Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Cuelgamuros: presos políticos para un mausoleo

Nicolás Sánchez-Albornoz

Publicado en Memoria 171 mayo 2003 | Reflexiones |

Hace pocas semanas, un realizador de documentales francés se maravillaba en una conversación conmigo de que, en una visita reciente a Cuelgamuros, los guías oficiales y los folletos descriptivos seguían repitiendo en pleno siglo XXI la cantinela franquista sobre el Valle de los Caídos y el huésped principal de la cripta. Nunca mencionan que los presos políticos levantaron el monumento. Patrimonio Nacional, bajo cuya autoridad se encuentra el conjunto, no vende en su kiosco la Verdadera historia del Valle de los Caídos de Daniel Sueiro ni el libro general de Ismael de Lafuente sobre el trabajo forzado en los campos o destacamentos penales, ni siquiera el video de la película de Fernando Colombo sobre una sonada fuga del lugar.

Sánchez-Albornoz, Nicolás

Es más, cuando este realizador preguntó sobre los presos políticos de Cuelgamuros, el guía, molesto, lo calificó de patraña. La negación, en su interpretación más benigna, significa un cambio por lo menos de sensibilidad o tal vez un acomodo a los tiempos que corren. En momentos más lejanos, que hubieran trabajado presos en Cuelgamuros se hubiera tenido a gala. Bien miradas las cosas, ni el guía ni el director, el recalcitrante duque de San Carlos, son responsables últimos del despropósito. El reproche corresponde hacerlo a los gobiernos, el actual y los pasados, que toleran la ocultación.

Que yo sepa, quedan cuatro presos políticos capaces de atestiguar que trabajaron en Cuelgamuros, a uno de los cuales tenéis delante. Los otros se apellidan Vera, Iniesta y Rubio. Me alegraría que fuéramos más, pero me temo que sea hora de que salte la alarma. El pozo de testimonios personales está por agotarse. No falta mucho para que los historiadores no puedan contar con testigos presenciales y que tengan que recurrir a los papeles. Todo gobierno burocrático-autoritario deja sin embargo cientos de miles, si no millones, de documentos para gozo del historiador futuro. En punto a los campos de concentración, estamos tocando el futuro: los archivos se están abriendo mientras la palabra se desvanece. Como profesional, siempre insisto en que hay que consultar las fuentes. Ante este congreso, me contentaré sin embargo con deponer como testigo de cargo.

Mi salud mental me ha librado del síndrome de Estocolmo. No siento apego a mis guardianes ni he vuelto jamás al lugar de los hechos. Abomino de Cuelgamuros. Me niego a poner los pies en ese trozo de tierra hermoso antes de ser profanado y, en público, he puesto condiciones para hacerlo que no tengo inconveniente en repetir. Éstas son que la cripta pase a otro uso y agrego ahora por culpa de la edad que se habilite un urinario sobre la tumba del Caudillo para que pueda aliviar mi próstata. Una cosa es no volver al valle y otra es caquearse. Cuando la prensa, la televisión, los congresos o el cine me preguntan, nunca dejo de responder, pero tampoco he convertido el episodio en el centro de mi vida al modo de ciertos ex combatientes. Me ocupo habitualmente de asuntos menos sórdidos y más gratos. De cuanto sé de Cuelgamuros o de los destacamentos penales, no se espere un relato sangrante como el escrito por Jorge Semprún sobre Buchenwald. Mi palabra no vale lo que su pluma ni la materia es comparable. Mi testimonio tampoco tomará la forma literaria y emotiva con la que mi compañero de fuga y de exilio, Manuel Lamana, recuperó en su novela Otros hombres las vicisitudes que pasamos juntos. En el historiador que soy, prima el contexto sobre la vivencia. Al modo de un historiador “funcionalista”, mi experiencia me llevará a analizar cómo operaban los campos.

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Lejos de la historia, una operación mediática: Comunismo, las falsificaciones de un » libro negro «

Gil Perrault

EL MUNDO DIPLOMÁTICO ¦ Diciembre de 1997 ¦ Páginas 22 y 23

http://www.monde-diplomatique.fr/1997/12/PERRAULT/9660

EL balance de los " crímenes del comunismo » establecido por el historiador francés Stéphane Courtois en su " Libro negro " suena como una requisitoria. El autor levanta un paralelo escandaloso entre comunismo y nazismo e invoca la idea de un tribunal de Nuremberg para juzgar a los responsables. Que importa para que las cifras citadas sean manipuladas, incluso falsas, o que varios coautores se hayan disociado de Stéphane Courtois, numerosos periodistas, sin haberse tomado el trabajo de leer el libro, lo elogiaron hasta el ditirambo.

Mucho tiempo después, las cifras continúan siendo aproximadas y abastecen sólo un orden de dimensiones. Para la represión de Sétif (1945), las estimaciones van de 6 000 a 45 000 muertos. En el Madagascar (1947), habrían habido 80 000 víctimas. En Indochina (1946-1954), las cifras varían según las fuentes a de 800 000 a 2 millones de muertos, y en Argelia 1954-1962 de 300 000 a 1 millón. Incluso sin tener en cuenta Túnez y Marruecos, y absteniéndose de evocar las responsabilidades francesas en catástrofes más recientes, como el genocidio ruandés, esta contabilidad siniestra atestigua que, en proporción a su población, Francia se coloca en el pelotón de cabeza de los países masacradores de la segunda parte del siglo.

Francia perseveró con tanta obstinación que el observador podría deducir de ello que el crimen estaba ontológicamente vinculado al sistema político vigente. Porque es precisa hablar de crimen. La represión desarrollada durante dos décadas en dos continentes presenta las características del crimen contra la humanidad tal como es definido por el nuevo Código Penal francés: « práctica masiva y sistemática de ejecuciones sumarias, de secuestros de personas seguidos de su desaparición, de la tortura o de actos inhumanos (…) »

La única organización política de importancia que se levantó contra este encadenamiento tan cruel como imbécil fue el Partido comunista francés (PCF). La memoria de sus veteranos está poblada de memorias de una lucha difícil llevada en una soledad casi absoluta. François Bayrou, heredero político de una democracia cristiana implicada más que cualquier otra formación en la represión colonialista, pasaba tranquilamente ente ese pasado y sin asumir responsabilidades inoportunas, cuando blandía, en la cámara, El Libro negro del comunismo contra el lado opuesto del hemiciclo. La memoria también puede ser de geometría variable.

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Harry Magdoff (1913-2006) Un pensador heterodoxo

La Jornada

Harry Magdoff se despidió apenas iniciado el año. Intelectual que miró al mundo desde la izquierda, se forjó en el debate teórico y político del imperialismo y las luchas obreras de las primeras décadas del siglo XX.

Harry Magdoff, uno de los economistas marxistas más reconocidos del mundo y coeditor de la revista Monthly Review desde 1969, murió el primer día de este año.

Sus análisis económicos del imperialismo ­"La era del imperialismo" (1969) e "Imperialismo: desde la Colonia hasta el presente" (1977)­ eran lectura obligada para los pensadores de izquierda en Estados Unidos (EU). Junto con su colega Paul Sweezy, Magdoff editó desde 1969 Monthly Review, publicación mensual que se identifica desde su fundación en 1949 como "una revista socialista independiente" y antimperialista que permanece como foro de análisis de la coyuntura e isla de pensamiento intelectual progresista en EU.

En manos de Sweezy (quien murió en 2004) y Magdoff, la revista mantuvo su posición política no alineada, ofreciendo un espacio crítico tanto a temas contemporáneos como a ensayos intelectuales que nutrieron el diálogo entre marxistas y pensadores de izquierda dentro y fuera de este país.

Los editores estuvieron entre los primeros intelectuales estadunidenses en viajar a Cuba al inicio de la revolución. De hecho, Magdoff y el Che Guevara armaron una amistad, y sostuvieron intercambios sobre asuntos económicos cuando se vieron en Cuba y en Nueva York. Las memorias de estas conversaciones fueron publicadas en 2004 con el título "Encuentros con el Che".

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Eurolandia a la deriva

Joaquín Arriola

A pesar de las expectativas levantadas, la cumbre de Lisboa ha servido fundamentalmente para poner en evidencia –para aquellos que han sido capaces de bucear por debajo del ruido mediático del bombo y platillos- la ausencia de consenso entre los actuales gobiernos de la UE sobre cual pueda ser el modelo de desarrollo más adecuado para Europa. El lugar elegido simboliza una de las preocupaciones de los dirigentes comunitarios: ¿como preparar a la economía europea para competir en mejores condiciones con el socio político y sin embargo rival económico del otro lado del Atlántico, los Estados Unidos de América (EUA)?

En principio, parece existir un consenso en torno a varios puntos: la economía en Estados Unidos se comporta mejor que en Europa; las nuevas tecnologías de la información son el sector productivo estratégico para las próximas décadas; la economía europea tiene en la falta de flexibilidad del mercado de trabajo uno de sus mayores problemas. ¿Será cierto todo esto? Vamos por partes

¿Crece EUA más y mejor que la UE?

Desde los años sesenta la Comunidad Europea crecía más que la economía norteamericana. Entre 1960 y 1969, la economía de los cuatro principales países europeos (Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia) crecío un 1,3% más al año; entre 1970 y 1979, un 3,9% más al año; en la década de los ochenta, un 2,1% más al año… pero desde 1992, la economía norteamericana crece más que los principles países de la UE todos los años menos en 1995. Esta evolución de los años noventa contrasta con lo que venía siendo una norma, es decir, algo asumido como normal, y de ahi viene el “complejo de inferioridad” de los líderes europeos.

La economía norteamericana crece más que la de Eurolandia. Este es un dato incuestionable. Pero ese mayor crecimiento se basa en tres cosas: la venta de automoviles y electrodomésticos, la venta de ordenadores y software y el consumo de productos importados.

Los bienes duraderos (automóviles, ordenadores, electrodomésticos) estos productos, que presentan unas elevadísimas tasas de crecimiento, representan el 20% del PIB, y aportan 2,4 puntos de los 4,2 de crecimiento del PIB:

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Europa S.A.

Joaquín Arriola

Del comportamiento de los actores europeos en la guerra de Irak podemos sacar una conclusión económica: la fase de la “globalización” (o sea de la integración de los mercados internacionales bajo la hegemonía de Estados Unidos) la hemos dejado ya atrás. Acabó probablemente en 2000, con las iniciativas del gobierno norteamericano en defensa de su industria del acero, y con el fracaso del Diálogo Transatlántico, que todavía algunos lobbies empresariales se empeñan en resucitar (y que tendrá en la cumbre EEUU-UE del próximo 25 y 26 de junio en Dromoland Castle, Irlanda, una prueba de fuego).

La realidad con la que nos enfrentamos ahora es por el contrario la de una “competencia global”, un conflicto en torno al dominio del mundo entre diversos países y áreas monetarias, que refleja el apego al territorio de origen de gran parte del capital productivo, y el papel de los grandes estados en la defensa corporativa de sus propias multinacionales. En este contexto se inscribe la introducción del euro, que representa un serio desafío al predominio monetario del dólar a escala mundial (un predominio gracias al cual EE.UU. ha podido permitirse, entre 1982 y 2002, un déficit de la balanza de pagos en relación al resto del mundos de 3.204.214 millones de dólares).

En este contexto se inscribe así mismo el reciente ingreso en la Unión Europea de nuevos países procedentes de la Europa central y oriental. Solamente razones políticas y estratégicas pueden explicar la relativa rapidez con la cual se ha llevado a cabo la integración de los países ex – socialistas cuando no se encontraban en situación de responder a todos los requisitos previstos para la adhesión a la UE. La ventaja estratégica de los nuevos adheridos es evidente: el capital europeo podrá asegurarse nuevos mercados emergentes, mano de obra especializada a bajo costo además de acceder más fácilmente a un área de gran importancia estratégica en la cual se concentran enormes recursos petrolíferos y de gas que los geopolíticos denominan Eurasia. En la división del trabajo interna a la Unión Europea, a los nuevos países miembros se les asigna la función de periferia interna, en la cual se consumirán productos de alta y media tecnología fabricados en los países de Europa central y del norte, y se producirán productos maduros (que, de paso, competirán con muchas de las producciones de países como Italia o España).

Todo esto, tan ajeno por lo visto y lo escuchado, a las preocupacioines de los candidatos a diputados europeos y a sus respectivos partidos políticos, es la realidad de Europa. La Europa del euro, la Europa del Tratado Consitucional (en la cuerda floja a la vista de los resultados de las recientes elecciones), a despecho de las afirmaciones ideológicas y (quizás) de las intenciones de sus valedores, no es una “Europa social”: en ella predominan la precarización de las relaciones laborales, los ataques al salario, las privatizaciones; al tiempo que están ausentes las políticas sociales coordinadas.

No es por casualidad, sino por las hipotecas políticas que establece el consenso neoliberal, que la propuesta de dejar constancia en el tratado constituyente del compromiso de desarrollo de la Europa social al mismo nivel que la Europa de los equilibrios presupuestarios, promovida por un grupo de socialistas franceses, con Jacques Delors y Michel Rocard a la cabeza, no ha encontrado ningún eco entre los jefes de gobierno y a lo que parece, tampoco entre los socialistas hispanos. Así, el presidente Rodríguez Zapatero se ha mostrado como un verdadero europeísta, pero ha perdido la oportunidad de revelarse también como un europeísta de izquierda. En la reunión de jefes de estado que aprobó el Tratado constitucional el gobierno español no ha dicho esta boca es mía para promover nada parecido a un desarrollo del concepto de la Europa social, ni tampoco para defender el rechazo constitucional a la guerra como medio para dirimir diferencias entre países.

¿Se trata acaso de objetivos maximalistas o utópicos? Los objetivos que proponen los signatarios de la petición para el establecimiento de un verdadero tratado constituyente de la Europa social son ciertamente mínimos: unos objetivos cuantitativos vinculados a la calidad de vida y del empleo; la aplicación de la mayoría cualificada a las decisiones relativas a la harmonización fiscal; reconocer junto al principio de competencia, el principio del interés general y la utilidad de los servicios públicos; el principio de igualdad de acceso a los servicios de interés general; el encargo al Parlamento Europeo de elaborar una Carta para el Desarrollo Sostenible; el reconocimiento europeo del derecho de los pueblos la autosuficiencia alimentaria y la declaración de que la política comercial de la Unión se fundamenta en los principios de reducción de las desigualdades internacionales, la solidaridad y el desarrollo sostenible.

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Intervención de Josep Bel en representación de la Xarxa Contra la Precariedad y los Cierres de empresas en el Foro Social Europeo de Londres 17/10/ 2004.

Josep Bel

La reflexión que hemos realizado colectivamente tras ver el aislamiento de los despedidos por multinacionales, nos llevo a constituirnos en red y empezar en un acto contra los cierres o deslocalizaciones que se estaba produciendo. (tras lo de Sintel-Telefónica, como lucha ejemplar, se sucedieron decenas de cierres como Samsung, Philiphs, Fisipe, Valeo, Printer, muchas del Textil, electrónica, etc).

Comprobamos como el sindicalismo institucional no había ni presentado a los distintos colectivos en lucha, ni siquiera habia ofrecido contactos internacionales cuando eran una multinacionales como el caso de coreana la de Samsung. (sabíamos de la combatividad de ese sindicalismo en muchas ocasiones y de su implicación en Portoalegre). Es decir, comprobamos el aislamiento de las luchas ante la globalización capitalista. La teoría de la coordinación internacional hace aguas en el movimiento obrero, cuando están coordinados, cada país pelea frente al empleo del otro y casi nunca hay huelgas conjuntas.

A nivel nacional, en Catalunya, los presentamos, realizamos manifestaciones conjuntas, convocadas como Xarxa frente al gobierno catalan, entregándole las reivindicaciones escritas al gobierno tripartito supuestamente de izquierdas, que no dialogó con las bases afectadas, sino que realizó el pacto social con la patronal y los sindicatos subvencionados, le llamó Mesa del Textil, etc, ante la deslocalización. Su diseño, ayudar a recolocar a través de ETT y ayudar a la patronal a internacionalizar su empresa en esta globalización.

Los chantajes de deslocalización o precariedad se sucedieron en Nissan, SEAT-Wolswagen y otras empresas más o menos famosas. Si los trabajadores no bajan sus salarios o aceptan la doble escala salarial, para los que nuevos jóvenes contratados cobren menos, las empresas amenazan con cerrar o irse en parte. En Alemania vemos al mismo tiempo como aumenta jornada de 35 a 40 horas, de forma pactada con los sindicatos del poder, vemos recortes del estado del bienestar por toda Europa, en muchos casos pactados para ser competitivos en esta globalización capitalista.

Al mismo tiempo vemos que el proyecto de constitución europea es neoliberal, como toda la construcción europea (Maastrich, Pacto de Competitividad, Schenguen, etc) los derechos sociolaborales y las pensiones van a peor y los derechos civiles y libertades también.

Con todo lo que esta lloviendo, algunos le llaman revolución neoliberal, debatimos en la Xarxa unitaria, la necesidad de incorporarnos a la reflexión de que la precariedad es la consecuencia de esta globalización capitalista en la vida cotidiana, es decir, que el capitalismo necesita la precariedad en esta etapa imperialista, para mantener o aumentar su tasa de beneficio. Por lo tanto, cuando definimos precariedad lo hacemos de una forma integral, amplia. No son precarios solo los excluidos o los que tienen un contrato eventual. Sabemos que son 8 millones los excluidos en el estado español y que los eventuales son un 30% de los que tienen trabajo (55% de población activa). Pero el análisis de la palabra precariedad es más completo.

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Una mirada parcialment objectiva de la precarietat

En quant, a la contractació, aquest darrer any s’han registrat un total de 2.085.387 contractes laborals a Catalunya, 273.405 dels quals són indefinits (13,1 %) i 1.811.982, temporals (86,9 %). En comparació amb l’any anterior, el nombre de contractes registrats ha disminuït un 2 % en termes relatius, fet que ha afectat tant els contractes indefinits com els temporals, amb un descens del 5,9 % i de l’1,4 %, respectivament.

A Catalunya, en l’any 2003, el 86,9% dels nous contractes varen ser temporals. Això s’acompanya en que hi ha hagut unes 14.000 persones que, en un any, han sumat més d’onze contractes. Aquests han estat alguns a través d’ETT’s, però d’altres han estat en la mateixa empresa, on el treballador/treballadora ha encadenat aquests contractes, amb el que estem davant d’un clar frau. L’acomiadament, pràcticament lliure, s’enforteix aquesta situació en que els treballadors són, com sempre, els qui han d’arriscar tot per defensar el seu lloc de treball.

El panorama no es massa optimista, ja que des de l’any 2000, el volum de la contractació registrada a Catalunya ha descendit gradualment, amb una pèrdua de 156.596 contractes menys en un període de tres anys. El nombre de contractes indefinits i temporals disminueix a partir de l’any 2001 en nombres absoluts, tot i que incrementa, aquest últim, percentualment el nombre total de contractes. Una nota important, és el fet que la petita empresa és la que té més contractes indefinits.

Al conjunt de l’Estat, el nombre de contractes registrats l’any 2003 es xifra en 14.668.063, dels quals 1.269.768 són indefinits (8,7 %), i 13.398.295, temporals (91,3 %). El nombre de contractes registrats experimenta un creixement del 3,5 %, tot i la davallada, però, de 13.192 contractes indefinits (-1 %); La contractació temporal, per contra, experimenta un increment de 502.007 contractes (3,9 %) en relació amb l’any 2002 .

…I jo afirmo que la realitat no té sentit si no tenen sentit també l’experiència del treball manual, de la sexualitat, de la reproducció, del treball de cura als altri.

Luisa Muraro ( [1] )

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Estados Unidos en el centro de la crisis mundial

Jorge Beinstein

Más allá de Bush y Kerry

Jorge Beinstein@yahoo.com

Hacia el final de la década pasada la economía norteamericana solía ser presentada por los medios de comunicación como el mega motor del crecimiento global, el paradigma del capitalismo triunfante donde según los gurús neoliberales se estaba expandiendo de manera vertiginosa una Nueva Economía basada en la alta tecnología y desatando un círculo virtuoso de progreso indefinido. Se nos explicaba que las innovaciones tecnológicas generaban ingresos que incitaban a innovar más lo que a su vez expandía la riqueza, etc. Todo ello expresado en una euforia bursártil sin precedentes (nadie recordaba lo ocurrido en 1929). Clinton ocupaba la Casa Blanca y regalaba simpatía, el caso Lewinsky agregaba una nota de alegría suplementaria a la fiesta de los mercados.

Sin embargo algunos hechos disonantes perturbaban la armonía, en primer lugar el contraste entre el auge consumista y la casi desaparición del ahorro personal. Los ciudadanos del Imperio gastaban todos sus ingresos y contraían deudas porque de manera directa o a través de fondos de inversión o pensión ganaban mucho dinero especulando en la Bolsa.  Las empresas, en especial las llamadas tecnológicas veían como día tras día se valorizaban sus acciones lo que les permitía (sobre)invertir y (sobre)endeudarse. Todo eso hacía subir las cotizaciones bursátiles sin mayor vinculación con la rentabilidad real de las firmas.

La burbuja se desinfló en el año 2000, Clinton le dejó su puesto a Bush y se instaló la recesión, además llegó el 11 de septiembre de 2001 marcando el despegue de una era militarista.

No han faltado observadores, en especial del campo progresista, para señalar el antagonismo entre un Bush arbitrario e imperial y un Clinton multilateral, negociador,  apegado al juego de las instituciones. Sin embargo Clinton impulsó una descomunal concentración de ingresos, desató la guerra en el corazón de Europa (Yugoslavia) e intensifico el bloqueo y los bombardeos contra Irak que prepararon la invasión posterior. Todo su andamiaje económico se apoyó en la hipertrofia financiera acelerando el ascenso de las mafias que ahora gobiernan a cara descubierta. En realidad el fascismo crispado de Bush, sus delirios imperialistas y la corrupción que lo rodea  heredan, exacerban tendencias dominantes durante los años 90. La mutación parasitaria del capitalismo norteamericano y sus consecuencias sociales, políticas y militares se gestó durante mucho tiempo, con la complicidad de demócratas y republicanos, hunde sus raíces en la financierización del capitalismo mundial.

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La educación del educador

Joaquín Miras Albarrán y Joan Tafalla

Para que este debate tenga sentido y dé frutos concretos sugerimos modestamente  un cambio de método: hagamos un esfuerzo para evitar que un argumento brillante nos arruine un buen conocimiento de la realidad. Abogamos porque sean el conocimiento y el análisis de las nuevas realidades los que nos arruinen o confirmen los mejores argumentos del pasado.

Abandonemos un viejo hábito de la izquierda del siglo XX: el de justificar teóricamente “a posterori” la línea política forzada por las circunstancias. Dejemos de teorizar las derrotas como victorias y las retiradas estratégicas como victorias tácticas. En nuestros oídos aún resuenan las palabras de un dirigente comunista español aún en activo, en el Ateneo de Cerdanyola ante unos doscientos cuadros comunistas de la zona obrera del Vallès Occidental afirmando que el Pacto de la Moncloa no era ya la vía sino la “autopista” española al socialismo.

Proponemos, modestamente, seguir la sobria indicación de Lenin: “análisis concreto de la situación concreta”. Hacemos la modesta proposición de deducir del análisis las propuestas políticas, culturales y organizativas. Proponemos no forzar la realidad para hacerla caber en el lecho de Procusto de las necesidades de la organización.

 

Los modelos del socialismo.

 

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El nuevo anticomunismo de la nueva derecha post-antifascista europea

Luciano Canfora

29/01/06|

"La recuperación historiográfica de una parte más o menos grande de la experiencia fascista y la consiguiente demonización martilleante de la experiencia comunista no son una operación erudita: son una operación política que pretende resultados de todo punto políticos. De lo que se trata es de destruir la noción positiva de antifascismo (concepto que asume el fascismo como mal principal), y de fundar un orden constitucional conforme a las aspiraciones de aquellos estratos que en su momento no vacilaron en avalar precisamente al fascismo como remedio"

Hace una pocas semanas, un "nuevo filósofo" francés, el exmaoísta Alain Finkielkraut, declaró, a cuenta de los disturbios vividos el pasado otoño en París, que "el antirracismo será en el siglo XXI lo que ha sido el comunismo en el siglo XX", es decir, en su opinión, una ideología totalitaria peligrosa que ha de ser combatida con todos los medios: finalmente, los inmigrantes y sus hijos "odian trabajar", y "sólo quieren dinero y ropas de marca". Pocos tomaron demasiado en serio las declaraciones de este pícaro mediático habituado, exactamente igual que sus equivalentes –"filósofos" o "historiadores"— en España y en otros países, a exhibir con dosificada astucia su nuevo extremismo oligofrénico bajo la patente de perito en legitimación de lo existente que le conceden los grandes medios de comunicación del sistema. Pero como decía Bertolt Brecht, los excesos revelan la esencia del fenómeno. En esta semana que, a propuesta del Partido Popular Europeo, se debate en el Parlamento europeo una moción de condena del "totalitarismo comunista", nos ha parecido oportuno reproducir este lúcido y analítico discurso pronunciado por el historiador Luciano Canfora en Rímini [como invitado a la tribuna de oradores durante el III Congreso del Partido de los Comunistas Italianos, celebrado en febrero de 2004] sobre el significado político del revisionismo histórico anticomunista y de la paralela reorientación de la actual derecha italiana y europea en un sentido post-antifascista.

QUERRÍA EMPEZAR recordando una verdad elemental, a saber: que la historia la escriben los vencedores. Y puesto que la larga guerra europea, y luego mundial, comenzada en 1914 y desarrollada luego en varias fases, terminó, tras varias vueltas, paces aparentes y cambios de frente, con la derrota de la Unión Soviética en 1991, es evidente que, por ahora, y por mucho tiempo aún, la historia que prevalecerá será la que escriban los enemigos de la Unión Soviética, y por ende, del antifascismo.

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