Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Bioenergía, para quien?

Daniel Cassol

Por Daniel Cassol

( Publicado en Revista Sem Terra nº 38 http://www.mst.org.br/mst/revista.php?ed=38 )38)

La discusión en torno a la producción de energía de forma limpia y renovable no es nueva, pero ganó carácter de urgencia en los últimos tiempos, principalmente después de la divulgación, a principios de febrero, del informe sobre el calentamiento global del Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos (IPCC, en las siglas en inglés). Frente a la alarma provocada, el mundo parece darse cuenta de que necesita cambiar su fuente energética, adoptando formas alternativas de producir la energía que consume.

Reunido en Francia, un grupo de científicos anunció que la temperatura de la Tierra puede aumentar hasta cuatro grados este siglo, debido al aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, principalmente a causa de los combustible fósiles*. Actualmente, la fuente energética mundial tiene la participación total del 80 % de fuentes de carbono fósil, siendo el 36 % de petróleo, 23 % de carbón y 21 % de gas natural.

Últimamente, un nombre ha ganado importancia: biocombustible. La producción de energía para el uso en el transporte, a partir de la caña de azúcar o de las semillas oleaginosas, como la soja, aparece, literalmente, como la salvación de la agricultura. Y el héroe probable es Brasil, con cerca de 200 millones de hectáreas de área agrícola, deacuerdo con el Plan Nacional de Agro energía, lanzado en 2006 por el gobierno federal.

El principal argumento usado para apostar por los biocombustibles es que son fuentes renovables de energía, es decir, no se agotan como el petróleo, por ejemplo. Pero este escenario, ¿ representa, de hecho, una salida para el colapso ambiental del planeta y una alternativa para la agricultura campesina, o supone un salvavidas para el agro negocio, que va a generar impactos ambientales tan graves como los combustibles fósiles? Es un debate para el cual hay poco espacio y pocas voces.

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Hambre y mala memoria

Jorge Gómez Barata

Por una extraña paradoja histórica, donde antes estuvieron los alimentos, están ahora los hambrientos. HAMBRE Y MALA MEMORIAAltercom* Jorge Gómez Barata *

4 de abril de 2007

Los médicos afirman que el hambre afecta la memoria, aunque seguramente no tanto como la opulencia.

De haber estado sola en el mundo, Europa jamás se habría aficionado a la buena mesa, a la gastronomía gourmet ni a los manjares ricamente condimentados.

La razón es pedestre: casi el 80 por ciento de todos los alimentos de origen vegetal provienen de menos de diez plantas, ninguna es europea.

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La Censura del Vaticano a Jon Sobrino. Lectura para Semana Santa

Sanjuana Martínez

Ratzinger desconoce la Teología de la Liberación, señala el sacerdote jesuita. Culpa de sanción al cardenal López Trujillo. Le reprochan destacar lo humano de Cristo.CENSURA VATICANO OBRA DE JON SOBRINO: LECTURA PARA SEMANA SANTALa Jornada

6 de abril de 2007

Por SANJUANA MARTINEZ para La Jornada.México.

La doctrina católica del jesuita Jon Sobrino, uno de los grandes exponentes de la teología de la liberación, "puede derivar en un daño grave para los fieles", dictaminó el Vaticano en una «notificación» oficial que pretende censurar dos de sus principales obras teológicas, porque supuestamente destaca "lo humano" de Jesucristo, en lugar de su "divinidad".

El teólogo vasco de 69 años, radicado en El Salvador desde hace 50 años, defiende "la liberación de los pobres" y sus libros constituyen un referente académico en decenas de seminarios. Es director del Centro Monseñor Romero de la Universidad Centroamericana, donde imparte clases de Cristología e Historia de la Iglesia, y un sobreviviente de la matanza perpetrada por militares salvadoreños contra los seis jesuitas de ese centro de estudios incluido el rector Ignacio Ellacuría, ocurrida hace 27 años y aún impune.

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Contra el pesimismo

Emir Sader

Contra el pesimismo

Emir Sader

La crítica radical del mundo tiene un amplio camino por delante, lo cual también implica

riesgos. Nunca la humanidad dispuso de tantos avances técnicos y científicos para

transformar el mundo conforme a los sueños humanistas, sin embargo nunca se sintió tan

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El valor político de la fraternidad. Entrevista a Antoni Domènech

Alexandre Carrodeguas

ENTREVISTA CON ANTONI DOMÉNECH (Catedrático de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Barcelona).

EL VALOR POLÍTICO DE LA FRATERNIDAD

Antoni Doménech es un filósofo racionalista con conciencia histórica que no cree mucho en la compartimentación académica del saber establecido, y por eso pasa con facilidad de la economía a la filosofía, a la sociología como le enseñó su maestro el marxista Manuel Sacristán. Fue militante del PSUC – bajo el franquismo – . es también un gran enamorado de Aristótoles y un profundo admirador de Marx. Y ahora está a punto de publicar una dilatada investigación sobre el valor político de la fraternidad; y el por qué de los tres valores republicanos exaltados por la Revolución Francesa, el de la fraternidad fue el que corrió peor suerte. El libro llevará el significativo título “El eclipse de la fraternidad”, que se publicará en la editorial Crítica a finales de año.

Usted es un famoso discípulo del filosófo marxista Manuel Sacristán, ¿nos podría hablar de la influencia que ejerció en usted?

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Mujeres de ciencia

Salvador López Arnal

Mujeres de ciencia

María José Casado Ruiz de Lóizaga, Las damas del laboratorio. Mujeres científicas en la historia. Debate, Madrid, 2006, 293 páginas. Prólogo de Margarita Salas.

Dava Sobel, Los planetas. Anagrama, Barcelona, 2006, traducción de Jaime Zulaika, 221 páginas.

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Presuposiciones sobre tortugas y asuntos no afines.

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De tal modo, por naturaleza, están definidos la mujer y el esclavo…Entre los bárbaros, la mujer y el esclavo ocupan el mismo rango. La causa de esto es que carecen del elemento gobernante por naturaleza. Así que su comunidad resulta de eslavo y esclava…Al referirnos de nuevo al hombre y los demás animales sucede lo mismo…También en la relación del macho con la hembra, por naturaleza, el uno es superior al otro; la otra, inferior; por consiguiente, el uno domina; la otra es dominada.

Del mismo modo es necesario que suceda entre todos los humanos…Mucho mejor hablan los que enumeran las virtudes, como Gorgias, que los que las definen así, en general. Así que hay que pensar que lo que el poeta ha dicho sobre la mujer podría aplicarse a todas: “A una mujer le sirve de joya el silencio”.

Pero eso no va con el hombre…

Aristóteles, Política, libro I, cap.II, V, XIII1

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Alejandra Kollontaï: De revolucionaria a diplomática

      El largo proceso del movimiento revolucionario ruso -que va desde el intento insurreccional de los "decembris­tas" hasta la consolidación del estalinismo-, es extraordi­nariamente rico en cuanto a su participación femenina se refiere. Bastante reducido a una vanguardia muy estricta por las propias exigencias de la clandestinidad, este movi­miento fue llevado, hasta la eclosión popular de 1905 y de 1917, por militantes surgidos, fundamentalmente, -del seno de las clases opresoras. Se puede decir que, sobre todo en su etapa final, no existió una familia perteneciente a las clases privilegiadas que no tuviera una o varias «ovejas negras» entre los suyos y que, entre éstos, no hubiera una mujer que, en ruptura con el ambiente conservador, se lanzara a una incierta aventura revolucionaria que equi­valía a una terrible clandestinidad y casi invariablemente. la cárcel, los malos tratos, el destierro en Siberia o, en el mejor de los casos, el exilio en Europa o en Norteamérica, donde la militancia revolucionaria se curtía culturalmente absorbiendo ávidamente la producción cultural de la iz­quierda occidental cuya producción intentaba aplicar y enri­quecer en una praxis interior en la que el diletantismo era muy difícil.

       La historia de estas mujeres está en gran medida, toda­vía por hacer. Durante su estancia en la Rusia soviética, la compañera de John Reed, Louise Bryant, escribió un am­plio reportaje sobre la aportación femenina a la revolución y descubrió, algo que Lenin y los historiadores reconoce­rían más tarde, a saber, que habían sido las mujeres las que habían desencadenado el proceso revolucionario un 8 de febrero (8 de marzo, Día de la mujer trabajadora, en el calendario occidental). Su testimonio no ha llegado hasta nosotros y posteriormente los trabajos sobre cl papel de la mujer en la revolución rusa representan una ínfima por­ción dentro de la inmensa bibliografía escrita sobre este acontecimiento.

       La mujer rusa necesitaba todavía más que los hombres un cambio revolucionario. Habían sido las esclavas de los esclavos y todavía, en pleno siglo XX, la legislación zarista reconocía a los maridos el derecho de maltratar a sus es­posas. Sin embargo, aunque esta necesidad fuese apremian­te, el atraso cultural, la represión y por supuesto, la incom­prensión del propio movimiento revolucionario, hizo que la incorporación de las mujeres a la lucha fuera tardía y subordinada. Rusia careció de un período de libertades de­mocráticas amplias que permitiera la creación de organi­zaciones de mujeres con una sólida implantación, con un importante número de cuadros capaces de establecer sus propios criterios… La revolución, la guerra civil, el ascenso de la burocracia, la sucesión vertiginosa de acontecimientos no permitió que las grandes ideas desarrolladas por dife­rentes generaciones de mujeres revolucionarias rusas, em­pezando por las audaces nihilistas y continuando por las que lucharon en cada una de las ramas del movimiento revolucionario, cobraron cuerpo a través de organizaciones estables y capaces de imponerse…Por todo ello, la historia del feminismo revolucionario ruso se ilustra primordial­mente a través de las grandes individualidades, de figuras legendarias como lo fueron las populistas Maria Spirido­nova y Vera Figner, la menchevique Vera Zasúlitch, o las bolcheviques Alejandra Kollontaï, Angélica Balabanov, Larissa Reissner, Nadia Krupskaya, Inessa Armand, Elena Stássova, Eugenia Bosch, etc.

       No hay duda: ninguna de las mujeres que dieron vida a la revolución rusa han alcanzado una popularidad in­ternacional tan intensa como Alejandra Kollontaï, a la que el cronista francés de la revolución Jacques Saboul llamaría "la egeria bolchevique del amor li­bre". Esta gran popularidad se deriva, sobre todo, de la notable importancia de sus escritos feministas, de su papel al frente de la efímera y polémica Oposición Obrera, pero sobre todo del hecho de que fue la representante femenina más cualificada del bolchevismo triunfante y como tal, fue una de las “bestias negras” para la derecha, su candidata de mayor prestigio (tercera en las listas para la Asamblea Constituyente), la primera mujer ministra de la historia… Además, quizá nadie mejor que ella define el alcance y las limitaciones, los aciertos y los errores de la revolución, y re­presenta más fielmente la corrupción que conllevó el surgi­miento y la consolidación de un poder burocrático cuya actitud hacia los derechos de la mujer, refleja mejor que con cualquier otro ejemplo, su naturaleza reaccionaria.

      En un balance escrito ya en la vejez, la propia Kollon­taÍ establece su trayectoria militante sobre una triple apor­tación: “Mi primera aportación, naturalmente, es la que he dado en la lucha por la emancipación de las mujeres trabajadoras y por el afianzamiento de su igualdad en todas las esferas del trabajo, de la actividad esta­tal, la ciencia y demás. Con la particularidad de que enlazaba indisolublemente, la lucha por la emancipa­ción y la igualdad con la doble misión de la mujer: la de ciudadana y la de madre (…) segunda aporta­ción a la lucha por la agitación de una sociedad nueva es mi labor internacional, la agitación y la propa­ganda realizadas en muchos países y, esencialmente, en los Estados Unidos de Norteamérica durante la primera guerra imperialista. La labor realizada, por indicación de Lenin, para apartar de la II Interna­cional a los elementos de izquierda y sentar los funda­mentos de la III Internacional (…) tercera aporta­ción a la política de fortalecimiento de la Unión Sovié­tica es mi actuación en la diplomacia, desde 1922 hasta marzo de 1945…” (1)

       Quizás de acuerdo con Voltaire que afirma que “el amor propio dura toda la vida”, Alejandra reescribe la historia en función de las exigencias de la historia oficial. Ya no se presenta como una mujer sexualmente emancipada, ni como una inconformista dentro de los rangos marxistas y bolche­viques, no menciona para nada a Stalin que viene a ser algo así -salvando las distancias- como hablar del siglo de Pericles sin mencionar a Pericles. Se sitúa bajo el amparo de Lenin con el que mantuvo sus acuerdos, pero también sus desacuerdos y adapta su feminismo a la versión oficial del Estado: la mujer debe ser ciudadana y madre.

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Breve autobiografía de Alejandra Kolontái para la Enciclopedia Granach

Alejandra Kollontai

  Nací en 1872 v crecí en el seno de una familia de la nobleza terrateniente. Mi padre, general ruso, era de origen ucraniano. En cuanto a mi madre, finlandesa. era de origen campesino. Pasé mi infancia y mi juventud en Petrogrado  y en Finlandia. Primogénita de la familia e hija única de mi padre (era el segundo matrimonio de mi madre) fui objeto de cuidados muy cariñosos por parte de mi numerosísima familia, que conservaba las costumbres patriarcales. No fui al instituto porque se temía tuviese malas compañías. Aprobé el bachillerato a los 16 años y seguí cursos particulares y conferencias sobre historia, literatura, etc. Mis padres me prohibieron también asistir a los cursos Bestúzhev. Trabajé mucho, particularmente bajo la dirección del e historiad literatura Víctor Petróvic Ostrogorsky. Éste consideró que yo tenía dotes literarias y me Impulsó hacia el periodismo, Me casé muy joven, en parte por espíritu de rebeldía contra mis padres. Pero al cabo de tres años me separé de mi marido, el ingeniero Kolontái, llevándome a mi pequeño hijito (mi apellido de sol­tera es Domontóvich).

     En ese momento mis ideas políticas comenzaron a precisarse. Trabajé en las sociedades de difusión de la cultura, ya que servían a mediados de la década del 90 como fachada a una serie de empresas clandestinas. Así por medio del famoso "museo ambulante de ayuda escolar de material didáctica" habíamos establecido vínculos con los detenidos en la fortaleza de Schlüsselburg. Gracias a nuestra actividad en las sociedades de instrucción y a las lecciones que dábamos a los obreros pudimos tener con estos un contacto muy activo. Organizamos veladas de beneficencia para recoger dinero a la Cruz Roja política. El año 1896 fue decisivo en mi vida. Pasé la primavera de ese año en Narva, en la famosa fábrica de Kremgólskaya. El cuadro de servidumbre de doce mil tejedores me impresionó profundamente. En ese momento no era aún marxista y me inclinaba más bien hacia el populismo y el terrorismo.

     Tras mi visita a Narva, me use a estudiar marxismo y economía. En ese momento aparecieron, una tras otra, las dos primeras revistas marxistas legales: Nachalo y Nóvoe slovo. Su lectura me abrió considerablemente los ojos. Acababa de encontrar la vía que había empezado a buscar con particular perseverancia desde mi visita a Narva. La famosa huelga de Ios obreros textiles de Petrogrado en 1896, en la que tomaron parte treinta y seis mil obreros, hombres y mujeres, contribuyó del mismo modo al esclarecimiento de mis ideas políticas. Con Elena D. Stássova y un gran número de camaradas que trabajaban todavía al margen del partido, organizamos colectas de ayuda a los huelguistas.

     Este ejemplo espectacular del crecimiento de la conciencia del proletariado, esclavizado y desprovisto de derechos, me incitó entonces de manera decisiva a pasar al campo marxista. Sin embargo, no trabajé todavía como publicista marxista y no tomé parte activa alguna en el movimiento. Me consideraba aun muy poco preparada. En 1898, escribí mi primer estudio sobre la Psicología de la educación: "Bases de la educación según Dobroliúbov". Apareció en septiembre de 1898 en la revista Obrazovanie, que tenía aún carácter pedagógico antes de transformarse, a continuación, en uno de los órganos legales más persistentes del pensamiento marxista. Su redactor jefe era A. Y.Otrogorsky. El 13 de agosto de ese mismo año parti para el extranjero a estudiar ciencias económicas y sociales.

     En Zúrich, ingresé en la universidad, siguiendo los cursos del profesor Herkner, cuya segunda edición de su libro sobre la cuestión obrera me había interesado. Fue algo característico que cuanto más avanzaba en el estudio a fondo de las leyes económicas, más me convertía en marxista "ortodoxa" mientras que mi profesor y director de estudios se volvía cada vez mas, hombre de derechas y se alejaba de la teoría de Marx, termi­nando, en la quinta edición de su libro, por ser un verdadero renegado. Fue aquel un curioso periodo, cuando apareció abiertamente en el partido alemán, por la ligereza de Bernstein, una abierta tendencia a la concilia­ción práctica, al oportunismo, al "revisionismo"; es decir, a la revisión de la teoría de Marx. Mi venerable profesor cantaba alabanzas a Bernstein. Pero yo seguía resueltamente a la izquierda. Me entusiasmé con Kautsky devorando la revista Neue Zeit, editada por él, y los artículos de Rosa Luxemburgo. Me interesó particularmente el librito de ésta Reforma o Revolución, donde refutaba la teoría integracionista de Bernstein.

      Por consejo de mi profesor, y provista de sus recomendaciones, parti en 1899 para Inglaterra a estudiar el movimiento obrero, que por su sensatez me convencería de que la verdad estaba del lado de los oportunistas y no de los "izquierdistas"

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