Antonio Gramsci: amor y revolución
ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN*
Francisco Fernández Buey
En Viena enterraré mi alma en un álbum
con las fotografías y el musgo
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ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN*
Francisco Fernández Buey
En Viena enterraré mi alma en un álbum
con las fotografías y el musgo
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El comienzo de la revolución española –la única revolución que tuvo lugar en Europa durante la existencia de la IC, aparte la efímera república soviética húngara de 1919- cogió desprevenidos a los dirigentes del "partido mundial".
.En febrero, de 1930, Manuílskí, Informando ante el Ejecutivo de la Komintern, se explaya sobre "las vastas perspectivas que se abren de transformación del actual auge revolucionario de los países capitalistas avanzados y de las colonias en situación revolucionaria”. "Auge revolucionario" en los "países capitalistas avanzados" no existía en ese momento más que en la imaginación del representante de Stalin en la Internacional Comunista (IC), pero poco antes de la reunión del Ejecutivo había caído la dictadura de Primo de Rivera, y algunos de los presentes en la reunión se interrogaron sobre la significación del acontecimiento. Manuilski replicó: “No es en España donde se decidirá la suerte de la revolución proletaria mundial […] una huelga parcial puede tener mayor importancia para la clase obrera internacional que ese género de "revolución” a la española, efectuada sin que el partido comunista y el proletariado ejerzan su misión dirigente. “(1). Pero la revolución "a la española” se empecinó en seguir adelante, pese a no estar en las previsiones de Manuilski ya la casi inexistencia del partido ungido por la historia con la “misión dirigente”. La sección española de la IC, en efecto, apenas contaba con 800 miembros cuando cae la monarquía, en abril de 1931. Más grave que su exigüidad numérica era su reducidísima influencia en el proletariado, y su extrema debilidad teórica (2). Rasgo, este último, común a todo el movimiento obrero español. Ni socialistas ni anarcosindicalistas las dos grandes tendencias en que se divide el proletariado peninsular desde el siglo XIX- tenían ideas claras sobre la naturaleza del proceso revolucionario que se inicia en 1930-1931.
Los primeros consideran que se trata de una revolución puramente burguesa y se atienen a su “programa mínimo”; la dirección de la república deben asumirla los partidos republicanos burgueses. Lo más que puede hacer el Partido Socialista es cooperar lealmente con ellos para realizar un programa de reformas que interesen también a la clase obrera española. Se dispone, en una palabra, a seguir las huellas de la socialdemocracia europea. Los anarcosindicalistas parten del mismo’ supuesto -la revolución es puramente burguesa- pero la conclusión operativa es radicalmente opuesta: ninguna colaboración con la república del 14 de abril. Hay que ir a la revolución social para instaurar el "comunismo libertario”. Los comunistas, faltos en los primeros meses de directivas claras del centro de Moscú, improvisan guiándose por la línea general, ultraizquierdista, que sigue la IC en ese periodo. Su posición puede resumirse en las siguientes consignas: "¡Abajo la república burguesa de los capitalistas, los generales y el clero! ¡Por la república de los soviets de obreros, soldados y campesinos!”. Muy española, casi anarcosindicalista, la primera. Completamente exótica y fuera de lugar, la segunda (3).
En verdad, nadie sabía lo que iba a ser aquello, ni en Moscú ni en Madrid. A poco de ser proclamada, la “república del clero” parecía un crematorio de iglesias, y los generales comenzaban a conspirar contra la “república de los generales”. En un esfuerzo de clarificación, la nueva Constitución proclama que se trata de una "república de trabajadores de toda clase”. Pero los trabajadores de “primera clase” se apresuran a enviar sus capitales al extranjero, mientras que los de tercera declaran huelgas y ocupan fincas de terratenientes, con el notorio propósito de reducirla a república de una sola clase. La Constitución define a España como un “Estado integral”, pero admite las “autonomías”, y las nacionalidades periféricas, que soportan desde el siglo XVI el centralismo castellano, tienden a que el “Estado integral” se desintegre en tres o cuatro. Azaña anuncia la sorprendente nueva de que España “ha dejado de ser católica”, y las Cortes -que hacen a Azaña jefe del gobierno- eligen presidente de la república al muy católico Alcalá Zamora. Araquistain afirma con aplomo que “ningún pueblo es racialmente [sic] tan socialista como España”, y Unamuno sale por los fueros del “individualismo” español. Así, apenas venida al mundo, la república española ofrece mil perfiles, pero Ortega y Gasset dice muy sesudamente: “Es preciso rectificar el perfil de la república”. Todas las señoras leídas admiran la profundidad del filósofo, y mientras tanto la guardia civil comienza a “rectificar” ametrallando a los campesinos. En una palabra, la revolución “a la española” se presenta bastante embrollada, pero la IC la clasifica rápidamente en el tipo de revoluciones “democrático-burguesas” que encajan en la teoría elaborada por Lenin para… la Rusia de comienzos de siglo.
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Salvo contadas excepciones, apenas se habla de los militantes anónimos de las filas intermedias de las organizaciones sociales. Un ejemplo bastante manifiesto es el caso de la crisis española de los años treinta, imposible de explicar sin los hombres y mujeres conscientes que articularon partidos, sindicatos y todo tipo de asociaciones, obreros en su mayoría autodidactas sin los cuales nada hubiera sido igual, y sobre los que, sólo muy parcialmente, encontramos referencias en novelas, películas u obras de teatro, y sobre los que la historiografía suele pasar de puntillas. Se podría decir que en el caso del antifranquismo militante, un espacio primordialmente ocupado por los comunistas al menos desde los años sesenta, el olvido resulta todavía mucho más agravado, y muy poco se sabe de ellos.
Entre las excepciones se cuentan especialmente algunas brillantes reflexiones de Manuel Vázquez Montalbán, uno de los más tovarich de los escritores catalanes y españoles. Así, por ejemplo, en su sugestiva introducción de las (imprescindibles) memorias de Miguel Núñez, La revolución y el deseo, incluyó esta apretada confesión: «Cada año recibo docenas de manuscritos de luchadores anónimos que pasaron del analfabetismo a la conciencia revolucionaria y al sufrimiento y que jamás verán publicadas sus memorias. Con el tiempo el número de originales va disminuyendo porque el siglo xx probablemente terminó en 1989 y se trata de sepultar definitivamente a sus verdugos y a sus víctimas1».
En estas líneas, Manolo da fe de la intensa pulsión testimonial de muchos militantes que, después de todo lo que les tocó vivir y de todo lo que les sucedió bajo la dictadura, necesitan contar su vida, explicar y explicarse. La suya es una necesidad tan auténtica y humana como escasamente accesible, pero muy pocos cuentan con posibilidades para dejar constancia de que su vida no ha sido en vano. Al llamar a la puerta de Manolo Vázquez, lo hacían con la abierta o secreta ilusión de que el autor de Asesinato en el Comité Central les comprendería, y quizás les echaría una mano, algo que, por supuesto, no le correspondía a él, ya que ésta sería la tarea propia de una entidad o entidades afines e interesadas en dar a conocer un pasado que hasta ahora ha permanecido sacrificado en el altar de las exigencias dictadas por el llamado «pacto entre caballeros», según el cual verdugos y víctimas quedarían equiparados. Sin embargo, los hechos demuestran que no ha sido así, y mientras que, por citar un solo ejemplo, la Iglesia no ha dudado en santificar a diestro y siniestro, los hombres y mujeres que sacrificaron su existencia contra la dictadura y que permanecen en el olvido.
Sin la entrega de estos hombres y mujeres anónimos, la resistencia al franquismo, y no digamos la extraordinaria implantación lograda por un partido como el PSUC, hubiera sido totalmente imposible. Como no podía ser menos, así lo reconoce explícitamente Andreu Mayayo en «La gente, primero», un significativo primer apartado de la obra colectiva Nuestra utopía. PSUC. Cincuenta años de historia de Cataluña. Mayayo escribe en un tono inequívocamente lírico: «La vida de cualquier militante merecería llenar las páginas que vienen a continuación. Hombres y mujeres que no saldrán nunca en negrita en los libros de historia, que no tendrán las satisfacciones inherentes a los dirigentes e intelectuales orgánicos que […] A pesar de todo, ellos y ellas son los auténticos protagonistas de la historia del PSUC. A todos ellos, a todas ellas, mi respeto, mi admiración, por su generosa ‘bondad’. Por eso, a pesar de los defectos y errores cometidos, los militantes del PSUC representan uno de los potenciales más valiosos con que cuenta nuestro pueblo»2. Sin embargo, dicho esto, se pasa a la página siguiente, sin considerar ningún posible «problema». La militancia está ahí, incondicional, generosa, pero muchos militantes ya no estaban presentes, se habían apartado a lo largo de sucesivas crisis, y que ya entonces, los exmilitantes formaban –con ventaja- como el “partido” mayoritario. Nada se dice de su realidad y aspiraciones.
Si dedicamos un poco de atención a estas líneas, podemos comprobar que se trata de un texto editado en 1986, o sea en un tiempo intermedio entre la gran crisis que enfrentó a eurocomunistas y prosoviéticos y la crisis final que acabaría con el propio PSUC, y sin contar siquiera con el consuelo que su sucedáneo ocupe de lejos el papel que siguieron ocupando otros partidos comunistas en el resto de Europa, a pesar de sus contradicciones.
Read moreY el PCE aceptó que los albaceas testamentarios del franquismo lo sometieran a examen. Y se avino a pasar bajo esas horcas caudinas, pese a que eso significaba, de un lado, legitimar la autoridad de quienes se arrogaban el derecho de otorgar o negar a los demás patentes de ortodoxia democrática, y del otro, transigir con el hecho de que aún quedaran en la ilegalidad otras organizaciones políticas antifranquistas.
A algunos no nos sorprendió lo más mínimo. Era coherente con la posición que Santiago Carrillo y sus más próximos venían manteniendo desde hacía años, pero muy destacadamente desde 1976. Aunque su aceptación de la Monarquía –es decir, del Rey designado por Franco para sucederle en la Jefatura del Estado– no se produjera formalmente hasta el 14 de abril (sic!), Carrillo ya había hecho saber a Suárez que estaba dispuesto a respaldar el proceso de reforma del Régimen, renunciado a la ruptura que había defendido formalmente en los inicios de la Transición. Suárez sabía que podía creerle: había constatado los esfuerzos hechos por Carrillo para moderar la movilización popular, sin la cual la estrategia rupturista resultaba insostenible.
Aunque en un primer momento no se apreciara, la sucesión de renuncias que caracterizó la línea política seguida en aquellos años por la dirección del PCE introdujo en sus filas un germen de desmoralización y de derrotismo que lo empujaría hacia la pendiente de su autodestrucción, frenada casi in extremis por la corriente que pondría en marcha Julio Anguita más de una década después (*). La base militante y social del PCE, disciplinada como ninguna otra, aceptó resignadamente las consignas desmovilizadoras y conformistas de Carrillo, pero muchos no las sintieron nunca como propias.
¿Qué hubiera podido suceder si el PCE hubiera asumido una política más audaz, menos acomodaticia? Es imposible saberlo. En el seno del propio PCE hay en marcha actualmente un interesante debate sobre el papel que jugó su partido en la Transición. Tengo para mí que con aquellos protagonistas difícilmente hubiera podido representarse un drama muy diferente. Pero no me cabe duda de que las supuestas astucias y zorrerías que propició entonces Carrillo –tan festejadas aún hoy por la derecha, y con razón– contribuyeron en no poca medida a que la política española sea la que es desde hace 25 años, y a que la izquierda no neoliberal y no atlantista juegue desde entonces un papel muy limitado, a menudo casi testimonial.
¿Que de todos modos el PCE iba a acabar en las mismas, porque era el signo de los tiempos? Tal vez. Pero no es lo mismo intentar algo y no lograrlo que renunciar a ello de antemano.
__________(*) Aunque los resultados electorales sean sólo un indicador entre varios posibles, vale la pena recordar que en las elecciones de 1986, Izquierda Unida, con el PCE como principalísimo baluarte, se quedó en el 4,63% de los votos. En 1989, tras llegar Anguita a la Secretaría General y ser elegido coordinador general de IU, duplicó el porcentaje de los votos obtenidos, cifra que mejoró en las elecciones generales de 1993, y aún más en las de 1996, en las que obtuvo 2.639.774 votos (el 10,54% del total). En otras elecciones superó ese porcentaje.
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Como es bien sabido, el anarquismo mundial tuvo en España su máxima representación e influencia. Esto ha llevado a decir a algunos especialistas que la presencia libertarla ha sido el trazo más original de su historia contemporánea. Lo que es más seguro es que este hecho fue el más singular de la guerra y la revolución de 1936-1939, fechas absolutamente cruciales en la historia de la anarquía. Después de numerosas derrotas, el movimiento libertarlo internacional creyó encontrar en la contienda española su ocasión de oro para demostrar al mundo, y muy particularmente a los marxistas, cómo se hacia una revolución, o sea de una manera antiestatal y autogestionaria, siguiendo otras pautas de las del modelo bolchevique de 1917 que coincidían casi unánimemente en descalificar (1).
En el momento en que estallaron las "jornadas de julio", la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), creada en 1922 en Berlín en oposición a la II y a la III Internacional, puede dividirse claramente entre su principal sección, la española, con más de medio millón de afiliados -que se ampliarán considerablemente a continuación-, y el resto, en su mayor parte secciones diezmadas por el avance fascista -Portugal, Alemania, Italia- o en decadencia -Francia, Argentina-, todas francamente minoritarias o instaladas en el exilio, como será también el caso de los anarquista rusos (2).
Después de un efímero fulgor con la Internacional Antiautoritaria o Negra, animada por el propio Bakunin, el anarquismo había sido desplazado de los principales centros industriales por la Internacional Socialista que había rechazado tempranamente la filiación anarquista por antipartidista y antiparlamentaria. A principios de siglo XX conocerá otro gran momento con el auge del sindicalismo revolucionario -encarnado por Ferdinand Pelloutier y por los principios expuestos en la Carta de Amiens-, pero en el momento del estallido Primera Guerra Mundial, pero sobre todo, con el triunfo de los bolcheviques en Ia revolución rusa de Octubre de 1917, conocerán sucesivas crisis que se saldan en provecho de la Internacional Comunista en los países semiindustrializados; donde muchos de sus cuadros serán atraídos por el bolchevismo ascendente (3). España será aquí también la gran excepción. Así será incluso durante la resistencia contra la dictadura de Primo de Rivera, y así se llega cuando se implanta la II República, y prosigue cuando estallan la guerra y la revolución. En este momento el anarquismo mundial hará suya las esperanzas de la CNT-FAl y los militantes anarquistas de todo el mundo vivirán intensamente su guerra de España, algunos lo harán viajando para engrosar unas siglas que ya eran míticas.
La excepción española
Read moreLa semana pasada, el diario oficialista Página/12 llamó telefónicamente al historiador Roberto Baschetti para pedirle un artículo sobre Rodolfo Walsh para publicarlo el domingo 25 de arzo, a 30 años del asesinato y desaparición de Walsh. El escritor entregó el presente material para que sea publicado en el suplemento, ofreciendo simplemente la propia palabra de Walsh, para dar una idea del compromiso político y su rol como intelectual, de la propia boca de Rodolfo Walsh. Una vez que el artículo fue entregado, el editor de Página/12, Juan Boido, llamó a Baschetti para decirle que no estaba de acuerdo con el tenor de la nota y como no fue modificada por el autor, voz más que autorizada para la materia, Página/12 censuró el artículo y no fue publicado porque Baschetti se negó a modificarla.A continuación, publicamos íntegramente el artículo de Baschetti censurado por
Página/12, y nos soldiarizamos con él, dando a difusión el material.Y como pedía el propio Rodolfo Walsh:
"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance. Mande copias a sus amigos. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el Terror. Haga circular esta información?.
Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh Palabra de Walsh
En el trigésimo aniversario del secuestro y asesinato de Rodolfo Jorge Walsh, con justa razón se suman homenajes y recordatorios en su memoria. Sus trabajos de investigación periodística (Operación Masacre, Caso Satanowsky, ¿Quién mató a Rosendo?) han dado lugar a un nuevo genero literario, la novela de no ficción, anticipándose en 8 años a quien muchos creen su creador, Truman Capote el escritor de ?A sangre fría?. Cuando incursionó por el cuento policial
Variaciones en rojo) fue acreedor a un Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires en 1953. Y once años más tarde en 1964, con muy buena crítica por parte de entendidos y especialistas, estrena una pieza teatral de su autoría (La batalla) y un año más tarde otra, (La granada), siendo esta última una lograda sátira sobre los militares y el poder en la Argentina.Claro que todos estos logros y reconocimientos a nivel intelectual ?que se irán acrecentando en el tiempo- van de la mano, como vidas paralelas pero íntimamente ligadas e interrelacionadas, con el accionar político que va potenciando. Su defensa de la revolución cubana y la causa palestina, su paso por la CGT de los Argentinos, el Peronismo de Base y su inserción en Montoneros, por ejemplo, son eslabones ineludibles e imprescindibles para entender su compromiso social en pos de una Argentina libre, justa, soberana, socialista.Sin embargo son muchos los que se resisten aún a visualizar, a comprender, a analizar a Walsh como un todo, es decir su vena intelectual sumada a su opción política, que creo es la única manera de lograr un perfil acabado de su paso, de su existencia por este mundo, sin caer en distorsiones o supuestos que luego se muestran fácilmente refutables.Me propongo entonces recuperar la palabra de Walsh sobre ciertos temas concretos: molestos e incómodos para algunos, gratificantes y reivindicativos para muchos, entre los que me incluyo.Operación Masacre. ?Escribí este libro para que actuara; en este momento no reconozco ni acepto jerarquía más alta que la del coraje civil. No puedo, ni quiero, ni debo, renunciar a un sentimiento básico, la indignación ante el atropello, la cobardía, el asesinato. Este caso está de pie resuelto a impedir para siempre que un militarote prepotente juegue con la vida de la gente mansa. Sólo un débil mental puede no desear la paz. Pero la paz no es aceptable a cualquier precio?. (En el prólogo de una de sus ediciones)Revolución Libertadora. ?El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país. El decreto que prohibe nombrar a Perón o la operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que no escapan ni los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado ese nombre que se concibe como demoníaco. Toda una obra social se destruye, se llega a cegar piscinas populares que evocan el ?hecho maldito?, el humanismo liberal retrocede a fondos medievales: pocas veces se ha visto aquí ese odio, pocas veces se han enfrentado con tanta claridad dos clases sociales?. (Prólogo a la 4° edición de ?Operación Masacre. Junio 1973)Peronismo. ?¿Te considerás incluido en el Movimiento
Read moreUniversitat de Barcelona
1. Una drecera inversemblant que menava a una quimera
Berga, parlant de literatura en anglès sobre la matèria, alerta, “Es diu que la veritat sol ser la primera baixa en una guerra. Aproximar-se a la realitat d’una situació tan extrema amb la il·lusió d’alguna mena d’objectivitat és, probablement, un exercici inútil”. En efecte, si recuperar el passat és peripècia incerta, assajar treure l’entrellat de l’ocorregut entre 1936 i 1939 és impossible donat l’antagonisme de parers, fins i tot de gent del mateix bàndol. Si per Raimon d’Abadal, Dietari, “ni la Revolució Francesa, ni la Revolució Russa han arribat a les enormitats que es cometen a la nostra terra. Tot rastre de civilització és perseguit. És la devastció total, és l’anticivilització”; mossèn Sancristòful resava “A la matinada del 18 de juliol el general Franco, alçava, ben visible, al Marroc, la bandera per l’alliberació de la pàtria, ja gairebé en mans dels comunistes. Començava la gran croada que costaria a Espanya més d’un milió de morts. [Catalunya era] esclava, amb una esclavitud pitjor que la de Felip V, i l’havia lligada al jou estranger de la Unió Soviètica”; mentre fa poc feia Mas: “A la FAI i al POUM, els va sobrar autoestima autopropagandista, els va mancar un veritable sentit d’orientació històrica, i no van actuar, tal com ho exigien les circunstàncies com a punta de llança per sufocar la rebel·lió militar, com demanava el més elemental sentit de les prioritats”. I, ho veurem de seguida, gent de tota mena opinaren al contrari. Ja fa anys Josep Fontana esmentava, en una entrevista, la diferència entre imparcialitat i objectivitat, aquella impossible, aquesta imprescindible. Assajaré de triar entre tanta palla i no gaire gra, esbrinar capgiraments i designis, parells o antitètics de procesos revolucionaris de la primera meitat del XX, que si més no deien voler bastir una societat radicalment diferent de l’anterior.
Cal recordar que a la societat catalana dels 30, la inclement explotació d’una majoria, condemnada a la misèria, facilitava beneficis exorbitants a una minoria que malversava i ostentava. Abisme injust i immoral que sols perdurava mercès a l’acció dels cossos repressius de l’Estat, policies paral·leles i Església, encarregada de la coerció ideològica; cosa que venia fent des dels ben anomenats Reis Catòlics, en els tres primers segles mercès al Sant Ofici i, aprés, elaborant i vertebrant el discurs teològic justificant i legitimant l’espoli de classe.
El capítol es cenyirà en especial als primers mesos, temps de canvis, esperances i propòsits, reemplaçats posteriorment pel desencís, els desencerts i les seqüeles de la llarga guerra, massa mort al front o als bombardejos, carències de tota mena i fam.
2. Impressió d’efervescència i entusiasme
Read moreEl Partido Comunista de EEUU dona sus archivos históricos a la Universidad de Nueva York Patricia Cohen · · · · ·
1/04/07
El cantautor, organizador obrero y héroe de folk Joe Hill ha sido motivo de poemas, canciones, una ópera, libros y películas. Su voluntad, escrita en verso la noche antes de que un pelotón de fusilamiento de Utah lo ejecutara en 1915 y más tarde fuera musicada, devino parte de la banda sonora del movimiento obrero. Ahora la copia original de esa voluntad esbozada se encuentra entre las inesperadas joyas históricas desenterradas de una enorme colección de documentos y fotografías jamás hechos públicos que el Partido Comunista de los EEUU ha donado a la Universidad de Nueva York.El alijo contiene décadas de la historia del partido e incluye documentos fundacionales, contraseñas secretas, pilas de cartas personales, directrices secretas de Moscú, pines de Lenin, fotografías y severas órdenes sobre cómo debían comportarse los buenos miembros del partido (no realización de trabajo caritativo, por ejemplo, que les distrajera de sus deberes revolucionarios). Al ofrecer una visión interna, los archivos tienen el potencial de revisar supuestos tanto en la izquierda como en la derecha sobre uno de los temas más discutidos en la historia americana, además de completar la historia de la política progresista, el movimiento obrero y las luchas por los derechos civiles. “Es una de las oportunidades recopilatorias más apasionantes que se hayan presentado aquí jamás”, decía Michael Nash, director de la Biblioteca Tamiment, de la Universidad de Nueva York, que anunciará la donación el viernes. Historiadores liberales y conservadores, informados por The New York Times sobre los archivos, se mostraron entusiasmados ante la incorporación de tantos documentos originales al archivo histórico. Nadie sabe aún si podrán resolverse las persistentes discusiones sobre la extensión de los vínculos entre los subversivos americanos y Moscú, ya que, como ha dicho el Sr. Nash, “nos llevará años catalogarlos”. Pero lo más apasionante, como han dicho el Sr. Said y otros investigadores, son los nuevos campos de investigación que se abren, más allá del desarrollo en casa de la amenaza a la seguridad durante la guerra fría.
La última rima de Hill ─que empieza mi voluntad es fácil de decidir / no hay nada ahí que dividir─ se descubrió en una de las 12.000 cajas. (Hill fue condenado, algunos pensaron que erróneamente, por homicidio.) En otras cajas había esbozos de programas del partido con cambios manuscritos para su edición y una copia grapada de su primera constitución. “El Partido Comunista es un hecho”, escribía el 18 de septiembre de 1919 C. E. Ruthenberg, el secretario ejecutivo, días después de que los fundadores se reunieran en Chicago. Un documento de 1920 señala la fusión del Partido Comunista con el Partido de los Trabajadores. Recoge Dix como nombre secreto de Earl R. Browder, que años más tarde se convertiría en secretario general del partido, L. C. Wheat, como el de Jay Lovestone, que posteriormente renegaría del comunismo y trabajaría con la AFL-CIO y la CIA, y se refiere a Alexander Trachtenberg como “uno de los agentes fiduciarios de Lenin en América”. A causa de haber permanecido dobladas durante años, muchas de las páginas están impresas con líneas surcadas como caras arrugadas; otras están agujereadas por quemaduras de cigarrillo y son delgadas como papel cebolla. Algunas carpetas, repletas de artefactos desmontables, son como si hubieran sido rociadas con confeti amarillo.Ruthenberg subraya la “forma secreta en que se dirige el partido”. La rama de Los Angeles, conocida como XO1XO5, utiliza la contraseña “kur-heiny, que significa ‘¿Avanzas?’”, escribe. “La respuesta es: teip, que significa ‘sí’.”
Copia un carta firmada por los rusos Nikolai Bujárin y Ian Berzin, que dice que estaba oculta en el forro del abrigo de un bolchevique, sobre cómo debían actuar los americanos. Ordenan al partido a que exhorte a soldados y marineros a hacer campaña “contra los oficiales” y a armar a los trabajadores. Advierten de autorizar a los miembros a tomar parte en actividades filantrópicas o educativas, insistiendo en que forman “organizaciones de lucha para tomar el control del Estado, para derrocar al gobierno y establecer la dictadura del proletariado”. Robert Minor, un dibujante y radical que cubrió la guerra civil rusa, tiene un lúcido y lírico informe de una entrevista con Vladimir Lenin en Moscú fechado en diciembre de 1918. A Lenin le fascinaba América, la consideraba “un gran país en muchos aspectos” y cosió a preguntas a Minor. “«¿Cuánto tardará en llegar la revolución a América?» No me preguntó si llegaría, sino cuándo.” Minor, que aún no se había unido al partido, consideró a Lenin un hechicero. “Cuando arroja su dogma, se ve al Lenin luchador. Es de hierro. Es el Calvino político”, dice Minor en sus notas mecanografiadas. “Sin embargo, tiene su otra cara. Durante toda la discusión estuvo moviendo su silla hacia mí”, escribe. “Me sentí extrañamente sumergido por su personalidad. Llenaba la habitación.” Cuando abandonó el Kremlin, Minor se fijó en dos hombres a bordo de limusinas. “Unos meses antes eran sangrientos agentes del capital de rapiña”, escribe. “Pero ahora son «comisarios del pueblo» y conducen bonitos automóviles como antes y viven en bonitas mansiones.” Gobiernan “bajo banderas de seda rojas para protegerse de cualquier desorden. Han percibido los olores de rosas igual de dulces bajo otro nombre.”
Read moreREFLEXIONES DEL PRESIDENTE FIDEL CASTRO
La internacionalización del genocidio
LA reunión de Camp David acaba de concluir. Todos escuchamos con interés la conferencia de prensa de los Presidentes de los Estados Unidos y Brasil, así como las noticias en torno a la reunión y las opiniones vertidas.
Enfrentado Bush a las demandas de su visitante brasileño sobre tarifas arancelarias y subsidios, que protegen y apoyan la producción norteamericana de etanol, no hizo en Camp David la más mínima concesión.
El presidente Lula atribuyó a esto el encarecimiento del maíz, que de acuerdo con sus palabras se había elevado en más de un 85 por ciento.
Ya antes, el periódico The Washington Post publicó el artículo de la máxima autoridad de Brasil, donde expuso la idea de convertir los alimentos en combustible.
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