Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Mi vida, de León Trotsky, una obra de encargo

Pepe Gutiérrez-Álvarez

      Acaba de aparecer en las librerías la reedición de Mi vida de Trotsky, un ensayo autobiográfico que fue el primer libro escrito por Trotsky en su tercer (y definitivo) exilio. No fue una idea propia sino que le fuer propuesto por un editor alemán, el director de la Fischer Verlag, que viajó expresamente a Constantinopla con dicha finalidad, y supo ser lo suficientemente persuasivo para llevarse el visto bueno de Trotsky, por entonces considerado poco menos que un “caballo muerto” por Stalin, de no ser así no lo hubiera dejado marchar. Trotsky nunca había escrito nada parecido, era un escritor al que según confesión propia, le costaba mucho escribir, lo que no fue obstáculo para que en sus ya copiosas Obras (que se habían empezado a editar como tales en Moscú por la mitad de la década), figuraban toda suerte de escritos, desde el ensayo teórico hasta la historia (de 1905) pasando por los más diversos artículos sin olvidar excursiones en el ámbito biográfico entre los que cabe situar sus Perfiles del socialismo y sus trabajos sobre Lenin.   

        Pero una cosa eran aquellos retratos de los que era tan amantes y otra entrar en el suyo propio, lo que a pesar de sus confesadas reticencias tuvo empero que hacer cuando la “troika” compuesta por Zinoviev, Kamenev y un tal Stalin (con el soporte de Bujarin), comenzaron a contraponer su antiguo menchevismo con la codificación de algo llamado “marxismo-leninismo”  del que nadie había hablado seriamente en vida de Lenin. Una y otra vez tuvo que poner sobre el papel  la defensa de su actuación, y ahí están textos del alcance de Las lecciones de Octubre o de La revolución desfigurada, de manera que, por más que en aquel momento su principal obsesión pasaba por la construcción de una Oposición de Izquierda internacional, aceptó la propuesta como un desafío literario, pero también como un servicio a la causa, ofreciendo una visión alternativa a la denigratoria que se estaba forjando, y lo cierto es que el libro pasó a ser un auténtico best-seller, y el mejor arma propagandística del incipiente “trotskismo”, un concepto que por aquel entonces todavía no tendría las connotaciones que tendría solamente unos pocos años después.  

      Se puede decir pues que Mi vida sería algo así como el principio de una batalla por la verdad histórica y por una memoria revolucionaria cada vez más groseramente deformada por un escuela de falsificación estaliniana de la que, afortunadamente, ya apenas si quedan defensores. Pero también es mucho más que eso, es una obra literaria que figura entre las mejores de su género, comparable a la de verdaderos clásicos de todos los tiempos y sin apenas parangón en el terreno de la política.  Sus primeros capítulos dedicados a la infancia, al contexto familiar,  los años escolares, a los inicios de la aventura militante, su encuentro con los círculos socialistas y los obreros de Nikoláiev, su descripción de ambientes y personajes, detalles como su pasión por la lectura y por el libre debate, retratos como los del marinero Markin o Rakovsky, son verdaderamente deslumbrantes. Su autorretrato se convierte en un punto de mira desde el que ofrece una panorámica del movimiento obrero y de la revolución rusa desde los primeros pasos hasta el presente, con brillantes disquisiciones sobre su primer y segundo exilio, capítulos sobre los que Trotsky fue dejando su profunda huella, baste recordar el retrato entre analítico y costumbristas que ofreció en su opúsculo Mis peripecias en España, por no hablar de las peripecias francesas o norteamericanas, que fueron mucho más trascendentes de lo que nos dice al autor. 

      Su edición española tiene –además- una historia propia. Apareció en la primera fase –la trotskiana de Juan Andrade- de la editorial Cenit en 1930, y la tradujo del alemán Wenceslao Roces, quien protagonizaría la segunda fase de Cenit, y plenamente estaliniana. Personaje harto complejo, Roces se adaptó tan profundamente al estalinismo que se le ha llegado a imputar (sin que nadie lo haya negado, ni tan siquiera él mismo) la responsabilidad del libelo (cuya reedición está prevista en Espuela de Plata, Sevilla, con prólogo de Pelai Pagès) titulado Espionaje en España, firmado con el seudónimo de Max Rieger y avalado por un prólogo del peor José Bergamín, que sirvió como arma propagandística en la tentativa de trasladar los “procesos de Moscú” a España, con el POUM como principal “chivo expiatorio”; todavía en 1938 se editará en Barcelona otro texto similar, La alianza del trotskismo y el fascismo contra el socialismo y la paz, esta vez con la firma de P. Lang (¿Pedro Laín?). 

       Esto significa también que la presente reedición como todas las habidas desde la muy popular de Zero-ZYX de 1972, no recoge la lectura y las correcciones que Trotsky efectuó antes de ser asesinado para la edición francesa que no llegaría a concretarse hasta 1953, en una edición de Gallimard preparada por Alfred Rosmer quien además añadió un apéndice sobre la trayectoria de Trotsky desde que redactó el prólogo (Prinkipo, 14 de septiembre de 1929) hasta su muerte, un detalle que sí incorpora la edición de Tebas de 1979 y a cargo de Jaime Pastor que también contribuyó a preparar una edición revisada de la Historia de la revolución rusa, posiblemente la siguiente reedición de este gran clásico del socialismo cuyas memorias fascinaron a personajes muy lejanos, por no decir totalmente opuestos, a su ideario, entre ellos François Mauriac (cuyo texto se puede encontrar en www.fundanin.org). De hecho, la lista de reseñas entusiastas es muy amplia, por ejemplo, hay una de Juan Carlos Mariátegui que un día de esto habrá que dar a conocer.  

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Entrevista a Miren Etxezarreta: «En general, los economistas somos mercenarios y servidores del poder”

"Estamos en un punto en el que la clase trabajadora ha sufrido una derrota histórica fuerte desde los años 70 y, por lo tanto, su situación ha empeorado. En este momento la situación se ha degradado tanto que parece como si se empezara a reaccionar un poco. Todo ello con muy pocas perspectivas de una sociedad libre." Sección de Economia. Periódico CNT

Entrevista a Miren Etxezarreta Zubizarreta En marzo la Redacción de Economía del periódico CNT nos desplazamos a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) para entrevistar a Miren Etxezarreta Zubizarreta. Miren es catedrática de Economía Aplicada y da clases de las asignaturas Desarrollo Económico y Política Económica. Defiende un enfoque marxista y anticapitalista de la economía. No en vano ha participado en numerosas charlas y debates en contra de la globalización capitalista y la UE, ha escrito numerosos libros así como también coordina actualmente el Seminario de Economía Crítica Taifa, en Barcelona. ¿Puedes presentarte brevemente? Me llamo Miren Etxezarreta, soy economista de profesión. He procurado muchos años trabajar la economía critica. Estoy en los movimientos sociales. ¿Como empezaste a interesarte por la economía? A mí siempre me ha preocupado que haya pobres y ricos, y quería saber por qué, y pensé que estudiando Económicas lo entendería. Estudie 5 años y no me enteré. A los 70 años lo he llegado a entender un poco. ¿Por qué se enseña economía mayoritariamente neoliberal en nuestras facultades? Siempre se ha enseñado el pensamiento dominante. En este momento es la economía neoliberal. ¿Cómo se ha llegado a eso? Hay una serie de mecanismos muy indirectos y muy sutiles que hacen que la gente aprenda la economía neoliberal. Si eres un estudiante brillante, como sólo te enseñan economía neoliberal, es la que aprendes, después pasas a hacer un doctorado, y como ya la has estudiado, sigues con la economía neoliberal, y para ser profesor tienes que presentar artículos en revistas donde publican sólo economía neoliberal… No hay censura directamente, son canales muy indirectos, dentro de la propia profesión, que hacen que el sistema se perpetúe. Además te rodean de un clima en el que si eres crítica estás muy desprestigiada, eso es difícil de sostener. Se trata de descalificar profesionalmente e ideológicamente a la gente que hace otras cosas. Un debate ideológico con los neoliberales se puede hacer pero su argumento siempre es que estas obsoleto/a, atrasado/a. Una de las razones de la situación actual es la falta de debate disciplinar-ideológico. ¿Crees que se busca la desaparición de los planes de estudios de asignaturas como historia económica o pensamiento económico que ponen en duda la hegemonía de la teoría y práctica económica liberal? En parte sí. Sobre todo en algunas facultades que quieren ser “modernas” y muy matemáticas teniendo prestigio por esa línea. De hecho se ha eliminado en algunas facultades y se elimina más por la convicción de los que mandan de que la economía tiene que ir por los derroteros actuales, que por censura. Evidentemente no son ingenuos, saben muy bien lo que están haciendo. ¿El pensamiento anticapitalista ha tenido siempre tan poco peso? ¿Por qué? El pensamiento es fruto de la realidad, y de la composición de fuerzas, en los años 60 y primeros 70 era más rico; las corrientes afines a Sraffa, a Marx estaban más presentes. Esto no quiere decir que fuera muy potente, pero más que ahora sí. Por otra parte el hecho de que se considere que estás obsoleto y que no eres riguroso si piensas en términos de Keynes o no digamos nada si piensas en términos de Marxismo, hace mella en el desarrollo del anticapitalismo. Los economistas radicales americanos (Union of Radical Political Economics) irrumpieron en la 82ª reunión anual de la Asociación Económica Americana (AEA) en 1969, denunciando que el objetivo de esta Asociación y sus economistas miembros era apoyar, cuales mercenarios, a la élite económica y que eran los instrumentos necesarios para la consecución de unos fines injustos. Concretamente los acusaron de ser los sacerdotes que predican en las facultades y los ingenieros que actúan en contra de los trabajadores y a favor de los capitalistas . ¿Crees que esto es así con la mayoría de economistas, también en el Estado español, hoy en día? ¿Como se implementa en la práctica todo esto? En una inmensa proporción sí. Hay excepciones, pero en general somos mercenarios y servidores del poder. Se implementa simplemente porque tenemos que comer de ahí. Lo importante es que somos asalariados y por la condición de asalariados nos vemos obligados a ello. En la universidad que puede ser el reducto en que podríamos tener mas libertad, tiene estos otros mecanismos que lo impiden. Somos fruto de la sociedad en la que vivimos. ¿Cómo has visto la evolución del comportamiento de los estudiantes ante los estudios de economía? Aquí estoy triste, pues percibo una regresión fuerte en el interés de los estudiantes por unos estudios de economía que les expliquen la realidad. Hemos conducido a los estudiantes en una dirección en que lo único que importa son las notas, el currículum, para poder tener un empleo mejor o una beca. No hay ninguna relación coste-beneficio en que el beneficio sea lo que sabes o aprendes, sino que la relación es que el coste es el estudio y el beneficio es la nota, el planteamiento pasa a ser tener la máxima nota con el mínimo esfuerzo y no importa nada lo que aprendas. Me preocupa bastante la marcha que está llevando la universidad. ¿Cómo crees que se deberían estructurar los estudios de economía y empresa? ¿Qué métodos docentes crees más útiles? Con muchas menos asignaturas, menos horas de clase, más horas de trabajo personal en la biblioteca, con asignaturas integradoras, con mucha teoría, estar en la universidad significa saber teorías. Habría que integrar muchísimo más la historia y la vida cotidiana, el análisis de tu disciplina y de la vida cotidiana. La clase magistral se debería combinar con tutorías de grupos pequeños, haciendo muchos trabajos, entonces la gente aprendería mucho más. Los métodos docentes deberían ser más activos por parte del estudiante. Creo también que es necesaria más cultura general, los estudiantes no leen nada, en general es patético. Estamos convirtiendo al estudiante universitario en una persona que es capaz de repetir cuatro cosas, de aprender cuatro cosas, que no se necesita más. Para ir a trabajar a una caja o a un ayuntamiento no se necesita saber mucho. Se está produciendo lo que interesa al poder, gente sin ninguna capacidad de reflexión propia, y sin capacidad crítica y con poca capacidad intelectual por falta de cultura a todos los niveles. Las elites ya van a universidades privadas y hacen doctorados en las privadas. ¿Puedes definirnos brevemente la situación actual de los/as trabajadores/as y del sistema económico, sus problemas y las perspectivas que se presentan? Estamos en un punto en el que la clase trabajadora ha sufrido una derrota histórica fuerte desde los años 70 y, por lo tanto, su situación ha empeorado. En este momento la situación se ha degradado tanto que parece como si se empezara a reaccionar un poco. Todo ello con muy pocas perspectivas de una sociedad libre. Si pierdes el trabajo con 40 años no tienes esperanza en encontrar otro. A pesar de todo, el 80% de la población cree que vive bien. Se da una situación complicada en que materialmente el sistema produce mucha riqueza y alguna se tiene que distribuir, pero la desigualdad está creciendo, los salarios de la elite están creciendo mucho. ¿Crees que se está dando un proceso de desaparición de la clase media? Yo no lo tengo tan claro. Veo una asalarización creciente porque antes se vivía con un salario y ahora se vive parecido con dos salarios. Creo que lo que sostiene el sistema es la clase media, la elite de la clase obrera, que cada vez gasta más dinero. El sistema sostiene una parte importante de la población para que pueda reproducirse y para legitimarse. Aun así hay un 20% de pobres en España. La gente compra pisos a 50 años, la gente protesta, está angustiada, pero no toma medidas muy duras. Las condiciones objetivas son cada vez más difíciles, pero a nivel subjetivo no lo parece. La clase media se ha reforzado en muchas cosas. Ahora hay más universitarios que nunca, pues la mayoría de universitarios no tenían padres universitarios. Quizás vuestra generación es la primera en la que estaréis peor que la de vuestros padres. ¿Cómo crees que se puede difundir la economía crítica y con qué medios para ser útil para los movimientos sociales y la población en general? Predicar y la praxis. Estamos viviendo una etapa en la que da miedo decir que esto no funciona. Lo primero que hay que hacer es una crítica sólida y los economistas jóvenes tenéis que prepararos para ello. De todas formas, lo intelectual solo no cambiará nunca una sociedad. Hay que organizarse. Si algo podemos hacer, es facilitar conocimientos y herramientas a los movimientos sociales. Como economistas tenemos que participar en ellos, tenemos que crear trabajos económicos, rigurosos y sólidos como participantes, no como sabios. Hay muy pocos economistas participando en movimientos sociales. Creo también que el papel del profesional es trabajar en su profesión. Tampoco me vale el economista que es fantástico en la asociación de vecinos o el sindicato, pero no hace trabajos de economía. ¿Qué alternativas a nivel teórico y de práctica económica planteas para el cambio social? Tanto a nivel teórico como de práctica, no creo en las alternativas planteadas desde arriba. Yo no creo que tenga que haber un diseño. Si hay algo que nos ha enseñado la experiencia de la URSS es que los diseños de arriba abajo son un desastre. Es un proceso largo. Creo que en las condiciones políticas, sociales y económicas actuales no es posible plantear una transformación radical y rápida del sistema capitalista. Las alternativas se tienen que construir de abajo arriba. Será, pues, a través del debate, de la reflexión, con los instrumentos que tengamos de tipo técnico… pero no es un problema de técnica, es un problema de política, de fuerza social. Si tú tienes fuerza social seguro que encontrarás economistas que hagan un diseño que a ti te interesa. En esto estaría más próxima a movimientos anarquistas o zapatistas de abajo arriba, pero también creo que arriba debe de haber instituciones que refuercen lo de abajo. El caso de Venezuela, por ejemplo, es algo que va de arriba abajo, como pasó en Nicaragua, donde hace la revolución una elite, con el apoyo del pueblo, pero el pueblo no estaba integrado, los valores no habían cambiado. En el momento que hay una derecha que les ofrece lo que valoran a nivel material, se pasan a la derecha. Es una superestructura puesta sobre una socio-estructura muy débil, que no vale. Es el peligro de Chávez. Por otra parte, con la competitividad global no hay ninguna esperanza, hay que rechazarla de fondo. Con el mercado solo no hay ninguna esperanza, tampoco creo que lo más importante sea la estatalización de las economías. La propiedad pública de los medios de producción es necesaria pero no lo es todo. Tiene que haber una planificación social, desde la base de la población, que marque los ejes centrales de la economía, y si fuese así no tendría mucho inconveniente en que en algunas partes de la economía funcionara la iniciativa privada, así como la del tipo cooperativa o empresas dirigidas por sus trabajadores, siempre y cuando no dejes que éstas dominen lo público. En el caso de las transnacionales es imposible porque pueden con lo público. No ha salido la nota al pie donde dice: …Concretamente los acusaron de ser los sacerdotes que predican en las facultades y los ingenieros que actúan en contra de los trabajadores y a favor de los capitalistas*¿Crees que esto es así con la mayoría de economistas, también en el Estado español, hoy en día? ¿Como se implementa en la práctica todo esto? *Se puede leer la declaración entera en Información Comercial Española, nº488, abril de 1974, p. 88. También se puede leer sobre el tema en Samuel Bowles. “Los economistas como servidores del poder”. Revista Española de Economía, Enero-Abril de 1977, pp. 474-483. Para leer más: Libros -Etxezarreta, Miren (coord). La Reestructuración del capitalismo en España: 1970-1990. Icària-Fuhem, Barcelona, 1991. – Etxezarreta, Miren. “La vulnerabilidad de los modelos económicos neoliberales”, en el libro de Guerrero, Diego (coord). Macroeconomia y crisis mundial. Trotta, Madrid, 2000. Disponible en http://pc1406.cps.ucm.es. -Fernández Duran, Ramón; Etxezarreta, Miren. Globalización capitalista: luchas y resistencias. Virus-Baladre, Barcelona, 2001. -Etxezarreta, Miren (coord). “Crítica a la economía ortodoxa”. Seminario de Economía Crítica TAIFA. Universitat Autònoma de Barcelona, Servei de Publicacions, 2004. Artículos, ponencias y otros trabajos -Etxezarreta, Miren. “Las alternativas y los economistas”. Ponencia de las X Jornadas de Economía Crítica de Barcelona, 2006. Se puede consultar en la web www.economiacritica.org, donde hay varios artículos de Miren. Webs http://www.economiacritica.org http://www.seminaritaifa.no-ip.org http://cursos.seminaritaifa.org _________________ Se pueden enviar artículos, propuestas, sugerencias, críticas, etc. Lee, apoya y difunde! A la revolución por la cultura! http://www.periodicocnt.org http://www.cnt.es/soliobrera

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Entrevista político-filosófica a Antoni Doménech

Salvador López Arnal

Junio-Julio de 2003

Pregunta 1.- Está a punto de publicarse un estudio tuyo, largamente esperado, cuyo título, no sé si provisional, es El eclipse de la fraternidad: una revisión republicana de la tradición socialista (Barcelona, Crítica, en prensa). Hasta donde sé, el libro es, en buena medida, una larga reconstrucción histórica, centrada sobre todo en el período 1848-1936, con calas hacia atrás (hasta las Repúblicas del mediterráneo antiguo) y hacia delante (hasta nuestros mismso días). ¿Qué motivos te han llevado a dar tanta importancia a la historia, en vez de limitarte a escribir un libro más bien filosófico-sistemático sobre la “fraternidad?¿Y cómo definirías el concepto de fraternidad”?

Respuesta a la P1.- No se puede definir el concepto de “fraternidad” en términos de condiciones necesarias y suficientes. Y no –o no sólo— porque se trate de un concepto vago, o nebuloso, o particularmente amorfo. Sino porque, como todos los conceptos filosófico-políticos –también los de “libertad” o “igualdad”—, es un concepto esencialmente histórico. Fue la cabal comprensión de eso, y mi vieja insatisfacción con el modo con que se hace ahora filosofía política en la vida académica, lo que me llevó, al comienzo, a planear una larga introducción histórica a un libro concebido inicialmente, en efecto, de manera más filosófico-sistemática. Luego, con el paso de los años –este libro ha sido gestado, con algunas interrupciones, durante más de una década—, la “introducción” fue creciendo hasta convertirse en un enorme material con vida propia, del que el libro presente no es sino una parte.

Pregunta 2.- Por las partes del manuscrito que he visto, el libro tiene una punta muy visible de actualidad política. ¿Cómo encajas la “Revisión republicana de la tradición socialista”, esa larga mirada histórica y retrospectiva al pasado, con las cuestiones candentes para la izquierda de hoy?

Respuesta a la P2.- Creo que el pasado, visto crítica y autocríticamente, contiene lecciones políticas que la izquierda viva de hoy no puede permitirse seguir ignorando. Porque lo cierto es que el pasado ha sido sistemáticamente falseado u ocultado, tanto por una izquierda derrotada y desnortada, como por el tradicional partido del olvido y la sepultura de la memoria que son las fuerzas de la conservación. Sea como fuere, yo he tratado modestamente de seguir en mi libro el consejo de Walter Benjamin: “encender en el pasado la chispa de la esperanza presente”. Consejo, dicho sea paso, que Benjamin reservaba sólo para los historiadores “penetrados de la idea de que tampoco los muertos están a salvo del enemigo victorioso”.

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Aproximaciones de Sacristán a la obra Antonio Gramsci. Antología mínima.

Manuel Sacristán Luzón

[…] puede tal vez señalarse algún importante problema pendiente en el pensamiento socialista contemporáneo, problema identificado y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto en ella, probablemente porque todo auténtico pensador descubre problemas más allá de sus soluciones.

Manuel Sacristán Luzón (1967)

Gramsci ha sido, con interesante paradoja, un característico "filósofo de la práctica" y, al mismo tiempo, el clásico marxista más capaz de contemplación. Contemplación del mundo exterior y del interior.

Manuel Sacristán Luzón (1977)

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Antología de textos de Manuel Sacristán sobre Louis Althusser (1918-1990)

Manuel Sacristán Luzón

En el coloquio de una conferencia que Manuel Sacristán (1925-1985) impartió en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona en 1980, con el título “¿Por qué faltan economistas en el movimiento ecologista?”, se le señaló que acaso fuera la misma tradición marxista la que estaba poniendo trabas a la incorporación de científicos del ámbito de las ciencias sociales al entonces incipiente movimiento ecologista. La teoría marxista del desarrollo de las fuerzas productivas y su choque con las relaciones de producción imperantes, la tesis de la necesidad y apología del trabajo, la misma centralidad en la teoría y en la política comunista de la clase obrera, el mantenimiento del desarrollismo económico hasta el estadio de transición al socialismo, la misma idea de sociedad comunista como sociedad de la abundancia ilimitada ¿no eran acaso fuertes impedimentos culturales, teóricos, políticos incluso, para que economistas de esta tradición política-filosófica pudiesen incorporarse al movimiento ecologista?

Aceptando gran parte del planteamiento, Sacristán en su respuesta matizó que seguramente fuera ése el caso de algunos economistas de una cierta tradición marxista, aquélla que venía de la vejez de Engels y que se suele asociar con la II Internacional, tendencia que, indudablemente, había tenido mucho peso, pero ni incluso en este caso, pensada en todos sus aspectos, la anterior sugerencia podía ser aceptada sin discusión.

En su opinión, ni siquiera el esquema transformador del Manifiesto Comunista caía del todo dentro del capítulo de los trastos viejos del marxismo. Más caducada le parecía la tesis de la caída tendencial de la tasa de beneficio que el conocido esquema sobre fuerzas productivas: “Mientras que lo de la caída tendencial, dicho sea pidiendo disculpas a los economistas que yo no lo soy, pero por la lectura de los economistas, ahora ya no es susceptible siquiera de reformulación, sino más bien digna de ser abandonada sin más, en cambio la noción de fuerzas productivas me parece en la tradición marxista un producto intelectual importante. Seguramente necesitado de revisión, pero es un concepto importante. Me parece que con eso se ha alcanzado una abstracción de cierta importancia, para pensar en la vida del hombre, de esta especie, y de cualquier otra especie tal vez en la tierra”.

Apuntaba Sacristán a continuación que, por debajo de sus afirmaciones y sin querer ocultarlo, estaba, naturalmente, su personal visión del marxismo, “que no tiene por qué ser compartida con otros que se consideren también insertos en la misma tradición”. Para Sacristán era básico no olvidar que Marx era un pensador muerto en 1883, a finales del siglo XIX; consiguientemente, si su legado, si su obra, tenía importancia científica entonces tendría “que estar más o menos tan revisado como lo que hayan hecho todos los científicos importantes muertos en 1883 -Maxwell, por ejemplo- o que han trabajado en 1883. Y si lo que él ha hecho Marx no se puede tocar, refutar, rehacer, entonces es que no tenía ningún valor. O tenía, nada más, un valor artístico”, sin que de esto último, advertía, pueda colegirse desprecio alguno por obras cuyo principal aportación se haya insertado en este ámbito.

Sea como fuere, en su opinión, en el caso de Marx había más, algo más que unas decisivas aportaciones científicas en el campo de las ciencias sociales. En Marx había también el origen de una tradición emancipatoria (política, por tanto), no sólo cognoscitiva (básicamente, en ciencias sociales), y, por tanto, “el marxismo vivo es una tradición, no una teoría, no una ciencia como se suele decir”. Obviamente, añadía, “nadie tiene por qué estar de acuerdo con esto que he dicho aunque que se considere marxista por su cuenta. Y como tradición me parece una tradición muy potente, dotada de un tronco de pensamiento transformador de los más claros de la historia del pensamiento y capaz, naturalmente, de muchas líneas, como toda tradición. A mí lo que ha hecho Marx me parece más bien un acto fundador de creación de cultura que una creación de un sistema científico. Dicho así para el léxico de jóvenes intelectuales españoles, sobre todo barceloneses, de estos años: se coge la visión del marxismo mío, se la vuelve del revés, y sale la de Althusser”.

Giremos, pues, el marxismo sacristaniano, démosle la vuelta, y obtendremos la lectura de Marx por Althusser. La siguiente antología pretende documentar y matizar la anterior afirmación de Sacristán. Sin negar las nítidas diferencias entre ambos pensadores en diversos y numerosos aspectos no siempre laterales, sin obviar las críticas vertidas por Sacristán al autor del Pour Marx, en una aproximación ajustada, fiel a los sucintos comentarios de Sacristán, parece que pueden verse, al mismo tiempo y sin contradicción, coincidencias de finalidades que no suprimen líneas de separación, inflexiones, que sin duda pueden reconocerse en la obra de estos dos importantes pensadores marxistas. Sea completa o parcial la vuelta que tengamos que darle al calcetín del marxismo altusseriano, está fuera de duda que ambos filósofos forman parte destacada de la tradición marxista, que ambos estuvieron firmemente vinculados a los partidos comunistas de sus países respectivos, especialmente en el caso de Sacristán, y que intervinieron activamente en importantes luchas políticas de su época, aunque fuera desde variantes distintas de la tradición y, en ocasiones, desde posiciones incluso opuestas.

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Microcrédito, macro problemas

Walden Bello

El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus, considerado el padre del microcrédito, sobreviene en un momento en que el microcrédito se ha convertido en una especie de religión para muchas personas con poder, fortuna o fama. Hillary Clinton habla regularmente sobre su viaje a Bangladesh, patria de Yunus, donde se sintió "inspirada por el poder de estos préstamos que ayudan incluso a las mujeres más pobres a iniciar negocios, permitiendo que sus familias -y sus comunidades- salgan de la pobreza". Al igual que la liberal Clinton, el neoconservador Paúl Wolfowitz, ahora presidente del Banco Mundial, también se ha sumado a la religión, luego de un reciente viaje al estado de Andhra Pradesh, de la India. Con el fervor del convertido, él habla del "poder transformador" del microfinanciamiento: "Pensé que quizá éste era un solo proyecto exitoso en una aldea, pero entonces fui a la aldea siguiente y encontré la misma historia. Esa noche, encontré más de cien mujeres líderes de grupos de autoayuda, y me di cuenta que este programa estaba abriendo oportunidades para las mujeres pobres y sus familias en todo un estado de 75 millones de personas". No cabe duda que Yunus, economista de Bangladesh, concibió una idea ganadora que ha transformado las vidas de muchos millones de mujeres pobres, y quizás solo por eso, él merece el premio Nobel. Pero Yunus -por lo menos el joven Yunus, que al inició no contaba con la ayuda de instituciones globales- no veía su Banco Grameen como panacea. Son otros, como el Banco Mundial y las Naciones Unidas, quienes lo han elevado a ese estatus (y, algunos dicen que a Yunus también le han convencido que es una panacea), de modo que el microcrédito se presenta ahora como una vía del desarrollo relativamente indoloro. Mediante su dinámica que establece la responsabilidad colectiva del reembolso de un grupo de mujeres prestatarias, es cierto que el microcrédito ha permitido de hecho a muchas mujeres pobres revertir la pobreza aguda. Toda vez, son principalmente las moderadamente pobres, más que las muy pobres, quienes se benefician de ello, y son pocas quienes pueden afirmar que han salido permanentemente de la inestabilidad de la pobreza. Asimismo, no muchas pretenderían que el grado de autosuficiencia y la capacidad de enviar sus niños a la escuela, que resulta del microcrédito, sean indicadores de haber escaldo a niveles de prosperidad de la clase media. Como lo anota la periodista económica, Gina Neff, "después de 8 años de pedir préstamos, el 55% de los hogares de Grameen todavía no puede resolver sus necesidades alimenticias básicas; de modo que muchas mujeres utilizan sus préstamos para comprar alimentos, en lugar de invertirlos en un negocio". En efecto, Thomas Dichter, quien ha estudiado el fenómeno a fondo, afirma que la idea de que el microfinanciamiento permite que sus beneficiarios pasen de la pobreza a ser microempresarios está inflada. Al esbozar la dinámica del microcrédito, Dichter sostiene: "Sucede que los clientes con la mayor experiencia comenzaron utilizando sus propios recursos, y aunque no han progresado mucho -y no pueden, porque el mercado es sencillamente demasiado limitado- tienen un volumen de ventas suficiente como para seguir comprando y vendiendo, y probablemente lo harían con o sin el microcrédito. Para ellos, los préstamos se desvían a menudo al consumo, al contar de pronto con un monto relativamente grande, un lujo que no les permite su volumen diario de ventas". Concluye: "definitivamente, el microcrédito no ha hecho lo que la mayoría de entusiastas del microcrédito pretenden que puede hacer: funcionar como capital dirigido al aumento de la renta de una actividad empresarial". De allí, la gran paradoja del microcrédito, como lo expresa Dichter, que: "es poco lo que la gente más pobre puede hacer productivamente con el crédito; y quienes pueden hacer más, en realidad no necesitan tanto el microcrédito, sino cantidades más grandes, con condiciones de crédito distintas (a menudo a más largo plazo)". En otras palabras, el microcrédito es una gran herramienta como estrategia de supervivencia, pero no es la clave del desarrollo, que exige no solamente inversiones masivas, intensivas en capital, y dirigidas por el Estado, para construir industrias, sino también atacar frontalmente las estructuras de la desigualdad, tales como la propiedad concentrada de la tierra, que sistemáticamente privan de recursos a los pobres para escapar de la pobreza. Los programas de microcrédito terminan coexistiendo con estas estructuras enraizadas, sirviendo como red de seguridad para la gente excluida y marginada por ellas, sin transformarlas. No, Paul Wolfowitz; el microcrédito no es la clave para poner fin a la pobreza que existe entre las 75 millones de personas en Andhra Pradesh. Siga soñando. Quizás una de las razones de tal entusiasmo por el microcrédito en los círculos del establishment, hoy en día, es que se trata de un mecanismo basado en el mercado, que ha gozado de un cierto éxito, justamente cuando otros programas basados en el mercado se han estrellado. Los programas de ajuste estructural que han promovido la liberalización del comercio, la desregulación y la privatización, han traído mayor pobreza y desigualdad a la mayor parte del mundo en desarrollo, durante el último cuarto de siglo, y han convertido al estancamiento económico en una condición permanente. Muchas de las instituciones que promovieron y siguen promoviendo estos fallidos macro programas (a veces bajo nuevas etiquetas como los “Papers’ de Estrategia de Reducción de la Pobreza"), como el Banco Mundial, son a menudo las mismas que promueven los programas de microcrédito. En términos generales, el microcrédito se puede considerar como la red de seguridad para millones de personas que se encuentran desestabilizadas por las macro fallas a gran escala engendradas por el ajuste estructural. Sí se han producido avances en la reducción de la pobreza en algunos lugares, como China, donde, contrariamente al mito, son las políticas macro dirigidas por el Estado, y no el microcrédito, el factor central para sacar de la pobreza a unos 120 millones de chinos. Entonces, probablemente la mejor manera de honrar a Muhammad Yunus es decir, sí, él merece el premio Nobel por haber ayudado a tantas mujeres a hacer frente a la pobreza. Sus acólitos hacen un descrédito a este gran honor, e incurren en la demagogia, cuando reivindican que él ha inventado una nueva forma compasiva de capitalismo -el capitalismo social o el “empresariado social"- que sería la bala mágica para terminar con la pobreza y para promover el desarrollo. (Traducción: ALAI). – Walden Bello es profesor de sociología y administración pública en la Universidad de las Filipinas, y director ejecutivo de Focus on the Global South. Focus On Trade, # 124, octubre 2006. [Published on Sunday, October 15, 2006, by The Nation].

Publicado en ALAI, América Latina en Movimiento 2006-10-19

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Hay que frenar a la derecha y derrotar a Alckmin

Joao Pedro Stedile

Brasil: Hay que frenar a la derecha y derrotar a Alckmin Joao Pedro Stedile ALAI AMLATINA, 10/10/2006, Sao Paulo.- Los movimientos sociales debemos movilizarnos, levantarnos y salir a las calles para derrotar la candidatura de Alckmin. De 1990 a 2002, las clases dominantes implementaron un programa neoliberal desastroso para la economía y para el pueblo. Entregaron al capital financiero e internacional nuestras mejores empresas, estatales y privadas. Dilapidaron los servicios públicos. La deuda pública interna creció vergonzosamente, y el gobierno pasó a dedicar el 30% de toda la renta federal para pagar intereses. El pueblo, las empresas y el gobierno comenzaron a pagar las más altas tasas de interés del mundo. Resultado: la economía no crecía, y se produjo mayor concentración de la riqueza. Al pueblo le quedó la pobreza, más desigualdad y el mayor desempleo de toda la historia. Sintiendo en carne propia esos problemas, en las elecciones de 2002, el pueblo votó contra el neoliberalismo y eligió al presidente Lula. En los últimos cuatro años, hubo un gobierno de coalición, como acostumbra decir el ministro Tarso Genro, y las fuerzas del capital continuaron ejerciendo su influencia para mantener la política neoliberal. Por otro lado, fuerzas de izquierda consiguieron avances en la polí­tica externa, en la defensa de las estatales y en algunas áreas sociales, como la educación pública y el salario mí­nimo. Los movimientos sociales hemos sido crí­ticos de la polí­tica económica. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) ha manifestado y luchado contra la lentitud de la reforma agraria, la prioridad dada al agro-negocio (el cual, sea dicho de paso, votó contra el gobierno) y el incumplimiento del plan nacional de reforma agraria. Comprendemos que el contexto político de ese perí­odo fue adverso para las fuerzas populares, por la ausencia de movilización de masas y por el marasmo de la mayoría de los sindicatos y movimientos. Algunos se acomodaron o sus direcciones fueron cooptadas ideológicamente. Otros fueron arrasados por la ofensiva neoliberal que acabó con diversos sectores de la clase trabajadora. Hay un reflujo del movimiento de masas, que influyó decisivamente en la actual correlación de fuerzas. Vinieron las elecciones de 2006. Defendí­amos la necesidad de aprovechar la campaña para debatir un nuevo proyecto popular para el paí­s. Desgraciadamente, predominaron visiones oportunistas y de marketing y la repetición de métodos espurios, con un uso abusivo del dinero, compra de cupos electorales etc. Todo financiado por la contribución de empresas interesadas en favores gubernamentales. El resultado fue una campaña sin entusiasmo, sin militancia y sin interés del pueblo. Cuando todo parecía ya cocinado, y los resultados previsibles, ocurre que, en la última semana, por graves errores de la campaña Lula, la derecha encuentra motivos para unificarse alrededor de Alckmin (como con Collor, en 1989). Pasó a la ofensiva y, usando intencionalmente sus medios de comunicación, llevó la elección hacia una segunda vuelta. Lo mismo ocurrió en diversos Estados, con la llegada al segundo turno de los candidatos derechistas. No obstante, como todo en la vida, hay contradicciones. La unidad de la derecha en torno a Alckmin provocará el debate de ideas y proyectos. La campaña deberá dejar claros los intereses de clase que hay detrás de cada candidatura. La candidatura Alckmin, que representa los intereses del capital financiero, de las transnacionales, del gobierno Bush, de la burguesía brasileña y de los hacendados del agronegocio, está ansiosa por retomar las riendas del gobierno. Defienden todos los días en los periódicos la necesidad de seguir privatizando -Petrobras, Correos, carreteras y bancos estaduales-. Quieren reformas laboral, tributaria y del Seguro Social para ampliar sus ganancias. Proponen la garantí­a del pago de intereses dentro de la Constitución, por el insólito plan déficit cero. Plantean de nuevo el ALCA como una necesidad, y de esta manera subordinarán todavía más nuestra economía y el país a los intereses del imperio. Y, si los pobres osan luchar, llamarán a los "capitaes-do-mato" (cazadores de esclavos fugitivos ) y responderán con policí­a y cárcel. Por ello, los movimientos sociales y todos sus militantes debemos movilizarnos, levantarnos y salir a las calles para derrotar la candidatura de Alckmin y sus intereses de clase. No podemos vacilar. Vamos a transformar la campaña en un debate de proyectos y de ideas. Una victoria de Alckmin será una derrota gravísima para el pueblo brasileño. Y, en el próximo mandato del gobierno Lula, vamos a seguir movilizados para derrotar la polí­tica neoliberal y debatir en la sociedad un nuevo proyecto para el paí­s. Brasil necesita encontrar su rumbo. Necesita de un proyecto que ponga como prioridad del Estado y de la polí­tica la solución de los principales problemas del pueblo, como el desempleo, la educación, la reforma agraria, la vivienda y la distribución de la renta, para todos y todas. No hay cambios sociales sin la participación del pueblo, sin la movilización popular. (Traducción ALAI). – Joao Pedro Stedile, 52, economista, es miembro de la coordinación nacional del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) y de la Ví­a Campesina Brasil. Fuente: FOLHA DE SAO PAULO, 10 de octubre de 2006.

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