Un punto de encuentro para las alternativas sociales

¡Por fin los jóvenes!

(Corriente Roja)     

En esta exclamación preñada de satisfacción y de esperanza podría resumirse el estado de ánimo de la mayoría de los participantes en la impresionante manifestación por la III República celebrada en Madrid el pasado fin de semana.  Y si hubiese que destacar por encima de todas una característica de esta movilización sería la abrumadora mayoría de jóvenes que irrumpían, en muchos casos por primera vez, en el escenario de la rebeldía y de la lucha. Solo por ver como brillaban sus ojos, llenos de rabia y de deseos de un futuro mejor, hubiera merecido la pena abarrotar las calles de un Madrid que volvía a ser más resistente que nunca.    

Los jóvenes de nuestro país respondieron, sí, y lo hicieron en un momento en el que los más pesimistas insistían en subrayar la diferencia con los franceses: el botellón frente a la lucha por un trabajo digno. En mi opinión las "revueltas del botellón" expresan también un sentimiento de rebeldía, seguramente de una rebeldía primitiva, demasiado primitiva quizás, pero no olvidemos que nuestra historia de luchas tiene poco que ver con la francesa y que no podemos inventarnos grados de conciencia y de organización para nuestros jóvenes. Debemos trabajar con lo que hay, que es lo que, en gran parte, han forjado las organizaciones políticas y sindicales que hasta el momento hemos conocido, además nosotros no guillotinamos a ningún rey….    

Read more

El liberalismo, matriz de la ideología reaccionaria de la contemporaneidad

Joaquín Miras Albarrán

Queridos jacobinos: el jueves, durante la cena que hubo tras el seminario sobre El primer discurso sobre la desigualdad del hombre –“…las artes y las ciencias”- de Rousseau, en un momento dado, hablamos sobre Jorge Verstrynge, debido a  que había publicado una reseña en Viejo Topo sobre los diarios de Goebbels. Hablamos de su evolución política, desde la extrema derecha a la izquierda. Alguien preguntó cómo había sido  posible una evolución intelectual de este fuste; yo al menos, al pronto, no entendí la pregunta. Al día siguiente se me vino a las mientes esta pregunta, y  comprendí de qué se trataba. Era una pregunta de carácter general, y no referida a la persona de la que hablábamos. La pregunta versaba sobre la ideología: sobre los elementos inherentes a las formas de pensamiento de la derecha que posibilitaban evoluciones hacia la izquierda, y no una pregunta sobre la peripecia ideológica de un individuo particular.

Existen en el pensamiento de derechas algunas corrientes intelectuales, que, basadas en la propia experiencia, en las vivencias de los individuos de derechas –es decir, que recogen vivencias reales de personas- son anticapitalistas. Pero no por ello, de entrada al menos, estas formas  de consciencia anticapitalistas sienten una  menor fobia hacia la ‘chusma’, ni son menos ‘distinguidistas’ -la gente distinguida frente a los demás-. El elitismo es el elemento ideológico fundamental del pensamiento de la derecha de todos los tiempos; y este elitismo, la teoría de élites, que es la característica fundamental del liberalismo, se puede ver recogida, a mi juicio, en el texto de Verstrynge. Teoría de elites: Stalin, admirado por el otro coloso del momento: Hitler. Casi el deseo de que el pacto germano soviético, firmado por Molotov y von Ribentrop, se hubiese mantenido y se hubiese desarrollado, y que una coalición germano soviética hubiese batido a las potencias capitalistas occidentales. El cosmos de los grandes titanes individuales contra el de los enanos prosaicos.

Volvamos al plano general histórico actual. Imbuida por esta corriente ideológica de pensamiento, a la vez anticapitalista y antiplebeya, estaba, por ejemplo, una parte muy importante de los fundadores del partido ecologista -el único: el alemán; lo demás son grupillos-: el ex general Gerth Sebastian y los suyos. Las personas de ideología de derechas que experimentan la vivencia de agresión sobre sí mismas del capitalismo, y son, por ello, portadoras de esta otra ideología, a la vez anticapitalista y liberal, es decir, elitista, aunque evolucionan en su forma de pensar, a menudo  se mantienen a medias en su ideología originaria: prejuicios anti plebeyos y pro elitistas. Desprecian el capitalismo por ser destructivo de la civilización y, en consecuencia, por ser destructivo de un mundo cultural conservador y de clase, distinguido, del que proceden. En él  se da un buen gusto admirable, que otros podemos no tener, y en él se defienden los valores de la aristocracia y la distinción personal, que se ven destruidos por el capitalismo. Por ejemplo,  el capitalismo obliga al individuo que desea ser reconocido por los demás en sus méritos individuales y distinguirse por sus cualidades personales y sus capacidades y excelencia, a tragarse esa frustración y a destacar, si es que quiere ser reconocido, sacando la Visa,  a despilfarrar, a vivir en casas como mausoleos, para que se vea en su tamaño, el dinero que posee, a ostentar, etc., etc. El capitalismo no permite al sujeto individualmente culto  e internamente rico ser valorado por sí mismo: este es el mal gusto generado por el capitalismo que los oprobia. La base de la que parte su rechazo anticapitalista es real. Pongamos algún ejemplo concreto de ello: La destrucción de lugares, accesibles antes solo unos pocos, y que una vez masificados -el dinero exige inversión, si se puede montar en algún lugar un hotel en la misma playa, eso se hace; si se puede atraer a millones de turistas, a la playa, aunque se concentren en unos pocos cientos de metros y se bañen en las mismas aguas donde defecan, eso se hace, etc- quedan destruidos. La conducción del coche o, a mi juicio, aún mejor,  tener chofer que lo condujera, posibilidad aristocrática que era un placer de dioses, cuando no había a penas coches: pura y real libertad de ir y venir a su antojo; y que hoy día es una broma infernal: caravanas, retrasos, accidentes, muertes, etc. Estos y otros hechos concretos muestran que la cultura de masas impulsada por el capitalismo y que se basa en la caricaturesca imitación de la cultura aristocrática, tenida como referente de prestigio, resulta inviable y es una burla en la que el individuo que quiere ser reconocido por sus cualidades, aunque proceda de las antiguas clases dominantes, no cabe. Precisamente, personas procedentes de unas clases sociales dominantes, o sencillamente cultas y tradicionales, en las que se había reproducido la expectativa de una vida buena, basada en la idea desarrollo individual y reconocimiento social de sus capacidades, están particularmente capacitados para percibir toda anulación de estas posibilidades que la cultura capitalista actual genera. En lo que hace a estos planteamientos ideológicos, la crítica contra el capitalismo de nuestros días que desarrollan está bien fundamentada: ese tipo de civilización es inviable, y además, condenable. Pero no por ello dejan de concebir el mundo o la sociedad como una realidad en la que unos pocos, los distinguidos, deben ser los señores que dirijan el mundo.

El criterio de demarcación que debemos usar respecto de ellos, para sondear el grado de ideología de derechas aún larvado, son sus prejuicios antiplebeyos, “antichusma”. Si aún  les seducen las ‘grandes personalidades” que liberan a las masas y las educan, dirigen y enseñan -teoría de elites- o no. Pueden haber cruzado la frontera definitivamente: haber superado su ideología e incorporarse a las fuerzas  políticas y movimientos de la plebe, sin más: Por ejemplo, Nino Pasti -‘generale’ del ejército italiano-. Pueden quedarse en su contradicción, anticapitalista y a la vez antiplebeya o elitista, para siempre, o pueden retroceder y que la cabra tire al monte (para entendernos). En el elitismo liberal tradicional está la clave. Si el elitismo liberal es compartido, su ideología es de derechas, a pesar de todo. Pongamos un ejemplo general y anónimo: la “gente bien”, los de “toda la vida”, “los nuestros”, de, por ejemplo, Sabadell, -ciudad donde trabajo-, es decir, los 15.000 que se reconocen entre ellos (reconocimento/ exclusión), para los que los otros 150.000 son invisibles –exclusión-. Si esta gente siente que ‘el poder del dinero y de las finanzas’ –es decir el capitalismo- destruye su cultura y el tejido social que los organizaba, en el que ellos realizaban su vida cotidiana cara a cara entre sí, mediante el que ellos se reconocían, y eso impide ya, por ejemplo, que se pueda ser alcalde y a la vez cantar gregoriano en una coral, etc,  esto hace que elabore, a partir de su experiencia una ideología a la vez anticapitalista y pro minoritaria.

Esta es también la ideología del marqués de Foxá, Agustín de Foxá, el escritor de Madrid de corte a cheka, novela en la que este sujeto,  profundamente deseoso del reconocimiento de su individualidad – era un “original” como nos cuenta en una de sus novelas Curzio Malaparte, quien lo conoció durante la segunda guerra mundial como embajador español en Finlandia, pero no hace falta ser un excéntrico para compartir esta ideología-, fundador luego de la falange española, se aterroriza, se escalofría siente asco y pavor, cuando recuerda una escena que incluye en el comienzo de su libro sobre el 14 de abril de 1931: la chusma madrileña, los harapientos, los jorobados, los pobres, los cojos, los desdentados, invadían la Castellana. Era ‘la masa’; estaba alegre, encima, y reían y se atrevían a salir de los agujeros donde escondían su fealdad y su miseria, de donde nunca debían haberse atrevido a salir, y disfrutaban de la vida.

Lukacs ya había explicado en un libro maldito y condenado por todos como sectario, estalinista y no sé cuántas cosas más, que el liberalismo con sus teorías elitistas estaba en la matriz inmediata del fascismo y del nazismo, y permitía posiciones anticapitalistas o coqueteos anticapitalistas por su aristocraticismo (y el racismo, claro). Me refiero al El asalto a la razón que tradujo al castellano Wenceslao Roces catedrático de derecho romano  comunista. Lukacs siempre supo que había que ir a por los liberales si había que aclarar lo que era la democracia: plebe organizada que se atreve a querer ser soberano. Un abrazo jacobino

Read more

Muros

Eduardo Galeano

Altercom*       25 de abril de 2006       

El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro…      Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.     

Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.     

Read more

Memoria y olvido del pasado nazi en la Alemania de la segunda posguerra

Bruno Groppo

Publicado en Memoria 164 octubre 2002 | Groppo, Bruno | Reflexiones

Un caso paradigmático

La memoria, en tanto presencia del pasado, es el fundamento de la identidad. La memoria colectiva, es decir, la memoria compartida por un grupo social, reasume y reelabora la historia de este grupo en función del presente, seleccionando ciertos aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Las identidades colectivas, incluidas las identidades nacionales, son en gran medida el resultado de este trabajo de memoria, que presenta dos características esenciales. Ante todo, es una obra de selección entre los innumerables elementos que componen el pasado. La memoria es selectiva. En efecto, es imposible recordar íntegramente el pasado1: sólo una parte de ello permanece impresa en la memoria, mientras el resto cae en el olvido. Por lo tanto, memoria y olvido son indisociables, como las dos caras de una misma medalla o dos aspectos de una misma realidad. Es importante observar que también el olvido interviene en el proceso de construcción de la identidad, en particular de las identidades nacionales, que están fundadas precisamente sobre el olvido compartido de muchos aspectos del pasado.

La segunda característica consiste en que la memoria no es una restitución idéntica de los eventos pasados, sino siempre una reconstrucción del pasado en función de los problemas y las preocupaciones del presente. El recuerdo de un mismo suceso varía en el tiempo, asumiendo significados distintos según los momentos y las épocas en las cuales viene evocado. En Francia, por ejemplo, la memoria de la Revolución Francesa no es la misma en la época del Frente Popular, que al día siguiente de la Liberación o en ocasión del segundo bicentenario. El trabajo de la memoria consiste precisamente en la reconstrucción incesante del pasado a la luz del presente, atribuyéndole cada vez nuevos significados y contribuyendo en tal modo a la construcción, también ella permanente, de las identidades, sean individuales sean colectivas. También, la pérdida de memoria significa la pérdida de la identidad: equivale a cortar total o parcialmente los filos que unen al grupo o al individuo con su pasado y que dan un sentido a su presente.

Cada grupo social, del más pequeño al más grande, produce y transmite su memoria específica, que constituye, como lo hemos dicho, el fundamento de su identidad. En cada sociedad, existe por lo tanto una pluralidad de memorias de grupo, o memorias sociales, que coexisten y frecuentemente se confrontan, provocando verdaderas y propias guerras de la memoria, porque cada una de estas memorias colectivas busca afirmarse, de frente a las otras, para devenir la memoria dominante, es decir, aquella compartida por el número más grande de personas. Cada grupo recuerda del propio pasado sobre todo aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y a consolidar su identidad, mientras deja en cambio, en la sombra, condenándolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que atentan en cambio con cargar de prejuicio tal identidad. No analizaremos aquí en modo pormenorizado la distinción entre historia y memoria. Nos limitaremos a observar que éstas tienen en común el carácter selectivo y de reelaboración del pasado, pero que la historia tiene una pretensión científica, es decir, busca interpretar el pasado sobre la base de los criterios del trabajo científico (verificación de hipótesis, etcétera). En otras palabras, la historia quiere ser una forma “científica” de la memoria, pero también ella, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente.

Hechas estas premisas, nos proponemos reflexionar sobre el funcionamiento de la memoria colectiva, o más exactamente de las memorias colectivas, en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, nos interesa saber cómo ha sido recordado, en las dos partes de Alemania, un aspecto particular del pasado, que a saber es la dictadura nazi. Desde el punto de vista de una reflexión sobre la memoria colectiva y sobre la relación entre historia y memoria, el caso alemán es particularmente interesante por una serie de razones que lo vuelven casi paradigmático. La primera razón consiste en el carácter de ruptura radical y traumática que el nazismo ha representado en la historia alemana y, por lo tanto, es lógico que ocupe un lugar importante en las memorias colectivas. Después, existe el hecho de que el régimen nazi cometió, en nombre de Alemania, crímenes particularmente monstruosos; el principal de ellos fue el exterminio de los judíos en Europa. La sombra de Auschwitz, símbolo de esta política de exterminio, se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria alemana. La memoria del periodo nazi es sobre todo memoria de los crímenes cometidos durante dicho periodo. El problema de esta memoria es que el régimen nazi tuvo el apoyo, frecuentemente entusiasta, de gran parte de la población alemana. Por lo tanto, hay un problema -político y moral- de co-responsabilidad, en el sentido de que la responsabilidad por los crímenes cometidos por el nazismo no puede ser atribuida exclusivamente a un restringido número de jerarcas nazis, sino que se extiende también, en distinta medida, a aquella parte de la población alemana que apoyó a Hitler y que permanece fiel a él hasta el final. La existencia, por más de cuarenta años, de dos Alemanias, dotadas de sistemas políticos y económicos opuestos, permite además confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy distintas que se refieren al mismo pasado. Por todas estas razones, el caso de Alemania amerita una atención particular, también si los mecanismos fundamentales de la memoria colectiva en este país son análogos a aquellos que se pudieran observar en otro lugar.

Read more

Racismo de estado en Francia

Alain Vidal

El racismo de Estado en Francia

De las leyes antiárabes a las leyes antijudías

El racismo de estado, de Jules Ferry al mariscal Petain.

El 28 de junio de 1881, Francia instituía oficialmente el racismo de Estado. Bajo la autoridad de Jules Ferry, entonces jefe de Gobierno, fue promulgado el Código del indigenismo. En aquella época, Argelia, formaba parte integrante del territorio de Francia, todos sus habitantes eran franceses. Con este Código, más de dos millones de franceses quedaron relegados "legalmente" al estatuto de sub-hombres.

Read more

La fuerza de la memoria y el poder constituyente del NO en la reconstrucción de la izquierda revolucionaria en el Estado español.

Ángeles Maestro

La fuerza de la memoria y el poder constituyente del NO en la reconstrucción de la izquierda revolucionaria en el Estado español.

Ángeles Maestro

Corriente Roja

El presente trabajo pretende identificar la necesidad ineludible de que la reconstrucción del proyecto revolucionario en el Estado español reanude la continuidad histórica de la lucha por la emancipación de la clase obrera y de los pueblos del Estado español truncada por una Transición que, en aras de la instauración de formas políticas propias de una muy limitada democracia burguesa, garantizó la continuidad en lo esencial de la estructura de poder económico, militar, policial y judicial de la Dictadura. Este proceso se sustentó en una monarquía sin otra legitimidad que su designación por Franco.

Read more

Sobre los orígenes de la tradición revolucionaria popular

Joaquín Miras Albarrán

Sobre los orígenes de la tradición revolucionaria popular

-intercambio con Ramón Franquesa-

Joaquín Miras Albarrán

 

En el número de febrero de El Viejo Topo, se publica un importante artículo de Ramón Franquesa titulado Bolívar y el socialismo del siglo XXI. En ese texto su autor reflexiona, a la luz del actual proceso revolucionario venezolano, sobre la tradición revolucionaria europea desde sus orígenes.

Ramón Franquesa parte, en consecuencia, de la Revolución francesa a la que considera con razón como hecho histórico fundador de las revoluciones de la contemporaneidad. En el resumen que hace de los acontecimientos acaecidos durante la misma, Franquesa opta por una determinada matriz interpretativa, según la cual, los jacobinos, y Robespierre a su cabeza, serían los propugnadores de un proyecto burgués de sociedad y economía, y para conseguirlo no dudarían en emplear la violencia más feroz,  e imponer la dictadura. En contrapartida, Hebert y otros dirigentes populares encabezarían la opción revolucionaria proletaria. La actual izquierda revolucionaria, según esa clásica interpretación que recoge Ramón Franquesa, sería heredera de la tradición hebertista, en la que se habría inspirado Babeuf, primer revolucionario comunista, enfrentado  con Robespierre. Tras Babeuf, Buonarrotti, seguiría sus pasos y nos legaría la memoria de la práctica revolucionaria de nuevo cuño, instaurada por Babeuf siguiendo a Hebert.

Read more

Hacia una historia de la aversión de los obreros al trabajo. Barcelona durante la revolución española, 1936-38.

Michael Seidman

Michael Seidman

El estudio de la aversión al trabajo, -absentismo, retrasos, faltas de puntualidad, delitos, sabotajes, ritmo lento, indisciplina e indiferencia- puede servir para profundizar nuestro conocimiento de dos hechos políticos concurrentes, la Revolución Española y el Frente Popular Francés1*. Un análisis de la aversión al trabajo de las fábricas de París y Barcelona durante el gobierno del Frente Popular en Francia y a lo largo de la Revolución de España, nos revela continuidades esenciales en la vida de la clase trabajadora. Absentismo, indisciplina y otras manifestaciones de la aversión al trabajo existían ya antes de la victoria del Frente Popular en Francia y del estallido de la guerra y la revolución en España. Pero es significativo que esta resistencia persistiera años después de que los partidos y los sindicatos, que decían representar a la clase trabajadora, tomaran en uno y otro caso el poder político y a diferentes niveles también el económico. De hecho los partidos y sindicatos de izquierda en ambas situaciones, la reformista y la revolucionaria, se vieron forzados a incontables enfrentamientos con los obreros que rehusaban trabajar.

La aversión al trabajo en el siglo XX ha sido ignorada y/o subestimada por muchos historiadores marxistas del trabajo y por los teóricos de la modernización, dos importantes, cuando no dominantes, escuelas de la historiografía del trabajo1. A pesar de las diferencias que en muchos casos existen, las dos orientaciones comparten una visión progresista de la historia. Muchos marxistas observan en la clase trabajadora una gradual toma de conciencia de clase, evolucionando de «an sich a für sich», formándose a sí mismos y en ocasiones deseando expropiar los medios de producción. Teóricos de la modernización ven adaptarse a los trabajadores al modo, estructura y a las demandas generales de la sociedad industrial. Ni los marxistas ni los teóricos de la modernización han tenido en cuenta suficientemente la cultura de la clase trabajadora que persiste y que es reveladora de su irrefrenable deseo de no trabajar. Pero esta visión progresista de la clase trabajadora no puede analizar adecuadamente la perseverancia del absentismo, el sabotaje y la indiferencia. Ni tan siquiera -en ambas situaciones- puede ser menospreciada esta actitud como «primitiva» o como ejemplos de «falsa conciencia». La persistencia de muchas formas de aversión al trabajo puede indicar una respuesta comprensible a la dureza a largo plazo en la vida cotidiana de los trabajadores y un saludable escepticismo a las soluciones propuestas por ambos, derechistas e izquierdistas.

Este ensayo examinará la situación revolucionaria en Barcelona, e intentará demostrar la divergencia en la conciencia de clase entre trabajadores militantes de izquierda, partidarios del desarrollo de las fuerzas productivas durante la Revolución Española y el gran número de trabajadores no militantes que continuaron resistiéndose a trabajar, a menudo tal y como habían hecho antes. Por tanto vanos tipos de conciencia de clase se enfrentaron entre sí durante la Revolución Española. No se trata de determinar cual era la «verdadera» forma de la concienciación de clase, sino demostrar como la aversión al trabajo socavaba los deseos revolucionarios de los militantes y puso en tela de juicio sus derechos como representantes de la clase trabajadora.

*****

Sin duda alguna, la aversión al trabajo tiene una larga historia que arranca desde mucho antes de la Guerra civil y la revolución. En el siglo XIX, los trabajadores catalanes, al igual que sus homónimos franceses, sostenían la tradición del dilluns sant (lunes santo)2*, una fiesta no oficial tomada sin autorización por muchos trabajadores como una continuación de su descanso dominical. Las luchas por el calendario laboral continuaron en el siglo XX, incluso durante la II República. Por ejemplo, en 1932 los trabajadores no querían ir a trabajar el segundo día de mayo, ya que el día primero habla sido domingo. Aún más importante era la lucha constante contra «recuperar» las fiestas entre semana cuando éstas eran fiestas tradicionales. Los trabajadores catalanes a pesar de su anticlericalismo y sentirse profundamente descristianizados persistieron en la celebración de estas fiestas. En 1927, la asociación patronal (Fomento del Trabajo Nacional), localizada en Barcelona, observó que, a despecho de la ley, los patronos que intentaban obligar a sus trabajadores a recuperar los días festivos que no fueran domingo, se tropezaban con serias dificultades2. En la práctica, las huelgas persistieron durante bastantes días en la primavera y el verano de 1927, en protesta por el calendario establecido para los días festivos. En 1929, los trabajadores plantearon una nueva lucha para mantener sus fiestas tradicionales. En la provincia de Barcelona el conflicto fue particularmente intenso, ya que «las presiones de la clase trabajadora estaban obstruyendo la recuperación de festivos entre semana, tal como autorizaba la ley»3. La «tensión social» en Barcelona hizo imposible la recuperación de estos festivos.

Read more

Entrevista a Felipe Quispe, el Mallku

Jorge Beinstein

Esta entrevista fue realizada a fines del año pasado, desde entonces algunas cosas han cambiado en Bolivia. El gobierno dispone ahora de una legitimidad popular de origen inexistente en ese país en las última décadas. Sin embargo los intereses económicos dominantes no han sido desplazados, sobre todo aquellos que ascendieron o se consolidaron durante la era neoliberal iniciada a mediados de los años 1980. Fue contra ese régimen que a lo largo de la década actual se desató una sucesión de rebeliones populares coincidentes con la decadencia de la dirigencia política tradicional, además el aparato militar demostró su impotencia para aplastar o frenar la revueltas. Entonces fue abierta la puerta a lo que los medios de comunicación denominan “alternativa progresista”, su encarnación fue el MAS bajo la conducción de Evo Morales, cuya estrategia se basaba en la realización de reformas a través del sistema institucional existente. Y que en consecuencia rechazaba las inclinaciones insurreccionales de las organizaciones que habían estado a la cabeza de las rebeliones, entre ellas la CSUTCB (central sindical única de los trabajadores campesinos de Bolivia) liderada por Felipe Quispe,  el “Mallku”. Su nombre es símbolo de rebeldía para  sectores muy extendidos de los pueblos originarios andinos pero también objeto de repudio virulento, visceralmente racista, por parte de las elites bolivianas. Para ellas él expresa como pocos al demonio social que buscan exorcizar de una vez por todas. No lo pudieron lograr con la represión, ahora creen que podrán conseguirlo por medio de un complicado juego gatopardista que desarticule, desmovilice, desmoralice a las bases y sus estructuras. Mientras Evo Morales arranca con su previsto vaivén reformista esperanzando a unos, desconcertando a otros, irritando a muchos, lanzando gestos mediáticos, dirigentes como el Mallku confían superar el embrollo progresista afirmándose en la realidad profunda de su tierra.

Cuando concreté la entrevista que ahora publicamos faltaban pocos días para las elecciones que consagraron al Evo Morales. El Mallku demostró en una conversación previa su total escepticismo respecto del camino institucional que estaba por emprender el MAS, antítesis de sus aspiraciones revolucionarias, decidimos de común acuerdo centrar nuestra conversación en algunos temas estratégicos sin poder ello dejar de tocar la actualidad.

Si leemos el discurso pronunciado por Evo Morales en Tiwanaku, durante la ceremonia montada el día anterior a su asunción como presidente, no dejará de llamarnos la atención que allí un solo dirigente boliviano es mencionado con nombre y apellido: Felipe Quispe, el Mallku. Y lo hizo para pedirle que se una a su gobierno (1), la reacción negativa del líder indígena no se hizo esperar, considera que el proyecto “progresista” de Evo Morales está destinado al fracaso y que en realidad forma parte de la estrategia de gobernabilidad de las elites dominantes. Se trata de dos personalidades diametralmente opuestas, Evo Morales es un componedor, cultivador de gestos mediáticos, de origen político confuso y que salvo en la entronización de Tiwanaku, nunca se postuló como dirigente indígena sino como un conductor “social” o como un “político boliviano”, Mallku por el contrario es un dirigente histórico indígena que ha hecho del indigenismo el fundamento de su vida, su trayectoria  no tiene zigzagueos, rechaza al sistema institucional existente, descree de las veleidades “reformistas” de Evo Morales y afirma una y otra vez que la única alternativa viable para  los de abajo es la revolución. Los medios internacionales de comunicación han focalizado sus expectativas en el actual presidente ignorando al Mallku. Incluso la curiosa mención de Evo Morales en Tiwanaku no mereció ningún comentario en los medios.

 

Jorge Beinstein (Director de la revista “Enfoques Críticos”, Buenos Aires)

 

Read more