Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La Moral de la Historia: adiós a André Gorz

Nicolás Alberto González Varela

Por Nicolás Alberto González Varela

El 24 de septiembre de 2007, en una callejuela sin nombre en una pequeña aldea llamada Vosnon de la región del Ausbe, murió Gerhard Horst. Se suicidó junto con su mujer de toda la vida, Dorine. Nos era familiarmente conocido en su dimensión filosófico-política con el seudónimo de André Gorz; cuando ejercía de periodista utilizaba al alias Michel Bosquet. Para llegar a Vosnon hacer falta separarse de las autopistas, tomar por carreteras secundarias y angostas, luego preguntar a los lugareños por al casa de Gorz y llegar a una casa sólida, de ladrillos rojos, con un jardín guardado por dos árboles centenarios. La biblioteca está en la planta baja en un salón amueblado lo Esparta: dos grandes sillones sin estilo reconocible, una mesa redonda, cuatros sillas rectas y un televisor pasado de moda. “Prévenir la Gendarmerie” (Avisen a la policía), un simple mensaje sobre la puerta indicaba el drama desatado. ¿Otro filosofo desencantado que cumple esa tradición inexorable de los intelectuales en situación? Estremece el compararlo con otros casos trágicos famosos: Arthur Koestler, Nikos Poulantzas… Como decía Bloy a propósito de Cervantes, Gorz fue un hombre recto y sabio, en el fondo, su vida fue trabajosa y sospechosa. Trabajosa porque desde su infancia fue un extraño, un sin-identidad; sospechosa porque su extrema autonomía lo hacía en todo tiempo y lugar un renegado inclasificable.

Una epistemología del exilio: Los hechos de la vida de Gorz son tan problemáticos como su propia obra. Nació en la Viena postrevolucionaria en febrero de 1923. Hijo de un comerciante judío de maderas y de una madre católica ultramontana antisemita. Era básicamente un bastardo y un Entfremdung en los términos socioculturales de la Europa Central. En el creciente clima antisemita su padre se convierte al cristianismo en 1930 y bautiza a Gorz. Educado en un milieu culto, recibió una típica educación Staatsvolk austroliberal, disfrutó de la influencia del modernismo reaccionario de la Viena liberal-aristocrática, incluida la riqueza del marxismo austriaco y las paradojas del freudismo. Viena, que para Karl Kraus era “el campo de pruebas para la destrucción del mundo”, que se regía por ese principio divino de los Habsburgo: “Ruhe und Ordnung” (Ley y Orden). Viena era contradictoriamente burguesa y el éxito financiero era la base de una sociedad patriarcal. El liberalismo había fracasado en la vida política y su edad heroica había concluido en 1848. Sin embargo por sobre el cadáver liberal se imponían grupos políticos más impetuosos como los movimientos de la clase obrera capitaneados por Víktor Adler (un judío bautizado cristiano) o las masas medias católicas del demagogo antisemita Karl Lueger o el multiclasista movimiento pangermano de Georg Ritter von Schönerer, o el sionismo radical de Theodor Herzl. De Viena salieron tanto la política de la Solución Final de los nazis como la ideología del estado judío sionista. Pero igualmente era una capital burguesa. En la vieja Viena se podría en verdad decir, con Marx, que “la burguesía había arrancado de la familia su velo sentimental, y había reducido la relación familiar a mera relación de dinero”. En 1938 los austriacos deciden unirse voluntariamente a la Gran Alemania de Hitler, se produce el Anschluss. Ante la movilización general en 1939 en vísperas de lo que será la Segunda Guerra Mundial, su madre lo interna en una institución católica en Lausana (Suiza). Gorz tenía quince años. Pasó toda la guerra allí. Se enteró que su padre había sido expropiado, que lo habían desalojado de su piso, que la edad y el matrimonio mixto con una aria lo habían salvado de los campos de la muerte. En el bachillerato suizo decide negar su identidad alemana y su idioma natal. Rompe con todo lo germano, abandona las tradiciones nacionales y culturales, renace intentando construirse libremente su propia identidad. Mayo de 1940: este adolescente inquieto, crítico y convulsivo es testigo de la ignominiosa derrota de Francia en pocas semanas. La humillación nacional gala, pueblo representante del iluminismo y las mejores tradiciones democráticas, lo hacen identificarse con Francia. Adopta la nacionalidad y el idioma: no hablará más en alemán durante 44 años. Decide estudiar ingeniería química en la École d’Ingenieurs, profesión que jamás ejerció. Paralelamente devora libros de filosofía y de psicología. Realiza cursos paralelos de filosofía en la universidad durante un semestre: “Me pareció tan grotesco que me burlaba públicamente de los profesores. Nunca volví”. Hace pequeños trabajos, enseña inglés. Su primer trabajo serio y formal será como traductor de las novelas americanas para una casa editora suiza. Publica sus primeros artículos en el diario de un movimiento cooperativo. Participa en círculos izquierdistas con estudiantes de Letras, se reúne en clubes de estudio de la obra de un joven profesor de liceo llamado Jean Paul Sartre.

Momento sartreano: Sartre era todavía un filósofo de culto, había estudiado la fenomenología en el mismo Berlin, incluso había conocido a Heidegger. Tenía publicado tres libros filosóficos: “La imaginación” (1936), “Lo imaginario. Psicología fenomenológica de la Imaginación” (1940) y “Bosquejo de una teoría de las emociones” (1939), todos eslabones hacia su opera magna: “El Ser y la Nada”. Gorz viaja en 1941 a Génova para re-encontrarse con su madre. Casualidad o no, en una pequeña librería repleta de literatura fascista descubre dos libritos de Sartre en francés: “La Nausea” (1938) y “El Muro” (1939). Gorz sólo conocía sus libros de filosofía, ver a un filósofo escribiendo ficción le pareció deslumbrante. Compra ambos libros, los lee y relee, le parecen fantásticos: “Era exactamente lo que yo podía sentir, lo que podía gustarme, lo que podía seducirme intelectualmente”. En 1943 aparece en Gallimard “El Ser y la Nada. Ensayo de ontología fenomenológica”, libro abrupto, compuesto de 722 páginas, a gran tamaño, del que todos hablan y pocos han leído cabalmente. Lo estudia con furia obsesiva durante tres meses. Lo asimila totalmente: “Fui, creo, el primer sartreano convencido e incondicional”. Cuando ya un Sartre famoso y polémico visite Lausana en 1946 para dar unas conferencias, Gorz se obliga a conocerlo en persona. También a la eterna “Castor”, Simone de Beauvoir. Decide ir a Paris, porque era poder ir a donde trabajaba y vivía Sartre. Se pone a escribir lo que para Gorz será la continuación lógica de “El Ser y la Nada”, la segunda parte que Sartre anunciaba al final de su obra (“En particular, la libertad, al tomarse como fin en sí misma… ¿escapará a toda situación? ¿O por el contrario, permanecerá situada?… Todas estas preguntas… sólo pueden hallar respuesta en el terreno moral. Les dedicaremos próximamente otra obra”) y que jamás escribirá. Le presenta a su maestro un asombroso manuscrito de 700 folios, él un absoluto desconocido, un marginal sin patria. Esa primera obra quedará en el anonimato durante veinte años; será publicada con el título “Fundamentos para una moral” en 1977 por Galilée. Hay tiempo para el amor: en la misma Lausana durante un baile popular en la plaza de Saint-Suplice un 27 de octubre de 1947 conoce a otra apátrida, la inglesa Dorine. Bailan toda la noche y jamás se separarán. Se convertirá en su mujer en 1949 y por libre decisión mutua no tendrán hijos. Será su mejora lectora y confidente, su archivista y secretaria ocasional. Le dedica todos sus libros en inglés: “A Dorine more than ever”, “A Dorine again, again and evermore”…

Mientras profundiza sus afinidades electivas y su compromiso militante al mejor estilo de Antoine Roquentin (“Naturalmente, yo era revolucionario. Estaba en contra de esta sociedad de mierda que me rodeaba, contra la represión…”) se lanza a aplicar el ya llamado método existencialista de autoanálisis a sí mismo. Su motto será una frase de Sartre: “cualquiera que sean las circunstancias, en cualquier lugar que sea, un hombre es siempre libre de elegir si será un traidor o no”. El producto febril será un libro, “El traidor” (1958), con un extenso prefacio de Sartre de cuarenta páginas, una obra política donde intenta “se restituir tout, comme venant de lui-même”, considerada por Gorz como un “travail de libération”. Aplicando una fusión entre existencialismo y marxismo Gorz insiste sobre la potencialidad de la autoproducción de nosotros mismos como emancipación. Su “uso” de Marx es muy particular: abandona el texto canónico y utiliza para horror de la vulgata marxista los textos juveniles recién descubiertos en Occidente, en especial los así llamados “Manuscritos de Paris” (1844), “La Sagrada Familia” (1844) y “La Ideología Alemana” (1845). Sin saberlo empalma con toda una contracorriente de crítica a la vulgarización de Marx y de crítica al modelo leninista y stalinista: el Marxismo Occidental. En el centro se encuentra siempre la cuestión de la autonomía del individuo como condición sine que non de la construcción de un movimiento emancipatorio de masas. La liberación individual y colectiva no se da en etapas, sino se condicionan, a pesar nuestro, mutuamente. Utiliza el seudónimo de André Gorz, Gorz por un pueblo de Austria donde su padre le regalo sus primeros anteojos. En junio de 1949 ingresa a trabajar en el secretariado internacional del “Mouvemente des Citoyens du Monde”, al mismo tiempo que es secretario de un attaché militar de la embajada de la India. Su entrada en el “Paris-Presse” marca su debut como periodista con el nombre de Michel Bosquet (la traducción al francés de su propio apellido, Horst, Bosquet: bosque). Aquí conocerá a Jean-Jacques Servan-Schreiber, que en 1955 lo reclutará para un magazín económico novedoso llamado “L’Express”. En 1959 edita su segundo libro, el primero en ser traducido al español: “La Morale de l’historie”, editado por FCE de México en 1964 como “Historia y Enajenación”. Critica amargamente al Partido Comunista Francés (y con él el molde bolchevique), al posibilismo y al “realpolitik” disfrazada de socialismo factible, desarrolla una teoría de la enajenación y define al proletariado como “vocación a la libertad”, ya que está condenado en su destino “a actuar, a impugnar y a reivindicar en su propio nombre, sin fiador trascendente, en nombre de la existencia desnuda. Está destinado a la autonomía”. Desmonta al “marxismo trunco”, una ideología de segunda mano que sólo encubre verdades de aparatos y relaciones de poder. Su posicionamiento a la vez anti-institucional, anti-economista, anti-estructuralista y anti-autoritario es radical y convulsivo. Su ruptura con Sartre ya estaba escrita allí. Las ideas de Gorz participan, sin tener él conciencia de ello, de una amplia ruptura teórico-práctica a escala mundial que intenta recuperar al verdadero Marx, tanto en espíritu como en letra. Movimiento de autocrítica que se asemeja en sus contenidos tanto en Alemania (Marcuse, Dutschke, Krahl) como en Italia (Panzieri, Montaldi, Alquatti, Tronti) o los EE.UU. (tendencia Johnson-Forrest). Mientras tanto comienza a colaborar con la mítica “Les Temps Modernes”, la revista fundada por Sartre y Merleau-Ponty en 1945, se incorpora al comité de dirección en 1961 (en el figuran, aparte de Gorz y Sartre, Simone de Beauvoir, Jacques-Laurent Bost, Claude Lanzmann y Jean Pouillon); escribirá en casi todos su números entre 1967 y 1974 y abandonará la revista en 1983. El grupo de LTM pasará por varias escisiones y discusiones de ruptura: primero la agria polémica entre Sarte y Albert Camus, luego el fracaso de darle a la revista una forma organizativa militante (el “Rassemblement Démocratique Révolutionnaire” en 1948), finalmente el debate entre Sartre y Merleau-Ponty sobre el giro stalinista del grupo. En 1964 se va de “L’Express” (junto con un grupo formado por Jean Daniel, Serge Lafaurie, Jacques-Laurent Bost, K. S. Karol) para fundar “Le Nouvel Observateur”. Haciéndose eco de ciertas críticas de Merleau-Ponty hacia la nueva posición de Sartre, que aquel denominaba “ultrabolchevismo” (y donde no existía dialéctica en la historia ni condicionamiento serio de lo material) se preocupa cada vez más por cuestiones de economía política como via regia para construir una duradera y legitima dirección política de la clase obrera. Gorz sufre la influencia y la amistad de Herbert Marcuse, llegando en forma de eco algunas tesis de la “Escuela de Frankfort”, en particular el approche que supera el estrecho economicismo en el análisis de lo social.

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Luckács y el estalinismo

Nicolás Tertulian

Lukács y el Estalinismo

Nicolás Tertulian

Son escasos los que actualmente, evocando la lucha de los intelectuales contra los regímenes totalitarios del Este, hacen referencia a otras formas de oposición que no sea la de los disidentes. EL mérito de estos hombres valientes que, desde Andrei Sajarov a Vaclav Havel y de Leszek Kolakowski a Alenxandre Sojénistsyne han adquirido una legítima audiencia, no debería sin embargo hacernos olvidar, por un reflejo anticomunista comprensible pero no por ello simplista, el hecho que la contestación ha comenzado en el interior mismo del sistema y que intelectuales marxistas como Bertolt Brecht, Ernst Bloch o George Lukács han denunciado ardientemente las prácticas Stalinianas y el "socialismo de cuartel". El contenido y la finalidad de sus criticas eran evidentemente diferentes a las de sus disidentes: deseaban la reforma radical de estas sociedades, su reconstrucción sobre bases auténticamente socialistas, y no la restauración del capitalismo.

En 1958, Ernst Bloch confiaba con amargura a su amigo Joachim Schumacher que él mismo y sus discípulos habían sido objeto de una represión brutal en la RDA. En su carta, enviada por prudencia desde Austria, explicaba a su interlocutor que su critica contra la "Satrapen-Misswirtschaft" (desastrosa economía de sátrapas) había sido durante un tiempo tolerada, y de mejor o peor grado aceptada, pero que desde la aparición del movimiento contestatariao húngaro – el círculo Petofi se comienza a reunir en 1956- la situación había cambiado completamente. Se sucedían las vejaciones y prohibiciones. Prohibición de enseñar, prohibición de publicar el tercer volumen del libro Principio Esperanza. Bloch presentaba la situación con una fórmula lapidaria: "Man brauchte einen deutschen Luckács…" (1)

Por lo tanto era necesario un Lukács alemán en la RDA de Walter Ulbricht, quién justamente temblaba con la idea de que el espíritu del cícu10 Petofi, del que el filósofo había sido uno de los animadores, pudiera propagarse. Y siguiendo la buena tradición Stalinista había montado un sonoro proceso, destinado a prevenir cualquier veleidad que cuestionara los métodos del poder imperante. los principales inculpados de este proceso habían sido Wolfgang Harich y Walter Janka.

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Marx no era marxista; Marx era chavista

Luis Alegre Zahonero, Carlos Fernández Liria

Consideraciones sobre el concepto de propiedad y la cuestión de las Leyes de la Historia

A plena voz

Es de sobra conocido que, en vista de la enorme acumulación de disparates que, ya a partir de 1870, empezaban a hacerse y decirse en nombre del marxismo, el propio Marx decidió desmarcarse y sentenciar con contundencia: «tout ce que je sais, c’est que je ne suis pas marxiste» (lo único que sé es que yo no soy marxista). Pero la ironía de Marx no logró impedir que se siguieran acumulando disparates en su nombre, mucho más, claro está, tras su muerte en 1883. Sin embargo, tras un siglo XX plagado de errores fatales e incluso crímenes espeluznantes, el siglo XXI comienza con un socialismo que tampoco es marxista. Pero, curiosamente, resulta no ser marxista exactamente en el mismo sentido en el que no lo era Marx. Pongamos un par de ejemplos. En su programa televisivo del día 22 de julio de 2007, el Presidente Chávez reiteró que no era marxista porque, según afirmó, “esa es una visión determinista del socialismo”. En efecto, pertenece sin duda a la ortodoxia marxista la idea según la cual a cada fase del desarrollo de las fuerzas productivas le corresponderían unas determinadas relaciones sociales de producción y, por lo tanto, para alcanzar la fase más elevada del socialismo, sería necesario implantar previamente y desarrollar hasta sus últimas consecuencias todas las fases anteriores, especialmente el capitalismo. Si, como supone la ortodoxia marxista, esto fuera una Ley General de la Historia, entonces no habría más remedio que plegarse a ella, respetar todas sus fases y confiar en que ese determinismo histórico nos trajera en socialismo cuando buenamente le viniese en gana. Para Chávez, como es lógico, ese planteamiento resulta inaceptable porque “bajo ese argumento, nosotros, los países atrasados, nunca llegaríamos al socialismo pues tendríamos que esperar primero a que nos invadan, que nos desarrollen, para luego ir al socialismo”. Lo curioso del asunto es que este planteamiento, piedra angular del marxismo e inaceptable para Chávez, resultaba también, por los mismos motivos, inaceptable para el propio Marx. En efecto, Marx desautorizó esa interpretación de un modo enérgico e inequívoco en numerosos textos que han sido, sin embargo, silenciados por el marxismo dogmático. El caso más claro es quizá la polémica respecto al asunto de la comuna rural rusa. A finales del siglo XIX, Rusia era, de manera general, una inmensidad rural tremendamente atrasada. De las comunidades rurales rusas no se podía decir ni siquiera que estuvieran en una etapa histórica feudal. Así pues, los socialistas rusos ¿qué actitud o qué planes debían albergar? Si lo que Marx había descubierto eran las leyes generales del acontecer histórico, parecía obvio que lo primero que habría que hacer para pasar al socialismo, era acelerar el paso de Rusia por todo el “necesario” recorrido histórico, hasta lograr que se desarrollara plenamente el capitalismo. Podíamos, pues, encontrarnos con la paradoja de que los socialistas rusos tuvieran que luchar por el capitalismo con el objetivo de alcanzar así el momento en el que el socialismo hubiera comenzado, por fin, a ser posible. Naturalmente, había gente más sensata que no razonaba así. La inmensa mayoría de la población rusa campesina estaba organizada en aldeas que compartían sus “propiedades comunales”. En un cierto sentido, Rusia representaba una especie de comunismo primitivo. Para convertirlo en un comunismo “moderno”, lo que había que hacer era sentar las bases de la industrialización general de Rusia. Pero en ningún sitio estaba escrito que esta industrialización no fuera posible por vías socialistas o comunistas. Si en Rusia triunfaba una revolución comunista, la comuna rural campesina podía incluso ser una buena plataforma para la organización social de un proyecto de industrialización. En orden a esta posibilidad, Rusia podría ahorrarse el suplicio del paso por el capitalismo, con el mar de sufrimientos y desastres humanos que le acompañan. Ciertos escritores rusos habían desautorizado esta vía con las palabras del mismísimo Marx. Se citaba, en efecto, el texto de El capital en el que Marx había descrito el paso al capitalismo en Inglaterra (exponiendo el proceso por el que toda la población rural fue expulsada a sangre y fuego de sus tierras). Ahí había afirmado, ciertamente, que ese proceso, "que hasta ahora sólo se ha realizado plenamente en Inglaterra", es "el mismo movimiento que recorren todos los otros países de la Europa occidental". Sin embargo, Marx (en una carta al editor del Otyecestvenniye Zapisky en noviembre de 1877) decide intervenir en el debate y lo hace para desautorizar con energía esta utilización de su propio texto. Afirma que la única aplicación que puede hacerse de sus palabras es, en efecto, mucho más modesta: "si Rusia tiene que transformarse en una nación capitalista a ejemplo de los países de la Europa occidental no lo logrará sin transformar primero en proletariados a una buena parte de sus campesinos; y en consecuencia, una vez llegada al corazón del régimen capitalista, experimentará sus despiadadas leyes, como la experimentaron otros pueblos profanos. Esto es todo". ¡Eso es todo! Sin embargo, nos dice Marx, no lo es para su bienintencionado intérprete: “Él se siente obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría historico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualquiera que sean las circunstancias históricas en las que se encuentre, a fin de que pueda terminar por llegar a la forma de la economía que le asegure, junto con la mayor expansión de las potencias productivas del trabajo social, el desarrollo más completo del hombre. Pero le pido a mi intérprete que me dispense: me honra y me avergüenza a la vez demasiado”. Acto seguido, Marx pasa a advertir que "sucesos notablemente análogos" conducen en la historia a resultados completamente distintos. Lo que se impone para la teoría de la historia es, pues, concluye Marx, "estudiar por separado cada una de estas formas de evolución" y comparándolas, encontrar la clave de esos fenómenos, en lugar de inventar "un passe-partout universal de una teoría historico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica". Si Rusia tiene que convertirse en un país capitalista… no lo logrará sin la expropiación general de la propiedad comunal del campesinado. Eso es todo. No estaba dicho que Rusia debiera convertirse en un país capitalista; no estaba dicho que ningún pueblo tuviera que esperar a que el capitalismo se desarrollara plenamente. Lo único que dice Marx es que el capitalismo necesita que la población carezca de acceso a la tierra y, en general, esté expropiada de medios de vida. Sin expropiación generalizada de la población no hay capitalismo y, por lo tanto, el capitalismo era incompatible con la propiedad común de la tierra de la Rusia rural. Eso es todo. Y eso es, en realidad, irrefutable: la condición esencial del modo capitalista de producción es que la mayoría de la población carezca de medios de subsistencia autónomos y, por lo tanto, deba recurrir a trabajar para otro a cambio de un salario si quiere no morirse de hambre. Sin esta condición, podrá haber sin duda mercado, pero no capitalismo. Resulta fácil entender en qué sentido la decisión generalizada de trabajar para otro presupone que no se tenga la posibilidad de trabajar para uno mismo. En este sentido, el sistema completo del trabajo asalariado capitalista reposa sobre la expropiación generalizada de la población de cualquier posible medio de trabajo autónomo (en especial, aunque no sólo, del acceso a la tierra). Es decir, resulta fácil entender en qué sentido el modo capitalista de producción tiene como requisito fundamental que la mayoría de la población carezca de la propiedad necesaria para obtener el propio sustento. Con esto pasamos al segundo ejemplo que queríamos proponer: precisamente el asunto de la propiedad privada. Cuando el 21 de julio, en el discurso de inauguración de la “Imprenta de la Cultura”, Chávez defiende enérgicamente la “propiedad privada”, se está distanciando sin duda del marxismo, pero no de Marx. Todo el discurso de Chávez a este respecto se basa en la diferencia irrenunciable que hay entre la “propiedad” de los grandes terratenientes y los oligarcas y la “propiedad” de quien tiene “cuatro vacas” y vive de cuidarlas o tiene un pedacito de tierra que le permite subsistir por medio de su propio trabajo. Esta distinción, que tantas veces ha sido ignorada por el marxismo, es sin embargo la distinción fundamental que vertebra la obra cumbre de Marx. En efecto, en los dos últimos capítulos del Libro I de El capital, Marx pone de manifiesto que la clave para comprender el secreto del modo capitalista de producción consiste en comprender la radical oposición que hay entre la “propiedad privada capitalista” (que constituye el blanco de sus ataques) y la “propiedad privada que se funda en el trabajo personal”. Tanto es así que el Libro I de El capital concluye considerando repugnante el modo capitalista de producción y de acumulación y, por tanto, también la propiedad privada capitalista, precisamente porque “presuponen el aniquilamiento de la propiedad privada que se funda en el trabajo propio, esto es, la expropiación del trabajador”. De hecho, en El capital, que tiene por subtítulo “crítica de la economía política”, resulta que el principal reproche que lanza Marx contra ésta es, precisamente, que “la economía política procura, por principio, mantener en pie la más agradable de las confusiones entre la propiedad privada que se funda en el trabajo personal y la propiedad privada capitalista – diametralmente contrapuesta – que se funda en el aniquilamiento de la primera”. Del mismo modo, sus intervenciones políticas se centran contra el carácter capitalista de la propiedad precisamente porque presupone el aniquilamiento de la propiedad para la mayoría de la población. Así, por ejemplo, cuando en el Manifiesto Comunista Marx recuerda que “se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma la base de toda la libertad, actividad e independencia individual”, su respuesta a este reproche, desde luego, no es negar que la propiedad constituya en algún sentido la base de la libertad y la independencia individual. Por el contrario, Marx argumenta diciendo que es el capital quien ha suprimido por completo esa propiedad. Lo intolerable para Marx no es pensar que la propiedad sea en algún sentido condición necesaria de la libertad y la independencia individual. Lo intolerable para Marx es intentar escamotear el hecho de que en la sociedad capitalista “la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros”. Lo intolerable es que se reproche a los comunistas, en nombre del derecho de propiedad, el intento de suprimir una sociedad que “no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad”. No podemos realmente demostrar del todo lo que sostenemos en el espacio de este breve artículo (y, de hecho, no podremos realmente demostrarlo más que sobre la base del extenso libro que estamos actualmente escribiendo sobre Marx), pero tenemos derecho a sospechar que Marx se sentiría en realidad mucho más próximo a Chávez que a la mayoría de sus discípulos. Esperemos, eso sí, que Chávez tenga más suerte (o más cuidado) que el bueno de Marx con las cosas que se hacen y se dicen en su nombre. Noticia relacionada El libro “Comprender Venezuela, pensar la democracia” obtiene el Premio Nacional del Libro de Venezuela y Mención en el Premio Libertador.

Publicado en Rebelión, 04-09-2007

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Victòria Pujolar, ex locutora de ‘La Pirenàica»

Eloi Pardo

"La meva feina la feia pensant en les dones republicanes de les presons del franquisme"

Eloi Pardo Molt abans que la història oficial canonitzés altres periodistes com a iniciadors de la radiodifusió en català, Victòria Pujolar ja s’ocupava d’aquests assumptes. Des de Radio Espanya Independent, entre els anys 50 i 70 i de manera clandestina, va omplir centenars d’hores de noticies i programes radiats en l’idioma de Ramon Llull. I no només fou una batalla per la llengua. Fou una batalla per l’alliberament social de tot un país i de tot un Estat. Calia fer informació de resistència antifranquista, per a donar compta de la lluita interior que lliuraven, a Catalunya i a Espanya, els que somniaven amb la llibertat, la democràcia i la República, és a dir els derrotats de la Guerra Civil, brutalment reprimits –tant moral com físicament- pel franquisme. Victòria Pujolar, pintora i llicenciada en Belles Arts en la seva maduresa, va escapar dos cops de la presons del feixisme. Ara viu a Madrid, d’on era el seu company, Federico Melchor, que també va treballar a la REI. I segueix militant al PCE i al PSUC, des d’una perspectiva ideològica que demostra una clarividència crítica difícil d’escoltar en les noves generacions de polítics. El seu cas està perfectament recollit al llibre de Teresa Pàmies Ràdio Pirenaica, la història de Radio Espanya Independent. Vostè creu que aquesta radio hauria d’haver continuat després de la mort de Franco? Teniem una missió per a cobrir una necessitat que tenia el poble. A Espanya no hi havia llibertat d’expressió, només nosaltres oferiem l’altra versió de les coses. La prova del nostre èxit és que ens escoltava gent que no només era comunista, perquè teníem una missió àmplia, internacional. Erem una veu que donava noticies interiors d’Espanya, amb la part setmanal catalana. Donàvem informacions que el règim amagava i que la gent volia sentir, perquè no se sabia res del que passava veritablement. Era una necessitat de la població i en quant hi va haver més o menys llibertat d’expressió, vam creure que la cosa ja no tenia sentit. Però avui no hi ha cap mitjà de masses amb l’orientació ideològica de ‘La Pirenaica’, suficientment crític amb el post-franquisme i els poders fàctics Ara hauria de ser una altra cosa. Amb la democràcia, teníem Mundo Obrero i Treball, que seguien existint, però sense la mateixa capacitat d’expansió, tot i que llavors, quan encara no estàvem legalitzats eren llegits per molta gent perquè teníem un partit de masses. Ara ja no ho som, som un partit municipal, de diputacions…amb això vull dir que sense un partit de masses fort és difícil tenir un mitjà potent. És el que penso. Com era el seu treball en aquesta ràdio? Jo era la veu catalana de la REI. Hi havia molts espais que cobrir, sobre tot quan se’n va anar en Jordi Sole Tura. Jo he fet un treball de militant. Necessitaven una veu, jo servia i punt. Però no era el meu treball únic. No cobrava res. Tenia quatre fills i a més estudiava Belles Arts a Bucarest. Quants treballadors tenia ‘La Pirenaica’? No ho sé. Era una ràdio completament clandestina, inclús allí mateix, en el bloc socialista. No ens podíem relacionar ni amb els ex brigadistes internacionals rumanesos. Per què? Perquè allò estava ple d’espies, que sempre n’hi han. El nostre treball era tan secret que ni a casa nostra, a Bucarest, sintonitzàvem la Pirenaica. Fixa’t que no sabíem ni la direcció dels estudis des d’on retransmetíem. Era un edifici del segle XIX, de la burgesia, però no sabíem ni on era perquè el cotxe oficial ens venia a buscar i ens deixava al lloc. Com operaven? Tot estava molt ben organitzat. Hi havia una estructura amb un director, Ramon Mendezona, i redactors. Quan arribava ja estava tot escrit i preparat per a ser llegit a sobre de la taula. Els locutors érem espanyols. Però els tècnics eren romanesos, de la Securitate, o sigui policies. Ells es procuraven que no coneguéssim res, no se’n refiaven. Pensa que estàvem en plena guerra freda i hi havia una batalla per a tallar les ones de ràdio. Calia extremar la seguretat per a poder assegurar que aquella ràdio se sentís permanentment! Els americans van intentar tallar les emissions de la radio. Sí. Intentaven localitzar el punt exacte des d’on es retransmetia i llavors tallar l’èter. Al principi ‘La Pirenaica’ es feia des de la URSS, en una ciutat interior molt allunyada d’Europa. Era més difícil tallar-la. Però en passar a Romania les coses es posaven més fàcils pels qui no volien que entrés una mica de llum a Catalunya i Espanya. Perquè es retransmetia des de Romania? Perquè hi havia un repetidor molt potent. Els gastos de la Pirenaica se’ls repartien Romania i la URSS. Per moltes coses era un lloc més accessible per a tenir tota mena d’equipaments. Per exemple, ens va caldre una mampara molt cara que es fabricava a Txecoslovàquia. I ens la van enviar. No vam pagar res. Cada país del bàndol occidental tenia la seva ràdio independent? Sí, però França per exemple era la pròpia Radio Nacional. No els calia estar a fora. Els arribaven moltes cartes des d’aquí? Sí, moltes. Eren informacions des de l’interior. D’aquesta tasca s’encarregava el meu marit. Li agradava el treball, s’ho prenia amb militància? Era difícil, perquè tenia fills que mantenir i a més estudiava. Però quan has estat a la presó amb altres dones republicanes, pensava que el que feia era per a elles, per a les companyes antifeixistes empresonades. En el llibre Ràdio Pirenaica de Teresa Pàmies s’expliquen les seves dues fugides de la presó. La primera vegada no era la presó. Era en un camp de concentració a França, el 1939. Allà, als refugiats republicans espanyols ens tractaven pitjor que a qualsevol. Jo era una joveneta, que treballava en una fàbrica de gènere de punt, a Toulouse. I un dia els alemanys van entrar a la zona lliure de França, que no era lliure perquè hi havia el Govern de Vichy. I una de les primeres lleis que van promulgar va ser la prohibició de donar treball a tots els espanyols. L’empresari que ens va contractar se’ns van quedar els papers. I al sortir de la fàbrica ens van agafar. I sap a on ens portaven? On? A Matthaussen. Jo anava amb la meva mare, a qui també van agafar. A les sis del matí ens van ficar en un tren de càrrega i a les 12 del migdia estavem ja en un camp francès, que era el pas previ perquè ens portessin a Alemanya. En baixar del tren, el gendarme ens va cridar perquè anessim cap a un barracó. Llavors, dos joves que estaven a casa nostra i que ja havien passat per un camp –del qual havien aconseguit sortir gràcies al Partit Comunista i als sindicats francesos, sense els quals molts no estariem vius- vam escapolir-nos discretament. Vam caminar i caminar hores i hores fins arribar novament a Toulouse. Jo ja era militant de les Joventuts Socialistes Unificades (JSU). Després d’aquest episodi vaig veure clar que havia de tornar a Barcelona. I no era arriscat tornar en aquell moment? Jo era jove i a més semblava més jove encara. Barcelona era la meva ciutat. Jo no tenia aspecte d’obrera, i havia estudiat en l’Institut-Escola de la Barceloneta. Pel meu aspecte a mi mai no m’haurien agafat, això està clar, comprens? A més teniem les nostres tècniques per a no caure en cadena quan la policia ens perseguia. Però la van tornar a enxampar i va tornar a escapar? Sí, vam caure. I em van torturar brutalment, concretament els germans Creix, uns policies molt sàdics. Després vaig anar a la presó de Las Ventas, a Madrid. Una presó de monges per a dones, molt dura, però on les republicanes estavem ben organitzades per recolzar-nos unes a altres. Resistíem allà a dintre, celebràvem el 14 d’abril –dia de la República- i ens negavem a donar un petó a la bandera dels nacionals. Em vaig tornar a escapolir, a l’alçada de Saragossa, quan em traslladavem per a fer-me el consell de guerra. Entre els del partit, per recomanació de la Tomasa Cuevas, sabiem que per a poder escapar en una ciutat era clau conèixer algú que et pugués ajudar. Però jo només coneixia Barcelona! Vaig tenir sort que ningú no em seguís. Així que vaig escapar a peu i travessar els Pirineus. Déu n’hi do. I era la segona vegada que travessava a peu els Pirineus. La primera va ser fugint de l’entrada dels nacionals, pel Pertús. Després vaig tornar a Barcelona. Amb una vida així com la que he portat, jo no podia pensar d’una altra manera. Com era la Barcelona franquista dels 40? Doncs vaig aconseguir treballar al Diccionari Vox, que era de l’Església. I després a l’Editorial Bruguera, que es va portar molt bé amb mi. Hi havia bastanta gent afiliada. Recuperació de gent que havia estat de la JSU, joves que havien tornat de França i alguna gent nova. Hi havia bona organització a tots els districtes. Jo vaig ser dirigent de la JSU a Catalunya i anava pels pobles a contactar amb gent. Era assiscat i un cop van estar a punt de tornar-me a enxampar. Ho pot explicar? Un dia vam anar a les sis del matí a buscar un pres a la Model. Un pres del Partit, però la seva sortida s’estava retrassant. És una mica complicat d’explicar, però era un temps amb molts, molts, molts policies per tot arreu. Em vaig donar compte que em seguien uns Guardies Civils. Així que vaig pujar en un taxi i quan anava a baixar, sobtadament, vaig veure com un Guardia Civil venia cap a mi. Vaig sortir corrent, em vaig ficar al Metro de Llotja, als Pla de Palau al costat de Correus, i vaig tenir la sort que tot just passava un tren. Als afores de Barcelona vaig telefonar a un company del partit i li vaig dir que em comprés un bitllet de primera per anar a Figueres. Dues companyes més van venir, em van canviar totalment l’aspecte i em van donar un salvoconducte, i el contacte d’un contrabandista per creuar la frontera. Van ser molts dies caminant sense parar. El Partit era rapidíssim en aquestes coses! El règim ni ho sospitava. Aquest cop sí que vaig sortir definitivament d’Espanya. Molta gent va caure als anys 40 Sí. Hi havia molta activitat, també guerrillera, de maquis. Molta gent i molt jove va caure, sobre tot arrel de la desarticulació del partit a Reus. A la França de després de la Segona Guerra Mundial la premsa va fer campanyes a favor dels detinguts i es van fer manifestacions per a impedir que es fusilés a tanta gent, gent com el Sisquet que era el responsible de la JSU a Catalunya, un noi que coneixia. El van afusellar quan només tenia 23 anys. Pobre company. I després, què va fer? Bé, primer a Toulouse amb els meus pares i després a París, gràcies a la JSU. Un dia va venir la Dolores Ibarruri a passar l’estiu i ella em va convidar a la Unió Soviètica on hi vaig passar tres dies, pel Primer de Maig. Jo em vaig anar convertint en una persona de contrastada confiança per al partit, fet que em va permetre fer el que vaig fer al llarg de tota la meva militància. Com valora la caiguda del comunisme a Europa de l’Est i a la URSS? Ja feia molt de temps que es veia que estaven pujant els arribistes, els que no eren comunistes. I la cosa s’anava aguantant malament. I ja es va veure que els que han portat el capitalisme i ara controlen aquests països eren aquella gent sense escrúpuls que anava pujant en aquells anys. Les coses havien anat empitjorant i a més hi havia gent que vivia en un règim de privilegis respecte a bona part de la població, i allò no tenia res a veure ni amb el comunisme ni amb la revolució. Romania, que era el país que més vaig conèixer, era un país molt atrassat. Els pagesos eren com els haiduk, els “bandidos” de les pel·lícules. Era un país antic. També hi havia una minoria molt intel·ligent a Bucarest, afrancesada, molt llegida, enginyers, literats. Però hi havia una gran diferència de classe. Als pobles, la gent era molt primitiva, era com tornar 200 anys enrera. M’encantaven els seus vestits i el seu art. Però ficar el socialisme allà era molt difícil, tot i que algunes coses sí que funcionaven. Recordo, específicament, una amiga meva que era dona de fer feines que va poder curar les malalties dels seus nens i portar-los a tots a la Universitat. I jo, per exemple, vaig poder estudiar Belles Arts. L’Estat facilitava que tothom estudiés tingués l’edat que tingués. Però, per exemple, a la URSS sí que es va poder fer una socialisme arrel d’una revolució tot i tenir un context social com el de Romania Sí, però els bolxevics no eren prou gent com per poder abastar-ho tot en un país tan enorme i culturalment variat com la URSS. També el que va passar és que hi havia molta fe, una fe de caire gairebé religiós. Molta teoria que no acabava de casar exactament amb el marxisme, amb un marxisme emancipador, obert. Durant anys hi va haver adoctrinament per a la gent de base, que era gent molt bona, però que feien un anàlisi que no era com el meu. Jo al partit discutia molt sovint sobre això perquè cada persona no és una peça d’un rellotge, sinó una persona. I la nostra idea, la dels marxistes, és més àmplia, perquè volem l’alliberació de la persona i abolir l’explotació de l’home per l’home, sobre tot això. Vostè feia palesos els valors de la II República… Per a persones com jo, formades en l’educació de la República, integral, bona, sense cap ressentiment, el comunisme era una cosa més àmplia, les barreres nacionals no existien. Tota la generació de la República tenia una formació alliberadora. Erem conscients de ser ciutadans. Ens van treure del cap la idea d’èlit, de la minoria que ho té tot, que s’imposa als demés, que és el món que tenim ara. Lluny d’això, a nosaltres, a la meva generació, ens van obrir la porta de la llibertat. Cosa que és molt important Era una educació molt àmplia, la de la Segona República. A l’Institut inclús feiem un diari. L’esport, les idees, la igualtat. Tot això era la societat que anava pujant i que el franquisme va tallar de socarrel.

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¿Qué hacer?: la génesis del leninismo

Pepe Gutiérrez-Álvarez

       Con las teorías políticas existen numerosas dificultades, sobre todo si “se mueven”. Es gris mientras que el movimiento es verde, y si no avanzan, retroceden, así lo entendía Lenin lector de Hegel mientras se enfrentaba a los “leninistas” (Zinoviev, Kamenev, Stalin). Un estudio sereno de ¿Qué hacer? (1) nos demuestra que resulta una tentativa de resolver una dificultad no menor: luchar con todas las consecuencias con un Estado policiaco que no permite la creación de organizaciones socialistas estables.

       Los diversos escritos de Lenin sobre el debate organizativo en  la socialdemocracia rusa que le oponía a los mencheviques (con los que, empero, estaba de acuerdo en una oposición al “revisionismo” de Bernstein y sus acólitos rusos), se centran en el pe­ríodo 1900-1904, y dan lugar-particularmente- a dos obras, ¿Qué hacer? (1902) así como Un paso adelante, dos pasos atrás (1904). Se puede decir que en ambas Lenin que expresa una concep­ción teóricamente "centralista" del partido, lo que en su momento se entendió como un subrayado específico a la situación que el movimiento socia­lista vivía bajo el zarismo. ­

       Algunos estudiosos además han tratado de “explicar” esta opción remitiéndose a las “fuentes rusas del bolchevismo". Concretamente al maquiavelismo y al culto a los jefes propios de Netchaiev, así como al `sub­jetivismo’. de Pietr Lavrov, sin olvidar el jacobino­-blanquismo de Tkatchev, entre otros. No hay duda que dichas tradiciones del siglo XIX ruso -sobre todo estructura conspirativa del grupo terrorista Narodnaia Volia ("la voluntad del pueblo") fueron en uno de los marcos socioculturales de las teorías desarro­lladas en ¿Qué hacer?; no en vano, se inscribían bajo el mismo Estado policial. Es más, el propio Lenin lo reconoce. En algunos de sus escritos no oculta su admiración por el grupo Tierra y Libertad. Decía que se trataba de una ‘magnífica organización" "que debería servirnos a todos de mo­delo".  Poca gente sabe que los herederos directos de estas corrientes,  los socialrevolucionarios (o eseristas), aprobaron con fervor el centralismo de Lenin antes de 1905. Luego –sobre todo desde el tratado de paz de Brest-Litovk, ocasión en la que atentaron contra Lenin y Trotsky y asesinaron a dos comisarios del pueblo-  se hicieron acérrimos antibolcheviques. De ahí, a aceptar  estereotipos del calibre "Lenin igual Netchaiév", media un abismo. No conviene olvidar que las "fuentes" no explican gran cosa, sino que, por el contrario, piden ser explicadas. O dicho de otra manera, hay que demostrar por qué Lenin se inspiró, precisamente en el período 1901­-1904, en los esquemas centralistas de los conspiradores rusos del siglo XIX, abocados a acelerar una crisis que no llegaba.

      Al entrar en este terreno, no se puede obviar que, primero: estamos hablando del periodo anterior a revolución de 1905. Segundo, que las teorías leninistas se insertan en un contexto social muy concreto. Por aquel entonces, como había mostrado la tentativa de un primer congreso (en 1898), la socialdemocracia era un grupo cerrado, y mi­noritario que comenzaba a plantear una alternativa de signo marxista a la mayoría populista. Era un cerebro con un cuerpo muy pequeño, y más que un movimiento social (como en Europa) estaba representada  por unos cuantos círculos pequeños de "revo­lucionarios profesionales", que comenzaban a relacionarse con un incipiente movimiento de masas. Tampoco que dicho movimiento era más bien de tendencia  "economicista"; trataba de vadear el enfrentamiento con el Estado  No es otra cosa lo que expresaban las peticiones que defendían los manifestantes del “Domingo rojo” (rojo de sangre) de 1905.Además de disperso, la socialdemocracia era una corriente bastante dividida (por razones múltiples, había por ejemplo una socialdemocracia hebrea, el Bund)…

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Sobre instrucción, educación y asuntos afines

Salvador López Arnal

En el momento que redacto esta nota, han aparecido en la prensa escrita artículos de Fernando Savater (“¿Ciudadanos o feligreses?”, El País, 5/VII//2007), Rafael Sánchez Ferlosio (“Educar e instruir”, El País, 29/07/2007), Xavier Pericay (“Educación, instrucción y ciudadanía”, ABC, 15/08/2007) y, de nuevo, de Fernando Savater (“Instruir educando”, El País, 23/08/2007), una nota de Carlos Fernández Liria –“Ferlosio y la ciudadanía”, El País, 1/08/2007-, así como sendas cartas de Pericay y Savater (El País, 25/08/2007 y 28/08/2007 respectivamente), en torno a las nociones de instruir, educar y, como tema de fondo, la asignatura de la enseñanza secundaria obligatoria española “Educación para la ciudadanía”, y el mismo concepto de ciudadanía. Ignoro si hay más intervenciones hasta la fecha. Sospecho que alguna puede publicarse estos próximos días.

Sobre las que acabo de señalar, desearía realizar algunas precisiones.

0. La contraposición entre educar e instruir normalmente apunta a la diferencia entre transmitir información, conocimientos, destrezas, describir situaciones, explicar leyes o demostrar teoremas, que sería instruir (a veces, sinónima de enseñar) y, por el otro lado, formar al individuo, ayudar a construir su personalidad, su moral, sus valores éticos, estéticos, sus formas sociales de comportamiento, las bases de su perspectiva política (sin adoctrinamiento dogmático),… todo lo cual sería educar o formar. La contraposición se presenta a veces de forma excluyente o casi excluyente: cuando se instruye, se enseña y no se educa; si se educa, no se pretende instruir.

A propósito de esta distinción, Fernández Enguita recordaba en su bitácora un poema de T. S. Eliot (The Rock):

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?

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En la muerte de Benno Ohnesorg

(Sea dicho entre paréntesis: vale la pena recordar una olvidada relación del régimen del Sha  y la industria europea que ha sido recordada por Eduard Rodríguez Farré[6]. En los años setenta del pasado siglo, se creó en Europa un consorcio llamado “EURODIF” -abreviación de Eurodifusión- por el método de enriquecer uranio. El consorcio y sus instalaciones se encontraban, se siguen encontrando, bajo control francés. En EURODIF, además de los países europeos, España entre ellos, que no tenían entonces ni tienen ahora el ciclo completo del uranio, también participaba Irán, que antes, con el Sha en el poder, era país amigo. Al fundarse el consorcio, el Sha participó con un 10% del capital. Ya en estos años Irán tenía la finalidad de construir centrales nucleares. Nadie se escandalizaba por ello. Cuando fue Secretario de Estado bajo la presidencia de Nixon, Kissinger apuntó que la introducción de la industria nuclear en Irán beneficiaría las crecientes necesidades de su economía y, además, le permitiría reservar parte de su petróleo para la exportación o para la conversión en productos petroquímicos. El Sha era entonces un sátrapa, pero era nuestro sátrapa aliado. Cierro el paréntesis nuclear).

[1] Tomado de la editorial del número 11 de la revista Materiales, septiembre-octubre de 1977, p. 4

[2] Ahora en Manuel Sacristán, Intervenciones políticas. Icaria, Barcelona, 1985, pp.158-177 (el paso citado está en la página 165).

[3] Sacristán presentó y editó en 1976 una Antología de los escritos de la Meinhof a quien había conocido durante su estancia en Alemania entre 1954 y 1956.A ella se refería en una de sus últimas conferencias: “Sobre Lkukács” (1985), Manuel Sacristán, Seis conferencias. Libros de El Viejo Topo, Barcelona, 2005.

[4] Tariq Ali, Años de lucha en la calle. Akal, Madrid, 2007, p. 259.

[5] A la nueva edición (original 2005, en castellano 2007), Tariq Ali ha incorporado una larga introducción –“Crónica de entonces y de ahora”-, un apartado con intercambio de cartas entre John Lennon y John Hoyland y la entrevista que él y Robin Blackburn hicieron a Lennon y Ono.

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En recuerdo de Víctor Jara

Salvador López Arnal

Era Víctor, aunque le vi delgado y demacrado. ¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana? Tenía los ojos abiertos y parecía mirar de frente con intensidad y desafiante, a pesar de una herida en la cabeza y terribles moratones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones, los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta… el pecho acribillado y una herida abierta en el abdomen… las manos parecían colgarle de los brazos en extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas.. pero era Víctor, mi marido, mi amor. En este momento también murió una parte de mí. Sentía que una buena parte de mí moría mientas permanecía allí, inmóvil y callada… incapaz de moverme, de hablar.

                        Joan Jara, Víctor Jara, un canto truncado.

Al comenzar la década de los setenta Manolo [Manuel Sacristán] estaba convencido del doble fracaso o la doble derrota de las corrientes principales en que la tradición marxista se había dividido históricamente: la socialdemócrata y la comunista. Ya en 1969, al analizar lo que fue la Primavera de Praga y la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, había apuntado, por una parte, que veríamos cosas peores y, por otra, la necesidad de una reconsideración crítica del leninismo si lo que se pretendía (y él lo pretendía) era evitar la recaída en el estalinismo o en la ilusión gradualista. La tragedia del socialismo en Chile, en 1973, afectó a Manolo profundamente. No escribió sobre eso porque le deprimió todo lo que estaba pasando: la confusión generalizada entre estar en el gobierno y tener el poder, la forma en que se produjo el golpe de estado y la reacción de las direcciones de los partidos comunistas europeos. El análisis de la experiencia de Chile le reafirmó en su convicción de que había que pensarlo casi todo de nuevo. En esto coincidía con el viejo Lukács.

Entrevista a Francisco Fernández Buey sobre Manuel Sacristán[1]

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Algo + sobre las Españas

Salvador López Arnal

En un informado e interesante artículo publicado recientemente en el diario independiente (¡ay!) de la mañana[1], Joan Subirats alertaba sobre una  paradoja no resuelta y sobre una de sus principales derivaciones.

Para el gobierno Zapatero-De la Vega-Rubalcaba, que, no olvidemos, ha contado con apoyos parlamentarios a derecha e izquierda, el país va mejor que nunca. Todos los macrodatos señalan la misma dirección: lo óptimo es mejor que lo bueno.

La oposición, la oposición extrema de la derecha española desbridada, que apenas nada dice sobre asuntos económicos porque cree, con buenas razones, que la línea continuista del gobierno actual con el equipo Rato-Aznar es más que evidente[2], habla de sus temas, de los temas que le han permitido cuidar y movilizar a sus numerosas huestes, y ciudadanos afines, en siete u ocho ocasiones: terrorismo, unidad de España, ETA y 11-M, educación para la sodomía -la expresión está en su florida e impúdica mochila- y defensa nacional-católica frente a los ataques a la libertad religiosa y a la Santa y apostólica Iglesia española del gobierno y de los partidos laicos y anticlericales.

¿Y por qué, supuestamente, el país va bien o mejor que bien? Subirats recuerda los datos macroeconómicos que suele ser citados y repetidos hasta la saciedad por instancias oficiales: el paro ha disminuido hasta niveles no recordados (en algunas comunidades es prácticamente inexistente, apenas existe el denominado paro técnico); corre el dinero con profusión; parte de la ciudadanía invierte nuevamente en bolsa; se compran -o se compraban- pisos y segundas residencias; los bancos y empresas españolas, “nuestras multinacionales”, invierten en todo el mundo y sus beneficios alcanzan “valores y niveles históricos”; se exporta más que nunca; el turista 195 millones está a punto de aterrizar en suelo peninsular o insular; España, Barcelona en particular, son la mejor “botiga” (tienda) del mundo; la construcción se extiende como macha incontrolable por todo el Mediterráneo; la corrupción, la extendida corrupción, no impide negocios ni apoyos electorales. Largo etcétera.

Pero, cabe citar, Subirats así lo hace, el lado oscuro y falsario de nuestra lunática ilusión: se acreciente el malestar particular de muchos; las gentes, sin vidas exageradas y consumistas, no llegan a final de mes; los jóvenes no pueden independizarse o lo hacen en condiciones mucho peores que las de la generación anterior; el fracaso escolar no disminuye y el interés educativo no aumenta; los sueldos de algunos jóvenes, y de personas adultas, apenas alcanzan los 1.000 euros; la precariedad brilla por su masiva presencia; las hipotecas hipotecan vidas, finalidades y rebeldías; más ancianos se las ven y desean para llegar a final de mes sin ayudas públicas o de instituciones de caridad; personas mayores necesitan residencias públicas que no encuentran; listas de espera que, en algunas especialidades, no disminuyen de forma significativa; sectores y fábricas donde la siniestralidad dicta su ley; empresas donde todo atisbo de derecho humano y sindical es arrojado al archivo de lo inútil e  imposible, situado normalmente a mano derecha de la entrada en el infierno laboral; desigualdades crecientes (En Barcelona, Subirats lo recuerda, la renta media familiar de barrios enriquecidos como Pedralbes es seis veces superior que la renta media del Raval -al lado de Ramblas, en pleno centro de Barcelona- o que la del barrio de Besós Sur, cercano al lugar donde se celebró el despropósito del Forum de las culturas, parcialmente subvencionado, como es sabido, por multinacionales arrogantes e industrias con inversiones e intereses armamentísticos, netamente preocupadas todas ellas, eso sí, por “la paz, la cultura y la armonía de los pueblos”). Etcétera también, no vacío desde luego.

Joan Subirats señala efectos políticos de esta situación. No pretende, no puede ser exhaustivo en un artículo periodístico. Los que apenas cuentan en la cuentas están crecientemente alejados de la esfera política. Sin que todo sea, no lo es desde luego, ni pueda reducirse a participación electoral, los datos de la abstención son indicativos. En las últimas elecciones municipales –insisto: municipales, no autonómicas o europeas- la abstención ha alcanzado el 70% en algunos distritos de Barcelona. El porcentaje es otro muy distinto en los barrios donde, mayoritariamente, vive la pequeña burguesía o la alta burguesía -Eixample, Sarrià, Sant Gervasi, Pedralbes-. Siendo también significativo, se reduce a un 35%.

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Muertes en el circo

Salvador López Arnal

Había nacido el 26 de noviembre de 1984. El futbolista del Sevilla Antonio Puerta Pérez falleció el 29 de agosto a las 14:30 en la UCI del Hospital Virgen del Rocío después de ser ingresado de urgencias. Había sufrido una parada cardiaca durante el partido Sevilla-Getafe, consecuencia de una arritmia ventricular, causada a su vez por una displasia arritmogénica del ventrículo derecho. Según fuentes del hospital, la muerte del joven Antonio Puerta fue causada por "la encefalopatía postaxónica y el fracaso multiorgánicos secundarios a la parada cardiaca" que motivó su ingreso el pasado sábado 25 de agosto.

La capilla ardiente se instaló en el estadio Sánchez Pizjuán. El futbolista estuvo amortajado con la bandera del Sevilla. Se colocó también una bandera de España, que, según las crónicas, simbolizaba su internacionalidad. A sus pies, todos los títulos que conquistó con el equipo, al que, según comentó un dirigente del club, esas fueron sus palabras, “amó desde que tuvo uso de conciencia" (sic).

No vi el partido. Pero creo haber leído o escuchado que Antonio Puerta tuvo un primer desvanecimiento. Siguió adelante, nadie le advirtió del peligro, o acaso él no quiso hacer caso de la advertencia. Ignoro incluso si los servicios públicos del club le habían hecho pruebas suficientes para detectar su enfermedad. Una médica cardióloga de un organismo oficial de Deportes declaró, un día después del fallecimiento de Puerta, que era posible mediante pruebas adecuadas, cuya necesidad ella misma no había dejado de señalar, detectar esa y otras enfermedades cardiovasculares semejantes. Según creo, nadie la ha escuchado hasta la fecha o nadie ha querido tomar nota práctica de su recomendación. Tal vez incremente gastos y aumente la fracción costes-beneficios.

Bien estudiado, y no estoy en condiciones de hacerlo, algo de lo que ha sucedido tiene que ver directamente con lo que hoy es el fútbol: un negocio-espectáculo que mueve millones, y a millones de personas, en manos de multinacionales, abogados de renombre, empresarios de la construcción o gentes poco recomendables (Gil y el Atlético de Madrid, Berlusconi y el Milan)[1], que usan a veces su popularidad “deportiva” como trampolín político hacia otras arenas de aún mayor proyección y proximidad al Poder-poder. Que ese negocio no tiene entrañas, o las tiene en parada dilatada, es sabido: baste pensar en la final del mundial Francia-Brasil, cuando se obligó a jugar enfermo a Ronaldo, entonces en su mejor momento y con popularidad internacional. Los media impusieron su presencia.

Sobre el tratamiento mediático de la muerte de Antonio Puerta no es necesario decir nada que no se sepa. Acaso un pequeño apunte. ¿Qué sentido tiene hablar del embarazo de su compañera en estos momentos luctuosos? Tal vez lo tenga. Entonces, ¿qué sentido tiene hablar de los dos hijos de la anterior relación de su pareja? ¿Es ato de interés? ¿Qué sentido tiene señalar la diferencia de edad entre ambos, entre Puerta y su compañera? Algunas de las preguntas se responden solas. La cosmovisión que las envuelve produce vómitos.

Sigamos adelante porque acaso valga la pena señalar dos instantáneas más. Ese mismo 29, el día que fallecía Antonio Puerta, moría en Castellbisbal (Barcelona) un trabajador -latinoamericano, aunque no importa, pero acaso por ello más desprotegido y más desesperado- de las obras del AVE que se están haciendo en Barcelona. Dos trabajadores más resultaron heridos. Una bobina de 3.000 kilos de cabe cayó sobre ellos cuando instalaban la catenaria, justo cuando la estaban  manipulando. La responsable de las obras, en el tramo donde tuvo lugar el accidente, es ADIS[2], una unión temporal de las empresas Thales, Siemens, Dimetronic e Indra. Los trabajadores formaban parte de la plantilla de System, una empresa dedicada a la instalación de cabe eléctrico. Ya lo han adivinado: System es una subcontrata de Thales. De hecho, desde que en 2001 se iniciaron las obras del AVE en Cataluña, han perdido la vida en ellas al menos 11 trabajadores; otros 9 han sufrido heridas graves.

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