridad de ideas y la eficacia de la organización de pueblos, trabajadores y ciudadanos resultaron muy insuficientes para enfrentar la terrible ofensiva. Muchos de ellos habían pensado que la crisis creciente del capitalismo de por sí los favorecía. No habían imaginado la inmensa capacidad de reacción y de violencia de que era capaz el capitalismo. O no habían querido verla. La "guerra preventiva de acción generalizada" no sólo constituyó un cambio profundo frente a "la estrategia de la contención" que había privado durante la guerra fría sino la forma más adecuada -a corto plazo- para que el gran capital y las potencias imperialistas impidieran el desarrollo de la conciencia y la organización de las fuerzas alternativas emergentes. En esas circunstancias empezaron a atropellarse unas contradicciones a otras sin que destacaran las luchas por la liberación, la democracia y el socialismo como aquellas que dan un nuevo sentido a la historia. Junto a las grandes manifestaciones de protesta contra la guerra, aparecieron movimientos locales y globales de una riqueza teórica y organizativa extraordinaria; pero sus luchas tendieron a quedarse en actos de protesta, y a lo sumo en actos de presión pasajera, o de lenta construcción de alternativas. En su mayoría todavía mostraron ser incapaces de frenar la política neoliberal que en la paz y en la guerra está llevando el mundo a una catástrofe generalizada. A los movimientos a la vez alentadores e incipientes, se añadieron otros de un pensamiento religioso y fundamentalista que tiende a reproducir la situación anterior de opresión y enajenación de los pueblos oprimidos y fanatizados. Los líderes de la resistencia rara vez representaron a los líderes del pensamiento crítico y radical y a menudo lo representaron en sus formulaciones más autoritarias y confusas como en el caso de los maoístas de Nepal, que volvieron a actuar como líderes de movimientos armados incapaces de construir un mundo alternativo. En muchos otros casos los movimientos guerrilleros fueron penetrados la contrainsurgencia que, con el narcotráfico y los agentes especiales, los inhabilitaron para emprender la necesaria revolución éticopolítica. Buen número de guerrillas se transformaron en grupos de forajidos sin más ley ni ideología que el pillaje y que la dominación represiva de las propias poblaciones en que se insertaban y en que a veces llegaban a imponer políticas clientelistas y de privilegios excluyentes, étnicos o lingüísticos. Parecían estar hechas a la imagen y semejanza de los "terroristas bestializados" por el terrorismo de Estado. Por todas partes, y en las más distintas culturas se desarrollaron instintos autodestructivos, individuales y colectivos muchos de ellos vinculados a una violencia de la desesperación. En el campo de las luchas políticas y sociales, de los partidos y de las organizaciones de la sociedad civil, los modelos de corrupción y represión, de conformismo y de enajenación anularon buen número de movimientos que originalmente mostraban una salida a los pueblos. Sus líderes fueron cooptados o corrompidos, o simplemente se adaptaron a un mundo controlado en que predominan las filosofías individualistas en que cada quien "jala por lo suyo". Es cierto que al mismo tiempo fueron surgiendo grandes movimientos como los de Chiapas en México, Seattle en Estados Unidos, Porto Alegre en Brasil, el otro Davos en Europa, Mombay en la India, y muchos más que buscan unir lo local y lo universal y forjan los nuevos proyectos de un mundo libre, equitativo, independiente que se acerca a la verdadera democracia, al verdadero socialismo y a la verdadera liberación. Pero todas esas luchas ocupan un espacio demasiado pequeño en relación a las necesidades del cambio sistémico y de la sobrevivencia humana, amenazada por una guerra contra los pobres que puede terminar en guerra bacteriológica y nuclear. Aparecieron así, a la vez, las contradicciones entre el imperialismo y los países dependientes, neocoloniales y recolonizados; las contradicciones entre los trabajadores y el capital, muchas de ellas mediatizadas y estratificadas; las contradicciones entre las etnias y las naciones-Estado; las contradicciones entre las potencias atómicas y nucleares y entre los propios integrantes de la comunidad imperialista, celosos de sus cotos y temerosos de perder poder y privilegios. Todas esas y muchas contradicciones más se plantearon en un imperialismo dominante más o menos colectivo que tiende a identificarse con el capitalismo como sistema global. El desenlace de las contradicciones no apareció más o menos asegurado en el sentido de que un sistema más justo y libre que el sistema capitalista mundial pudiera alcanzarse en el tiempo de una generación de luchadores políticos, sociales o revolucionarios. Es más, la amenaza a la sobrevivencia de la humanidad hizo pensar a las fuerzas gobernantes en una alternativa aun más siniestra, que mantuviera sus privilegios y su poder: la destrucción de una parte de la humanidad para la sobrevivencia del resto de la humanidad. Ese razonamiento llevó a la imposición paulatina y constante de un régimen de "nazismocibernético" con eliminación de pueblos enteros en el mundo, a la manera de Pol-Pot o del equivalente a los siete millones de judíos víctimas del nazismo anterior, que ahora apunta en el campo de concentración y eliminación en que el imperialismo y sus asociados han convertido a Palestina. La inmoralidad y criminalidad enfermizas de los nuevos dirigentes del sistema, como la de los antiguos nazis, combinada con el conocimiento y uso que hacen de las tecnociencias y de los sistemas auto-regulados, adaptativos y creadores, anunciaron oscuramente un negro futuro para la humanidad si los pueblos de las periferias e incluso de las metrópolis no logran imponer la transición a un sistema de producción y democracia post-capitalista que asegure la vida humana y la sobrevivencia de la especie. Todas las redefiniciones del imperialismo de hoy parecen dirigirse a la construcción de un imperio encabezado por Estados Unidos, sus asociados y subordinados en el que es más probable una guerra entre las potencias nucleares que una revolución social, o que un cambio de ruta hacia la socialización, democratización e independencia real de las naciones, los ciudadanos y los pueblos. De ese hecho derivan, en parte, las afirmaciones irresponsables de Michael Hart y Antonio Negri en el sentido de que es necesario sustituir el concepto de imperialismo por el concepto de imperio y el de lucha de clases por el de una lucha de "la multitud" contra "el imperio". La superficialidad de esta interpretación se debe en gran medida a una coyuntura histórica en que es evidente que ha ocupado un primer plano de la escena la construcción del imperio mundial por Estados Unidos. También se debe al hecho evidente de que la lucha de clases original y actual ha sido fuertemente mediatizada por otras luchas políticas, económicas, ideológicas y sociales, y que las organizaciones que lucharon contra el sistema de dominación y acumulación característico del Capitalismo, fueron mediatizadas y derrotadas primero en el siglo XIX y después en el XX. Todavía a principios del siglo XXI se vive la desorganización de las fuerzas alternativas y de sus propias organizaciones o medios, para alcanzar el socialismo, la democracia, la liberación. El carácter relativamente informe y multitudinario que las fuerzas alternativas todavía presentan es evidente. Pero ni del proyecto americano de un Imperio Global ni de la crisis mundial de las alternativas, puede derivarse que en vez de pensar y actuar contra el imperialismo se debe pensar y actuar contra el imperio y que en vez de pensar en las nuevas organizaciones de la resistencia y de la organización del poder alternativo, se debe luchar en los vagos términos de un pensamiento libertario o neoanarquista conservador que pretende enfrentar la multitud desorganizada al capitalismo más organizado de toda la historia. El origen del planteamiento mistificador de Hart y Negri proviene de una lógica de las disyuntivas que generalmente ha sido reaccionaria. Consiste en pensar que lo nuevo del imperialismo acaba con el imperialismo y que lo nuevo de la lucha de clases se expresa en una lucha histórica a cargo de las multitudes, ese otro término con que el pensamiento conservador y elitista ha visto siempre a los pueblos y los ha temido agresivamente. La verdad es que hoy, más que nunca, el concepto del imperialismo como una etapa del capitalismo y de la historia de la humanidad, sigue siendo un concepto fundamental. Al articular la historia de los imperios con la historia de las empresas, el concepto de "imperialismo" puso al descubierto el poder creciente de las empresas monopólicas y del capital financiero. También replanteó la lucha antimperialista combinando la lucha de las naciones oprimidas con la lucha de las clases explotadas. Si hoy estamos asistiendo a la construcción de un imperio mundial por el complejo militar-empresarial de Estados Unidos (y la palabra imperio les resulta grata desde la reina Victoria) ese proyecto de Imperio corresponde a las más avanzadas políticas imperialistas y capitalistas: combina la creciente fuerza de las megaempresas y de las potencias en que se apoyan, y de que se sirven, con las nuevas formas de dominación y explotación de los pueblos y los trabajadores. De hecho articula cada vez más el imperialismo al capitalismo hasta hacer incomprensible uno sin el otro. Es más permite explorar las contradicciones en la construcción del imperio mundial norteamericano en pugna inevitable con otros imperios dada su creciente apropiación y dominación de territorios, recursos y poblaciones, y el hecho de que aparece como el beneficiario principal de la nueva acumulación original y ampliada de capitales, planteando problemas de inseguridad a las grandes potencias y a las potencias intermedias. La lucha contra el imperialismo y el capitalismo como una lucha por la democracia, la liberación y el socialismo corresponde por su parte a un fenómeno alternativo, de sistemas emergentes y tanto por sus tendencias naturales como por las que serán dirigidas a alcanzar esos objetivos puede tener un crecimiento exponencial que incluya a la propia población de los Estados Unidos, no se diga a la del resto del mundo. En ese futuro el ejemplo de Cuba, lejos de ser "excepcional" tiene características universales que aparecerán más y más conforme se descubra en ella la necesidad étnicopolítica que todo movimiento por la liberación, la democracia y el socialismo debe priorizar en la organización de su pensamiento y de sus actos.

Mayo, 2004

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Europa: cultura humanística de democracia y libertad

Joaquín Miras Albarrán

EL DEBATE SOBRE EUROPA Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

Europa no fue nunca antes en la historia el nombre atribuido a una región integrada de comercio y mercado, ni a una entidad política, ni a una unidad religiosa. En origen, y durante muchos siglos, la palabra Europa no poseyó otro sentido que el propio de una denominación geográfica, con un significado tan descriptivo y anodino como el de los demás nombres propios de un Atlas; era entonces, además, un nombre al que a penas se recurría.

Ahora bien, en el sentido muy especial, y también eminente, en el que una determinada tradición intelectual constituida por el pensamiento Humanista, cívico político, ha usado dicho término como denominación durante los últimos doscientos cincuenta años, la palabra Europa es algo distinto y algo más que el nombre de un territorio geográfico continental o la denominación del conjunto de poblaciones, culturas y creencias comprendidas en ese territorio, o una región organizada por un mercado.

Europa es el nombre del que se dota, a fines del siglo XVll, una tradición cultural, la tradición democrático republicana de la Antigüedad clásica grecolatina, rescatada, restaurada y transmitida por el Humanismo cívico, laico y republicanista, con el fin de designar un proyecto cívico de convivencia y ciudadanía.

Este hecho, sobre el que vamos a volver de inmediato, sin embargo, ha desaparecido en el actual debate sobre la constitución europea, que no es sólo un debate político –económico político-, sino también ideológico cultural, y  en el que además del nuevo reparto de poder entre las diversas fracciones plutocráticas europeas, se dirime también, cuál debe ser la idea de Europa que el bloque de poder dominante decida apoyar y tratar de convertir en “sentido común”. Por ello estamos asistiendo a una fabulosa falsificación histórica: a la “reescritura” mendaz  de la historia de las luchas y de las ideas que se desarrollaron en una determinada área geográfica, que estaba comprendida –ahora sí- en el continente europeo.

El nombre de Europa deja de ser un nombre propio geográfico convencional,  para adquirir un sentido político filosófico análogo al que le damos, durante la segunda mitad del siglo XVll. Durante ese siglo, los poderes despóticos de los estados absolutistas y de las diversas iglesias cristianas –Católicos y Protestantes- precipitaron a las sociedades de un territorio geográfico denominado hasta entonces “La Cristiandad” en un torbellino de guerras, esfuerzo económico para la guerra, violencia represora, y persecuciones y asesinatos en masa contra todo aquel que declarase ideas y creencias diferentes a las del represor.

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