Un punto de encuentro para las alternativas sociales

IU: Abrazados a una política muerta

Manuel Cañada

" Adso, el error consiste en creer que primero viene la herejía y después los simples que la abrazan (y por ella acaban abrasados). En realidad, primero viene la situación en que se encuentran los simples, y después la herejía." El nombre de la rosa, Umberto Eco

La próxima celebración de la asamblea extraordinaria de IU me anima a poner por escrito algunas dudas y reflexiones que revolotean hace tiempo en mi cabeza, pero que quieren posarse en un territorio ajeno y desconfiado de las luchas de poder propias de este tipo de eventos. Soy afiliado del PCE y de IU, pero antes soy militante de un partido más amplio y decisivo, el partido de la alergia al capitalismo, el partido de la rebeldía contra el poder. Mi lealtad pertenece a esas ideas antes que a un partido. Para empezar habría que bajarle los humos y atemperarles la prisa a todos aquellos dirigentes de esa formación política que, enfangados en la enésima lucha de misérrimo poder, no se percatan siquiera (o sí, lo que es más grave aún), de que IU es una pequeña expresión, cada día más pobre y extraña a la vida cotidiana de los comunes, dentro del campo de fuerzas sociales y culturales de la transformación o del antagonismo. Relájense los burócratas, de variada procedencia y adscripción, prestos siempre a vender la última confrontación interna como la madre de todas las batallas. No sirven los atajos para quienes, exiliados interiores en la dictadura del capital, quieren "cambiar el mundo de base". Ni afinamientos de discurso, ni líderes providenciales elegidos o subastadas por la Cadena Ser o El País, resolverán la encrucijada. O al menos no lo hará para aquellos que, honestamente, siguen pensando en IU como un instrumento más de lucha por una forma de vivir alternativa, ajena a la explotación del ser humano y de la naturaleza. 1. La mutación de IU Hace ya mucho tiempo que en IU las palabras son lana marchita, que diría Vicente Aleixandre. Las palabras ya no sirven, se independizan de su significado original, declinan hacia el metalenguaje de los aparatos. Se pierde la congruencia básica entre lo que se dice y lo que se hace, se pierde la tensión moral imprescindible para quienes pugnan por otro mundo. "En una sociedad basada en el antagonismo clasista, todos estamos calados por este antagonismo, todos somos auto-contradictorios", afirma Holloway, uno más de tantos repudiados por una izquierda tan expeditiva en sus juicios como perezosa en el estudio. Odiamos el mundo que amamos. Y todos somos autocontradictorios, pero los que nos levantamos contra el desorden existente tenemos que estar peleando todos los días (y hacerlo si es posible con alegría) por derrotar la resignación, el interés individual, el poder que vive en cada uno de nosotros. En los siglos XII y XIII surgieron numerosas corrientes heréticas en el seno de la Iglesia. Era la particular forma que adoptaba la lucha de clases de aquel tiempo. Las herejías, e incluso movimientos "moderados" como los franciscanos, nacían como una denuncia del divorcio entre la retórica de la pobreza que hacía la Iglesia Católica y su práctica de ostentación, corrupción y sólida alianza con los poderes temporales. Los debates de la Iglesia oficial de aquel tiempo eran monumentos exquisitos de hipocresía, acabadas muestras de sutileza doctrinal y bizantinismo solo accesible para los elegidos. A quienes demostraban combinar mejor el arte de los equilibrios internos y la falta de escrúpulos les estaban reservados los mejores púlpitos. Bastante de esto ocurre hoy en IU, y también en otras capillas del mundo alternativo. En tiempos del vilipendiado Julio Anguita al que, en una demostración más de que el estalinismo anida en los corazones más renovadores y tiernos que uno pueda imaginarse, eliminaron incluso del video de la historia de IU, al menos existía un afán por la coherencia. Julio Anguita y la IU de esos años, incluso cuando enunciaba un discurso moderadísimo como la defensa de los contenidos sociales de la constitución o la exigencia de pleno empleo, era creíble. Un rojo, dispuesto a hacer transacciones, aplazamientos, alianzas, pero un rojo. Dispuestos a negociar los ritmos, pero no los principios. En IU se ha producido una mutación, un cambio de naturaleza, una pérdida de identidad. Y reconozco que tengo muchas dudas (y ojalá me equivocase) sobre la reversibilidad de ese proceso "transgénico". Porque no ha sido un episodio sino un proceso al que además hemos contribuido, por acción o por omisión, muchos de nosotros. Hoy podría decirse, y nadie se ofenda, que a IU no la conoce "ni la madre que la parió". IU es una fuerza crecientemente subalterna del PSOE y de su entramado mediático y sindical, agarrotada por los intereses (institucionales, pero no solo institucionales) de sus aparatos, y afincada en el discurso políticamente correcto. De la IU soberana, intento de movimiento político-social y rebelde, quedan poco más que los ecos. Una fuerza política que ha perdido la capacidad de indignarse contra la injusticia, la desconfianza contra el poder, la voluntad de autonomía: * Que contempla con pasividad cómplice la excarcelación del general Galindo, condenado por torturas y terrorismo de estado. * Que no se atreve siquiera a pedir la comparecencia en la comisión del 11-M de los confidentes habituales de la policía que tenían montado el "supermercado" de explosivos y armas con los que se produjo el atentado. 25 años después del atentado de Piazza Fontana en 1969 en Italia se conoció la implicación de la red Gladio. Ahora terrorismo y guerra se hermanan en la política estratégica del choque de civilizaciones. La connivencia con las alcantarillas, donde estado y terrorismo se dan la mano y se confunden, se entiende en partidos de orden (del orden establecido), pero ¿lo es también IU? * Que no es capaz de oponerse alto y claro a la participación del ejército español en Afganistán y Haití, guerras de la misma lógica del Imperio. Una fuerza que, a pesar de que una de sus señas de identidad y de independencia fuera la oposición al Tratado de Maastricht, no se atreve a pronunciarse sobre la Constitución europea claramente neoliberal y militarista. Y que para pronunciarse, con más miedo que vergüenza, necesita previamente ser derrotada en las urnas en y que se abra un conflicto interno por las listas de las elecciones europeas. En fin, estos son sólo algunas muestras recientes, cogidas al paso, de un discurso cada vez más subordinado al partido que gobierna. El último, que nos habla de la interiorización profunda del papel complementario, de bisagra con respecto al PSOE, es la ausencia de irritación siquiera por una reforma electoral que va a reforzar descaradamente el bipartidismo, con la excusa populista de la elección "directa" de los alcaldes. Por eso hay que reconocerle al equipo de dirección de IU una enorme coherencia en la selección de algunas de sus referencias. La asistencia de Carrillo a la última asamblea federal de IU y el ensalzamiento de Iniciativa per Catalunya como modelo a seguir, son muy representativas de la línea que se va imponiendo. El carrillismo, el eurocomunismo era una variante de socialdemocracia caracterizada por la "ascensión" a los altares del tacticismo y la primacía de lo institucional. Tradición y verbalismo comunista, pero práctica decididamente reformista. Iniciativa per Catalunya es el correlato en nuestro país de la involución del Partido Comunista Italiano hacia el capitalismo. Y representa magistralmente un modelo de partido funcional para las élites dirigentes que huían del "colapso del comunismo", pertrechándose por el camino de todos los retales de la posmodernidad. Iniciativa ha acabado siendo un modelo de partido posmoderno de políticos. No un partido político, que era otra cosa, sino un partido de políticos, una agencia de representación que corre con la parte del mercado electoral que se sitúa más a la izquierda del PSOE. Toda una vida de vanguardia: antes de vanguardia del proletariado, y ahora de vanguardia de las identidades múltiples y fragmentarias de la posmodernidad. "En España los novedosos apedrean a los originales" dijo Mairena/Machado. La IU punta de lanza de la experimentación política en toda Europa a finales de los 80 y principios de los 90, la fuerza de la convivencia rojiverdevioleta, el movimiento que respondía a la crisis de los partidos, está siendo demoradamente deglutida. 2. A Matrix le crecen los rebeldes Hubo un tiempo en el que los que querían cambiar el mundo utilizaban como termómetro la lucha de clases. "La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases" que dijera con precisión y dotes de publicista adelantado Marx. Hoy hay mucha lucha de clases, pero de las cabezas dirigentes de la izquierda oficial ha desaparecido y en su lugar solo hay votos y titulares de periódico. "En 1900 los trabajadores asalariados sumaban alrededor de 50 millones de una población global de 1000 millones, hoy en día son alrededor de 2000 sobre 6000 millones", nos recuerda Daniel Bensaid, para ilustrar la proletarización creciente del mundo. Aunque ello no implique automáticamente más lucha de clases, ni la lucha de clases sea tampoco lucha salarial ni sindical, sino algo más complejo. Más proletariado que nunca, pero cada día más huecas y miedosas las cabezas de los celosos usufructuarios de la herencia del marxismo. La globalización ha terminado su década prodigiosa. La "globalización feliz", como le gusta llamarla a Ramón Fernández Durán ha encallado. El paraíso que alcanzaríamos gracias la aceleración del desarrollo combinado de la biotecnología, la informática y las telecomunicaciones se ha teñido de sangre. Esta guerra, como continuación de la globalización por otros medios, fracasa. Tiempo de canallas y tiempo de rebeldías. El golpe de estado americano ha fracasado. 135.000 soldados invadiendo Irak no han sido suficientes. Las multitudes en la calle el 15 de febrero del 2003 han deslegitimado la guerra y la resistencia iraquí consuma la derrota americana. A veces no basta con una cierta dosis de ternura, y hay que añadirle una cierta dosis de plomo, dice el subcomandante Marcos. Pero nadie se engañe. El bloque del poder, temporalmente dividido, busca recomponer su unidad. Sus ideólogos rastrean las revueltas, especulan y experimentan con la absorción/recuperación de las rebeldías. Ha fracasado el golpe de estado americano, pero no Matrix y su lógica. La Gran Máquina del Capital Global busca a marchas forzadas la salida de su crisis política. Tres ejemplos de ello, las reformas laborales en Alemania, el Forum de Barcelona y los centros de internamiento para inmigrantes. Schroeder y la patronal en Alemania inician una ofensiva de calado estratégico. Un ataque articulado capaz de apresar las contradicciones de la clase trabajadora e intervenir en ellas. En nombre del empleo y del mantenimiento del Estado del Bienestar (la misma retórica abyecta en todos sitios) se simultanean dos agresiones brutales. Por un lado incremento de la jornada laboral y menos salario para los trabajadores que se incorporen, a cambio de que las grandes empresas como la Siemens no se vayan de Alemania. Y justamente en los sectores como el metal, pioneros en la consecución de la jornada de 35 horas. Si no quieres sopa dos tazas. Por otro lado una brutal reducción de las prestaciones de desempleo y las ayudas sociales, el conocido como plan Hartz 4. Los sindicatos pactan los recortes en las grandes empresas. Por el contrario los parados y precarios salen a la calle todos los lunes contra el plan de recortes sociales. El capital desmigaja aún más la subjetividad obrera. Para unos, los restos del navío fordista, clase trabajadora industrial con antigüedad y derechos, un trocito cada vez más pequeño de cielo. Para los otros, la "morralla" precaria, pura intemperie. Los primeros agachan la cabeza, los segundos gritan su desesperación. Renuncia y resistencia, dramática descomposición del sentido de clase. Pero no se olvide que Schroeder es "de los buenos", de los que estiman la ONU y el derecho internacional, de los que se han opuesto a la guerra de los Estados Unidos…. Mientras el movimiento obrero y la "izquierda" no recuperen la capacidad de pensar antagonista, la autonomía de clase, serán solo serviles acompañantes de una fracción de la burguesía. La tormenta de la guerra se fabrica en la nube del capitalismo. Y a mi al menos no me consuela nada que la guerra sea "legal y justa", amparada por la ONU, argumentario que se han hartado de repetir como loros insensatos, dirigentes de la "izquierda". Solana y otros leales funcionarios de Matrix ya preparan el gran reencuentro, especialistas como son en guerras almidonadas y "humanitarias" como las de Yugoslavia o Afganistán. Segundo laboratorio: el Forum de Barcelona. Políticos socialdemócratas y empresas multinacionales ensayan la apropiación de las rebeldías. Justamente allí donde el movimiento antiglobalización ha manifestado más fuerza y más creatividad. Más allá de la especulación urbanística, lo que revela el Forum es la enorme consciencia por parte de las clases dominantes de las potencialidades de antagonismo real que se han desarrollado en los últimos años. Tras la cháchara de los organizadores (desarrollo sostenible, comercio justo, interculturalidad,…) no sólo hay un intento de apropiarse y "disecar" los conceptos que han puesto en pie los movimientos, empezando por la propia noción de foro social. Forma parte de un intento de cooptación, de recuperación de las energías de lucha que han liberado los movimientos. Porque los movimientos, "el pueblo de Seattle" existe. Es algo más que una moda, más que un eco de la sociedad del espectáculo. "Donde reina el espectáculo, las únicas fuerzas que pueden organizarse son las del espectáculo. A una guerra televisada corresponde una protesta televisable" dice Miguel Amorós. Comparto muchos de los recelos de quienes desconfían de las movilizaciones que se inscriben en la lógica y los tiempos del espectáculo, pero la protesta no es ilusoria y el movimiento existe más allá de lo mediático y de los aparatos políticos y sindicales. Es más, son precisamente esos instrumentos los que pretenden capturar las fugas, la resistencia anticapitalista que a pesar de todo existe y se escapa. Hay, con todas las contradicciones que se quiera, una intuición anticapitalista en las luchas de los últimos años, algo inapropiable e irreductible que perturba a los estados mayores y menores del capital….. Tercer laboratorio: los campos de internamiento de inmigrantes. La Unión Europea propone crear en los países del Norte de Europa campos "de acogida" para los inmigrantes "ilegales" que pretenden llegar al mundo de la abundancia. No se trata de una medida más de control migratorio, ámbito de intervención preferente de la Unión Europea que, como "mercado común" también de mano de obra, adopta decisiones reguladoras de los flujos laborales. Es mucho más que eso, significa el flirteo con la idea del campo. Giorgio Agamben alertó hace años sobre la lógica jurídico-política que compartían los centros de internamiento de inmigrantes con los campos de concentración. "El campo es el espacio que se abre cuando el estado de excepción empieza a convertirse en regla. En él, el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del orden jurídico, adquiere un sustrato espacial permanente. La ley es suspendida de forma integral, todo es verdaderamente posible en ellos". La negación de ciudadanía implícita en la consideración de ilegales, pasa a convertirse en explícita. Nuda vida, simples cuerpos en el limbo de los sin derechos. Volvamos al inicio. Los poderes indagan salidas a la crisis política e intentan reconstruir su unidad. No excluyen ninguna posibilidad, ninguna vía, ningún atajo. "Blair y yo contra las fuerzas del conservadurismo" proclama Haider, el líder de la extrema derecha austriaca, con una ironía que revela al mismo tiempo el tronco común de los experimentos neoliberales. Pero, a pesar de todo, Matrix vive en el desasosiego. Hoy rinde a los de Izar en Corea, y a los de Atento en Marruecos, pero y mañana cuando la tasa de ganancia se estanque allí ¿donde irá?. ¿Cuáles son los límites de la deslocalización, de lo que Wallerstein llama desruralización?. ¿Cuánto tiempo soportarán las víctimas de un lado y otro del planeta ser piececitas prescindibles, material sobrante, simple grasa de la Máquina? Cuando todo parece atado y bien atado, vuelve a asomar el cabo suelto, el cabo disolvente, la testarudez del ser humano que se niega a ser reducido a mercancía. En la selva del libre mercado aparecen destellos inesperados de comunidad, de inteligencia colectiva autoorganizada, de comunismo intuitivo. Véase lo que ocurre por ejemplo con los programas de ordenador P2P, utilizados por los jóvenes para compartir gratuitamente la música, las películas, el ocio, la cultura. El capital se muestra más parasitario que nunca, puro excedente de explotación que necesita de represiones y capataces para apropiarse de la riqueza social. Ahora, sin ir más lejos toda la legislación que se anuncia en España para suprimir estas prácticas de préstamo gratuito, a mayor gloria de sanguijuelas como la SGAE. A lo mejor va a tener razón el exaltado Negri cuando afirma, para escándalo de las mentes mortecinas, que el comunismo está maduro… "El sujeto revolucionario ha muerto" sentenciaron los que mandan, y junto a él la historia, el marxismo, los grandes relatos, y todo lo que oliese a esperanza, a emancipación. Pero la partida sigue, bien lo saben, y sus tres vértices son la guerra, el trabajo y la democracia. La guerra global es la política estratégica del poder para los próximos años y el "choque de civilizaciones" su ideología legitimadora. La guerra "infinita", la guerra duradera que se nos anuncia corresponde a esta transición en la que Polifemo no sabe qué hacer con su rabia. El enemigo, nadie se confunda, somos nosotros, ese gigantesco y difuso movimiento del Otro Mundo Posible, que amenaza con colapsar la Máquina. El moro, el inmigrante, no son más que las nuevas figuras preliminares y anticipatorias del enemigo interno. Santiago López Petit utiliza las categorías de fascismo posmoderno y Estado-Guerra para aproximarse a la criatura que se está incubando en las pesadillas de los poderosos. El fascismo, como máquina de producción de indiferencia moral, late cada día más fuerte. Modernidad tecnológica e involución social se funden. En la película de Michel Moore, Fahrenheit 9/11, un soldado americano relata cómo la guerra para él es algo entretenido y natural: mientras aprieta los botones mortíferos de su carro de combate escucha a su grupo musical favorito. La globalización traducida a la vida cotidiana de la gente se llama precariedad. "La fase actual del capitalismo necesita la precariedad como una condición estructural" afirma la CGT. Pero la precariedad, como analiza con rigor este sindicato, va mucho más allá de las relaciones laborales. La precariedad se convierte, de la mano de la deslocalización y del dominio del capital, en sustancia constituyente del trabajo asalariado y de nuestras vidas. Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo global. "Vivo en un mundo de gente encorvada pero nadie lo nota porque todas viven de erguirse sobre alguien" El poeta Antonio Orihuela sintetiza con amargura el dominó de precariedades de nuestro tiempo. La clase obrera va al paraíso, decía el título de la película. A veces, solo a veces, habría que añadirle. El funcionario, sometido al moobing o a la creciente presión en la empresa precariza a la empleada de hogar inmigrante legal o ilegal. El trabajador que después de toda una vida de hipotecas consigue la propiedad de una vivienda que quiere vender a alto precio engrasa la maquinaria del capital inmobiliario/financiero que convierte la vivienda en un yugo para los jóvenes…. ¿Dónde consigue este régimen de poder su hegemonía?. La respuesta seguramente tiene mucho que ver con la capacidad del poder para intervenir en la oposición entre los intereses del individuo como productor y los del individuo en tanto que consumidor/propietario. El neoliberalismo se ha "naturalizado" en la conciencia de la población. 9 millones de personas participan en España en el mercado de la bolsa; los fondos privados de pensiones o el accionariado asalariado, se extienden… Sin abordar estas contradicciones la izquierda y el movimiento obrero no saldrán de la retórica. En el último año se ha producido, en un silencio casi clandestino, un expediente de regulación de empleo de 15.000 trabajadores nada menos en Telefónica, contando con el aval cómplice de los sindicatos mayoritarios (luego se entera uno de que ha aumentado la participación de los mismos en los fondos privados de pensiones de la empresa). Y esto ocurre en el sector de telecomunicaciones, que es precisamente el que está en mayor expansión. Es evidente que esos 15.000 puestos de trabajo van a ser ocupados por otros trabajadores, obviamente en subcontratas, y cobrando menos de la mitad de quienes hasta ahora los ocupaban. ¿Se puede llamar a esto, sin ofender al lenguaje, sindicato de clase?. ¿Se puede llamar a estas prácticas corruptas siquiera sindicalismo?. Y por último la ausencia de democracia . La última novela de Saramago "Ensayo sobre la lucidez", que ha pasado casi desapercibida para una izquierda decididamente autista, plantea un debate crucial y actualísimo: ¿existe realmente democracia en los llamados países democráticos? ¿es la naturaleza del poder existente, democrática? ¿cómo funcionan los resortes del terrorismo de estado?. "Le llaman democracia y no lo es" gritaban los jóvenes en la calle en la primavera del año pasado. No hay democracia que merezca tal nombre, y sin embargo la "izquierda" sigue dando vueltas a la noria, aceptando como una maldición bíblica la farsa. El poder real ha huido, en gran medida, de las instituciones. Tienmeyer lo dijo clarito "Los ciudadanos votan una vez cada cuatro años, los mercados financieros votan todos los días", pero sin embargo la izquierda sigue, encerrada con su solo juguete, como aquel amante despechado y ridículo que cantara George Brassens: "y yo aquí, con mi flor, como un jilipollas". La democracia censitaria es un hecho (2 millones de inmigrantes que viven en España no pueden participar en las elecciones), las leyes electorales violan el principio de un hombre/una mujer, un voto; la desigualdad de origen entre los contendientes es evidente (financiación, presencia en medios de comunicación…). A lo que existe no se le puede llamar siquiera democracia representativa, pero sin embargo la "izquierda" sigue cultivando la ficción de la igualdad de oportunidades. Las cartas están marcadas. Y para aquellos que no aceptamos la estafa, solo es lícito participar en el juego en determinadas condiciones, desde la más escrupulosa y desconfiada distancia. Participar en el juego pero solo desde la continua denuncia del mal de origen, la ausencia de democracia. Participar en el juego solo en la medida que sea complementario y útil a la tarea principal, la construcción desde la base de una democracia participativa, expresiva, no representativa. Aspiramos no a que las víctimas sean representadas, sino a que se expresen. 3. Resistir es crear Se me dirá que baje a la arena de lo concreto, que haga propuestas, que me moje. No tengo respuestas, solo interrogantes y alguna certeza. Y además no me corresponde a mi esa tarea, sino a aquellos que serán o aspiran a ser delegados en la próxima Asamblea de IU. En cualquier caso, vaya además por delante mi acuerdo en lo fundamental con las propuestas que se hacen en el documento que suscriben los compañeros Víctor Casco, Susana López, Manuel Monereo, Pedro Montes y Jaime Pastor. He aquí mis interrogantes y mis certezas. Mi única certeza: hay que cambiar de rumbo, no solo de timonel. O mejor aún, que en la embarcación no haya timonel, sino dirección colectiva. Cambiar de rumbo y de flotilla, de compañía. La herejía es de los simples, de los comunes, de los leprosos, de los precarios, o sencillamente no es herejía. "Los propios gobiernos son esclavos de la Bolsa y del mercado. Cuando votamos sabemos que estamos reemplazando a un esclavo del capital por otro esclavo del capital. ¿Es posible no seguir siendo esclavos del capital y del mercado? Esta es una definición posible de la política, la posibilidad de no ser esclavos". Alain Badiou nos anima, al igual que Saramago, a andar un camino arriesgado pero inevitable. Si la política se ha convertido en pura gestión de lo existente, si democracia representativa y mercado son principios inamovibles fuera de la discusión, qué significan hoy transformación, revolución o democracia. Estamos seguramente al inicio de un largo proceso de bifurcación. Las únicas esperanzas de lucha anticapitalista nacen y se desarrollan fuera de lo institucional, cuando no contra lo institucional. El zapatismo, el movimiento de los sin tierra (MST), los piqueteros, el movimiento antiglobalización cuestionan los límites de la política institucional. Hoy es una quimera reaccionaria pensar que el cambio social puede venir con una forma de entender y practicar la política que pivota sobre lo institucional, o dicho con más propiedad, sobre la noción dominante de política. Es metafísicamente imposible hacer política transformadora en el círculo elecciones- instituciones- partido- medios de comunicación. Manuel Sacristán denunció con lucidez y amargura aquello que se llamó eurocomunismo. "El eurocomunismo como estrategia socialista es la insulsa utopía de una clase dominante dispuesta a abdicar graciosamente y una clase ascendente capaz de cambiar las relaciones de producción (empezando por las de propiedad) sin ejercer coacción. Para creerse semejante utopía (si es que alguien se la cree) es necesario haber perdido la idea de lo que pueda ser un cambio, conscientemente querido de modo de producción y de lo que es una clase amenazada de expropiación por la clase a la que ella domina y explota actualmente". Tengo que confesar que, en mi opinión y muy a mi pesar, el eurocomunismo, aún cuando se exprese con otros nombres (ecosocialismo, izquierda plural…) es en este momento una concepción mayoritaria en IU. "Lo peor es creer que se tiene razón por haberla tenido Lo peor es no ver que la nostalgia es señal del engaño o que este otoño la misma sangre que tuvimos canta más cierta en otros labios." José Ángel Valente Y sin embargo el volcán sofocado se desata a veces. En la primavera del 2003 un temblor de desobediencia se apoderó de las calles y de los balcones; el 13 de marzo se produjo una hermosa rebelión frente a las sedes del PP, en pleno día de reflexión. Un escrache, " un momento de producción de verdad y justicia desde abajo que no precisa de mediaciones para ser validada" como señalan Pablo Carmona y Amador Fernández Savater entre otros, en un artículo colectivo. Pero la izquierda triste no quiere saber nada de "alborotos" y ni siquiera le dedica un simple comentario ni reflexión a estos hechos en sus documentos. Otra democracia y otra política se están creando incipientemente en los márgenes, ajenas a la delegación y a la representación. Como en su día fueron los estados generales en Francia, y andando el tiempo los soviets, o los consejos obreros. Una nueva generación de cambio histórico, efectivamente, está surgiendo. El poder sí estudia lo que ocurrió el 13 de marzo, o el 15 de febrero. El poder sí estudia las rebeldías y se pone manos a la obra a recuperarlas, a espectacularizarlas, a comercializarlas, a capitalizarlas, a acartonarlas. La lucha de las gentes demuestra un inaudito sentido de la oportunidad, "una familiaridad con lo contingente", pero el poder también se espabila, reconduce, ahorma. En los Foros, desembarcan la socialdemocracia y los partidarios del capitalismo con rostro humano… Refundar la política desde donde únicamente puede hacerse, desde abajo. Y marcando las distancias con el poder. Máxime cuando se demostró que fue el poder el que nos tomó a nosotros… Crear nuestro propio tiempo y espacio, al margen de los poderes. Crear y fortalecer medios de comunicación propios, editoriales, formas de crédito, cooperativas de consumo…es cien veces más revolucionario que la mejor de las iniciativas parlamentarias. Unir en torno a un programa. Que es lo serio, frente al cambalache, a los personalismos y oportunismos. Y un programa valiente, que se atreva a poner el dedo en las contradicciones estratégicas: república, renta básica fuerte, papeles y derechos de ciudadanía para todos… Volvamos a Alain Badiou: "Hay que reemplazar la política impaciente de los partidos por la política paciente de los movimientos". ¡Los movimientos, malditos, los movimientos!. Ahí está constituyéndose el sujeto del cambio, en las infinitas formas que adopta la precariedad, en el dolor de la inmigración, en la capacidad creativa de la juventud, en las madrigueras de la globalización. Y eso significa movimiento antiglobalización, sindicalismo de lucha, redes de economía alternativa, colectivos culturales, ecologistas…. No se trata de idealizar los movimientos. En su seno, no podía ser de otro modo, se reproducen las mismas tendencias dominantes que existen en la sociedad e incluso en ellos se produce también a veces el repliegue, el miedo a mezclarse y a la experimentación. Las luchas de poder, los enroques "identitarios", los metalenguajes también se dan aquí aunque, obviamente, no en la misma medida. Pero aquí al menos se pelea. Tiempo de bifurcación. Resistencia o renuncia, construcción de alternativa o embellecimiento de lo existente, lucha o acomodación. No se puede estar eternamente abrazado a una política muerta. "Como dice el pueblo: a la hora del cambio de luna la luna joven sostiene en brazos a la vieja durante toda una noche. El titubeo de los miedosos denuncia la nueva época. Siempre colocad el todavía y el ya. Las luchas de clases, las luchas entre lo viejo y lo nuevo se entablan también en el interior de cada uno". Búsqueda de lo viejo y lo nuevo. Bertold Brecht * Manuel Cañada, militante del PCE y de la CGT.

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Civilización o barbarie

Declaración de Serpa ( Portugal)

En los pasados 23, 24 y 25 de setiembre de 2004 se realizó en Serpa ( Portugal) un encuentro internacional bajo el rótulo Civilización o barbarie. Podéis encontrar las ponencias presentadas en la dirección:. Resistir. Publicamos a continuación la declaración firmada por los asistentes.

Los participantes en el Encuentro Internacional “Civilización o Barbarie – Desafíos del Mundo Contemporáneo” reunidos en las ciudades portuguesas de Serpa y Moura

– Alertan ante la gravedad de la crisis global – social, económica, militar, cultural y ambiental – que la humanidad afronta, la cual amenaza la propia continuidad de la vida en la tierra.

– Constatan que en el desarrollo de esa crisis el capitalismo, en su escalada de agresividad, se ha convertido en un factor de regresión absoluta de la humanidad.

– Subrayan que EE UU, potencia hegemónica, ha optado, en la búsqueda de la salida para la crisis estructural del sistema, por una estrategia de terrorismo de estado, de guerras llamadas “preventivas”, que asume ya matices neofascistas.

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Héctor P. Agosti, introductor de Gramsci en América Latina

Néstor Kohan

El poder protege, difunde y promociona a sus intelectuales predilectos. Los críticos corren otra suerte. Cuando no los asesinan (Rodolfo Walsh, Silvio Frondizi, Raymundo Gleyzer, etc.), quedan sepultados por el polvo gris del olvido o el desconocimiento de las nuevas generaciones.

Héctor Pablo Agosti [1911-1984] fue un intelectual crítico. El rescate de su memoria, a 20 años de su muerte, invita a reflexionar sobre su obra: El hombre prisionero [1938]; Emilio Zola [1941]; Literatura francesa [1944]; Defensa del realismo [1945]; Ingenieros, ciudadano de la juventud [1945]; Cuaderno de bitácora [1949]; Echeverría [1951]; Para una política de la cultura [1956]; Nación y cultura [1959]; El mito liberal [1959]; Tántalo recobrado [1964]; La milicia literaria [1969]; Aníbal Ponce. Memoria y presencia [1974]; Las condiciones del realismo [1975]; Ideología y cultura [1978]; Cantar opinando [1982]; Mirar hacia delante [1983]; Correspondencia con Enrique Amorin [s/fecha].

Agosti fue uno de los teóricos del Partido Comunista en Argentina. Si bien muchísimos intelectuales pasaron por sus filas, algunos hicieron época. Como él, Aníbal Norberto Ponce [1898-1938], Rodolfo Puiggrós [1906-1980], Ernesto Giudici [1907-1991] y, sin ser un teórico, el poeta Raúl González Tuñón [1905-1974]. Ponce tuvo que exiliarse tempranamente en México. Allí, antes de morir, revisó su liberalismo sarmientino. Puiggrós cuestionó el antiperonismo y rompió con el PC en 1946. Giudici, disidente desde años atrás, renunció al PC en 1973. El único teórico que se mantuvo fiel hasta el último día, a pesar del dogmatismo de una dirección que no ocultaba sus simpatías por Stalin, fue Agosti. El joven discípulo de Ponce En 1927 Agosti se suma al PCA. Tiene 16 años. Queda fascinado por Aníbal Ponce. En 1929 ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras. Con otros jóvenes funda la agrupación Insurrexit, homónima de otra anterior. En 1933, siguiendo las sugerencias de Ponce, el joven Agosti publica Crítica de la Reforma Universitaria (en la revista Cursos y Conferencias). Ese año aparece un folleto furioso: "Quince años de derrotas bajo el signo de la Reforma" (probablemente redactado por Ernesto Sábato, compañero de Agosti en Insurrexit). Durante la década infame Agosti es encarcelado varios años (hasta 1937). Al salir revaloriza la Reforma de 1918. En la cárcel nace su primer libro, El hombre prisionero, publicado en 1938. En él escribe: "En nuestra América sólo dos grandes figuras ejemplifican al verdadero intelectual revolucionario. Una es Mariátegui, el magnífico escritor que desde su sillón de inválido promueve la organización del proletariado peruano. La otra es Mella". Adviértase que no menciona ni a Victorio Codovilla [1894-1970] ni a Rodolfo Ghioldi [1897-1985], principales dirigentes del PCA, quienes habían enfrentado a Mariátegui y a Mella. Los Cuadernos de Cultura No obstante el stalinismo extremo de Codovilla y Ghioldi, Agosti logra al interior del PC un espacio de reflexión autónoma que se condensa en las revistas culturales Expresión y Cuadernos de Cultura. A ésta la fundan Roberto Salama e Isidoro Flaumbaun. Agosti comienza a dirigirla a los pocos números, convirtiéndose en su guía inspirador desde 1951 hasta 1976. Cuadernos de Cultura fue posible gracias a una "división del trabajo". Como alguna vez describió al PC brasileño Carlos Nelson Coutinho, los intelectuales se ocupaban de la cultura pero no interferían con la política partidaria. En el PCA sucedía lo mismo. Agosti se daba el lujo de explorar la cultura marxista, apartándose de las "autoridades" soviéticas… siempre y cuando no se metiera con la política de Codovilla y Ghioldi, quienes vibraban al ritmo de Moscú. Abría el juego en la teoría, pero aceptando esa disciplina, incluso a costa de su propio desarrollo intelectual. El reconocimiento de Henri Lefebvre Por ejemplo, el 4 de febrero de 1955 el filósofo francés Henri Lefebvre [1905-1991], uno de los pensadores más importantes del marxismo occidental, le envía una carta a Agosti: "Desde que recibí su trabajo Defensa del realismo llamo la atención de mis amigos franceses sobre lo que ocurre en la Argentina desde el punto de vista cultural […] Pocos textos se han escrito más serios, más profundos que esas líneas. Le confesaré que se adelantaban a casi todo cuanto se escribía en Francia por esa época (1949-50) […] Hemos conducido, usted y yo, conociéndonos muy poco, y de manera independiente, la misma lucha por la objetividad profundizada del arte nuevo". Era una consagración. Agosti, orgulloso, la incluye como prólogo en la segunda edición de Defensa del realismo [1955]. Pero en 1956 la URSS invade Hungría. Lefebvre no lo soporta y cuestiona. Lo expulsan del PCF. En la tercera edición de 1963, Agosti elimina aquel prólogo de su libro. Ese gesto, autoflagelante, resume su acatamiento de la disciplina.

Introducción de Gramsci Agosti es el introductor de Antonio Gramsci [1891-1937] en Argentina y América Latina. Su difusión es pionera en todo el mundo. Gracias a Agosti, el pensamiento de Gramsci es conocido antes en Argentina que en Inglaterra, Francia, Alemania o EEUU. Edita las cartas del italiano en 1950 y los Cuadernos de la cárcel entre 1958 y 1962. Más allá de estas traducciones, la recepción productiva de Gramsci comienza con el Echeverría [1951] de Agosti. Distante del revisionismo histórico, rosista-peronista, y del liberalismo antiperonista, este libro no glosa a Gramsci ni es un manual introductorio. En él, Agosti utiliza sus categorías para comprender la cultura nacional del siglo XIX y "la impotencia política de la burguesía argentina", en el XX. Concluye que "se agotó el papel histórico de la burguesía argentina", pues "esta clase nace desvalida de impulsos desde antes de emprender la marcha".

Ese análisis coincide con el "prusianismo" que le atribuía Ernesto Giudici, el otro intelectual comunista de relieve. Ambas descripciones sociológicas discrepaban implícitamente con la voz oficial del PCA, que otorgaba un papel absolutamente positivo a la "burguesía nacional" en el frente democrático. Sin embargo, Agosti nunca se animó a extraer todas las consecuencias políticas que se derivaban de su estudio. Dejó picando la pelota. Sólo sus discípulos se atreverían a lidiar -rompiendo con el PC- con esa tesis explosiva. Según Agosti, Echeverría representaba una tradición democrática, nacional-popular, diferente a Rosas, Mitre y Roca. Una tesis que reaparecerá, pulida y desarrollada, en Nación y cultura y El mito liberal, sus dos libros de 1959. Sus mejores libros En ambos textos, Agosti reconstruye el linaje de la tradición de izquierda, enfrentando al liberalismo y al nacionalismo cultural. Encontrar un camino socialista autónomo frente a las dos caras de la cultura dominante argentina impregna una búsqueda que seguramente todavía no ha concluido. En Nación y cultura reaparece Gramsci, en señal de alarma. En medio del nacimiento de la nueva izquierda, Agosti advierte: o se "moderniza" la cultura comunista, uniéndose al pueblo-nación, o se corre el riesgo de perder la hegemonía en la izquierda (lo que finalmente ocurre). Ese año la revolución cubana trastoca todo el andamiaje político y cultural del marxismo latinoamericano. El 1 de agosto de 1959 Agosti, aunque fiel a la URSS, le escribe a Enrique Amorin: "Mirá lo que pasa en Cuba. No quiero en esto pecar de ese optimismo exagerado de que siempre me acusás, pero a mí me entusiasman los episodios de Cuba". De la mano de Gramsci, y con el trasfondo de Cuba, Agosti reexamina la supuesta continuidad entre el comunismo del siglo XX y el liberalismo del XIX, tan cara a historiadores y ensayistas del PCA como Juan José Real, Álvaro Yunque, Leonardo Paso o incluso el joven Puiggrós. En 1959 esa afinidad había estallado. Ese año, Agosti pretende dar un curso sobre Gramsci (quizás el primero en Argentina), pero Frondizi clausura la Casa de la Cultura, en un adelanto de lo que vendría después. Los discípulos "herejes" y la nueva izquierda Con sus escritos y la ayuda de Gramsci, Agosti impulsa una corriente culturalmente renovadora dentro del PCA, en la que se inspiran sus discípulos José Aricó [1931-1991] y Juan Carlos Portantiero. Ambos, junto con Oscar del Barco, se animan a dar el paso que Agosti eludió: desobedecer a la dirección del PC. Prolongar la divergencia cultural al campo político. Así nace Pasado y Presente, primero como revista y luego como editorial. Lo mismo sucede con La Rosa Blindada de José Luis Mangieri, Andrés Rivera y Juan Gelman (aunque éstos estaban más vinculados a González Tuñón que a Agosti). En un informe -inédito- de 1965, después de la fractura de Pasado y Presente y La Rosa Blindada, Agosti reconoce su límite: "Creo que cuando enunciamos los principios de ‘tolerancia’ y ‘libre emulación’ estamos diciendo que, en las cuestiones no referidas a la línea política del Partido [El subrayado me pertenece. N.K.], el sólo método admisible es el de la confrontación (y aun la confrontación pública) de las diversas opiniones, sometidas por lo mismo a la prueba de la práctica, sin que ninguna de ellas aparezca investida con los caracteres de ‘escuela única’". Se puede discutir todo en teoría (en filosofía menciona a León Rozitchner, en historiografía a José Chiaramonte), pero el límite de la amplitud llega hasta… la política. Eso no se puede tocar. Al romper con el PC, Portantiero y Aricó pueden abocarse a la luz del día a las "herejías" que Agosti transitaba en puntas de pie y a escondidas, para no chocar con la línea partidaria. Pero hay una diferencia entre el maestro y los discípulos. Si bien Agosti se mantiene obediente, sin animarse a desafiar a la ortodoxia -seguramente su mayor debilidad-, cabe reconocerle una virtud. Nunca sigue la corriente. Se mantiene firme, aunque eso le cueste no pocas humillaciones en su rol de intelectual frente al rígido control de Codovilla y Ghioldi. Aricó y Portantiero, en cambio, se permiten romper. Así ganan prestigio en el campo cultural y pueden encarar una editorial como Pasado y Presente que, sin duda, quedará en la historia. Pero, a diferencia de Agosti, terminan navegando siempre con la ola del momento: stalinistas en los ’50, castristas y gramscianos en los ’60, montoneros en los ’70, alfonsinistas en los ’80, socialdemócratas de la "tercera vía" en los ’90 y así de corrido… Lo que se ganó en libertad intelectual se perdió en coherencia ético-política. Balance provisorio Agosti fue brillante, precursor y original. Asumió un compromiso. Estuvo preso. Fue lúcido y leal. No se acomodó. No tuvo miedo de contradecir la cultura oficial argentina. Ejerció un pensamiento propio, a contramano de las modas. Eso es lo mejor de Agosti, lo más rico, actual y perdurable. Sin embargo, al aceptar la "división del trabajo", terminó subordinando su reflexión a la vigilancia de Codovilla y a la implacable disciplina sectaria de su aparato. De este modo, sacrificó lo mucho que había en él de creador en aras de los moldes trillados, asfixiantes y rudimentarios del stalinismo. Ese fue su límite y su drama.

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Unión Soviética: la transición frustrada

Ariel Dacal Díaz

Cuba Literaria

El intento de transición al socialismo en la URSS ha suscitado los más diversos debates durante décadas, haciéndose más definitorio el antagonismo ideológico que el tema entraña, tras el colapso soviético. Aún cuando el corolario final fue el desdeño de una preciosa oportunidad para socavar las bases del dominio burgués; repensar, comprender y asumir (sobre todo asumir) las características del proceso soviético en su conjunto brindan elementos sustanciales para las alternativas anticapitalistas que demanda el siglo XXI.

En esta dirección desarrollamos nuestro trabajo, partiendo, dado su peso esencial en la comprensión de la historia de la URSS tanto dentro como fuera de sus fronteras, de las problemáticas siguientes: ¿quiénes detentaron el poder en la Unión Soviética?, ¿qué mentalidad portaban?, ¿en qué momento se puede hablar de ruptura con el proyecto bolchevique?. En estas páginas intentamos algunos apuntes sobre estas interrogantes.

“La clase imprevista” [1]

Stalin fue el rostro visible y representante de la burocracia que gradualmente rompió vínculos con la esencia bolchevique y que deshizo los endebles mecanismos de participación política de las masas.

Sería entonces oportuno preguntar ¿de qué fuentes se nutrió la burocracia soviética?. A los principales cargos administrativos ascendieron figuras de relieve secundario dentro de la revolución debido, entre otros factores, a que muchos viejos combatientes de la vanguardia perecieron durante la contienda civil, o se separaron de las masas al ocupar cargos de menor relevancia, acomodándose a las nuevas condiciones de poder. Al mismo tiempo, el poder soviético estuvo forzado a utilizar individuos del anterior aparato gubernamental, incorporando personal técnico y especializado, así como a las masas campesinas que fueron proletarizadas. De este modo se desclasó al partido de Lenin, cuyo requisito de ingreso de nuevos militantes debía ser el resultado de un largo y riguroso proceso de comprobación, excepto para los trabajadores que hubieran laborado en la industria por más de diez años[2].

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Dossier de “Andalucia Libre”

Analizando la experiencia de la URSS

Espai Marx ha recibido y reproduce con gusto un dossier elaborado por los compañeros del interesante boletin de noticias y opinión “Andalucia libre”. El análisis de la experiencia soviética está lejos de agotarse. El debate y, sobre todo, la investigación histórica deben continuar. Los artículos que publicamos en este dossier están lejos de agotar ese debate. Sin embargo aportan elementos de mucho interés. Quienes quieran seguir el trabajo de Andalucia Libre pueden encontrarlos en la siguiente dirección: http://www.andalucialibre.tk/

Indice del dossier:

*Aportaciones interesantes para un debate necesario, Andalucía Libre

*Unión Soviética: la transición frustrada, Ariel Dacal Díaz

*Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa, Hiram Hernández Castro

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Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa

Hiram Hernández Castro

Cuba Literaria

Queda atrás la última década de un Siglo que fue testigo de uno de los acontecimientos más reveladores de la Historia: el agotamiento y derrumbe de una estructura sociopolítica que devenida en modelo cerró su posibilidad de reproducción. Los intelectuales de todo el mundo, unos quizá más sorprendidos que otros, se lanzaron a un heterogéneo debate que intentaba indagar en las disímiles causas de aquellos hechos. Sin embargo, no todos los discursos se alejaron de la mera suma de calamidades sobre la experiencia “socialista”. En la medida en que el pensamiento emancipador logre agudizar sus instrumentos de análisis político deberá asumir aquel proceso histórico como un referente obligado para la teoría y la práctica revolucionaria. Será preciso volver siempre a repensar sobre los hechos, las figuras, los documentos y las prácticas de poder comprometidas con las experiencias de la Revolución y el socialismo real.

Es cierto que la trascendencia de la Revolución de Octubre como parte de ese proceso, no puede ser oscurecida por la posterior deformación y bochornoso final de la URSS. Sin embargo, y aunque las prácticas académicas se resientan, es preciso que la pasión no detenga la reflexión crítica y polémica sino, todo lo contrario, sea su elemento inmanente. Y es que en su momento la Revolución de Octubre fue el punto de encuentro de algunos de los debates más enconados de los que ha sido testigo el pensamiento humano. No fue teoría de gabinete, ni de torre de marfil, sino pensamiento gatillado por los problemas de la toma del poder en una experiencia inédita y concreta las condiciones sobre las cuales se ejerció la praxis política bolchevique.

Lenin, Trotsky, Bujarin, A. Kolontái entre otros, eran al tiempo que protagonistas, el centro de un copioso debate internacional, observado por furiosos detractores y emocionados amigos. La toma del poder institucional por un partido revolucionario fue un hecho pero su viabilidad en el tiempo dependía, en un contexto harto difícil, de las decisiones políticas de un pequeño grupo revolucionario. Lenin y Trotsky eran, entre otros, los líderes de aquel triunfo, pero discusión no era lo que faltaba entre ellos y otros no menos importantes teóricos revolucionarios, que desde dentro y fuera del Partido Bolchevique, acompañaban cada decisión con sus críticas. Esas enconadas discrepancias fueron la raíz de no pocos textos que hoy constituyen el más valioso legado político de aquella Revolución.

Sin embargo, el termidor estalinista cerró el debate. Como afirmará Trotsky, existía entre los “amigos de la U.R.S.S.” cierto trasnochado consenso en considerar cualquier crítica peligrosa para la edificación del socialismo[2]. Mientras que al interior Stalin se aseguraba de fusilar la más mínima sospecha de disidencia. Las prácticas de censura y la vulgar apología “izquierdista” sobrevivieron a Stalin, hasta el punto de amoldarse sintomáticamente a la reproducción del modelo hasta sus últimos días. Si bien el XX Congreso condenó los crímenes de Stalin, las prácticas inquisitivas contra el pensamiento crítico y la rebeldía, aún la de probado carácter revolucionario, no desapareció del todo, sino que se hizo más sutil, llegando a formar parte constitutiva de la cultura política institucional, social e individual del supuesto ciudadano socialista. Los comportamientos sociales inmediatos a la caída del muro constataron que aquel individuo presuntamente consciente volitivo se mostraba igual o más obnubilado que sus contemporáneos occidentales. La clase política que, por décadas, había asumido el papel de vanguardia del proyecto “socialista” prácticamente no se resistió y en muchos casos se convirtió en protagonista de la estructuración del “nuevo sistema económico y político”.

Incluso podríamos decir que, lamentablemente, la acriticidad del Kremlin no dañó sólo al modelo eurosoviético, sino que se extendió a través de su influencia a los partidos comunistas y grupos de izquierda de todo el mundo. En este sentido, uno de los espacios más afectados fue el teórico-académico e intelectual. El llamado “marxismo-leninismo” o DIAMAT socializado por la escolástica estaliniana y que fuera colocado en el pedestal de ciencia de las ciencias, para nada fue una alternativa válida del diverso pensamiento marxista, sino que constituyó un retroceso lamentable.

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¿Qué es la URSS?

León Trotsky

Capitulo IX de La Revolución Traicionada

Relaciones sociales

La propiedad estatizada de los medios de producción domina casi exclusivamente en la industria. En la agricultura sólo está representada por los sovjoses, que no abarcan más que el 10% de las superficies sembradas. En los koljoses, la propiedad cooperativa o la de las asociaciones se combina en proporciones variables con las del Estado y las del individuo. El suelo perteneciente jurídicamente al Estado, pero concedido “a goce perpetuo” a los koljoses, difiere poco de la propiedad de las asociaciones. Los tractores y las máquinas pertenecen al Estado; el equipo de menor importancia, a la explotación colectiva. Todo campesino de koljos tiene, además, su empresa privada. El 10% de los cultivadores permanece aislado.

Según el censo de 1934, el 28,1% de la población estaba compuesto por obreros y empleados del Estado. Los obreros célibes de industria y de la construcción eran 7,5 millones en 1935. Los koljoses y los oficios organizados por la cooperación constituían, en la época del censo, el 45,9% de la población. Los estudiantes, los militares, los pensionados y otras categorías que dependen inmediatamente del Estado, el 3,4%. En total, el 74% de la población pertenecía al “sector socialista” y disponía del 95,8% del capital del país. Los campesinos aislados y los artesanos representaban todavía (en 1934) el 22,5% de la población, pero apenas poseían un poco más del 4 % del capital nacional.

No ha habido censo desde 1934, y el próximo se efectuara en 1937. Sin embargo, es indudable que el sector privado de la economía ha sufrido nuevas limitaciones en favor del “sector socialista”. Los cultivadores individuales y los artesanos constituyen en la actualidad, según los órganos oficiales, cerca del 10 % de la población, o sea 17 millones de almas; su importancia económica ha caído mucho más bajo que su importancia numérica. Andreev, secretario del Comité Central, declaraba en abril de 1936: “En 1936, el peso específico de la producción socialista en nuestro país debe constituir el 98,5 %, de manera que no le quedará al sector no socialista más que un insignificante 1,5%…” Estas cifras optimistas parecen, a primera vista, probar irrefutablemente la victoria “definitiva e irrevocable” del socialismo. Pero, desdichado del que detrás de la aritmética no vea la realidad social.

Estas mismas cifras son un poco forzadas. Basta indicar que la propiedad privada de los miembros de los koljoses está comprendida en el “sector socialista”. Sin embargo, el eje del problema no está allí. La indiscutible y enorme superioridad estadística de las formas estatales y colectivas de la economía, por importante que sea para el porvenir, no aleja otro problema igualmente importante: el del poder de las tendencias burguesas en el seno mismo del “sector socialista”, y no solamente en la agricultura, sino también en la industria. La mejoría del estándar de vida obtenida en el país, basta para provocar un crecimiento de las necesidades, pero de ninguna manera basta para satisfacerlas. El propio dinamismo del desarrollo económico implica cierto despertar de los apetitos pequeñoburgueses, y no únicamente entre los campesinos y los representantes del trabajo “intelectual”, sino también entre los obreros privilegiados. La simple oposición de los cultivadores individuales a los koljoses y de los artesanos a la industria estatizada, no dan la menor idea de la potencia explosiva de estos apetitos que penetran en toda la economía del país y se expresan, para hablar sumariamente, en la tendencia de todos y de cada uno, de dar a la sociedad lo menos que pueden y sacar de ella lo más.

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Contra el Fatalismo Económico

Pierre Bourdieu

Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el 22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha concedido y asocia mi nombre con el de uno de los filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos también para el señor Ulrich Beck por el generoso discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en que en el futuro próximo podremos asistir al nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi única crítica a esta eulogia es su excesiva generosidad, especialmente por la forma en que atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y cualidades que sólo son producto de condiciones sociales. No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de semejante manera y se me eleva al nivel de gran defensor de la idea utópica -en estos días tan desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más precisamente urgido a intentar definir cual tiene que ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a la utopía en general y la utopía europea en particular. Revolución conservadora Debemos reconocer que estamos actualmente en un período de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora asume una forma sin precedentes: no hay, como en tiempos anteriores, ningún intento de invocar un pasado idealizado mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo tipo de revolución conservadora que, para justificar su restauración reclama una relación con el progreso, la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a partir de esto intenta relegar el pensamiento y la acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto como norma ideal, el orden del mundo económico librado a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados mercados financieros, el retorno a un tipo de capitalismo radical que no responde a ninguna ley más que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos, desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de su eficiencia económica por medio de las formas modernas de conducción management y las técnicas manipuladoras como la investigación de mercado y las propagandas de venta y comercialización.

El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es que, atrapada por todos los signos de la modernidad, aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios de los años 30. Después de todo, viene de Chicago ¿no es así? Galileo dijo que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Actualmente, tratan de inventar que el mundo social está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma de las matemáticas -y también del poder de los medios- el neoliberalismo se ha transformado en la forma suprema de contraataque conservador, apareciendo durante los últimos treinta años bajo la denominación de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el fin de la historia". Fatalismo economicista Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de superar por el pensamiento -el fin de las utopías criticas- no es nada más que un fatalismo economicista, que puede criticarse en los términos empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía (1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que pueden encontrarse en el marxismo. La fechitización de las fuerzas productivas y el fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de la teoría, redobla la fuerza de las realidades económicas que supuestamente expresa. Sostiene la filosofía espontanea de los administradores de las grandes multinacionales y de los agentes de la gran finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión. Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e internacionales, funcionarios oficiales y especialmente por el mundillo de los periodistas tradicionales -todos mas o menos igualmente ignorantes de la teología matemática subyacente- se esta transformando en una creencia universal, en un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o más bien la vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del liberalismo en todos los lugares, está confeccionada con una colección de palabras mal definidas -"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y otras- que, a través de sus connotaciones liberales e incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia de un mensaje de libertad y liberación a una ideología que se piensa a si misma como opuesta a toda ideología. De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su único objetivo la permanente creación de riqueza y, más secretamente, su concentración en manos de una minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un combate por cualquier medio, incluso la destrucción del medio ambiente y el sacrificio humano, contra cualquier obstáculo a la maximización de las ganancias. Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a la lógica de los mercados financieros para llevar adelante una guerra total contra los sindicatos, contra las adquisiciones sociales de los últimos siglos, en una palabra, contra todas las formas de civilización asociadas con el estado social. Juzgar por los resultados La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus resultados, que son claros para todos, a pesar de los esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo. Los trabajos que hay son precarios, la permanente inseguridad resultante afecta una creciente proporción de la población, aun en las clases medias. Hay una profunda desmoralización ligada al colapso de la solidaridad elemental, especialmente en la familia y todas las consecuencias de este estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la reaparición en Francia y en otros lugares de movimientos políticos de corte fascista. Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones sociales y cualquier defensa de estas es denunciada como conservadurismo pasado de moda. A esto podemos sumar ahora la destrucción de las bases económicas y sociales de las más notables conquistas culturales de la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los universos de la producción cultural en relación al mercado, que había crecido continuamente por medio de las luchas de los escritores, artistas y científicos, está cada vez más amenazada. La dominación del "comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura aumenta día a día, especialmente por medio de la concentración de la industria de publicidad que está cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué quedará del cine artístico experimental europeo en diez años, a no ser que se haga todo lo posible para proporcionar a los productores de vanguardia los medios de producción y más importante aún, de distribución. Todo esto, sin mencionar los servicios sociales, condenados o a las órdenes directamente interesadas de las burocracias estatales o empresariales o a ser estrangulados económicamente. Se me preguntará ¿cual fue el papel de los intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las formas omisión o, peor aun, de colaboración.

No necesito mencionar los argumentos de los así llamados filósofos modernistas y posmodernistas que, no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una versión supuestamente posmoderna pero realmente radical-chic de la ideología del fin de las ideologías, con toda su condena de las grandes narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia. Utopismo razonado ¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y la fortaleza social al "utopismo razonado" del que habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2). Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la pura y simple sumisión a las leyes sociales) y "utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa en virtud de "el pleno conocimiento conciente del curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su "época"; a quien, en otras palabras, "anticipa psicológicamente una posible realidad". El utopismo racional se define como opuesto tanto al "pensamiento ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía" como a "las trivialidades filisteas preocupadas esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo ultimatista" -la herejía de un automatismo objetivista, según el que las contradicciones objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas para revolucionar el mundo en el cual se dan- y, al mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3) Así que contra este "fatalismo de banquero" que pretende hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y todos aquellos preocupados por el bienestar de la humanidad tendrán que restablecer un pensamiento utópico con respaldo científico, tanto en sus metas, que deben ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus medios, que también deben ser científicamente examinados. Necesitan trabajar colectivamente en estudios que puedan impulsar proyectos y acciones adecuados a los procesos objetivos que se intenta transformar. El utopismo razonado, como lo he definido, es indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual. La forma de resistir a esta Europa -la que el pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma desde una posición nacionalista, como lo hacen algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la Europa neoliberal definida por bancos y banqueros. Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a la Europa que quieren equivale a un rechazo a cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa definida y dominada por los bancos, rechazamos el pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la medida de todas las cosas, incluido el valor de los hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos los terrenos, en todas las dimensiones de la existencia; un proceso que al establecer la ganancia como criterio único para evaluar la educación, la cultura, el arte, la literatura, nos condena a una prosaica civilización desabrida de "fast food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos. Resistencia europea La resistencia a la Europa de los banqueros y la previsible restauración conservadora, sólo puede ser europea. Y solamente puede ser europea en el sentido de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y hábitos de pensamiento que son nacionales y aun vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción de todos los europeos, en otras palabras, una combinación concertada de intelectuales de todos los países europeos, sindicatos de todos los países europeos, de las más diversas asociaciones de todos los países europeos. Es por esto que la tarea más urgente del momento no es elaborar programas europeos comunes, sino la creación de instituciones -parlamentos, federaciones internacionales, asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros, editores, maestros y demás, pero también defensores de árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos y elaborados determinados programas europeos. La gente podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más que mirar la actual situación de la federación europea de sindicatos; la única corporación internacional europea que se está construyendo y que posee cierto nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el primero en defenderla contra las dudas generalmente estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que se ciernen sobre ella. Finalmente, para no dar una respuesta general y abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el papel de los intelectuales en la construcción de la utopía europea- quisiera decir que contribución espero hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea. Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas principales -el estado social y sus funciones; la unificación de los sindicatos; la armonía y modernización de el sistema educativo; y la articulación entre la política económica y la política social- estoy trabajando actualmente, en colaboración con investigadores de diversos países europeos, sobre la concepción y construcción de las estructuras organizativas esenciales para llevar a cabo la investigación comparativa y complementaria necesaria para aportar al utopismo en estas cuestiones su carácter razonado, especialmente, por ejemplo, esclareciendo los obstáculos sociales hacia una europeización real de instituciones tales como estado, sistema educativo y sindicatos. Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a la articulación entre la política económica y lo que llamamos política social, más precisamente, los efectos sociales y los costos de la política económica. Incluye el intento de encontrar las causas primarias de las diversas formas de la miseria social que aflige a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es una oportunidad para que el sociólogo, a quien corrientemente no se consulta excepto para remendar la vajilla que rompen los economistas, aproveche para recordarnos que la sociología puede y debe jugar un papel inicial en las decisiones políticas que son dejadas cada vez más en manos de los economistas o dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy limitadas. A través de una descripción detallada del sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por un lado, los índices económicos concernientes a la política social de las empresas (ajustes, métodos administrativos, salarios y demás) y, por otro lado, los índices de tipo más evidentemente social (accidentes industriales, enfermedades ocupacionales, alcoholismo, utilización de drogas, suicidio, delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me gustaría plantear la pregunta acerca de los costos sociales de la violencia económica y por lo tanto intentar diseñar las bases para una economía del bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la gente que dirige la economía y los economistas, excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en cuyo nombre pretenden gobernarnos. Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la pregunta que debe estar en el centro de cualquier utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos una Europa realmente europea, una que esté libre de toda dependencia de cualquiera de los imperialismos -comenzando por el imperialismo que afecta la producción y la distribución cultural en particular, vía las restricciones comerciales. Liberada también de todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo lo que es más universal en la tradición de todas naciones que la componen. Para terminar con un lugar totalmente concreto del "utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa del Centro Ernst Bloch y el de la organización internacional de "utópicos reflexivos" que en él podría constituirse. * Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero 1998, Londres. * Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo. * Pierre Bourdieu fué uno de los principales sociólogos y antropólogos contemporáneos, autor entre otros muchos de libros como El oficio del sociólogo (en colaboración con J.C Chamboredon y J:C Passeron), La distinción, El sentido práctico, La reproducción, Elementos para una teoría de la enseñanza, etc. Director de la revista Actes de la recherche en Sciences Sociales y de numerosos trabajos colectivos de investigación, como el publicado bajo el título La miseria del mundo, así como de incisivas denuncias contra las manipulaciones mediáticas, se destaca también por su militante solidaridad con las luchas de los trabajadores, ante la guerra en los Balcanes, por una clara postura de condena tanto a la agresión de la NATO como la "limpieza étnica" lanzada contra los kosovares por el régimen de Milosevic. Muró el 24 de enero del año 2002.

Algunas páginas vinculadas con su pensamiento:

Pierre Bourdieu, sociologue énervant

Pierre Bourdieu en la Wikipedia

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12 de Octubre: Nada que festejar. Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano

Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó. Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve. *** El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad. *** El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales. De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero. Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse? *** Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas. El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios.

Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio. En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista. *** Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria. La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil. El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie. *** El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento. Y canta lo que le cuenta la neblina:

-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío. Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

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En la silla de Galileo Galilei

Leonardo Boff

09-09-2004 El día 7 de septiembre se cumplirán 20 años de que me senté en la pequeña en la que se sentó también Galileo Galilei y Giordano Bruno, en el Palacio del Santo Oficio (ex-Inquisición), en Roma, para defender opiniones de mi libro «Iglesia: carisma y poder». Ser convocado a comparecer ante la presencia de la más alta instancia doctrinal de la Iglesia no es un hecho corriente en la biografía de un teólogo. Remitiéndome al poeta chileno Pablo Neruda, es ciertamente memorable -y al mismo tiempo desgarrador- encarnar siquiera por un momento, la razón y el destino de todo un camino de pensamiento y de práctica eclesial con los pobres.

Subjetivamente es muy costoso sentir el peso de la institución milenaria de la Iglesia cayendo sobre tu cabeza. Más penoso todavía es sentir los límites de esta institución, pues percibe uno que, no raras veces, está más interesada por la seguridad que por la verdad, más por su propia imagen que por servir a la Causa de los humillados y condenados de la Tierra.

Pasados veinte años, hoy veo en aquel episodio algo providencial. El hecho fue publicitado y comentado en los principales medios de comunicación de todo el mundo. Por ahí, la opinión pública pudo entrar en contacto con otro tipo de Iglesia, despojada de poder, sencilla y profética, que hace cuerpo con los pobres y que, por eso, participa también de la maledicencia y de la persecución que ellos padecen. Pudo conocer también una teología que pone la vida en el centro, una teología que es elaborada con la mira puesta en la liberación histórico-social de los oprimidos, y no sólo en la edificación interna de la galaxia eclesial. La teología de la liberación se convirtió en tema de conversaciones en las calles, en los bares y en los círculos de intelectuales. La opinión pública captó la dimensión ética de la liberación, una liberación que concierne a las grandes mayorías dolientes de la humanidad. Entendió la argumentación básica: los cristianos, por el hecho de ser seguidores del Nazareno, torturado y muerto en la cruz, están obligados a ser agentes de liberación. Es posible una teología que nazca de este compromiso, fiel a la gran Tradición, articulada contra la injusticia social y a favor de cambios estructurales.

La imagen de Dios que de ahí surge es comprensible por todos: Dios está más interesado por la justicia que por el rito, más ligado al grito del oprimido que a las alabanzas de los piadosos. Son las prácticas y no las prédicas lo que cuenta. Finalmente, por más que las autoridades se consideren «Eminencias Reverendísimas», no dejan de tener las limitaciones de la condición humana. Bien lo dijo el teólogo francés Yves Congar que me defendió en «La Croix» (8 sept 1984): «El carisma del poder central del Vaticano es el de no tener nunca ninguna duda. Ahora bien, no tener ninguna duda es, a la vez, magnífico y terrible. Es magnífico porque el carisma del centro consiste precisamente en permanecer firme cuando todo vacila alrededor. Y es terrible porque en Roma están hombres que tienen límites de todo tipo, en su inteligencia, en su vocabulario, en sus referencias y en su ángulo de visión. Y cayeron contra Boff». Pero me niego a mirarlos con la óptica del Gran Inquisidor. A su manera, pretenden también ellos servir a la verdad. En definitiva, es a ella y no a ellos a quien compete la última palabra. A Roma fui y volví como teólogo católico. Ninguna doctrina fue condenada, sólo «opciones que ponen en peligro la fe cristiana». Pero las opciones pertenecen a la ética, no a la doctrina. Soy consciente de que en todo este asunto fui un mero servidor. Hice simplemente lo que debía hacer, como corresponde a un servidor.

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