La impaciencia obnubila, narcotiza el entendimiento, estimula todo tipo de ilusión, anula la razón. La impaciencia induce un hiperactivismo político narcotizante. La impaciencia es el opio del pueblo de izquierdas. La revolución democrática no está, por el momento, en el orden del día. Falta potencia popular, falta autonomía de proyecto, falta organización capilar en el conjunto de la sociedad, faltan cuadros actuantes realmente en el conjunto del entramado social, faltan sindicatos de clase potentes y autónomos respecto de las clases dominantes, las clases subalternas están lejos de haberse constituido en clases antagónicas, con proyecto propio de sociedad, con ethos, con cultura material de vida que prepare un orden nuevo. Falta, en resumen, hegemonía.
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