Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Generación Uno Punto Cinco (1)

Carles Feixa

Generación Uno Punto Cinco (1)

Carles Feixa

La relación entre jóvenes y procesos migratorios se ha configurado históricamente a partir del concepto de “segunda generación”. Dicha noción presupone que hay una “primera generación” –normalmente adulta y masculina–, nacida en el lugar de origen, que es quien protagoniza el proyecto migratorio y atrae la mirada de los investigadores. La “segunda generación”, formada por aquellos que nacen o se socializan en el lugar de destino, arrastra los estigmas del origen y los traumas de la migración, pero al mismo tiempo forman parte por cultura y destino de la sociedad de acogida. Sin embargo, la experiencia de los menores inmigrantes es más diversa e implica diversos ritos y rutas de paso, tanto a la vida adulta como al país de destino (Suárez 2006). Sin embargo, la noción de “segunda generación” encubre varias categorías de jóvenes: los hijos de los migrantes nacidos en el lugar de destino (la segunda generación propiamente dicha); los nacidos en la sociedad de origen pero socializados en la sociedad de acogida (la llamada generación 1.5), ya sea porque llegaron durante su infancia, después de la socialización primaria (la llamada generación 1.75) o bien porque llegaron durante la adolescencia y por tanto después de la socialización secundaria (la llamada generación 1.25). Por no hablar de los que llegaron a partir de un proyecto migratorio propio, ya sean menores no acompañados (como los pequeños harraga marroquíes) o mayores de edad (como jóvenes adultos independizados de su familia de origen), que son migrantes de primera generación (pero de edad escasa). Por ello algunos autores (Giménez 2003) plantean remplazar esta noción confusa por el concepto de “menores o jóvenes en la migración”, que da mayor protagonismo a estos actores transnacionales. La ponencia desarrollará estos argumentos a partir de un estudio de caso sobre los jóvenes de origen latinoamericano en Barcelona, presentando sus ritos y rutas de paso en cinco momentos: orígenes (allí), destinos (aquí desde allí), tránsitos (de allí para aquí), acogidas (aquí), asentamientos (allí desde aquí). A continuación se prestará atención a la temática de las llamadas “bandas latinas”, reflexionado sobre las consecuencias de su transformación en “asociaciones juveniles”.

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Haití: desastre natural sobre la infamia de la historia

Guillermo Fernández Ampié

Haití: desastre natural sobre la infamia de la historia

Guillermo Fernández Ampié*

La última tragedia que azota Haití ha atraído los focos de las empresas internacionales comercializadoras de noticias que no se cansan de repetir cuán pobre, qué falta de infraestructuras y servicios resulta la sociedad haitiana. El periódico español El País reseña la crueldad de la historia de esa nación caribeña: crisis gubernamentales arbitradas a machetazos, pobreza, hambre y migraciones masivas. Otro análisis de la agencia Ap cita a algunos expertos que explican la desgracia por la conjugación de una serie de factores asesinos: geografía, problemas sociales, chapuceros estándares en la construcción de edificios y mala suerte. De remate, el predicador estadunidense y alguna vez precandidato presidencial republicano Pat Robertson afirma que existe una maldición sobre el pueblo haitiano porque éste habría hecho un pacto con el demonio para destruir la esclavitud e independizarse del yugo francés.

De lo que se cuidan de hablar estos medios y sus fuentes expertas, o que apenas aluden, es de la responsabilidad de Estados Unidos y Europa en la postración de Haití. Si algo ilustra la crueldad en la historia haitiana es precisamente la continua agresión de la que ha sido objeto el país (registrada por Gregorio Selser en su monumental obra sobre las intervenciones extranjeras en América Latina). Vale la pena recordar, aunque sea de forma sucinta, algunos de estos otros factores asesinos que han contribuido a la pobreza endémica de los haitianos.

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Auschwitz o Hiroshima. Lo nunca visto

Santiago Alba Rico

Auschwitz o Hiroshima

Lo nunca visto

Santiago Alba Rico

Fueron muchísimos, sí, unos seis millones, pero hubo que matarlos uno por uno mediante un remedo atroz del trabajo humano: sacarlos uno por uno de sus casas, apriscarlos uno por uno en los vagones atestados de cuerpos, conducirlos uno por uno a los barracones, a los campos de trabajo, a las cámaras de gas. ¿No era esto, después de todo, lo siempre visto? ¿Lo que había sucedido desde el primer día? ¿Lo que venía repitiéndose monótonamente desde Troya? Auschwitz, lo he dicho otras veces, no representa sino el colofón industrial de un modelo antropológico muy familiar, el del exterminio horizontal del otro, que produce escalofríos precisamente porque es inteligible, comprensible, representable. Nos lo podemos imaginar, lo podemos memorizar: caemos fascinados, angustiados, contagiados, en el abismo. Pero no es nada nuevo ni particularmente inhumano; no entraña ninguna iniquidad “absoluta”. No es el Mal porque viene a ras de tierra, con botas y gorra de plato, y nos mira a los ojos y nos hace bajar la mirada antes de destruirnos; y porque incluso podemos concebir también -a poco honrados que seamos- el placer viscoso del destructor y su moral fangosa tratando de degradar, puesto que no puede elevarse por encima de ella, la existencia concreta de las víctimas.

Trabajar cansa, pero es humano. ¿Y matar sin trabajar? ¿Matar sin ningún esfuerzo? ¿Qué pasa con el otro modelo? ¿Qué pasa con el bombardeo aéreo? Tratar a un hombre como a un animal es ignominioso, sí, ¡pero tratarlo como a un residuo! Hacer listas minuciosas, como Eichmann, es atroz, de acuerdo, ¡pero no ver sino panoramas! Acercarse para destruir a muchos uno por uno es abyecto, sin duda, pero, ¡alejarse para poder matar a todos en una sola gavilla y de una sola vez! Y en cuanto a las víctimas, ¿qué hacer con ellas? ¿Cómo explicarlas? ¿Morir sin haber llegado a existir siquiera como obstáculo? ¿Sin un cuerpo propio? ¿Ser desnudado -sin manos- por una luz intensa? ¿Ser herido -sin cuchillo- por una nube de gloria? ¿Ser quemado -sin fuego- por un aire coloreado? ¿Ser asesinado -sin garras- por una mirada ausente? Lo nuevo, lo nunca visto, el cero inaugural es Hiroshima: la ruina naturalizada por la ausencia del agresor, el agresor sobrenaturalizado por su propia lejanía aniquiladora, la eliminación virtual -y la fundación real- de la humanidad como conjunto. La bomba atómica es tan inhumana, tan posthumana, que ni agresores ni víctimas pueden representarse el drama del que participaron y que iguala potencialmente a las dos partes. Tampoco -reconozcámoslo- se ha hecho ningún esfuerzo para explicar a los hombres la época nueva; todo lo contrario: los juicios de Nuremberg, que condenaron justamente Auschwitz, declararon legal, normal, aceptable, inevitable Hiroshima y sus consecuencias. Este mundo nuevo, en el que son los contempladores, y no los trabajadores, los que más destruyen, no puede ser asido en una novela y mucho menos en una telenovela. La propaganda contra Auschwitz, interesada o no, será siempre mucho más emocionante.

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Estudio sobre la revolución antropológica en Italia

Pier Paolo Pasolini

Estudio sobre la revolución antropológica en Italia*

Pier Paolo Pasolini

2 de junio: en la primera página de l’Unità hay un titular para las grandes ocasiones: «Viva la república antifascista».

Claro que sí, viva la república antifascista. Pero ¿qué sentido real tiene esta frase? Tratemos de analizarlo.

En concreto se origina en dos hechos que la justifican plenamente: 1) La victoria aplastante del «no» el 12 de mayo, y 2) la matanza fascista de Brescia el 28 del mismo mes.

La victoria del «no» en realidad es una derrota no solo de Fanfani y del Vaticano, sino también, en cierto sentido, de Berlinguer y del partido comunista. ¿Por qué? Fanfani y el Vaticano han demostrado que no han entendido nada de lo que ha pasado en nuestro país durante los últimos diez años: el pueblo italiano ha resultado —de un modo objetivo y palmario— muchísimo más «avanzado» de lo que pensaban, por estar anclados en el viejo conservadurismo campesino y paleoindustrial.

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El marxismo praxeológico: Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán -a propósito de una nota de Gregorio Morán-

Joaquín Miras Albarrán

El marxismo praxeológico: Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán -a propósito de una nota de Gregorio Morán-

 

Joaquín Miras Albarrán

 

Acabo de leer en La Vanguardia el texto semanal, sabatino, de Gregorio Morán sobre Craxi. En un momento dado se refiere, de pasada, a la influencia de la cultura italiana en Cataluña, y se detiene en Giulia Adinolfi y Manolo Sacristán. Hace sobre ellos varias breves -y elogiosas- referencias a ambos. La primera, y sin ir más lejos, considerarlos el marxismo catalán, y, junto a otros, -cita Barral- causa del refinamiento cultural de la izquierda catalana. Eso es verdad. Las dos cosas: eran de Cataluña y ayudaron a que la cultura en Cataluña -en Barcelona, y hasta donde irradiara su influencia a través del partido-, el pensar, fuera mejor. Ellos fueron militantes del PSUC, partido de ámbito catalán. Se agradece que se indique eso, su compromiso con su sociedad, ahora que para ser catalán hay que proclamar el amor sin límites al pan con tomate. Añade luego otros dos matices, que son los que me gustaría comentar, y matizar. No sé, con todo, si mi opinión tendrá interés para alguien –“alguienes”- más que para los viejos del lugar. De hecho uno de los matices es lo que me ha llevado durante años a nunca sentirme capacitado para opinar, por falta de determinadas lecturas, y por lo escaso de los recuerdos sobre los que me baso, ecos de opiniones que solo son ecos de frases aisladas, y hora, que tengo ciertas lecturas hechas me da todavía más pereza entrar en el tema, por respeto en primer lugar a estos dos grandes maestros nuestros, en segundo lugar, porque no sé qué utilidad puede tener, pues su obra y su legado no son “frecuentados” –la ruptura es tan honda que para personas un poco más jóvenes que los viejos del lugar estos personajes son ya nombres sin cuerpo intelectual, iconos de personas de vida ejemplar, como mucho- y por último, porque, como muy bien sabe y ha experimentado Salvador López Arnal en carne propia, e pericoloso sporgersi a la finestra. Dice el periodista que sin la influencia de Giulia no se podría entender la interpretación de Gramsci que hacía Sacristán. Yo tengo una opinión –un barrunto- viejo, y es que había matices y hasta conceptos diferenciales. Seguramente una interpretación, la de Manolo –me permito lo que nunca me consiento, decir “Manolo” en lugar de Manuel sacristán- estaba fundamentada más desde la recepción analítica, menos referida a las culturas existentes, a la antropología del individuo, etc, (y se podría ver el distanciamiento sobre el historicismo de Gramsci), la insistencia más sobre el momento científico –que es la insistencia sobre la dirección externa, pues es el partido el que puede poner la ciencia- y la de Giulia más “croceana” y hegeliana, tal como lo era el marxismo italiano; el del hegeliano Labriola, que formó en el marxismo –que conocía- a Croce, y el de Gramsci y Togliatti, que eran universitarios de un país cuyo gran filósofo era Benedetto Croce, un gran hegeliano. Labriola, es el gran difusor del marxismo en Italia y su texto sobre el manifiesto no tiene desperdicio. Togliatti…tradujo 150 páginas de la Fenomenología del Espíritu. Esta otra lectura está más basada en la actividad que la cultura popular podía generar desde sus propios recursos. Más abocada a discutir contra los elementos culturales existentes retrógrados –“crítica”- y a propulsar los progresistas y a tratar de que los propios protagonistas, desde su cultura y su racionalidad práctica crearan nuevas prácticas y nuevas ideas: “marxismo cultural”, por decir algo…y sé que soy burdo con Sacristán. Sacristán aceptó y defendió la iniciativa del contrato laboral para funcionarios –esto va dentro de una vieja lucha de masas- no porque la ciencia científica se lo soplara al oído, no porque el comité universitario decidiera que dada la coyuntura internacional, y habida cuenta de la coyuntura económica y teniendo en cuenta la situación del régimen, y considerando que …esa era “la fetén” científica, sino porque en una asamblea de nivel estatal del movimiento de pnns celebrada en Granada esa había sido la propuesta surgida…

 

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Una conversación con Eduard Rodríguez Farré sobre vacunas, vacunación y salud pública

Salvador López Arnal

Una conversación con Eduard Rodríguez Farré sobre vacunas, vacunación y salud pública: “Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas pueden tener vacunas. Que lo tengan depende enormemente del tipo de microorganismos de que se trate […] hay que señalar, lo hago ya de entrada pensando en sus detractores que no son pocos y no están callados, que gracias fundamentalmente a las vacunas se han eliminado una serie de enfermedades infecciosas que eran gravísimas hasta hace pocos años”(I y II)

 

Salvador López Arnal

Diciembre de 2009-Enero de 2010.

 

Miembro fundador del Comité Antinuclear de Catalunya (CANC) en 1977, Eduard Rodríguez Farré es médico especializado en toxicología y farmacología en Barcelona, en radiobiología en París y en neurobiología en Estocolmo. Ha dirigido durante muchos años el Departamento de Farmacología y Toxicología del CSIC en Barcelona. Como experto en toxicología ha asesorado al gobierno cubano en la epidemia de la neuropatía óptica, a la OMS en el síndrome del aceite tóxico y a la Unión Europea sobre la investigación en programas de salud pública y sobre la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Actualmente es subdirector del Instituto de Investigación Biomédicas August Pi i Sunyer del CSIC (Barcelona). Socio fundador de la asociación Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), Eduard Rodríguez Farré es coautor (autor principal para ser más preciso), junto este entrevistador, de Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente, El Viejo Topo, Barcelona, 2008 (con prólogo, presentación, epílogo y notas finales de Enric Tello, Joaquim Sempere, Joan Pallisé, Jorge Riechmann y Santiago Alba Rico).

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Trabajar más por menos

Joaquín Arriola

Trabajar más por menos

Joaquín Arriola

En España hay 8,6 millones de pensionistas, 5,1 millones de los cuales son jubilados (el resto, viudas y huérfanos). 2,2 millones de pensionistas cobran menos de 500 euros de pensión, y menos de la mitad superan el equivalente al salario mínimo. En Euskadi la pensión media de los 491 mil pensionistas alcanza los 945 euros, frente a los 760 de la pensión media estatal.

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"¡ÓJI!", una lección griega sobre el verdadero "efecto dominó"

Rafael Poch

‘¡ÓJI!’, una lección griega sobre el verdadero ‘efecto dominó’

 

Rafael Poch

 

El año pasado estalló la crisis financiera. Sus causas y geografía son claras. Sin embargo, los dueños e intérpretes de las sagradas escrituras pretenden vendernos el absurdo de que la única manera de combatir los efectos de aquel descalabro es el masivo recorte de gasto social y del nivel de vida de la mayoría. Grecia es el paradigma europeo de este absurdo.

 

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